martes, 28 de febrero de 2012

Los gritos del silencio y la Emperatriz

Los Gritos del Silencio y la Emperatriz












“La Gioconda sonríe porque todos los que le han puesto bigotes han muerto”





André Malraux







El martes pasado escribí una serie de ideas, con la única pretensión de que sirvieran como títulos o índice para la discusión de los grandes temas esenciales para cambiar el destino de decadencia que parece marcar la declinación final de la Argentina.

Sin embargo, la masacre de Once, tan preanunciada, y la muerte de cincuenta y un compatriotas, obviamente con toda justicia, hicieron que, como tantas otras cosas, esa nota dejara de tener alguna importancia. De todos modos, creo que valdría la pena volver sobre ella y, tal vez, antes de lo que suponemos; puede verse en http://tinyurl.com/86yayw8.

Porque lo sucedido ha representado, en medio del florido y pacífico jardín en que el magnífico sistema de comunicación oficial ha convertido a la Argentina, una patada al hormiguero. Desde la crisis del campo y la tragedia de Cromañón, el cristi-kirchnerismo no sentía cómo cambiaba el escenario, a pesar de sus deseos.

Ni el escándalo de Boudou y Ciccone S.A., o el espionaje que, para doña Garré y don Zanini, realizaba la Gendarmería, conseguían convertirse en un huracán devastador. La gente, la ciudadanía, estaba de vacaciones, aprovechando –el 5% que podía hacerlo- los nuevos feriados inventados para componer la receta circensis, que tantos beneficios ha reportado a los sucesivos Kirchner y, todavía, no se ha puesto a pensar cómo hará para pagar los aumentos de impuestos, tasas y servicios, de los celulares, de los colegios, de las pre-pagas; está confiada en las negociaciones paritarias, tan exitosas entre los legisladores nacionales y los presidentes de ambas cámaras del Congreso. Es probable que, además, cada uno esté frente a la opción tan única y clara que planteó don Julián Domínguez: ser rico o ladrón.

Anoche, la señora Presidente pronunció, en Rosario, uno de los discursos más crispados, tanto por sus palabras como por la gestualidad, de cuantos nos ha propinado desde que asumiera pero, por primera vez, dejó traslucir el miedo. Después de romper un inicuo silencio de tantos días sobre el crimen de Once –“yo no especulo con el dolor”- no habló, como puede suponerse, para la compacta aunque escasa masa de militantes que la rodeaba sino al país, “los que me quieren y los que no me quieren”.

Sus dichos, como era de esperar, fueron el vehículo para la transferencia de responsabilidades hacia tiempos lejanos –¡notable!, porque el cristi-kirchnerismo lleva ya nueve años en el poder- y hacia figuras, personas y empresas a las que puso fuera de su ámbito de decisión.

La confianza ciega que demostró frente a la Justicia, a la que sólo le pidió cierta premura, está basada en el comportamiento de la misma frente a casos como Bonafini-Shocklender, Skanska, los fondos de Santa Cruz, los secretarios privados millonarios, su conyugal y desmesurado enriquecimiento, la compra de tierras fiscales en Calafate, la bolsa de Felisa Miceli, las valijas con droga de SouthernWinds y, sobre todo, la investigación de los negocios y componendas entre Jaime y los Cirigliano.

Debería saber que, cuando Jaime entregaba un subsidio, pedía un enorme retorno, que debía ser pagado en efectivo y por anticipado, y que ese retorno cruzaba la calle Hipólito Yrigoyen en valijas que terminaban en las propias manos de don Néstor (q.e.p.d.). Si lo supiera, no le resultaría tan indispensable esperar el resultado de unas pericias con las que ya cuenta, preparadas por la Auditoría General, por la Defensoría del Pueblo, y hasta por la propia CNRT; es más, si hubiera leído esos informes, es probable que en noviembre de 2011 no hubiera ido al FC Sarmiento a felicitar a la empresa TBA.

Es simple, los trenes chocan y matan porque la plata se la llevan los empresarios y los funcionarios, no por obra y gracia del Espíritu Santo; éste se limita a observar qué hacen los humanos con la libertad que han recibido. Y éstos, al menos en la Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba, se desentienden de la política, votan cada dos años, y entregan sus bienes más preciados –esa libertad y hasta la vida- a políticos inescrupulosos, que sólo buscan enriquecerse para ampliar su poder.

También hace pocos meses, cuando YPF anunció el descubrimiento del yacimiento de shale oil, doña Cristina se trasladó, con todo su gabinete, a la sede de la empresa, a la cual felicitó por las inversiones realizadas, esas mismas que, por arte de magia, parecen haber desaparecido, como si esto fuera posible. Aquí también se ve aún la mano de don Néstor (q.e.p.d.) quien, para hacerse de un importante porcentaje de la compañía, hizo que los Eskenazi lo compraran a Repsol sin poner un centavo, pero asegurándole que podrían retirar el ¡90%! de las utilidades –las empresas del sector reparten entre el 30% y el 40%, como máximo- y dejó a la Argentina sin reservas.

Reflexionando acerca de lo que ha pasado en nuestro país desde el 23 de octubre (¡hace sólo cuatro meses y parece una eternidad!), me vino a la memoria uno de los libros que más me han apasionado y cuya lectura recomiendo enfáticamente a quienes pretendan comprender el momento actual de nuestra historia. Se trata de “El Emperador”, de Ryszard Kapuściński (1932-2007), uno de los mejores periodistas polacos, que editó en nuestra lengua Anagrama (última edición, 2008), y que aún se encuentra en las librerías.

El libro en cuestión describe el final del reinado del Emperador Haile Selassie, de Etiopía, a quien llamaban el Rey de Reyes, el León de Judá, etc., que gobernó su país durante casi cincuenta años, hasta su derrocamiento en 1974. Es tan claro el parangón entre el clima que se vivía entonces en Addis-Abeba, la capital, y lo que sucede hoy en Buenos Aires que no puede dejar de llamar la atención y permite presagiar el futuro inmediato. Para no extenderme más, sólo citaré una frase como ejemplo: “El informarse oralmente tenía una enorme ventaja: si era necesario, el Emperador podía declarar que tal o cual dignatario le había informado de algo muy distinto a lo que había sucedido y aquél no podía defenderse al no disponer de ninguna prueba por escrito”; cualquier parecido con lo que ocurre entre don Patotín Moreno y los industriales y banqueros no es una mera coincidencia.

La realidad -esa que, según Perón, es la única verdad- nos dice que hoy el Gobierno tiene un solo opositor, enormemente fuerte y poderoso, con el cual, además, no puede negociar: la economía.

Ayer doña Cristina, muy aplaudida por la corte de obsecuentes que había trasladado a Rosario para el inexplicable acto de homenaje a Él, mintió descaradamente en todo, salvo cuando dijo que ya no tenía dinero. Fue la primera vez que el Gobierno asume las dificultades a las que se enfrenta, por esa anormal –para el cristi-kirchnerismo, que tanta suerte ha tenido- conjunción de factores negativos, encabezados por la caída en las exportaciones de soja y en los precios de ésta por un menor crecimiento de China, y por la fenomenal suba en los precios de los combustibles que Argentina importa, que crecerán aún mucho más en caso de que Irán cierre el estrecho de Ormuz.

No bastarán, entonces, las disparatadas medidas restrictivas de don Patotín sobre los mercados de divisas, sobre las remesas de las empresas al exterior y sobre las importaciones de todo tipo. Doña Cristina, y don Amadito Boudou bien lo sabe (aunque siga manteniendo un inexplicable silencio), dispone de la maquinita de imprimir billetes de pesos, pero la que confecciona los imprescindibles y escasos dólares la tiene Barack Obama y no Ciccone.

