jueves, 20 de octubre de 2011

Cuando la indignación no alcanza

Cuando la indignación no alcanza














“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros






con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.






Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de






los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno






da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.






Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un






árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da






buen fruto, es cortado y arrojado al fuego.






Así que por sus frutos los reconoceréis.”
Mateo 7,15-20














Imaginemos, por un segundo, que un verdadero ejército de “iluminados”, con uniforme y armas de guerra, con entrenamiento realizado en algún país extranjero y financiado por éste, comienza a atacar las pocas instalaciones militares que hoy quedan en la Argentina, o que deciden abrir un frente de lucha en alguna provincia del país con vistas a declararla independiente y obtener el status de Estado beligerante.

¿Cómo reaccionaría entonces doña Cristina?; ¿los consideraría “jóvenes idealistas” o meros terroristas subversivos?; ¿cómo actuaría frente a los familiares de los soldados que cayeran defendiendo sus unidades militares?. Por su parte, el inefable Presidente de la Corte Suprema, don Lorenzetti, ¿continuaría con sus teorías de justicia “transicional” cuando juzgase a los sobrevivientes? Desde otro ángulo, ¿cómo deberían responder los militares y policías si fueran atacados a mansalva, a tiros y a bombazos? Curiosas preguntas para esta Argentina desquiciada y sin rumbo.

A partir de la publicación de un imprescindible libro de Ceferino Reato, “Operación Primicia”, la epidermis social sufrió un nuevo sarpullido, aunque tan leve y pasajero como los otros del mismo origen -Shocklender, Antonini Wilson, Jaime, de Vido, don Néstor (q.e.p.d.), doña Cristina, Felisa Miceli, los hermanos Juliá, etc.-, causado por la corrupción rampante en la Argentina.

En efecto, el autor reveló que, a raíz del ataque guerrillero al Regimiento de Infantería de Monte 29, con asiento en la ciudad de Formosa, producido el 13 de abril de 1975, los familiares de los terroristas que habían resultado muertos por los soldados que repelieron la agresión habían cobrado cuantiosas indemnizaciones, mientras que las familias de los conscriptos, sólo continúan percibiendo modestas pensiones, de ochocientos pesos por mes.

No está de más recordar que lo mismo sucedió con los deudos de muchos otros militares y policías que habían caído en defensa de la República y de sus instituciones, cuando lo hacen, y muchas víctimas civiles de los atentados guerrilleros, a los que se les ha negado todo derecho.

Además, consignó Reato que los nombres de los guerrilleros atacantes figuraban en las paredes dedicadas a las víctimas de la guerra antisubversiva, en el Parque de la Memoria que la Ciudad de Buenos Aires ha instalado en la Costanera Norte porteña. Resumiendo, el Estado rinde homenaje y paga a quienes atentaron contra sus instituciones sin poder invocar, siquiera, el principio de defensa a la opresión, ya que el intento de copamiento se produjo durante un gobierno democrático.

Cuando el ataque en Formosa, gobernaba Estela “Isabelita” Martínez de Perón quien, con su marido muerto, habían obtenido el 62% de los votos en las elecciones de 1973. Es decir, una Presidente a la cual, más allá de las quejas derivadas de los problemas económicos y, sobre todo, del clima de guerra imperante por el permanente accionar de las bandas armadas de derecha y de izquierda, no puede negarse ni su legitimidad ni su respeto a la ley.

En suma, se utilizó una norma, pensada para indemnizar a quienes pudieran haber resultado víctimas de desaparición forzada o de muerte inocente durante el proceso militar de 1976/1983, para “premiar”, más de dos décadas después, a quienes, en democracia, habían intentado copar un establecimiento militar y habían perdido la vida en el intento, que también había implicado la caída en combate de sus defensores legales. Peor aún, a éstos nadie había reconocido su valor y el cumplimiento de su deber.

Con esos antecedentes, y algunas otras fuentes, muchas de ellas terroristas confesos, un grupo numeroso de ciudadanos, indignados y nucleados en la Asociación de Abogados para la Justicia y la Concordia, comenzaron a trabajar para descubrir la verdad.

La primera investigación que, como digo, se realizó sobre la base de los dichos de Reato y, sobre todo, de las afirmaciones de un guerrillero de entonces, Gustavo Plis-Steremberg, de gran autoridad en el tema dada su participación confesa en el ERP, en su libro “Monte Chingolo: la mayor batalla de la guerrilla argentina”, sobre otros compamientos intentados contra la guarnición de Azul, con Perón aún como Presidente, el 19 de enero de 1974; contra la fábrica de explosivos de Villa María, el 10 de agosto de 1974; el Batallón Fray Luis Beltrán, el 13 de abril de 1975; y el propio del Batallón de Monte Chingolo, el 23 de diciembre de 1975.

Amén de que esa simple enumeración da por tierra a la intencionada y permanente negación del estado de guerra revolucionaria en la Argentina de los 70’s -¿de qué otro modo puede calificarse el asalto, por bandas profesionalmente armadas y uniformadas, de guarniciones militares?-, existe una profusa bibliografía de la que son autores quienes se niegan a que los combatientes subversivos caídos sean considerados como idiotas que no sabían lo que hacían, reivindicando su iluminada vocación por cambiar, en forma violenta, la sociedad entera. Martín Caparrós, coautor de “La Voluntad”, es quizás el mejor, y más honesto, exponente de esa postura.

Con esos elementos en la mano, la Asociación mencionada comprobó, uno a uno, la incorporación de cincuenta y seis de esos casos al monumento mencionado.

Una vez verificado ese extremo, requirió a la Secretaría de Derechos Humanos, a cargo hoy de Eduardo Luis Duhalde, que informara si se habían pagado indemnizaciones a esos guerrilleros, caídos en combate al intentar copar, en democracia, cuarteles.

La respuesta, que tuvo que ser forzada por la Justicia dada la resistencia del organismo, confirmó las sospechas: se pagaron cuantiosas sumas a los deudos de esos terroristas muertos en la lucha contra los defensores de esas guarniciones militares. Además, se confirmó el caso más aberrante, denunciado por Reato en su libro: también se incluyó el nombre de Fernando Haymal, y se pagó indemnización a sus deudos, pese a que su muerte se debió al fusilamiento del que fue objeto por la propia organización terrorista a la que pertenecía, Montoneros.

Pese a que la ley indemnizatoria, sancionada en los 90’s, tiene enormes defectos, comenzando por su enunciado de que pretende compensar a quienes cayeron por el llamado terrorismo de Estado “con anterioridad al 10 de diciembre de 1983” –si se aplicara de ese modo, podríamos llegar, sin dudas, a los fusilamientos ordenados por Castelli en Córdoba en 1810- lo más grave se produce con el advenimiento de los Kirchner al poder nacional.

En efecto; cuando, para fortalecer el “relato” que inventaron para construir una épica de la cual carecían –nunca habían hablado del tema hasta el 2003-, ordenaron reescribir el prólogo del informe “Nunca más”, comenzaron a cometer, en materia de derechos humanos, todas las tropelías que una visión sesgada y malintencionada de la historia verdadera les fue permitiendo.

Pero cuando la indignación no basta es al tomar conciencia de cuánto fue el monto que, sin control de ningún tipo –como ha sido habitual en las dos presidencias Kirchner- y con horrores como los descriptos, fue pagado por la Secretaría de Derechos Humanos desde 1983 a la fecha: ¡mil setecientos millones de dólares!. El interrogante surge como obvio: ¿no habrá en este asunto, también, indemnizaciones “truchas”?

