sábado, 24 de noviembre de 2018

Héroes, travestidos y gatos





Héroes, travestidos y gatos


“Los animales son animales; los gatos 
son gatos y las yeguas son yeguas”. 
Cristina E. Fernández de Kirchner

Cuando cerré mi nota de la semana anterior, no conocía las grandes noticias que la caracterizaron. Por eso, rindo hoy mi homenaje a los marinos del ARA San Juan y a todos quienes a lo largo de nuestra historia dieron la vida por la Patria, desde la época del Almirante Guillermo Brown hasta los caídos en la Guerra de Malvinas. Como ellos, estos cuarenta y tres hombres y una mujer, que hoy hacen guardia frente a los luceros, murieron en cumplimiento de su deber, desempeñándose en la profesión que habían elegido, a sabiendas de los riesgos que entrañaba, que conocían y aceptaban.

El otro hecho cuya existencia desconocía fue la más que previsible alianza del peronismo de todas las vertientes de travestidos “compañeros” para despojar a Cambiemos de un sitial en el Consejo de la Magistratura, que hubiera resultado crucial para garantizar una limpieza de la Justicia que no termina de concretarse, puesto que muchas alimañas siguen sentadas en despachos judiciales, especialmente en Comodoro Py; tal vez la mayor prueba de esta afirmación la constituya el estruendoso silencio que rodea a Daniel Scioli, Jorge Brito y a Enrique y Sebastián Eskenazy en las causas de corrupción, de las cuales fueron esenciales protagonistas.

Lo notable fue la renovada ingenuidad del Gobierno, que no vio venir esa ofensiva –resultó en la entronización de Graciela Camaño y de Eduardo Wado de Pedro- pese a las enseñanzas que debió recoger de los últimos setenta años de vida del famoso movimiento. Sería bueno que aprendiera, ya que se trata de un escenario probable para las decisivas elecciones del año próximo, cuando quizás converjan en una sola candidatura quienes dicen transitar por una “avenida del medio” u hoy manifiestan rechazar frontalmente a Cristina Kirchner y oponerse a internas con ella.

El episodio adquirió mayor gravedad cuando se transformó en una crisis al interior de la coalición gobernante, generada por quienes se sienten excluidos de las decisiones. En 2015, el PRO y los herederos de Hipólito Yrigoyen celebraron un matrimonio por conveniencia: éstos, porque tenían un partido en vías de extinción desde el fracaso de la Alianza; aquél porque, siendo una mera organización vecinal, carecía de la estructura nacional que le aportarían los comités de cada pueblo y ciudad del país.

Mas subsisten entre ambos diferencias programáticas insalvables que pudieron ser ignoradas entonces por la necesidad de derrotar al clepto-populismo, y que ahora afloran a cada paso. De todos modos, no creo que la sangre llegue al río, más allá de la disputa por algunas gobernaciones, ya que los quejosos no se apartarán de un poder que les garantiza canonjías varias, indispensables para que los “correligionarios” sostengan su aparato electoral.

En estos días, renovando su vocación por el ridículo, el cinismo y la hipocresía, nuestra ex Presidente realizó, en el micro estadio de Ferro, su pregonada “contra-cumbre G.20”. Contó con la presencia de la destituida Dilma Rousseff, sucesora del condenado Luiz Inácio Lula da Silva, y de Alvaro García Liñera, el vice de Evo Morales; José Pepe Mugica, anunciado, se excusó de concurrir aludiendo a la inoportunidad de la convocatoria. Cuando menciono esas virtudes constantes del kirchnerismo, me refiero a todas las reuniones previas de ese grupo en las que estuvo presente doña Cristina durante sus mandatos, hoy olvidadas.

La frase que pronunció en esta oportunidad, que sirve de epígrafe, trajo a mi memoria otra, publicada en La Nación hace relativamente poco: “Tendremos más inflación y más deuda, ¿pero sabés para qué sirve el gato? Para que no vuelvan las ratas”, le dijo un taxista a Diego Sehinkman.

Para demostrar que seguimos siendo un país sumamente “original”, el laureado Adolfo Pérez Esquivel se ha transformado en el comandante de la seguramente violenta resistencia a la cumbre internacional que comenzará la semana que viene. Nuestro excelso Nobel de ¿la Paz? ya acusó al aparato de seguridad de promover la segura confrontación en las calles, y se niega a informar dónde se realizarán las protestas.

Esa violencia está siendo ejercitada cotidianamente, con los verdaderos ejercicios terroristas (sirven para determinar los tiempos y la capacidad de reacción del Estado) y las alarmas de bombas, las huelgas salvajes de Aerolíneas Argentinas y de los “trabajadores de la educación”, los ataques mapuches, los enfrentamientos entre una Policía acobardada y los barras bravas, y los cotidianos asesinatos del narcotráfico.

Pese a que también la ciudad de Hamburgo, el último antecedente, fue víctima de una clara guerra urbana contra los movimientos anti-globalización, dando cuenta de la actuación internacional de éstos, resultaría suicida permitir que se marcara de ese modo la reunión de Buenos Aires. La Argentina, no el Gobierno, tendrá en ella un escenario fantástico para exhibirse ante los mayores dignatarios del mundo y, si además el encuentro fuera coronado por la firma de importantes acuerdos como se prevé, se transformará en una exitosa y reconocida anfitriona.

Bs.As., 24 Nov 18

sábado, 17 de noviembre de 2018

¿De tragedia a farsa?





¿De tragedia a farsa?


“Entre esos tipos y yo hay algo personal”. 
Joan Manuel Serrat


Para confirmar el espacio necesario para la realización de la reunión fundacional del Partido de la Austeridad y la Decencia, el PAD, y construir en ella una plataforma (puede ver el borrador haciendo click en https://tinyurl.com/y8cyxhto) que reúna las sugerencias de los presentes y de todos aquéllos que ya las enviaran, le ruego me responda si tiene interés en asistir, por mail, a ega1@avogadro.com.ar; estimo que podríamos concretarla en el Barrio Norte de la ciudad de Buenos Aires, alrededor del 10 de diciembre próximo.

