viernes, 24 de abril de 2020

Amores perros





Amores perros


“Cuando un solo perro ladra a una sombra,
 diez mil perros hacen de ella una realidad”.
 Emil Cioran

Ha pasado demasiado desapercibida la amenaza real que Cristina Fernández, utilizando a Graciana Peñafort como “chirolita”, acaba de formular contra la Corte Suprema y la democracia en la Argentina. No deberían resultar gratuitos sus dichos -"Es la Corte Suprema quien tiene que decidir ahora si los argentinos vamos a escribir la historia con sangre o con razones. Porque la vamos a escribir igual"- y habría que explicar a estas señoras que, si buscan reeditar un pasado tan dramático como el de los 70’s, el final será el mismo que tuvo aquél.

No niego la importancia del confinamiento para aplanar la curva de contagios y evitar el colapso del sistema sanitario, pero me parece que los números de infectados y muertos por el Covid-19, en comparación con otros factores habituales, no resultan suficientes para justificar la eternización de la medida y el virtual asesinato de la economía global, que producirá sin duda mayores e irreparables daños. El periodismo, una vez más amarillista, es el gran responsable del pánico que afecta a las sociedades de todo el mundo; los diarios hablan en sus portadas sobre la crisis en letras tamaño catástrofe y dedican más de la mitad de sus páginas a ella, mientras las radios y canales de televisión machacan a toda hora con el tema. En función de ese miedo, el mundo ha detonado una bomba atómica para matar un mosquito.

Fernández², evidentemente, se han enamorado de la cuarentena, ya que les permite gobernar, al mejor estilo “1984”, sin intervención del H° Aguantadero y del Poder Judicial, injustificadamente cerrados a cal y canto por sus también cómplices autoridades. Resulta absolutamente indispensable, para la conservación de la tan precaria salud institucional de la República, que ambos recuperen el rol que la Constitución les asigna. La oposición, por su lado, se está dejando llevar como vaca al matadero, manteniendo un insólito y cómplice silencio para no aparecer complicando la situación en medio de la crisis sanitaria.

Detrás del telón de la pandemia y del papel central que los Estados han adquirido por ella, como se ve diariamente en todo el mundo, aquí el kirchnerismo continúa avanzando a paso redoblado con la perpetuación de esa situación anómala, en especial para permitir que Cristina Fernández, sus hijos y demás integrantes de su banda delictiva obtengan la impunidad que anhelan. Ya consiguió que salieran de la cárcel muchos de ellos (Amado Boudou, Julio de Vido, Cristóbal López, Roberto Baratta, Luis D’Elía, etc.), aunque esta semana la Cámara de Casación consiguió bloquear la excarcelación de Martín Báez y Ricardo Jaime.

En el caso de este último, al Presidente pretendió apartarse de la conducta de Horacio Pietragalla Corti, hijo de asesinos terroristas y Secretario de Derechos Humanos, quien se presentó al Tribunal para solicitar la concesión de la prisión domiciliaria de este delincuente con condena firme, en nombre del teórico riesgo de contagio; sin embargo, momentos después reculó en chancletas para respaldarlo, obviamente por instrucciones de su socia.

El Ministro Martín Guzmán, que fuera recomendado a la Vicepresidente por su ídolo Joseph Stiglitz para comandar la renegociación de la deuda, también utiliza la cuarentena para demorar el inquietante panorama del “día después”. Carecía de un plan económico antes de que comenzara la pandemia y ahora, cuando el mundo entero saltó por los aires, le resultará imposible diseñarlo para ese confiable futuro que necesita “vender” a los acreedores externos. El default en que muy probablemente caigamos dentro de un mes implicará la imposibilidad de que las empresas obtengan financiación externa, y el valor de las mismas continuará cayendo.

Sin inversión y sin crédito, pese a que  la enorme inflación que nos espera al salir de la cuarentena servirá para licuar el gasto y los salarios, el déficit fiscal resultará impagable, aún si prosperaran los disparatados proyectos para agravar todavía más la sideral presión tributaria. El kirchnerismo aspira a que sea China, la gran exportadora de capitales en el mundo, quien cubra esas necesidades; no le importa el modo en que se comporta en los países en que actúa, en los que se ha transformado en la voraz aspiradora de recursos naturales y empresas devaluadas a cambio de las divisas que presta.

