miércoles, 29 de septiembre de 2010

Pobres de nosotros

Pobres de nosotros

“¿Dónde estarán?, pregunta la elegía,

como si hubiera un tiempo

en que el ayer pudiera

ser el hoy, el aún, el todavía”

Jorge Luis Borges

Cuando un candidato –per se o por interpósita persona- opta por agredir y desconcertar, diariamente, a la porción de electores que necesitaría para llegar al anhelado 40% que haría innecesario un ballotage, resulta obvio que lo hace porque ha decidido pelear en otro campo y con otras reglas.

Nadie necesitado de un crédito comienza por agraviar y descalificar al banquero de cuya confianza precisa para obtenerlo; si lo hace, no está en su sano juicio o, por el contrario, piensa asaltar al banco para hacerse de los fondos.

Don Néstor y doña Cristina, cual modernos émulos de Bonny and Clyde, son los nuevos ladrones; no sólo de bancos –el Central o el Nación, amén de la Anses- sino del país entero.

La real derrota (por más que los resultados traducidos a sillas curules no lo confirmen) sufrida por el papagayo caribeño el último domingo, ha motivado en Kirchner sólo un comentario: un llamado a la reflexión a Chávez sobre el mensaje de las urnas. Pero no debe entenderse que el tirano de Olivos ha intentado transmitir a Caracas un consejo apaciguador de espíritus y modos; muy por el contrario, lo que quiso decir es que no se debe permitir que las urnas o las instituciones desbaraten “modelos” o “socialismos siglo XXI”.

Kirchner ya está lanzado, al galope, al campo que ha elegido para librar su guerra. Su objetivo único, creciente, se vincula a la conservación del poder omnímodo que le ha permitido saquear el país y enriquecerse más allá de cualquier sueño.

En pos de ese objetivo estratégico, debe librar batallas como las que ha encarado contra la prensa libre y contra la Justicia, los dos pilares que permiten la existencia de la República.

No ha dudado, en su plan de destrucción del periodismo independiente en adoptar medidas que le enajenan, aún más, la opinión de las clases medias, las mismas que llevaron al triunfo a doña Cristina en 2007. El campo, Fibertel, Papel Prensa, etc., no son más que las batallas de esa guerra total que don Néstor está librando para eternizarse en el poder.

Más aún, recurre a verdaderas cortinas de humo para distraer la atención ciudadana –el matrimonio homosexual o el aborto- que, además de no figurar en ninguna agenda de los argentinos, salvo en el de escasas minorías, aleja todavía más de simpatizantes a la clase media, sobre todo a la del interior del país.

La creación del grupo de empresarios “amigos” –idénticos a los que conforman la “boliburguesía” venezolana- que adquieren las estratégicas empresas y bancos “argentinizados” o lucran sin límites con concesiones de juego u obra pública, amén de sobrefacturar éstas, le han permitido a la parejita imperial contar con un ejército importante para esa guerra, que aún se libra de modo casi civilizado.

Cuando llegue la hora de la infantería y del combate cuerpo a cuerpo, allí estarán los nuevos “jóvenes idealistas” que, a semejanza de los milicias populares socialistas creadas por don Hugo en su país tropical, defenderán el “modelo” en las calles argentinas, con esta lógica maniquea y binaria de los años 70’s. A ello incitó la “madre de todos”, como la calificó hace tiempo don Néstor, cuando avisó que, de no obtener una resolución favorable, “el pueblo tomará el Palacio”, como si de La Bastilla se tratara.

Resulta curioso ver y escuchar a periodistas y analistas de opinión cuando tratan de encontrarle una explicación a las disparatadas –en términos electorales- medidas de los Kirchner. Así, se oyen argumentos vinculados a la irracionalidad producto de un accidente cerebro-vascular inconfesado, especulaciones relacionadas a la locura que anidaría en el cerebro de don Néstor, o a la mera torpeza, increíble en una persona que ha construido, en poquísimo tiempo, una estructura de poder históricamente incomparable.

Si hubo muchos presidentes argentinos acusados de corrupción, siempre fue ésta vinculada al robo de dinero, nunca con empresas y, menos, en áreas estratégicas. Y es ese mismo poder, tan concentrado y gigantesco, el que ha puesto, y pondrá, la guerra de y contra Kirchner en términos de todo-o-nada. Don Néstor no está dispuesto a ceder cuotas de ese poder –su propia naturaleza, como la del escorpión, se lo prohibe- y quien finalmente lo suceda deberá aniquilarlo para ejercer con libertad el cargo porque, ¿cómo podría negociar Goliat con David?

Es desde esa perpectiva que deben mirarse las recientes batallas contra la prensa libre y contra la Justicia, porque ambos estamentos son los verdaderos controles y las garantías de las instituciones de la República.

Porque los Kirchner están percibiendo cercano el desenlace. Los jueces, a sabiendas que en noviembre dejarán de tener la espada de Damocles del Consejo de la Magistratura sobre sus cabezas, están poniendo límites concretos en el orden de batalla del Gobierno y desempolvando causas; otros, sin esperanzas por sus turbios pasados, están pensando en la jubilación.

Concretamente, los magistrados no han permitido coronar con éxito ninguna maniobra fundamental de los Kirchner: el ADN de los jóvenes Noble-Herrera, la licencia de Fibertel o el artículo del plazo de desinversión de la Ley de Medios han sido verdaderos hitos para la supervivencia de la democracia. Tampoco han dejado de poner límites, aunque tardíos, a su vocación tiránica, y los casos del Procurador Sosa, del asesino Apablasa o el reajuste de las jubilaciones lo confirman.

Pero don Néstor irá por más y, para no aumentar su historial de traidor, lo avisa. Ese es, precisamente, el sentido del fenomenal recorte presupuestario al Poder Judicial y la pública denigración de los jueces de todo nivel; que todo eso vaya en desmedro de la ciudadanía, que verá hacerse más lenta aún a la administración de justicia, a Kirchner le importa un bledo, inclusive si descubre que los afectados se convertirán en votos irrecuperables.

Más temprano que tarde comenzaremos a ver a los guardianes del “modelo” en la calle. Allí estarán, tratando de reeditar un pasado que ya han reinventado en la historia oficial quienes no se dan cuenta, o no quieren hacerlo, que el socialismo y el comunismo ya forman parte de ese irrecuperable pasado, que Cuba ha fracasado y ha dejado de exportar su revolución, y que los regímenes totalitarios –como el venezolano- condenan a sus conciudadanos a la pobreza, a la frustración y al atraso. Y quien quiera dudarlo, deberá recordar que los “idealistos e idealistas” que incendiaron el país a partir de 1970 nunca superaron los 10.000 hombres sobre las armas.

Un párrafo aparte merece el tema de la clara rebeldía del Gobernador Peralta a las resoluciones de dos de los tres poderes del Estado. Resulta útil descubrir que el Parlamento y los Tribunales carecen de fuerzas federales capaces de imponer la obediencia debida, aún contra los deseos de Olivos o la Rosada.

Si no se dispone de ellas, ¿con qué contaremos ahora para hacer frente a estos falsarios, si es que éstos deciden desconocer, también, el mandato de las urnas? Porque, razonemos, si hemos visto que la paliza recibida en las elecciones legislativas de junio de 2009, fue interpretada por el tirano de Olivos como un mandato para “profundizar el modelo”, como dijo, ¿qué lo llevaría a aceptar otra ahora, que tiene tanto para perder?