La semana estuvo signada por un acontecimiento positivo, la aprobación del presupuesto nacional, una herramienta indispensable para que la complicada gestión del Gobierno tuviera credibilidad frente a los organismos internacionales y los gobiernos de los países amigos; es necesario reconocer cuánto contribuyó el peronismo “racional” a su sanción. Pero también hubo otros sumamente negativos y peligrosos.

Resulta claro que, en este último punto, me estoy refiriendo a los atentados explosivos que grupos anarquistas intentaron contra el Juez Claudio Bonadio y contra la tumba del Coronel Ramón Falcón, en la Recoleta, que culminara con graves heridas a la mujer que pretendió llevarlo a cabo. Luego, se produjo la detención de algunos individuos que la investigación que se está realizando vincula a Hezbollah, tal vez la organización terrorista con mayor capacidad operativa del mundo.

En la medida en que estos eventos se produjeron tan poco antes de la reunión del G-20 que, con seguridad, convocará a quienes militan activa y violentamente contra la globalización y, también, contra toda forma de colaboración internacional, las alarmas se encendieron en el tablero de control del Ministerio de Seguridad, a cargo (¡gracias a Dios!) de Patricia Bullrich; en razón de ellos, el blindaje del escenario de la cumbre y sus alrededores fue incrementado fuertemente. No es para menos, toda vez que estarán presentes en ella los primeros mandatarios de los países más importantes del mundo, que aportarán efectivos de sus propias custodias.

Pero esto nos lleva a un hecho que el Gobierno ha omitido considerar desde que asumió el poder, reparando y corrigiendo imbéciles actos. De inmediato, hubiera debido encarar la restitución de la vigencia del Código de Justicia militar, que fue derogado para agregar un detalle más al disfraz de izquierda que, según probó Néstor Kirchner y lo sigue haciendo su viuda, les otorgó los fueros necesarios para mantener impune la rapiña. Criminalmente, se abandonó una “política de defensa”, y se la reemplazó por una falsa “política de derechos humanos”.

Por ese proceder demencial, quienes triunfaron militarmente en el legal combate contra la subversión armada que las organizaciones guerrilleras ejecutaron contra la democracia a partir de 1973, hayan sido juzgados como delincuentes comunes por tribunales integrados, en muchos casos, por miembros de esas mismas formaciones terroristas. Es obvio que, con tales jueces y tales gobernantes, el destino de esos militares, cualesquiera fueran sus rangos y sus funciones, era ser condenados mediante juicios amañados, con testigos falsos y con notorio apartamiento de las pruebas producidas. Y aquí tenemos otra grave omisión del Gobierno: la revisión de todos esos procesos, para verificar la legalidad con que las sentencias fueron emitidas.

Es más, en reiteradísimas oportunidades, hemos visto que el protocolo de nuestra Cancillería llevó a los más ilustres visitantes extranjeros a tirar flores al río en memoria de los asesinos muertos; ¿Mauricio Macri ha sido invitado, tal vez, a homenajear a los terroristas del World Trade Center (Nueva York) o de la estación de Atocha (Madrid), entre otros muchos?

Cualquiera sea el punto de vista desde el cual se mire a las funciones y acciones militares, éstas no pueden ser evaluadas y juzgadas por las normas que rigen la vida civil y penal de los ciudadanos. La inexistencia de reglas específicas, y de la jurisdicción correspondiente, significa que cualquier muerte de un enemigo en combate, por ejemplo, pueda ser calificada como un asesinato. ¿Qué sucederá aquí si la violencia terrorista se descontrola durante el G-20 y las fuerzas armadas y de seguridad se ven obligadas a reprimir con dureza, o deben aplicar el decreto que autoriza el derribo de aviones sospechosos?

No hay Estado en el mundo, con la obvia excepción de aquéllos que la han delegado en alguna nación extranjera, que haya desistido unilateralmente de contar con una fuerza militar destinada a garantizar la soberanía nacional sobre su territorio y la protección de sus recursos naturales; y eso es, precisamente, lo que ha hecho la Argentina, cuyo inmenso territorio terrestre y marítimo, con fronteras extensísimas y sumamente porosas, hoy no cuenta con la más mínima capacidad de defensa contra las nuevas agresiones, verdaderas guerras de baja intensidad, protagonizadas por el narcotráfico, el terrorismo, la trata de personas y las reivindicaciones indigenistas y separatistas.

Quienes sostienen que hoy no resultan necesarias las fuerzas armadas porque ya no existen hipótesis de conflicto con nuestros vecinos, y ninguna invasión convencional en América Latina sería tolerada por la comunidad internacional, ignora esas nuevas agresiones que he enumerado en el párrafo anterior. Éstas producen los mismos, o peores, efectos disolutivos sobre cualquier sociedad, como bien puede atestiguar la historia reciente de Colombia, México y Brasil o de la ciudad de Rosario y el Conurbano bonaerense.

A esta altura, ya nadie duda que continuarán las agresiones contra el Gobierno por parte de quienes están dispuestos a incendiar el país para evitar que la líder de la oposición y sus cómplices y testaferros, incluyendo a sus hijos, vayan presos. En su fantasía, imaginan la destitución del Presidente o un triunfo electoral que haga cambiar, nuevamente, los vientos que soplan desde Comodoro Py.

Por ahora, y más allá de los destructivos disturbios que provocaron desde diciembre del año pasado en la Plaza de los Dos Congresos, el “club del helicóptero” sólo desata huelgas de todo tipo, comenzando por los “trabajadores de la educación” de la Provincia de Buenos Aires, que el martes y el miércoles protagonizarán el enésimo paro de actividades, dejando a cuatro millones de chicos sin clase ni almuerzo. Los gremios kirchneristas aeronáuticos seguirán complicando la vida de los ciudadanos, y en esa posición serán acompañados por otros sindicatos cuyos líderes también están a un paso de ir presos. Seguramente, además, se intentarán saqueos a supermercados, como es costumbre en nuestro país, para generar un clima de inquietud que favorezca sus malas intenciones.

