domingo, 26 de mayo de 2013

Cuando los 'pungas' vienen marchando




Cuando los ‘pungas’ vienen marchando


“A pesar del tradicional individualismo y narcisismo de los argentinos, las principales motivaciones de sus tragedias no son tanto de orden individual como colectivo. Las responsabilidades de los acontecimientos, también”. Héctor Ricardo Leis


La inmunda, gigantesca, de lesa humanidad y genocida corrupción que ahora han hecho trascender Jorge Lanata y los demás periodistas hasta los últimos rincones de la Argentina, me lleva a preguntarme hasta cuándo toleraremos, pacíficamente, que esta banda de delincuentes a los que hemos entregado el poder más omnímodo siga encabezando nuestro Estado. A todas las denuncias, que sin duda la involucran tanto como a su finado marido, doña Cristina ha respondido con un silencio que sólo consigue indignar más a la ciudadanía, cada vez más empobrecida por la galopante inflación que el oficialismo genera por su vocación por el latrocinio y la recaudación.

Más allá de algunos episodios que, precisamente por pocos, llaman la atención en nuestra historia, debemos confesarnos que somos un pueblo manso y sufrido, capaz de soportar, en estupefacto silencio, las consecuencias de nuestros propios actos, sin intentar corregirlos. Hemos aceptado, con ese ánimo pasivo, la transformación de nuestra democracia representativa en la democracia “delegativa”, como la definiera Guillermo O’Donnell; esto significa que, como nos ha exigido la señora Presidente muchas veces desde su atril, nuestros derechos se reducen a emitir el voto cada vez que somos convocados a hacerlo.

Cuando camino por las calles de mi ciudad, la pregunta generalizada es: “Esta vez, ¿pasará algo?”; es decir, los argentinos seguimos esperando que la Justicia se quite la venda que la ha transformado, durante toda la década, en tuerta. Pero la mansedumbre sigue imperando, mientras todos tratamos de sobrevivir como mejor podemos, pagando impuestos escandinavos para recibir servicios africanos.

La viuda de Kirchner ha dado un paso importante para avanzar en su tentativa de permanecer en el poder al anunciar, siempre por cadena nacional, que a “las organizaciones juveniles, sociales y políticas” se les encomendará la vigilancia popular sobre el precio de los quinientos productos que fueran, al menos en teoría, incluidos en el congelamiento acordado por Patotín y los supermercados. Como se lo mire, es un nuevo avance hacia el chavismo terminal del Pajarito Chiquitico y aún, si se lo observa con más atención, hacia la provecta dictadura de los Castro; ambos regímenes han creado milicias populares, por fuera de las estructura militares tradicionales, para sostener sus alucinados proyectos de poder.

En ese cuadro, ¿hasta cuándo los argentinos soportaremos impávidos este desmadre? Nunca, en toda nuestra historia, habíamos entregado el poder a una banda de ladrones como la que hoy encabeza la señora Presidente. Ni siquiera los años de Menem resultan comparables, ya que entonces se robaba sólo dinero, aún cuando fuera mucho, mientras que en la “década ganada” los objetos de estos delitos son nada menos que empresas y actividades económicas enteras; es más, sostengo desde hace mucho tiempo que el deseo de don Néstor (q.e.p.d.) de quedarse con YPF fue la causa esencial de la pérdida del autoabastecimiento energético, que dejaba muchos dólares en el país, y de la creciente necesidad de importar gas y derivados, origen de nuestra pavorosa inflación.

La maniobra fracasó cuando Kirchner murió y sus testaferros –Enrique Eskenazi y su familia- negaron esa condición al ser interrogados personalmente por doña Cristina, y ello llevó a la confiscación del 51% de las acciones de la empresa y a la consecuente ruina de sus tan curiosos administradores. En los episodios de corrupción no hay, ni puede haber, papelitos y recibos, y la forma en que se comportaron cada uno de los que tenían a su nombre los bienes mal habidos cuando “Él” murió ha determinado que permanecieran en el círculo áulico de Olivos o fueran desterrados y, en algunos casos, fulminados por la venganza imperial de su viuda.

¿Por qué los argentinos no reaccionamos tomando la calle todos los días, hasta expulsar a estos delincuentes, que tanto daño producen, del poder? Un muy somero inventario de los perjuicios que causa su permanencia debe incluir la inseguridad, la inflación, la droga, las muertes derivadas del robo en las obras públicas, la pobreza y la indigencia de un tercio de nuestros compatriotas, el aislamiento internacional y, ahora, la violencia anunciada. ¿Cómo no nos ponemos de acuerdo para una gran resistencia civil, dejando de pagar nuestros impuestos cuando sabemos que éstos terminan convertidos en pisos, estancias, countries, aviones, autos y motos lujosos, billetes de € 500 o fiestas babilónicas en Punta del Este y Miami?

¿Cómo no nos manifestamos, todos los días, frente a los tribunales de Comodoro Py hasta obligar a los jueces federales penales a desempolvar todas las causas de corrupción cajoneadas? ¿Cómo no nos presentamos masivamente ante la AFIP para impedir que el Gobierno continúe expoliándonos? ¿Cómo no vamos, por millones, al Congreso para que los infames traidores a la Patria que votan proyectos inicuos con obsecuencia debida dejen de habitarlo? ¿Cómo no exigimos que la Corte Suprema pida el juicio político de la señora Presidente por ignorar sus fallos?

