domingo, 25 de marzo de 2012

No entiendo nada

No Entiendo Nada









“El origen de nuestra cautividad reside en el



hecho de que permitimos reinar en las mentiras”.



Jerzy Popieluszco




En estos días, como todos sabemos, estamos asistiendo a un curioso fenómeno, que padeció también Carlos Menem en su segunda presidencia, consistente en el rápido deterioro de la imagen de doña Cristina, estimo que por su falta de reacción frente a las calamidades que se abaten sobre la ciudadanía; me refiero a la inseguridad cotidiana, a la inflación galopante y, sobre todo, al crimen de Once.

Sin embargo, el título de esta nota obedece a que el cuadro macroeconómico no se asemeja, en nada y por ahora, a aquél en que debió desenvolverse el trágico final de Fernando de la Rúa. Con la soja campando por encima de los quinientos dólares, con el autorizado saqueo a las reservas del Banco Central y con la maquinita en pleno funcionamiento, el Gobierno no debería tener de qué preocuparse, ya que dispondrá de los dólares necesarios para pagar la deuda externa y las importaciones de energía –que, por lo demás, tenderán a disminuir por el enfriamiento de la economía- y de los pesos destinados al pago de subsidios y planes sociales.

Todo ello es pan para hoy y hambre para mañana, y hasta un ignorante dogmático como don Patotín Moreno debiera poder percibirlo pero, aún así, la señora Presidente parece querer insistir y mantener este rumbo de colisión que ha impreso al futuro inmediato.

Es que, a pesar de la sensación diferente, desde el 10 de diciembre, fecha en que doña Cristina asumió su segundo –o tercero de su familia- mandato, han transcurrido sólo ciento seis días. Ello significa que aún deberá gobernar mil trescientos cincuenta y cuatro días más; si no corrige el derrotero, muchos –yo incluido- sabemos que no concluirá en paz.

Entonces, ¿por qué no lo hace? ¿Por qué insiste en aplicar, a las trompadas, recetas que ya han sido probadas en la Argentina, y siempre fueron coronadas por el fracaso? ¿Por qué seguir peleándose con la realidad y con las leyes económicas? ¿Por qué cualquiera que exprese una opinión disonante o diga estas cosas se transforma, automáticamente, en un enemigo al que sólo cabe destruir? ¿Por qué mirar siempre para atrás, a un pasado cada vez más remoto?

Tomemos, por ejemplo, la crisis energética. Si bien es cierto, como dicen algunos de mis detractores, que la luz se les cortó pocas veces en sus casas, también lo es que, a contrapelo de los países serios, tanto en materia de energía eléctrica cuanto de gas, Argentina optó por interrumpir el suministro a su industria para no pagar el costo político de afectar a los hogares. Que eso, en Brasil o en otras latitudes menos populistas, sea considerado, básicamente, una estupidez de corto alcance que refleja la actitud de la dirigencia nacional en casi todos los temas.

En varias notas, recientes o no, ya he dado mi opinión, y mi información, acerca de las causas de la crisis, imputable sólo a la demencial e interesada política llevada a cabo por don Néstor (q.e.p.d.) y su ahora “morenizado” colaborador, don Julio de Vido. Estos dos señores, y su vocación por lo ajeno –se trate de las acciones de YPF o de los negociados con la importación de fueloil- le han costado al país, en reservas de petróleo equivalente, la escalofriante cifra de trescientos cincuenta mil millones de dólares, y la condición de exportador neto de petróleo.

¿Se puede arreglar tamaño desaguisado? Sí, porque se presume que la Argentina tiene enormes reservas de gas y de petróleo que aún no han sido descubiertas porque nadie ha invertido en buscarlas, sea en el territorio continental, sea en el Mar Argentino.

Pero, obviamente, la solución no está al final de ese camino tan criminalmente elegido ni se llegará a ella a fuerza de “patoteadas”, de romper contratos o de entregar cada vez más áreas a los amigos del poder, que lo único que saben de petróleo lo aprendieron cargando nafta en sus autos.

La única forma de desandar y torcer este destino de decadencia y de importación, en un mundo que cada vez cobra más por el petróleo y el gas que vende, es transmitir, urbi et orbi, que la Argentina es un lugar en el que impera la seguridad jurídica, los planes nacionales de largo alcance y el respeto a los contratos firmados.

Los argentinos tenemos en el exterior cantidades de dólares que superan, en mucho, a la deuda externa del país; baste recordar que, en los últimos años, se fueron ochenta mil millones de dólares más. La única razón: la falta de confianza en nuestros gobiernos, en nuestras instituciones y en nuestra Justicia. Y el mundo está plagado de inversores que buscan dónde poner su dinero, pero no están dispuestos traerlos a un lugar en el que es fácil entrar pero –don Patotín y sus antecesores mediante- resulta casi imposible salir.

La Argentina necesita, a esta altura tanto como del agua, de esos capitales, propios y extraños. Los necesitamos para buscar petróleo y gas, para poder volver al autoabastecimiento perdido; para evitar que ochenta mil argentinos por año mueran en las destruidas y antiquísimas carreteras nacionales; para contar con un eficiente sistema de transporte público, que permita a los habitantes del Conurbano dejar su automóvil en casa; para tener modernos y equipados hospitales, escuelas y universidades; para crear trabajo genuino en fábricas y empresas de servicios; en fin, para ser una nación moderna y rica.

Es claro que, además de planes de largo alcance y de garantías de estabilidad y de seguridad jurídica, se requiere de un clima de libertad comercial, esa que nuestra Constitución dice que es un derecho inalienable de cada argentino y de cada hombre de buena voluntad que decida habitar nuestro suelo. Sobre todo, necesita de una Justicia independiente, preparada, eficiente y rápida, porque deberá ser el principal y primario motor del cambio necesario.

Naturalmente, los otros instrumentos, tan indispensable como ese, pasan por contar con estadísticas serias y confiables, y con la reinserción responsable en el mundo globalizado, incluyendo la renegociación –no el innecesario pago- con el Club de Paris y el respeto y la obediencia a las sentencias del CIADI.

Lo que más se me hace difícil entender es qué busca, o que espera, doña Cristina del futuro. ¿Pretenderá, seriamente, convertir a nuestro país en una monarquía, en la cual la suceda en el trono su hijo Máximo? Me parece, porque la considero al menos una persona despierta, que sabe que sería una ilusión inalcanzable.

Y, si eso no es así, ¿por qué actúa como lo hace? Su difunto marido y ella han acumulado una fortuna inconmensurable, que resistirá que los testaferros nieguen los pactos preexistentes y que le permitirá vivir con más que comodidad en el lugar del mundo que elija. Entonces, ¿por qué nos odia tanto a todos y a todas?

Si corrige el rumbo, si comienza a gobernar como debe, seguramente olvidaremos muchos de los latrocinios cometidos, cuando menos los de ella y su familia directa, aunque sus funcionarios –y sus cómplices privados- deban enfrentar el natural periplo por los estrados judiciales. Don Carlos Menem puede explicarle y recordarle cómo nos portamos como sociedad.

Seguramente, además, y está a tiempo para ello, pasaría a integrar el altar de la Patria, y su gobierno sería recordado por lo bueno que habrá hecho a partir de ahora, ganándose el bronce al que aspira todo bien nacido.

En cambio si, como parece, nos deja el país convertido en un páramo sin futuro y sin esperanza, no solamente nos obligará a perseguirla por el mundo entero sino que recibirá una repulsa similar a la que hoy se ha hecho acreedor don Menem, especialmente después de traicionar a quien fuera para lograr seguir en libertad.

Por eso, esta nota se trata de un llamado a la reflexión presidencial. Doña Cristina dispone de los medios para alterar este camino de decadencia y pasar a la historia grande. Ella sabrá qué prefiere, y los argentinos sabremos pagarle con la misma moneda.

Una recomendación final: no dejen de leer “Montoneros: soldados de Massera”, de Carlos Monfroni, del cual he tomado la cita que encabeza este artículo. Me parece un libro no solamente apasionante sino indispensable para entender un poco qué pasó realmente en la Argentina, en especial por la manía patológica de los Kirchner de traer al presente, tergiversado, un pasado nefasto.








