viernes, 28 de febrero de 2020

“O llevarás luto por mí”




“O llevarás luto por mí”[i]
Por Enrique Guillermo Avogadro


“Los indicadores no caminan en la dirección que señalan. … 
La señal indicadora no es responsable de nuestra decisión”. 
John le Carré

Cronológicamente, el miércoles terminó el carnaval; sin embargo, en esta curiosa Argentina que nos toca vivir, la murga K sigue con los saltos violentos y los agresivos bailes que están convirtiendo a nuestra pobre República, ya tan deteriorada, en cenizas. Lo hace buscando la indemnidad de su jefa, que confiesa su pretensión de ser absuelta por la historia.

Uno de episodios más recientes fue la derogación del decreto referido a los testigos protegidos, algunos de los cuales son los arrepentidos en las causas de corrupción que afectan tanto a la Vicepresidente, y la transferencia del programa al Ministerio de Justicia, cuyo segundo, Juan Martín Mena, es uno de los imputados: pusieron a los ladrones a cuidar a quienes los denunciaron; a partir de ahora, no habrá involucrados en el latrocinio público que confiesen sus crímenes y delaten a sus cómplices.

El otro, más grave aún, es el proyecto ley de modificación del régimen jubilatorio de los jueces y fiscales, que fue malparido con forceps y escándalo en Diputados, con un quórum alcanzado con la presencia de Daniel Scioli, que agregó así a su frondoso prontuario la cucarda de “diputrucho”. El objetivo del adefesio es producir –como han confirmado quienes ya renunciaron- la inmediata generación de 400 nuevas vacantes que intentará llenar el kirchnerismo, que tampoco dudó en retirar los 180 pliegos enviados al Senado por Mauricio Macri para cubrir algunas de las ya existentes.

En un país como el nuestro, en el cual uno se entera si es rico o pobre por el diario del día siguiente, resulta injusto calificar de egoísta y cobarde la conducta de quienes, privilegiando su interés personal, se acojan al actual sistema pero, sin duda, corresponde elogiar a los que están dispuestos a continuar desempeñando su alta función en defensa de la República y la Justicia, aún cuando sepan que su situación se verá seriamente deteriorada cuando accedan a la jubilación; me refiero, en particular, a los camaristas federales Martín Irurzun y Leopoldo Bruglia. ¡Aplausos para ambos!

La preeminencia de Cristina sobre el groucho-marxista Alberto, pese a los denodados esfuerzos de éste por negarla, lo hace caer en permanentes contradicciones con sus propios dichos que obran en Youtube y recular en chancletas frente al anuncio de los futuros aumentos de transporte, combustibles y tarifas energéticas, dejando así pagando a su Jefe de Gabinete; mientras, sus afirmaciones acerca de los políticos presos son controvertidas públicamente por varios de sus ministros.

El Presidente, al que deseamos un más que improbable éxito en su gestión, dijo algo tan obvio como que todos los oficiales de las fuerzas armadas actuales nada tienen en común, por su edad, con aquéllos que se desempeñaron durante el gobierno militar de 1976/83 y sugirió que los argentinos debiéramos dar vuelta a esa página de nuestra historia. Nora Cortiñas, integrante de Madres de Plaza de Mayo, lo acusó de “negacionista” y, rápidamente, Alberto confirmó su condición de pusilánime cuando pidió ridículas disculpas y alegó haber sido malinterpretado.

Esa característica preanuncia quién resultará vencedor de la puja por el poder ya que, como se ha visto en estos ochenta días, la Vicepresidente no se limita a marcar la cancha sino que obliga a su socio político a respetar sus decisiones más disparatadas; ese “albertismo”, que algunos creímos ver nacer el 10 de diciembre, resultó en un aborto prematuro.

Así, no sólo los opositores sino hasta quienes votaron esta fórmula pegoteada pero ya se han desilusionado con las promesas de campaña u observan con repugnancia la renuncia a sus reclamos sindicales por parte de los hipócritas dirigentes gremiales, deberemos salir a la calle masivamente para poner un freno cívico a este disparate que pretende convertir a la Argentina en una infeliz réplica de los catastróficos experimentos castrochavistas, que tan demoledores han resultado para sus pueblos.

No se trata de refundar el “club del helicóptero”, tan caro al peronismo cuando está en el llano, sino de decir ¡Basta, hasta aquí llegamos! y, democráticamente resistir los nuevos avances que, sin duda, llegarán. Porque han aprendido de los nazis la forma de triunfar, aún cuando no tengan la mayoría del electorado, como tan bien explicara José Enrique Miguens en un artículo que cité hace poco.

Tampoco pretendo que se repitan aquí los vandálicas jornadas que está viviendo Chile, pero debemos tener claro que se producen porque su Presidente y el Gobierno han dejado solo al Cuerpo de Carabineros, algo similar a lo que ya ha sucedido aquí de la mano garantista de Sabina Frederic, nuestra Ministro de Seguridad. No sólo ha desarmado y desprotegido a las fuerzas policiales sino que se inclina, en todos los casos, por defender los presuntos derechos de los criminales.

