Cambiar todo para que nada cambie
por Enrique Guillermo
Avogadro (Nota N° 1064)
- “Las mujeres que han cambiado el mundo no han necesitado mostrar otra cosa que su inteligencia”.
- Rita Levi-Montalcini
En Venezuela resulta difícil
distinguir entre una transición y una simple mutación. Nicolás Maduro ya no
está en Miraflores, pero su desaparición no implicó la caída del régimen. Delcy
Rodríguez, una de las principales figuras del chavismo, administra el Estado y
buena parte de su estructura permanece intacta. Washington combatió durante
años al régimen en nombre de la democracia, pero ahora negocia con una
dirigente proveniente del movimiento que gobierna desde 1999. Mientras la
oposición reclama elecciones, EEUU colocó en primer plano la reconstrucción de
la industria petrolera. Es fácil entender su interés: reponer sus menguadas
reservas, apartar las manos de China y asfixiar a Cuba. Venezuela posee las
mayores reservas probadas de petróleo, pero su industria fue devastada por años
de estatizaciones, corrupción, falta de inversiones y deterioro de la
infraestructura. Ahora las grandes compañías estadounidenses estudian regresar
y EEUU impulsa la recuperación del sector. El problema es otro: ¿puede la
reconstrucción económica preceder indefinidamente a la democrática?
Delcy asegura que habrá
elecciones. Donald Trump también, pero sostiene que Venezuela todavía no está
preparada. La frase encierra un riesgo evidente: las transiciones deben tener
un final; sin fecha puede convertirse, en otra forma de poder permanente. El
diálogo entre gobierno y oposición acaba de reanudarse y tiene sobre la mesa
reformas judiciales, derechos políticos, libertad de expresión y cambios
electorales. Es un cambio, pero no es democracia, sólo la posibilidad de
construirla. Y el chavismo no desapareció. Durante 27 años construyó una
extensa estructura política, judicial, militar y territorial. Por eso resultaba
ingenuo imaginar que la caída de Maduro podía desarmarla automáticamente. La
ONU advirtió que las estructuras fundamentales de represión permanecen intactas:
funcionarios vinculados a abusos anteriores continúan en posiciones de poder y
persisten organismos de seguridad asociados con la persecución de opositores.
Hay otra ironía difícil de
ignorar. Durante años, el chavismo convirtió a EEUU en el gran enemigo. Ahora,
el adversario participa activamente en la reconstrucción política y económica
venezolana. Las empresas estadounidenses vuelven al petróleo y Washington
interviene en las conversaciones entre gobierno y oposición. Se convirtió en el
socio de hoy.
Eso no significa que las
inversiones petroleras sean necesariamente negativas. Venezuela necesita
capital, tecnología, infraestructura y mercados. La cuestión fundamental es
bajo qué reglas y quién controla ese proceso. Una Venezuela que vuelva a
producir petróleo pero conserve instituciones débiles podría recuperar ingresos
sin recuperar democracia. Por eso el verdadero desafío no es sustituir a un presidente.
Es reconstruir un Estado, recuperar la justicia, garantizar las libertades,
reorganizar las fuerzas de seguridad, liberar a los detenidos y establecer
mecanismos de justicia que investiguen los abusos sin convertir la transición
en una interminable venganza política.
EEUU puede facilitar ese
proceso, pero no puede decidir indefinidamente quién preside. La Venezuela de
hoy ofrece oportunidades y peligros. Hay señales de apertura, diálogo e
inversiones; pero también persisten la ausencia de una fecha electoral y buena
parte del aparato represivo del antiguo régimen. Por eso la verdadera pregunta
es si los venezolanos recuperarán aquello que perdieron mucho antes: la posibilidad de decidir libremente quién
los gobierna y bajo qué instituciones quieren vivir.