Bs. As., 25 Mar 12






domingo, 18 de marzo de 2012

Velos rasgados

Velos rasgados




“Debemos buscar para nuestros


males otra causa que no sea Dios”


Platón




Con mucha mayor celeridad de que podía suponerse, los más de siete velos con que el Gobierno enmascaró -durante demasiado tiempo- la realidad comienzan a rasgarse. Lo lamentable es que, debajo, no nos espera el cuerpo escultural de una bailarina árabe sino la horrorosa imagen de un país devastado por la falta de educación y de seguridad y ahíto de inflación, de drogas, de informalidad económica, de falta de combustibles y de infraestructura, sin instituciones republicanas y con una corrupción que -por su magnitud- asombra y -por sus efectos- raya en el genocidio.

El kirchnerismo, que heredó un país en estado casi comatoso, no hizo más que agravar la situación preexistente, a pesar del enorme viento de cola que acompañó su gestión y de los incalculables recursos de los que dispuso durante nueve años. Esta misma semana, las organizaciones sociales que hicieron colapsar a la ciudad cortando sus accesos, rasgaron un velo más –tal vez la mayor bandera esgrimida por las espadas cristinistas-: la proclamada creación de cinco millones de puestos de trabajo.

El 7 de noviembre de 2010, pocos días después que su marido se transformara en “Eternéstor”, escribí a la señora Presidente una carta abierta (http://tinyurl.com/7no8488), sugiriéndole adoptara actitudes y políticas que la conducirían, inexorablemente, al bronce y al altar. Lamentablemente, siguió otro camino y, tras ella, se fue la suerte del país.

Nueve años después, con los precios internacionales de nuestros productos volando –hoy, la soja volvió a los US$ 500 por tonelada- y quedándose con más del 50% del salario de los argentinos, pretende seguir echando la culpa a un pasado que, no por menos complicado, ya es remoto. Que el Gobierno haya incorporado a las filas de sus obsecuentes nada menos que al propio don Carlos Menem, a quien continúa denostando públicamente, habla a las claras de las virtudes morales ambos, agresores y agredido.

Nos enteramos ahora todos que cuatro millones de argentinos se desempeñan en la informalidad, sin ninguno de los beneficios que provee el trabajo registrado (vacaciones, obra social, salarios discutidos por los gremios, seguro de accidentes) y, peor aún, que quienes reciben el subsidio de $ 1.200 mensuales del programa “Argentina ¿trabaja?” son contabilizados como “empleados” por el fantástico Indec que don Néstor (q.e.p.d.) supo conseguir, ayudado por el mismo don Patotín que ahora pretende reemplazar a todos los mercados, que la Argentina pierde a cada momento, por la venta de productos de La Salada a Angola.

Un dato curioso de esa excursión africana fue la participación del dueño del prostíbulo “Black” en la comitiva empresarial. ¿Estará don Moreno tratando de exportar ese tipo de carne argentina? Tal vez hubiera debido pedir asesoramiento a don Zaffaroni o a don Oyarbide, que de lupanares saben un montón.

Pero quizás el velo más grave que se está rasgando es que ocultaba, hasta ahora y durante más de un año y medio, las actividades de don Guitarrita Boudou para lograr hacerse con la impresión de billetes de la moneda nacional y, de paso, seguramente lavar capitales provenientes de la corrupción, si no de la droga.

Y digo que es, tal vez, el más grave porque, como sucede en todo régimen absoluto, doña Cristina no tiene ni amortiguadores ni fusibles para intentar evitar el golpe que le producirá su innegable responsabilidad en la designación, a contrapelo de todo el mundo, de este payador desafinado como Vicepresidente.

Ahora, ¿no sabemos todos que, en este gobierno, nadie hace ni dice nada sin permiso de la nueva jefa espiritual? Si es así, ¿Guitarrita inventó solo y para sí mismo el negociado ahora frustrado por el escándalo público? ¿No resulta dable pensar que, para obtener esa necesaria autorización, lo propuso como un vehículo apto para “blanquear” tanto dinero negro como el que ocultan las declaraciones juradas de los funcionarios y sus incongruencias? Creo que por allí es por donde hay que buscar la liebre; si mi teoría se confirmara, el escándalo debería hacer saltar por el aire a toda esta nomenklatura.

La censura aplicada por el guerrero new wave don De Vido al programa de Marcelo Longobardi no se debió a los dichos de don Albertito Fernández, el ex censor en épocas demasiado recientes que pretende reciclarse, como él mismo nos quiso hacer creer, sino a la participación de Jorge Asís, el mismo que viene denunciando desde junio de 2010 el tema Boudou/Ciccone en su blog.

Pero el comportamiento de la ciudadanía, a la hora de repudiar y castigar la corrupción, no resulta en la Argentina demasiado previsible. Basta recordar que, hasta el 23 de octubre de 2011, doña Cristina era la más alta, la más rubia y la de ojos más celestes.

Mientras gozaba de esa privilegiada imagen que hizo que, con el cristal consumista, los argentinos la vieran como no es, nada importaron Skanska, los fondos de Santa Cruz, la bolsa de Felisa Miceli, la valija de Antonini Wilson, los aviones de Jaime, las casas de Schocklender/Bonafini, la compra de medio Calafate, y tantos otros hechos que hubieran debido generar verdaderos tifones y, sin embargo, fueron sólo leves brisas que acariciaron la cara de piedra de los Kirchner y sus cómplices.

Ahora, que los velos se están rasgando, algunos –no demasiados, por cierto- comienzan a verla como lo que realmente es: una persona mayor, dictatorial y despótica, que enmascara su supina ignorancia en casi todos temas detrás de una retórica atractiva –para sus aplaudidores- y de una verba cada vez más inflamada e insultante.

Los integrantes de la ex Cancillería, transformada por obra y gracia de don Twitterman en un taller de arreglos de desaguisados propios, deben esmerarse para seguir a la Jefa en sus periplos y evitar que las quejas que recibe a diario por los disparates de don Patotín lleguen a la prensa o, cuando trascienden, a rogar desmentidos; esta misma semana, Piñera y Rousseff fueron el más claro ejemplo de ello.

Al retórico velo de Malvinas lo están rasgando las carcajadas de países y empresas, cada vez que escuchan hablar de represalias de todo tipo que encarará la señora de Kirchner. Es muy sencillo: las millas náuticas que separan a nuestras islas del continente no permitirían una invasión militar a nado y, menos aún, un bombardeo aéreo en barrilete, y el mundo entero lo sabe.

Por lo demás, ¿qué castigos podría imponer la Jefa a las empresas internacionales que exploran alrededor de Malvinas?; quizás doña Cristina está soñando con alguna acción conjunta del G-20 con relación al tema, ignorando que los países que lo integran sólo se pondrán de acuerdo –estoy seguro- para expulsar a la Argentina de su seno por ocultar la verdad de nuestra economía, no obedecer las sentencias del Ciadi, ignorar a los holdouts, atacar a las empresas que trabajan aquí, y levantar barreras aduaneras y monetarias prohibidas por la OMC.

El miércoles, cuando el Senado sancione la ley que modifica la carta orgánica del Banco Central y habilite legalmente al Gobierno a saquearlo, doña Cristina obtendrá los dólares necesarios -¿todos?- para pagar la deuda que vencerá este año y para hacer frente a la creciente –en cantidad y en precio- importación de combustibles. También podrá, con la maquinita de imprimir que maneja la inefable doña Marcó del Pont, atrasar algo el indispensable sinceramiento de las tarifas de transporte y de energía.

La gran duda no es “si” la gente percibirá que los billetes de pesos que recibe por su trabajo ya no tienen respaldo alguno, sino “cuándo” eso sucederá. Y ese será el momento de la verdad, porque entonces saldrá corriendo de los bancos y, enfrente, estará don Patotín para evitar que compre dólares. Si en épocas relativamente “normales” como fue el 2011, se fueron del país US$ 21.500 millones, ¿qué pasará ahora, pese a don Moreno y sus tácticas represivas?

Venezuela tendrá elecciones en octubre, un año antes que los argentinos sean nuevamente llamados a votar. Esta vez, al menos, podríamos aprovechar la lección que nos está dando acerca de cómo proceder cuando se tiene enfrente a alguien como el papagayo caribeño –de la misma familia de los pingüinos patagónicos- que, como aquí, considera propios todos los recursos del Estado, y los usa para obtener la reelección.

Toda la oposición venezolana concurrió a las internas por separado, pero juramentada –y lo cumplió- para encolumnarse detrás de quien resultara el candidato más votado en ellas. Lo logró Capriles, que enfrentará a don Hugo Chávez Frías y su tan meneada salud.

Hace mucho tiempo, a un famoso Senador santafecino se le preguntó por qué, con la imagen pública que tenía, no salía a disputar el poder de don Néstor (q.e.p.d.) y de doña Cristina. Asombrado por la inocencia de su interlocutor respondió: ¿cómo se puede enfrentar, sin recursos, a quien dispone de doscientos mil millones para hacer campaña?