Esos dólares, que están inundando a Chile, Perú, Colombia y, sobre todo, a Brasil –a punto tal que todos nuestros vecinos han debido regular su ingreso-, no llegarán a Argentina mientras la saga de los Kirchner continúe, porque no existe ninguna seguridad jurídica en nuestro país, y nadie cree que la haya en los próximos tiempos. Sin esas inversiones, no resultará posible realizar las obras de infraestructura reales (no los simples anuncios, a los que el Gobierno nos tiene acostumbrados) que necesitamos ya desesperadamente, se trate de rutas y caminos, de reservas petroleras y de gas, de generación de energía, de puertos y vías navegables, de ferrocarriles, de riego y de saneamiento y hasta de ampliación de la oferta de bienes de consumo.

Anoche, en el programa “La Mirada de Roberto García”, el último entrevistado, José Antonio Díaz, editor de la sección de economía de la revista “Noticias”, regaló al conductor –quienes concurren dejan algo para los oyentes y reciben un angelito como recuerdo- un paraguas; resultó muy oportuno, pero olvidó incluir un casco, porque lloverán cascotes.







Bs.As., 28 Feb 12

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martes, 21 de febrero de 2012

La Argentina que quiero

La Argentina que quiero



“No te rindas, aún estás a tiempo

de alcanzar y comenzar de nuevo”

Mario Benedetti



Las ideas que se incluirán en esta nota no tienen más pretensión que ser los títulos de los grandes temas, para que, en conjunto y con la mayor cantidad de ciudadanos posible, discutamos una alternativa para el futuro de nuestro país, después de décadas de retroceso y decadencia.

Creo que, hoy, las mayores preocupaciones de la gente en general están vinculadas a la economía, a la seguridad y a la corrupción, pero que debería priorizarse la educación, como principal causa del progreso y del desarrollo.

La enumeración que sigue no tiene un orden específico de importancia, toda vez que, estimo, debe tratarse de acciones a realizar simultánea y rápidamente, porque se trata de recuperar la República. Pido anticipadas disculpas por tanto por la extensión de esta nota -sintetizarla más me resultó imposible- cuando por el cierto desorden que en ella impera.

1. Volver al sistema de división estricta de poderes establecido por la Constitución Nacional.
2. Prohibir la reelección por más de una renovación de mandato en toda la Administración pública y en los organismos públicos no estatales, estableciendo la necesidad de una muy fuerte mayoría especial para la modificación de estas normas.
3. Desterrar la “lista sábana” y establecer la boleta única, hasta llegar al voto electrónico, en todos los niveles del Estado.
4. Transparentar la financiación de la actividad política, con estricto control de los ingresos y egresos de los partidos, sindicatos y organizaciones empresariales.
5. Crear un registro permanente y público de la actividad parlamentaria en la Nación, las provincias y los municipios, que incluya la asistencia de cada legislador, qué proyectos presentó y el modo en que votó cada iniciativa.
6. Anular la modificación en la composición del Consejo de la Magistratura, volviendo a la original.
7. Juzgar, en ese Consejo, la actividad de todos los magistrados actuales, nacionales y federales, incluidos los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, con criterios estrictamente jurídicos, para garantizar que los magistrados que permanezcan en funciones desempeñarán su labor con seriedad, con honestidad, con recato, con sapiencia, con eficiencia, con independencia y con celeridad.
8. Restablecer la Justicia de menor cuantía, con gran dispersión territorial; los jueces, fiscales y defensores a cargo de la misma serán elegidos por el voto popular, por tiempo determinado, y deberán estar domiciliados en su misma jurisdicción.
9. Exigir a los jueces el estricto respeto a los principios de legalidad, de juez natural, de ley anterior al hecho del proceso y de inocencia.
10. Restablecer la vigencia de los derechos a comerciar, a transitar y a expresar opiniones libremente.
11. Crear el cargo electivo de delegado policial en cada barrio y localidad de menor tamaño, con mandato temporal y una sola reelección, con la obligación de residir en la jurisdicción, y con mando sobre las fuerzas policiales del lugar.
12. Dejar en manos de la Nación y de las provincias la centralización de la información criminal, poniéndola al servicio de la investigación y de la prevención.
13. Recuperar, para cada una de las fuerzas de seguridad, su rol original, y rotar permanentemente a sus jefes locales.
14. Establecer un efectivo control de nuestras fronteras, con todos los adelantos técnicos del caso, y sancionar la “ley de derribo” para las embarcaciones y aeronaves no identificadas.
15. Endurecer fuertemente las penas por delitos relacionados con el tráfico de drogas y de personas.
16. Mejorar la capacidad y la calidad del sistema carcelario, dando acceso al mismo a la inversión privada en materia de “hotelería”.
17. Recrear el respeto absoluto e irrestricto de los contratos y de la palabra empeñada, especialmente en aquéllos vinculados a la infraestructura y a los servicios públicos.
18. Renegociar rápidamente con el Club de París y con los holdouts, para recuperar la confianza de los mercados internacionales.
19. Cumplir las sentencias del CIADI.
20.Impulsar definitivamente el Mercosur y los tratados de libre comercio del mismo con el mundo entero.
21. Asumir, como política de estado, una visión geopolítica permanente, de modo de dar previsibilidad a nuestro comportamiento internacional.
22.Establecer, como política de estado, los caminos diplomáticos tendientes a la recuperación de las Malvinas, e incentivar la vinculación permanente entre el continente y los habitantes de las islas, descartando toda iniciativa militar, prohibiendo los discursos agresivos en tal sentido.
23.Encomendar al Ministerio de Planificación la confección de planes de desarrollo a treinta años, con ajustes finos anuales, de modo de dar previsibilidad a la economía y de permitir orientar la producción de bienes y servicios.
24.Recrear el respeto a la propiedad privada, en todas sus formas.
25.Crear reglas claras, transparentes e inamovibles para la actividad económica, que permitan dar previsibilidad a todos los proyectos y a todas las inversiones, más allá de los riesgos propios de cada actividad.
26.Salir al mundo a buscar las indispensables inversiones, exhibiendo una irreprochable seguridad jurídica, especialmente en lo que a la obra pública y a la exploración y la producción de hidrocarburos y minerales se refiere, orientando su aplicación en función de las necesidades del país.
27.Crear un organismo de control ambiental inobjetable e insospechable, que incluya la participación de expertos internacionales en cada materia.
28.Ejercer un control efectivo y eficiente de los fondos provenientes de actividades ilícitas o de la evasión, y reprimir fuertemente el lavado de dinero.
29.Establecer el “juicio de residencia” y de responsabilidad, de modo tal que todos los funcionarios que ejerzan cargos públicos a partir de determinado nivel de responsabilidad sean juzgados por un tribunal especial al dejar sus funciones, poniendo especial énfasis en los aspectos patrimoniales.
30.Revitalizar y garantizar la independencia, dotándolos de los recursos necesarios, de organismos de control tales como la Oficina Anticorrupción, la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, la Auditoría General de la Nación, la Administración Federal de Ingresos Públicos –con la Dirección General Impositiva y con la Administración Nacional de Aduanas-, la Defensoría del Pueblo de la Nación y la Unidad de Administración Financiera.
31. Crear la Carrera y la Escuela de Administración Pública, para lograr que, en un tiempo prudencial, todos los funcionarios hasta el nivel de director general o equivalente, sean obligatoriamente graduados en la misma.
32.Crear organismos de evaluación permanente de los docentes, para lograr que éstos, en todos los niveles de enseñanza, mantengan la actualización de sus conocimientos, acompañando la evolución tecnológica, y retribuir suficientemente su labor; establecer normas claras que repriman el ausentismo injustificado.
33.Recrear el principio de autoridad de los docentes de todos los niveles, y exigir su respeto por parte de estudiantes y familias.
34.Establecer exámenes de ingreso, de gran exigencia, a las universidades públicas, y mantener esa excelencia durante toda la carrera de los estudiantes.
35.Crear un organismo independiente para determinar las necesidades que tendrá el país de profesionales de cada especialidad en los siguientes cinco años, y becar, incluyendo el pago de un sueldo, a los mejores estudiantes de esas carreras.
36.Arancelar el estudio, en las universidades públicas, de todos aquellos estudiantes que el país no requerirá, de acuerdo con el análisis al que se refiere el punto anterior.
37.Establecer a la universidad pública como consultoría obligatoria, rentada, para todas las empresas y emprendimientos del Estado.
38.Establecer, como política de estado, el respeto por todos los derechos humanos, condenando las violaciones a los mismos, cualquiera sea el signo político de quien los desconozca.
39.Modificar la coparticipación impositiva, recuperando para las provincias y los municipios la independencia económica, fuente de la libertad política.
40.Realizar una profunda reforma impositiva, simplificando y universalizando el cobro de impuestos, con graves y severas penas para los evasores, y suprimir aquéllos que –como el impuesto al cheque- resultan recesivos.
41. Suprimir el cobro del IVA en los artículos que componen la canasta básica familiar.
42.Destinar el producto de la percepción de tasas específicas a los fines establecidos en su sanción.
43.Restablecer la credibilidad y el profesionalismo en el Indec, de modo de permitir a nacionales y extranjeros disponer de estadísticas confiables y seguras.
44.Incentivar el progreso tecnológico, de modo tal de incrementar la exportación argentina a mercados internacionales de altos precios y de calidad, y abrir, muy gradualmente pero con plazo fijo, los mercados internos a la competencia extranjera.
45.Proteger a la industria nacional, facilitando su acceso al crédito pero impidiendo que, con protecciones de todo tipo, transforme al país en un coto de caza privado.
46.Establecer la independencia del Banco Central, como custodio del valor de nuestra moneda.
47.Dar a conocer públicamente todos los gastos, compras e inversiones del Estado, en todos sus niveles.
48.Permitir a los partidos de oposición y a las distintas ONG’s cuyas actividades se vinculen al tema, el control de las obras de infraestructura.
49.Facilitar el acceso a la información, reprimiendo severamente a los funcionarios que la oculten o lo impidan.
50.Transparentar y equilibrar la asignación de la pauta publicitaria, distribuyéndola con criterios objetivos.
51. Facilitar el acceso a los medios de comunicación públicos a todos los partidos políticos y a todas las formas de expresión, impidiendo que aquéllos continúen siendo utilizados por el gobierno de turno.
52.Mejorar los salarios de los primeros niveles de la Administración pública, y prohibir el ejercicio de actividades privadas durante los mandatos de funcionarios y legisladores.
53.Establecer una clara política de inmigración, regulada y planificada, respetándola y haciéndola respetar por quienes deseen habitar nuestro suelo.
54.Recuperar la salud pública, tanto en materia instrumental como edilicia, para ponerla al eficiente servicio de cada comunidad, arancelando las prestaciones para quienes no residan en ella.
55.Respetar los capitales asignados al fondo de sustentabilidad de las jubilaciones; devolver al Pami y a la Anses los fondos retirados para financiar el gasto público populista.
56.Tender, responsablemente, al pago de un porcentaje preestablecido de los últimos salarios como jubilación, y respetar estrictamente las sentencias judiciales previsionales.
57.Dotar al país de un desarrollado sistema de transporte vial y ferroviario, con la indispensable participación de la inversión privada.
58.Optimizar el transporte público urbano, de modo de desalentar el uso de medios individuales.
59.Recrear fuerzas armadas altamente capacitadas y equipadas para ejercer efectiva defensa del territorio nacional, incluyendo a la plataforma marítima.
60.Abrir responsablemente los cielos, de modo tal que exista una legítima y leal competencia en el transporte aéreo, manteniendo la participación del Estado solamente en aquellas rutas que no resulten rentables.
61. Facilitar, mediante los pertinentes créditos a muy largo plazo, el acceso de todos los habitantes a una vivienda digna.
62.Mantener permanente actualizado un censo de las personas que viven en la pobreza y la indigencia, para permitir la eficiente actuación de los planes de ayuda y progreso, pero con estricta contraprestación laboral de los beneficiados.
63.Universalizar verdaderamente la asignación universal por hijo, incluyendo la etapa de gestación, en reemplazo de todas las deducciones impositivas en tal concepto y de las asignaciones familiares.
64.Establecer normas claras e inamovibles en materia de empleo, para permitir regenerar un importante incremento de la mano de obra registrada, y combatir fuertemente la informalidad laboral.