La principal dirigente
opositora, María Corina Machado, decidió no participar en el diálogo auspiciado
por Washington entre el gobierno de Delcy y sectores de la oposición. Junto con
Edmundo González Urrutia, dejó en claro que no había intervenido en el diseño
de esa mesa y que, por lo tanto, no asumiría responsabilidad por sus
decisiones. Pero tampoco se colocó como obstáculo: anunció que observaría sus
resultados a partir de hechos concretos y verificables, como la recuperación de
las instituciones democráticas, la liberación de los presos políticos,
garantías para todos los actores y, fundamentalmente, un cronograma para
elecciones presidenciales.
Su actitud revela una posición tan firme
como incómoda. No parece dispuesta a legitimar una negociación que, a su
juicio, podría terminar sustituyendo el resultado de las urnas por un nuevo
reparto de poder, pero evita enfrentarse abiertamente con Washington, cuyo
respaldo considera decisivo para la transición. Este mes volvió a cuestionar el
acuerdo petrolero entre EEUU y Delcy, pero sostuvo que Washington es el
principal socio que Venezuela necesita para reconstruirse. Su dilema es
evidente: necesita de la presión norteamericana, pero procura que esa presión
no termine dejando en manos de otros la definición del futuro político
venezolano.
Porque cambiar al ocupante de
Miraflores no alcanza; terminar con el régimen exige algo mucho más profundo:
que el poder deje de estar por encima de la ley, que las elecciones dejen de
ser una promesa, que la oposición deje de ser un delito y que el petróleo deje
de ser una herramienta de dominación. De lo contrario, podría ocurrir algo que
América Latina conoce demasiado bien: que
se cambie todo para que, en definitiva, nada cambie.
Bs.As., 19
Sep 26
Publicado en:
https://totalnewsagency.com/2026/09/19/cambiar-todo-para-que-nada-cambie/
https://prisioneroenargentina.com/cambiar-todo-para-que-nada-cambie/
https://www.informadorpublico.com/cambiar-todo-para-que-nada-cambie/

56 comentarios:
Buenos días, excelente, abrazos.
Excelente nota. Me da satisfacción que te des cuenta cómo actúan y actuaron los "serios" del mundo. No es que sean otros los "serios". Sencillamente no los hay
Su pregunta ¿puede la reconstrucción económica preceder indefinidamente a la democrática? quizás tenga una posible respuesta llamada Panamá (aunque no exactamente indefinidamente).
La situación de Venezuela es tan catastrófica que podría haber destruido también rápidamente a cualquier oposición que hubiera tomado el control. Haber dejado al chavismo en el poder es maquiavélico con dos sentidos diferentes. Uno sin dudas es el de obtener réditos por parte de EEUU (sin importar los medios) y el otro es un mecanismo de autodestrucción que evitaria la supervivencia del chavismo a modo de un peronismo venezolano ¿Seria de esperar un levantamiento de los venezolanos contra lo que queda del régimen tras un constante desgaste del mismo?
Abrazo
Paul Battiston
Me decia un Venezolano que el petróleo parte es para EEUU hasta que recupere lo que perdió de sus inversiones. Invierte, pone capital nuevamente para poder producir. La mitad de ganancias es para Venezuela pero lo entrega a instituciones . Seguridad Salud etc
No maneja nada la gente que se llevaba todo.
Va a servicios tambien .
Esperan ir desarmando el sistema con la misma gente que conoce e hizo los malos tratos que hoy son movidos y controlados por EEUU y saben que terminan como Maduro si dan pasos en falso.
Una vez desarmado lo malo y con mas fuerza lo bueno van a llamar a elecciones .
Hoy fracasaria Corina. Demasiado armado esta todo aún .No se puede en tan poco tiempo lo negro transformarlo en blanco
Perdon por lo confuso... escribo desde un restaurante con muchas miradas críticas por estar escribiendo en la mesa! En penitencia.😄
Graciela Valero Narváez
Ya lo decia Tancredi en el Gatopardo...
Alberto J. Alzueta
Pienso que ya sería tiempo de que Venezuela vuelva a ser un país gobernado democráticamente
Alicia Por-Graham
Gracias Enrique. Excelente !