Ha llegado la hora de empezar a trabajar en ese sentido, porque lo que dejarán éstos al irse parecerá tierra arrasada, en medio de una América Latina creciente y floreciente, y será necesario reconstruir la República desde los cimientos.








Bs.As., 19 Mar 12


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domingo, 11 de marzo de 2012

Tiros en el pie

Tiros en el pie








“Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”.
Thomas Fuller









El Gobierno ha confirmado, esta semana, los más negros presagios que casi todos los analistas formulamos cuando supimos que había enviado al Congreso un proyecto de ley para la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. En realidad, ya lo había hecho la propia Presidente cuanto, en Rosario, moduló para sus aplaudidores su grito de guerra. “¡Vamos por todo!”.

Eso es, precisamente, lo que hará doña Cristina cuando, sin lugar a dudas o a discusiones, la escribanía en que los Kirchner han transformado al Poder Legislativo lo convierta en ley, otorgando a la Presidente “en comisión” de la autoridad monetaria tan amplias facultades que le permitirá resolver cuál es el nivel “óptimo” de reservas internacionales (dólares en caja) y como “orientar” el crédito.

A pesar de lo reiterativo, debo recordar que, cuando don Néstor (q.e.p.d.) prohibió las exportaciones de carne, escupió al Cielo con tan poca fuerza que cayó sobre su propia cabeza y la de su sucesora. La Argentina perdió doce millones de cabezas de ganado, cincuenta y ocho mercados para su producto y la escasez hizo subir los precios del principal insumo de la “mesa de los argentinos” a niveles tales que inviabilizaron su compra para los más humildes, haciendo que el consumo cayera de setenta a cincuenta y cinco kilogramos por habitante y por año. Fue un verdadero tiro en el pie.

Otro fue el genial programa que don De Vido –muy solidario y aplaudidor de don Schiavi, después de echarlo- implementó, por orden de don Néstor (q.e.p.d.) en materia de combustibles y de energía. Con el propósito de debilitar a las empresas que actuaban en la Argentina y permitir que los nuevos “amigo-socios” nac&pop entraran a saco en ellas, congeló las tarifas de tal modo que las transformó en ruinosas, se dejó de explorar y de producir, se perdió el autoabastecimiento de petróleo y hoy, con valores internacionales quintuplicados, nos ha condenado a ser netamente importadores.

¿Qué otra explicación que un brutal negociado cabe dar a una operación que implica que la Argentina importe un gasoil más contaminante y más caro que el que produce y exporta?

Allí, aunque por supuesto no lo diga, está el problema de la falta de inversión en infraestructura que la Presidente adjudicó a la necesidad de pagar el Boden 2012, emitido para indemnizar a los afectados por el “corralito” de 2002; la señora de Kirchner, como tantas otras veces, mintió a la sociedad en general y al Congreso en particular, porque omitió decir que el 50% de esos bonos fueron emitidos por su marido para permitir “pagar” al papagayo caribeño Chávez por las importaciones de ese gasoil, que Venezuela no produce, permitiendo la realización, por la existencia de doble mercado en ese país, de uno de los mayores “negocios” financieros de este des-gobierno.

Dadas las dificultades que presenta el escenario externo, por la autoimpuesta necesidad de pagar la deuda y de importar cada vez más combustibles –gas licuado, en este caso- doña Cristina, tan ignorante de las leyes económicas, no tuvo mejor idea que encomendar a Patotín levantar un “muro de Berlín” que impidiera, al menos en teoría, que los dólares aumenten de precio y, además, se fuguen del sistema. Es cierto que, si el ritmo de esa fuga continuaba superando los veinte mil millones anuales, el panorama se convertiría, automáticamente, en insoportablemente explosivo; pero no lo es menos que, como todos sabemos, las restricciones impuestas por don Moreno están paralizando, día a día, a nuevas industrias, que dependen en gran medida de insumos importados que no pueden comprar por no poder pagarlos.

Es decir que, para evitar grandes movimientos cambiarios, se están perdiendo innumerables puestos de trabajo y reduciendo el consumo a fuerza de medidas tan, pero tan cortoplacistas que no aportan solución alguna y sólo más tensión a una economía tan complicada como la nuestra. Menudo tiro se está pegando el Gobierno en el pie.

A los problemas de arrastre que tenía la relación con la CGT y, particularmente, con don Camión Moyano, el Gobierno le ha sumado un frente más complicado aún. Los exabruptos de la señora Presidente contra los maestros ha generado aún más malestar que el problema de los salarios; muchos de ellos han tomado esos agravios como algo personal, y harán tronar el escarmiento, pese a que ello implique dejar a montones de chicos sin clases y, por ende, con una peor educación.

Si el Ministro Sileone, que no paga a un solo maestro en el país pero que encabeza una paritaria nacional, acepta el reclamo del magisterio, abrirá un frente de tormenta aún mayor en las negociaciones salariales de los demás gremios, especialmente con ATE, de consecuencias previsibles para la inflación y, si no acuerda, seguirán las huelgas. Tal como todos preveíamos, después de años de ganarle con los aumentos reales que obtenían, ningún dirigente gremial pondrá su firma en un acta-acuerdo que implique una caída en el salario real y, menos aún, después del aumento escandaloso en las dietas de los legisladores nacionales.

Con el tema del Banco Central sucederá lo mismo. Digo esto porque, saqueando el fondo de la lata de las reservas para pagar la deuda externa y las crecientes –en cantidad y en precios- importaciones de combustibles, dejará sin respaldo alguno a nuestra moneda nacional; si a ello le sumamos que, para seguir alimentando el “modelo” populista, mantener los subsidios (como ratificó De Vido esta misma semana) y “orientar” el crédito, doña Marcó del Pont hará trabajar horas extras a la maquinita de imprimir pesos, tendremos un panorama monetario que, por repetido, no dejará de producir una explosión, traducida en una fuga mayor de capitales, una marcada diferenciación entre los tipos de cambio oficial y “libre” (nada, gracias a Patotín y sus medidas policiales) y, cuando la sociedad tome conocimiento del vaciamiento, hasta una corrida bancaria.

El Gobierno ha decidido mantener el rumbo, a pesar de saber que chocará indefectiblemente la calesita, para intentar ganar las elecciones legislativas de 2013 que, siguiendo una inveterada costumbre y si el panorama aparece como complicado, hasta podría adelantar. Si triunfa en su empeño, reforzando con ello sus mayorías parlamentarias, podrá soñar seriamente con la reelección en 2015. Pero, para octubre del año próximo, los efectos del nuevo tiro en el pie –derivados de la reforma de la Carta del BCRA- convertirán a ese eventual nuevo mandato en un infierno.

El asesinato de las cincuenta y una personas por parte del Gobierno y de TBA (circula por la red un curioso y anónimo mail que atribuye la propiedad de la mayoría de esta empresa a los propios Kirchner y la amenaza de Cirigliano de exponer esa situación y sus derivaciones crematísticas en caso de ver complicado su panorama judicial) no cesa de repercutir sobre la imagen presidencial, en especial después del vergonzoso acto de reemplazo del Secretario de Transportes, que se transformó en una gravísima ofensa a la sociedad en su conjunto y, en especial, a los deudos de las víctimas del crimen. Este es otro, y no el menos grave, tiro en el pie que el Gobierno se ha autoinfligido, lo cual se comprobará con el próximo “accidente” que, si todo sigue igual, don De Vido volverá a atribuir a décadas ajenas omitiendo, por supuesto, la de los Kirchner, que tantos recursos hubieran podido volcar a la infraestructura.

Para achicar el gasto y no cargar con la responsabilidad política de aumentar las tarifas, el Gobierno intenta un novedoso camino, que viola una vez más la Constitución Nacional: pretende imponer a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mediante una ley del Congreso, la aceptación del explosivo sistema de transportes dentro de su radio geográfico, pese a que su utilización por habitantes del Conurbano que ingresan diariamente a la capital duplica a la población de ésta. El diferendo planteado por la férrea voluntad de no transferir los recursos necesarios para las inversiones y el mantenimiento que los Kirchner prometieron a lo largo de estos nueve años de vacas gordas y que nunca cumplieron, debe ser sometido a la decisión de la Corte Suprema, y no de una escribanía legislativa.