La ley establece que la reparación individual será de cien veces el sueldo mayor de la Administración nacional. Coincido con Reato y con la Asociación al afirmar que, en general, las indemnizaciones pagadas a los deudos oscilaron, dependiendo del tipo de cambio, alrededor de los US$ 220.000 por barba, sin embargo, y dado que algunas se encuentran en trámite cuando el dólar está tan barato en la Argentina de hoy, multiplicar por cien el máximo salario actual puede triplicar esa cifra.

Para concluir esta indignada nota sólo me resta invitar al lector a visitar el monumento en cuestión. Descubrirá, con asombro, que a veintiocho años del renacimiento de la democracia, y con treinta mil lugares para colocar los nombres de los desaparecidos, sólo están ocupados algo más de ocho mil, incluyendo en esa cifra a quienes, como explico aquí, no pueden figurar allí. ¿Es que el Gobierno espera que surjan, tanto tiempo después, nuevos nombres, aún ignorados?

De lo contrario, se habrá comprobado claramente que la cifra de 30.000 desaparecidos -¡por cierto, no debiera haber habido ninguno!- fue nada más que un slogan publicitario y que su inexactitud también pone en tela de juicio la calificación de delitos de lesa humanidad que, con retroactividad, el kirchnerismo y sus socios “idealistas”, imputan a los militares y policías presos.







Bs.As., 20 Oct 11










domingo, 16 de octubre de 2011

Silencio y salud

Silencio y Salud






“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos





dones que a los hombres dieron los cielos;





con ella no pueden igualarse los tesoros que





encierran la tierra y el mar: por la libertad, así





como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”
Miguel de Cervantes Saavedra








No por sabida resulta menos llamativa la velocidad con que algunos de los jueces federales en lo Criminal han renovado sus contratos de alquiler con el oficialismo, ante la certeza de que éste se hará, dentro de siete días, con el poder absoluto por cuatro años más.

La condición esencial de esa renovación es el silencio y la tranquilidad que reina en las mayores causas por corrupción de la Argentina, en una panoplia que contiene a los Shocklender, a las Madres de Plaza de Mayo, a Ricardo Jaime, a Julio de Vido, a Felisa Miceli, a los propios Kirchner, a sus secretarios privados, a empresas tales como Lafsa, Southern Winds, Skanska, Electroingeniería, hasta operaciones delictivas como la mafia de los medicamentos adulterados, las cuantiosas defraudaciones con troqueles, el transporte de drogas a Europa en aviones públicos y privados, y una profusa lista que parece haber desaparecido de la memoria de los argentinos que, el 23 de este mes, dicen que votarán masivamente para renovar el mandato a doña Cristina.

Tampoco la cantidad enorme de libros que, en estos días, pueblan los estantes porteños describiendo lo profundo que ha entrado la corrupción en el tejido social de la Argentina –desde “La Ejecución”, “El Mal”, “El Rekaudador” y tantos otros- parece incidir en esa decisión electoral. Leopoldo Lugones diría que “hemos adquirido un confortable tejido adiposo, pero nos hemos empequeñecido de corazón”.

Sin embargo, el ex Presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, con su “sincericidio” de esta semana, ha puesto, en blanco y negro, qué puede significar y qué consecuencias puede producir la corrupción. Nadie ignora que la radicación de la ex Botnia en tierras orientales se debió, sobre todo, al excesivo “precio” que le exigían las autoridades argentinas para instalarse aquí. El insólito respaldo oficial, en todos los niveles, a los asambleístas de Gualeguaychú -¿recordamos que don Néstor (q.e.p.d.), rodeado de gobernadores, calificó a sus protestas como “causa nacional”?- tuvo su razón de ser en la tentativa de modificar la decisión empresaria y no, por cierto, en la prohibición de operar a una planta que no contamina en absoluto.

Si el pedido de una coima excesiva pudo llevarnos a enfrentar la posibilidad de una guerra inimaginable con una país que es más que hermano, y si todas las ONG’s que miden a los países nos ubican en el fondo de sus tablas, resulta insólito que su percepción no figure entre las mayores preocupaciones de los argentinos. Sobre todo cuando, transferida al interior de nuestro país, se transforma en un verdadero genocidio, tal como lo describí en (
http://tinyurl.com/3fooubc); nótese que, cuando escribí esa nota, aún ignoraba que, desde lo más alto del poder, se estaba matando a los enfermos de cáncer, de hemofilia y de HIV.

La miseria, el hacinamiento, la falta de oportunidades, hacen que cada vez más chicos sean exterminados mediante el consumo del “paco” que producen las “cocinas” de la droga toleradas por el poder político, su verdadero socio, que nos está empujando, como país, al camino de Colombia y México. Aún así, pese a que habría que ser ciego para no enterarse del tamaño que ha alcanzado esta calamidad, los argentinos no reaccionamos, y seguimos votando a quienes tanto han hecho para instalar el flagelo.

Santiago Kovadloff y Mariano Grondona, cada uno en magistrales opiniones vertidas esta semana, han puesto en el candelero el tema, también ignorado por la mayoría concuspicente, de la persecución a militares, policías y civiles que, sin condena, se pudren en cárceles comunes de todo el país. Para justificar una prisión, basta que la Secretaría de Derechos Humanos, a cargo del ex guerrillero Eduardo Luis Duhalde, convenza a alguien de mentir descaradamente, de desdecirse de antiguas declaraciones, de inventar hechos y circunstancias.

A partir de eso, se destruye todo el andamiaje jurídico que nos había convertido en una nación civilizada: los principios de legalidad, de ley anterior al hecho, de inocencia, de juez natural, etc.. Se montan parodias de juicios en los cuales, a falta de pruebas, se recurre a generalidades, cuando no a fantasías, que terminan en sentencias simplemente calcadas. La imprescindible contribución y la complicidad de los Tribunales federales en esta farsa es otra de las razones para la renovación de los contratos de alquiler a los que me referí más arriba, ya que los jueces siguen las directivas que a través de don Lorenzetti, reciben del Ejecutivo; no fue irrazonable ni gratuito el regalo de una Constitución Nacional que Alfredo Astiz le enviara esta semana al Presidente de la corta Corte.

El otro tema de la semana, obviamente, ha sido el nuevo episodio que afectó la salud de la Presidente, en camino a su reelección por cuatro años. El Gobierno debiera tomar conciencia de que se trata de un asunto de interés institucional y público, sobre todo en un régimen construido, exclusivamente, como “cristino-céntrico”.

Si éste fuera sólo una simple lipotimia, algo que alguna vez le toca a todo el mundo, seguramente no tendría trascendencia alguna. Pero la reiteración y, sobre todo, el prolongado lapso que implica, en el caso de doña Cristina, superar el incidente, resulta hartamente preocupante por el momento crucial que vivimos.

La señora de Kirchner se enfrenta, con certeza, a un nuevo período presidencial y, entonces, la Historia recupera su importancia. En 1973, los argentinos debimos, por la muerte del Gral. Perón, contemplar cómo heredaba el mando su mujer, Estela “Isabelita” Martínez; quienes contamos con los años suficientes, recordamos en qué se transformó el país, cuando terroristas de ambos lados –ERP y Montoneros vs La Triple A- lo convirtieron en un campo de guerra abierta, plagado de asesinatos y de bombazos.

No quiero establecer un parangón con la actualidad, pese a la vocación retroactiva del Gobierno, cuyo reloj atrasa sesenta años. Sin embargo, algunos de los peores rasgos de prepotencia y abuso del “modelo” han tenido al candidato a Vicepresidente, don Amado Boudou, como su principal apologista; es entonces cuando el tema de la salud presidencial cobra particular importancia.