¿No lo vemos hoy, acaso, avanzar sobre la libertad de prensa, intentando poner en vigencia la nefanda Ley de Medios, pese a que la Justicia ha suspendido sus efectos? ¿No vemos hoy, también, a don Néstor y a Cristina despotricar desde todos los atriles contra los jueces que sólo pretenden hacer respetar la Constitución y los derechos adquiridos? ¿No vemos hoy cómo avanzan sobre todas las cajas posibles? ¿No vemos hoy cómo discuten alrededor de un fallo de la Corte que ordenó deportar a un terrorista asesino? ¿No vimos el lunes a doña Cristina felicitar por su inexistente triunfo a Chávez?

Por lo demás, la agresividad de la que hacen gala las espadas kirchneristas y hasta sus propios mariscales también les sirve como elementos de polarización y de confrontación. Esa misma confrontación que buscó doña Cristina al separar, discursivamente, a los sectores medios de los “morochos”, anunciando una trasnochada lucha de clases en la que no duda de incluir a su gobierno.

Las nubes necesarias para una tormenta perfecta ya están en el horizonte; comenzará en el exacto momento en que los Kirchner se convenzan de la imposibilidad de su permanencia por la voluntad de las urnas.

Entonces, ¡pobres de nosotros, los argentinos!

Bs.As., 30 Sep 10

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miércoles, 22 de septiembre de 2010

¿Tenemos opción?

¿Tenemos Opción?


“Los valientes también temen,
pero siguen avanzando”
José Narosky


Disparatado e injusto atraso en los precios de la energía, completa pérdida de reservas de gas y petróleo, inflación galopante y acelerada, retraso cambiario insostenible, infernal nube de subsidios cruzados, planes sociales ineficientes y clientelistas, corrupción rampante, múltiples conglomerados empresarios de amigos del poder, Estado ausente en salud y en educación, inseguridad ciudadana que cobra vidas y haciendas, completo aislamiento internacional, degradación total de las instituciones, enorme falta de inversiones extranjeras directas, fragmentación y enfrentamiento social, total incapacidad de defensa militar, expansión desaforada de la droga, pobreza y marginación, economías regionales exangües, presión tributaria insostenible e ineficiente, concentración de recursos financieros en manos del Ejecutivo nacional, crónicos déficits provinciales, vulnerabilidad de las fronteras, escasez de viviendas y obras de infraestructura, patoterismo sindical y piquetero, tergiversación de la historia, utilización mafiosa de los derechos humanos, crispación, agresividad y disolución social.

Ese inventario, por cierto no completo, corresponde a la herencia que recibirá el sucesor de doña Cristina, quien quiera que éste sea, después de ocho años –para entonces- de un crecimiento históricamente incomparable de nuestra economía y en medio de una década que hubiera podido ser perfecta para el despegue, el mismo que tuvieron todos nuestros países vecinos. Creo que a la Argentina le hubiera ido bastante mejor con las siete plagas de Egipto.

Coincido con casi todos los analistas en que, en general, esta coyuntural situación internacional tan favorable puede continuar por un tiempo aún prolongado, representando para nuestro país el ingreso de divisas imprescindibles para la subsistencia. Pero también creo que, sin inversiones productivas, la inflación va a tender a espiralizarse en algún momento, empujada por el recalentamiento forzado de la economía, por el crecimiento geométrico del gasto y por la emisión indispensable para la continuidad de este “modelo” -especialmente en un año electoral- y para la compra de esas divisas que ingresan.

Debido a este pronóstico acerca de qué traerá aparejado el futuro para el sucesor, considero sumamente importante hacer un examen de conciencia nacional. Ayer, en un almuerzo, un distinguidísimo amigo nos preguntaba si en realidad, diciéndole al mundo que somos mejores de lo que parecemos, no estamos cometiendo un error mayúsculo. La verdad es que los argentinos somos así, y por eso tenemos un gobierno que se nos parece.

Por ser así, también tenemos los opositores que se nos parecen. No solamente el Congreso tiene decenas de bloques diferentes, sino que la gran mayoría de nuestros representantes aplaudieron a rabiar el default, votaron encantados la confiscación de los fondos de las AFJP’s y “nacionalizaron” Aerolíneas Argentinas. Y nótese que estoy refiriéndome sólo a leyes que salieron con el apoyo de todos los partidos –salvo muy honrosas excepciones- y no a aquéllos que fueron sancionados por la mayoría kirchnerista de la que el Gobierno dispuso hasta el 10 de diciembre de 2009.

Porque, de la mano de ese circunstancial dominio de las cámaras, también llegaron la Ley de Medios, la Ley de Reforma Política, la aprobación de los mentirosos presupuestos nacionales desde 2003 a la fecha y tantas otras aberraciones, útiles al proyecto de dominación que trajeron, ya desde las lejanas épocas de Santa Cruz, don Néstor y doña Cristina.

Pues bien; ya que tenemos esa materia prima, y no otra, será con ella que intentemos poner las bases para un futuro mejor.

Y, para llegar a ese futuro, será necesario superar la crisis que, de la mano del inventario mencionado en el primer párrafo, los Kirchner habrán dejado como herencia.

Dada la experiencia que tenemos los hombres y mujeres de mi generación, ¿resulta imaginable que una tormenta de esa magnitud pueda ser superada por un gobierno monocolor? Porque, si lo elegimos así, tendrá enfrente al resto de nuestra clase política, capaz de sacrificar cualquier principio, y cualquier política de Estado, en el altar de su beneficio personal y de sus propias y mezquinas apetencias electorales.

Soy consciente del enorme desprestigio que la Alianza que encabezaron De la Rúa y Chacho Álvarez tiene en el imaginario popular, pero recuerdo, con más fuerza, la intención del último Perón de conformar un frente con el radicalismo de Balbín, para dar previsibilidad y gobernabilidad a un futuro que preveía cada vez más sangriento.

Si pudiéramos reconstruir, con objetivos muchísimo más amplios, esa confederación de partidos que nació en el restaurant Nino, de Vicente López, estoy convencido que la Argentina podría cambiar el rumbo de decadencia que la lleva, irremediablemente, a su extinción como país.

Cuando todas las estadísticas mundiales nos dicen cuán bajo hemos caído –ni los países subsaharianos de África tienen un desempeño tan malo- me pregunto hasta cuándo la Argentina puede darse el lujo de desperdiciar oportunidades, como las que brindan cerebros como el de Alieto Guadagni en materia de educación pública.

De la seguridad jurídica y de la previsibilidad depende la llegada de las inversiones imprescindibles para el desarrollo y, también, el regreso de los capitales argentinos en el exterior que, desde 2007 a la fecha, ya suman sesenta mil millones de dólares. Y de esas inversiones dependen el combate contra la inflación, contra la pobreza y la marginalidad, contra la droga, contra la escasez de trabajo registrado, contra la falta de oferta de bienes, contra la decadencia nacional.

Con ese inventario de males que heredaremos –cada uno tiene la libertad de agregar o quitar ítems, pero desafío a cualquiera a negarlos- la solución sólo puede provenir de un gobierno de unidad nacional, en el que todos, todos, resignemos apetitos y mezquindades, al menos hasta que alcancemos el futuro de progreso que nuestros compatriotas hoy nos reclaman.