La ciudadanía ya lo ha entendido, y de allí la proliferación de marchas que claman contra la renacida inseguridad cotidiana. Los narcotraficantes expanden sus negocios protegidos por la política desde las más altas esferas, y sus sicarios siembran de cadáveres nuestras ciudades, como bien saben los intendentes de los diferentes conurbanos, que reciben diariamente las protestas.

Estamos transitando momentos cruciales para nuestro futuro, ya que se están llevando puesta a la República una vez más y, con todas nuestras fuerzas, debemos evitar que la única salida para nuestros hijos y nietos sea Ezeiza, como sucede en la trágica Venezuela, que ha visto partir a lo mejor de sus nuevas generaciones. ¿Estaremos a la altura de los acontecimientos o seguiremos en esta cobarde apatía y llevaremos definitivo luto por la Argentina que soñamos? En marzo deberemos despejar esa incógnita.

Bs.As., 29 Feb 20



[i] Título de la novela de Dominique Lapierre y Larry Collins que, en 1967, contó la historia del torero Manuel Benítez, “El Cordobés”

viernes, 21 de febrero de 2020

La carga de la Brigada K




La carga de la Brigada K


“Con motivos virtuosos, dejándose llevar por la inercia y la
 timidez, no se puede combatir la maldad armada y decidida”.
 Winston Churchill

Ignoro que pasa hoy por la cabeza de nuestra sociedad, pero debo confesar que me asombra su cobarde pasividad frente a la velocidad con que la caballería del kirchnerismo se está moviendo en el campo de batalla de la política argentina, protegido en sus flancos por los buenos modales de Alberto Fernández, que no duda en volver al redil cada vez que su Vicepresidente lo llama al orden, sea aquí o desde Cuba y se trate de deuda externa, de tarifas de los servicios públicos o de la inventada lawfare.

Conociendo, como todos, el doble discurso que caracteriza al Presidente, nunca sabremos si, cuando respalda los exabruptos de su jefa espiritual, lo hace por convicción o por conveniencia, pero ese aspecto carece de importancia ya que él nos dijo que son “lo mismo”.

Un mero listado de las acciones bélicas que este curioso matrimonio político ha realizado en los 74 días que lleva en la Casa Rosada –sin sumar siquiera las propias barrabasadas de Axel Kiciloff desde su trono en La Plata- permite ver con claridad meridiana el rumbo que está imponiendo esta banda de delincuentes al destino de la República, un rumbo que es ratificado y expuesto pública y diariamente por sus principales voceros.

A eso me refiero cuando digo que estoy asombrado por la pasividad ciudadana: no ocultan, ni pretenden hacerlo, su designio de imponer en la Argentina el chavismo, tanto para lograr la impunidad por el saqueo gigantesco que realizaron cuanto por venganza ante un mundo que, todos los días, se ríe de nosotros por haber permitido que volviera al poder la asociación ilícita que organizó y encabeza Cristina Fernández.

Porque con ella, educada a estos fines en Cuba, regresó a la administración pública lo peor de la infame cohorte de cafres y malvivientes que la acompañó durante su período presidencial, y a ellos se los puso al frente de los organismos de control, de las cajas susceptibles de ser robadas, de los puestos claves para garantizar la consecución de sus siniestros propósitos de indemnidad y represalia.

Sus primeros movimientos al respecto fueron desarmar y desarticular a las fuerzas de seguridad, lo cual ha traído aparejado un sideral aumento del delito; ésta, la inseguridad cotidiana que padecemos, se transformará en la piedra más molesta en los zapatos de los Fernández², porque ya se encuentra al tope de las preocupaciones de la sociedad. Al haber sido disueltos los organismos especializados de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y la Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico nacional, los mercaderes de drogas consideran a nuestro país zona liberada y cuentan con la complicidad paga de los gangsters y de su comandante.

En las manos de los cómplices del despojo kirchnerista ya están los ministerios de Seguridad, de Agricultura y de Defensa, la AFIP con la DGI y la Aduana, la AFI, la OA, la OIA, la Procuración del Tesoro, la ANSES y el INADI, así como numerosas embajadas claves ocupadas por sus más notorios esbirros, muchos con frondosos prontuarios. Ahora se prepara para lograr la Procuración General para Daniel Rafecas y, con el movimiento de pinzas que significa el cambio de régimen jubilatorio para jueces y fiscales, que provocará la renuncia de numerosos magistrados, por un lado, y el retiro de los pliegos enviados al Senado por la administración macrista, por el otro, cubrirá cientos de vacantes en los fueros claves para moldear a su antojo el Poder Judicial, en especial el que sienta sus reales en Comodoro Py. La sonrisa triunfal de Máximo Kirchner en todas sus apariciones no debería dejar de preocuparnos, más allá de la irritación que provoca.