¿Alguien se imagina qué sucedería en la Argentina, y en el grupo gobernante, si Ella se viera impedida de continuar ejerciendo su cargo? Porque la realidad es que todo el proyecto de poder se apoya, con exclusividad, en doña Cristina y, a su alrededor, no hay quien pueda aspirar, con éxito, a heredarla. Basta con mirar qué sucede entre la señora de Kirchner y su más humilde y rastrero servidor, don Daniel Scioli, el único con caudal electoral propio y, en cierto modo, comparable. ¿Cómo se dirimiría, entonces, el conflicto?

En fin; ya falta muy, muy poco para que los argentinos se expresen y, al día siguiente, se enteren cuál será la opción que elija la Presidente ante las ciertas y seguras encrucijadas que tendrá enfrente y que ya he descripto (
http://tinyurl.com/3esed87) con precisión.

Simplemente espero que, si las libertades individuales –entre otras, a informarse libremente- comienzan a ser conculcadas, todos recordemos la recomendación del Quijote a su escudero.






Bs.As., 16 Oct 11








lunes, 10 de octubre de 2011

Indigestión de Pollo

Indigestión de Pollo







“Normalmente cuando las personas están



tristes, no hacen nada. Se limitan a llorar.



Pero cuando su tristeza se convierte en indignación,



son capaces de hacer cambiar las cosas”.
Malcom X








Cuando, la semana pasada, describí las “Encrucijadas” (http://tinyurl.com/3esed87) a las que los argentinos nos enfrentaremos a partir del 24 de este mes -¡faltan sólo trece días para las elecciones, aunque no se note!- dije que una de las posibilidades que tendría doña Cristina para mantener su “modelo” sin cambiar un ápice su centro neurálgico –el desaforado gasto público- sería dar un manotazo a los flujos de caja que, mes a mes, van a las obras sociales sindicales y engordan, es cierto, los bolsillos de la mayoría de sus dirigentes.

Según parece, tan enderezada está la vocación hacia ese objetivo, que el Poder Ejecutivo no dudó ni un segundo en usar todos los medios para “informar” a un Juez acerca de la responsabilidad del “Pollo” Sobrero en la quema de los vagones en Haedo. Que la demora en la investigación haya sido de “sólo” cinco meses parece no impresionar a nadie, pese a que tenían ya entre sus redes al acusador.

Tampoco parece llamativo que, mientras el secreto del sumario impuesto a la causa impedía a los abogados de los detenidos acceder a ella, el ínclito Jefe de Gabinete, don Anímal, se pavoneara haciendo gala de su profundo conocimiento de su contenido.

Cuando fui Administrador General de Ferrobaires, el ferrocarril estatal que recorre toda la Provincia, conocí a Sobrero, con quien tuve un trato cordial, pese a las antípodas en las que nos encontramos en la política. Se trata de un hombre de izquierda, creo que absolutamente honrado, que fue elegido en el ramal Sarmiento de Trenes de Buenos Aires por sus pares, en elecciones democráticas.

En defensa de sus representados, es férreo y combativo, pero –como todos los ferroviarios- incapaz de atentar contra ese medio de transporte. Fue por completo sincero cuando, públicamente, dijo que no necesitaba quemar vagones, ya que podía detener el servicio con sólo hacer una llamada.

El tema de los ferrocarriles muestra, quizás como ningún otro, la vinculación profunda que conduce desde el menemismo hasta el kirch-cristinismo. Durante el gobierno del riojano, culminó la destrucción, que ya venía de antiguo, y los patagónicos nada hicieron para modificar ese rumbo. Don Ricardo Jaime robó –para sí y para su corona- y permitió que se robaran los gigantescos subsidios que el Estado nacional entrega a las empresas privadas, sin que ellos se convirtieran en un mejor servicio ni en una renovación de la infraestructura.

Pero creo que el caso Sobrero fue, más que nada, un adelanto a los gremios acerca de cómo será, para sus caciques, el segundo mandato de doña Cristina. Una de las máximas del peronismo, en todas sus formas, dice: “El que avisa, no es traidor”, y la señora de Kirchner ya avisó.

Don Hugo “Camión” y los sindicalistas de todo pelaje se unieron, en un movimiento que no recuerda precedentes en el período kirchnerista, para defender al “Pollo”, ya que comprendieron el mensaje y quisieron anticipar que no estarán dispuestos a tolerar, pacíficamente, perder su poder, que depende en gran medida de los recursos de las obras sociales, una de las posibles fuentes de recursos para sostener el “modelo” sin demasiados cambios y, sobre todo, sin ajustes. Ese movimiento le produjo, al Gobierno, el efecto del que habla el título de esta nota, ya que debió dar marcha atrás rápidamente y liberar, pese a las “contundentes” (don Anímal dixit) pruebas que obraban en su contra, al Pollo.

De cara a la ciudadanía en general, el manotazo no resultaría mal visto, dado el enorme desprestigio de los jefes sindicales, pero el precio deberá pagarse cuando los afiliados, acostumbrados a un trato similar –a veces, incluso mejor- que el que brindan las prepagas privadas, se vean obligados a concurrir a los hospitales a solicitar turnos a las cuatro de la madrugada.

Los diarios de ayer, domingo, coincidieron en publicar encuestas producidas, entre otras, por dos de las empresas que mayor respeto concitan: Poliarquía y Management & Fit. Todas auguran, como es ya natural, un nuevo y aplastante triunfo de Ella.

Si los números reales coinciden con esos análisis, doña Cristina se hará dueña de un poder omnímodo sobre el Estado entero. No sólo controlará, como es lógico, al Ejecutivo sino que, dada la gran cantidad de jueces designaciones recientes en lugares claves, como la Cámara de Casación Penal, también lo hará con el Judicial.

Con ello, el inefable Juez de pasado prostibulario se habrá convertido, simplemente, en un adelantado. A partir de octubre, con la renovación del contrato de alquiler de muchos de los jueces y camaristas federales, morirán todas las causas de corrupción que hicieron cosquillas al Gobierno: los fondos de Santa Cruz, el morboso enriquecimiento de los Kirchner y su entorno, las facturas y sobreprecios de Skanska, la droga en Southern Winds y en el avión de los Juliá, las valijas de Antonini Wilson, las coimas de Jaime y De Vido, las Madres y Schocklender, las mafias de todo tipo financiando campañas oficialistas, y tantas otras que resulta imposible enumerar aquí.

En el Parlamento, es cierto, le faltarán votos propios para acceder a las mayorías especiales que la Constitución exige para su reforma (si no es para obtener la perpetuación en el poder, ¿para qué otra cosa la querrían?), pero allí estarán el socialismo –ya ha manifestado su vocación-, el GEN, la izquierda, varios neo-conversos del ex PJ federal, y otros “aliados” circunstanciales para regalar o vender sus voluntades. Así, la República habrá dejado de existir.

De allí que el verdadero objetivo de quienes pretendemos que sobreviva debe ser llevar al Congreso a la mayor cantidad de diputados y senadores posibles, eligiendo bien –con lupa- a quien dar nuestro voto, aunque para ello haya que ir con tijera al comicio. Debemos elegir a aquellos que, por su trayectoria y su demostrado coraje, nos garanticen que no se venderán por treinta monedas de plata, sea bajo la forma de disimulados sobres, sea por contratos para su gente, y que cumplirán acabadamente sus mandatos.