Para sobrevivir como país es imprescindible lograr que las políticas que será necesario implementar sean respaldadas por la gran mayoría del arco político, que se comprometa en respaldarlas y en apoyarlas, pues estaremos muy cerca del abismo y, sin ese respaldo y ese apoyo, será imposible llevarlas adelante. Recordemos que criticar, desde afuera, es facilísimo, pero es muy difícil tener la valentía de poner el hombro a costa de cualquier proyecto personal.

Y el exclusivo objetivo de terminar con la tiranía de los Kirchner me parece exiguo. Debemos comenzar a pensar como la nación que –más allá de un territorio, una población y un Estado- nunca conseguimos ser. Y exigir a nuestros políticos actitudes y conductas personales acordes con la gravedad del momento que viene, porque estará en juego la supervivencia de la Argentina.

Bs.As., 22 Sep 10

sábado, 18 de septiembre de 2010

De esperpentos y espantos

De Esperpentos y Espantos


“De él, y no de otro, sigo el rastro, pues
ha cometido en la noche un acto espantoso.
Nada sabemos con exactitud, porque todo
son conjeturas. Yo me he lanzado en su
busca y algunas huellas sí las identifico;
pero otras me tienen perplejo y no puedo
averiguar de quién son”
Sófocles


Como saben todos quienes han tenido la paciencia sobrenatural de seguir mis notas saben que, desde 2005, estoy convencido que los Kirchner (en aquella época, sólo don Néstor) no aceptarían dejar el poder por la fuerza de las urnas. Y, en tiempos más recientes, que producirían algún desastre de magnitud el año próximo, antes que el calendario acercara el inevitable final que traerían aparejadas las elecciones presidenciales.

Sin embargo, nunca supuse que doña Cristina y el tirano de Olivos apuraran tanto el caos institucional y político que, por estos días, han desatado en la Argentina. Hagamos un breve repaso de los esperpentos que ha traído la semana que hoy termina.

Después de la intervención “programada” de Kirchner, su distinguida cónyuge apareció, reemplazándolo, en el Luna Park y, una vez más, derrapó desde el atril de turno. El llamado a la clase media -esa que hoy les resulta tan esquiva debido a sus desmesurados disparates y que tanto contribuyó a la entronización de doña Cristina en 2007- a no mirar con miedo y rechazo a “los morochos”, fue un episodio más en la larga campaña kirchnerista para segmentar a una sociedad ya fracturada.
La Suprema Corte, harta ya de aprietes oficiales a sus miembros, complicó nuevamente –ya lo había hecho al rechazar la intervención dispuesta por Guillermo Moreno a Papel Prensa- el mundo ideal los Kirchner, con dos sentencias de enorme y simultánea repercusión: los casos Apablaza y Sosa.

El “twittero” Canciller, tan desmemoriado él, debe estar trabajando a tambor batiente para intentar recomponer el ambiente con el cual nuestra Presidente se encontrará hoy en Santiago, cuando viaje a Chile a festejar sus doscientos años de independencia. Sin embargo, no le resultará fácil; todos los partidos, incluido el socialismo, se han puesto de acuerdo para reclamar que doña Cristina convalide la extradición del primero.

¿Por qué el caso Apablaza se ha convertido en una enorme complicación para el Gobierno, cuando se trata simplemente de un asesino, de un criminal que, en plena democracia, ordenó la muerte de un senador y el secuestro extorsivo de un empresario? Porque, como sucede inveteradamente desde que los Kirchner llegaron al poder nacional, las relaciones exteriores nos son nada más que otro instrumento de la política interna.

Y aquí, las Abuelas y las Madres, tan imprescindibles al Gobierno para su disfraz vinculado a los derechos humanos, defienden al terrorista como uno más de los “jóvenes idealistas”, otro de aquéllos que, en la democracia argentina, mataron a Rucci o atacaron el Regimiento 29 de Monte, en Formosa, y hoy están titulados de mártires en monumentos oficiales. Lo mismo ocurrió, por lo demás, con el terrorista vasco cuya extradición reclamaba España.

El otro complicado frente que abrió la Corte esta semana pasa por el pedido al Congreso para que obligue al Gobernador de Santa Cruz a cumplir sus sentencias, en este caso, la reposición del Dr. Sosa en su cargo de Procurador General de la Provincia.

Contra esa resolución del Tribunal supremo, que incluyó la denuncia penal contra Peralta, el sucesor de don Néstor en el cargo patagónico, se alzaron el desobediente imputado y distintos voceros que, como todos sabemos, sólo hablan cuando don Néstor lo dispone.

Se ha creado, así, el más grave conflicto de poderes desde el fatídico 2003, cuyo final aún estará abierto por un rato largo. Para intervenir una provincia se requiere de una ley; pasará fácilmente por la Cámara de Diputados, ya que sólo requiere una mayoría simple para su aprobación, pero tendrá un trámite complicado en el Senado, ya que muchos gobernadores dudarán en sentar un precedente que puede complicarlos en el futuro; y luego, todavía, doña Cristina podrá vetarla.

Como siempre sucede, el mundo mira con atención las cosas malas que suceden en cada país –por estos días, Sarkozy está bebiendo esa medicina- y Timerman supo de ello cuando los Estados Unidos, a través de Valenzuela, le hicieron saber acerca de la preocupación internacional por los ataques oficiales a la libertad de prensa en la Argentina.

Y ese mundo no dejará de mirar, con lupa, el conflicto que la casi segura concesión del status de refugiado político a Apablaza generará con Chile, el país más serio y confiable de toda América. Y lo mismo ocurrirá con el desconocimiento del fallo de la Corte que, además, ya constituye un nuevo freno a las magras inversiones extranjeras en nuestro país, por la incrementada luz que arroja sobre la falta de seguridad jurídica.

El Gobierno, cuya debilidad se puso de manifiesto con la urgencia en presentar al enfermo Kirchner como un tipo en plenitud física, continúa abriendo frentes de tormenta, en su desesperación frente a un poder que se escapa diariamente de sus manos.

Los barones del Conurbano, que ya sufrieron en carne propia la derrota a la que los condujo el mariscal don Néstor en 2009, por la pérdida de poder en los consejos deliberantes, han comenzado –silentemente algunos, a gritos otros- a despegarse de un proyecto oficial que, de prosperar, les recortará aún más sus omnímodas facultades. La pretensión de Kirchner de instalar listas colectoras, de tener éxito, implicará la entrada de piqueteros y de sindicalistas en esos consejos.

Por lo demás, la asunción de Moyano del PJ bonaerense también es un motivo de grave preocupación para esos caciques, que ven como los camiones de basura se llevan el 40% de sus presupuestos y, además, pueden imponer conductas con su desmedida presión, que tantas empresas conocen.

La suerte de “el hombre del camión” hoy está atada a la de Kirchner porque, al igual de lo que sucede con el entorno de éste, ha cosechado odios irrefrenables entre sus pares, los gordos, que han visto como roe cada día sus ya magros padrones sindicales.

Moyano ya es un par, no un súbdito, de Kirchner. El mutuo control se ejerce, de un lado, por la espada de Damocles que la causa de los medicamentos hace pender el camionero de la mano de Oyarbide, tan maleable a los deseos de Olivos; por el otro, por la capacidad de convocatoria y movilización que, día a día, demuestra en actos y piquetes su contendiente.

Lo mismo sucede con Scioli, aún no repuesto del sopapo público que le propinó don Néstor, ese por el cual nunca dudó en transformarse en felpudo.