Basilio Pertiné
Gracias por tu última nota Enrique. No podría estar más en acuerdo contigo sobre el camino que debería tomarse en Venezuela. Dejando esa concordancia a un lado, escribo mis reservas. María Corina Machado, no representa en este momento ninguna soberanía venezolana, sino más bien una obsecuencia ciega con quien ella permite la trate como una marioneta, al punto tal de regalarle absurdamente su premio Nobel de la paz. Es muy difícil respetar a quien no se respeta a sí mismo. Por otro lado a esta administración en especial, poco y nada le importan las democracias en Cuba o Venezuela, en momentos en que la está destruyendo internamente. Lo que más le importa son las reservas de petróleo venezolano y el voto decisivo de Florida en las elecciones presidenciales; no precisamente el bienestar de estos dos países tan políticamente azotados. Te mando un fuere abrazo, contento de tener el honor de leer tus palabras cada semana 😊
Orlando García
Está vez discrepamos, Enrique. Lo de Trump es claramente sucio y el régimen chavista debe ser fulminado, pero la democracia no es un punto de partida, es punto de llegada. La casta criminal que Delcy Rodríguez representa no arribó desde Marte, su intrínseca maldad fue alimentada por los mismos votantes ( durante años inmensa mayoría ) populistas que lo querían todo sin aportar nada , a favor de un sistema de representación oportunista en la supuesta oposición que engaña desde la otra punta ( “ con nosotros se cura, se educa..”) de la mano de Urrutia, Machado y demás. No es que el pueblo venezolano se haya merecido la tiranía chavista o la inutilidad de los políticos tradicionales, es que votándolos no fueron neutros a la responsabilidad. Y a partir de ahora se les abre la oportunidad no de “ reclamar” por un desarrollo y una vida hdemocracia que alguien ( ??) les debe, sino por el desarrollo y la democracia que esos mismos votantes se pongan a construir. A nosotros nos pasó. En fin, supongo que me lloverá una catarata de críticas de las eternas almas bellas .Abrazo
Andrés Cisneros
--
Muy bueno tu resumen, Enrique!!
No sé por qué lo que pasa actualmente en Venezuela, me hace acordar que casi, casi estuvimos pasando por lo mismo!! Obviamente, con algunas diferencias, pero en concreto me suena a una película medio vieja que nos caló hasta la médula y casi nos destruye.
EEUU está demasiado ocupado con tantos frentes abiertos, pero debe apurarse un poco más para definir cómo seguirá Venezuela si quieren sacarla buena. Si dejaran de pensar sólo en los beneficios económicos por el petróleo, harían un gran favor a los venezolanos desperdigados por todos lados, haciendo volver a Venezuela a la normalidad con la premura que amerita... es una cuestión de pura humanidad.
En fin, cómo me gustaría tener la Varita Mágica y de una sola pasada, poner la casa en orden.
Gracias, Enrique, como siempre!!!
Beso enorme. 🥰❤️
Elsita Herrero Anzorena
Estimado Enrique, Ud. Tiene razón en el caso Venezuela se cambia todo para que no cambie nada mientras el petróleo esté en manos de EEUU. pero en el Atlántico Sur la cosa es distinta los Gringos están con la sangre en el ojo desde cuando Samore y Haig decidieron tres banderas pero ahora el Pentágono se canso y ya va directo a disputar le a los Británicos el derecho a la Antártida sabiendo que en muy pocos años Inglaterra tendrá un gobierno Musulmán, un abrazo
Ezequiel Pastor
Gracias por su análisis...Como decíamos antes..."una de cal y otra de arena..." total el ciudadano común no tiene derecho expresarse como corresponde...en democracia y tal como era su esperanza..
Abrazo cordial.
Martín Recalde Cuestas
Muy bueno ! Fuerte bazo !
🥃
Santiago Flores Piñeyrúa
Muy buen 👏🏽👏🏽👏🏽
Gran abrazo
Buena semana.
Eduardo Malfi
Muy buen 👏🏽👏🏽👏🏽
Gran abrazo
Buena semana.