Porque una concentración total, con un sistema de partido único, y un “modelo” que ya hace agua por todos lados –cuando estalle, la culpa seguramente la tendrán “los otros”, porque el oficialismo sostiene que está blindado y se niega a reconocer cuánto lo ayudó el viento de cola- se convertirán en armas infernales contra las libertades y hasta contra el derecho de propiedad.






Bs.As., 10 Oct 11






domingo, 2 de octubre de 2011

Encrucijadas

Encrucijadas











“No se sale adelante celebrando



éxitos sino superando fracasos”.



Orison Swett Marden











Resulta harto complicado escribir una nota que refleje todo lo que ha pasado en el país y en el mundo, y en mi cabeza, en las últimas semanas, ya que todo implica que, a partir del 24 de octubre, la Argentina y su Gobierno se enfrentarán a una serie de encrucijadas, en las que tendrán que optar, cada vez, por seguir un camino o el otro.

La más complicada que se nos presentará en los próximos meses tiene que ver tanto con la economía cuanto con la política. El “modelo” tal como está, recalentando tan artificialmente el consumo interno, está sustentado, como todos sabemos, en algunas bases que hoy están temblando –la soja y Brasil- o ya han desaparecido, como los superávits gemelos, las fuertes reservas del BCRA, las “cajas” públicas y el tipo de cambio competitivo.

La brutal fuga de capitales –desde 2007, se han ido US$ 75.000 millones- pudo financiarse, básicamente, por los enormes ingresos que el “yuyito” produjo. Sin embargo, para que el “modelo” pudiera resistir sin cambiar nada el esquema, se requeriría que la soja subiera un 20% por año, acumulativamente. Y hoy el precio está bajando.

Las razones para ese descenso son varias. Para que China, India y los “tigres” asiáticos continúen comprando, tienen que poder vender sus productos a mercados que, a su vez, están sumergidos en la crisis más profunda que recuerde el mundo desde 1930. Cuando comenzó, en 2008, era sólo financiera, pero ya se ha traslado a la economía real y, ahora, no hay experto que pueda garantizar cómo se comportará en adelante.

Entonces, si nuestros compradores lo siguen haciendo para alimentar a sus nuevas clases medias y evitar protestas sociales, seguramente lo harán a precios más baratos.

Desde otro ángulo, puede decirse que gran parte de la escandalosa suba del precio de la soja se debió al arribo a los mercados de futuros de grandes capitales especulativos, que han comenzado a retirarse, induciendo los precios a la baja. Para dar una leve idea acerca de qué significó esa presencia, baste decir que se negociaban, en sus mejores épocas, cantidades de soja diez veces superiores a las existencias físicas de la oleaginosa en el mundo.

Por su parte, Dilma Rousseff, una muy seria economista, ha comenzado a imponer en Brasil un leve enfriamiento de su economía, por terror al resurgimiento de una inflación desbocada que, en nuestro vecino, ha pasado a ser sólo un mal recuerdo. La desvalorización del real en casi 20% durante septiembre, es una pésima noticia para los argentinos y para la Casa Rosada en particular.

Si le sumamos la frontal oposición de los Estados Unidos –que han informado que saldrán a buscar aliados para su postura- a que Argentina pueda obtener créditos de los organismos multilaterales por la falta de propuestas para los holdouts y el incumplimiento de las sentencias condenatorias del CIADI –el Gobierno se comporta frente a ese tribunal internacional como lo hace con la Corte Suprema-, y la imposibilidad de acceder a los mercados voluntarios de crédito por la falsificación de estadísticas, la inexistencia de seguridad jurídica, la corrupción y la falta de acuerdo con el Club de París que, además, impide a los extranjeros vender y financiar sus exportaciones, ya que no pueden obtener seguros para esos contratos, tenemos un feo panorama por delante.

En resumen, nuestro país está sumamente complicado y, para enfrentar la crisis global, parece no contar con herramientas adecuadas y, mucho menos, con funcionarios verdaderamente idóneos para conducir el timón económico en épocas de grandes tormentas. Con tocar la guitarra en recitales de rock parece no bastar.

De allí la encrucijada: el Gobierno deberá decidir, en breve plazo, si opta por modificar el “modelo”, ajustándolo a la realidad mundial y disminuyendo drásticamente el gasto público y la inflación, o por intentar continuar usando las mismas recetas populistas aplicadas hasta ahora.

Si su elección es la racionalidad –adelanto que no lo creo- las modificaciones deberán ser profundas. Ni la normalización del INDEC, ni la reducción de los subsidios, ni el sinceramiento de las tarifas, ni el reconocimiento de la inflación, ni el acuerdo con el FMI, ni el arreglo con el Club de París y con los holdouts serán fácilmente “vendibles” a una ciudadanía que verá dispararse la inflación y a la cual habrá que tocarle el bolsillo.

Por el contrario, si se elige el camino de la “profundización del modelo”, es obvio que deberá buscarse la financiación del disparate en otros sitios, puesto que las cajas “normales” –el BCRA, el Banco Nación, las AFJP’s, la ANSES- ya han sido saqueadas. Las preguntas que surgen, en este caso, son otras: ¿cómo reaccionarán los mercados si se estatiza el comercio de granos?, ¿cómo actuará el escaldado depositante argentino si se nacionalizan los depósitos bancarios? o ¿qué dirán los gremios si se pasan al Estado las obras sociales sindicales?

La realidad es que cifras como la que obtendrá doña Cristina dentro de exactamente tres semanas –ya me imagino a Eduardo Feinman, a las 18:00, cantando el porcentaje final, aún antes del cierre del comicio- sirven para mucho, sobre todo en esta Argentina que, por obra y gracia del “cristi-kirchnerismo”, carece de instituciones. Sin embargo, ningún alud de votos puede torcer las leyes de la economía, tan inmutables como la de gravedad.

Desde el punto de vista político, parece estar claro que el 23, con las verdaderas elecciones generales –para las cuales el oficialismo está en una inmejorable posición a partir de haber “vendido” psicológicamente su arrasador triunfo en las pseudo primarias-, serán firmadas las partidas de defunción de partidos y de figuras, a las que su edad y la suma de papelones llevarán, sin remedio, al ataúd de la historia chica.

La primera encrucijada, por peso específico, corresponde al peronismo. El PJ, en todas sus variantes –Perón, Cámpora, Lastiri, Perón, Isabel, Menem, Puerta, Rodríguez Saa, Caamaño, Duhalde, Kirchner y Fernández-, ha gobernado la Argentina –desde 1930- el 39% del tiempo; desde 1946, el 48%; desde 1974, el 57%; y desde 1983, el 72%. Efectuado ese cálculo, surge obviamente una pregunta: ¿qué responsabilidad le cabe en el derrumbe de la Argentina y en el empobrecimiento de su población, en la destrucción de la educación y de las instituciones?

Hace meses, en una mesa semanal del “peronismo federal”, expuse de viva voz mi convicción de la necesidad de dejar de lado la danza infernal de nombres que el proceso electoral había desatado a partir de la muerte de don Néstor (q.e.p.d.) para trabajar todos juntos en la refundación de la nación desde sus más profundos cimientos. Plasmé esa idea en una nota, a la que titulé “Es hora de hombres, no de nombres”, que puede verse en mi blog. Dije, además, que la sociedad atribuía a esa formación disidente el canto de guerra “No me dejen afuera”. Demás está decir que el tiempo y el resultado del 14 de agosto corroboraron esa afirmación.

Es claro que, a partir de su definición como “movimiento”, todo pareció, hasta ahora, serle permitido. Tanto como que pudiera expresar desde un disfraz de liberalismo corrupto hasta un maquillaje de izquierda para un “modelo” de saqueo y apropiación.