El ataque comenzará por el crucial Juzgado Federal Nº 1 de La Plata, con funciones electorales en toda la Provincia, a cuyo frente pretende colocar al actual Juez Federal de Dolores, el cuestionado Alejo Ramos Padilla. Y luego cargará contra los jueces y camaristas que tanto han atormentado a la Vicepresidente, sus hijos y sus cómplices y testaferros al ventilar, en audiencias públicas, las pruebas de sus infames delitos.

Avanzará, en pos de la misma impunidad que busca para su numen, contra las detenciones que afectan a los ya condenados por la Justicia, cuyo principal exponente parece ser Milagro Salas, con intenciones tales como la intervención federal al Poder Judicial jujeño o el insólito proyecto de ley que procura impedir el juzgamiento de aquellos funcionarios públicos que hubieran sido investigados previamente por el periodismo.

Los regimientos de militantes K operan todos los días pero encubiertamente, como arteras guerrillas, sobre la educación y la cultura, buscando destruir desde el idioma hasta la familia, como sugería Antonio Gramsci, ya que ambos son los pilares de la identidad de toda sociedad, capaces de resistir el embate político de sus enemigos. Mientras, los medios masivos de prensa esconden tras el altar del rating los graves problemas que nos aquejan e impiden que la ciudadanía tome conciencia del rumbo que nos lleva, sin escalas, a los tan exitosos paraísos venezolanos y cubanos. Si no reaccionamos ya mismo, cuando queramos acordarnos será tarde.

Bs.As., 22 Feb 20

viernes, 14 de febrero de 2020

¿Sólo impunidad?




¿Sólo impunidad?

"Nunca te pierdas el placer de la venganza".
 Néstor Kirchner


A la fuerte luz que iluminó la realidad nacional estos días, con las ya expuestas fracturas en el Frente para Todos, me parece que todos debiéramos repensar aquello que sostuvimos hasta ahora, esto es, que Cristina Fernández sólo perseguía la impunidad para ella y sus hijos y que, mientras Alberto Fernández la pudiera garantizar, le permitiría ejercer las atribuciones del cargo presidencial.

Esa indemnidad sigue siendo uno de sus objetivos principales, pero ello solo no puede justificar tanta exposición internacional con la que confronta con las posiciones del Gobierno, en temas tan ríspidos e inoportunos como la deuda externa o la relación con el FMI, ahora obligadamente justificadas por Alberto. Tal vez lo más significativo de sus diatribas fue el lugar elegido para lanzarlas: nada menos que Cuba, la bestia negra de los Estados Unidos, casualmente el país más influyente en el directorio del Fondo, decisivo para la adopción de decisiones.

La sucesión interminable de viajes que la Vicepresidente realiza a la isla no parece deberse sólo a su preocupación por la salud de su hija, con dolencias desmentidas por la foto que publicó ella misma, y más allá de la obviedad de preservarla de los jueces argentinos, por lo cual resulta indispensable plantearse otra explicación,: ¿cuán necesarias pueden resultar ciertas reuniones con las cúpulas castro-chavistas y la fuerte protectora de ambas tiranías, la Rusia de Vladimir Putin?; ¿qué objetivo podrían tener esos encuentros?; ¿resulta razonable que se vinculen con la anhelada impunidad?

Es cierto que Cristina Fernández está extendiendo sus tentáculos, en los ámbitos judiciales ocupando con sus fieles cada vez más puestos claves en juzgados, cámaras, fiscalías, magistratura y organismos querellantes que pueden complicarle la vida en los juicios que se están morosamente realizando y, más aún, en aquéllos que aún no se han iniciado; le falta una pieza, la Procuración General, que pretende para Daniel Rafecas. Pero eso debemos cargarlo sólo en la cuenta del “cabotaje”.

Pero no lo es menos que está buscando -y lo prueba su fuerte influencia en la designación de embajadores “militantes” en países claves- recrear las organizaciones regionales que encarnaban al “socialismo del siglo XXI”, el dogma inventado por Hugo Chávez para promover el marxismo en América Latina. Y allí aparece, nítido, el principal objetivo del original regreso al poder de Cristina Kirchner: la venganza.

Porque no debemos (ni podremos) olvidar que se ha quedado, también, con el comando de todos los organismos de control, en especial de la Inspección General de Justicia, que controla a todas las personas jurídicas del país. Desde allí, podrá inmiscuirse –como hizo tantas veces cuando fue Presidente- en la vida de las sociedades, asociaciones civiles y fundaciones opuestas a su proyecto y evitar intromisiones en las propias.

Si consigue anular totalmente a Alberto Fernández, podrá desplegar sus acciones vengativas contra el campo, las grandes empresas, la prensa libre, las fuerzas armadas y de seguridad y la Justicia, y hundir una puñalada trapera en el tejido social, incrementando la pobreza y la ignorancia –como hizo otro de sus incondicionales, Alejandro Vanoli, a cargo de la ANSES, al suprimir la exigencia del certificado de escolaridad como requisito para acceder al subsidio de apoyo escolar- e implantando el ridículo “lenguaje inclusivo” en toda la administración pública.

