Vendiendo
Buzones en Carnaval
“Con la verda´ no ofendo ni temo. Con
la mentira zafo y sobrevivo, Mendieta”. Roberto Fontanarrosa
Señora Presidente,
debo decir que, una vez más, el sábado me hizo recuperar la capacidad de
asombro, ésa que mantiene jóvenes a los mayores, con su estilo tan mesurado y
exento de las habituales diatribas contra sus imaginarios enemigos, un modo que
tanto ha crispado a la sociedad en que usted y yo vivimos; tampoco nos deleitó con
esos espectáculos de danza que tanto le gustan y practica y que, a veces, han
llegado a incluir el Himno.
Sólo una
pequeña corrección institucional: al decir, refiriéndose tantas veces a mayo de
2003 como “cuando llegamos”, demostró que considera a la Presidencia de la República
como bien ganancial; ignoro si algo así incluía la reforma constitucional que
sus aplaudidores propugnaban pero, en cualquier caso, le recuerdo que no fue
aprobada.
En cuanto
al fondo sí, fue más de lo mismo, ya que nos informó que estamos en el país más maravilloso del
mundo, envidia de muchos otros, desplegando durante tres horas un muestrario
completo de las cifras que todos, la realidad incluida, nos negamos a ver. Ya
no se puede engañar, como se hizo desde entonces, a todo un pueblo, ya que ese país
fantástico no es percibido tampoco por la mayor parte de su base electoral, que
la reeligió con un ya imposible 54%; pese a que usted no se resignó a mencionar
los problemas, la gente cree más en lo que le dice el carrito del supermercado
y está mucho más que preocupada por el innegable crecimiento de la brutal inseguridad
y el narcotráfico, y de todo ello hace responsable a su gobierno.
En un
país que, según usted, produce alimentos para cuatrocientos millones de
personas, surgen dos inevitables preguntas, la primera de los cuales clama al
Cielo: ¿por qué, entonces, sigue habiendo hambre y desnutrición en la Argentina?
y ¿por qué se prohíben las exportaciones de carne y trigo?
Si bien
es cierto que siguió inculpando a los industriales (nunca al Gobierno) por los
aumentos de precios percibí, en general, su discurso como un pedido de ayuda a
los gremialistas, en general, y a los docentes en particular; resta saber si
las bases estarán dispuestas a callar cuando sus dirigentes acepten caídas en
el salario real a cambio de algunas monedas (por ejemplo, fondos para las obras
sociales) o, por el contrario, marcharán con la cabeza de éstos a exigir algo
que la economía ya no puede darles.
Por el contrario,
usted, en medio de la profusa enumeración de fabulosos logros que sólo existen
en su afiebrada imaginación, realizó anuncios que, de concretarse, implicarían
un crecimiento del gasto público que, una vez más, empujará a la inflación, que
ya parece ser un globo de gas. Mientras la escuchaba, señora Presidente, y la
veía para no perderme sus mohines, no podía dejar de pensar en que, durante
estos once años, el kirchnerismo recaudó casi un billón (un millón de millones)
de dólares.
Cuando
mencionó las teóricas inversiones en infraestructura, por ejemplo, recordé
algunas de las rutas tan deterioradas que utilizo, los puentes y puertos
faltantes, los teléfonos celulares que no funcionan, los cortes de luz cuando
hace calor y los de gas cuando hace frío, los ferrocarriles cuyas mejoras
prometió por enésima vez, las centrales nucleares que aún no existen, los
hospitales que se caen a pedazos y carecen de los insumos más elementales, las imaginadas
extensiones de las redes de gas que aún obligan a los más pobres a comprar
garrafas, la falta de redes cloacales y tantas otras inexplicables carencias de
una población cuyo gobierno ha manejado tantos fondos. Señora, ¿dónde fueron a
parar esos dineros?
Habló usted
de la modernización de la flota de Aerolíneas Argentinas y en la conectividad
aérea de las provincias; pero olvidó decir que la empresa le cuesta al país
casi tres millones de dólares diarios, sólo para que viajen los más ricos y
cobren sus magníficos sueldos los “jóvenes
para la liberación” de La Cámpora.
Gracias a
Dios omitió contarnos su versión de los goles
secuestrados pero donde su “relato” se hizo más expresivo fue cuando
describió, con muchas lagunas, su propia historia en el affaire YPF-Repsol. El
miércoles pasado, previendo que esta columna debería referirse a lo que diría el
sábado en el Congreso, escribí una nota sobre el tema, “Sinfonía para Saqueo a
Muchas Manos” (http://tinyurl.com/mrfqltg), que
llena algunos de los detalles que usted olvidó.