La encarnación actual del PJ en la figura de doña Cristina (el “federal” se ha vaciado, a fuerza de comprar garrochas), que ocupa sola todo el horizonte político y no permite que nadie descuelle a su alrededor, hará que, cuando le llegue el turno de entregar el poder, por las buenas o por las malas, ese “movimiento” se encontrará, por primera vez en su historia, sin un líder a quien seguir. Es posible, así, que el matrimonio termine por hacerle un gran bien a la sociedad, ya que la obligará a asumir el control de su destino.

En lo que al radicalismo respecta, la situación del centenario partido no parece ser mejor, toda vez que la rigidez de su estructura, y la falta de propuestas, llevó a que el aparato impusiera un candidato clonado de un pasado ya demasiado antiguo, dejando en el camino a otros que, con toda seguridad, hubieran hecho un más serio papel, como Ernesto Sanz.

Ricardo Alfonsín, pese a la acertada elección de Javier González Fraga como candidato a Vicepresidente, nunca consiguió la adhesión de quienes buscaban una real alternativa al “modelo” oficialista, ya que carece del espíritu de lucha y la vocación brutal que son condiciones esenciales de cualquier político con aspiraciones de poder. La suma de esos factores, también hará que el radicalismo desaparezca del futuro y, en el fondo, tampoco eso resultará una mala noticia.

El socialismo, que ha acompañado todos los disparates de don Néstor (q.e.p.d.) y de doña Cristina en el Congreso, intentó una alianza contra natura que, sin embargo, le permitió a duras penas conservar el poder en Santa Fe, pero que no ha conseguido insertarse en la realidad nacional, ya que es percibido, por esa conducta errática, como un “kirchnerismo con buenos modales”.

La izquierda más recalcitrante, desde el Sur, de “Pino” Solanas, hasta el Frente de Izquierda, de Altamira, pasando por el MAS o el PO, nunca conseguirá llegar por la atomización y la centrifugación que la radicalización filosófica de sus propuestas le impone. Cada vez que consigue unirse, estalla como una burbuja al minuto siguiente. Puede acompañar, pero nunca obtener más que un muy escaso caudal de votos, a pesar de la notoria militancia en la calle.

Y el PRO, que debiera ponerse al frente de la oposición sensata, tiene una conducta y un discurso vergonzantes, amén de no haber podido construir, todavía al menos, una estructura nacional.

De esas constataciones se desprende, precisamente, la necesidad imperiosa de construir, en la Argentina, una nueva estructura de centro-derecha, que ofrezca a la ciudadanía sensatez y sentido común y, sobre todo, que asuma su condición de tal con orgullo y sin miedo a lo políticamente incorrecto.

Algunas más urgentes, otras más importantes, todas esas encrucijadas poner a nuestro país ante un escenario complicado.

Falta, únicamente, saber cómo reaccionará la ciudadanía cuando las penurias lleguen a sus bolsillos y, sobre todo, cómo actuará, en esa circunstancia, el grupo de “jóvenes idealistas” reciclados y enriquecidos inexplicablemente. Porque lo único que puedo afirmar hoy es que doña Cristina y sus cómplices no se comportarán como Alfonsín –cediendo anticipadamente el poder-, ni como Menem –que entregó pacíficamente loas atributos a su sucesor-, ni como De la Rúa –que huyó en su helicóptero-, ni como Duhalde, que acortó su mandato ante la inminente conmoción social.

Como digo, tiempos complicados tenemos delante.










Bs.As., 2 Oct 11


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domingo, 25 de septiembre de 2011

Hitler en la Rosada

Hitler en la Rosada













“El caudillo es, aún, el temido padre primitivo. La masa



quiere ser siempre dominada por un poder ilimitado. Ávida



de autoridad (…) tiene una inagotable sed de sometimiento”



Sigmund Freud





La semana que terminó estuvo signada, amén de distintos componentes económicos externos sobre los cuales hablaré al final de esta nota, por tres hechos, más que significativos, que desnudan en qué consistirá la “profundización del modelo” que un exabrupto de don Roberto Felletti, actual Secretario de Hacienda y futuro Diputado Nacional, nos hizo conocer como programa del futuro período presidencial de doña Cristina Fernández de Kirchner.

Que todos esos episodios recuerden a la construcción del “relato” hitleriano, que puso en marcha Joseph Goebbels, no es una mera coincidencia. Me refiero, obviamente, a la censura que don Guillermito Moreno quiere implementar, a un curioso convenio firmado por el Ministro de Educación y el Presidente de Telam, y a una nueva materia que ha pasado a integrar el ciclo básico en la Universidad Nacional de José C. Paz, en el Conurbano bonaerense.

El inefable y patotero Secretario de Comercio Interior no tuvo mejor idea, para ocultar la inflación que, día a día, se come los ingresos de todos los argentinos pero, en especial, de los más pobres, que aplicar multas a las consultoras económicas que llevan estadísticas privadas sobre ese flagelo y cuyos resultados mensuales, como sabemos tanto yo como cualquier ama de casa, duplican las fantasías del Indec.

Los analistas afectados por esas multas –curiosamente, fue excluido de ellas el encuestólogo oficialista Artemio López- silenciaron, en general, sus voces, que desafinaban con el “relato” de don Moreno y de don Amadito Boudou, el Ministro de Economía quuien, para no hablar de inflación, la llama “tensión de precios”.

Frente al prudente y natural miedo de las empresas y de sus titulares, se levantó gran parte de la oposición en la Cámara de Diputados, que comenzó a difundir su propio índice, confeccionado a partir de los estudios realizados por esos particulares.

En el ínterin, don Moreno había denunciado criminalmente a algunas de esas consultoras –Melconian, Ferreres, etc.- por la presunta comisión del delito de “agiotismo” ya que, según él, los analistas mentirían al medir la inflación para favorecer a los tenedores de bonos ajustables por esa variable, y a los bancos, que lucrarían subiendo las tasas de interés.

Llamativos argumentos, ya que la enorme mayoría de esos bonos están, naturalmente, en manos de tenedores locales. ¿Alguien se imagina a un extranjero invirtiendo en bonos emitidos en pesos argentinos?

Pero no paró allí la vocación censora de don Guillermito. Pidió al Juez interviniente que requiriera a los diarios los datos personales de los periodistas que escriben en ellos sobre economía. El joven magistrado a cargo de la investigación, Dr. Alejandro Catania, con una celeridad inusual entre sus pares, hizo suyo tal pedido, con la presunta intención de llamarlos como testigos a la causa.

En esta extraña Argentina kirchnerista no resultaría sorprendente que, con posterioridad, esos mismos periodistas fueran imputados de similar delito por el vehemente y belicoso Secretario de Comercio.

El segundo hecho, el convenio entre Educación –ministerio a cargo de don Alberto Sileoni- y la agencia Telam, cuya Presidencia ocupa don Martín García –ícono de esa nueva categoría denominada “prensa militante”-, es aún más siniestro, si cabe.

En efecto, el objeto del convenio es que los estudiantes secundarios argentinos que han recibido –o lo hagan en el futuro- las notebooks que regala el Gobierno reciban, gratuitamente, los contenidos que produce la agencia, que ha dejado de ser “oficial” para transformarse en “oficialista”. La inocultable intención de colonizar, culturalmente, a los jóvenes recuerda con toda nitidez a las juventudes nazis que formaba el Ministro de Propaganda del III Reich quien, en lugar de computadoras, regalaba radios con igual propósito.