Para concluir, una recomendación: no deje de leer, y difundir la imprescindible nota que Fernando Iglesias publicó en  La Nación esta semana (https://tinyurl.com/ybhxbakm); en ella, más allá de criticar al Gobierno por no haberlo expuesto originalmente, hizo un impresionante cuadro comparativo de la situación económica; como él mismo dijo, “dato mata relato”.

Por favor, no olvide confirmar, aunque sea tentativamente, su presencia en la reunión que organizaré.

Bs.As., 17 Nov 18

sábado, 10 de noviembre de 2018

Estocolmos criollos




Estocolmos criollos


"El poder de los lideres es directamente 
proporcional a la imbecilidad de sus seguidores" 
Winston Churchill


Debo, inicialmente, pedir disculpas a los muchos que han manifestado su adhesión a la plataforma del P.A.D. (https://tinyurl.com/y8cyxhto), y también a quienes han sugerido algunos cambios, por la demora en convocar a la reunión fundacional; espero poder concretarla este mismo mes, ya que dependo del local que me he propuesto alquilar para  esa ocasión.

Esta semana varias encuestadoras han informado que Cristina Fernández y Mauricio Macri están parejos, tanto en su imagen positiva cuanto en su rechazo. La razón, en el caso de éste, tiene fundamentos lógicos, toda vez que la crisis económica y el aumento de impuestos, con profunda recesión y galopante inflación, además de gravísimos errores, golpea fuertemente a toda la población, en especial a sus votantes originarios, o sea, la clase media urbana; de todos modos, reitero, creo que éstos, aún con la nariz tapada, volverán a votarlo.

En cambio, como una nueva versión del síndrome de Estocolmo, el apoyo a la viuda de Kirchner resulta irracional, en especial porque su núcleo duro se ubica en los sectores más pauperizados de la sociedad, precisamente aquéllos que resultaron más afectados por el monstruoso saqueo que ella encabezara y que todos los días produce revelaciones cada vez más escalofriantes sobre los enormes montos robados a todos los ciudadanos; si esos irracionales fieles se detuvieran a pensar en cuántos hospitales, cloacas, redes de agua potable, escuelas, rutas, viviendas, etc., se hubieran podido construir, y cuántas vidas se hubiera podido salvar con las cifras que los cuadernos desnudan, deberían salir a la calle a pedir su inmediata detención, hoy frenada por sus cómplices colegas del H° Aguantadero.

La paralización de los vuelos de Aerolíneas Argentinas, “su (de ellos) compañía”, perjudicó directamente a 70.000 pasajeros que quedaron varados, e indirectamente a todos los argentinos, puesto que la empresa no sólo es deficitaria y depende de nuestros impuestos, sino que su prestigio –y, consecuentemente, su capacidad de venta de pasajes- quedó nuevamente dañado. La huelga salvaje, disfrazada de asamblea, ratifica a la necesidad de que los servicios públicos (transporte, seguridad, salud, educación y justicia) sean incluidos legalmente en una categoría que impida su interrupción, como fuera propuesto en la plataforma del PAD.

En especial porque la contemporánea foto de los cinco i-responsables que conducen los  sindicatos aeronáuticos, todos ellos sonrientes y felices, no pudo ser más demostrativa, para quienes conocemos su filiación política (adheridos a La Cámpora o a Hugo Moyano), de los niveles de agresión que está dispuesta a alcanzar esa oposición para agredir al Gobierno y, mediante su hipotética derrota en las urnas o su lisa y llana destitución, evitar el riesgo concreto de cárcel que enfrentan sus líderes políticos.

Y ello nos lleva, sin solución de continuidad, a la perspectiva de violencia que traerá aparejada la reunión del G-20 a fin de mes en Buenos Aires. Hay suficientes antecedentes en las otras ciudades del mundo en que se celebrara el encuentro en años anteriores, con la presencia de los agresivísimos grupos antiglobalización y, si a ellos les sumamos nuestras propias organizaciones trotskistas, siempre dispuestas a romper todo para imponer sus alucinadas teorías, tenemos enfrente un cocktail explosivo.

Uno de los pocos aciertos de esta administración nacional fue la designación como Ministra de Seguridad a Patricia Bullrich, que ha demostrado poseer el carácter y los atributos necesarios para enfrentar cualquier situación, por conflictiva que ésta sea. Sobre ella recaerá la responsabilidad de combatir –porque será un combate- a quienes saldrán a protestar agresivamente; claro que, para ello, contará con la esencial colaboración de los equipos de custodia que acompañarán a los mandatarios más importantes del mundo durante su visita a nuestro país.

En un pobre remedo de la situación que se generó en Mar del Plata en 2005, cuando Hugo Chávez, secundado por Evo Morales y Diego Maradona, con el guiño de Néstor Kirchner, organizó una “contra-cumbre” para repudiar la presencia de George W. Bush en la Argentina, hay rumores que señalan que ahora podría hacerse algo parecido, en apoyo a Cristina Fernández; si se produjera, vendrían Dilma Rousseff y, quizás, Pepe Mugica.

El disparate original constituyó un gratuito agravio a las instituciones norteamericanas, no sólo a su Presidente, y nos costó enormemente en términos políticos y económicos; si ahora se concretara, cuando está previsto un enorme respaldo económico por parte de los Estados Unidos, una vez más resultaría aplicable la frase de Karl Marx –“la historia se repite, la primera vez como una gran tragedia, la segunda como una miserable farsa”-, ya que las máximas exponentes del clepto-populismo latinoamericano están muertos (Kirchner y Hugo Chávez), presos (Lula), prófugos (Rafael Correa), o demasiado complicados para acercarse a estas playas (Nicolás Maduro, Evo Morales, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega).

Las elecciones de los Estados Unidos introdujeron cambios significativos en el panorama político de esa gran potencia. En primer término, por la recuperación de la mayoría en la Cámara de Representantes por el Partido Demócrata, que implicará algunas dificultades para la gestión de Trump; además, por el incremento en el número de votantes, sobre todo de mujeres, y la presencia entre los nuevos gobernadores y parlamentarios de miembros de algunas minorías (musulmanes, jóvenes latinoamericanos y homosexuales). Pero también significaron un fuerte respaldo al Presidente que, reduciendo impuestos, ha logrado una fuerte recuperación de la economía y una marcada caída en el desempleo.