Estos son, a mi criterio, los puntos básicos –probablemente, haya olvidado varios- que debemos discutir los argentinos si queremos que nuestro país recupere el prestigio que supo tener en el concierto mundial. Para su discusión, acabo de crear un grupo en Facebook que lleva por nombre “Alternativa para el futuro de la Argentina”; como dije, cuantos más participemos del debate, mejor será el resultado y las posibilidades de éxito.

Sobre estas bases, podremos asegurar ese futuro, no solamente para nuestros hijos y nietos sino para la misma supervivencia de la Nación como tal.









Bs.As., 21 Feb 12



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jueves, 16 de febrero de 2012

Minas, chorros y recuerdos

Minas, chorros y recuerdos






“Muchas veces compramos el dinero demasiado caro”.



William Makepeace Thackeray





En la medida en que muchos lectores me han preguntado mi posición acerca del problema generado entre el Gobierno –nacional y provinciales- y los pobladores de las zonas afectadas y los ambientalistas de todo cuño en torno a la minería a cielo abierto, y confesando mi supina ignorancia sobre el asunto, dedicaré algunos párrafos al tema.

Primero, estoy convencido que la extracción de oro utilizando el cianuro como catalizador es altamente contaminante y compromete el futuro de generaciones. Desde otro ángulo, no parecen haberse descubierto aún otros métodos que reemplacen al cuestionado. Sin embargo, también creo que existen tecnologías -por cierto, mucho más caras- que permiten reciclar y reutilizar totalmente el agua contaminada, evitando que el cianuro llegue a la napas freáticas y provoque el envenenamiento de todas las formas de vida.

En resumen, el problema se reduciría a establecer severas normas ambientales en todo el territorio que exijan la protección a la biosfera y la contratación de importantes seguros para cubrir los riesgos de accidentes, que siempre pueden presentarse, de forma tal que los daños producidos sean reparados por las empresas mineras y no por los ciudadanos en general, a través de sus impuestos.

Pero esa reducción, al menos en la Argentina, no es una cuestión menor. Aquí, quienes ejercen los más altos poderes del Estado, en sus tres niveles y casi sin excepción, han demostrado con creces su permeabilidad a la hora de atender los intereses de las compañías. Así, doña Cristina vetó la Ley de Protección a los Glaciares, aprobada por unanimidad en ambas cámaras del Congreso, y condena como terroristas a los mismos ambientalistas que protegió sin límites en la cuestión de las pasteras, Beder Herrera (La Rioja) ha dado un giro copernicano en sus posiciones al respecto, Gioja (San Juan) y su familia son proveedores de las mineras, y Corpacci (Catamarca) manda a su Policía y a sus patotas a reprimir a quienes se oponen a estas explotaciones.

Entonces, surge la pregunta de oro: en un tema crucial, como es el agua y el ambiente humano, ¿dejaría Ud. el control de calidad en manos de estos señores? La respuesta a este dilema, que amenaza con convertirse en una piedra en el zapato del cristi-kirchnerismo debiera ser, por lo menos hasta que recuperemos la confianza en nuestras instituciones, encomendar ese control a algún organismo ambiental internacional exento de toda sospecha y avanzar con la explotación de nuestros enormes recursos mineros.