Esto nos lleva al discurso que pronunció don Lorenzetti en la tardía apertura del año judicial. Después de anunciar que hablaría de los grandes problemas que exceden al Poder Judicial, trazó a grandes rasgos políticas que, si fueran defendidas por el Tribunal supremo, permitirían conservar esperanzas sobre el futuro de la República. Su mejor frase, “nadie puede ser perseguido, desde el poder, por pensar distinto”, recibió una tan fuerte reprimenda de doña Cristina que lo obligó a recular en chancletas, pretendiendo que sólo se había referido a los procesos militares.

Con ello, el Presidente de la Corte volvió a ser quien es, es decir, un mero calienta-sillón, dispuesto a tolerar que, desde el Ejecutivo, se desconozcan impunemente las sentencias del alto Tribunal y, peor aún, confeso firmante, con el resto de los poderes del Estado, de unas arbitrarias y anticonstitucionales “políticas de Estado” en materia de juicios penales. ¡Sólo le faltó aplaudir, él también, la designación de don Baltasar Garzón como asesor del Congreso!

Para concluir, un breve párrafo referido a nuestro inimitable Vicepresidente, don Guitarrita Boudou, ya que este affaire, después de la cerrada e increíble defensa que hizo el Gobierno por orden de la señora Presidente, se convertirá, Dres. Rafecas y Delgado mediante, en un nuevo tiro en el pie.

Es que nadie, propio e extraño, entiende cuáles fueron las razones que llevaron a doña Cristina a elegir como compañero de fórmula a este payador desafinado; si los trascendidos tienen algo de verdad –y los “boudou-truchos” arrojados por las barras oficialistas en el Congreso dicen que es así- su nombre era resistido por pesos pesados del entorno: el niño Máximo, La Cámpora (curioso, hoy se cumplen 39 años del triunfo electoral de quien da su nombre a este colectivo de pseudo progres ricos como Creso), Patotín, don De Vido, don Randazzo y muchos más; sin embargo, Ella obligó a todos a aceptar el acto contra natura y hoy se ve obligada a pagar las merecidas consecuencias, dado que estamos frente a un gobierno en el cual nadie hace o dice nada sin permiso.

Tengo la sensación –justificada por la historia internacional- que la ciudadanía, asustada por las tormentas que comienzan a verse sobre el horizonte económico, está comenzando a interesarse –al menos, a enterarse- por los escándalos de corrupción en el seno del Gobierno, ya que éstos, sin maquillaje posible, acaban de cobrarse cincuenta y un muertos y setecientos heridos. Por eso creo, como Majul, que están empezando a entrarle las balas, esas que ha tirado contra su propio pie desde 2003.








Bs.As., 11 Mar 12



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domingo, 4 de marzo de 2012

Chocando la calesita

Chocando la Calesita






“Escribo para que la muerte no tenga la última palabra”





Odysseus Elytis






Que la Argentina está mejor que en 2001 es un hecho absolutamente indiscutible, tan así que ya todos –en especial, la señora Presidente- debiéramos dejar de mencionarlo. Mal que le pese a la señora de Kirchner, muchos son los factores que contribuyeron a ese cambio de escenario y, entre ellos, seguramente el mayor fue el notable incremento de los precios de nuestros productos exportables; la inversión del principio del deterioro de los términos de intercambio –enunciada en su forma original por Prebisch- generó, en todos los países emergentes, una riqueza tal como no habían visto en cien años.

A partir de esa premisa, es también fácil descubrir que esta maravillosa década permitió a casi todos nuestros vecinos –Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia- transformar fuertemente la realidad de sus economías. ¡Quién se hubiera imaginado a Brasil, que en los 60’s tenía un producto bruto menor que el argentino, construyendo submarinos nucleares para defender y garantizar sus reservas petroleras en alta mar!

Nuestra emperatriz local nos propinó, el jueves 1º, el discurso más largo y más aburrido de todos cuantos pronunciara desde que asumió. Nos abrumó con cifras y porcentajes –muchas veces confundió unos con otros- que nadie, absolutamente nadie, pudo entender. Obviamente recibió, a lo largo de los casi doscientos minutos de su alocución, monumentales aplausos desde unas bandejas pobladas de jóvenes de La Cámpora, que los aprovechaban para sacudir la modorra en la que estaban sumidos.

La gran mayoría de las comparaciones de doña Cristina fueron efectuadas contra ese año terrible, 2001, en los que todos sentimos que la misma Argentina naufragaba. Así, pudo vanagloriarse de logros que, cuando los datos fueron ciertos (lo que sucedió pocas veces), no le pertenecen ni a ella ni a su difunto marido.

Hoy, la situación patria es totalmente distinta, como dije, y los negros nubarrones que se ciernen sobre nuestro futuro inmediato podrían disiparse rápidamente, con que sólo el Gobierno actuara con lógica. Pretender, como hacen la Presidente y don Patotín Moreno, que las reglas de la economía funcionen de otro modo aquí es equivalente a pedir que la manzana que cayó sobre la cabeza de Newton hiciera un recorrido inverso y terminara colgada del árbol.

Sería tan fácil convertir en virtuoso este círculo vicioso en el que esta administración nos ha metido que, verdaderamente, dan ganas de llorar. Con sólo garantizarle al mundo entero que, a partir de ahora, se acabaron las arbitrariedades, el “capitalismo de amigos” y la falta de seguridad jurídica, llegarían a nuestras tierras tantas inversiones genuinas que habría que cerrar Ezeiza para impedir que los aviones chocaran en su afán por llegar primeros.

Todos los países que he mencionado más arriba han debido endurecer fuertemente sus normas para impedir que lleguen los capitales golondrinas, es decir, aquéllos que únicamente pretenden especular; Brasil, por ejemplo, aplica un impuesto del 6% adicional a los fondos que hayan permanecido menos de tres años en el país. Pese al disfrazado y falso orgullo que pretendió exhibir doña Cristina en su perorata al anunciar nuestra privilegiada figuración en diferentes rankings, la realidad es que, mientras a las naciones que ofrecen esas garantías llegan inversiones a raudales, la Argentina debe montar un verdadero cerco policial para evitar que se sigan fugando capitales; esa huida representó, en los últimos años, la friolera de US$ 80.000 millones.

Las recetas para lograrlo son varias –yo tengo las mías, que he enunciado en “Algunas propuestas duras”, una vieja nota que se encuentra en mi blog- pero todas ellas pasan, como digo, por la seguridad jurídica. No me canso de repetir que, con una Justicia seria, independiente, preparada y rápida, todo será posible, mientras que, sin ella, nada lo será.

Los montos que, en concepto de recaudación impositiva –unitariamente concentrada en manos de un Gobierno que debiera ser federal-, han manejado los Kirchner en los últimos nueve años hubieran convertido a Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde en verdaderos estadistas. La familia que nos gobierna desde 2003 decidió, en lugar de utilizarla para transformar la realidad argentina para siempre, malgastar, dilapidar y hasta robar esos fondos.

Indigna al Cielo que hoy, después de diez años de crecimiento sostenido de la economía a tasas altísimas, no se hayan realizado las obras de infraestructura necesarias y, todos los días, mueran miles de argentinos en las rutas que no han sido construidas y ampliadas, en los ferrocarriles suburbanos que arrastran una obsolescencia suicida, en hospitales que datan de principios del siglo XX, en comunidades a las cuales no ha llegado el progreso y carecen de salud y de educación, en villas-miseria cada vez mayores.

¿En qué cabeza cabe que merezca más inversión el Fútbol para Todos que los trenes o los subterráneos? ¿Quién puede pensar que, para los argentinos, resulta mejor gastar dos millones de dólares diarios en Aerolíneas Argentinas que destinarlos a construir nueva infraestructura vial? ¿Por qué es mejor dilapidar dinero en TC para Todos o en publicidad oficial que evitar que las comunidades indígenas del Chaco, de Formosa, de Salta y de Jujuy puedan acceder a hospitales y escuelas?

Las barbaridades cometidas por los presidentes Kirchner son enormes. En materia de carne, bajo el lema de proteger la mesa de los argentinos, se prohibieron las exportaciones y eso produjo la liquidación de doce millones de cabezas de ganado, un alza generalizada de precios, una reducción brutal del consumo y la pérdida de cincuenta y ocho mercados internacionales, entre ellos el correspondiente a la Cuota Hilton. ¡Hoy exportan más carne Uruguay, Brasil y hasta Paraguay que nosotros! ¿No sabía don Néstor (q.e.p.d.) que los cortes que Argentina exportaba no son los que se consumen en el país?