Finalmente, en absoluta sintonía con lo anterior, le cuento que, en la Universidad Nacional de José C. Paz, en la tierra del Intendente Mario Ishii –el mismo que, para irse de vacaciones, dejó en su puesto a su mamá-, se ha incorporado, como materia del ciclo básico y, por tanto, obligatoria, “Filosofía Kirchnerista”.

Más allá de poder discutir si el Gobierno tiene una “filosofía”, nuevamente aparece claro qué pretenden hacer doña Cristina y don Amadito con el país, en qué clase de Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua pretenden convertir a la Argentina, una vez que su triunfo sea confirmado el próximo 23 de octubre.-

Porque, si una vez más las mediciones de opinión política tienen razón, la viuda de Kirchner será reelecta por un porcentaje mayor que el que obtuviera en las primarias de agosto. Con esos guarismos, y la suma de voluntades que le aportarán –ya lo están haciendo- las flamantes y férreas convicciones de algunos ex-opositores, la señora Presidente contará con mayoría propia –quizás, hasta las especiales- en ambas cámaras del Congreso.

Si se suma a ello la genuflexa conducta del Poder Judicial, encabezado por una indigna Corte Suprema que, ni siquiera, ha pedido explicaciones a uno de sus miembros por la descubierta propiedad de seis prostíbulos ni ha impuesto el cumplimiento de una sola de sus sentencias, doña Cristina contará, a no dudarlo, con la suma del poder público.

Esas intenciones –está tan confiada en su triunfo que ha decidido desnudarlas aún antes de las elecciones- describen, con total precisión, qué le espera a las libertades individuales en la Argentina a partir de hoy mismo. La abulia y la anomía de la ciudadanía, ahíta de consumo y de deudas, permitirá que eso resulte posible mientras el viento de cola continúe soplando sobre la economía.

Sin embargo, hay preocupantes nubes en el horizonte internacional porque, para subsistir, este demencial “modelo” requiere de un financiamiento que ya ha agotado a todas las cajas hasta hoy saqueadas; me refiero, obviamente, a las reservas del Banco Central, a la cartera de crédito del Banco Nación, al fondo de sustentabilidad de la Anses y a los ahorros privados confiscados en las AFJP’s.

Para continuar con la actual expansión del gasto, el Gobierno deberá recurrir a otros caminos extraordinarios, ya que tiene vedado el acceso a los mercados voluntarios de crédito internacional. Tales senderos parecen conducir sólo a la estatización del comercio de granos o al saqueo a las obras sociales sindicales; ambas posibilidades serán, necesariamente, frentes de tormentas complicados.

Pero, como dije, en materia externa la situación se está complicando rápidamente, ya que la crisis de 2008, que comenzó como estrictamente financiera, ha llegado a la economía real y, con ello, está destruyendo las bases de nuestra prosperidad.

Para poder continuar comprándonos soja a precios crecientes –se dice que el “modelo” necesita que suba 20% por año para resultar sustentable sin ajuste-, tanto China como India necesitan poder vender sus propios productos. Lo hacen, claro, a los Estados Unidos y a Europa, cuyas economías están siendo vapuleadas gravemente por la crisis. A mero título informativo, la soja bajó US$ 60 por tonelada en estos días.

Además, la Argentina necesita poder seguir exportando a Brasil, que ha devaluado su moneda, en lo que va del mes de septiembre, en un 15%; es decir, nuestros productos se han encarecido allí en ese porcentaje.

Si esas nubes amenazadoras se transforman en realidades, no habrá blindaje nacional que valga, y el golpe a nuestra situación será muy grave. El humor nacional volverá a girar entonces, esta vez en contra del Gobierno. Éste lo sabe, pero no parece que el equipo económico, más allá de tocar la guitarrita para amenizar las reuniones de La Cámpora, tenga capacidad y tiempo para enfrentarlo.












Bs.As., 25 Sep 11

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domingo, 18 de septiembre de 2011

Sociedad degradada

Sociedad Degradada



“La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer.

La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer”.

Antoni Gala


Si a uno de nuestros máximos jueces se le prueba que es propietario de lugares donde se ejerce la prostitución, y no renuncia; si la única arma de la que parece disponer la oposición para intentar evitar la catástrofe electoral es un parricida estafador; si el organismo ícono de los derechos humanos se transforma en una empresa constructora al servicio del Gobierno; si una obra es anunciada seis veces y su inexistencia se cobra la vida de muchos argentinos, y si una de las principales vedettes es un hombre que también es madre, debemos confesar que hemos dejado de ser “un país en serio”.

Es curioso lo que está sucediendo, por ejemplo, en relación al sentimiento generalizado hacia el extranjero. Por una parte, parece que nos estamos convirtiendo en una sociedad xenófoba –basta con estudiar el proyecto de ley de tierras, que priva a los no argentinos del derecho constitucional a poseer superficies importantes- y, por el otro lado, todos los días abrimos con mayor generosidad y con mayor irresponsabilidad nuestras fronteras a los inmigrantes de todo tipo.

El proyecto mencionado es, a todas luces, una estúpida maniobra populista y, a la vez, la semilla de la transferencia de grandes propiedades rurales a los amigos del Gobierno; como es obvio, cuando la cantidad de clientes posibles disminuyen, los precios de los bienes bajan. Los pseudo nacionalistas locales, tan funcionales al oficialismo en tantos y variados temas, parecen creer que los extranjeros –que, además, sólo poseen hoy el 3% de la superficie- darían a la tierra un uso distinto a los nacionales o, forzando la hipótesis, que podrían enrollarla cual alfombra y llevársela.

Recuerdo que, hace relativamente poco, una imbécil cadena de mails llamaba a oponerse a una supuesta operación que, a través del llenado de las bodegas de los buques que volvían en lastre a Europa con agua potable del Paraná, en realidad estaba saqueando ese recurso natural que, según se dice, pronto faltará en el mundo. Si el autor original de ese dislate se hubiera sentado a pensar, habría descubierto que todas las bodegas que se encuentran por año en esa situación equivalen al caudal que ese río lleva al mar en menos de una hora.

Porque, en el fondo, la tierra y el agua son nada más que dos armas más que los argentinos suponemos en manos de los poderes universales que quieren perjudicarnos, sin percibir que tal conspiración en nuestra contra no es necesaria, que para destruir a la Argentina nos bastamos y sobramos los ciudadanos de este martirizado país.

Desde el otro ángulo, como dije, nos hemos convertido, por obra y gracia del “kirchner-cristinismo” –que busca y obtiene miles de votos con esa política- en el país que, en todo sentido, tiene más inexistentes fronteras.

No sólo por la porosidad de las mismas al tráfico de todo tipo de drogas y dineros non sanctos sino por la demencial manera en que los argentinos actuales conducimos lo que debiera ser una política migratoria. Desafío al lector a encontrar una sola nación en el mundo, con excepción de la Argentina, que no imponga requisito alguno al ingreso y permanencia de extranjeros en su territorio.

Es claro que esa falta de exigencias ha hecho que hoy nuestro país se vea inundado de inmigrantes sin formación de ningún tipo, pobres marginados en sus propias tierras, que nada pueden aportar a nuestro país y que, por el contrario, demandan de él la atención de sus necesidades básicas insatisfechas en materia de salud, educación, transporte y vivienda.

También debe reconocerse que esa negligencia migratoria es funcional a la política, que rápidamente transforma a los recién llegados en clientes del poder de turno, los documenta y exprime de ellos los votos necesarios para perpetuarse, mientras la bonanza económica siga vigente.