Más temprano que lo esperable, las tensiones han estallado en el Gobierno entre el “albertismo” y el kirchnerismo duro, y cada día se acerca más el momento de la ruptura definitiva. Cuando ésta se produzca, como tantas veces he dicho, asistiremos a hechos violentos que ya hemos visto en los años 1973 a 1976, o sea, el enfrentamiento sanguinario entre las dos facciones del peronismo por el poder. Y con un agravante: es la primera vez que el famoso movimiento debe gobernar sin dinero.

Y allí estará el futuro inmediato de los argentinos: más allá de las declamaciones de los demás caciques provinciales, el único territorio que puede Cristina considerar verdaderamente propio es la crucial Provincia de Buenos Aires, puesta en manos de su valido Axel Kiciloff, porque siempre ha sido la causa eficiente de la caída de los presidentes. Pero allí nada es homogéneo: los intendentes, aún cuando hayan perdido peso específico al resignar la esencial reelección indefinida durante el gobierno de María Eugenia Vidal, detestan al Gobernador.

Entonces, la pregunta fundamental surge de las últimas encuestas, que informan una brusca caída en la imagen de Cristina y un cierto repunte en la de Alberto: ¿hasta cuándo quienes están conformes con éste y quienes votaron en un 40,8% contra ambos, todos dispuestos a colaborar para que al Presidente le vaya bien, serán tolerantes con el “fuego amigo” que mina el futuro de todos? ¿Cuándo saldrá a la calle, como lo hizo en la campaña electoral, a demostrar su indignación ante el avance del kirchnerismo, que ya hemos vivido y que pretende cambiar la Constitución para llevarnos a Venezuela y a Cuba?

Bs.As., 15 Feb 20 


sábado, 8 de febrero de 2020

¡Ay, Axel y Alberto queridos!




¡Ay, Axel y Alberto queridos!


“¿Hasta dónde pueden llevar a un hombre la fe
 y la obediencia absoluta a una ideología?”
 Leonardo Padura


En las dos últimas semanas, el país y los mercados estuvieron en vilo ante la probabilidad de que la Provincia de Buenos Aires cayera en default, ya que eso complicaría mucho la negociación de la Argentina con sus acreedores externos. Finalmente, el Gobernador anunció que pagará el vencimiento del bono que –contra sus afirmaciones- no había sido emitido por María Eugenia Vidal sino por Daniel Scioli; no podía ignorar que estaba mintiendo descaradamente puesto que él mismo, entonces como Ministro de Economía, había autorizado ese endeudamiento.

El episodio puso nuevamente sobre el tapete la enorme impericia que caracteriza a Axel Kiciloff desde su ingreso a la función pública. Basta con recordar su proceder ante Repsol y el Club de Paris siendo funcionario de Cristina Fernández, cuando ésta ejercía la Presidencia.

Todos tenemos presente la conferencia de prensa que brindó cuando la noble viuda decidió “estatizar” las acciones que los españoles tenían en YPF, en una nueva vuelta de tuerca al gran negociado que fue la “compra” del 25% del capital por los Esquenazi/Kirchner, que derivó en la catastrófica pérdida del autoabastecimiento energético para el país.

Muy suelto de cuerpo, este groucho-marxista y neo-goebbeliano explicó entonces que no solamente no deberíamos indemnizar a la empresa expropiada sino que sería ésta quien debería abonar unos US$ 5.000 millones por los daños ambientales provocados durante su gestión. Sin embargo, no sólo tal reclamo jamás fue formulado sino que debimos hacernos cargo de una emisión especial de bonos que fueron entregados a Repsol por US$ 9.000 millones. Me cuentan que La Caixa, dueña de la compañía española, ordenó hacer sendos monumentos a Antonio Brufau, su CEO, y al propio Axel para agradecerles el “éxito” de la negociación.

El otro episodio, también carísimo, que forma parte del curriculum vitæ del Gobernador fue la “negociación” que encaró, en 2014, ante el Club de Paris que, curiosamente, se creó hace muchas décadas para gestionar en conjunto otra deuda argentina. Allí fue nuestro querido Kiciloff, ante el asombro de sus miembros, sin discutir aceptó pagar toda la deuda, incluyendo los intereses punitorios que siempre eran condonados. Y allí terminaron otros US$ 10.000 millones, sin que nadie imputara por mala praxis a nuestro enviado.

El miércoles pasado, el propio Ministro de Hacienda, Martín Guzmán, recomendado de Joseph Stiglitz, el economista preferido de la “abogada exitosa”, a quien el Presidente puso a cargo de negociar la deuda externa, criticó el acuerdo firmado por el actual Gobernador alegando que resulta absolutamente impagable el saldo de US$ 2.000 millones al 9% anual.

La fallida patoteada de Kiciloff a sus acreedores, que son los mismos que los de la nación, necesariamente hará que éstos sean más duros y apretarán a la Argentina mucho más de lo que era esperable antes del episodio. Si, como algunos creen, toda esta mascarada fue acordada entre Guzmán y la provincia, este fracaso resultará insoportable.