Si hablamos de energía, la siniestra política que llevaron adelante hizo que se perdieran, en petróleo equivalente, nada menos que quinientos millones de vacunos en reservas comprobadas (la comparación es de Alieto Guadagni). Hemos dejado de ser un país netamente exportador de energía en uno que debe importarla masivamente y a precios crecientes. ¿Por qué –debemos preguntarnos-si las empresas son las mismas, la industria petrolera invierte fuertemente en el mundo entero, incluyendo las aguas profundas, explorando siempre nuevas fronteras y, en cambio, en Argentina no se buscan yacimientos y se produce cada vez menos?

La Presidente, tal como había dicho en Rosario mientras la Intendente local hablaba, reiteró en el Congreso su grito de guerra: “¡Vamos por todo!”. Lo confirmó rápidamente al anunciar que enviaría un proyecto de ley para cambiar la Carta Orgánica del Banco Central, lo cual le permitirá disponer a su real antojo de las reservas monetarias, que tanto esfuerzo costó construir.

En la medida en que dichas reservas son la garantía del valor del peso, la moneda nacional, su utilización para pagar deuda y para comprar energía cada vez más cara hará, sin lugar a dudas, que la Argentina, que hubiera podido ver reducida su monstruosa tasa de inflación por la menor actividad que producirá el nuevo “rodrigazo” o “sintonía fina”, en cambio la verá crecer hasta –cuando las reservas nuevamente se terminen- “espiralizarse”. Es una película que, quienes tenemos algunos años, ya hemos visto muchas veces.

En resumen, doña Cristina ha decidido –sí, decidido, porque tenía muchas otras opciones, todas ellas más serias que esta payasada- chocar la calesita. Lo único que resta saber, ya que el final será el conocido, dada la inmutabilidad de las leyes de la economía, cuándo encontrará la pared, y cómo reaccionará la ciudadanía cuando ello ocurra.

He reservado estos párrafos finales para hablar del doble standard que, también, aplica el Gobierno a sus relaciones con otros países. Basta pensar cómo puede compadecerse un pedido de extradición formulado a Chile para que devuelva a un ex juez con la negativa, inversa, de enviar a ese país al terrorista Apablaza, que tan cómodo se encuentra en el nuestro.

Baltasar Garzón, el ex juez español, fue echado de su cargo por el Tribunal Supremo de su país por cometer un delito: escuchar las conversaciones entre los abogados y sus defendidos; no por su teoría de Justicia universal sino por delincuente. Así de sencillo, y no hay argumento en contra posible. Sin embargo, he aquí que el Gobierno, a través de la genuflexa Cámara de Diputados y ofendiendo gratuitamente a España, lo ha contratado como asesor, para “jerarquizar la política de derechos humanos”. No debería sorprendernos, ya que se mueven aún en esa tan privilegiada área personajes como Hebe de Bonafini, Sergio y Pablo Schoklender y Felisa Miceli, acusados de todo tipo de delitos y que todavía ni siquiera se han visto llamados a prestar declaración indagatoria. ¡Y qué decir de nuestro egregio Vicepresidente, el Amadito Boudou, que se escuda en una guitarra desafinada y en una remera con cartel adecuado para no dar explicación alguna sobre su enriquecimiento prodigioso y su conexión con el affaire Ciccone!

¡Qué rara calesita es la Argentina!






Bs.As., 4 Mar 12

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martes, 28 de febrero de 2012

Los gritos del silencio y la Emperatriz

Los Gritos del Silencio y la Emperatriz












“La Gioconda sonríe porque todos los que le han puesto bigotes han muerto”





André Malraux







El martes pasado escribí una serie de ideas, con la única pretensión de que sirvieran como títulos o índice para la discusión de los grandes temas esenciales para cambiar el destino de decadencia que parece marcar la declinación final de la Argentina.

Sin embargo, la masacre de Once, tan preanunciada, y la muerte de cincuenta y un compatriotas, obviamente con toda justicia, hicieron que, como tantas otras cosas, esa nota dejara de tener alguna importancia. De todos modos, creo que valdría la pena volver sobre ella y, tal vez, antes de lo que suponemos; puede verse en http://tinyurl.com/86yayw8.

Porque lo sucedido ha representado, en medio del florido y pacífico jardín en que el magnífico sistema de comunicación oficial ha convertido a la Argentina, una patada al hormiguero. Desde la crisis del campo y la tragedia de Cromañón, el cristi-kirchnerismo no sentía cómo cambiaba el escenario, a pesar de sus deseos.

Ni el escándalo de Boudou y Ciccone S.A., o el espionaje que, para doña Garré y don Zanini, realizaba la Gendarmería, conseguían convertirse en un huracán devastador. La gente, la ciudadanía, estaba de vacaciones, aprovechando –el 5% que podía hacerlo- los nuevos feriados inventados para componer la receta circensis, que tantos beneficios ha reportado a los sucesivos Kirchner y, todavía, no se ha puesto a pensar cómo hará para pagar los aumentos de impuestos, tasas y servicios, de los celulares, de los colegios, de las pre-pagas; está confiada en las negociaciones paritarias, tan exitosas entre los legisladores nacionales y los presidentes de ambas cámaras del Congreso. Es probable que, además, cada uno esté frente a la opción tan única y clara que planteó don Julián Domínguez: ser rico o ladrón.

Anoche, la señora Presidente pronunció, en Rosario, uno de los discursos más crispados, tanto por sus palabras como por la gestualidad, de cuantos nos ha propinado desde que asumiera pero, por primera vez, dejó traslucir el miedo. Después de romper un inicuo silencio de tantos días sobre el crimen de Once –“yo no especulo con el dolor”- no habló, como puede suponerse, para la compacta aunque escasa masa de militantes que la rodeaba sino al país, “los que me quieren y los que no me quieren”.

Sus dichos, como era de esperar, fueron el vehículo para la transferencia de responsabilidades hacia tiempos lejanos –¡notable!, porque el cristi-kirchnerismo lleva ya nueve años en el poder- y hacia figuras, personas y empresas a las que puso fuera de su ámbito de decisión.

La confianza ciega que demostró frente a la Justicia, a la que sólo le pidió cierta premura, está basada en el comportamiento de la misma frente a casos como Bonafini-Shocklender, Skanska, los fondos de Santa Cruz, los secretarios privados millonarios, su conyugal y desmesurado enriquecimiento, la compra de tierras fiscales en Calafate, la bolsa de Felisa Miceli, las valijas con droga de SouthernWinds y, sobre todo, la investigación de los negocios y componendas entre Jaime y los Cirigliano.

Debería saber que, cuando Jaime entregaba un subsidio, pedía un enorme retorno, que debía ser pagado en efectivo y por anticipado, y que ese retorno cruzaba la calle Hipólito Yrigoyen en valijas que terminaban en las propias manos de don Néstor (q.e.p.d.). Si lo supiera, no le resultaría tan indispensable esperar el resultado de unas pericias con las que ya cuenta, preparadas por la Auditoría General, por la Defensoría del Pueblo, y hasta por la propia CNRT; es más, si hubiera leído esos informes, es probable que en noviembre de 2011 no hubiera ido al FC Sarmiento a felicitar a la empresa TBA.

Es simple, los trenes chocan y matan porque la plata se la llevan los empresarios y los funcionarios, no por obra y gracia del Espíritu Santo; éste se limita a observar qué hacen los humanos con la libertad que han recibido. Y éstos, al menos en la Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba, se desentienden de la política, votan cada dos años, y entregan sus bienes más preciados –esa libertad y hasta la vida- a políticos inescrupulosos, que sólo buscan enriquecerse para ampliar su poder.

También hace pocos meses, cuando YPF anunció el descubrimiento del yacimiento de shale oil, doña Cristina se trasladó, con todo su gabinete, a la sede de la empresa, a la cual felicitó por las inversiones realizadas, esas mismas que, por arte de magia, parecen haber desaparecido, como si esto fuera posible. Aquí también se ve aún la mano de don Néstor (q.e.p.d.) quien, para hacerse de un importante porcentaje de la compañía, hizo que los Eskenazi lo compraran a Repsol sin poner un centavo, pero asegurándole que podrían retirar el ¡90%! de las utilidades –las empresas del sector reparten entre el 30% y el 40%, como máximo- y dejó a la Argentina sin reservas.

Reflexionando acerca de lo que ha pasado en nuestro país desde el 23 de octubre (¡hace sólo cuatro meses y parece una eternidad!), me vino a la memoria uno de los libros que más me han apasionado y cuya lectura recomiendo enfáticamente a quienes pretendan comprender el momento actual de nuestra historia. Se trata de “El Emperador”, de Ryszard Kapuściński (1932-2007), uno de los mejores periodistas polacos, que editó en nuestra lengua Anagrama (última edición, 2008), y que aún se encuentra en las librerías.