La semana política estuvo signada por otros dos temas, absolutamente relacionados entre sí por un acto fallido. Me refiero, obviamente, a la papelera Ciccone y su vinculación con nuestro egregio Vicepresidente de la Nación, don Amadito, y al aumento de las dietas de los legisladores nacionales.

Y cuando digo que los vincula un acto fallido, estoy hablando de las declaraciones del Presidente de la Cámara de Diputados, don Julián Domínguez. Este dijo, sin ponerse colorado, que los aumentos de los sueldos se justificaban porque, de lo contrario, el ejercicio de la política estaría reservado sólo a los ricos y a los ladrones.

Es claro que, entonces, si ese aumento se produjo recién ahora, las cámaras deben haber estado compuestas, hasta hoy, por personajes así, poderosos y deshonestos. Creo que don Domínguez cometió un craso error al limitar su imputación a los legisladores, ya que el Vicepresidente y algunos miembros del Poder Judicial han demostrado, aún por su solo silencio, que también son miembros privilegiados de esa cofradía.

Que la Corte Suprema no haya dicho palabra acerca de los prostíbulos de don Zaffaroni o del anillo de don Oyarbide, o que doña Cristina, tan afecta a las cadenas, no haya mencionado ni una sola vez el escándalo que desnudó Alconada Mom en “La Nación” y que tanto afecta a don Amadito, y que no se haya producido un marcado reproche por parte de la ciudadanía en su conjunto son hechos que mucho explican sobre nuestra sociedad y, sobre todo, de la forma en que escogemos a nuestros representantes.

Como siempre sostengo, es mentira que “los pueblos tienen el gobierno que se merecen”; lo correcto es que “los pueblos tienen el gobierno que se les parece”. Porque todos estos cafres que nos gobiernan no salieron de un repollo o nos los trajo una nave espacial de una galaxia remota; son “nosotros” y, como tales, tienen nuestros mismos defectos y nuestras mismas –escasas- virtudes.

Como contrapartida a un crecimiento que mucho debe agradecer al viento de cola -¡con los precios de la soja de los últimos años, hasta De la Rúa hubiera sido un estadista!- y a un consumo incentivado más allá de toda lógica por el populismo de los Kirchner, la sociedad no reaccionó –y sigue sin hacerlo- frente a hechos tales como
· La modificación en el Consejo de la Magistratura, que puso bajo la férrea bota del Poder Ejecutivo a todo el Poder Judicial.
· El cambio de facto del sistema de coparticipación federal de impuestos, que doblegó a todos los gobernadores a los deseos de la familia imperial.
· La destrucción del Indec, la falsificación de todas las estadísticas oficiales y el ocultamiento de la galopante inflación y su efecto sobre millones de pobres.
· La pérdida de doce millones de cabezas de ganado, el aumento sideral del precio de la carne y su correlativa disminución del consumo.
· Los falsos pero altisonantes anuncios de inversiones chinas.
· El financiamiento de las campañas del Frente para la Victoria con las valijas de Antonini Wilson y el aporte de las droguerías vinculadas al narcotráfico.
· La desaparición de los “fondos de Santa Cruz”, sin dar nunca explicación alguna.
· La sistemática destrucción de todos los organismos de control de la Administración: Oficina Anticorrupción, Fiscalía de Investigaciones Administrativas, etc.
· Los siderales precios de la obra pública en Santa Cruz, que más que duplican los practicados en San Luis, por ejemplo.
· La permanente desobediencia a sentencias adversas de la Corte Suprema, casos Procurador Sosa, Perfil o Badaro, por ejemplo.
· La dilapidación de fondos públicos en propaganda encubierta a través de los medios de prensa propios o de amigos, o en los programas Fútbol para Todos y, ahora, TC para Todos.
· El saqueo de todas las “cajas”, desde el Banco Central, el Banco Nación, la Anses, el Pami, hasta la apropiación de los ahorros privados en las AFJP’s.
· El inexplicable enriquecimiento patrimonial –en “blanco”- de personas que sólo han tenido cargos públicos, comenzando por los mismos Kirchner.
· La compra, por centavos, de tierras fiscales en Calafate, para revenderlas inmediatamente a precios siderales.
· La destrucción, por falta de inversiones, en las redes ferroviarias y camineras del país, mientras se dilapidan fortunas en objetivos menores, pese a la creciente cantidad de muertes que ello provoca.
· El otorgamiento de concesiones petroleras, especialmente en Santa Cruz, a amigos del Gobierno que sólo habían visto el petróleo cuando cargaban nafta en el auto.
· La pérdida de reservas en petróleo y gas y la permanente desinversión en el sector, y la transformación de la Argentina de país netamente exportador de energía a país importador.
· La creciente dependencia del exterior para abastecer al consumo interno de combustibles, a precios cada vez más caros.
· La “estatización” de Aerolíneas Argentinas, con subsidios que llegan a los dos millones de dólares diarios, para que viajen sólo los ricos.
· El fabuloso endeudamiento con la Venezuela de Chávez, mientras se pregona el pago al Fondo Monetario, que cobraba tasas muy inferiores.
· Los aviones, yates y casas de Ricardo Jaime.
· La bolsa con dólares de Felisa Miceli.
· Las estafas de los Shocklender y las Madres de Plaza de Mayo, línea Hebe de Bonafini.
· La sobrefacturación de obras públicas, y el uso de facturas “truchas” para encubrir las coimas a funcionarios.
· La constitución de una consultora para trabajar con el Gobierno, de la que fueron accionistas don Néstor y doña Cristina.
· La persecución sistemática a la prensa independiente, especialmente mediante el reparto discriminatorio de la pauta publicitaria oficial.
· El fabuloso crecimiento de la “industria” del juego, que exprime hasta los centavos de los sueldos de los más pobres.

La lista, obviamente, no termina allí, pero mi memoria es frágil y continuarla va a depender del aporte de cada lector. Sin embargo, permite comprender a qué me refiero cuando hablo de la lenidad con que la sociedad trata a la corrupción del poder, mientras éste le garantice autos, plasmas y vacaciones. La comparación con el Brasil de Dilma Rousseff, que no duda en echar a los ministros sospechados de corrupción, es un espejo cercano que nos devuelve una triste imagen de la Argentina.

Pero, lamentablemente, todo esto es pan para hoy y hambre para mañana, como comprenderemos en poco más de un mes, cuando comiencen a golpear nuestros bolsillos aumentos tarifarios que, como bien dijo y ejemplificó Roberto Cachanosky el lunes, superarán a los del famoso “rodrigazo”.

Hoy, el único enemigo serio de doña Cristina y su gobierno es la economía que, mal que le pese a don Patotín Moreno, tiene reglas propias e inmutables. El escenario macro no tiene nada que ver con el que arrojó al país al abismo del 2001 y, sobre todo, no hay en la oposición –ni en el propio Gobierno- nadie que pueda ser una alternativa de poder.

Federico Pinedo –traicionando a los abogados en el Consejo de la Magistratura por la vía de Alejandro Fargosi, o aplaudiendo los disparates de la señora de Kirchner- desde el Pro, y Mario Barletta –tratando de cambiar a Leandro Despuy en la Auditoría General de la Nación por un correligionario más “buscador de consensos” con el poder- desde la UCR, son botones de muestra de qué cabe esperar de los pseudo opositores.

Pero, como siempre digo, en las crisis se nota el temple de algunos, que se destacan espontáneamente. Habrá que ver cuándo sucede este fenómeno, y cómo reaccionará un pueblo desilusionado por el fracaso de este “modelo” de falso bienestar.

El miércoles próximo, me comprometo, ofreceré las primeras ideas para ese cambio, tan indispensable para la viabilidad de Argentina como país.