Para concluir, me parece que todos debemos reflexionar sobre una nota publicada ayer en La Nación, referida al estudio anual que realiza Latinobarómetro sobre 20.000 entrevistas. Surge del mismo que sólo el 48% (en Argentina, el 59%) de quienes habitamos desde México al sur cree que la democracia sea el mejor sistema de gobierno, tal como sucede en el mundo, que parece haberse vuelto loco de repente.

Los mayores países de la Comunidad Europea que, desde la década del 50 venían protagonizando el experimento asociativo voluntario más exitoso y dado al continente el período más prolongado de paz de su historia, hoy están pasando por crisis gravísimas: Alemania, España y Francia tienen a sus gobiernos en jaque, Italia se ha embarcado en un viaje de ida al populismo, Gran Bretaña enfrenta la dura pared del Brexit, Hungría ya está en manos de la ultraderecha y Holanda y Suecia ven peligrar su estilo de vida por similares circunstancias. Y en América, Donald Trump y Jair Bolsonaro parecen estar dispuestos a probar la resistencia de sus instituciones nacionales, en una posición simétrica a la Evo Morales y su inconstitucional vocación por la reelección indefinida.

Como se ve, es muy difícil hoy hacer predicciones, aunque fueran sobre el futuro inmediato. Lo único que tengo claro, aunque suene desesperanzado, es que no estaré aquí para ver las mutaciones que, casi con seguridad, afectarán la vida de mis hijos y nietos, comenzando por el cambio climático, que está devastando ahora a Europa con sus insólitos huracanes caribeños.

Bs.As., 10 Nov 18

sábado, 3 de noviembre de 2018

Faltan algunos

Faltan algunos

“Los grandes cansancios presagian grandes entusiasmos”. 
Manuel Vázquez Montalbán

En realidad, el triunfo de Jair Bolsonaro sólo alteró los cálculos de Unión Ciudadana, que esperaba la victoria de Fernando Haddad para iniciar, por contagio, el renacimiento del clepto-populismo en Centro y Sudamérica. Esta semana, La Nación publicó una infografía que muestra a las claras cómo ha avanzado la ola contraria, a la que sólo resisten Venezuela (Nicolás Maduro), Nicaragua (Daniel Ortega), Cuba (Miguel Díaz-Canel) y Bolivia (Evo Morales; salvo la última, una verdadera excepción, todas esas naciones se han convertido, por el fracaso económico y la feroz represión que ejercen esos regímenes contra su población, en verdaderas tragedias humanitarias.

Algunos, hace muchos años, preveíamos que eso sucedería, y que la corrupción, disfrazada de progresismo, estaba mostrando sus últimos estertores; yo mismo publiqué una nota al respecto en marzo de 2015 (https://tinyurl.com/y7cbq6hc), cuando aún gobernaban Cristina Kirchner, Dilma Rousseff, Michelle Bachelet, Ollanta Humala y Rafael Correa, el Foro de San Pablo estaba en todo su esplendor y la UNASUR entronizaba la estatua de don Néstor, hoy retirada.

Todavía es muy pronto para saber qué hará el nuevo Presidente de Brasil –nuestro principal socio comercial- a partir de su asunción, el 1° de enero, pero ya hay algunas definiciones, en especial expresadas por Paulo Guedes, su futuro superministro de economía e industria, que tienden a endulzar alguna de las aristas más ríspidas de sus discursos de campaña. Por lo demás, y pese a la pena que me produjo la aceptación por parte de Sergio Moro del cargo de Ministro de Justicia, debo reconocer que en nuestro vecino, y eso es normal en la región, las instituciones funcionan y nadie puede ponerse, impunemente, las políticas de Estado del país de sombrero.

Además de los mandatarios mencionados en el primer párrafo, en los diarios y en los tribunales, siguen faltando algunos nombres emblemáticos; en concreto, las ausencias más conspicuas son las de Enrique y Sebastián Eskenazi, los testaferros de los Kirchner en la compra del 25% de YPF. ¿A ningún fiscal o juez se le ocurrió todavía investigar a quien pertenecen, en realidad, las acciones de las empresas Petersen?; sorprende que aún no hayan sido llamados a prestar declaración indagatoria, toda vez que fueron cómplices en el episodio de corrupción más grave de la década robada.

Como he explicado en más de una oportunidad, lo califico como lo peor que hizo el kirchnerismo porque significó la pérdida del autoabastecimiento energético y, como consecuencia, obligó a importar ingentes cantidades de gas licuado y de electricidad, drenando hasta la extinción las divisas del Banco Central y generando la inflación desatada que llevó al 30% de la población, a caer en la miseria.

Para agravar el caso, en estos momentos se está decidiendo en las cortes norteamericanas la jurisdicción que corresponde al juicio iniciado por el fondo buitre Bulford, que teóricamente compró a esos bandidos el derecho a reclamar a la Argentina una indemnización por una suma que llegará, con las costas, a los US$ 5.000 millones.  Por eso llama tanto la atención el silencio judicial que rodea a los Eskenazi cuando, a esta altura, ya deberían estar dando cuenta de las tropelías cometidas y haberse iniciado el camino para recuperar los bienes mal habidos.

En otro orden de cosas, aplaudo la decisión del Gobierno de impulsar la inmediata expulsión de los extranjeros condenados por la comisión de delitos menores; era hora de que la Argentina dejara de ser el país más idiota de la región y que ese tipo de delincuentes nos costara más dinero aún mientras estuvieran alojados en nuestras repletas cárceles. Pero es sólo un primer paso en la dirección correcta.

Es necesario aplicar, como lo hacen todos nuestros vecinos, las reglas de la reciprocidad, tanto en materia de salud cuanto de educación públicas. Debemos entender, de una vez por todas, que somos un país pobre, aunque tengamos infinidad de recursos naturales, y que no podemos continuar dilapidando el dinero de nuestros impuestos –los más altos- en afrontar los costos de brindar gratuitamente esos servicios esenciales a los inmigrantes y meros transeúntes que carecen de ellos en sus países de origen. No pretendo negarlos, pero reclamo que sean éstos quienes paguen, a través de sus embajadas, las facturas correspondientes.