¿Cómo permitimos que continúen representando a los argentinos dos imputados por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero como doña Cristina y Guita-rrita Boudou? ¿Ignoramos que nuestro país se ha transformado en el hazmerreír de toda la prensa mundial? ¿No nos impresiona, al punto de reaccionar, cuando todo el planeta nos mira con asombro y desprecio cuando nuestra moneda la imprime Ciccone y el Vicepresidente? ¿Sabemos que las cadenas de noticias internacionales sólo hablan de nosotros para criticar los avances del Ejecutivo contra la prensa y la Justicia o las ridiculeces discursivas de la señora Presidente?

Pero el campo minado que el kirchner-cristinismo dejará cuando, finalmente, sea desalojado del poder exigirá a quien lo suceda tomar medidas poco simpáticas –por ejemplo, la supresión de los subsidios generalizados para reemplazarlos por la protección a los más necesitados- y, para concitar la adhesión popular, le será necesario demostrar que encabeza un cambio ético y moral; un cambio que sólo podrá ser comprendido si la cabecilla y toda su banda pública y privada terminan en la cárcel con todos sus bienes confiscados. Ellos, por su parte, lo saben, y es por eso que no se entregarán pacíficamente.

Entonces, finalmente, caerá la máscara de “socialismo del siglo XXI” tras la cual el "modelo de acumulación de matriz diversificada con inclusión social” -¡qué nombrecito inventaron!- ha ocultado su verdadero propósito: apoderarse del país y de todos los resortes de su economía para robar a mansalva. Tal vez, sólo tal vez, ese 20% de los argentinos que, de buena fe, aún creen en él, dejarán de hacerlo y comprenderán que deben los costados más tristes de sus vidas a la corrupción generalizada.


domingo, 19 de mayo de 2013

¡Están vivos!




¡Están Vivos!

“La segunda imagen … presentaba al monarca como un soberano capaz de hacer cualquier cosa con tal de mantener su poder y, ante todo, como un gran demagogo y un paternalista teatral que, con sus gestos y palabras, enmascaraba la venalidad, la cerrazón y el servilismo de la élite gobernante, por él creada y mimada”.     Ryszard Kapuścińki

Tal como les sugerimos en esta columna (http://tinyurl.com/7ojil63a9) en ocasión del primer blanqueo, que tanto favoreció a Cristóbal López, Lázaro Báez y otros recientemente enriquecidos, los distintos dirigentes de la oposición decidieron “aprovechar la mala fama” tan bien ganada por el Congreso nacional, para anunciar a todo el universo de traficantes de drogas, empresarios amigos, funcionarios corruptos y evasores de toda laya que el nuevo y tan oportuno perdón sancionado por los obsecuentes legisladores del oficialismo será derogado tan pronto asuman sus bancas quienes resulten electos en octubre. Igual conducta, han asegurado, adoptarán con la siniestra “democratización” de la Justicia.

Así, descubrieron finalmente los que piensan diferente que debían bajar al barro a pelear allí contra el grupo de gangsters que hoy manda en la Argentina, ya que esta banda no respeta regla alguna y, hasta ahora, aprovechaba la ingenuidad de sus contendientes, que pretendían actuar con las reglas del juego democrático, para imponer las alucinadas y, sobre todo, falsas revoluciones que el “relato” declama.

Además, prometieron publicar la lista de quienes hayan recurrido a este nuevo instrumento de la corrupción, que en 2008 ya había producido el lavado de casi cuatro mil millones de dólares. Tal vez entonces los argentinos nos enteremos quiénes fueron, y por cuánto, los que se han beneficiado a costa de quienes pagamos religiosamente los impuestos, ratificados en nuestra condición de idiotas crónicos.

Esas revelaciones, procesadas por la Justicia verdaderamente transparente e independiente que añoro, impedirán que se repita aquí lo sucedido en Rusia cuando la URSS implosionó y quienes, hasta entonces, eran funcionarios o amigos del poder, se quedaron literalmente con todas las empresas. Surgieron así los megamillonarios, que compran los clubs de fútbol, los inmuebles y los yates más caros del mundo, y que en la Argentina pretenden imitar los Cristóbal López, los Lázaro Báez, los Enrique Ezkenazi, los Sergio Spolsky, los Manzano y Vila, los Rudy Ulloa Igor, los Gerardo Ferreyra, y la horda de secretarios, familiares, ministros, gobernadores, testaferros, etc., que rodean a la inquilina de la Casa Rosada. 

El contemporáneo aviso de arrebatar al oficialismo -si ganan esas hoy ilusorias elecciones- la Presidencia de la Cámara de Diputados, con la alteración esencial de la línea sucesoria que ello implica, va en el mismo sentido; presumo que todavía deben dolerles las asentaderas después que, en 2009 y haciendo honor a un tácito pacto de caballeros -¡nada menos que con estos tahúres enfrente!-, cedieran elementales comisiones legislativas a los entonces perdedores, cargos que éstos aprovecharon sádica e impunemente en beneficio propio y del “modelo”. 