Bs.As., 16 Feb 12


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domingo, 5 de febrero de 2012

Armando futuro

Armando Futuro







“La libertad es la obediencia a la ley





que uno mismo se ha trazado”.





Jean-Jacques Rousseau







Puse fin a mi nota anterior diciendo que resulta imprescindible que produzcamos una real alternativa a este “modelo” que pueda presentarse ante la sociedad y concitar las adhesiones necesarias para llevarla a la práctica, devolviendo al país un futuro del cual, hoy, carece a ojos vistas.

Gracias a Dios, doña Cristina coincidió conmigo en su abuso, ahora semanal, de la cadena oficial; nos enseño, dedito en alto, que lo que debíamos hacer, si queríamos pensar en un país diferente al que nos está imponiendo encaramada en su 54%, era presentarnos a elecciones y ganarlas.

Tengo la sensación que esa enorme y apacible marea de opinión favorable que hoy acaricia su ego, se transformará en un mar complicado tan pronto los argentinos se den cuenta que la fiesta se ha terminado y que serán forzados a pagar la cuenta. Lamentablemente, será una elevada factura, ya que habrá que optar, por ejemplo, entre mayores ajustes o desabastecimiento energético, tal como nos dijo la señora Presidente al informarnos que las importaciones en la materia superaron los nueve mil millones de dólares en 2011.

Me imagino un hogar típico de clase media, con auto propio y con gran cantidad de electrodomésticos recién adquiridos en cuotas, haciendo cuentas malabares para pagar los aumentos en los impuestos, en las tasas municipales, en las prepagas médicas, en los servicios de agua, gas y luz, en los colegios y en el transporte, y todo ello con una inflación galopante que incide, sobre todo, en los alimentos. ¿Seguirán, entonces, sus integrantes creyendo todavía en el “relato” oficial que niega el ajuste mientras lo llama “sintonía fina”?

Entonces, retornando al tema de la nota, creo que ha llegado el momento de proponerle a la ciudadanía otras ideas a las cuales adherir cuando el descontento llegue, que contengan ingredientes tales como verdadero civismo y libertad.

Creo que lo primero que debemos entender, y compartir, es que la “cosa pública”, en todas sus manifestaciones, nos pertenece a todos. Que sólo si tomamos conciencia de esa verdad de Perogrullo podremos cambiar este destino de decadencia nacional que, hoy, parece irremediable; para comprobar nuestro derrumbe basta pensar que, hace ciento treinta años, el analfabetismo había desaparecido de la Argentina.

Nada hay en la historia del hombre sobre la tierra más igualador que la educación, y el populismo la ha convertido entre nosotros en zona de desastre.

Una vez que comprendamos cuán negativamente influye la falta de seguridad jurídica –que sólo puede ser corregida por una Justicia independiente, preparada y rápida-, en nuestra vida cotidiana, comenzarán a solucionarse, como por arte de magia, todos los graves problemas que nos aquejan como sociedad.

Veamos, juntos, a qué me refiero. El primer tópico es que todos, todos, debemos ser esclavos de la ley, porque sólo esa esclavitud nos hará verdaderamente libres. Tenemos que entender que toda sociedad civilizada, y hay muchas en el mundo para tomar de ejemplo, establece sus propias normas de convivencia, que evitan que, en los conglomerados humanos, vuelva a primar la ley de la selva.

La aplicación local de ideas ya experimentadas con éxito en otras latitudes, como la “tolerancia cero”, debe ser hecha a rajatabla, comenzando por las faltas más insignificantes para llegar a las mayores y terminar con el delito impune.

La sociedad argentina, en su conjunto, está clamando a los poderes públicos por la inseguridad cotidiana, pero parece no entender que, detrás de cada chico o joven que mata, hay un vendedor de drogas, protegido y socio de los políticos y funcionarios que se enriquecen y financian su populismo y, siguiendo la cadena, cobran coimas por obras sobrefacturadas o desvían fondos para su peculio personal o malvenden los recursos nacionales por mero afán de lucro.

Tenemos que entender que todo, todo eso, forma parte de lo mismo, y encarar así su solución; de otro modo, terminaremos en lo que fue Colombia hasta hace pocos años, o México hoy mismo, y entonces será tarde.

Con una Justicia como la descripta, todo será posible; sin ella, nada lo será.

Si el mundo tuviera confianza en la Argentina y sus instituciones, llegarían de inmediato las inversiones necesarias para transformar, realmente, a nuestro país en la potencia que fuimos. Podríamos contar con carreteras, ferrocarriles y puertos eficientes y seguros; volveríamos a tener, seguramente, grandes reservas de gas y petróleo, y retornar a la categoría de netos exportadores de energía; con inteligencia y planificación, nuestra industria podría transformarse en señera en materia de calidad y diseño; se crearían empleos de alta calidad, generando una demanda que traccionaría hacia arriba, con sus exigencias, esa educación de la que hablaba; etc., etc., etc.

Para lograrlo, esa misma Justicia deberá ser la que controle a los otros poderes del Estado y a las personas que los ejercen, verificando tanto que cumplan estrictamente la ley y las obligaciones que ésta les impone, cuanto su evolución patrimonial, antes y después de asumir sus cargos, castigando severamente hasta los más ínfimos desvíos, pero imputando también a los empresarios que hubieran sido la contrapartida de tales “travesuras”.

Para comprender una frase acuñada hace tiempo –“Qué buenos gobernantes hubieran sido los Kirchner si fueran buena gente”- basta pensar que el Estado dispuso de una masa de dinero enorme –trescientos cincuenta mil millones de dólares- que, si se hubiera aplicado con decencia e inteligencia, hubiera cambiado el país para siempre; sin embargo, dilapidada en populismo y corrupción, hará que el período que se inició en 2003 sea, tal vez, la más grave década perdida de nuestra historia.

Debemos volver a respetar, y a hacer respetar, todos los derechos humanos, tal como los describe nuestra Constitución. La propiedad privada, la libre circulación, la educación y la salud, la vivienda digna, la libertad de prensa, deben dejar de ser “gracias” de un Estado pseudo benefactor, que sólo trae decadencia y miseria.

Como es fácil de comprender, no es posible ofrecer un plan de gobierno y de país en una nota periodística, necesariamente limitada en su extensión; pero un grupo de argentinos nos hemos puesto a trabajar para ofrecerlo, como alternativa, a la ciudadanía. No se tratará de ideas de derecha o de izquierda sino, simplemente, de sentido común, y esperamos tenerlo concluido antes que el descontento, nuevamente, haga de las suyas en la Argentina.






Bs.As., 5 Feb 12

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martes, 31 de enero de 2012

Humo, ¿será miedo?

Humo, ¿o será Miedo?






“En el gobierno, como en el cuerpo humano, las



enfermedades más graves proceden de la cabeza”



Plinio el Joven





Todos los diarios y canales de televisión dedican estos días gran parte de sus centímetros y de sus segundos a hablar de dos temas que, a mi juicio, son sólo cortinas de humo.

Me refiero, obviamente, a la reforma constitucional que, anunciada originalmente por la inefable doña Diana Araña Conti y ahora reverdecida por don ex Amado Boudou, permitiría la reelección eterna de la señora Cristina Fernández de Kirchner y, cuando no, a las Malvinas.

En ambos casos se trata de simples expresiones de deseos del oficialismo, ya que ninguna de las dos tiene posibilidad alguna de concretarse. Sin embargo, todos los argentinos discutimos, sin siquiera reflexionar sobre las posibilidades de ocurrencia, y dejamos de pensar en los verdaderos problemas del país que la Presidente dejará y en cómo solucionarlos.

Para reformar la Constitución se requiere que el proyecto sea votado por dos tercios de ambas cámaras del Congreso, un porcentaje de votos que el cristi-kirchnerismo dista mucho de poseer, y que no podría ser acompañado por otras fuerzas políticas, tradicionalmente funcionales al Gobierno, pues implicaría su irreversible suicidio.