Además, también exijo que se refuerce seriamente la seguridad de nuestras fronteras que, por su enorme extensión, están llenas de poros por donde penetran el terrorismo, el narcotráfico y el contrabando. Resulta suicida haber trasladado, desde ellas, al 70% de los efectivos de la Gendarmería y de la Prefectura Naval a los conurbanos de Buenos Aires, de Rosario, de Córdoba y de otras grandes ciudades. Ese personal está educado y entrenado para controlar los confines terrestres y marítimos de nuestro territorio y no para desempeñar el rol de policías urbanos que la explosión del delito les atribuye.

Y eso nos lleva, una vez más, al modo en nuestro país, de la mano de quienes siguen las recomendaciones gramscianas, ha decidido abdicar de la defensa nacional; Argentina, al revés de todos sus vecinos, está absolutamente desarmada y carece de la capacidad necesaria para defender su integridad territorial y los ingentes recursos naturales que posee en tierra y en el mar. Desde 1983 a la fecha, todos los gobiernos (fueran radicales, peronistas o cambiantes), ha degradado a las fuerzas armadas y las ha privado de todos los medios indispensables para cumplir la misión que la Constitución Nacional y el mínimo sentido común les impone.

Utilizando el falso argumento de los derechos humanos, se las ha desposeído completamente de aviones, de buques, de blindados, de misiles, etc., mientras nuestros vecinos Chile y Brasil disponen de una enorme capacidad defensiva y ofensiva. Y el hecho de contemplar diariamente la inicua persecución a los 2000 ancianos que se pudren en las cárceles de todo el país privados de todo derecho -ya han muerto 463 (122 desde la asunción de Mauricio Macri)- por el delito de haber defendido a la Patria contra el terrorismo marxista, no contribuye precisamente a levantar la moral de los uniformados.

A fin de este mismo mes, Buenos Aires será sede de la reunión del G-20, y en ella estarán presentes los más importantes mandatarios del mundo. Que nuestro país no pueda garantizar su seguridad, y la natural preocupación que ello implica para las otras naciones, confirmada por la presencia de tropas extranjeras para asumirla, empaña todavía más la imagen que la Argentina exhibe en el exterior.

Sigo empeñado en constituir el Partido de la Austeridad y la Decencia, y espero poder concretar su reunión fundacional en el curso de esta noviembre. Pido disculpas por la demora a los muchos que me han expresado su adhesión y han mejorado con sus esenciales aportes la plataforma tentativa (https://tinyurl.com/y8cyxhto) que elaboré originalmente.

Bs.As., 3 Nov 18

viernes, 26 de octubre de 2018

Elegir a Barrabás




Elegir a Barrabás

«Cuando la ley y la moral se contradicen, el ciudadano se encuentra ante la cruel alternativa de perder la noción de moral o de perder el respeto por la ley. Dos desgracias igualmente grandes, entre las que es difícil elegir». Frédéric Bastiat

El sábado pasado los católicos nos enfrentamos a un dilema que se ajustó, precisamente, a la planteada por el autor francés. En efecto, el Obispo de Mercedes-Luján, Mons. Agustín Radrizzani, pudo sostener que estaba cumpliendo con la ley no escrita que establece que una misa no se le niega a nadie mientras, con absoluto cinismo, cubría con un manto de impunidad moral a la gran familia Moyano, imputada de la comisión de casi todos los delitos. Así, una vez más y como al principio de la era cristiana, los sumos sacerdotes eligieron a los ladrones y olvidaron que, para recibir el perdón de Dios, se requiere arrepentimiento y propósito de enmienda.

Y vale el plural, porque ya había sucedido algo similar con los obispos Víctor Manuel Fernández (La Plata) y Jorge Lozano (Pastoral Social), que se dio el gusto de maltratar a María Eugenia Vidal y a Carolina Stanley cuando las invitó a una reunión pública. Por su parte, el obispo Oscar Vicente Ojea (Presidente de la Conferencia Episcopal), fue muy reacio a la hora de emitir una opinión condenatoria respecto a la actitud protectora de su colega frente a los Moyano y sus cómplices gremiales y políticos (La Cámpora y otros especímenes kirchneristas).

Los nombres de los prelados, todos ellos designados directamente por SS Francisco a contrapelo de los deseos de los demás, dejó al Papa, una vez más, en una posición controvertida ante la situación interna de la Argentina, país al que no podrá -¿querrá?- visitar en los próximos años, en la medida en que su figura está ahondando la grieta existente al trasladarla al seno de la grey católica, apostólica y romana.

Frente a estos acontecimientos, no está de más recordar que el Pontífice (“hacedor de puentes”) sólo es infalible para los católicos cuando habla ex catedra, es decir, en cuestiones de dogma; en todo lo demás, es sólo el Jefe de Estado del Vaticano y cabeza, una suerte de rey, de la Iglesia.

Por eso puedo permitirme criticar sus enseñanzas económicas, que parecen tender a conservar a los pobres en esa condición e, incluso, a aumentar su número. Porque el Papa debería saber que la única riqueza que puede distribuirse es la que existe, es decir, la que pueden crear los empresarios y los productores. Combatir al capital, como todavía cantan los multifacéticos fieles al mítico General, no es precisamente la mejor receta para recibir inversiones, crear puestos de trabajo y, menos aún, para sostener un Estado que debe sustentar, con sus subsidios y planes sociales, a los más desprotegidos, que SS dice privilegiar aquí y en el mundo entero.

La Iglesia argentina de Francisco se ha puesto, decididamente, en el bando (o banda) kirchnerista, y las razones que los analistas políticos atribuyen a su obvia antipatía por Mauricio Macri y el presunto liberalismo que, a su modo de ver, el gobierno de éste encarna, no suenan demasiado convincentes para tan marcado posicionamiento en la oposición. Consecuentemente, habrá que buscarlas por otro lado.