Flotan así, en nuestro escenario político, algunas preguntas, de cuyas respuestas dependerá el futuro inmediato. ¿Cuál será el momento en que el Gobernador y los barones estarán dispuestos a arriesgarse a las represalias económicas de Kirchner?, ¿cuándo los breves plazos faltantes las convertirán en inocuas?.

Porque, reconozcámoslo, aquí también hay un cierto control recíproco: don Néstor puede cerrar el grifo de fondos al Conurbano e incendiarlo, pero el incendio también se lo llevará a él puesto. Personalmente, y como lo veo muy parecido a Nerón, creo que tiene siempre a mano una caja de fósforos.

Me queda una advertencia a mis amigos del Peronismo Federal. ¡Apúrense a conseguir un sello partidario, indispensable para poder realizar las internas, paso previo sine qua non a postular un candidato a Presidente!

Para concluir esta nota, casi una crónica de la semana que terminó, sólo una breve referencia a la marcha estudiantil a Plaza de Mayo. El Gobierno, con su vocación por el pasado re-escrito, creyó poder reinventar en Buenos Aires un “mayo del 68” que, con sus vientos huracanados, hiciera desaparecer a Macri del escenario; sin embargo, al plegarse los universitarios, ha abierto una caja de Pandora cuyas consecuencias, también, alcanzarán a los Kirchner y a sus gobiernos aliados en todo el país.

Y un dato demoledor: la Universidad de Buenos Aires estuvo, hasta hace pocos años, entre las más prestigiosas del mundo; hoy no hay ninguna universidad argentina entre las primeras doscientas.

¡Dios nos ampare!
Bs.As., 18 Sep 10

martes, 14 de septiembre de 2010

Disparates trasnochados, inflación e inseguridad

Disparates trasnochados, inflación e inseguridad
“La verdad se corrompe tanto con
la mentira como con el silencio”
Marco Tulio Cicerón


¡Cuánto trabajo dan estos “jóvenes idealistas”! Uno de los peores pecados que cometemos todos los “opinadores” es el de autorreferenciación. Sin embargo, debe sernos perdonados porque, lamentablemente, los K nos obligan a ello por la reiteración permanente de los mismos disparates. Ya venían tratando de hacernos retroceder el reloj de la historia a los 70’s y, como si eso fuera poco, ahora pretenden llevarnos a los 50’s.

Hoy, sabiendo que mereceré las peores críticas en ese sentido, llegaré al colmo en la materia.

Cuando el Diputado moyanista Héctor Recalde –por si no lo ubican, es el padre del Presidente de Aerolíneas, ese que, como su compañía gana mucho dinero, se dio el lujo de fletar un avión para asistir, con sus amigos, a un partido de fútbol en Montevideo- presentó el ahora meneado proyecto de distribución de ganancias de las empresas entre los empleados, publiqué una nota, que puede leerse en mi blog, a la que titulé “¡Cierren Ezeiza”!.

En ella alertaba sobre el riesgo potencial de choques de aviones en nuestro aeropuerto internacional por el tráfico que producirían tantos jets con inversores tratando de llegar primeros a la Argentina a traer sus ahorros.

Realmente, es notable. Hace mucho, en otra nota cuyo título ya no recuerdo, incluí un diálogo imaginario entre un alemán, teóricamente recién llegado de unas vacaciones en nuestro país, y su banquero que, creo, vale la pena reproducir ahora.
- Acabo de llegar de Argentina. ¡Qué país más bonito, prácticamente vacío y lleno de gente maravillosa! Tengo la intención de invertir en él.
- Me parece una estupenda idea. Sin embargo, debe tener Ud. en cuenta que allí no se respetan los contratos …
- ¡Bueno, si sucede eso, recurriré a la Justicia!
- Es que la Justicia allí no funciona, porque la controla el Poder Ejecutivo que es, precisamente, el que rompe los contratos…
- Eso será si invierto en concesiones de servicios públicos porque, si sólo actúo en el ámbito privado, nada podrá decir el Ejecutivo …
- No es así. Aparecerá un tal Guillermo Moreno, que le ordenará que abra sus números y le dirá cuánto puede Ud. ganar.
- ¡Caramba! Supongo que sólo le preocupará si fabrico artículos que tengan que ver con el índice de precios al consumidor pero, si fabrico copas de cristal, por ejemplo …
- En ese caso, nadie podrá garantizarle que dispondrá del gas y de la electricidad que su fábrica necesite.

Ese era, palabras más o menos, el diálogo original. Hoy, con el proyecto de Recalde, que apoyan la Presidente y Moyano, el panorama se ha agravado sensiblemente.

Como explicó Roberto Cachanosky, si se transforma en ley, veremos que los obreros son socios en las ganancias y, en caso de pérdidas, éstas deberán ser soportadas por el empresario exclusivamente.

Además, la iniciativa de don Héctor contempla que los obreros puedan revisar la contabilidad de las compañías, y hasta participar de sus directorios, montando un sistema que, fatalmente, terminará en la implantación de soviets en cada fábrica. ¡Si esto no es ir a contramano de la historia (pretende retrocederla hasta 1917) debo estar loco!

Lo más grave es que estamos en una época, tan frecuente en la Argentina, de alta inflación. Y ésta se está produciendo, entre otras razones, por la feroz incentivación del consumo que está imponiendo el Gobierno con miras a las elecciones del año próximo, que aumenta la demanda mientras que la oferta no crece, precisamente, por falta de inversión.

Es obvio que, si se mira la construcción de viviendas y oficinas, podría pensarse que estoy equivocado, ya que se ven grúas por todos lados, pero no se trata de inversión productiva (en bienes de capital, para producir más y mejor) sino en ladrillos, esos que la gente busca para desprenderse de los no queridos pesos.

¿Puede alguien suponer que, con proyectos como los de Recalde, o la cancelación de la licencia de Fibertel, o el bloqueo a las fábricas de Techint, vendrán esas inversiones, tan indispensables?

Kirchner –don Néstor, para sus amigos- es un tipo muy especial. Sólo piensa en el hoy, sin planificar nunca el mediano y el largo plazo, cuando adopta medidas económicas.

Ya lo hizo cuando prohibió las exportaciones de carnes. En ese momento, en una nota llamada “Lo inexplicable …”, aseguré que la decisión era pan para hoy y hambre para mañana, y no encontraba una razón que la justificara, toda vez que –suponía- Kirchner se presentaría a la re-elección. También dije, en el mismo artículo, que a don Néstor no lo echaríamos con cacerolazos o carritos de supermercado y, ni siquiera, con votos.

Como resultó probado, esa prohibición –totalmente irracional, pues los cortes que se exportaban no eran los que se consumían en la Argentina- traería aparejadas las reducciones de los rebaños, la escasez y el consecuente aumento de precios y la necesidad de la importación.

Hoy estamos, exactamente, en lo mismo. Si don Néstor pretende en serio ganar las elecciones, tendrá que pagar el precio de tantos disparates. Deberá lidiar con la alta inflación, con los precios retrasadísimos de los servicios públicos, con el impagable festival de subsidios, con una presión tributaria elevadísima, con un 40% de la población bajo la línea de pobreza, con la imposibilidad de acceder a los mercados internacionales de crédito, con la desfinanciación de la Anses, etc., etc.

Sin embargo, está haciendo todo lo contrario a lo que debiera, pues todas estas medidas, en especial el proyecto de Recalde, tienden a espantar aún más a los ya aterrorizados inversores potenciales, sean éstos nativos o extranjeros.