Cristina Fernández busca llevarnos al destino que para la región pretende el Foro de San Pablo, descripto en detalle en el informe final de la reunión de julio de 2019 en Caracas; es decir, al mismo infierno en que son obligados todavía a vivir los ciudadanos de Cuba y Venezuela. Si triunfara, podría imponer su teoría del lawfare y terminar así con sus problemas judiciales; el mismo objetivo persiguen otros notorios próceres del clepto-socialismo del siglo XXI, ahora también amontonados en el Grupo de Puebla, al que se ha agregado Alberto Fernández, único Presidente en ejercicio.

Bs.As., 25 Abr 20

viernes, 17 de abril de 2020

Un maloliente pantano




Un maloliente pantano


“Nada va bien en un sistema político en
 que las palabras contradicen los hechos”.
 Napoleón Bonaparte

Antes de la epidemia, el Ejecutivo había obtenido del H° Aguantadero una delegación de facultades de tal dimensión que, cuando la crisis sanitaria se hizo presente, le permitió gobernar por decreto; a ello se sumó el pánico al contagio que invoca el Legislativo para mantenerse totalmente inactivo pero, eso sí, cobrando íntegramente las dietas de senadores y diputados, centenares de asesores y miles de empleados.

Cuando la sociedad, con el ruido de las cacerolas, exigió a la clase política la misma “solidaridad” que Alberto Fernández nos reclama, sólo obtuvo excusas basadas en falaces argumentos; en consecuencia, seguiremos pagando esa inicua fiesta. En la medida en que no concurren al trabajo y los empleados públicos no gastan en transporte ni en viandas, sus sueldos han aumentado sensiblemente, pero nada parece conmoverlos.

Otra razonable pregunta, dada la necesidad de flexibilizar la ya insoportable cuarentena, cruzada por las expectativas de que la pandemia alcance su pico de contagios en la segunda quincena de mayo, es cómo reaccionará entonces el Gobierno cuando llegue ese momento y haya gastado este recurso de protección social.

El Gobierno optó, razonablemente al principio, por un duro confinamiento que, al mantenerse por ahora sine die, se exageró hasta límites que están llevando, ya sin duda alguna, a una catástrofe económica, inédita en su magnitud. Casi ningún país ha cerrado sus bancos, por el inmenso costo que esa medida tiene sobre la actividad de la sociedad.

El Presidente, como la inmensa mayoría de sus colegas, entre cuidar la salud o la economía ha privilegiado a la primera en desmedro de la otra; pero aquí otros factores impedirán una salida ordenada del confinamiento: la alta inflación, la total carencia de crédito y el riesgo enorme de una corrida bancaria. Esa es la razón por la cual, aunque por la falta de testeo ignoramos en qué situación real nos encontramos ante el Covid-19, seguimos en un virtual corralón financiero, que complicará aún más el futuro del país.

Mientras tanto, el kirchnerismo duro, con la conformidad expresa de Alberto Fernández, avanza con actitudes de neto corte chavista; sus mayores proyectos, al menos por ahora, son el espionaje ideológico de la sociedad, la “importación” de pseudo médicos cubanos, la intención de estatizar los servicios privados de salud, la intervención a la fábrica de respiradores, los controles municipales de precios y, por supuesto, el proyecto de “Impuesto Patria” -¡qué facilidad para encontrar nombres honorables para los delirios totalitarios!-, presentado por Máximo Kirchner y Carlos Heller y, obviamente, patrocinado por Cristina Fernández que, para eso, sí está dispuesta a permitir que el Senado sesione.

Resulta notable que, mientas el primero integra la familia que debería encabezar el ranking de argentinos ricos, el segundo presida el banco del Partido Comunista que, por tratarse de una cooperativa (Banco Credicoop), no paga el impuesto a las ganancias. Aunque resulte pesado, reitero que, si los Kirchner devolvieran lo robado durante sus doce años en el poder, la Argentina podría adquirir con tranquilidad todos los insumos médicos necesarios para dar batalla al virus y, por supuesto, no hubiera necesitado caer nuevamente en default. Pero, claro, estoy pidiendo algo que no sucederá, aunque los pocos bienes que conservan en el país (hoteles, departamentos, cocheras, los US$ 5 millones de Florencia, etc.) sean finalmente decomisados por la tan venal y cobarde Justicia federal.