Que se debe a haber habilitado la fracasada discusión sobre la legalización del aborto, o no haber vetado la ley que permitió el matrimonio homosexual no suena demasiado convincente, en especial después de la reciente visita papal a Irlanda, pocos días después de que ese país, tan católico, hubiera promulgado leyes semejantes respaldadas en plebiscitos. Podría decirse que Francisco tiene más cerca de su corazón a la Argentina por ser su lugar de nacimiento, pero aquí, al menos por ahora, la onda “progresista” parece haber salido perdedora, salvo en lo que se refiere a la ideología de género, que sigue avanzando peligrosamente.

La misa de Luján sumó otro ingrediente más complejo al reclamo en favor de la impunidad de los Moyano, y fue el rechazo frontal al acuerdo de financiamiento que el Gobierno firmó con el FMI. Porque, además de olvidar (la permanente amnesia del peronismo respecto a su propia historia) que ambos Kirchner también recurrieron al organismo –salvo cuando un negociado corrupto justificó pedirle la plata a Hugo Chávez, que la prestó a una tasa enormemente mayor, para cancelar lo debido al Fondo-, tampoco se dice de dónde habría debido salir el dinero necesario para solventar el enorme déficit fiscal (causado en gran medida por el gasto social). Así la Iglesia, nuevamente, olvidó la enseñanza de Cristo: “A Dios, lo que es de Dios, y al César lo que es del César”.

El economista Ricardo Arriazu, tal vez el más respetado por todo el mundo, dijo el miércoles: “Si no había acuerdo con el FMI, al día siguiente éramos Venezuela”; ¿es eso lo que quiere el Papa? No lo creo, pero no dejo de recordar que cuando recibió a  Nicolás Maduro no efectuó reclamo alguno contra su salvaje represión de su régimen ni quiso hablar con la oposición, como tampoco lo hizo en Cuba con las “Damas de Blanco”, que reclaman la libertad de los presos políticos del comunismo isleño. Tampoco que SS afirmó, luego de los reiterados planteos subversivos de Hebe de Bonafini, que “a una Madre (de Plaza de Mayo) yo le permito todo”.

Gracias a Dios (se llame ahora Donald Trump, Angela Merkel, Emmanuel Macron o Christine Lagarde), ayer mismo el Fondo aceptó una ampliación gigantesca de la asistencia a la Argentina, sin la cual, como dijo Arriazu, nuestra República estaría en estado terminal.

Un párrafo aparte, en el inmenso universo de asteroides tránsfugas que componen el peronismo, merece Miguel Pichetto, tal vez el único que ha puesto racionalidad en la conducta del famoso movimiento y encarnado a una oposición responsable. El proceder del Senador debe destacarse, en especial ante la runfla de delincuentes resultante de la alianza contranatura del kirchnerismo con la izquierda insurreccional; perdedores dentro del recinto en el debate por el Presupuesto, y como en diciembre de 2017, trasladaron la discusión a la calle, y defendieron su falta de ideas a piedrazos contra la policía.

A fines del mes próximo, cuando se concrete la reunión del G-20 en Buenos Aires, veremos seguramente –como ha sucedido en todo el mundo- episodios de violencia mucho peores. Si bien contará para entonces con la colaboración de los equipos de seguridad de los grandes mandatarios del mundo, la labor de Patricia Bullrich resultará crucial; la Piba, pese a la ingenuidad que le atribuye Elisa Lilita Carrió, ha probado estar a la altura de las circunstancias, en especial por la rápida detección de los terroristas venezolanos (miembros del Sebin) infiltrados, que fueron detenidos y están al borde de la expulsión del país.

La obvia y lógica preocupación de los regímenes de clepto-izquierda que aún subsisten en América Latina, todos los cuales militan en el Foro de San Pablo, por el avance de los movimientos liberales que han llegado al poder en Chile, Perú, Colombia, Paraguay y, parcialmente, en Argentina, se acrecentará mañana, cuando Jair Bolsonaro se convierta, seguramente, en el nuevo Presidente de Brasil.   

Asunción, 27 Oct 18

viernes, 19 de octubre de 2018

Enamorados por espanto






Enamorados por espanto


“A nadie lo respetan por lo que es. Lo 
respetan por lo que es capaz de hacer”. 
Jo Nesbø


No lo incluí en la plataforma del P.A.D. (https://tinyurl.com/y8cyxhto) y, por eso, corresponde enmendar esa omisión. El Partido militará activamente a favor de “Salvemos las dos vidas”, es decir, contra la liberalización del aborto y, por supuesto, contra la ideología de género; en este caso, además, avanzará contra los funcionarios públicos que están intentando influir tan nefastamente en la mente de los chicos. Intentaré concretar la reunión fundacional en la primera quincena de noviembre; le avisaré por este medio y, en ella, podrá usted aportar sus sugerencias y críticas.

En lo coyuntural, el título destacado de la semana estuvo cifrado en la alianza contranatura que han firmado el Negro Camión y Cristina Elisabet Fernández, dando nueva vida a la famosa frase de Jorge Luis Borges. Ambos, acosados con sus hijos por una Justicia que ha decidido ponerse las botas frente a los hechos de corrupción que ignoró durante tantos años, se unen por el espanto e intentan camuflar las investigaciones judiciales bajo el disfraz de conspiraciones internacionales y persecuciones políticas, pero lo raro es cuántos dicen creer en ese disparate discursivo.    

Porque eso fue el extraordinario respaldo que los dirigentes gremiales dieron a Pablo Moyano –seguramente poniendo sus barbas en remojo- ante la probabilidad de su detención, acusado de comandar con su padre, Hugo, una asociación ilícita que operaba -¿aún lo hace?- en el club Independiente; o sea, brindaron el apoyo irrestricto de sus organizaciones a un imputado de delitos comunes, en absoluto vinculados a su actividad como Secretario General de Camioneros, que se está investigando por separado.

El peronismo, que celebró el Día de la Lealtad –gracias a Dios tiene uno, porque los otros 364 honra a la traición- dividido en sus transitorias expresiones, acompañó unánimemente a los gremios con su silencio cómplice. Pero no debemos olvidar cómo se comporta el reputado Movimiento cuando se trata de la probabilidad de acceder al poder y se reconvierte, unificado, en PJ S.A.; algunas fotos del miércoles, en especial la de Tucumán, confirmaron para la posteridad ese aserto.