Eduardo Malfi
Gracias , muy bueno! Abrazos
Eneida Alves de Oliveira
¡Excelente!
Jorge
Enrique, gracias por la nota. Me llamó la atención que no mencionaras el acuerdo con Dinamarca sobre Groenlandia, que esta semana fue bastante más relevante que varios de los temas que sí incluiste.
A veces los hechos también merecen un lugar en el análisis.😂😂
Abrazo.
Domingo Stern
Muy buena información tiene. Esperemos sea lo mejor para estos venezolanos q todavía no pueden sentirse libres. Le mando un abrazo. Buen finde. Y gracias por el envío. ❣️
Alicia Sponda
Muy buena información tiene. Esperemos sea lo mejor para estos venezolanos q todavía no pueden sentirse libres. Le mando un abrazo. Buen finde. Y gracias por el envío. ❣️
Alicia Sponda
Excelente doctor
Cambiar todo para que nada cambie
Walter Cipriano
Muy de acuerdo. Lo mismo que acá. Desde su fundación: gobiernos lampedusianos.
Luis Illuminati
🇦🇷🇦🇷🇦🇷 Enrique, gran nota, la N° 1064, pienso que en Venezuela, nada cambiará para sus ciudadanos: el petróleo irá a USA, y, a otra cosa, mariposa... Que tenga un excelente descanso semanal. 🇦🇷🇦🇷🇦🇷
Oscar Jorge Videla
Excelente nota Enrique!! 👏
Abrazo enorme 🤗
María Fernanda Riera Alvarez
Totalmente cierto
Carlos Ferragut
Muy nítida foto de la realidad venezolana Henry!
Abrazo agradecido
Marcelo Lugones
El Gatopardismo es popularmente y en resumen: "cambiar todo para que nada cambie".
Dr. Avogadro analiza Venezuela (actual República Bolivariana donde todo atrasa...) nos da una visión analítica donde el Gatopardismo alcanza carácter de axioma.
Pedro Fescina
Nada bueno puede esperarse de Trump.👍👏. Saludos.
Emiliano Nicola
Uno de los mejores comentarios muy bien fundados sobre el caso Venezuela.Bravo querido amigo.
Jorge Oscar Aguilera
Buen día doc...para contribuir quiero adjuntarle un artículo que considero muy completo y esclarecedor al respecto. Lo recibí ayer...un abrazo..!
La Realpolitik que Venezuela necesita...
Marcelo Crovato S.
La Venezuela que realmente existe.
Hay una frase que me resulta particularmente incómoda citar. La popularizó Juan Domingo Perón, personaje por quien siento un profundo desprecio político. Mi abuelo fue preso político durante su régimen y tengo razones familiares, además de políticas, para no sentir precisamente simpatía por aquel dictador argentino. Pero una buena frase no deja de ser cierta porque la haya pronunciado alguien a quien uno desprecia: «La única verdad es la realidad».
La expresión, en realidad, es anterior a Perón, pero él contribuyó enormemente a popularizarla en Argentina. Y pocas frases podrían servir mejor para explicar uno de los principales problemas de la política venezolana.
Los políticos venezolanos suelen elaborar planes, formular promesas y diseñar transiciones partiendo no de la Venezuela que existe, sino de aquella que desearían que existiera. Acomodan la realidad a sus doctrinas y después construyen sobre esa realidad imaginaria proyectos que inevitablemente tropiezan con la verdadera.
Otto von Bismarck, el célebre Canciller de Hierro y artífice de la unificación alemana, quedó históricamente asociado a otro concepto que deberíamos estudiar con mucha mayor atención: la Realpolitik. El término había sido acuñado por Ludwig von Rochau, pero Bismarck lo convirtió en una manera de ejercer el poder: perseguir objetivos políticos partiendo de las circunstancias existentes, las relaciones de fuerza y aquello que realmente puede hacerse.
No significa carecer de principios. Significa comprender que los principios pueden indicarnos adónde queremos llegar, pero la realidad determina desde dónde tenemos que partir.