El libro en cuestión describe el final del reinado del Emperador Haile Selassie, de Etiopía, a quien llamaban el Rey de Reyes, el León de Judá, etc., que gobernó su país durante casi cincuenta años, hasta su derrocamiento en 1974. Es tan claro el parangón entre el clima que se vivía entonces en Addis-Abeba, la capital, y lo que sucede hoy en Buenos Aires que no puede dejar de llamar la atención y permite presagiar el futuro inmediato. Para no extenderme más, sólo citaré una frase como ejemplo: “El informarse oralmente tenía una enorme ventaja: si era necesario, el Emperador podía declarar que tal o cual dignatario le había informado de algo muy distinto a lo que había sucedido y aquél no podía defenderse al no disponer de ninguna prueba por escrito”; cualquier parecido con lo que ocurre entre don Patotín Moreno y los industriales y banqueros no es una mera coincidencia.

La realidad -esa que, según Perón, es la única verdad- nos dice que hoy el Gobierno tiene un solo opositor, enormemente fuerte y poderoso, con el cual, además, no puede negociar: la economía.

Ayer doña Cristina, muy aplaudida por la corte de obsecuentes que había trasladado a Rosario para el inexplicable acto de homenaje a Él, mintió descaradamente en todo, salvo cuando dijo que ya no tenía dinero. Fue la primera vez que el Gobierno asume las dificultades a las que se enfrenta, por esa anormal –para el cristi-kirchnerismo, que tanta suerte ha tenido- conjunción de factores negativos, encabezados por la caída en las exportaciones de soja y en los precios de ésta por un menor crecimiento de China, y por la fenomenal suba en los precios de los combustibles que Argentina importa, que crecerán aún mucho más en caso de que Irán cierre el estrecho de Ormuz.

No bastarán, entonces, las disparatadas medidas restrictivas de don Patotín sobre los mercados de divisas, sobre las remesas de las empresas al exterior y sobre las importaciones de todo tipo. Doña Cristina, y don Amadito Boudou bien lo sabe (aunque siga manteniendo un inexplicable silencio), dispone de la maquinita de imprimir billetes de pesos, pero la que confecciona los imprescindibles y escasos dólares la tiene Barack Obama y no Ciccone.

Esos dólares, que están inundando a Chile, Perú, Colombia y, sobre todo, a Brasil –a punto tal que todos nuestros vecinos han debido regular su ingreso-, no llegarán a Argentina mientras la saga de los Kirchner continúe, porque no existe ninguna seguridad jurídica en nuestro país, y nadie cree que la haya en los próximos tiempos. Sin esas inversiones, no resultará posible realizar las obras de infraestructura reales (no los simples anuncios, a los que el Gobierno nos tiene acostumbrados) que necesitamos ya desesperadamente, se trate de rutas y caminos, de reservas petroleras y de gas, de generación de energía, de puertos y vías navegables, de ferrocarriles, de riego y de saneamiento y hasta de ampliación de la oferta de bienes de consumo.

Anoche, en el programa “La Mirada de Roberto García”, el último entrevistado, José Antonio Díaz, editor de la sección de economía de la revista “Noticias”, regaló al conductor –quienes concurren dejan algo para los oyentes y reciben un angelito como recuerdo- un paraguas; resultó muy oportuno, pero olvidó incluir un casco, porque lloverán cascotes.







Bs.As., 28 Feb 12

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martes, 21 de febrero de 2012

La Argentina que quiero

La Argentina que quiero



“No te rindas, aún estás a tiempo

de alcanzar y comenzar de nuevo”

Mario Benedetti



Las ideas que se incluirán en esta nota no tienen más pretensión que ser los títulos de los grandes temas, para que, en conjunto y con la mayor cantidad de ciudadanos posible, discutamos una alternativa para el futuro de nuestro país, después de décadas de retroceso y decadencia.

Creo que, hoy, las mayores preocupaciones de la gente en general están vinculadas a la economía, a la seguridad y a la corrupción, pero que debería priorizarse la educación, como principal causa del progreso y del desarrollo.

La enumeración que sigue no tiene un orden específico de importancia, toda vez que, estimo, debe tratarse de acciones a realizar simultánea y rápidamente, porque se trata de recuperar la República. Pido anticipadas disculpas por tanto por la extensión de esta nota -sintetizarla más me resultó imposible- cuando por el cierto desorden que en ella impera.