Un párrafo aparte merece la absurda discriminación que el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, impondrá a partir del lunes a los mayores de 70 años, invocando el mayor riesgo frente al Covid-19, que literalmente los pondrá en detención domiciliaria; no se les ha ordenado la colocación de una tobillera electrónica sólo porque no tiene suficientes. Se trata de una población aún muy activa y consciente de ese riesgo y que, por ello, se cuida mucho, como han demostrado los mayores que se han aislado voluntariamente en las parroquias de las villas porque no les resulta posible hacerlo en su hábitat natural, siempre hacinado. Se trata de una medida ética y constitucionalmente reprochable, que avanza sobre nuestras libertades individuales y que debe ser derogada de inmediato.

Como recordará, hace tiempo propuse la formación de un partido, al cual llamé “de la Austeridad y la Decencia”; muchos me acompañaron en esa patriada e inclusive, hicieron fundamentales aportes doctrinarios; lamentablemente, luego debí olvidarlo por las necesidades propias de un angustioso año electoral. Hoy, en su lugar, me he sumado a Unidos, una iniciativa que encabezan varios jóvenes amigos, todos ellos absolutamente intachables e interesados sólo por el país y su futuro. Luego de leer sus claras propuestas (https://www.libertadyprogreso.org/politicas-publicas), lo exhorto también a hacerlo, porque la Argentina lo necesita.

Bs.As., 18 Abr 20

viernes, 10 de abril de 2020

Clepto-gobierno y sociedad amoral




Clepto-gobierno y sociedad amoral


“La política es el camino para que los hombres sin principios
 puedan dirigir a los hombres sin memoria”.
 François-Marie Arouet (Voltaire)

Las casualidades existen pero, cuando aparecen como cuentas de un collar, la probabilidad de que lo sean disminuye casi a cero. A esta altura de los acontecimientos, podemos afirmar que el kirchnerismo volvió para robar lo poco que quedaba de la Argentina, para construir un Estado policial chavista y para obtener impunidad para sus máximos referentes; en el camino, y a pesar de los dichos de Alberto Fernández –“Cristina y yo somos lo mismo”-, también a impedir que se dispute el liderazgo a la jefa de la asociación ilícita que saqueó el país hasta la extenuación, preocupada por las encuestas que muestran que su delegado duplica su imagen positiva.

El periodismo ha comprobado enormes compras de alimentos de la canasta básica y de insumos sanitarios del Estado con gigantescos sobreprecios en plena pandemia, con todo lo de canallesco que esa conducta implica, y el Gobierno destruyó todos los sistemas informáticos y facultó a sus ministerios a dejar de utilizar el transparente “expediente electrónico”, generalizado durante el macrismo, “en caso necesario”; así, volvió el peor hábito de la política, que oculta sus latrocinios tras toneladas de papel . 

Los legisladores del Frente para Todos, encabezados por Carlos Heller (Presidente de Banco Credicoop, del Partido Comunista; curiosamente, por tratarse de una cooperativa, no paga el impuesto a las ganancias, pese a ser el más caro del mercado) y liderados por Máximo Kirchner, presentaron un proyecto de ley, manifiestamente inconstitucional, para gravar a quienes blanquearon dinero en el exterior y tributaron oportunamente, y un incremento en el impuesto al patrimonio de los mayores contribuyentes.

¿Qué harán doña Cristina y sus hijos en caso de que se convierta en ley? Es una pregunta relevante porque se trata de la familia más rica del país, aunque su fortuna se encuentre en las islas Seychelles o convertida en diamantes en Angola y no sólo en los hoteles y demás propiedades en la Argentina; si devolvieran lo robado, se podría pagar la deuda externa y el país tendría una salida tranquila a esta complicada situación sanitaria.

No cabe hacerse ilusiones al respecto, ya que tanto el Presidente como ambos titulares de las cámaras del H° Aguantadero han hecho caso omiso al ruido de las cacerolas que requerían un mínimo gesto de solidaridad de la clase política, traducido en una reducción de sueldos, dietas y privilegios.

Todas las resoluciones presidenciales, adoptadas por decretos de necesidad y urgencia ante la injustificable inactividad del Congreso, van en contra de la posibilidad de que, alguna vez, lleguen inversiones. Los controles de precios, la delegación de facultades, los permanentes cambios en las reglas de juego, el desprecio de la ley y los contratos, la corrupción generalizada, la inexistente moneda, el desprestigio de los jueces y el desprecio a los exitosos, más el clima complicado que vivirá el mundo post-pandemia, nos dejan ante un trágico futuro.