Venezuela está destruida física, económica, institucional, social y moralmente. Podemos discutir las causas, repartir responsabilidades y diseñar el país que queremos construir, pero ese es nuestro punto de partida.
Cuando asesoro una empresa con problemas, una de las primeras cosas que necesito determinar es dónde está realmente. No dónde su propietario quisiera que estuviera, dónde estaba hace diez años o dónde espera encontrarse dentro de cinco. Si el diagnóstico inicial es falso, todo el proyecto posterior estará construido sobre una ficción.
No se puede trazar correctamente una ruta si mentimos sobre el lugar desde el cual estamos saliendo.
En Venezuela llevamos demasiado tiempo haciéndolo. Queremos elecciones libres y suponemos que existen las condiciones para celebrarlas. Queremos entregar inmediatamente el poder a la oposición y suponemos que esa oposición podrá ejercerlo. Queremos recuperar el petróleo y suponemos que disponemos de los recursos necesarios. Queremos soberanía absoluta mientras dependemos de otros para financiar nuestra reconstrucción.
Nada de eso modifica la realidad.
Delcy Rodríguez y la política de lo posible
La permanencia de Delcy Rodríguez en el poder después de la caída de Nicolás Maduro es probablemente uno de los ejemplos más claros de Realpolitik.
A mí tampoco me gusta. Como a una enorme cantidad de venezolanos, me gustaría ver al chavismo completamente fuera del poder. Pero una cosa es lo que queremos y otra lo que puede hacerse sin convertir una transición en un desastre.
Como he explicado en artículos anteriores —cuyos enlaces dejaré al final—, Estados Unidos necesitaba después de Maduro una estructura capaz de conservar el control efectivo del Estado y, especialmente, de las armas. La oposición venezolana no controla las Fuerzas Armadas ni tampoco la multitud de organizaciones armadas regulares e irregulares que crecieron alrededor del chavismo: colectivos, grupos paramilitares, guerrillas y otras estructuras con capacidad de ejercer violencia.
Una cosa es ocupar Miraflores y otra muy distinta controlar el Estado.
Entregar formalmente el gobierno a una oposición incapaz de controlar esas fuerzas podía convertirla inmediatamente en rehén de ellas. Delcy Rodríguez, en cambio, forma parte de la propia estructura chavista y posee una capacidad de interlocución y control que la oposición sencillamente no tiene.
Para Estados Unidos resulta preferible un chavismo residual bajo control y en proceso de desmontaje que provocar un vacío capaz de permitir que ese mismo chavismo regrese después completamente descontrolado.
Y aquí aparece además una pregunta incómoda que muchos venezolanos nos hacemos desde hace años respecto de nuestra dirigencia opositora. Hemos visto tantos errores, repetidos tantas veces y en circunstancias tan importantes, que resulta inevitable preguntarse si estamos solamente ante un grado extraordinario de incompetencia o si algunas de esas actuaciones han sido deliberadas.
No afirmo disponer de pruebas para responder lo segundo. Precisamente por eso lo planteo como pregunta. Pero cuando los mismos errores se producen una y otra vez, cuando se desaprovechan oportunidades sucesivas y cuando determinadas decisiones terminan reiteradamente favoreciendo la permanencia del adversario, llega un momento en que atribuirlo todo simplemente a casualidades o torpezas resulta difícil.
Eso tampoco puede ignorarlo quien tenga que diseñar una transición.
Primero construir las condiciones para votar
La Realpolitik también significa aceptar que Venezuela no está hoy preparada para celebrar inmediatamente unas elecciones nacionales confiables.
No tenemos un padrón electoral cuya confiabilidad pueda darse por sentada, un Consejo Nacional Electoral independiente ni un Tribunal Supremo de Justicia que ofrezca las garantías necesarias. Hay millones de venezolanos en el exterior cuya participación debe resolverse y existe todo un sistema electoral que necesita recuperar credibilidad.