Tal vez lo más curioso
de su pieza oratoria fue el reclamo al Congreso de una legislación que
impidiera que las protestas impidan la libre circulación de los ciudadanos;
pese a ser una autodenominada “abogada
exitosa”, no recordó que en el Código Penal ya está tipificado ese delito y
que, por lo demás, tanto don Néstor (q.e.p.d.) cuanto usted misma no sólo las
toleraron durante los últimos once años sino que las incentivaron y
financiaron, cuando estaban dirigidas a opositores o presuntos agiotistas. El
pobre Julián Santo Domínguez, actual
Presidente de la Cámara de Diputados, al salir del acto se enredó ante las
preguntas de los movileros, y trató de explicar que esa represión se daría sólo
¡cuándo quienes cortaran las calles fueran pocos!; realmente original. Le
cuento, señora, que si pretende utilizar al Ejército del Espión Milani para contener la inquietud social y conservar, de
algún modo, el control de la calle, no podrá hacerlo, al menos mientras
permanezcan en la cárcel mil seiscientos presos políticos, muchos de ellos sin
condena y, en la gran mayoría con edades superiores a los setenta años y con
graves enfermedades.
Eso nos lleva a su
anuncio de lo que será el tema más trascendente de este año legislativo: la
reforma de los códigos Civil, Comercial, Penal y Procesal Penal. En todos los
casos, los proyectos que ya ha enviado el Ejecutivo o lo hará próximamente contienen
modificaciones sustanciales al modo de vida de los argentinos, que debieran ser
motivo de un profundo debate, y traerá impunidad a los corruptos, la reducción
de penas para los delincuentes y la desaparición de la reincidencia como
agravante. Este momento en que la ciudadanía no para de llorar a los muertos y
heridos por la corrupción, la inseguridad y el narcotráfico, debiera obligar a
los legisladores a reflexionar acerca de su vocación, señora Presidente, de
pasar a la historia como reformadora, y cuánto le costará al país si, también
en estos graves temas, siguen usando el habitual “sí, Cristina” que han practicado todos estos años.
Es cierto que no pudo
más que aplaudir la gestión del “Chiquito
pero rendidor” Kiciloff quien, a contramano de cuanto ha pregonado tantas
veces, está tratando de reconstruir los puentes dinamitados con los mercados de
capitales que usted tanto necesita, pero me parecieron un poquito exageradas
las ponderaciones al ex Twitterman
por su labor al frente la Cancillería. El mundo mira países y no gobiernos, y la
reparación del daño que estas curiosas y contradictorias ¿políticas? exteriores
le han producido a la Argentina costará mucho y demorará años. Don Néstor
(q.e.p.d.) creyó que insultaba a George W. Bush cuando organizó la “contracumbre”
de Mar del Plata con Chávez, Evo Morales, Maradona y D’Elía, pero ofendió a la
institución presidencial norteamericana; usted, señora, hubiera debido aprender
aquella lección y, sin embargo, envió al “hijo
de Jacobo” a cortar precintos en un avión militar de los Estados Unidos. Debo,
en cambio, felicitarla por la forma en que pasó la pelota del fiasco del memorándum
firmado con Irán, que usted impuso con fórceps en su momento; su fracaso torna
aún más inexplicable tanta insistencia.
Diciendo que no apoyaba
a Maduro ni a su gobierno, pidió respetar la democracia en toda América, “región de paz”. Nuevamente olvidó
usted, tal vez porque está poniendo las barbas en remojo, que una cosa es la
democracia delegativa, en la que quien gana se lleva todo, y la representativa,
en la cual la legitimidad no pasa sólo por el origen (el voto) sino que exige
que el poder sea ejercido con respeto a las instituciones y a las minorías.
Para terminar, una sola
pregunta más. Señora, ¿recuerda aquel foro empresario en que su fallecido
marido recomendó a los extranjeros “miren
lo que hago, no lo que digo”?; pues bien, le cuento que su propuesta ya
debería ser la inversa, pues del proyecto –si es que existió- de Kirchner nada ha
dejado usted en pie, salvo la vocación irrefrenable y compartida por apropiarse
de fondos y bienes públicos.
Bs.As., 3 Mar 14
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