Cuando la toga se
arrodilla
por Enrique Guillermo
Avogadro (Nota N° 1062)
“Cuando la ley ya no te protege de
los corruptos, sino que protege a los corruptos de ti, sabes que la nación está
condenada”. Ayn Rand
La Justicia, en su concepción platónica, es
una virtud. En la Argentina, en cambio, se ha convertido demasiadas veces en
una variable de ajuste político. Cuando los ciudadanos comienzan a sospechar
que una misma ley puede tener distinto significado según quién sea el acusado,
quién la víctima o qué intereses estén en juego, ya no estamos ante una simple
deficiencia del servicio de Justicia: estamos ante una enfermedad de la
República. La Corte Suprema, como cabeza del Poder Judicial, tiene la
obligación de percibir el enorme desprestigio que éste ha acumulado ante una
ciudadanía que contempla, entre inerme y resignada, el manto de impunidad que
demasiados jueces y camaristas federales tienden sobre los poderosos — sean
empresarios, políticos o dirigentes de la AFA — termina preguntándose si existe
realmente una Justicia igual para todos.
Y esa pregunta es devastadora. No hay
República posible cuando el ciudadano común siente que la ley cae sobre él con
todo su peso mientras se vuelve maleable cuando llega a los despachos donde se
deciden los destinos de los poderosos. No me refiero solamente a la proverbial
lentitud de nuestros tribunales. El problema es más profundo: la percepción de
que los tiempos, las interpretaciones y hasta las competencias judiciales
pueden modificarse según las circunstancias. Hay causas que duermen durante
décadas y otras que de pronto adquieren una velocidad sorprendente. Hay
decisiones que parecen definitivas hasta que cambia el escenario político y
jueces que sostienen una interpretación para luego encontrar argumentos para
sostener exactamente la contraria.
El propio diseño constitucional atribuyó al
Consejo de la Magistratura la selección mediante concursos públicos, cuya terna
es elevada luego al Poder Ejecutivo. El problema aparece cuando los mecanismos
destinados a garantizar el mérito se convierten en terrenos fértiles para la
discrecionalidad, las negociaciones y los favoritismos. La alteración de
órdenes de mérito, las sospechas sobre concursos, las designaciones y
subrogancias y el peso de las relaciones personales alimentan una percepción
particularmente dañina: que para llegar a determinados cargos judiciales no
siempre alcanza con ser el mejor. Y, si esa percepción se instala, la toga
pierde autoridad antes incluso de que su titular dicte su primera sentencia.
Por eso resulta auspicioso que la propia
Corte haya intentado recientemente corregir algunos de estos defectos. En marzo
presentó un proyecto de reglamento para los concursos de magistrados destinado
a reforzar la idoneidad y el mérito, reducir la discrecionalidad, garantizar el
anonimato de las pruebas de oposición y establecer reglas más claras para las
entrevistas personales. Es un paso en la dirección correcta. Pero una reforma
reglamentaria no será suficiente si quienes deben aplicarla siguen sometidos a
los mismos incentivos políticos que han deteriorado el sistema.
La causa relacionada con el ingreso de los
Eskenazi a YPF, iniciada en 2006 y dormida desde entonces en el despacho del
inefable Juez Ariel Lijo es un ejemplo de cómo el paso del tiempo se convierte
en impunidad. Pero también preocupa la volatilidad de algunos criterios
judiciales. Lo ocurrido recientemente con los jueces de Casación Diego
Barroetaveña y Mariano Borinsky, al dar marcha atrás sobre sus propios
criterios y disponer que la causa relacionada con la denominada “quinta de la
AFA” sea instruida por el Juzgado Federal de Campana, como pretendían los
imputados, vuelve a plantear una pregunta elemental: ¿qué principios permanecen
inalterables cuando cambian las circunstancias? No se trata de exigir que los
jueces jamás modifiquen sus decisiones; sería absurdo: pueden equivocarse y
corregir sus errores. Lo que la sociedad no puede aceptar es que la coherencia
jurídica parezca depender del viento político.
Existe, además, un problema mucho más
doloroso. Los jueces y camaristas que intervienen en causas por delitos de lesa
humanidad tienen una enorme responsabilidad respecto de las condiciones de
detención de personas de edad avanzada que, en muchos casos, padecen enfermedades
graves. El fallecimiento de más de mil detenidos durante los últimos años, y
las condiciones en que muchos atravesaron sus últimos días, demuestra que el
Estado argentino no ha cumplido sus obligaciones constitucionales. Un Estado de
Derecho no puede convertirse en un Estado de venganza, y quienes administran
justicia también están sometidos a la ley.