En cuanto a Malvinas, después del huracán Kirchner, que dejó a un país totalmente indefenso, en el cual sus fuerzas armadas sólo podrían batallar durante una hora antes de quedarse sin municiones y sin combustible, toda contienda militar debe ser descartada; es decir, deberá la Argentina continuar sólo con medios diplomáticos para intentar terminar con la infamia que constituye la autoridad británica sobre las islas. Sin embargo, la designación de doña Alicia Castro, una chavista convencida, como nueva Embajadora ante el Reino Unido, no promete grandes logros en ese sentido.

Entonces, dejemos de preocuparnos por los velos que mueve el Gobierno para entretenernos y vayamos al tema central de esta nota.

Desde la reasunción de doña Cristina, luego del “milagro” que el Gauchito Gil realizó con su falso cáncer, me he venido preguntando a qué atribuir la belicosidad de un discurso cuando quien lo pronuncia tiene casi el poder absoluto en su país, donde la oposición –tal como la conocíamos antes que don Néstor (q.e.p.d.) inventara la “transversalidad”- ha dejado de existir, donde la figura presidencial es reverenciada hasta la genuflexión por empresarios y funcionarios de todo pelaje, donde aún el Ejecutivo dispone de muchos fondos para gastar a su antojo, donde el Gobierno interviene en todas las esferas económicas, donde –según los informes oficiales- el Banco Central dispone de grandes reservas, y donde se ha logrado “romper el 7” al desempleo.

Debo confesar que no he encontrado demasiadas respuestas, y lo cierto es que la señora Presidente encontró nuevos enemigos –siempre ex aliados íntimos- a quienes echar la culpa de los males nacionales, aún cuando esto implique combatir en demasiados frentes a la vez.

Entre las muchas posibilidades, la que más ha hecho ruido en mi cabeza es: ¿será miedo?.

Ahora bien; ¿miedo a qué? Aquí, el abanico de probabilidades llega al infinito. Veamos algunas.

¿Miedo a perder el control de la calle? Don Hugo Camión Moyano ya tiene a sus tropas alineadas y, tal como era previsible, tiene entre sus aliados a Gerónimo Momo Venegas, a la CTA de Micheli y hasta a Barrios de Pie. Doña Cristina sabe que ella puede hacer que vaya preso, pero también es consciente de que su nuevo enemigo y ex aliado íntimo puede pararle el país entero. Nuevos actores están exigiendo protagonismo en este tema, como se vio en escenarios tan disímiles como Río Gallegos, Trelew, Famatina, Bariloche, Formosa …

¿Miedo a las cacerolas? Han comenzado a caer sobre las familias las bombas del verdadero “rodrigazo” que ha desatado el Gobierno bajo el nombre de “sintonía fina” y, con marzo, llegarán a los hogares los enormes aumentos en rubros tales como gas, luz, agua, tasas municipales, telefonía celular, prepagas médicas y colegios, que se sumarán a la suba en los alimentos. Si a esos “problemas” se les siguen sumando los cortes de energía, y la inseguridad continúa aterrando a la población, esa vieja reacción podría volver a producirse; si el invierno fuese tan frío como caliente es este verano, el “relato” se congelaría al mismo ritmo.

¿Miedo a corridas bancarias o cambiarias? Sólo una respuesta afirmativa a esta pregunta podría justificar los modos policiales que el principesco don Patotín implementó en diciembre contra los pequeños ahorristas, pese a que imputó a los bancos haber especulado con el dólar. La historia enseña que, cuando la ciudadanía percibe o, simplemente, cree que las reservas que el Banco Central informa son ficticias y que, en realidad, se trata de meros papelitos de colores sin valor, convierte sus ahorros en monedas que le dan tranquilidad, y que ese movimiento es imparable, por muchos policías, gendarmes, prefectos e inspectores de la Afip que se pongan en la calle.

¿Miedo a la confirmación del fracaso? Porque, si todo el escenario macro es tan brillante y está tan blindado como dicen los funcionarios, ¿cuál es la razón para que don Guillermo Moreno haya sido enviado a cerrar de este modo brutal la economía, a riesgo de paralizarla por completo? Este funcionario, que ha sido empleado como una eficiente herramienta desde la prohibición de exportar carne, que don Néstor (q.e.p.d.) implementó en 2006, puede ofrecer victorias de corto plazo pero, en la práctica, todas sus medidas se han traducido en enormes daños y perjuicios de largo plazo para el país. El propio Patotín ha dicho que, si el superávit comercial se reduce a US$ 5.000, el Gobierno “estará en el horno”.

¿Miedo a una nueva quiebra del Estado? Como consecuencia de la sequía, que parece haber terminado, las arcas públicas sufrirán una gran disminución en sus ingresos y, según parece, no habrá dólares suficientes para atender, a la vez, a los servicios de la deuda, a las importaciones indispensables para que la industria pueda producir, a las transferencias empresariales, al pago de más de US$ 9.000 por la importación de combustibles.

¿Miedo a la realidad post Indec? La señora Presidente se ufanó de haberle “roto el 7” al desempleo; si esa cifra surge del cuestionado organismo, lo cierto es que resulta poco creíble. Si bien en el mercado del empleo formal parece haber casi plena ocupación, el informal alcanza casi al 40% de la población, y allí los porcentajes trepan por ascensor. Por lo demás, si la cantidad de pobres y miserables aún es muy grande –los mal intencionados dicen que son iguales a 1998-, el descontento de quienes ven el crecimiento sólo en televisión puede ser comparable a las banquinas en épocas de sequía, cuando una colilla imprudente puede generar incendios, choques y muertes. Como se ve, varios miedos pueden terminar relacionados, y producir similares consecuencias.

¿Miedo a la imparable inflación? Si bien todos los economistas a los que he consultado descartan la posibilidad de una “espiralización” en el corto plazo, y a que el enfriamiento de la economía hará bajar algunas décimas esa fiebre, la estigmatización de don Hugo Camión Moyano puede responder afirmativamente a esa pregunta. Ambos ejércitos –los del Gobierno y los de la CGT y sus aliados- se encuentran ya en formación de batalla, en una guerra que tiene todavía un pronóstico incierto.

¿Miedo al PJ? La pretensión de entronizar a La Cámpora como el almácigo del cual saldrán los dirigentes del futuro no se condice con la escasa cosecha de votos que, cuando se presentaron por fuera de las estructuras, obtuvieron estos jóvenes tan bien rentados; eso lo saben muy bien los caudillos territoriales, que no cederán su poder fácilmente en ninguna circunstancia y, menos aún, cuando la “caja” disciplinadora ha adelgazado tanto.

¿Miedo a la conformación de una liga de gobernadores? La inédita presión para desgastar diariamente a Scioli, podría decir sí a esa pregunta. El peronismo tiene una larga tradición en la materia –basta recordar la crisis del 2001- como herramienta de reacción al desgranamiento del poder central, y el cristi-kirchnerismo carece de una figura que, más allá de la señora Presidente, pueda sentarse en el vértice unipersonal de su movimiento.

Son demasiados interrogantes, y se cuenta con escasas respuestas.

Sin embargo, una certeza aparece nítida: la actuación de doña Cristina, su desconfianza e inseguridad, traducida en la reducción permanente de su “mesa chica”, la necesidad de la recurrencia al luto y a la debilidad personal para suscitar compasión y adhesión, la permanente invención de nuevos culpables, la traición a sus mejores y más leales aliados, la conformación cada vez mayor de un Estado policial, no son actitudes de quien, como dije al principio, debiera sentirse casi una emperatriz triunfante.