Cambiando de tema, hablemos un poco de la terrible inseguridad ciudadana que hoy se ha transformado en la principal preocupación de los argentinos, que ven caer, todos los días, amigos y parientes por el pavoroso incremento del consumo de drogas.

Sugiero realizar un cambio profundo, tanto en las policías cuanto en la Justicia. No se trata de modificar las leyes penales o procesales –salvo para crear, de una vez por todas, un fuero penal juvenil- sino de aplicarlas.

Propongo que los policías de todo rango residan, obligatoriamente, en la jurisdicción en la que trabajan, y que los comisarios, sus jefes, sean elegidos periódicamente por el voto de su comunidad. Esto permitirá, sin dudas, controlar eficazmente tanto la prestación del servicio cuanto el enriquecimiento ilícito producto de la complicidad y de la protección al delito.

¿Cómo puede ser posible que el común de la gente sepa quiénes venden drogas y dónde lo hacen y la policía no se dé por enterada? Si todo el mundo sabe dónde están los desarmaderos de autos, ¿por qué no se termina de una buena vez con esa actividad?

Hay un proyecto de ley circulando que prevé la prohibición de comprar repuestos usados. ¿Alguien pensó que podrá concretarse? ¿Alguien imaginó que no se creará un mercado negro de mayor envergadura aún, cuando los repuestos originales cuestan hasta diez veces más caros? Lo que hay que hacer es regular la actividad, transparentarla, no intentar impedirla, y combatir férreamente las violaciones.

Propongo lo mismo para los fiscales y jueces de primera instancia. Ellos, y no me refiero exclusivamente al fuero penal, también deberían vivir en el lugar en que ejercen su oficio y ser elegidos por el voto de sus pares, los ciudadanos. Esto no solamente permitirá aliviar y descentralizar el ejercicio de la Justicia, sino que pondrá saberes y patrimonios bajo el permanente escrutinio de la comunidad.

El control de legalidad de las decisiones sería ejercido, como hoy, por las respectivas cámaras de apelaciones, que serían integradas, en esta reforma ideal, por quienes ascendieran por la calidad de su desempeño en la instancia anterior, calificados por sus iguales.

Se obtendría así una verdadera Justicia independiente, seria y eficaz y, sobre todo, incontaminada de corrupción. Recordemos que, como digo siempre, con una Justicia así, todo será posible; sin ella, nada lo será.

Bs.As., 14 Sep 10

martes, 7 de septiembre de 2010

Señora, ¿aún no le da vergüenza?

Señora, ¿aún no le da vergüenza?


Hace muchos años, Joan Manuel Serrat escribió una de las canciones más fantásticas de su extenso repertorio, “Mediterráneo”, en el cual describía tanto ese mar como su deseo de ser enterrado mirándolo. Luego, también hace mucho, escribió otra, en catalán, “Plany al mar”; al presentar en un recital esta canción, se preguntaba cómo había podido ser que, en tan poco tiempo, fuera él quien asistiría al entierro del Mediterráneo, asesinado por la desidia humana.

Por mi parte, y guardando todas las distancias del caso, le escribí siete meses atrás una carta abierta, señora Presidente de los argentinos, en la que le preguntaba si una larga lista de hechos, ocurridos desde 2003, no le daban vergüenza, propia y ajena.

Pues bien; en la medida en que no solamente no ha respondido a mis inquietudes sino que, desde entonces, se ha producido una verdadera catarata de hechos nuevos, muchísimo peores y más graves, me siento en la obligación de formular otra vez algunas antiguas preguntas, agregándoles las que tienen que ver, precisamente, con lo ocurrido desde entonces en esta pobre patria mía.

Pese a que no debemos olvidarlos, no reproduciré ahora hechos como los fondos desaparecidos de Santa Cruz, la bolsa del baño de Felisa Miceli, el delirio de las anunciadas inversiones chinas, la corrupción de Skanska, la compra de terrenos en el Calafate, el dinero malgastado en transportar diarios y medialunas por vía aérea a ese lugar, la valija de Antonini Wilson, el enriquecimiento ilícito de Ricardo Jaime, la inventada y auto-generada crisis del campo, la desobediencia a las sentencias de la Corte en el caso del Procurador Sosa, los aprietes a las jueces que impidieron en el verano el robo –después consumado- de las reservas del Banco Central, y tantos otros hechos de corrupción desembozada que el futuro deberá investigar seriamente.

Tampoco me referiré al manejo de los fondos provenientes de impuestos, usados por Ud. y su marido para sojuzgar a gobernadores e intendentes, o a la modificación de la composición del Consejo de la Magistratura, ya que la ciudadanía misma los está corrigiendo.

Pero sí lo haré en otros temas más actuales y, por cierto, no menos graves y preocupantes.

¿No le da vergüenza, señora, haber llegado al poder enarbolando las banderas de la institucionalización del país y, luego, haber tolerado que don Néstor continuara con la sistemática destrucción de todos los organismos de control?

¿No le da vergüenza, señora, que todos los individuos o sociedades que su marido y usted tienen alrededor hayan lucrado, y lo sigan haciendo, de ese modo tan descarado?

¿No le da vergüenza, señora, que tanto tiempo después se siga discutiendo si es usted abogado o no, cuando el tema podría solucionarse rápidamente exhibiendo su credencial, como hacemos todos sus colegas en forma permanente?

¿No le da vergüenza, señora, que mientras usted pasea por el mundo para imponer su imagen internacional, toda la prensa mundial hable de la desaforada corrupción de su gobierno y de la tiranía que quieren implantar en el país?

¿No le da vergüenza, señora, que mientras el país entero carece de viviendas dignas, de cloacas, de agua corriente, de escuelas y de hospitales, mientras se expanden las endemias fácilmente controlables, usted dilapide el dinero público en el “fútbol gratis” y en la “línea de bandera” que tan caro nos está costando?

¿No le da vergüenza, señora, que la política de subsidios a la energía sólo beneficie a los más pudientes y no a los más humildes, que pagan el gas, por ejemplo, hasta 6 veces más caro que la clase media?

¿No le da vergüenza, señora, haber convertido al país, que era uno de los principales exportadores de carne a 58 mercados diferentes, en uno que no puede cumplir, siquiera, la tan codiciada cuota Hilton?

¿No le da vergüenza, señora, haber permitido y tolerado a su cerril marido generar la fabulosa crisis del campo y, con ella, destruir al interior del país?

¿No le da vergüenza haber despotricado tanto contra el “yuyito” y ahora depender tanto de la “santa madre soja”?

¿No le da vergüenza, señora, haber saqueado todas las cajas públicas del país, como la Anses, el Banco Nación, el Pami, el Banco Central, la Lotería y las AFJP’s?

¿No le da vergüenza, señora, hacer tan impúdica demostración de riqueza personal, generada durante el ejercicio de cargos públicos, frente a un país cuya población, en un 40%, está cada vez más sumida en la pobreza y la indigencia?

¿No le da vergüenza, señora, haber dependido de un juez con pasado prostibulario y de fiscales genuflexos para zafar, al menos por ahora, de las denuncias por enriquecimiento ilícito, y que todo el mundo los considere, igualmente, culpables?

¿No le da vergüenza, señora, que en un “país en serio” la Justicia no alcance a los poderosos de turno y que no haya un solo detenido –salvo Zanola- por corrupción?

¿No le da vergüenza, señora, que la prensa internacional ya califique a su marido y a usted misma como meros ladrones?