Por su parte, Macri -¡chapeau, Mauricio!- incurrió en una verdadera genialidad política que, cuando se genere el natural conflicto entre las leyes locales y las federales, pondrá el tema de los medios independientes sobre el escritorio de los renuentes ministros de la Corte Suprema, obligándolos a adoptar una decisión que, a no dudar, determinará la inconstitucionalidad de los cuestionados artículos de la ley de tan rimbombante nombre; resta saber qué ocurrirá si la mini-mesa de Olivos decide desconocer el fallo, con el gravísimo conflicto de poderes que ello implicará. El Jefe de Gobierno porteño recuperó, para los opositores, la iniciativa política e inducirá, en los próximos días, a varios de sus colegas gobernadores a sumarse a ella (el Gallego de la Sota ya lo ha hecho), amén de obligar a Lancha Scioli a definirse; si decide mantener el camino contemporizador con la Casa Rosada quedarán sepultadas, para siempre, todas sus expectativas políticas.

El Gobierno continúa dando manotazos de ahogado ante una realidad que, en todos los campos, difiere muchísimo del escenario que llevó a la viuda de Kirchner a ganar con un sospechado 54% las elecciones de octubre de 2011. En un escenario en el cual casi todos los países de la región crecen, multiplican sus reservas monetarias, obtienen préstamos regalados y a plazos enormes para mejorar sus infraestructuras y aumentar su oferta de energía, deben imponer permanentes barreras para evitar el ingreso de más dólares a sus economías y, sobre todo, han sido calificados como merecedores de inversiones extranjeras, el triste resultado que arroja la comparación con lo que aquí sucede me exime de abundar en el tema.

Los regímenes bolivarianos y cristinistas ha llevado a ambas naciones a niveles inflacionarios ya desconocidos en el mundo, a estancar en la pobreza a gran parte de sus ciudadanos para mantenerlos cautivos de sus insanas ansias de perpetuarse en el poder, a sojuzgar a los poderes judiciales, a generar escasez de productos alimenticios, a cerrar sus fronteras para evitar la fuga de los capitales, a domesticar a la prensa independiente y, algo imperdonable, al despilfarro de una década que, en ambos países, hubiera permitido el desarrollo y el crecimiento, con verdadera inclusión social. En ambos sistemas, o “modelos”, ha sido central la corrupción más desaforada, y la destrucción de todos los marcos jurídicos y racionales capaces de insertarlos en el mundo. 

Pero una luz de esperanza se ha encendido en Venezuela y hace que, por contagio, también comience a aparecer en la Argentina; allí, el 70% de la población se ha expresado en las encuestas a favor de la revisión de los resultados que dieron al Pajarito Chiquitico tan menguado triunfo electoral y, aquí, la intención de voto a nuestra bienamada Presidente se derrumba al ritmo de las inundaciones, de las multitudinarias marchas, del cepo cambiario y de las no refutadas denuncias de corrupción que la involucran: tan sólo en un mes, la caída ha alcanzado ya cifras irremontables.

Porque ya está claro que la economía no permitirá esa tranquilidad en los bolsillos que mueve a los ciudadanos de cualquier país a preferir malo conocido que bueno por conocer. Tampoco la soberbia ignorancia con la que doña Cristina trata los escándalos con que su imagen es sacudida diariamente contribuye a aumentar su popularidad, ya que ahora todos, inclusive los menos instruidos de nuestros compatriotas –que son, a la vez, los que más sufren los desastres económicos que esta pandilla de incapaces y ladrones se empeña en perpetuar-, saben que el dinero robado es tanto que sólo puede pesárselo.

Lamentablemente, también está claro que la señora de Kirchner ha decidido que los votantes le importan menos que nada; si no fuera así, intentaría al menos seducirlos. En cambio, los agrede permanentemente desde sus innumerables atriles, desde las sonrientes fotos de la galería de delincuentes que la rodea, desde la monstruosa e impúdica exhibición de sus lujos, desde la negación de la inflación, desde la prepotencia de Patotín.

Y lo califico de lamentable porque, de hecho, ha elegido un camino distinto a competir en elecciones –la confirmación de ello son las palabras de Wado de Pedro, líder de La Cámpora, que en un acto reciente en Hurlingham dijo: “Nos quedaremos, les guste o no les guste”- para que el “modelo” se perpetúe y la fiesta de esta repugnante y genocida corrupción pueda continuar, con sus invitados y amigos ricos y en libertad, apropiándose de empresas, de inmuebles y de ramas enteras de la industria y del comercio del país. Creo que deberíamos intentar prever cuál será ese camino y prepararnos para enderezarlo, porque en ello nos va, y no exagero, la vida misma.

Bs.As., 19 May 13



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domingo, 12 de mayo de 2013

¿Usted les compraría un auto usado?



¿Usted les compraría un auto usado?

“Los que se inventaron un pasado glorioso ya que no se animan siquiera a justificar en el presente sus demencias”.                                                                                                                                                 Julio Bárbaro.

El Gobierno, dueño y señor de la agenda nacional, ha consumado esta semana estragos cuyos costos deberán ser soportados por nuestros hijos y nietos, condenando a la Argentina a hundirse definitivamente en el lodo y en la nada de la Historia.