Lo peor, en tal sentido, fue el default en que el país cayó ante los acreedores sometidos a la ley argentina, porque demostró cuánto confían Fernández² en nuestros venales magistrados cuando de dictar sentencias acordes a sus deseos se trata. En cambio, por ahora no se han atrevido a desafiar al Poder Judicial de los Estados Unidos, representado por la Juez Loretta Preska, de Nueva York; ésta ya ha dicho que no aceptará, en ningún caso, que las demandas contra la Argentina sean traídas al país.

Y no puede ser más razonable esa posición si pensamos en el otorgamiento de la detención domiciliaria a Amado Boudou, que no corría riesgo alguno en prisión, mientras los mismos jueces niegan ese beneficio a los cientos de militares, todos mayores de 70 años y enfermos, presos “preventivamente” hace más de diez años. En igual condición que el ex Vicepresidente, pese a las sentencias por corrupción que los afectan, están Julio de Vido, Cristóbal López y muchos otros ladrones liberados por estos crápulas indignos después que el Frente para Todos ganara las elecciones.

Ya que ha anunciado que las fuerzas federales bajo su mando harán “cyberpatrullaje” para espiar a la sociedad, aviso a la Ministro de Seguridad, Sabina Frederic, que seguiré expresándome contra la corrupción y convocando a “cacerolear” mientras Alberto y Cristina Fernández, sus hijos, testaferros y cómplices de toda laya sigan robando.

Pero nuestra sociedad, siempre tan amoral, no se indigna ni reacciona ante estos hechos; acepta la corrupción, la impunidad, la venalidad de los jueces y todo aquello que, tan pronto como termine la pandemia, confirmará la inviabilidad de nuestro país como nación independiente.

A pesar del confinamiento y de las malas nuevas, la más feliz Pascua de Resurrección o Pésaj para usted, los suyos y todos los argentinos.

Bs. As., 11 Abr 20

viernes, 3 de abril de 2020

Combatiendo al capital … rumbo al abismo



Combatiendo al capital … rumbo al abismo
por Enrique G. Avogadro


Cuando la izquierda pierde una elección, intenta
 destruir un país; cuando gana, lo consigue”.


Alberto Fernández se conducía reconocidamente bien en el manejo de la epidemia hasta que se coló en su discurso el gen peronista, aquél que creó la marchita que, 75 años después, el 48% de la Argentina sigue cantando con fervor militante. Eligió, como hicieron sus predecesores kirchneristas, un enemigo importante, y cargó como un toro enceguecido contra él.

Descalificó con fuertes epítetos a una de las mayores empresas industriales nacionales, presente en muchos países del mundo, olvidando que los 1.500 empleados que Techint suspendió por la paralización de las obras, pertenecen al gremio de la construcción y, consecuentemente, cuentan con un auto-seguro de desempleo (tienen para ello un fondo que se forma con aportes de quienes están trabajando) y, mucho más grave, que las empresas privadas resultarán indispensables para salir del profundo pozo en que ya nos encontramos, que será peor cuando la cuarentena termine. Y no lo sabe porque jamás fue emprendedor, arriesgó su capital o generó un trabajo.

Utilizó, para demonizar a su propietario, la palabra “especulación”. Ignora, como todos los demagogos y, especialmente, los pobristas que todos, todos especulamos todo el tiempo. Cada vez que elegimos, estamos especulando; cuando compramos un producto cualquiera, cuando escogemos el colegio al que deben asistir nuestros hijos, cuando escogemos cómo ahorrar, y hasta cuando nos casamos, siempre especulamos: ponemos en una balanza los pro y los contra, y la decisión es el producto de ese resultado.

En cada empresario hay un especulador, y es fundamental que lo haya. Porque quien elige serlo sabe que está asumiendo riesgos monumentales, en especial en la Argentina: dará trabajo, deberá pagar fuertes impuestos, tendrá problemas con los bancos, con los proveedores, con los clientes, con el Estado y con el sindicato (aún cuando sea un perfecto empleador), invertirá tiempo que podría dedicar a su familia y, por si todo eso fuera poco y lo acompaña el éxito en su proyecto, será mirado con odio y envidia por una sociedad y un gobierno imbéciles.

¿Cómo imagina Alberto Fernández que nuestro país podría existir sin empresas y sin especuladores? ¿Realmente quiere seguir “combatiendo al capital” como método para “conquistar a la gran masa del pueblo”? ¿Piensa que el empleo público puede reemplazar al privado? Sin empresas, ¿cómo sostendrá el Estado su fenomenal estructura improductiva? ¿Cree, como quieren algunos de sus adláteres, que hay que acabar con los productores agropecuarios para entregar la tierra a los desocupados?; en ese caso, ¿de dónde saldrían los alimentos y las exportaciones que necesitamos como el aire? Sus dichos recientes nos invitan así, a un gran suicidio nacional.