Ayer, los periódicos publicaron una noticia sorprendente, que refleja con exactitud el problema al que me refiero. Sonia Quisberth Castro, boliviana y con un hijo discapacitado, demandó a la ciudad de Buenos Aires para que ésta fuera obligada a entregarle una vivienda. La señora Castro, además, recibe cuatro beneficios mensuales: uno porteño, de $ 1.700, para pagar su pensión; una pensión nacional, de $ 833, por la discapacidad de su hijo; otro, también porteño, de $ 270, como ciudadana de la ciudad; y, finalmente, otro más, de $ 200, de un programa especial. En resumen, la dama en cuestión percibe, mensualmente, la suma de $ 3.003 y, además, ¡cree que la ciudad debe darle una vivienda!

Los hospitales de Buenos Aires están totalmente colapsados pues, prácticamente con la misma infraestructura, deben atender no solamente a sus habitantes sino a los hombres, mujeres y niños que llegan desde los países limítrofes en pos de una medicina pública de la carecen allí sino, además, gratuita, o sea, solventada con los impuestos que tributan los porteños.

Los colegios públicos, primarios y secundarios, y las universidades nacionales tienen, exactamente, el mismo problema, ya que están superpoblados y, conseguir una matrícula en ellos, se ha transformado en un calvario del cual pueden dar fe innumerables madres de la ciudad y el Conurbano.

Por lo demás, esos desarraigados que llegan en tropel a nuestra Argentina, en general, terminan engrosando la población de las villas de emergencia, que crecen desmesuradamente en superficie y en altura, o durmiendo a la intemperie, en calles y plazas. En muchas de esos asentamientos, como ya lo denunciara el Padre Pepe, la droga y la delincuencia han sentado sus reales y, desde allí, se trafica, se secuestra, se roba, se mata y se muere. El tristemente llamado “caso Candela” parece ser una muestra de esa situación.

Los jueces han dejado de aplicar las leyes vigentes, que no precisan de modificación alguna para corregir estos males, y los policías de todo pelaje y color se muestran aterrados ante la posibilidad de reprimir el delito, y verse acusados ante los Tribunales por hacerlo con eficiencia.

La impunidad con que la historia ha premiado los escandalosos latrocinios cometidos por personajes públicos, con la consecuente disparidad ante la ley que ello implica, es un factor más de disgregación social, entronizando el principio del “sálvese quien pueda”. ¿Cómo se puede exigir buena conducta a una sociedad que habilita a personajes como Carlos Menem, Ricardo Jaime, Felisa Miceli, Sergio Schoklender, Hebe Bonafini, a continuar en libertad después de robar como lo han hecho? ¿O permite que Ricardo Lorenzetti, Eugenio Zaffaroni u Norberto Oyarbide continúen haciendo como que imparten justicia? ¿O tolera que terroristas y asesinos confesos como Horacio Verbitsky, Carlos Kunkel y Eduardo Luis Duhalde ejerzan cargos públicos?

Para brindar seguridad, uno de los principales reclamos ciudadanos, la Ministro del ramo no ha tenido mejor idea que retirar gendarmes y prefectos de nuestras fronteras para cubrir las zonas más calientes del Gran Buenos Aires. Con ello, obviamente, las ha desguarnecido más aún y, si hasta ahora se podía pasar a través de ellas con automóviles con droga, ahora se podrá hacerlo en camiones con acoplado y embarcaciones de todo tipo.

Del transporte aéreo de estupefacientes, ni hablar. Porque el inefable don Anímal Fernández, el payaso autor de tantas nuevas zonceras argentinas, nos ha enseñado que instalar radares para detectar la presencia de aeronaves contrabandistas no es la solución -¿cuál será, entonces?- y la eventual sanción de una ley que autorice a derribarlas no solamente no ha sido impulsada sino que, si lo fuera, no habría aviones para hacerla cumplir.

Nuestra terrible anomía, esa que denota la ausencia de normas sociales de comportamiento, de convivencia y de solidaridad se constata día a día, en un ejemplo simplísimo, con sólo observar cómo tratamos los argentinos al espacio público o, mucho peor, cómo nos llevamos de la economía argentina tres mil millones de dólares por mes actualmente.

Nuestra falta de respeto a los demás, que nos permite estacionar en cualquier parte y a cualquier hora, aunque entorpezcamos el tránsito o impidamos el uso de las rampas para discapacitados, transformar la calle en un basural, bloquear sendas peatonales o de bicicletas, estropear sin remedio parques y plazas, destruir o robar monumentos y placas de todo tipo, fabricar productos malos y caros porque el Estado nos protege, y miles de etcéteras que todos conocemos, no puede ser más que un claro reflejo de nuestra peculiar forma de ver y entender la cosa pública.

Trasladada esa anomía a la política, se puede comprender mejor el marcado desinterés que ésta genera en la gran mayoría de los ciudadanos. Es cierto que la corrupción imperante ha hecho que se perciba como ladrón a todo aquel que incursiona en ella, pero habla muy mal de nosotros que permitamos, día tras día y década tras década, que nuestros bienes más preciados –el país, la ciudad, el barrio, nuestra casa, nuestra educación, nuestra salud, nuestra seguridad, nuestra propia vida- sean administrados por cafres, por los peores elementos de nosotros mismos, que lucran desembozadamente y que sacrifican inexorablemente el futuro.

Sólo un compromiso personal, activo, militante y corajudo de todos los argentinos podrá impedir que la curva que marca el camino de nuestra degradación como sociedad continúe descendiendo hacia el infierno.

Brasil y Colombia pudieron hacerlo, cuando fueron atacados por los mismos virus que hoy conviven entre nosotros; México paga hoy, con sus cincuenta mil muertos, el haber ignorado el problema hasta que fue muy tarde para resolverlo. ¿Cuál será, entonces, el futuro de la Argentina?

Lo malo es el lugar desde el que ahora partimos para esa batalla que deberemos dar. Nuestro país es casi el único Estado –acompañado por Venezuela y algunas naciones africanas- que se ha derrumbado tan catastróficamente, cualquiera sea el cristal con que se lo mire.

Porque, si bien es cierto que estamos mucho mejor, en materia económica, que en la crisis de 2001, la película de los últimos setenta años de historia nacional debería ingresar en el género terror.








Bs.As., 18 Sep 11






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domingo, 11 de septiembre de 2011

Cataclismos inocuos

Cataclismos inocuos







“La libertad se pierde cuando se empieza a temer”
Felipe González







El domingo pasado, en “Hora Clave”, el ecuatoriano Durán Barba relató que, cuando estalló el escándalo Shoklender-Bonafini, sus mediciones permanentes para el PRO denotaban que doña Cristina no había perdido un solo voto por ello.

Muchas veces me he preguntado a qué se debe que la sociedad no reaccione frente a los gigantescos episodios de corrupción pública que este Gobierno va dejando en su estela, mientras continúa su navegación sin problemas de imagen en el horizonte. Cómo esas revelaciones, que en cualquier país “en serio” serían verdaderos cataclismos, en la Argentina se transforman en meras brisas que no consiguen alterar el derrotero del “cristinismo” hacia el triunfo de octubre.

Obviamente, las respuestas pueden ser muchas pero, a mi entender, la que más se acerca a la verdad es que, tratándose la nuestra de una sociedad tan cotidianamente corrupta –los ejemplos abundan, y van desde la falta de respeto a todas las normas de tránsito, a la basura que arrojamos a la calle, a la falta de cuidado del espacio público, a las coimas a policías para evitar multas o a boleteros para obtener mejores ubicaciones, a la extorsión de los “trapitos”, a los acampes y piquetes- toleramos la corrupción de nuestros gobernantes porque justifica la nuestra. Recordemos que los pueblos no tienen el gobierno que se merecen sino el gobierno que se les parece; si los argentinos nos parecemos a nuestros gobernantes, ¡qué mal estamos como sociedad!