Pero el objetivo de esta nota es otro. Ante la escandalosa corrupción divulgada al gran público por Jorge Lanata, mi pobre cabeza se ha llenado de preguntas que aún no tienen respuestas, salvo la obvia: somos un pueblo manso y masoquista, que goza con su exasperante humillación, hasta que pierde la paciencia y hace “tronar el escarmiento”.

El ciudadano común, ¿entiende que cuando lleva a su hijo al hospital, y allí no hay gasas, alcohol o medicamentos, esto se debe a que Lázaro Báez necesitó comprarse una nueva estancia, ahora en Uruguay? Los inundados de La Plata y los deudos de los fallecidos, cuyo número se desconoce, ¿comprenden que lo que les pasó se debió a que los fondos necesarios para las obras imprescindibles se transformaron en Ferraris, en aviones, en pisos en Puerto Madero? Los familiares de los 51 muertos de Once y de los 700 heridos, ¿se dan cuenta que ese crimen se produjo porque los subsidios fueron derivados a las bóvedas de la casa de los Kirchner?

Todos los que sufren diariamente la inflación, ¿saben que el origen de la misma fue la decisión de don Néstor (q.e.p.d.) de robarle YPF a Repsol, usando a los Eskenazi como testaferros? ¿Cómo soportan quienes cumplen religiosamente con los impuestos que quien los cobra esté imputado de robar créditos oficiales con un inexistente feedlot?; ¿no se indignan cuando los pagos que realizan se convierten en relojes de lujo, en carteras Louis Vuitton, en hoteles de la Patagonia, en motos Harley-Davison?

Los abogados que defienden a perseguidos por la AFIP, ¿no le explican a sus clientes que el principio de igualdad ante la ley, garantizado por la Constitución, les permite exigir las mismas facilidades que consiguió Lázaro Báez para sus deudas? Los que cruzan a Colonia y permiten que los perros de la DGI los huelan, todo para hacerse de unos pocos dólares, ¿qué piensan cuando los funcionarios que los insultan pesan su dinero por no poder contarlo? Quienes aúllan su apoyo militante a doña Cristina, ¿cómo explican su ya sideral riqueza personal? Quienes aplauden a Guita-rrita en los actos, ¿saben que juntó a un grupo de amigos y se robó la máquina de imprimir los billetes? Los que reniegan de haber votado a Menem, que robó dinero, ¿no se impresionan con los Kirchner, a quienes también votaron, que han robado empresas y actividades enteras?

Las familias de los chicos que consumen paco, ¿saben que morirán indefectiblemente, para que policías y funcionarios se puedan comprar más casas y más autos, además de fugar su dinero a paraísos fiscales? Los jubilados que pasan hambre, ¿entienden que sus haberes no aumentan para que Aerolíneas Argentinas, que permite viajar barato a los ricos, mantenga a los chicos de La Cámpora con sueldos imperiales? Quienes viven en chabolas de lata y cartón, ¿qué piensan cuando se enteran que Shoklender, Bonafini, Fatala y muchos otros funcionarios se robaron el dinero que debía construir sus casas?

Quienes, todos los días, sufrimos la presión tributaria más alta del mundo, ¿cómo no reaccionamos indignados cuando el Estado, que recauda esos impuestos, no nos da educación, ni salud, ni seguridad, ni jubilaciones dignas, ni transporte, ni justicia ni defensa, y todo ello tenemos que buscarlo –los que podemos- en la actividad privada (colegios, prepagas, etc.)? Podría continuar, hasta el infinito, formulando preguntas por el estilo, pero más me preocupa hoy ignorar dónde están las respuestas.

Con las disparatadas medidas económicas que, sin ponerse colorados, los cinco grandes del buen humor oficial encabezados por Patotín, anunciaron, el mundo entero tomó nota de que, como carecen de dólares por la supina impericia que comparten con la señora Presidente, están dispuestos a que lleguen a nuestras playas todos los narcotraficantes, los terroristas y los funcionarios y empresarios corruptos con sus valijas, bolsos y contenedores llenos de billetes mal habidos; pero, dados los tenebrosos antecedentes de quienes manejan hoy nuestro país, creo que ni siquiera ellos estarán dispuestos a otorgar un voto de tamaña confianza -¿le compraría usted un auto usado a cualquiera de ellos?- al ignorante y ladrón elenco gubernamental. En cambio, quienes tengan pesos “negros”, de cambio imposible fuera del país, puede que corran a comprar dólares “blue” haciendo subir aún más su cotización para, con ellos, suscribir los nuevos certificados ofrecidos y obtener dólares “blancos”. ¡Qué ensalada!

Detrás de este nuevo cachivache, quedó opacado el peor ataque a las instituciones que la democracia ha registrado: la sujeción de la Justicia al poder de turno. El futuro de la Argentina, a partir del miércoles pasado, quedó en manos de una Corte Suprema que no se ha caracterizado, precisamente, por hacer cumplir sus fallos. Es curioso, sin embargo, que quienes manipularon tanto la Constitución y las leyes para someter a los militares a estas parodias de juicios, no piensen que ellos mismos serán víctimas de la nueva criatura, tan pronto ésta cambie de dueño.