Aquí aparece el problema esencial: la
captura de la toga. No hablo solamente de corrupción, que debe ser castigada
con todo rigor, sino de algo más sutil y peligroso: la progresiva
identificación de determinados magistrados con intereses del poder político,
económico o corporativo. Un juez no debe ser amigo ni enemigo del Gobierno, ser
oficialista ni opositor, buscar el aplauso de los medios ni de las redes
sociales. Mucho menos debe preguntarse qué consecuencias políticas tendrá una
sentencia antes de decidir conforme al derecho. Su obligación es sencilla y
difícil: aplicar la ley. A veces esa decisión favorecerá al Gobierno y otras lo
perjudicará, beneficiará a un empresario y otras lo condenará; puede proteger a
un dirigente político o terminar con él en prisión. Eso es precisamente la
independencia judicial. La verdadera independencia no consiste en que los
jueces sean independientes cuando nadie los contradice, sino en que puedan ser
impopulares sin miedo cuando la Constitución y la ley así lo exigen.
La Argentina necesita jueces que comprendan
que su legitimidad no nace de su proximidad con el poder, sino de su capacidad
para resistirlo. Necesita concursos transparentes, órdenes de mérito
respetados, antecedentes evaluados con rigor, reglas previsibles y decisiones
fundadas. Necesita una Justicia veloz, porque una Justicia tardía muchas veces
equivale a una Justicia denegada. Y, sobre todo, una Justicia que no tenga
miedo de equivocarse contra el poder.
La seguridad jurídica no es una abstracción.
Es la certeza de que las reglas serán las mismas para todos: que un contrato
será respetado, una inversión tendrá protección, una empresa no dependerá de
una decisión arbitraria, un ciudadano podrá reclamar contra el Estado y un
poderoso podrá ser condenado si viola la ley. Sin esa certeza no habrá
inversiones genuinas, crédito, crecimiento sostenible ni trabajo registrado y
bien remunerado. La Argentina ya ha demostrado una extraordinaria capacidad para
destruir su moneda, su ahorro, sus empresas y sus oportunidades. Es
imperdonable que haya destruido también la confianza en la Justicia.
Por eso, ésta es una carta abierta a los
ministros de la Corte. No les pedimos que sean héroes sino algo mucho más
elemental: que sean jueces. Que recuerden que la toga no es un escudo para
proteger privilegios, sino una carga que obliga a soportar presiones. Que
comprendan que la independencia judicial no se declama: se ejerce. Y que sepan
que, cuando un juez se atreve a aplicar la ley aún contra el poder, quizá
pierda amigos, titulares y aplausos, pero gana algo infinitamente más
importante: la
República.
Bs.As., 8 Sep 26
Publicada en:
https://totalnewsagency.com/2026/09/08/cuando-la-toga-se-arrodilla/
https://www.informadorpublico.com/cuando-la-toga-se-arrodilla/
https://prisioneroenargentina.com/cuando-la-toga-se-arrodilla/
https://diariocastellanos.com.ar/opinion/2026/09/07/cuando-la-toga-se-arrodilla.htm
Doloroso y real. Admiro su constancia en esta lucha desigual en busca de que tengamos una República.
ResponderEliminarCambiarian al pais.
ResponderEliminarDoloroso y real. Jueces corruptos y abogados millonarios. La sociedad indefensa.
ResponderEliminarBrillante, ya no espero nada
ResponderEliminarMaría Laura Castelli
Extraordinario Enrique! Lo voy a difundir ya, porque es una de las claves de esta decadencia, si no la más dañina.
ResponderEliminarCarlos Neme
Hola Enrique, excelentes tus palabras. Se va creando una bronca por lo grosero de las actuaciones. Cuánto daño a la república. Dios guarde la integridad física y moral de los ministros de la Corte. Gracias por tu envío
ResponderEliminarAlfredo Müller
Excelente llamado de atención sobre la gravisima crisis judicial....! Impecable...! Felicitaciones...,!
ResponderEliminarRicardo Frías
Muchas gracias Doctor, ya la justicia huyó desesperada hace tiempo
ResponderEliminarHoracio Herrera
Fantástico Enrique! Estás explicitando una tragedia argentina que me produce una tremenda angustia. El Consejo de la Magistratura se inventó para hacer desaparecer definitivamente el Poder Judicial...lo viví...😢😢🇦🇷🇦🇷🇦🇷
ResponderEliminarMarta Herrera
¡Excelente! Muy bien
ResponderEliminarMartín Recalde Cuestas
Muy buena👏👏👏👏👍felicitaciones.Un abrazo
ResponderEliminarAndrés J. Bello
Genial Enrique, gran artículo
ResponderEliminarSantiago López Belsué
Excelente nota!!!!!