Con relación a Alberto Fernández, sorprendió su generosidad frente a los organismos de derechos humanos franceses, cuando éstos le propusieron instaurar una policía del pensamiento; se habría ofrecido a enviar al Hº Aguantadero un proyecto de ley para penar con la cárcel a quienes nieguen los delitos de lesa humanidad que habrían sido cometidos durante el proceso de 1976-1983 (¿la Triple A no hizo nada en la materia?) y para que se niegue a los únicos verdaderos presos políticos de la democracia –los 2.000 militares y civiles detenidos sin sentencia firme- los derechos que los códigos argentinos conceden al resto de los ciudadanos; para pedir este monumental disparate, adujeron la vigencia del Tratado de Roma, que nuestro país firmó en recién en 2001 y que no prevé la retroactividad.

Obviamente, esa noticia nos remite a la ley provincial que María Eugenia Vidal promulgó siendo Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, que lisa y llanamente prohíbe discutir el fantasioso número de 30.000 desaparecidos, que Luis Labraña, ex guerrillero, confesó haber inventado para tocar el alma y el bolsillo de la izquierda de escritorio europea.

Graciela Fernández Meijide, de quien nadie puede sospechar simpatía alguna con los militares de aquella época, se ha preguntado repetidas veces dónde están las familias o los amigos de los casi 22.000 que no figuran como desaparecidos en ningún lado, que no fueron denunciados como tales, no tienen nombre y no figuran en ningún registro. Hoy, a muchos años de la inauguración del Parque de la Memoria, en la costanera porteña, ese es la cantidad de chapas que no han obtenido la grabación de un nombre; es más, para llegar a los primeros 8.000, hubo que recurrir a los muertos por causas políticas desde 1955 y a incluir hasta los miembros del ERP y Montoneros fusilados por los mismos terroristas o que cayeron intentando asaltar cuarteles y dependencias militares.

Para finalizar, un pequeño reclamo a los diversos y otrora vocingleros organismos argentinos, aplicable a los gremios docentes ante el congelamiento de los aumentos, por ejemplo: ¡Muchaches (¿me habré puesto inclusivo?), olvidaron protestar contra Nicolás Maduro cuando éste prohibió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ingresar a Venezuela! Pretendía verificar in situ las ingentes denuncias por asesinatos, violaciones, encarcelamientos sin causa y hasta desapariciones, algo a lo que no se atrevió siquiera la Junta de Comandantes del Proceso de Reorganización Nacional argentino, tan denostado por esas mismas organizaciones.

Colonia del Sacramento, 8 Feb 20

viernes, 31 de enero de 2020

Un país para el asombro (y la lágrima)




Un país para el asombro (y la lágrima)


“Más vale un inútil que un Nerón”.
 Theodore Lessing

Una vieja historia aplica a la situación actual de Argentina; cuenta que un judío clamaba en la plaza de su pueblo después de un progrom zarista: “Vosotros, que quemasteis nuestras casas y nuestras cosechas; vosotros, que demolisteis nuestra sinagoga hasta los cimientos; vosotros, que matasteis a nuestros mejores hombres; vosotros, que violasteis a nuestras mujeres y asesinasteis a nuestros hijos; ¡no abuséis, no abuséis!”.

Y digo eso porque el martes pasado la Vicepresidente, imputada también por este monumento a la corrupción, visitó el lugar donde se construirán -pese a su escasa prioridad, sus altísimos costos y la resistencia de los ambientalistas- las represas Cóndor Cliff y Barrancosa (que rebautizará con los nombres de Néstor Kirchner y Jorge Cepernic), en la Provincia de Santa Cruz; y lo hizo acompañada por Gerardo Ferreyra y Osvaldo Acosta, dueños de Electroingeniería, procesados con ella en la “causa de los cuadernos”.

Para completar el hecho, Cristina Fernández reclamó el Gobierno nacional, que obviamente integra, la obligación de construir la Ruta Provincial Nº 9 que debería unir la cordillera con el Atlántico en esa misma Provincia. Olvidó que ese mismo camino fue “licitado” durante el período presidencial de su marido muerto y, en el suyo, fue pagado ($ 500 millones de la época) anticipadamente a Lázaro Báez que, por supuesto, nunca lo construyó pero “retornó” el importe a los Kirchner mediante el falso alquiler de camas en los hoteles familiares, ubicados a centenares de kilómetros.

Pero no fue sólo eso lo que me asombró, pues la frutilla del postre fue la designación de Anímal Fernández como Interventor en Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF), a cargo de la mina y de la usina de Río Turbio. Este nombramiento fue una nueva “mojada de oreja” a la sociedad ya que es poner al zorro a cargo del gallinero y garantizar la impunidad de todos los implicados en esa megaestafa. Por este emblemático caso de corrupción están ya en juicio oral Julio de Vido, Roberto Baratta, el ex Presidente de la Unión Industrial Argentina (Juan Carlos Lascurain) y hasta empresarios españoles de la quebrada Isolux.