1. Volver al sistema de división estricta de poderes establecido por la Constitución Nacional.
2. Prohibir la reelección por más de una renovación de mandato en toda la Administración pública y en los organismos públicos no estatales, estableciendo la necesidad de una muy fuerte mayoría especial para la modificación de estas normas.
3. Desterrar la “lista sábana” y establecer la boleta única, hasta llegar al voto electrónico, en todos los niveles del Estado.
4. Transparentar la financiación de la actividad política, con estricto control de los ingresos y egresos de los partidos, sindicatos y organizaciones empresariales.
5. Crear un registro permanente y público de la actividad parlamentaria en la Nación, las provincias y los municipios, que incluya la asistencia de cada legislador, qué proyectos presentó y el modo en que votó cada iniciativa.
6. Anular la modificación en la composición del Consejo de la Magistratura, volviendo a la original.
7. Juzgar, en ese Consejo, la actividad de todos los magistrados actuales, nacionales y federales, incluidos los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, con criterios estrictamente jurídicos, para garantizar que los magistrados que permanezcan en funciones desempeñarán su labor con seriedad, con honestidad, con recato, con sapiencia, con eficiencia, con independencia y con celeridad.
8. Restablecer la Justicia de menor cuantía, con gran dispersión territorial; los jueces, fiscales y defensores a cargo de la misma serán elegidos por el voto popular, por tiempo determinado, y deberán estar domiciliados en su misma jurisdicción.
9. Exigir a los jueces el estricto respeto a los principios de legalidad, de juez natural, de ley anterior al hecho del proceso y de inocencia.
10. Restablecer la vigencia de los derechos a comerciar, a transitar y a expresar opiniones libremente.
11. Crear el cargo electivo de delegado policial en cada barrio y localidad de menor tamaño, con mandato temporal y una sola reelección, con la obligación de residir en la jurisdicción, y con mando sobre las fuerzas policiales del lugar.
12. Dejar en manos de la Nación y de las provincias la centralización de la información criminal, poniéndola al servicio de la investigación y de la prevención.
13. Recuperar, para cada una de las fuerzas de seguridad, su rol original, y rotar permanentemente a sus jefes locales.
14. Establecer un efectivo control de nuestras fronteras, con todos los adelantos técnicos del caso, y sancionar la “ley de derribo” para las embarcaciones y aeronaves no identificadas.
15. Endurecer fuertemente las penas por delitos relacionados con el tráfico de drogas y de personas.
16. Mejorar la capacidad y la calidad del sistema carcelario, dando acceso al mismo a la inversión privada en materia de “hotelería”.
17. Recrear el respeto absoluto e irrestricto de los contratos y de la palabra empeñada, especialmente en aquéllos vinculados a la infraestructura y a los servicios públicos.
18. Renegociar rápidamente con el Club de París y con los holdouts, para recuperar la confianza de los mercados internacionales.
19. Cumplir las sentencias del CIADI.
20.Impulsar definitivamente el Mercosur y los tratados de libre comercio del mismo con el mundo entero.
21. Asumir, como política de estado, una visión geopolítica permanente, de modo de dar previsibilidad a nuestro comportamiento internacional.
22.Establecer, como política de estado, los caminos diplomáticos tendientes a la recuperación de las Malvinas, e incentivar la vinculación permanente entre el continente y los habitantes de las islas, descartando toda iniciativa militar, prohibiendo los discursos agresivos en tal sentido.
23.Encomendar al Ministerio de Planificación la confección de planes de desarrollo a treinta años, con ajustes finos anuales, de modo de dar previsibilidad a la economía y de permitir orientar la producción de bienes y servicios.
24.Recrear el respeto a la propiedad privada, en todas sus formas.
25.Crear reglas claras, transparentes e inamovibles para la actividad económica, que permitan dar previsibilidad a todos los proyectos y a todas las inversiones, más allá de los riesgos propios de cada actividad.
26.Salir al mundo a buscar las indispensables inversiones, exhibiendo una irreprochable seguridad jurídica, especialmente en lo que a la obra pública y a la exploración y la producción de hidrocarburos y minerales se refiere, orientando su aplicación en función de las necesidades del país.
27.Crear un organismo de control ambiental inobjetable e insospechable, que incluya la participación de expertos internacionales en cada materia.
28.Ejercer un control efectivo y eficiente de los fondos provenientes de actividades ilícitas o de la evasión, y reprimir fuertemente el lavado de dinero.
29.Establecer el “juicio de residencia” y de responsabilidad, de modo tal que todos los funcionarios que ejerzan cargos públicos a partir de determinado nivel de responsabilidad sean juzgados por un tribunal especial al dejar sus funciones, poniendo especial énfasis en los aspectos patrimoniales.
30.Revitalizar y garantizar la independencia, dotándolos de los recursos necesarios, de organismos de control tales como la Oficina Anticorrupción, la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, la Auditoría General de la Nación, la Administración Federal de Ingresos Públicos –con la Dirección General Impositiva y con la Administración Nacional de Aduanas-, la Defensoría del Pueblo de la Nación y la Unidad de Administración Financiera.
31. Crear la Carrera y la Escuela de Administración Pública, para lograr que, en un tiempo prudencial, todos los funcionarios hasta el nivel de director general o equivalente, sean obligatoriamente graduados en la misma.
32.Crear organismos de evaluación permanente de los docentes, para lograr que éstos, en todos los niveles de enseñanza, mantengan la actualización de sus conocimientos, acompañando la evolución tecnológica, y retribuir suficientemente su labor; establecer normas claras que repriman el ausentismo injustificado.
33.Recrear el principio de autoridad de los docentes de todos los niveles, y exigir su respeto por parte de estudiantes y familias.
34.Establecer exámenes de ingreso, de gran exigencia, a las universidades públicas, y mantener esa excelencia durante toda la carrera de los estudiantes.
35.Crear un organismo independiente para determinar las necesidades que tendrá el país de profesionales de cada especialidad en los siguientes cinco años, y becar, incluyendo el pago de un sueldo, a los mejores estudiantes de esas carreras.
36.Arancelar el estudio, en las universidades públicas, de todos aquellos estudiantes que el país no requerirá, de acuerdo con el análisis al que se refiere el punto anterior.
37.Establecer a la universidad pública como consultoría obligatoria, rentada, para todas las empresas y emprendimientos del Estado.
38.Establecer, como política de estado, el respeto por todos los derechos humanos, condenando las violaciones a los mismos, cualquiera sea el signo político de quien los desconozca.
39.Modificar la coparticipación impositiva, recuperando para las provincias y los municipios la independencia económica, fuente de la libertad política.
40.Realizar una profunda reforma impositiva, simplificando y universalizando el cobro de impuestos, con graves y severas penas para los evasores, y suprimir aquéllos que –como el impuesto al cheque- resultan recesivos.
41. Suprimir el cobro del IVA en los artículos que componen la canasta básica familiar.
42.Destinar el producto de la percepción de tasas específicas a los fines establecidos en su sanción.
43.Restablecer la credibilidad y el profesionalismo en el Indec, de modo de permitir a nacionales y extranjeros disponer de estadísticas confiables y seguras.
44.Incentivar el progreso tecnológico, de modo tal de incrementar la exportación argentina a mercados internacionales de altos precios y de calidad, y abrir, muy gradualmente pero con plazo fijo, los mercados internos a la competencia extranjera.
45.Proteger a la industria nacional, facilitando su acceso al crédito pero impidiendo que, con protecciones de todo tipo, transforme al país en un coto de caza privado.
46.Establecer la independencia del Banco Central, como custodio del valor de nuestra moneda.
47.Dar a conocer públicamente todos los gastos, compras e inversiones del Estado, en todos sus niveles.
48.Permitir a los partidos de oposición y a las distintas ONG’s cuyas actividades se vinculen al tema, el control de las obras de infraestructura.
49.Facilitar el acceso a la información, reprimiendo severamente a los funcionarios que la oculten o lo impidan.
50.Transparentar y equilibrar la asignación de la pauta publicitaria, distribuyéndola con criterios objetivos.
51. Facilitar el acceso a los medios de comunicación públicos a todos los partidos políticos y a todas las formas de expresión, impidiendo que aquéllos continúen siendo utilizados por el gobierno de turno.
52.Mejorar los salarios de los primeros niveles de la Administración pública, y prohibir el ejercicio de actividades privadas durante los mandatos de funcionarios y legisladores.
53.Establecer una clara política de inmigración, regulada y planificada, respetándola y haciéndola respetar por quienes deseen habitar nuestro suelo.
54.Recuperar la salud pública, tanto en materia instrumental como edilicia, para ponerla al eficiente servicio de cada comunidad, arancelando las prestaciones para quienes no residan en ella.
55.Respetar los capitales asignados al fondo de sustentabilidad de las jubilaciones; devolver al Pami y a la Anses los fondos retirados para financiar el gasto público populista.
56.Tender, responsablemente, al pago de un porcentaje preestablecido de los últimos salarios como jubilación, y respetar estrictamente las sentencias judiciales previsionales.
57.Dotar al país de un desarrollado sistema de transporte vial y ferroviario, con la indispensable participación de la inversión privada.
58.Optimizar el transporte público urbano, de modo de desalentar el uso de medios individuales.
59.Recrear fuerzas armadas altamente capacitadas y equipadas para ejercer efectiva defensa del territorio nacional, incluyendo a la plataforma marítima.
60.Abrir responsablemente los cielos, de modo tal que exista una legítima y leal competencia en el transporte aéreo, manteniendo la participación del Estado solamente en aquellas rutas que no resulten rentables.
61. Facilitar, mediante los pertinentes créditos a muy largo plazo, el acceso de todos los habitantes a una vivienda digna.
62.Mantener permanente actualizado un censo de las personas que viven en la pobreza y la indigencia, para permitir la eficiente actuación de los planes de ayuda y progreso, pero con estricta contraprestación laboral de los beneficiados.
63.Universalizar verdaderamente la asignación universal por hijo, incluyendo la etapa de gestación, en reemplazo de todas las deducciones impositivas en tal concepto y de las asignaciones familiares.
64.Establecer normas claras e inamovibles en materia de empleo, para permitir regenerar un importante incremento de la mano de obra registrada, y combatir fuertemente la informalidad laboral.

Estos son, a mi criterio, los puntos básicos –probablemente, haya olvidado varios- que debemos discutir los argentinos si queremos que nuestro país recupere el prestigio que supo tener en el concierto mundial. Para su discusión, acabo de crear un grupo en Facebook que lleva por nombre “Alternativa para el futuro de la Argentina”; como dije, cuantos más participemos del debate, mejor será el resultado y las posibilidades de éxito.

Sobre estas bases, podremos asegurar ese futuro, no solamente para nuestros hijos y nietos sino para la misma supervivencia de la Nación como tal.









Bs.As., 21 Feb 12



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jueves, 16 de febrero de 2012

Minas, chorros y recuerdos

Minas, chorros y recuerdos






“Muchas veces compramos el dinero demasiado caro”.



William Makepeace Thackeray





En la medida en que muchos lectores me han preguntado mi posición acerca del problema generado entre el Gobierno –nacional y provinciales- y los pobladores de las zonas afectadas y los ambientalistas de todo cuño en torno a la minería a cielo abierto, y confesando mi supina ignorancia sobre el asunto, dedicaré algunos párrafos al tema.

Primero, estoy convencido que la extracción de oro utilizando el cianuro como catalizador es altamente contaminante y compromete el futuro de generaciones. Desde otro ángulo, no parecen haberse descubierto aún otros métodos que reemplacen al cuestionado. Sin embargo, también creo que existen tecnologías -por cierto, mucho más caras- que permiten reciclar y reutilizar totalmente el agua contaminada, evitando que el cianuro llegue a la napas freáticas y provoque el envenenamiento de todas las formas de vida.

En resumen, el problema se reduciría a establecer severas normas ambientales en todo el territorio que exijan la protección a la biosfera y la contratación de importantes seguros para cubrir los riesgos de accidentes, que siempre pueden presentarse, de forma tal que los daños producidos sean reparados por las empresas mineras y no por los ciudadanos en general, a través de sus impuestos.

Pero esa reducción, al menos en la Argentina, no es una cuestión menor. Aquí, quienes ejercen los más altos poderes del Estado, en sus tres niveles y casi sin excepción, han demostrado con creces su permeabilidad a la hora de atender los intereses de las compañías. Así, doña Cristina vetó la Ley de Protección a los Glaciares, aprobada por unanimidad en ambas cámaras del Congreso, y condena como terroristas a los mismos ambientalistas que protegió sin límites en la cuestión de las pasteras, Beder Herrera (La Rioja) ha dado un giro copernicano en sus posiciones al respecto, Gioja (San Juan) y su familia son proveedores de las mineras, y Corpacci (Catamarca) manda a su Policía y a sus patotas a reprimir a quienes se oponen a estas explotaciones.