ResponderEliminarMuchas gracias por expresar el pensamiento de muchos ciudadanos que pretenden una justicia real y no corrupta.
Julio Pérez Roca
Bravo bravo bravo !! Te felicito ! Magistral!!
ResponderEliminarAndré Vlasto
¡Excelente!
ResponderEliminarAndrew Heffesse
Totalmente de acuerdo con usted Doctor.
ResponderEliminarUn gran abrazo
Lucio Tirao
Excelente!!
ResponderEliminarFelicitaciones!!
Desde el minisyro de Justicia en adelante , alli sale mucho mal olor por todos lados y se esparce hasta donde olia bien...
Un gran abrazo
Juan Francisco Ramos Mejía
estamos mal acostumbrándonos a todo
ResponderEliminarleíste LN el manejo de nuestro ministro q arrastra desde Macri ??
de terror q no pase nada
Néstor Farías Bouvier
Buenas tardes Enrique! Excelente análisis de nuestra INjusticia.
ResponderEliminarAbrazo grande y muchas gracias.
Rubén Manzur
Muy bien mensaje pata los Jueces que deberían de grabarse en su cerebro…………..
ResponderEliminar“ Por eso, ésta es una carta abierta a los ministros de la Corte. No les pedimos que sean héroes sino algo mucho más elemental: que sean jueces. Que recuerden que la toga no es un escudo para proteger privilegios, sino una carga que obliga a soportar presiones. Que comprendan que la independencia judicial no se declama: se ejerce. Y que sepan que, cuando un juez se atreve a aplicar la ley aún contra el poder, quizá pierda amigos, titulares y aplausos, pero gana algo infinitamente más importante: la República “
Abrazo,
Carlos Álvarez-Garmón
Como siempre, clarito y valiente. Te felicito.
ResponderEliminarAdolfo Ruiz
Genial Enrique ! Pura y valiente verdad. Abrazo y gracias.
ResponderEliminarBasilio Pertiné
¡Excelente!
ResponderEliminarWilly Nervi
Estimado Enrique, según Ud. Me cuenta la Justicia Argentina está podrida en algunos casos visibles es una Mala realidad, pregunto este gobierno acompaña esta mala realidad o el gobierno está en la temática que pace el que sigue y después vemos, un sbrazo
ResponderEliminarEzequiel Pastor
Lamentablemente la justicia hoy es una asociación ilícita
ResponderEliminarEs evidente el prevaricato sin caretas y ningún integrante reacciona ante la vulneración de principios constitucionales basico y universales
Buen artículo querido amigo
La justicia está rodeada de una ciénaga nauseabunda
Abrazo
Eugenio Vilardo
🇦🇷🇦🇷🇦🇷 Enrique, la nota "Cuando la toga se arrodilla", N°1062, es la cruda realidad de la Justicia Argentina, salvo muy pequeñas y honrosas excepciones... Creo que hay que confiar en la "Providencia", no hay milagros en este tema... Cordialmente 🇦🇷🇦🇷🇦🇷
ResponderEliminarOscar Jorge Videla
Buenas tardes Enrique, excelente grito desesperado, ante la destrucción de la República, por una justicia totalmente venal y corrupta. Una red mafiosa que creció en las últimas decadas, en todas las áreas judiciales del país, y será muy difícil recuperar la ética y moral de sus miembros, que actualmente ha quedado extinguida. Un abrazo.
ResponderEliminarOsvaldo Rolleri
recibí del Dr. Avogadro muy acertadas consideraciones respecto a "La Justicia", que a mis ojos resultaron bálsamo.
ResponderEliminarOcurre que en 1983, con la llegada de la vida ciudadana democrática... vinieron tbn reformas que NO proveyeron JUSTICIA...
...el Dr. Avogadro "toca" este tema de manera magistral.
Pedro Fescina
De acuerdo con Ud., dr. Gracias.
ResponderEliminarSusana Tassara
Impecable tu mensaje de hoy sobre la Justicia.Felicitaciones
ResponderEliminarJorge Oscar Aguilera
Muy bueno su articulo Dr.! Ni recuerdo que gran Papa dijo:si no hubiera justicia que serian los gobiernos sino grandes latrocinios?
ResponderEliminarPedro Luis Barcia
Comparto apreciaciones de Avogadro. La justicia cada vez peor.
ResponderEliminarJosé Luis Pollola
Espero que haya justicia absolutamente independiente de cualquier ideología. Gracias por hablar de este tema fundamental para nuestro país. Estamos cansados de tanta impunidad.
ResponderEliminar"La independencia judicial no se declama, se ejerce". Una frase contundente que ilustra el contenido de su análisis al que adhiero, estimado Dr Avogadro. Lo felicito y le envío un cordial abrazo.