Por el contrario, las nubes que se ciernen sobre el futuro inmediato, en un “modelo” político que ha sido estructurado exclusivamente en torno a la figura de la señora de Kirchner y que, por ello, carece de herederos naturales, son lo suficientemente negras como para generar miedo a sus integrantes.

Que, enfrente, tampoco haya nadie capaz de recibir la pesada herencia de desaciertos y sus consecuencias, es otra de las grandes incertidumbres de la Argentina actual. Sin embargo, en las crisis graves, siempre aparece alguien a quien, muchas veces equivocadamente, los argentinos atribuyen el papel de salvador.

Esta vez será un peronista de viejo cuño, aún cuando resulte ser un joven, o un apartidario; pero esto último es, si bien posible, altamente improbable, al menos antes de que se constituya una fuerza de centro-derecha fuerte, que debiera ser la prioridad del momento.



Bs.As., 31 Ene 12



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jueves, 26 de enero de 2012

¡Chapeau, Cristina!

¡Chapeau, Cristina!










“En el fondo, tener sentido del humor es ser consciente de la relatividad de las cosas” Antonio de Senillosa










Ayer por la tarde, compartiendo las expectativas de muchos habitantes del planeta, en su enorme mayoría mujeres, me dispuse a ver y escuchar a la señora Presidente en su esperada reaparición ante las cámaras y micrófonos, después de su ablación de la glándula tiroides.

Después de la hora y media en que el servicio oficial de propaganda nos permitió disfrutar de su renovada presencia, no puedo menos que aplaudirlo y, sobre todo, felicitarla.

Más allá del natural y casi obligado despeje de dudas acerca de las reales motivaciones de la cirugía, que realizó, con su gracia natural, mostrando su cicatriz en el cuello y la ausencia de justificadas plásticas, su manejo de la escena resultó perfecto.

El análisis, o la exégesis, de su alocución, que hice lápiz en mano mientras la escuchaba, me llenó de la más loca admiración.

No cualquiera puede sostener, sin que se le mueva una extensión, que la falta de combustibles que sufre la Argentina, que la obliga a importarlos por US$ 9.000 millones anuales, se debe a la desaprensión de las empresas productoras de gas y petróleo.

Ese pasaje me retrotrajo al año 2006, cuando su fallecido marido, en nombre de la “mesa de los argentinos”, prohibió las exportaciones de carnes. Después del desastre que eso produjo en la ganadería argentina, con doce millones de cabezas menos, y en la penetración internacional de nuestro más afamado producto, con cincuenta y ocho mercados menos y con pérdida de negocios tales como la cuota Hilton, ahora el Gobierno ha puesto marcha atrás y, de la mano de Guillermo Patotín Moreno, intenta colocar nuestros excedentes –fruto de la caída en el consumo interno por los altos precios que la escasa oferta genera- en ¡Angola!. Una vez más, la tragedia se repite, ahora como farsa.

Porque lo real, por mucho que le pese a la señora Presidente, es que la gravísima escasez de combustibles que padecemos se debe, exclusivamente, a la política energética que don Néstor (q.e.p.d.) y don Julio de Vido llevaron adelante desde 2003.

Aún para los más neófitos en el tema debe resultar clarísimo que, si se le paga a las empresas productores de gas US$ 2,5 en la Argentina y, a esas mismas empresas, US$ 7,5 por lo que producen en Bolivia, naturalmente éstas explorarán y producirán allí y no aquí. El tema ha sido objeto de concienzudo estudio por parte de ocho ex secretarios de Energía de la Nación, que han publicado sus trabajos a pesar de la censura oficial. ¿Ignora la señora Presidente que las compañías sólo invierten cuando la seguridad jurídica es un valor respetado por la sociedad y por su gobierno?

¿No sabe doña Cristina que, sólo para recuperar las reservas de petróleo que Argentina poseía en 2003 y que, gracias a su fallecido marido y a ella misma, casi han desaparecido, se requeriría una monstruosa inversión de trescientos mil millones de dólares?

Lo que sí resulta curioso es el giro copernicano realizado por doña Cristina en la relación del poder con la familia Ezkenazi, dueña –por obra y gracia de don Néstor (q.e.p.d.)- del 15% de YPF, pero administradora del total. Su fallecido marido no solamente hizo posible esa rara operación de compraventa sino que festejó la forma de pago del crédito que los dueños del Banco de Santa Cruz obtuvieron de Repsol –dueña del 85% restante- para adquirir ese paquete accionario: con dividendos de la propia empresa. Así, desde entonces, YPF no solamente dejó de invertir en exploración y en producción sino que repartió todos los dichosos dividendos, a contramano de lo que hace la industria petrolera en todo el mundo.

Si quien esto escribe fuera malpensado, diría que no hubo acuerdo post mortem de “Él” respecto al papel de los testaferros y a los porcentajes en que la propiedad de la empresa pertenece a cada uno; gracias a Dios, no lo soy, pero la definición de los Ezkenazi como nuevos enemigos del “modelo” no deja de llamar la atención.

Otra “curiosidad” de la presentación de doña Cristina fue el reproche a las organizaciones medioambientales y sociales por no haber formulado quejas respecto a las actividades de prospección que están realizando los ingleses –las compañías concesionarias- en la zona de Malvinas. Obviamente, se estaba refiriendo a las puebladas que se están registrando en todas las provincias mineras para impedir la minería a cielo abierto.

Después de ese comentario, del veto presidencial a Ley de Protección de Glaciares, aprobada por unanimidad por ambas cámaras del Congreso, y la manifiesta permisibilidad de los Kirchner –y sus gobernadores súbditos, como Gioja o el caradura de Beder Herrera- hacia las empresas mineras, cabe preguntarse qué tipo de relación los une, y por qué el Gobierno se ve obligado a defender lo indefendible, como prueban las explotaciones chilenas.

Uno de los muchos gags del discurso presidencial –uno, en especial, chabacano y de pésimo gusto- consistió en aplaudir la presencia de una bandera de La Cámpora en uno de los actos transmitidos por teleconferencia. Se felicitó por esa presencia, e instó a sus jóvenes integrantes a continuar con su curiosa militancia.

Esa organización, cuya jefatura se atribuye a don Máximo Kirchner, ejerce –entre muchos otros resortes del Estado- la Presidencia y la administración de Aerolíneas Argentinas, que registra el notable record de perder más de dos millones de dólares diarios. Si uno se entera que las tripulaciones, después de breves viajes, se quedan en destinos cercanos (Ushuaia, El Calafate, Rio de Janeiro, Asunción o Lima) varios días, en hoteles de lujo y en habitaciones individuales, y compara esos gastos con las necesidades en hospitales, escuelas, agua potable y cloacas, comienza a hervir de indignación.

La congratulación y la humorada referida a don Patotín indicó que doña Cristina y su mesa chica están dispuestos a “profundizar el modelo”, aumentando la intervención estatal en cada una de las actividades y controlando, con medidas policiales y arbitrarias, la relación comercial de la Argentina con el mundo. Más allá de confirmar la estupidez de los funcionarios, tal como la describió Albert Einstein –“hacer exactamente lo mismo y pretender resultados distintos es de tontos”- esa política y ese funcionario, por cierto nada más que una herramienta, han hecho engrosar rápidamente la lista de países descontentos con el nuestro.

Dilma Rousseff, que ha demostrado ser una verdadera “dama de hierro”, no dudará un segundo en implementar medidas contrapuestas, y la industria automotriz argentina –ya golpeada por la falta de insumos importados- pagará el pato; con ella, caerá uno de los dos grandes pilares, el otro es la soja, sobre los que se asienta el ya precario superávit comercial nacional.