De todos modos, no deja de ser curioso –o tristísimo- cómo nos comportamos (en realidad, cómo dejamos de hacerlo) frente a hechos tales como las valijas de Antonini Wilson, los aviones y yates de Ricardo Jaime, los departamentos y motos de Boudou y Bossio, el incremento fenomenal e inexplicable de la fortuna “blanca” de los Kirchner y muchos de sus cómplices y parientes, la compra por bicocas de terrenos fiscales en el Calafate, la mafia de los medicamentos, la apropiación de los ahorros privados en las AFJP’s, la notoria “bastardización” del tema de los derechos humanos, la droga en los aviones de Southern Winds, la “embajada paralela” en Venezuela, el emporio de las facturas “truchas” de Skanska, el exponencial crecimiento de la inseguridad en razón del tráfico de drogas, la bolsa en el baño de Felisa Miceli, etc., etc., etc..

Don Sergio Shoklender otorgó a la revista “Noticias” de este sábado una prolongada entrevista, en la que desarrolló su propio “relato” que, sin creérnoslo demasiado, nos permite avisorar otra muestra de la forma en que el Gobierno maneja los dineros públicos que, reciclados, vuelven a los bolsillos de la “corona” como privados, y permiten comprar bienes suntuarios o pagar campañas políticas. Más que una acabada confesión de delitos varios, la nota periodística asume las características claras de una advertencia: “no dejaré que llegue octubre para que, después del triunfo, el Gobierno me mande preso a mí solo; o me exculpan o imputan también a doña Hebe, don López, don Fatala y a los jefes de éstos”. ¿Qué dirá Shoklender cuando vaya, si lo hace, esta semana al Congreso?

Porque, como es obvio, el parricida no ha usado toda la munición de la que dispone para atacar al poder; si lo hubiera hecho, no tendría más armas en sus arsenales para continuar el combate, y habría perdido su última batalla. Además, la entrevista le sirve como garantía personal porque, a partir de ella, desde Olivos deben estar rezando para que ni siquiera se resfríe, ya que la autoría de cualquier daño que pudiera sufrir, parcial o total, les sería automáticamente endilgada.

El inefable don Oyarbide, a su vez, ha debido sacrificar su sábado bucólico para, después de meses de hacer la plancha, realizar allanamientos diversos pero, no por ello, llamar a indagatoria a nadie ni retirar a la Fundación Madres de Plaza de Mayo el papel de querellante, tan sospechosamente concedido. En realidad, lo que hizo fue detonar fuegos artificiales que le permitan sortear, con tranquilidad, el lapso que media hasta octubre o, mejor aún, hasta su jubilación.

El nuevo impulso que la verborrágica reaparición de don Sergio ha dado al maloliente escándalo ha permitido, también, tapar con centímetros y segundos el horroroso crimen de Candela. O, mejor, el otro escándalo que el asesinato desnudó.

El bueno de don Scioli, que no cesa de recitar su propio “relato” cada vez que le ponen una cámara delante, incluyendo la denodada lucha que, según él, lleva adelante contra el tráfico de drogas, con cifras crecientes de decomisos, parece ignorar que, con ello, está confesando que cada vez hay más droga circulando en la Argentina y, en particular, en el Conurbano.

La Policía reaccionó como sabe, “armando” la causa para dejar fuera a los verdaderos responsables del hecho, es decir, a los colegas y a los políticos que lucran con el tráfico, con la prostitución y con el juego. La Casa Rosada hizo lo mismo, o sea, un silencio de radio que, tantas veces en el pasado, le diera buenos réditos; basta recordar los “retiros espirituales” de los Kirchner en Calafate cada vez que se produjo un verdadero drama como, por ejemplo, Cromañón.

Doña Cristina, seguramente, hará pagar a alguien la responsabilidad por recibir a la madre de Candela, antes de conocer el terrible medio familiar en el que transcurrió la corta vida de la niña. Pero, como siempre, algunos “perejiles” serán imputados, luego liberados y el crimen –el verdadero, el profundo- quedará impune. ¿Es necesario recordar a Nora Dalmasso en este caso?

La Argentina está recorriendo un camino harto conocido, por el que ya pasaron Colombia, Brasil y México. Esa ruta ha sido mejorada, sin ninguna duda, por don Anímal Fernández y sus jefes, que se han negado a crear una barrera de radar en nuestras fronteras del norte y a enviar un proyecto para una “ley de derribo” como la que rige en Brasil y, ahora, por doña Garré, que ha retirado a los pocos gendarmes y prefectos que las custodiaban para transferirlos a un Conurbano que, pese a ello, cada vez sufre más la inseguridad cotidiana.

La imbécil –o provocada- carencia de una política migratoria en nuestro país, el único que conozco que ha derogado insensatamente todos los requisitos para el ingreso y la permanencia de extranjeros en su territorio, permite que la droga y la violencia se hayan radicado en las crecientes villas de emergencia, como ya sucedió en Rio de Janeiro. Allí, son nativos los traficantes mientras que, entre nosotros, parecen serlo los paraguayos y los peruanos indocumentados que, sin embargo, permiten ejercer el clientelismo, amén de pagar verdaderos peajes a la policía y a la política.

Me pregunto si la “confortable adiposidad” –como la definió Leopoldo Lugones- que hace que privilegiemos tanto el corto plazo, con el consumo desaforado que esta nueva convertibilidad de 4 x 1 nos permite, también hará que inmolemos el futuro de nuestro país. Porque los expertos dicen que, cuando el tráfico de droga y sus ganancias siderales se adueñan de un territorio, no solamente no lo abandonan más sino que, para conservar su poder, lo bañan en sangre si resulta necesario.

También me pregunto hasta cuándo estaremos a tolerar, sin inmutarnos siquiera, pagar estos impuestos que implican que de cada doce meses que trabamos, cuatro vayan a parar a las arcas de un Estado mafioso, capaz de matar a sus niños de hambre y desnutrición en el norte, de degradar a tal extremo la seguridad y el espacio público, en el cual carecemos de un sistema de salud digno y eficiente, de una educación pública que retrocede en calidad en todos sus niveles. Y que permite a sus funcionarios enriquecerse sin medida.

La respuesta no puede ser sólo la economía. Me niego a aceptarlo, porque tengo una mejor opinión de nuestra sociedad, porque no me resigno a perderla.

De nosotros solos depende el futuro. Un futuro complicado, a la luz de lo que ha sucedido en estos días y, sobre todo, en la “profundización del modelo” que se avecina.

De obtener el “cristinismo” el caudal de votos inéditos que las encuestas le auguran, dispondrá del control de ambas cámaras del Congreso –sea que se trate de legisladores propios o “adquiridos”- y, en la medida en que se han agotado las cajas a las cuales ha recurrido el Gobierno hasta el presente para financiar ese “modelo”, sólo cabe imaginar por cuáles irá ahora.

No debemos olvidar que don Néstor (q.e.p.d.) y doña Cristina han hecho trizas todas las instituciones, un trayecto que comenzaron haciéndole un verdadero golpe de estado a la Corte anterior, sin dejar ni un organismo de control en pie. Ahora, con todo el poder en sus manos, la propia República dejará de existir, si lo permitimos.






Bs.As., 11 Sep 11