¿No le da vergüenza, señora, presidir un país que, junto con Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba, sea uno de los que menos inversiones directas reciban y más aislado se encuentra?

¿No le da vergüenza, señora, ser la Presidente de un país que hoy, después de siete años y medio de gobierno de los Kirchner, sea el hazmerreir internacional, por la falta de seguridad jurídica, la falta de respeto a los contratos y la permanente modificación de las reglas de juego?

¿No le da vergüenza, señora, “apretar” a las empresas concesionarias de servicios públicos para que vendan a los amigos del poder?

¿No le da vergüenza, señora, que nuestro país se vea obligado a pagar tasas superiores al 11% cuando consigue crédito, por obra y gracia del gobierno kirchnerista, mientras todos nuestros vecinos pagan el 5%?

¿No le da vergüenza, señora, que sus funcionarios, incluidos sus secretarios privados, hagan tal inmunda demostración de riqueza, sobre todo cuando antes de asumir sus cargos no tenían un centavo?

¿No le da vergüenza, señora, calificar a algunos de los jueces más probos que tiene nuestra Justicia de “partido judicial” que ejercen una “justicia express” cuando, simplemente, aplican la ley vigente y sus fallos le molestan?

¿No le da vergüenza, señora, mantener a un Jefe de Gabinete y a un Ministro de Economía que “aprietan” descaradamente a los jueces de la Nación y que no titubean en usar los peores epítetos para calificar a verdaderos íconos nacionales cuando éstos son críticos del Gobierno?

¿No le da vergüenza, señora, que toda la opinión pública internacional se haya alineado para criticarla por superficialidad y soberbia?

¿No le da vergüenza, señora, que la Argentina se haya transformado, otra vez, en objeto de estudio internacional por su interés en sojuzgar a la prensa independiente?

¿No le da vergüenza, señora, tildar de “grupo conspirador” a Clarín, después de haber comprado, por años, su complacencia y apoyo?

¿No le da vergüenza, señora, haber pretendido instalar la versión de “lesa humanidad” en la compra de Papel Prensa y que, en horas, la propia familia “damnificada” la haya desmentido?

¿No le da vergüenza, señora, llegar hasta bastardear el tema de los derechos humanos para intentar una victoria sobre Clarín?

¿No le da vergüenza, señora, complicarle la vida a un millón de clientes de Fibertel y a cuatro millones de usuarios con el mismo objetivo?

¿No le da vergüenza, señora, que la población advierta que su gobierno sale de “shopping” cada vez que pretende un voto favorable en el Senado?

¿No le da vergüenza, señora, falsear la verdad tantas veces y tan repetidamente como para convertirse, a los ojos del mundo, en un émulo de Goebbels?

¿No le da vergüenza, señora, hacer gala, sin pudor de ningún tipo, de haber incrementado la escolaridad en un número tan matemáticamente imposible?

¿No le da vergüenza, señora, pretender seguir engañando a la población sobre la inflación y la pobreza con las falsas estadísticas del Indec?

¿No le da vergüenza, señora, irse con su marido al Calafate y guardar un estruendoso silencio frente a la inseguridad que, como nunca, se lleva la vida de tantos argentinos?

¿No le da vergüenza, señora, haber permitido que la Argentina se transformara, con los Estados Unidos, en los mayores consumidores de droga del mundo?

¿No le da vergüenza, señora, dinamitar tan fuertemente el futuro económico del país, a fuerza de gastar lo que no debería para sostener su proyecto político de corto plazo?

Señora, yo sé, porque así lo enseña la historia universal, que el poder corrompe, y que el poder absoluto –como el que Ud. y su marido han ejercido hasta ahora- corrompe absolutamente pero, ¿no le da vergüenza el precio que el país ha debido pagar, en el mejor momento económico internacional de los últimos cien años, por sostener su proyecto político?

¿Frente a quién podrán exhibir su poderío y su riqueza sin transformarse en un hazmerreir internacional o en prófugos de la Justicia? ¿Habrá valido la pena?

Realmente, ¿cree Ud., que tanto lo ha buscado, que será recordada por los logros de su “modelo”? ¿O, en cambio, por lo que pudo haber hecho y no hizo?

Señora, es posible, pero –gracias a Dios- harto improbable que Ud. o su marido puedan volver a ganar una elección en Argentina. Si eso sucediera, se lo puedo asegurar, será el fin. Porque habremos tocado, finalmente, fondo y nuestra patria, que tan escasa está de laureles, se habrá convertido en un páramo bajo el mocasín sucio de don Néstor o los tacos de sus brillantes stilettos,

Si tiene tiempo, y aunque sea por twitter, respóndame a estas preguntas.

Mientras tanto, que duerma Ud. bien.

Bs.As., 7 Sep 10

domingo, 29 de agosto de 2010

Cambiar la agenda

Cambiar la Agenda

“Siempre te encuentro, hijo de Laertes, en busca
de una treta para apoderarte de tus enemigos …”
Sófocles


Propongo a la ciudadanía y a los opositores cambiar la agenda. Comenzar a discutir los problemas y dilemas que plantea la Argentina de hoy de cara al futuro.

El Gobierno nos impone, diariamente, una agenda y los demás, como mansos corderos bobos, la seguimos al pie de la letra. Así, nos empeñamos, transformándolas en batallas épicas, en discusiones sobre la ley de matrimonio homosexual o la embestida de los K contra Clarín y Magnetto, aún cuando ésta contenga disparates tales como los de Fibertel o Papel Prensa.

No pretendo decir que se trate de temas sin importancia; al contrario, la tienen y mucha, pues están en juego la moral pública (recuerdo la frase de Spengler: “siempre la corrupción de las costumbres principio fue del mal de las ciudades”) y la libertad de prensa, uno de los valores sobre los que se asienta el concepto de república. Pero tampoco resulta razonable que en la Argentina, aquejada por tantos gravísimos problemas cotidianos, que el Congreso esté dedicado, únicamente, a discutir los temas que propone el Ejecutivo, todos ellos distractivos.

Sin embargo, eso es lo que ocurre. Detrás de estas cortinas mediáticas que despliega el kirchnerismo, y en la cual todos nos enredamos, quedan la inflación, la desocupación, la corrupción, la falta de salud, la inseguridad, la inexistencia de una Justicia independendiente y el deterioro diario de la educación pública.

A este último tema dedicaré esta columna. Ese gran maestro de educadores, ese gran planificador llamado Alieto Guadagni, recientemente designado miembro de la Academia Nacional de Educación, ha generado en los últimos tiempos profundos trabajos en los que analiza la involución que se ha producido en nuestro país, otrora líder regional en el rubro, en materia universitaria. Su propio discurso de asunción –que, con los demás estudios de Guadagni, pongo a disposición de los lectores que lo soliciten- es una pieza magistral en la materia.

Lo que me ha llevado –yo también debo cambiar mi agenda, siempre tan coyuntural- a referirme hoy a un tema de tan largo plazo, fue una conversación que mantuve, días atrás, con uno de los empresarios argentinos que con mayor frecuencia visitan China e India, y que tiene emprendimientos en ambos países.

Recibí, en esa charla circunstancial, una verdadera clase práctica acerca de dos de las tres economías del mundo que más crecen; a punto tal que se han transformado en los motores que han evitado una mayor gravedad en la actual crisis financiera internacional.