Por omisión, también resultó notable la ausencia del tema agropecuario, es decir, la sequía, en el discurso presidencial. Con un Ministro de Agricultura que debe saber de pesca pero que no ha visto un campo en su vida, doña Cristina debe creer que las lluvias del martes habrían solucionado el problema, y que la emergencia terminó. Sin embargo, las informaciones de las que dispongo hablan ya de un daño irreversible, tanto en la cantidad de hectáreas cuanto en rendimiento; las estimaciones de las pérdidas oscilan entre los dos mil quinientos y los diez mil millones de dólares.

Evidentemente, la señora Presidente sigue siendo afecta al “relato”, intentando imponerlo a la economía real, ésa que llegará a partir de febrero a contar su verdad.

Moyano, con sus amenazas, Scioli, con sus pastillitas de independencia, los gremios, con sus naturales pretensiones de aumentos positivos, y las maniobras destinadas a enmascarar las medidas de ajuste que, al mejor estilo de Celestino Rodrigo, el Gobierno se verá obligado a continuar implementando, sin duda impondrán otro escenario y, sobre todo, harán que también se termine el viento de cola que sopló en agosto y en octubre.

Debo confesar, entonces, que quedé, una vez más, impresionado por las capacidades histriónicas de doña Cristina. Nos gobierna una de las mejores actrices que han pisado los escenarios, a punto tal de ameritar la creación de un grupo en las redes sociales para proponer su candidatura al Oscar, ya que no creo que pudiera prosperar otra para el Premio Nobel de la Paz.






Bs.As., 26 Ene 12

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miércoles, 18 de enero de 2012

LLanto final

Llanto Final









“¡Llora, llora como mujer lo que no






supiste defender como hombre!”






Sultana Aixa








Tal como todos preveíamos, y a contramano de los argumentos esgrimidos para defenderla, la Ley de Papel Prensa, sumada a los absurdos controles de don Guillermo Patotín Moreno sobre todas las importaciones, están dando los frutos buscados por este gobierno que busca ocultar la realidad tras el “relato”.

La Ley Antiterrorista, votada masivamente por estos infames traidores a la Patria que apoyan sus asentaderas en las bancas legislativas, completará el objetivo buscado.

El régimen de los Kirchner ha ido incrementando su poder, hoy omnímodo, sobre la sociedad desde el momento mismo en que don Néstor (q.e.p.d.) se transformó en el delfín de Eduardo Duhalde, ante la desesperación de éste por dejar el mando luego de las muertes de Kostecki y Santillán.

La oposición política, carcomida por rencillas motivadas en personalismos absurdos o cooptada bajo el lema “no me dejen afuera”, fue consintiendo esos avances graduales sobre la república, sobre la democracia y sobre las libertades individuales.

La prensa, a su vez, obnubilada por los negocios que podía obtener del Gobierno, nunca batió el parche suficientemente fuerte como para llamar la atención ciudadana sobre esos desquicios. En el caso de Clarín, su fuerte viraje en ocasión de la crisis con el campo fue obligado, ya que no respaldar la protesta le hubiera implicado una brutal caída en las ventas; así, un socio fundamental de don Néstor (q.e.p.d.) hasta el día anterior, se transformó en el enemigo por antonomasia de los Kirchner.

Magnetto y sus adláteres cometieron el peor de los errores en que puede caer un mariscal en combate: subestimó a su contrincante; hoy, como consecuencia, se encuentra literalmente contra las cuerdas, dependiendo de los humores y del heroísmo de algunos jueces para frenar la embestida, que amenaza con destruir su imperio.

Del empresariado nacional, por supuesto, nada cabía esperar, y nada se obtuvo, en materia de defensa de las instituciones. Preocupado exclusivamente por las prebendas que el poder de turno –al igual que los anteriores- les facilitaba para cuidar su mísera quintita, se convirtió en un personaje principal sólo cuando era necesario aparecer por la Casa Rosada para aplaudir lo que fuera.

El aliado más importante del Gobierno fue, durante estos años, la CGT; a sus líderes, también convencidos a base de privilegios y dádivas, se le encomendó que cuidaran la paz social, haciendo respetuoso silencio mientras la inflación destruía a la clase media –integrada, también, por los trabajadores mejor pagos- y, sobre todo, a los muchos que dependen del mercado informal para subsistir.

Y a las organizaciones “sociales” más combativas, la Tupac Amaru y el Movimiento Evita, se los privilegió en el reparto de subsidios y fondos estatales, amén de cargos ejecutivos y legislativos. Ello a pesar de que, entre las primeras preocupaciones de sus líderes, no figuraban el respeto a la ley y al orden constitucional.

Por su parte, la ciudadanía en general, abrigada –por cierto, muy temporalmente- por el desenfrenado consumo al que el Gobierno lo indujera, nunca reacciona, ni siquiera ante el escándalo que representa ser juzgada por don Zaffaroni, dueño reconocido de varios inmuebles donde se ejercía la prostitución, aún sentado en la Corte Suprema, o por don Oyarbide, haciendo impúdica gala de sus joyas mal habidas. Tampoco parece importarle, a la hora de votar, la impunidad con que los Kirchner se han enriquecido o el rápido sobreseimiento que obtienen cuando son denunciados.

Hoy, a la luz de lo sucedido con el papel para diarios, parece haber caído un bastión más de la muralla que debiera proteger a las instituciones y, como natural corolario, a la libertad. El llanto que humedece las primeras planas parece ser tardío.

Lo curioso es que, en la Argentina, nadie aprende. En estos ocho años y medio, el kirchnerismo ha dado acabadas pruebas de qué piensa de sus circunstanciales aliados, y de cómo se comporta con ellos cuando dejan de serles útiles o se permiten disentir con el discurso oficial.

La lista es enorme, pero la encabezan, sin duda, Cobos, Scioli, Peralta, Acevedo, Moyano, Piumato, de Gennaro, Micheli, Zanola, Pedraza, Banquito Bendini, y tantos otros que, para cobijarse bajo el ala del poder, fueron capaces de traicionar principios, partidos políticos, estructuras, juramentos, amigos, socios, colegas, representados y camaradas.

Con sólo mirar alrededor, El día mismo de la reasunción de doña Cristina, y bajo el lema “nunca menos”, el Gobierno, protegido por La Cámpora, avisó que iría por todo y por todos. Probó, al menos en ese momento, que no es traidor, como exige el apotegma peronista.

A raíz de mi última nota, en la cual hablaba del pretendido poder de don Máximo Kirchner ante la posibilidad de una abdicación de doña Cristina por razones de salud (verdaderas o invocadas), un amigo muy querido me hizo notar la figura de doña Beatriz Rojkés de Alperovich, actual Presidente provisional del Senado.

Reconozco que, como a tantos argentinos, me llamó la atención su entronización como tercera en la línea sucesoria constitucional, ya que, fuera de las fronteras de Tucumán, era una perfecta desconocida. Mi amigo, inteligente y muy bien informado, la ubicó dentro del esquema ideológico y de poder de don Carlos Chino Zannini, verdadero “hombre fuerte” del régimen.

Don Amado Boudou, tan ninguneado en estos días en que se encuentra, al menos teóricamente, a cargo del mando del país, debe estar revisando en detalle y con preocupación lo ocurrido en 1973, cuando un forzado viaje de Alejandro Díaz Bialet, que debía suceder a Héctor Cámpora tras la renuncia de éste, permitió asumir la Presidencia a Raúl Lastiri, yerno de López Rega.

Si mi amigo tiene razón en su pronóstico, el país será conducido, con o sin doña Cristina, a una desenmascarada dictadura, tal como son hoy las democracias delegativas (Guillermo O’Donnell dixit) de Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Todas ellas, además de haber terminado con las instituciones republicanas, han transformado a sus países en cotos de caza privados de sus èlites gobernantes que, a falta de ideología -o, mejor, sirviéndose de ella-, lucran y usufructúan en beneficio propio, mientras conducen a sus pueblos a la ignorancia, al miedo y a la miseria.









Bs.As., 18 Ene 12


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