Entonces, surge la pregunta de oro: en un tema crucial, como es el agua y el ambiente humano, ¿dejaría Ud. el control de calidad en manos de estos señores? La respuesta a este dilema, que amenaza con convertirse en una piedra en el zapato del cristi-kirchnerismo debiera ser, por lo menos hasta que recuperemos la confianza en nuestras instituciones, encomendar ese control a algún organismo ambiental internacional exento de toda sospecha y avanzar con la explotación de nuestros enormes recursos mineros.

La semana política estuvo signada por otros dos temas, absolutamente relacionados entre sí por un acto fallido. Me refiero, obviamente, a la papelera Ciccone y su vinculación con nuestro egregio Vicepresidente de la Nación, don Amadito, y al aumento de las dietas de los legisladores nacionales.

Y cuando digo que los vincula un acto fallido, estoy hablando de las declaraciones del Presidente de la Cámara de Diputados, don Julián Domínguez. Este dijo, sin ponerse colorado, que los aumentos de los sueldos se justificaban porque, de lo contrario, el ejercicio de la política estaría reservado sólo a los ricos y a los ladrones.

Es claro que, entonces, si ese aumento se produjo recién ahora, las cámaras deben haber estado compuestas, hasta hoy, por personajes así, poderosos y deshonestos. Creo que don Domínguez cometió un craso error al limitar su imputación a los legisladores, ya que el Vicepresidente y algunos miembros del Poder Judicial han demostrado, aún por su solo silencio, que también son miembros privilegiados de esa cofradía.

Que la Corte Suprema no haya dicho palabra acerca de los prostíbulos de don Zaffaroni o del anillo de don Oyarbide, o que doña Cristina, tan afecta a las cadenas, no haya mencionado ni una sola vez el escándalo que desnudó Alconada Mom en “La Nación” y que tanto afecta a don Amadito, y que no se haya producido un marcado reproche por parte de la ciudadanía en su conjunto son hechos que mucho explican sobre nuestra sociedad y, sobre todo, de la forma en que escogemos a nuestros representantes.

Como siempre sostengo, es mentira que “los pueblos tienen el gobierno que se merecen”; lo correcto es que “los pueblos tienen el gobierno que se les parece”. Porque todos estos cafres que nos gobiernan no salieron de un repollo o nos los trajo una nave espacial de una galaxia remota; son “nosotros” y, como tales, tienen nuestros mismos defectos y nuestras mismas –escasas- virtudes.

Como contrapartida a un crecimiento que mucho debe agradecer al viento de cola -¡con los precios de la soja de los últimos años, hasta De la Rúa hubiera sido un estadista!- y a un consumo incentivado más allá de toda lógica por el populismo de los Kirchner, la sociedad no reaccionó –y sigue sin hacerlo- frente a hechos tales como
· La modificación en el Consejo de la Magistratura, que puso bajo la férrea bota del Poder Ejecutivo a todo el Poder Judicial.
· El cambio de facto del sistema de coparticipación federal de impuestos, que doblegó a todos los gobernadores a los deseos de la familia imperial.
· La destrucción del Indec, la falsificación de todas las estadísticas oficiales y el ocultamiento de la galopante inflación y su efecto sobre millones de pobres.
· La pérdida de doce millones de cabezas de ganado, el aumento sideral del precio de la carne y su correlativa disminución del consumo.
· Los falsos pero altisonantes anuncios de inversiones chinas.
· El financiamiento de las campañas del Frente para la Victoria con las valijas de Antonini Wilson y el aporte de las droguerías vinculadas al narcotráfico.
· La desaparición de los “fondos de Santa Cruz”, sin dar nunca explicación alguna.
· La sistemática destrucción de todos los organismos de control de la Administración: Oficina Anticorrupción, Fiscalía de Investigaciones Administrativas, etc.
· Los siderales precios de la obra pública en Santa Cruz, que más que duplican los practicados en San Luis, por ejemplo.
· La permanente desobediencia a sentencias adversas de la Corte Suprema, casos Procurador Sosa, Perfil o Badaro, por ejemplo.
· La dilapidación de fondos públicos en propaganda encubierta a través de los medios de prensa propios o de amigos, o en los programas Fútbol para Todos y, ahora, TC para Todos.
· El saqueo de todas las “cajas”, desde el Banco Central, el Banco Nación, la Anses, el Pami, hasta la apropiación de los ahorros privados en las AFJP’s.
· El inexplicable enriquecimiento patrimonial –en “blanco”- de personas que sólo han tenido cargos públicos, comenzando por los mismos Kirchner.
· La compra, por centavos, de tierras fiscales en Calafate, para revenderlas inmediatamente a precios siderales.
· La destrucción, por falta de inversiones, en las redes ferroviarias y camineras del país, mientras se dilapidan fortunas en objetivos menores, pese a la creciente cantidad de muertes que ello provoca.
· El otorgamiento de concesiones petroleras, especialmente en Santa Cruz, a amigos del Gobierno que sólo habían visto el petróleo cuando cargaban nafta en el auto.
· La pérdida de reservas en petróleo y gas y la permanente desinversión en el sector, y la transformación de la Argentina de país netamente exportador de energía a país importador.
· La creciente dependencia del exterior para abastecer al consumo interno de combustibles, a precios cada vez más caros.
· La “estatización” de Aerolíneas Argentinas, con subsidios que llegan a los dos millones de dólares diarios, para que viajen sólo los ricos.
· El fabuloso endeudamiento con la Venezuela de Chávez, mientras se pregona el pago al Fondo Monetario, que cobraba tasas muy inferiores.
· Los aviones, yates y casas de Ricardo Jaime.
· La bolsa con dólares de Felisa Miceli.
· Las estafas de los Shocklender y las Madres de Plaza de Mayo, línea Hebe de Bonafini.
· La sobrefacturación de obras públicas, y el uso de facturas “truchas” para encubrir las coimas a funcionarios.
· La constitución de una consultora para trabajar con el Gobierno, de la que fueron accionistas don Néstor y doña Cristina.
· La persecución sistemática a la prensa independiente, especialmente mediante el reparto discriminatorio de la pauta publicitaria oficial.
· El fabuloso crecimiento de la “industria” del juego, que exprime hasta los centavos de los sueldos de los más pobres.

La lista, obviamente, no termina allí, pero mi memoria es frágil y continuarla va a depender del aporte de cada lector. Sin embargo, permite comprender a qué me refiero cuando hablo de la lenidad con que la sociedad trata a la corrupción del poder, mientras éste le garantice autos, plasmas y vacaciones. La comparación con el Brasil de Dilma Rousseff, que no duda en echar a los ministros sospechados de corrupción, es un espejo cercano que nos devuelve una triste imagen de la Argentina.

Pero, lamentablemente, todo esto es pan para hoy y hambre para mañana, como comprenderemos en poco más de un mes, cuando comiencen a golpear nuestros bolsillos aumentos tarifarios que, como bien dijo y ejemplificó Roberto Cachanosky el lunes, superarán a los del famoso “rodrigazo”.

Hoy, el único enemigo serio de doña Cristina y su gobierno es la economía que, mal que le pese a don Patotín Moreno, tiene reglas propias e inmutables. El escenario macro no tiene nada que ver con el que arrojó al país al abismo del 2001 y, sobre todo, no hay en la oposición –ni en el propio Gobierno- nadie que pueda ser una alternativa de poder.

Federico Pinedo –traicionando a los abogados en el Consejo de la Magistratura por la vía de Alejandro Fargosi, o aplaudiendo los disparates de la señora de Kirchner- desde el Pro, y Mario Barletta –tratando de cambiar a Leandro Despuy en la Auditoría General de la Nación por un correligionario más “buscador de consensos” con el poder- desde la UCR, son botones de muestra de qué cabe esperar de los pseudo opositores.

Pero, como siempre digo, en las crisis se nota el temple de algunos, que se destacan espontáneamente. Habrá que ver cuándo sucede este fenómeno, y cómo reaccionará un pueblo desilusionado por el fracaso de este “modelo” de falso bienestar.

El miércoles próximo, me comprometo, ofreceré las primeras ideas para ese cambio, tan indispensable para la viabilidad de Argentina como país.








Bs.As., 16 Feb 12


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