Hay que recordar algunos hechos absolutamente comprobados: la mina es incapaz de proveer el carbón, en calorías y en cantidades, que la central térmica requiere para funcionar; el combustible fósil en cuestión es absolutamente contaminante; el presupuesto original para la construcción se triplicó en dólares; el camino de cuatro kilómetros para unir a la fuente del mineral con el destino fue pagado pero nunca construido; el lugar elegido tiene graves fallas geológicas; el combustible fósil en cuestión es absolutamente contaminante; y la falsa inauguración del complejo pocos días antes del cambio de autoridades nacionales en 2015, exigida por Cristina Fernández para organizar un show pese a las advertencias de los técnicos, implicó la destrucción de una turbina y su reposición costaría nada menos que US$ 250 millones. ¡Pavada de lujo se dio la actual Vicepresidente!

El funcionario designado, además, estuvo implicado en oscuros episodios delictivos vinculados al narcotráfico, como el triple crimen, la importación de efedrina, etc., a punto tal que, cuando fue candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, la propia Iglesia recomendó a sus fieles no votarlo, precisamente por considerarlo socio local de los mayores cárteles de drogas. Y esa acusación fue reiterada por sus entonces opositores que, por esas originales vueltas que tiene nuestra historia política, hoy ocupan relevantes cargos en el Gabinete ministerial de Alberto Fernández, responsable de ese nombramiento.

Recuerdo que en algunas notas que escribí en esa época pregunté retóricamente a mis lectores si, conociendo la patológica afición de don Néstor al dinero, alguien podía pensar que le había dejado el mayor negocio del país –el tráfico de estupefacientes- a un cuatro de copas como Anímal, y dije que la conclusión obvia era que los verdaderos dueños eran los propios Kirchner.

La ciudadanía argentina, justificadamente, está hoy hablando sólo del atroz crimen de Villa Gesell, y de la epidemia de coronavirus pero, volando bajo los rangos de detección de los radares sociales, la dueña del Instituto Patria sigue nombrando a sus alfiles en puestos claves para evitar que progresen los ya innumerables juicios penales que la tienen como principal protagonista; ha sumado a Alejandra Gils Carbó y a María Fernanda Silva, otra cultora del lawfare nueva Embajadora ante el Vaticano. Ha dejado el manejo de la economía en las manos del Presidente pero debiera recordar que ese fue el principal factor de la derrota de Mauricio Macri en 2019; si Alberto Fernández y su equipo no consiguen estabilizarla y recuperarla, algo muy difícil por cierto, ella también deberá pagar ese inmenso costo.

Para concluir, mis modestas felicitaciones a quienes hoy festejan un triunfo espectacular: de consuno, Donald Trump y Vladimir Putin lograron, con la colaboración de muchos suicidas británicos, comenzar a demoler, con el Brexit, el más exitoso y más prolongado experimento europeo de paz e integración.

Bs.As., 1 Feb 20

sábado, 25 de enero de 2020

Catilina fue un poroto




Catilina fue un poroto


"La victoria de los malos es el fruto de la cobardía de los buenos"
 San Juan Bosco

En 2010, José Enrique Miguens escribió un magnífico artículo, “Darse cuenta” (https://tinyurl.com/wkbdufl) referido a la ley de medios, en el que describió el método que utilizó Adolf Hitler, que no tenía la mayoría –había obtenido en las últimas elecciones sólo el 36,8% de los votos-, para hacerse con el poder absoluto. En el Reichstag, su partido presentaba un proyecto de ley; la forma de encararlo caía bien a la izquierda moderada; apoyada por los nazis y los socialistas, obtenía la sanción. Acto seguido, presentaba otro que, esa vez, gustaba a los comunistas que, sumados a los nazis, lo convertía en ley; y así sucesivamente. Cuando la sociedad se dio cuenta, ya fue demasiado tarde; el precio de esa desatención fue cincuenta millones de muertos y la devastación de medio mundo.

La historia viene a cuento por lo que está sucediendo hoy en la Argentina donde en el Hº Aguantadero, con la descarada complicidad del “lavagnismo” y a lomos de la eterna emergencia económica y una “solidaridad” impuesta por ley, bastante rara porque deja fuera a muchos privilegiados, el peronismo pegoteado delegó en Alberto Fernández casi la suma del poder público. Y ello ante un Poder Judicial que, cobardemente, no reacciona cuando el Presidente y sus ministros cuestionan públicamente fallos, pruebas y detenciones; recordemos que tanto el Presidente cuanto el Gobernador Axel Kiciloff nombraron a algunos procesados como funcionarios, invocando siempre la famosa lawfare.

Pero ni siquiera esas situaciones expresan el colmo de lo que estamos viviendo. A ese límite se llega al contemplar, muy pasivamente por cierto, el copamiento por Cristina Fernández de todos los resortes que se vinculan con las mayores “cajas” estatales y, sobre todo, de los organismos de control; es natural que haya puesto en ellos el foco, porque serán determinantes para la suerte de las causas por corrupción, lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y traición a la Patria que la afectan y tanto la preocupan.