Me contaba, volviendo al tema, que Argentina tiene un enorme e insalvable inconveniente para transformarse, más allá de las posibilidades que le brindan su suelo y su especialización en la producción agroindustrial, en una verdadera potencia: la falta de ingenieros, físicos, químicos, geólogos, etc., es decir, de profesionales en ciencias “duras”.

Reflexionando sobre el tema, recordé, por ejemplo, que Japón, con ciento quince millones de habitantes, tiene sólo veinte mil abogados habilitados para ejercer la profesión; Francia, con cincuenta y cinco millones, sólo quince mil. En cambio, el Gran Buenos Aires, con unos once millones, dispone de más de cincuenta mil. Y lo mismo ocurre con los médicos, con los psicólogos, con los comunicadores sociales, con los politólogos.

Y entonces volví a preguntarme a qué se debe esta distorsión tan profunda entre lo que la Argentina verdaderamente necesita y los profesionales que se forman en sus universidades. En un país que, aún hoy, tiene al 40% de su población por debajo de la línea de pobreza, resulta ridículo, y hasta inmoral, que los impuestos que el Estado cobra soporte los ingentes costos de graduar a quienes no son necesarios; y digo “inmoral” porque los pobres, que siguen pagando el IVA sobre los productos de primera necesidad, saben que sus hijos no podrán acceder a la Universidad.

Entonces, el Congreso debería dedicar sus ocios a debatir cuán justo es el ingreso irrestricto hoy en la Argentina, con prescindencia total de cuántos votos pueda arrimar el populismo a la candidatura de cada legislador. Y el debate debería considerar todo lo malo que ese falsificado concepto trae aparejado, precisamente, en el tema que puede poner a nuestro país, nuevamente, en el mapa del mundo real.

Porque, seamos sinceros, esa falta de planificación en materia de educación es la que trae; a) el exceso de profesionales en carreras que la Argentina no necesita, ni necesitará en un futuro inmediato, con la consecuente frustración de sus graduados; b) la superpoblación de una infraestructura edilicia que data, en el mejor de los casos, de hace sesenta años; c) la pérdida de calidad de la enseñanza, por la enorme cantidad de alumnos en cada curso; d) la incapacidad de generar investigación científica, sin la cual ningún país progresa; e) la imposibilidad de brindar servicios de consultoría, tanto al Estado cuanto a la actividad privada, principal fuente de recursos de las universidades de todo el mundo.

Desde la modestia de mi rol, un mero abogado “opinador”, formulo una propuesta, para que sea debatida no solamente por mis sufridos lectores sino en los foros que la Argentina deberá darse para superar uno de los dos, con la Justicia, escollos más importantes para que el país recupere competitividad a la hora de recibir inversiones directas.

La propuesta no puede ser más sencilla. Consiste, básicamente, en determinar qué y cuántos graduados en cada una de las carreras –todas ellas- necesitará la Argentina en cinco, seis, siete, etc., años; esa determinación sería hecha en forma automática, con la información que provean las industrias y el Estado acerca de sus planes de expansión para cada período.

Eso establecerá un primer cupo, al que llamaríamos “indispensable”, que integrarían los mejores promedios, de ingreso y a lo largo de la carrera, de cada disciplina. Ese primer cupo no solamente estaría becado y recibiría gratuitamente su educación, sino que cobraría un sueldo por asistir a la universidad, permitiendo con ello el acceso a los hoy excluidos.

El segundo cupo, determinado exclusivamente por la capacidad física de cada facultad para recibir adecuadamente estudiantes, podría estudiar lo que quisiera, aunque ese deseo no coincida con las necesidades del país. Los integrantes de esta segunda clase de alumnos pagarían, como sucede en el mundo entero, por estudiar.

Si lográramos algo así, y hacemos que la universidad tenga su propio presupuesto, los profesores podrían recibir salarios dignos y muchos, que tienen la vocación necesaria, podrían ingresar a los claustros, ya que podrían vivir de enseñar; las mejores universidades del planeta tienen profesores de tiempo completo, que inclusive viven en los campus, para acompañar el desempeño de los alumnos en forma permanente.

Veamos, ahora, qué ventajas traería la adopción de un sistema como el que propongo:
1. Mejores sueldos atraerían mejores profesores, que competirían por un lugar en la universidad.
2. Excelentes estudiantes dedicados a las carreras “duras” harían que las empresas comenzaran a verlas como semillero de los investigadores del futuro, y darían fondos para mejorar la infraestructura de laboratorios y edificios.
3. Con la concentración de materia gris que la aplicación de los dos puntos anteriores, la universidad se transformará en una consultoría de excelencia para la actividad privada, que pagaría sumas ingentes para obtener esa colaboración, y obligatoria para el Estado que, al menos, dejaría de pagar por la contratación de privados, casi siempre uno de las canales de corrupción.
4. Inmediata inserción laboral de los graduados, ya que su número correspondería a las necesidades previamente determinadas.
5. Acabaría el concepto de “estudiante crónico”, ya que no se pagaría el estudio de quien no tuviera excelentes calificaciones.

Obviamente, hasta aquí sólo el esbozo de una propuesta, pero creo que el tema, por su esencial importancia para el futuro de nuestra patria, amerita su discusión más profunda, y he aquí mi modesta contribución; si pueden, perdonen mi arrogancia.

En mi próxima nota, lamentablemente, volveré a los temas de coyuntura, pero me comprometo a formular, más adelante, propuestas similares a otros temas que considero trascendentales: la Justicia, la Defensa, la Seguridad, etc.

Bs.As., 29 Ago 10

miércoles, 25 de agosto de 2010

Un corte y una quebrada

Un corte y una quebrada

“¿Dónde estará (repito) el malevaje
que fundó, en polvorientos callejones
de tierra o en perdidas poblaciones,
la secta del cuchillo y del coraje?“
Jorge Luis Borges


Con el ritual habitual, pero con gestualidad tanguera, la excelentísima señora Presidente hizo ayer uno de los mayores papelones de su larga carrera, iniciada como estudiante en La Plata.

No voy a abundar sobre todas las contradicciones, tergiversaciones, desinformaciones y malas intenciones en que incurrió en su discurso, pues de eso ya se ocuparon los diarios de hoy y, muy en especial, Gustavo Caravallo[i] e Isidoro Graiver[ii], cuñado de los ahora denunciantes, quienes desnudaron las verdaderas intenciones de los Kirchner respecto a la República, en general, y a la libertad de prensa, en particular; en la práctica, dispararon un misil que impactó por debajo de la línea de flotación del relato oficial.

Cabe resaltar, sin embargo, las entrevistas que dos acérrimos enemigos de Clarín, como son Jorge Lanata
[iii] y Jorge Fontevecchia[iv] concedieron al programa “Palabras +, palabras –“, que conducen Ernesto Tenenbaum y Marcelo Zlotowiazda. El primero, además, había dicho el día anterior, en su propio ciclo “Después de todo”, una de las mejores editoriales que recuerde sobre el tema[v]. Ambos son, sin lugar a dudas, periodistas de raza y, pese a que puedo discrepar sobre el progresismo que impregna sus ideas, la actitud adoptada en este caso los hace dignos de los mayores elogios.

Pero volvamos a doña Cristina quien, con bromas acerca de los derechos humanos, dividió su prolongadísima alocución en tres tramos bien definidos.