Veremos si el pedido de Alejandro Fargosi, integrante del Consejo de la Magistratura, para que la casa de doña Cristina -¿y el mausoleo de Río Gallegos?- sea allanada para comprobar la existencia de bóvedas de seguridad es aceptado por la Justicia. Estoy seguro que, a esta altura, no queda allí un solo difícil billete de € 500, porque creo que -ayudada por Patotín- ya se los llevó a Angola para cambiarlos por fáciles diamantes (http://tinyurl.com/bv6hqzz) pero, al menos, la medida solicitada permitiría verificar si el ex Vicegobernador Arnold y la ex secretaria de “Él” tenían razón. Total, siempre podrá salir nuestra señora Presidente a preguntar sorprendida, por cadena nacional: “Pero,  ¿quién no tiene una bóveda de seguridad en su casa?”


domingo, 5 de mayo de 2013

Ni el tiro del final ...





Ni el tiro del final …

“Desde el punto de vista de tales militantes (los kirchneristas), si de perder el poder se trata, sería más digno que fuera después de protagonizar una lucha épica que como consecuencia de algo tan banal como una elección”. James Neilson

Haciendo uso y abuso de una reprochable autoreferenciación digo: Sólo cabe agregar a este –un casi de mal gusto ‘yo les avisé’- comentario una terrible premonición: a Kirchner no lo sacarán ni los votos ni los carritos de supermercado de las amas de casa; todo me indica que será capaz de cualquier cosa para conservar el poder, incluido un golpe de estado, el armado de los piqueteros adictos, etc.. La frase, como puede comprobarse en mi blog, corresponde a una nota -“Lo Inexplicable …”, que escribí en un ya lejano marzo de 2007, cuando aún don Néstor (q.e.p.d.) se encontraba entre los vivos.

Hoy, cuando han pasado seis años y ya estamos en el segundo período presidencial de su conyugal heredera, esa posibilidad ya ha entrado en los escenarios probables de los analistas políticos, tal como lo demuestra la cita que encabeza este artículo, extraída del que escribiera su autor en la edición de ayer de la revista Noticias. Siempre aclaro que no cuento con una información distinta a la que poseemos todos, y que me limito a imaginar qué puede suceder trabajando sobre esos datos, y lo haré también esta vez.

Como no creo en la existencia de un pacto espurio entre doña Cristina y don Lorenzetti como el que denunció Lilita Carrió, estoy convencido que la Corte Suprema declarará inconstitucionales las leyes que modifican la composición y la forma de elección de los miembros del Consejo de la Magistratura y alteran el sistema cautelar en perjuicio de los más débiles. Respecto a la creación de las nuevas cámaras de Casación, creo que lo único que resolverá es que el Poder Ejecutivo no puede cubrir las vacantes generadas con jueces subrogantes, elegidos a dedo entre sus más fieles. Sin embargo, también creo que esa estrepitosa denuncia resultó útil porque, como dicen quienes practican el salto a caballo, “levantó las vallas” a los miembros del supremo Tribunal; resultará imposible que ahora éste resuelva en sentido contrario a lo dicho, toda vez que esa actitud confirmaría, a los ojos de todos, la veracidad de las afirmaciones de la Diputada.

Entonces, la pregunta de oro es qué hará el Gobierno con una decisión judicial de tamaña importancia, sobre todo cuando ésta tendría su correlato nada menos que en la duras críticas que formularon la Relatoría Especial sobre la Independencia del Poder Judicial de las Naciones Unidas y una enorme cantidad de ONG’s que luchan contra este tipo de prácticas. La respuesta también me parece obvia: la acatará y la utilizará como excusa para dejar sin efecto -“por única vez”- las primarias abiertas (PASO), que tan perjudiciales le resultarían ahora, ya que mostrarían un cuadro similar, en cada distrito, al que protagonizaron don Carlos Menem y el fallecido Kirchner en 2003.

En mi opinión, doña Cristina tratará de llegar directamente a octubre esperando lo imposible: una nueva bonanza económica que convenza a los votantes que, con el bolsillo más tranquilo, es mejor malo conocido –aún con esta genocida corrupción- que bueno por conocer. Ninguna de las reales variables –cosecha, brecha cambiaria, empleo, inflación, reservas, combustibles, Brasil, China- permiten soñar con algo así; antes bien, todas ellas, dada la notoria impericia de los funcionarios que, además, tienen opiniones encontradas acerca de las recetas a aplicar, tenderán a deteriorarse.

Entonces habrá llegado el momento de la decisión crucial, de la mano de las encuestas que el Gobierno encomienda diariamente a la Secretaría de Informaciones y a las consultoras privadas de todo pelaje. La viuda de “Él” no aceptará gobernar sin un Congreso obsecuente, con una Justicia capaz de hacer que ella misma y todos sus cómplices terminen tras las rejas, y transformada en un pote de yogurt, con fecha de vencimiento inamovible.