En ellas fueron retratados, convocados por Juan Luis Manzur (Gobernador de Tucumán por quema de urnas y fraude, ex Ministro de Salud de Cristina), Sergio Massa (el Jefe de Gabinete de nuestra arquitecta egipcia que, como todos los demás que ocuparon el mismo cargo, nunca vio bolso alguno y respaldaba públicamente a Julio de Vido y Ricardo Jaime), Daniel Scioli (que fue enviado a juicio oral por saquear la Provincia de Buenos Aires hasta los cimientos) y varios otros próceres de la ganzúa y el puñal.

Lamentablemente, resulta ya innegable el fracaso del Gobierno, complicado al extremo por las carencias de un liderazgo fuerte y de un ministro coordinador de las diferentes áreas económicas, frente a la galopante inflación y a la fuerte recesión, que se agudizará en los próximos meses por las altísimas tasas de interés.

Y ello da aire a quienes son, con certeza, los originales y directos responsables del estado exánime en que se encuentra la economía y, en especial, de los inaceptables niveles de pobreza e indigencia que afectan a tantos de nuestros compatriotas; los mismos que hoy, después de haber gobernado (o impedido gobernar) durante tantas décadas, hoy se ofrecen cínicamente como redentores, como bomberos del incendio que provocaron.

Las manifestaciones francamente destituyentes de Graciela Camaño, entre cuyas ¿virtudes? se destacan ser la segunda de Massa y cónyuge del impresentable Luis Barrionuevo, tampoco recibieron el repudio de la clase política; la excusa de estar viviendo tiempos preelectorales no puede justificar, en modo alguno, la convalidación que callar implica. Tampoco debiera sorprendernos, puesto que Hebe de Bonafini sigue disparando con munición gruesa contra la República cada jueves, sin que a fiscales y jueces se les mueva un pelo; es más, cuando con un colega la denunciamos por apología del terrorismo y subversión, las causas fueron archivadas sin instruir porque implicaban “violar su libertad de expresión” (sic).

Esto nos lleva a otro tema recurrente en estas columnas sabatinas, la calidad moral que debieran revestir quienes han sido honrados con la función más alta que la Constitución reserva para algunos ciudadanos: juzgar a los demás, y decidir sobre su libertad, su honra y su patrimonio. La conducta del previamente cuestionado Juez Luis Carzoglio, quien se negó a ordenar la detención de Pablo Moyano pese a las innumerables pruebas que existen en su contra, volvió a poner sobre el tapete el tema; confeso peronista e hincha de Independiente, no podrá invocar imparcialidad en esta causa pero, tal vez, sí cobardía.

Lo mismo ocurre con innumerables magistrados que tienen, o han tenido, a su cargo las causas por presuntas violaciones a los derechos humanos que afectan a tantos militares: muchos de ellos han actuado en las formaciones terroristas o ceden a la inmunda presión de la prensa idiota, del kirchnerismo y de los múltiples organismos que nuclean a los hijos y a los nietos de quienes intentaron, en los 70’s, convertir a nuestro país en una nueva Cuba castrista. Estos prevaricadores, verdaderos asesinos togados, que ya han matado a casi 500 ancianos en las mazmorras de todo el país, deberán enfrentar, más temprano que tarde, las consecuencias de sus actos, traducidos éstos en sentencias reñidas con las pruebas producidas y con todos los principios basales de la cultura occidental.

Y también con muchos de los jueces y camaristas federales que ejercen en Comodoro Py quienes, con honrosas y escasas excepciones, exhiben impunemente un enriquecimiento personal, en blanco, imposible de justificar. Le sugiero leer el imprescindible libro de Hugo Alconada Mom, “La Raíz de todos los males”; pese a que muchos de los episodios allí descriptos eran conocidos, la minuciosidad del trabajo del laureado periodista me permitió recuperar la capacidad de asombro, y el asco que me producen esos personajes. Por eso me pregunto, ¿hasta cuándo estaremos dispuestos a ser juzgados, y quizás condenados, por ellos?, ¿cuándo nos rebelaremos masiva e individualmente ante tamaño despropósito?

Estamos ante uno de esos momentos bisagra de la historia, que han sido tan frecuentes en la Argentina. Las elecciones del año próximo serán las primeras que se celebrarán al concluir normal y democráticamente el mandato de un Presidente no peronista desde 1945; en ellas, estaremos obligados a decidir si queremos volver a un régimen populista o si, por el contrario, estamos dispuestos a perseverar en el sacrificio que significa cambiar definitivamente nuestro destino, sea quien sea el triunfador.

Porque luego deberemos ponernos de acuerdo todos los que pensamos en un país viable y posible. Es por eso, precisamente, que pretendo ayudar mediante la formación del Partido de la Austeridad y la Decencia (P.A.D.). Espero que Dios nos ilumine porque, sin dudas, si recayéramos en tan grave error, resultaría entonces definitivamente trágico.

Bs.As., 20 Oct 18

sábado, 13 de octubre de 2018

Patos de campo





Patos de campo


“En los tiempos actuales, el inevitable destino 
de los valientes era rememorar hazañas pretéritas”. 
Adolfo Bioy Casares


Agradezco enormemente a los innumerables lectores que manifestaron su adhesión al programa del P.A.D. (https://tinyurl.com/y8cyxhto) y lo difundieron; estoy comenzando a organizar una reunión fundacional para discutir todos los ítems de esa plataforma, incluido el nombre, y agregar algunos omitidos; cuando pueda concretarla, lo avisaré por este medio.   