El primero, lo dedicó a explicar, utilizando a su antojo mentidas fechas e inventadas circunstancias, a explicar a su claque –nunca mejor aplicado el término, ya que sólo se veía “propia tropa” en las pantallas- cómo Peralta Ramos, Mitre y Magnetto habían “apretado” a los Graiver-Papaleo, que aplaudían encantados desde la primera fila, con la complicidad de la Junta de Comandantes, para despojarlos de Papel Prensa.

Recurrió, por ejemplo, a proyectar sobre una pantalla las portadas de los diarios “Clarín” y “La Nación” del 24 de marzo de 1976, omitiendo –cabe esperar que por inadvertencia- qué habían publicado los otros medios de la época, como “Crónica”, “La Opinión” o, en especial, “La Tarde”, cuyo director se encontraba, precisamente, sentado en el sector reservado a los ministros.

Uno de los gags más impactantes se produjo en esa etapa cuando, después de haber calificado dos veces como testaferro de David Graiver a Iannover, se refirió a éste como alguien muy prestigioso y respetado. Sólo el abyecto oficialismo de la concurrencia hizo que no estallara una carcajada general.

El segundo tramo fue destinado a explicar el dolo y la alevosía con que habían actuado “Clarín” y “La Nación” al comprar las acciones a los Graiver. Dijo, en su supina ignorancia, que la operación se había realizado a nombre de una empresa, Fapel, que pertenecía a los diarios mencionados, y que, sólo ocho días después, la empresa compradora había transferido el paquete accionario a las sociedades dueñas de éstos. Explicó, como abogada que dijo ser (a nadie le consta), que eso se hacía, habitualmente, para simular la buena fe del tercero adquirente.

¿Si constaba en el estatuto de Fapel que “La Nación” y “Clarín” eran sus dueños, cómo se simulaba esa buena fe?

Otra parte, no menos importante, de ese tramo de su presentación la utilizó para referirse a un pacto de accionistas –o “sindicalización”, como lo llamó- suscripto para coordinar el manejo de la empresa de la que son dueños. Doña Cristina -que, evidentemente, no aprobó Derecho Comercial en la facultad donde dice haberse graduado-, demostró su ignorancia una vez más, pues es una práctica habitual en las empresas; sus accionistas, para estar seguros de mantener sus porcentajes, suscriben un pacto de este tipo para establecer cómo se adoptarán las decisiones en el directorio –o sea, cómo deberán votar los directores- de las mismas. En resumen, nada de raro ni de sospechoso, pese a que pretendió describírselo como un procedimiento mafioso.

Sin embargo, torciendo la boca en un gesto canyengue y abusando de las metáforas a las cuales es tan adicta -¿recuerdan el “secuestro” de los goles?- volvió sobre el tema cuando informó que enviaría un proyecto de ley al Congreso –donde, dijo, los votos no están “sindicalizados”, pese a lo que dicen los medios críticos a su gestión- confundiendo, al mejor estilo discepoliano, las cámaras de diputados y senadores con una empresa privada.

La prolongada alocución -¡daba vergüenza ajena verla actuar de ese modo, en lugar de enviar a la Justicia el resultado de su “investigación”, si consideraba que existía un delito- no dejó fuera un par de gaffes graciosas; se refirió al autor de “El Principito” como “San-upery” y calculó que la detención de Lidia Papaleo, de 1977 a 1982 correspondía a un período de quince años.

Hasta ayer a la tarde, todos quienes opinamos sobre política estuvimos pendientes de la actitud que asumirían los empresarios ante la forzada convocatoria realizada desde Olivos y la Rosada. Por primera vez, sin embargo, estos pusilánimes y acomodaticios personajes parecen haber encontrado el coraje necesario para resistir las presiones. ¿Olerán ya los efluvios de la descomposición en el monolítico poder del tirano?

Por lo demás, el envío al Congreso de un proyecto de ley para declarar de “utilidad pública” a la producción, distribución y comercialización del papel de diario, y encomendar a una comisión bicameral su control, en nombre de la “tranparencia”, podría motivar a muchos caudillos del interior a exigir a sus legisladores a aprobar una ley que, tal como estaría concebida, también les permitiría controlar la prensa en sus propios feudos. Habrá que estar atentos a los eventuales y repentinos cambios de opinión entre los opositores.

Ahora, a raíz de las instrucciones dadas por la Presidente al Procurador del Tesoro y al Secretario de Derechos Humanos para que realicen las presentaciones “que consideren convenientes”, el tema de la propiedad de Papel Prensa quedará en manos de los jueces de la República. Esperemos que, al menos algunos de éstos, hayan adquirido la misma independencia respecto a la voluntad de Don Néstor.

Sin embargo, y conociendo como conocemos desde hace diez años, a Kirchner, y tal como lo dice Jorge Lanata en el reportaje citado, no parece imaginable un escenario en el cual deje, pacíficamente, que ese poder se le escurra entre los dedos sin hacer todo, todo, por evitarlo. Tampoco nadie imagina la foto de doña Cristina entrando bastón y banda a un sucesor “enemigo”.

Pese al innegable “arrugue” del Gobierno ayer –hasta entonces, sus informales voceros decían que se comerían crudos a Magnetto y a Mitre, que esperaban ir presos ya mismo-, no debemos descuidar la guardia, pues el tirano de Olivos seguirá “viniendo por todo”.

Con sus desmanes jurídicos, con las actitudes de “Patotín” Moreno, con la ilegal cancelación de la licencia de Fibertel, Kirchner sigue espantando a los inversores, nacionales y extranjeros. Con las minas que ha sembrado en el camino del futuro, todo en la Argentina perderá valor, y allí estarán él y su banda de facinerosos esperando para comprar a precio vil.

Lo preocupante sigue siendo la falta de respuesta de la sociedad agredida, día a día, por este grupo de canallas que, bajo las formas democráticas, nos empujan, lenta pero inexorablemente, hacia el abismo venezolano. La ciudadanía, en su última expresión real, votó mayoritariamente -70%- contra el “modelo” kirchnerista y, sin embargo, la lectura que hizo pública el Gobierno fue que el mandato de las urnas era a profundizarlo.

Después, vinieron la Ley de Medios, las persecuciones a la prensa libre y la creación de diarios, revistas, programas, radios y canales adictos, y la Ley de Reforma Política, generada para restar posibilidades a todos los opositores. Sería redundante explicar cómo imagina la política y cómo ejerce el poder, pues está a la vista de todos.

Pero no está demás resaltar que estamos ante un individuo más vivo que el hambre, pero carente por completo de sutileza. El error cometido por don Néstor con Fibertel –un millón de conexiones representa, al menos, cuatro millones de usuarios, además de miles de empresas- contribuirá al alejamiento de la clase media, a la que considera ya irrecuperable.

Se apoyará en la juventud, a la cual está dirigida todo el mensaje oficial. Es hora que los opositores, que han descubierto a ese sector, que nunca ha votado o que lo hará sólo por segunda vez, comience a pensar seriamente en el tema. Para ello, es indispensable recordar que, quienes tienen menos de cuarenta años, no vivieron la tragedia de los 70´s y, quienes no llegan a los treinta, tampoco saben qué fue la hiperinflación.

De todas maneras, y pese a lo malo del contexto general, el acto de doña Cristina representó un hálito de esperanza. ¡Dios quiera que se repitan!

Bs.As., 25 Ago 10
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[i] http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1297295
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[iv]http://www.tn.com.ar/politica/fontevecchia-no-se-puede-ser-fiscal-desde-el-poder-ejecutivo
[v] http://www.youtube.com/watch?v=JB38Y6iiQR4&feature=youtu.be