Creo que optará por renunciar, intentando negociar alguna forma de inmunidad que, mal que le pese, sólo don Lancha Scioli podría prometerle pero le resultaría casi imposible concretar, porque la ciudadanía entera, incluidos muchos integrantes del propio Gobierno, está llena de odio y harta de las humillaciones a las que el matrimonio imperial la ha sometido; además, necesitará condenas ejemplares para lavar la gran responsabilidad colectiva que, como sociedad, tiene en la actual situación: los argentinos siempre preferimos encontrar culpables a los que echar la culpa de nuestros propios desaguisados.

Ese análisis me lleva, naturalmente, a descreer en una solución electoral y democrática para la monumental crisis a la que ambos Kirchner nos han permitido llegar otra vez, después de haber arruinado la mejor década que tanto ha favorecido al resto de la región, con la obvia excepción del cachivache bolivariano. El peronismo (Poder S.A.), tan experimentado la lucha por el control de la calle, debe prepararse para lo que vendrá, ya que no hay en esta rara Argentina de hoy otras instancias defensivas a las que recurrir y ya mismo hacerse cargo de sacarnos de encima al siniestro régimen que su permanente interna partidaria nos ha legado.

Para concluir, dos recomendaciones: 1) re-vea el tramo final del programa de Lanata del último domingo, cuando el periodista le rogó a doña Cristina, en nombre de sus más de cinco millones de espectadores, que desmintiera sus denuncias de corrupción; y 2) lea –como lo he hecho esta semana- “El inventor del peronismo”, de Silvia Mercado, que desnuda el asombroso parecido entre el gobierno de 1946-1955 y el actual; sólo cabe preguntarse, al respecto, si Marx tuvo razón, cuando dijo que la historia se repite, la primera vez como tragedia y, la segunda, como comedia.


domingo, 28 de abril de 2013

Juntando Fósforos


Juntando Fósforos

“Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. ¡Estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo!” Gabriel Celaya

Detrás de los telones del bochornoso espectáculo montado por el cristinismo en el Congreso para aprobar, en tiempo record, a libro cerrado y con fraude la orden de asesinar la República, quedaron ocultos los muertos de Once y de las inundaciones de La Plata, la multitudinaria marcha del 18A y, en alguna medida, hasta el juego de corrupción desaforada que Kirchner patentara y que Lanata pusiera en nuestras hogareñas pantallas; en este caso, es menos grave, ya que el periodista volverá a hacer impacto, esta misma noche, bajo la línea de flotación del “relato”.

Sin embargo, como pasó con todas las batallas que el oficialismo ha encarado, revistiéndolas de una épica que la injustificable riqueza de sus generales desmiente, más temprano que tarde ésta terminará en un fracaso, y sólo habrá servido para que doña Cristina gane unos días en su inexorable camino hacia el derrumbe final. El 7D, la Rural, la 125, el derrocamiento de Scioli y de Peralta y, sobre todo, la irresponsable e ineficaz manera en que se conduce la economía, han sido los hitos que han marcado ese derrotero, que tendrá un trágico costo para la Argentina del futuro inmediato.

En agosto deberíamos concurrir a las urnas para votar en las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, que este año –salvo que la Corte Suprema lo impida- implicarán elegir también a los candidatos a futuros miembros del Consejo de la Magistratura (con el país como distrito único, otra trampa electoral del kirchnarismo). En la Argentina, y el 2011 fue una demostración, las PASO funcionan como primera vuelta; recuerde el lema “Cristina ya ganó”. Si en cualquiera de las provincias “seguras” el oficialismo no pudiera exhibir una abismal ventaja numérica sobre el segundo más votado, lo natural sería que éste nucleara tras de sí a toda la oposición, repitiendo así lo sucedido en 2003, cuando Menem venció a Kirchner pero desistió de presentarse a la segunda vuelta.

Como el Gobierno es consciente de estos detalles, está muy preocupado, en especial porque carece de personajes convocantes, a punto tal que en la Casa Rosada se baraja la posibilidad de que doña Cristina encabece, por supuesto en forma testimonial, la lista de candidatos al Consejo de la Magistratura, con lo cual su nombre estaría en las boletas de todas las provincias. La oposición ha entendido el riesgo de este artilugio, y está intentando unificar también su oferta electoral en esta materia.

Debemos reconocer, en el Gobierno, una cuota de locura extraña: está en medio de un año que, sin dudas, será el más complicado de su vida política y, pese a ello, no hace más que castigar y agraviar, sin escrúpulos, a su propia base electoral. Divorciado, ya sin remedio, de las clases medias, su natural refugio debería encontrarlo en el mundo de pobreza e indigencia que ha creado para cautivarlo con sus dádivas clientelísticas y, sin embargo, quienes lo habitan son apaleados diariamente a través de la inflación y del fracaso rotundo del “modelo” económico implementado desde la chiquitísima mesa de Olivos.

La escasez de recursos financieros ha llevado a una marcada incapacidad de la Casa Rosada de mantener a salvo de ese deterioro a los planes sociales, ya que los pocos que aún existen se utilizan para subsidiar el consumo de los más ricos –combustibles, pasajes aéreos, dólar turista, automóviles importados, etc.- y la ya alucinante corrupción de la cual la televisión ha exhibido sólo una pequeña muestra. Y el inocultable agravio llega de la mano del Indec, que esta semana se dio el inexplicable lujo de sostener que la miseria ha desaparecido en varias provincias argentinas; tal vez se deba a la reticencia moral del pobre Lorenzino, nuestro invisible Ministro de Economía, el demoledor papelón que protagonizó ante la prensa internacional.