Exigir elecciones libres es perfectamente democrático. Exigirlas antes de crear las condiciones para que realmente sean libres puede producir exactamente el resultado contrario.
La historia ofrece ejemplos interesantes. La Segunda Guerra Mundial terminó en Europa en mayo de 1945. Las primeras elecciones federales de la República Federal de Alemania se realizaron el 14 de agosto de 1949, más de cuatro años después. La CDU/CSU fue la primera fuerza y Konrad Adenauer fue elegido canciller.
Japón siguió un camino diferente. Sus primeras elecciones generales de posguerra se celebraron el 10 de abril de 1946, pero se hicieron bajo ocupación aliada y después de importantes reformas electorales. El Partido Liberal de Ichirō Hatoyama obtuvo la mayor cantidad de escaños, aunque las autoridades de ocupación impidieron posteriormente que Hatoyama asumiera y Shigeru Yoshida terminó formando el gobierno. Es decir, tampoco fue simplemente derrotar al régimen anterior, colocar unas urnas y declarar terminada la transición.
Ni siquiera Venezuela actuó así en 1958. Marcos Pérez Jiménez cayó el 23 de enero y las elecciones presidenciales no se realizaron hasta el 7 de diciembre, más de diez meses después. Y aquella Venezuela no tenía millones de ciudadanos dispersos por el mundo ni presentaba el nivel actual de destrucción institucional.
Pretender ahora celebrar elecciones nacionales confiables unas pocas semanas o meses después de una transformación política radical no solamente puede ser irreal. Puede resultar peligroso para la propia supervivencia de la transición.
Sacar al chavismo no basta
El objetivo no puede consistir simplemente en sacar al chavismo del poder. Hay que construir las condiciones para que no pueda regresar a destruir nuevamente el país.
Una transición mal diseñada puede devolver el poder por vía electoral a quienes acaba de desplazar. Y una transición incapaz de controlar las armas puede permitirles intentar recuperarlo violentamente.
La historia reciente ya ha demostrado lo peligroso que resulta derrocar un régimen, instalar otro gobierno y confiar simplemente en que será capaz de sostenerse. En Afganistán, Estados Unidos expulsó a los talibanes del poder en 2001, construyó durante veinte años un nuevo Estado y, cuando ese Estado demostró no poder sostenerse sin apoyo exterior, los talibanes regresaron al poder en 2021. Irak, con enormes diferencias, también demostró los peligros de derribar un régimen sin haber resuelto previamente cómo construir después un Estado estable, legítimo y capaz de controlar efectivamente su territorio. Sobre ambos casos ya he escrito anteriormente.
Sacar a un régimen es una operación. Evitar que regrese es una estrategia.
Si el chavismo recuperara el poder, una futura intervención para desalojarlo podría resultar muchísimo más costosa que la operación inicial. Y Donald Trump tiene motivos perfectamente comprensibles para evitarlo. Ninguna madre de Wyoming, Idaho o Arkansas tiene por qué recibir una carta informándole que el secretario de Guerra lamenta comunicarle que su hijo murió combatiendo por la libertad de Venezuela si existe una estrategia capaz de evitarlo.
Eso también es Realpolitik. Los Estados Unidos tienen intereses. Nosotros también. La política inteligente consiste en encontrar dónde coinciden.
El petróleo también exige realismo
La misma discusión aparece con el reciente acuerdo petrolero.
El petróleo también exige realismo
La misma discusión aparece con el reciente acuerdo petrolero.
Podemos debatir durante meses su constitucionalidad, su legitimidad y sus condiciones. Yo mismo he sostenido anteriormente que la Constitución venezolana de 1999 tiene un grave problema de legitimidad de origen. Resulta además paradójico pretender reconstruir Venezuela exclusivamente utilizando las reglas diseñadas por el propio chavismo para consolidar su sistema de poder.
Pero después de terminar la discusión jurídica tendremos que volver nuevamente a la realidad: Venezuela no tiene el dinero necesario para reconstruir su industria petrolera.