ResponderEliminarEmiliano Nicola
Impecable
ResponderEliminarCarlos Ferragut
👆IMPECABLE descripción de la actual "JUSTICIA" en la Carta Abierta del Dr. Enrique G. Avogadro, con la que coincido en un todo.
ResponderEliminarQuerido Enrique, una única sugerencia, en la primera línea vos decis: "La Justicia, en su concepción platónica, es una virtud" y entiendo la intención que le quisiste dar, considerada como ideal platónico republicano, pero el que más considera a la justicia como un virtud es Aristóteles reconsiderada tanto en su faz subjetiva como un virtud cardinal por Tomás de Aquino y como, en su faz objetiva, un ideal a alcanzar en la polis
Javier R. Casaubon
Hoy das aliento nuevo
ResponderEliminarGabino Videla
Creo que es la mejor nota que leí de Enrique!
ResponderEliminar👏👏👏👏👏👏
Alicia Por-Graham
Excelente querido amigo. Me encanta tu valentía para expresar un sentimiento que, en general, la mayoría sentimos y pocos podemos volcar con tanta precisión y excelencia.
ResponderEliminarCristina Colautti
Hola de las mejores notas de Enrique. La posición del gobierno es muy preocupante.
ResponderEliminarMyriam Felperin
Excelente artículo querido amigo.
ResponderEliminarEsta falla de la justicia viene de largo tiempo; recordemos la acordada de la Corte de septiembre de 1930 apoyando el golpe de Estado del General Uriburu, el Capitán Peron y otros militares para derrocar al presidente Yrigoyen ...
Eduardo García Uriburu
Hola Enrique, excelentes tus palabras. Se va creando una bronca por lo grosero de las actuaciones. Cuánto daño a la república. Dios guarde la integridad física y moral de los ministros de la Corte. Gracias por tu envío
ResponderEliminarAlfredo Müller
Es absolutamente así como está descripto en esta nota, como se desenvuelve el mundo de la "Toga".
ResponderEliminarEs lamentable que la Justicia argentina se haya desbarrancado de tal manera, sobre todo en estos últimos 20 años.
Uno de los principales aspectos que todo grupo inversor de nivel internacional observa al decidir una inversión en algún país, es el comportamiento de la Justicia local en todos los ámbitos.
Independientemente de la incorporación del RIGI en algunos casos.
Y todos sabemos que para que el país crezca y la gente reciba una mejora real en su modus vivendi.....hacen falta cuantiosas inversiones.
Creo que no hay otro camino.
Pero en el mientras tanto y como decía mi abuelo,
¿ cosa facciamo ?
Eduardo Falorni
Gracias Enrique
ResponderEliminarHubo alguna vez una justicia impoluta? Soy pesimista. Creo que lo jueces comparten el ADN de la corrupcion que anida en muchos argentinos
Enrique, la cosa es simple: Si Ud. NO quiere que la Justicia esté influenciada por la política, lo primero que se debe hacer es eliminar la política en el sistema de Justicia. Empiece por el Consejo de la Magistratura; no puede tener miembros del Congreso ni representantes de partidos políticos en su composición. A ningún candidato a juez se le aceptarán antecedentes partidistas (sí, ya sé, no queda nadie...). Nadie debe llegar a juez sin una carrera previa comprobable empezada desde el Km cero de ese cursus honorum. Nadie debe llegar a juez sin una vida intachable, proba. Y NADIE PODRÁ LLEGAR A JUEZ SIN LA APROBACIÓN DEL PUEBLO AL QUE SIRVIÓ, medida que habrá que implementar de algún modo pero que es ESENCIAL si se habla de DEMOCRACIA.
ResponderEliminarCarlos A. Galvalizzi
Exlente , gracias, Abz.
ResponderEliminarEneida Alves de Oliveira
Estimado Enrique, es increíble como has descripto una triste realidad como es la del poder judicial. FELICITACIONES. EXCELENTE. Abrazo grande.
ResponderEliminarJ. M. Bravo
Excelente nota!!!
ResponderEliminarJulio Pérez Roca
Hola Guillermo , buen día .La justicia en Argentina sigue siendo “Kirchner”. Nada a cambiado en gobiernos “democráticos”, Macri y ahora Milei”. Son los mismos . Jueces y fiscales que puso el kirchnerismo . Los defensores de la patria presos y los terroristas libres . Mi marido tenía 28 años , fue condecorado por el gobierno peruano cuando fue agregado militar en 96 y ahora hacen ya 18 años que está injustamente preso . Está en domicilio pero preso al fin . Está justicia sigue siendo coniviebte con la izquierda. Abrazo.
ResponderEliminarEneida Alves de Oliveira