Como estuve presente en las tres protestas que protagonizó la ciudadanía el 13S, el 8N y el 18A puedo sostener, sin temor a equivocarme, que fue la última la que mayor componente de sectores humildes mostró, sobre todo a partir de la confluencia de las diferentes columnas en el Obelisco porteño, antes de marchar hacia la Plaza de Mayo, primero, y el Congreso. Sin colectivos, dinero o choripán, muchos marginados del conurbano salieron a manifestar su repulsa a un régimen que enriquece a sus funcionarios y a sus amigos, que exhiben con grotesca impudicia sus aviones, sus fiestas y sus automóviles y “pesan” el dinero porque resulta más práctico que contarlo; el merecidamente envidiable aparato de comunicación del Gobierno cometió, esta vez, un incalificable error cuando, para intentar reducir su impacto, llevó el escándalo a las pantallas de quienes, habitualmente, no ven programas políticos, por más cómicos que éstos sean.

El mismo individuo que fue el instrumento utilizado por don Néstor (q.e.p.d.) para llevarnos a la terrible crisis de energía en la que nos encontramos, para cobrar monstruosos sobreprecios en la obra pública, para armar los monumentales negociados con Venezuela y, al menos en los papeles, ser responsable del crimen de Once, con sus cincuenta y un muertos y más de setecientos heridos, el inefable Julio de Vido, que será el nuevo blanco de Lanata esta noche, sin siquiera ponerse colorado atribuyó a los deseos a viajar a Miami que más de dos millones de argentinos salieran a la calle.


El 24A, mientras la sucesiva presencia de los gremios y de la ciudadanía en general gritaba ¡basta! en la plaza, el oficialismo destruía a la República y a la democracia en el interior del Congreso, demostrando un imperial desprecio por el clamor de sus gobernados; resultó por ello muy acertada la frase de Oscar Aguad al resaltar que la bancada oficialista tenía miedo a la masa y vallaba el edificio, demostrando así que no era peronista a pesar de su disfraz.

Preguntas básicas se imponen: si usted fuera nuevamente candidato a algo, sea presidente de un club, de una asociación vecinal o a diputado, ¿dedicaría toda su actividad diaria a insultar a sus votantes y a despreciar su inteligencia?; cuando quienes integran su capital político sufren por alguna razón, ¿demostraría usted que medios non sanctos le permiten estar al margen de ese sufrimiento?; mientras todos protestan, ¿utilizaría una visible maza para derrumbar el edificio de su club? Evidentemente, si lo hace es porque los votos han dejado de importarle y ya está pensando en otra forma de conservar el poder; sólo tendrá dos alternativas: el fraude o la violencia.


Como todos somos conscientes de lo que ocurrió en la elección tan cuestionada de Venezuela, presumo que los partidos políticos de oposición se pondrán de acuerdo para contratar a un equipo informático que pueda imposibilitar el fraude. Sólo resta saber, entonces, como hará el Gobierno para incendiar Roma.

domingo, 21 de abril de 2013

Cuando estén secas las pilas



Cuanto estén secas las pilas

“Sólo un pueblo virtuoso es capaz de vivir en libertad. A medida que las naciones se hacen corruptas y viciosas, aumenta su necesidad de amos”. Benjamin Franklin

Si muchos, hasta la semana pasada, dudaban del apocalíptico futuro que he venido prediciendo para este año en la Argentina, lo sucedido en Venezuela desde las elecciones del domingo pasado ha comenzado a convencerlos. El inefable Pajarito Maduro y, con él, el régimen chavista ha demostrado a qué extremos los gobiernos populistas y corruptos, que han proliferado en la última década en América Latina, están dispuestos a llegar para conservar el poder. Nuestro país, que tanto ha hecho para parecerse al caribeño no es una excepción; los diarios de estos días de Caracas pueden ser leídos como una anticipación de lo que sucederá aquí antes de octubre.

La encuesta dada a conocer por Jorge Giacobbe ha informado, urbi et orbe, que el cristinismo perderá las elecciones en la crucial Provincia de Buenos Aires, cualquiera sea el escenario en que se produzcan; es indispensable destacar que ese estudio es anterior nada menos que a las inundaciones de La Plata, a las revelaciones de la corrupción en televisión, a los inmundos avances sobres la Justicia y a la masiva protesta del 18A. Puedo afirmar, por lo demás, que el Gobierno es consciente de esa ineludible realidad.


La economía prácticamente en recesión, la creciente inflación, la caída de la recaudación de la soja debida a precios y rindes menguantes, las reservas monetarias al borde de la inanición, el débil crecimiento de Brasil, el déficit fiscal enorme, la brecha cambiaria y, sobre todo, las mayores importaciones de combustibles, producto del incendio en la destilería, permiten augurar que, esta vez, no dispondrá de más carne para echar a la parrilla del bolsillo consumista del ciudadano antes de esas elecciones, en la cual se juega todo su futuro y que, como digo, perderá.