No sólo hablo de sus escuderos nombrados en la Oficina Anticorrupción y la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, que actúan en esos procesos como querellantes, y en la Procuración del Tesoro (jefe de todos los abogados del Estado nacional), que ya logró para Carlos Chino Zannini, sino que impulsa a Daniel Rafecas, el mismo Juez que pretendió archivar la denuncia de Alberto Nisman por el memorándum con Irán sin disponer prueba alguna, nada menos que como Procurador General, es decir, jefe de los fiscales federales. Si los acusadores dejan de ejercer ese rol, habrá logrado la tan ansiada impunidad.

Pero ni con eso quedó conforme: quiere nombrar como cabeza de la Inspección General de Justicia, organismo de control legal de las sociedades, a un abogado –Ricardo Nissen- que fue apoderado de sus hijos Máximo y Florencia en Hotesur S.A., la empresa que resultó instrumento para que Cristóbal López y Lázaro Báez “reintegraran” a la familia Kirchner parte de los sobreprecios que obtenían en las licitaciones amañadas o a través de las facilidades “extraordinarias” que les otorgaba la DGI para devolver los impuestos robados. Y qué decir de la radio y la televisión públicas, puestas en manos de Rosario Lufrano, que ha prometido usarlas para denostar al gobierno anterior. ¡Hola, Joseph Goebbels!

Mientras tanto, los ministros del Poder Ejecutivo, respaldados expresamente por el Presidente, se dedican a demoler todo aquello de lo poco que la sociedad valoró positivamente del gobierno de Mauricio Macri: desarmaron a la Policía, pretenden ideologizar a las fuerzas armadas, compraron diputados electos por la oposición, terminaron con la movilidad legal automática de las jubilaciones en desmedro de los que trabajaron toda su vida, dinamitaron la economía del conocimiento, redujeron la lucha contra el narcotráfico y pretenden despenalizar el consumo de marihuana, instauraron la tarjeta alimentaria como elemento de control social (¡vamos, Nicolás Maduro!), incrementaron el gasto, expolian a la clase media con impuestazos impagables, volvieron a perseguir al campo y crearon infinidad de cargos en la administración pública que inundaron de  familiares, de militantes sin experiencia ni curriculum, de piqueteros, de terroristas de ERP y Montoneros y de fanáticos dispuestos a expulsar a quienes no resulten afines al partido que se ha quedado con el poder absoluto. La comparación con el proceder del primer peronismo no es mera coincidencia.

Marco Tulio Cicerón, que fue asesinado por ello (¿le recuerda algo?), sesenta y tres años antes de Cristo le preguntó en el Senado a Lucio Catilina hasta cuándo abusaría de la paciencia de los romanos con sus pretensiones de demoler la república y hoy, más de veinte siglos después, se lo pregunto al kirchnerismo; también se lo pregunto, en sentido inverso, al cuarenta y uno por ciento que no lo votó. Porque, más allá de los malabares verbales, ya está claro que aquél volvió para quedarse y llevarnos al “socialismo del siglo XXI”, apoyado por Cuba, por Venezuela y por la probadamente disolvente Rusia de Vladimir Putin.

La única esperanza de un mejor devenir para nuestro futuro, al menos hasta que se consiga refinanciar la deuda pública, se centra hoy en Donald Trump, por el enorme peso que tienen los Estados Unidos en el FMI. Eso obliga a Alberto Fernández a alinearse con su política exterior, o sea, acompañar el enfrentamiento con los ayatollahs iraníes y con el tirano Nicolás Maduro, y le implica renegar de los alineamientos que tanto promovió Cristina Fernández durante su gestión anterior. En este tema, cuánto durará y qué resultado tendrá el enfrentamiento con su compañera nadie lo sabe, pero seguramente ameritará alquilar balcones. 

Bs.As., 25 Ene 20

viernes, 17 de enero de 2020

Por robar, hasta la ética y la palabra




Por robar, hasta la ética y la palabra


“El relativismo ético que abraza el posmodernismo apunta a que no habría tal cosa como lo bueno y lo malo. Así, el incumplimiento de la palabra empeñada o el estímulo a la antropofagia no serían malos o inmorales en abstracto”. Alberto Benegas Lynch (h)


Si bien muchos estábamos convencidos de que el kirchnerismo volvería a la Casa Rosada envuelto en sus viejas banderas de falso relato, falta de principios, corrupción y venganza, nadie imaginó que las llevaría al campo de batalla político y social con tanta rapidez. Ahora están robando la ética y el valor de la palabra.

La compulsión por reescribir la historia que padece Cristina Fernández, que ya la llevó a intentar subordinar el Poder Judicial argentino a un consejo de juristas internacionales en el caso del memorándum con Irán, hizo que una de sus principales espadas jurídicas, el Dr. Eduardo Barcesat (miembro del Partido Comunista y defensor de Hebe de Bonafini y Milagro Salas), se autodesigne como árbitro –un verdadero okupa- de la moral y pase a integrar un curioso “tribunal de ética” internacional.