El acuerdo anunciado contempla 17 campos con alrededor de 65.000 millones de barriles de reservas y un plan que podría movilizar hasta 100.000 millones de dólares en inversiones.
¿No nos gustan las condiciones? Perfecto. Negociemos mejores.
¿No queremos capital estadounidense? Perfecto. Consigamos nosotros los 100.000 millones de dólares.
Ese es el problema de la realidad: no desaparece porque nuestra consigna sea más bonita.
Como escribí recientemente, Venezuela es inmensamente rica bajo tierra e inmensamente pobre encima de ella. Nuestro petróleo no sirve para nada mientras permanezca enterrado. Para producirlo necesitamos inversiones gigantescas y ese dinero tendrá que venir, en buena medida, del exterior.
¿Los estadounidenses quieren nuestro petróleo? Naturalmente. No liberaron Venezuela por altruismo ni las compañías petroleras son organizaciones benéficas. Estados Unidos persigue sus propios intereses.
¿Y cuál es el problema?
Durante décadas Estados Unidos fue precisamente uno de los principales compradores del petróleo venezolano. Nosotros tenemos un producto que necesitamos vender y ellos quieren comprarlo. Si además sus empresas aportan el capital y la tecnología necesarios para recuperar la producción, existe una posibilidad evidente de construir intereses mutuamente beneficiosos.
La Realpolitik no exige amor. Exige intereses compatibles.
La realidad no es una rendición
Este es probablemente el punto más importante. Aceptar la realidad no significa resignarnos a ella.
Aceptar temporalmente a Delcy Rodríguez no significa querer perpetuarla en Miraflores. Postergar unas elecciones hasta que existan condiciones adecuadas no significa renunciar a la democracia. Aceptar inversiones estadounidenses no significa regalar el petróleo. Negociar con estructuras que formaron parte del chavismo no significa convertirnos en chavistas.
La Realpolitik no necesariamente cambia el destino. Cambia la ruta cuando la ruta que soñábamos no existe.
Nuestro objetivo puede y debe continuar siendo una Venezuela democrática, institucionalmente estable, económicamente libre, segura para la inversión, con separación de poderes y con un Estado incapaz de volver a convertirse en propiedad de un partido o de un caudillo.
Pero esa Venezuela todavía no existe.
Tenemos que construirla desde las ruinas que tenemos, no desde las instituciones que desearíamos tener.
Durante demasiado tiempo la política venezolana ha diseñado proyectos partiendo de supuestos falsos y después se ha sorprendido cuando la realidad destruye sus planes. En cualquier proyecto serio ocurre exactamente lo contrario: primero se determina dónde estamos, después qué recursos tenemos, cuáles son nuestras limitaciones y finalmente hasta dónde podemos llegar.
Si partimos de una base equivocada, el proyecto estará mal diseñado. Y si casualmente funciona, probablemente será porque un error terminó compensando otro. Ningún país serio puede confiar su futuro a la esperanza de equivocarse dos veces en direcciones opuestas.
Podemos detestar la realidad. Podemos considerarla injusta, desagradable, ilegítima o incluso repugnante. Lo único que no podemos hacer es sustituirla mentalmente por otra más conveniente antes de tomar decisiones.
Porque la Venezuela que queremos todavía no existe.
Nuestra obligación es construirla. Y para construirla tenemos que comenzar por la Venezuela que sí existe.
La única verdad es la realidad.
Bismarck lo habría entendido perfectamente.
Nosotros ya hemos perdido demasiado tiempo fingiendo que no.
Héctor Manghi
Buen día Enrique, muy buen análisis de la situación venezolana. Lo mismo pasó en Argentina, con un cambio de gobierno, democrático. Los negocios siguen en poder de la casta empresaria. El poder judicial sigue en manos de la misma casta política judicial. Los sindicatos siguen con los mismos capos mafiosos. Las instituciones siguen robando con los mismos grupos corruptos que estaban (universidad, discapacidad, hospitales, etc.). Cristina y Massa, sus socios y amigos, siguen manejando los medios de comunicación; y todo lo mencionado anteriormente. Ej.: Aysa sigue en poder de Massa robando con Lingeri, teniendo el mayor aumento de servicios de la historia, aunque nadie lo dice. Por lo tanto, lo de Venezuela será más difícil. Abrazo.