Las matemáticas son simples. En la Ciudad de Buenos Aires, en las provincias de Santa Fe, de Córdoba y de Mendoza, y también en la propia Santa Cruz, es inexorable que el Gobierno sufra una derrota memorable y, en algunas de esas jurisdicciones, saldrá tercero o cuarto. Si, como dijo Giacobbe, con enormes pergaminos que lo avalan, le sumamos la Provincia de Buenos Aires, el resultado será que el oficialismo dejará de disponer de las mayorías de las que hoy abusa en ambas cámaras del Congreso, cualquier proyecto reeleccionista estará indefectible enterrado, el peronismo territorial huirá espantado y doña Cristina se habrá transformado en un yogurt, con fecha cierta de vencimiento.

Si miramos desde ese ángulo lo que ocurre en Venezuela, mi vieja afirmación acerca de la decisión de incendiar Roma antes que entregar el poder adquiere una perspectiva más verosímil; ayer mismo, en su nota en Perfil, Dante Caputo coincidió es que las probabilidades de que ello ocurra son cada día más concretas. Podrán oponérseme argumentos tales como la enorme movilización de la ciudadanía, sea a favor o en contra de Capriles, o la obediencia ciega de un sector del ejército bolivariano al régimen pro-cubano vigente, pero nada de ello invalida una comparación con nuestra realidad.  

El éxito numérico del 18A tuvo causas concurrentes, pero fue determinante la masiva difusión que le dio Lanata a una corrupción conocida que, hasta ahora, no figuraba entre las prioridades de la ciudadanía. Desde estas notas, como puede comprobarse en mi blog, he denunciado ininterrumpidamente hechos peores, inclusive, que el affaire Kirchner-Báez, pero nadie lo escuchó.

El cachetazo que el Gobierno está propinando a la República en el Parlamento, contemporáneo de la concentración, casi produce la invasión al Congreso; el periodismo debiera dar a conocer, con fotos, la lista de los legisladores que, con obediencia debida e irracional, levantaron la mano en ambas cámaras para concretar este verdadero golpe de estado.

El segundo mensaje –el primero fue “Constitución, República y Decencia”- que la marcha emitió no estuvo dirigido a doña Cristina sino a los opositores, porque la sociedad está verdaderamente harta de sus ridículos personalismos, para que se decidan a unificar su propuesta electoral para enfrentar a esta calamidad. Algunos de los más lúcidos políticos están proponiendo la conformación de dos agrupaciones de partidos, una de centroizquierda y la otra de centroderecha; luego, ambas irían a respectivas internas y conformaría la lista final de candidatos de acuerdo a la cantidad de votos obtenido por cada uno de ellos, con lo cual todos estarían representados por sus mejores hombres y mujeres.

Obviamente, aceptar esa propuesta es para espíritus altruistas que, lamentablemente, escasean en el escenario nacional. Quienes se sienten ganadores en una circunscripción no se resignan a perder parte del poder que suponen ostentar en beneficio de otros que, tal vez, puedan aportar más capaces personas. Para eso, la ciudadanía en general, esa que llenó las calles el 18A, debe imponerse y exigir a quienes se pretenden dirigentes que terminen, de una vez, con esta manera tan infantil de entender y de ejercer la política.

No se trata de coincidir en un programa general de gobierno sino en ponerse de acuerdo en algunas premisas básicas e inamovibles. Por mi parte, me permito resumirlas así: volver al sistema de división estricta de poderes; desterrar la lista sábana e implantar la boleta única; derogar las leyes de blanqueo y de emergencia económica; regresar al federalismo fiscal; prohibir, en todos los ámbitos públicos, aún en los no estatales, la reelección por más de un período; exigir la contraprestación laboral y educativa para los planes sociales; recuperar la seguridad jurídica y respetar, a rajatabla, los contratos y las sentencias; establecer una política de estado firme y coherente para luchar contra el narcotráfico y el lavado de dinero; reinsertar a la Argentina en el mundo; y establecer una clara y transparente política migratoria.

Sobre cada uno de esos títulos podremos discutir la forma concreta de llevarlos a la práctica, pero ese debate debe ser dado a la luz pública, de modo tal que la ciudadanía sepa cómo están desempeñando sus mandatarios las tareas para las cuales fueron elegidos. Esto es básico, ya que debemos abandonar esta falsa democracia “delegativa”, tan en boga en los regímenes populistas que han empobrecido y marginado a sus países, y regresar a la verdadera, la “representativa”; en la primera, los derechos civiles se reducen a la emisión del voto mientras que, en la segunda, la participación de la sociedad, en todas sus formas, se ejerce permanentemente, con el control de los actos del gobierno.  

No basta con que la sociedad exprese su bronca en las calles cada cierto tiempo o pida la ayuda de S.S. Francisco para evitar que este “modelo”, cada vez más expuesto en sus costados más cloacales pero aún así determinado a ir por todo, consiga sus objetivos. La movilización ciudadana debe ser permanente, la exigencia a los representantes cotidiana y la defensa de la Constitución activa y militante. Es el propio país y nuestra libertad lo que se está jugando en estas horas, y de nuestra conducta, individual y social, dependerá que esta vez salga pato o gallareta.