El engendro, parido en Madrid en noviembre pasado, es presidido por Baltasar Garzón, ese ex Juez de la Audiencia Nacional española eyectado del cargo por sus pares por prevaricato, que recaló en la Argentina en 2012 a sueldo de la ex Presidente; lo integran, entre otros, los abogados que defienden a los más notorios ex funcionarios prófugos, procesados o ya condenados por corrupción en sus respectivos países: nuestra ilustre Vicepresidente y su ex Ministro Julio de Vido, Rafael Correa, Luiz Inácio Lula da Silva, etc..

Por supuesto, en todos los casos se las califica como persecuciones políticas disfrazadas de procesos judiciales –el famoso “lawfare”, esgrimido por Cristina Fernández y hecho suyo por S.S. Francisco- y, como es obvio, busca la impunidad de los nombrados y al invertir la realidad, imputar a quienes los juzgaron, como Claudio Bonadio, Julián Ercolini y Sérgio Moro. Pero “nuestro” representante ante ese curioso engendro no se detuvo allí y pretende reproducir la persecución a la prensa que tanto practicó su patrona; es más, dijo que deberían presentarse ante ese mamarracho periodistas prestigiosos como Luis Majul, Jorge Lanata y Daniel Santoro.

Hasta en este posmodernismo que padece el mundo, tan plagado de líderes creadores de la posverdad, que pretenden permanecer en el poder a como dé lugar, vaciando las instituciones democráticas y transformándolas en meros instrumentos de su ambición, los argentinos conseguimos destacarnos.

Alberto Fernández ha obtenido una ley violatoria -¡cuándo no!- de la Constitución Nacional por las facultades legislativos que le delega, a la que llamó “de solidaridad”. La manipulación nuevamente queda expuesta ya que, si cualquier afectado se opone a ella, automáticamente se transformará en un egoísta carente de todo principio a favor de la sociedad.

Lo absurdo es que, en esta nueva persecución a quienes han construido legítimamente un patrimonio o, simplemente, superan el nivel de miseria de las jubilaciones mínimas, no se requiera esa misma solidaridad a los saqueadores monumentales de la década anterior ni se deje de nombrar a privilegiados en cargos públicos de inmenso salario. ¿Cuánto se aliviarían los problemas del Fisco si la Vicepresidente y sus hijos, Lázaro Báez y los suyos, Cristóbal López y Fabián de Souza, los gremialistas eternos, y tantos otros devolvieran lo robado? No conozco la cifra, pero un amigo sugirió que, en lugar de recurrir al FMI en busca de fondos, mejor hubiera sido pedírselos a los jueces; olvidó que éstos, y los legisladores que se niegan a votar la ley de extinción de dominio, son tan deshonestos como aquéllos.

A la vez, el Presidente ha consentido -¿tenía otra opción?- en ceder a Cristina Fernández inmensos resortes de poder no sólo en lo que respecta a la Justicia sino en los organismos de control y de recaudación, precisamente aquéllos que, cumpliendo sus obligaciones, actúan como querellantes en las causas por corrupción que tanto le preocupan; ya están en sus manos la AFIP, la DGI, la UIF y la Oficina Anticorrupción. Seguramente, todos ellos desistirán de sus acciones, y la Vicepresidente y sus cómplices –funcionarios y empresarios- habrán dado así un inmenso paso hacia la impunidad pretendida. Falta ver cómo reaccionaremos todos si ello ocurre.

Hoy se cumplen cinco años del asesinato –lo dice la pericia judicial firmada por más de cincuenta expertos y lo dijo esta semana el propio Mohsen Rabbani, el principal acusado como autor intelectual- del Fiscal Alberto Nisman, tres días después de denunciar a la entonces Presidente, Cristina Kirchner, y otros por traición a la Patria y un día antes de exponer el caso ante el Congreso, y aún no sabemos quién y cómo lo mataron por cumplir su deber. La Ministra de Seguridad, Sabina Fréderic, para encharcar aún más la investigación, pretende “revisar” esa pericia, y el Presidente, el mismo que dijo las peores atrocidades de su actual Vicepresidente sobre el tema durante diez años y ahora pretende que lo olvidemos, la respaldó públicamente.

El robo de la palabra también aparece aquí en una marquesina destellante: basta con recurrir a los archivos que tanto circulan por WhatsApp para comprobar las estruendosas contradicciones en que incurrieron al respecto Alberto y Cristina, Sergio Massa y hasta los jueces, fiscales, espías y policías que intervinieron en el caso.

Hoy mismo, a las 18;30, la ciudadanía tiene una cita de honor y se reunirá en la Plaza del Vaticano (Viamonte, entre Libertad y Cerrito) de la ciudad de Buenos Aires y en todas las plazas del país y de las capitales del mundo para honrar al Fiscal muerto y reclamar, una vez más, el definitivo esclarecimiento de lo sucedido bajo el milenario lema bíblico: “Justicia perseguirás”. No habrá banderas políticas ni discursos, pero todos leeremos en voz alta un documento.

Bs.As., 18 Ene 20