Osvaldo Rolleri
Muy, pero muy bueno Enrique. Leyéndolo me trajiste a la mente que muy seguramente, lo que está pasando en Venezuela, es que Trump y su ‘pandilla’ (Thiel, Musk, etc.) están poniendo a prueba sus teorías que la democracia con el capitalismo no van ‘juntos’. Veremos.
Pero de todos modos - haces muy bien - habrá que seguir muy de cerca a Venezuela para ver que ‘enseñanzas’ surgen y se generan.
Como siempre, muy querido Henry, eres un adelantado!!! No en vano eres quien eres!!!
Juan Eduardo Fleming
Cambiar todo para que nada cambie
.Triste realidad.Enrique, buen fin de semana y a disfrutar de estos hermosos dias de sol
Martha Pinillos
Gracias Yo pense que cuando sacaron a Maduro de venezuela Enseguida iban a hacer elecciones
Julie Fortabat
Buen día Enrique, como siempre excelencia en tus notas gracias por compartir, te envío un abrazo virtual. Un beso.
Mónica Veglio
Coincido Enrique...
Ricardo Frías
Gracias x compartir. Es verdad !!
Fernando Marín
Buena síntesis: en Venezuela esta cambiando todo para que en definitiva nada cambie. Muchas gracias.
Mario Quinteros
Excelente fuerte clarísimo y futuro muy incierto!
Gracias Enrique y otra vez felicitaciones.
Fuerte abrazo
André Vlasto
Ese es el riesgo. No hay intento sin esa sombra... 27 años son muchos. Lo vemos acá. Todavía franjas de funcionarios kukas sobreviven, producto de un ganador sin estructura y sin paño para imponer algo más allá de la economía.
Son una carga. Lo mismo que en mi querida Venezuela, que soportó algo cien veces peor que lo que sufrimos acá, y mirá que sufrimos...
Creo imperativo romper esa estructura antes de que vuelva a aquélla proverbial democracia que supo disfrutar. Coincido que no se ve, pero mis amigos de allá tienen fe en que cuando vuelva será sólida. USA tiene intereses. Como todos. Ganó de mano esta vez a los avances chinos, sumado al retroceso evidente de una debilitada Rusia.
Tu título es el mayor riesgo. Confiemos en que esta vez no sea así. Trump lo sabe bien. Es un mercader. Lo entiende y no tengo dudas de que no es lo que busca: win, win es la meta. Demos y negocios como los que supo explotar con beneficios mutuos por muchos años.
Lo deseo... será?
Carlos Neme
Excelente analisis de la situación en Venezuela. Veremos en que desemboca el pacto de Trump con el chavismo
Mariano Bernárdez
Lo que es justiciable ha empeorado
Gabino Videla
Muchas gracias, Enrique por compartir conmigo la acostumbrada síntesis política de los viernes. Un abrazo.
Ana María Gargallo
Clarísimo. Se lo mando a mis amigos venezolanos. Buen fin de semana
Santiago Soldati
¡Bravo!
Harry Ingham
Muy bueno... así es el contradictorio Trump
Willy Nervi
gatopardismo en vena
Raúl López Sáez
Excelente, debemos ser aliados " confiables" , algo dificil si la politica nacional anda en vaivienes .ABZ
Jorge José Echezarreta
Muy acertado lo que escribiste sobre Venezuela!!! Dices tan bien lo que yo también pienso, lamentablemente!!
Y qué desperdicio de una mujer tan valiosa como Corina Machado. Difícil ser optimistas!!
Julita Rodríguez Larreta
¡Bravo!
Enrique Cárrega
Maria Corina Machado. És lá mujer del siglo. A pesar de sus modos carroñeros, sabe moverse . Tal cual es la a propuesta de Trump
María Laura Castelli
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