Pero vamos al tema de la semana, esto es, la discusión sobre la incidencia retroactiva de la compensación a las transportadoras de gas por la devaluación, prevista en los contratos firmados hace ya tiempo. Ahora, el Gobierno incurrió en el mismo error comunicacional que ya había cometido respecto a la modificación del cálculo de las jubilaciones, que llevó a los disturbios de diciembre del año pasado, con el brutal apedreamiento de las fuerzas de seguridad en la Plaza de los Dos Congresos. Esta reiteración tiene su antecedente más grave en el injustificado manto de silencio que extendió sobre la situación económica, y sobre todo energética, que heredó de la gestión anterior, en un vano intento de tranquilizar a los inversores, aún ausentes, y a la ciudadanía en general, que merecía ser respetada diciéndole la verdad.

Desde antes de la asunción del mando, muchos insistimos en la necesidad de desnudar esa monumental crisis, que no era percibida por la sociedad en general, teóricamente beneficiada por las políticas populistas. A casi tres años, ya resulta imposible recordar quiénes sembraron las bombas que explotan diariamente. Si, en ese momento, Mauricio Macri hubiera pedido sangre, sudor y lágrimas, seguramente las hubiera obtenido, previo explicar, con lápiz y papel, cómo estaba el país y por qué.

El precio que tuvo, y tiene, que pagar por ese pecado original se puede medir en el significativo porcentaje de intención de voto que aún conserva Cristina Elisabet Fernández, pese a estar ya multi-procesada en causas de corrupción, y en el cinismo con que sus cómplices se expresan en el Congreso y en los medios cada vez que tienen la oportunidad.

Olvidando la inteligente recomendación de Fernando Henrique Cardoso (“Gobernar es explicar”), si hay un área en la cual se nota un déficit enorme en la gestión es, precisamente, en la comunicación oficial; no sólo no se explicitann claramente las medidas con anterioridad a su aplicación, dando tiempo para la razonada digestión de las malas noticias, sino que tampoco se difunden las grandes obras  públicas que están cambiando, y mejorando enormemente, la vida y la economía de todo el interior del país.

Todos estábamos hartos de la permanente invasión de nuestra intimidad que constituían las permanentes cadenas oficiales, repletas de anuncios falsos, autoelogios e infinitas reinauguraciones de los mismos hospitales y escuelas que nunca funcionaban, de futuros “trenes bala”, etc.; pero la notoria abstinencia en la materia de la gestión que encabeza Mauricio Macri lo hace incurrir en una falta opuesta, pero igualmente grave.

Por lo demás, los pocos actos comunicacionales del Gobierno salen, generalmente, mal. Basta enumerar la conferencia de prensa del 28 de diciembre de 2017, cuando se modificaron las metas de inflación, o el fallido anuncio del -para entonces- no concretado acuerdo con el Fondo Monetario; en ambos casos, los daños producidos se trasladaron rápidamente a los mercados, que sancionó tanta improvisación. Tampoco parece ser útil que sea el propio Mauricio Macri, y no sus ministros, quien deba salir a poner la cara por tantos errores no forzados.

Tengo un enorme respeto intelectual por Jaime Durán Barba, pero me pregunto si el estratega, tan útil e indiscutiblemente exitoso en competencias electorales casi imposibles, conserva esos beneficios a la hora de gobernar; porque me dicen algunos amigos que fue él quien recomendó al equipo de Cambiemos la tan equivocada conducta de cautela, adoptada desde la misma asunción del poder.

Otro aspecto trágico de la coalición gobernante son las luchas internas, el fuego amigo, que parece ratificar que no solamente se trata de una actitud hacia afuera (la errada comunicación) sino, inclusive, para adentro de la coalición política sobre la cual se apoyó el Presidente para ganar las elecciones. Ser socio de los radicales, en ese momento indispensables por su indiscutible asentamiento territorial en todo el país, con un comité en cada pueblo, de todo lo cual el PRO carecía por tratarse de un partido meramente vecinal, tuvo un costo que, según parece, el Gobierno no se resigna a pagar. Sé que se trata de un partido político muy antiguo y que, como tal, tiene sus mañas y sus contraindicaciones tóxicas, pero no parece la mejor política asociativa mantenerlo al margen de las decisiones cotidianas, por su capacidad de reacción negativa; tienen razón cuando se queja de enterarse por los diarios.

Lilita Carrió, el retoño desprendido de ese árbol, se ha transformado, tal vez por no entender que la política es el arte de lo posible, en un complicado electrón libre, al cual todos temen; la Diputada se ha arrogado, con cierto derecho, el rol de último bastión moral de la República, una suerte de Catón, el censor. Parece olvidar que el gobierno que integra tiene minoría en las dos cámaras del H° Aguantadero y, siempre a través de los medios de prensa, le exige diariamente aceptar sus imposiciones, aunque éstas signifiquen despedir ministros, fiscales, jueces y hasta aliados circunstanciales, so pena de romper la alianza, a pesar del frágil momento que atraviesa.

El portazo de Luis Caputo al Banco Central había dejado a la Casa Rosada temblando porque se produjo con Macri fuera y en plena negociación con el FMI. Y en el área energética, tanto Juan José Aranguren como Javier Iguacel, ambos asumiendo responsabilidades que no sé si tenían, han generado conflictos por no explicar clara y transparentemente a qué se deben los movimientos de los precios de los combustibles, en especial en este momento de recesión y de bolsillos exánimes; ahora, con el obligado retroceso -casi una reculada en chancletas- en los aumentos retroactivos, sorprendieron al Ministro Nicolás Dujovne cuando discutía un mejor trato por parte del organismo internacional.

Todos, con Macri a la cabeza, parecen olvidar que tienen enfrente al peronismo que, como siempre lo ha hecho, aglutinará sus distintas fuerzas (racionales, federales, renovadores, kirchneristas, etc.) y modalidades a la hora de competir, y atacará sin desmayo, aunque vaya en ello la suerte de la República; en esa carrera electoral, que ya se está corriendo, no se puede dejar tantos flancos desprotegidos cuando hay verdaderos leones enfrente.

Pero, sobre todo, olvidan que esta oportunidad será la última, en muchísimo tiempo, para derrotar definitivamente al populismo y volver a ser un país confiable para propios y ajenos. Estamos, nuevamente, ante una encrucijada, y necesitamos que el Gobierno acierte y cumpla con su deber; la alternativa, ya la conocemos, y no puede ser más nefasta.

Bs.As., 13 Oct 18