Más allá de mi paupérrima opinión acerca de la moral del Presidente, tan groucho-marxista él, lo considero un tipo inteligente. De allí que me pregunte, retóricamente por cierto, por qué está haciendo cosas como las desmesuradas ponderaciones a Hugo Moyano, un sindicalista a quien comparé en otra nota con Jimmy Hoffa (https://tinyurl.com/wtu58mx), el líder de los camioneros estadounidenses que tanto incidió en la historia económica y criminal de su país y tan mal terminó; a raíz de los halagos de Fernández, se ha viralizado por WhatsApp un pequeño fragmento de la película “El Irlandés”, con Robert de Niro y Al Pacino, que recuerda su vida.

El personaje tan exaltado por el Presidente ha cometido todos los delitos, desde contratar a sus propias empresas familiares para emprendimientos del gremio que conduce hasta lavar dinero y defraudar al club de fútbol que dirige; y a él debemos que traer una carga desde Salta a Buenos Aires resulte más caro que llevarla desde aquí a Shanghai, con todo lo que eso implica en materia de inflación.

Y digo que la pregunta es retórica porque la respuesta sólo puede ser una: ha decidido dejar de intentar alguna forma de independencia para plegarse sumisamente a los deseos de Cristina Fernández. A ésta, que mantiene un más que prudente silencio desde que regresó de Cuba con su falsamente enferma hija, le ha entregado el comando de todos los organismos de control, de las principales embajadas y de la posición geopolítica de la Argentina; y su mandante, a cambio, le ha dejado la conducción de la economía, con la esperanza de que fracase, y la defensa de su peregrina teoría del lawfare, con la cual busca impunidad.

Hay otros claros signos que ratifican esa afirmación: la llegada de médicos cubanos, la decisión –sólo momentáneamente postergada- de expropiar todo el sistema privado de salud, la derivación de multimillonarios recursos -indispensables para la lucha contra el virus- a demenciales destinos (la feria de Tecnópolis, la inactiva mina de Río Turbio y el pequeño hospital del Calafate) en manos de sus fieles, la identificación con el eje cubano-venezolano-ruso-iraní, etc.

Es probable que la viuda de Kirchner –que intenta llevarnos a una situación similar a la que ha generado Nicolás Maduro en su país- sentada atrás en el automóvil y con Alberto Fernández como chofer, pueda lograr su objetivo ya que el coronavirus, por el control social que implican las draconianas medidas adoptadas, la resultará útil.

Bs.As., 4 Abr 20

viernes, 27 de marzo de 2020

Entre canalladas y confirmaciones




Entre canalladas y confirmaciones
por Enrique Guillermo Avogadro


“Si no nos despertamos rápido, si el acto necesario de abrir los ojos se
 posterga y se alarga, vasto, titubeante, con los párpados aletargados y
 morosos, los astutos nos despellejan como rayos a los zombies”.
  Miguel Wiñasky

Una semana después de haber sido obligado a quedarse en su casa, ¿cómo se siente usted? La mayoría comienza a caer en una desesperación que la lleva a transgredir las normas de la cuarentena, aunque se preocupe por sus parientes que, por ser mayores, están en la principal franja de riesgo. El encierro compulsivo produce graves y siempre nocivos efectos, tal como nos podrían contar las jóvenes familias con hijos chicos.

Pero cuando mil viejos –todos tienen más de 65 años y, muchos, más de 80- piden con desesperación que se les otorgue la prisión domiciliaria porque están hacinados y carecen de una asistencia médica adecuada para sus múltiples dolencias, rápidamente aparecen las nefastas Hebe Bonafini y Estela Carlotto, vociferando su odio visceral. Exigen que no se les conceda ese ¿beneficio? a estas víctimas de nuestra falta de memoria y una peor hipocresía, a las cuales hemos convertido en verdaderos corderos pascuales; y a ellas se sumó nada menos que Horacio Pietragalla Corti, el Subsecretario de Derechos Humanos (tuertos) de la Nación, miembro de La Cámpora y ex Diputado Nacional por “las Abuelas de Plaza de Mayo” (sic).

No se los puede comparar con Milagro Salas, con Julio de Vido o con tantos otros ladrones que disponen de enormes mansiones; se trata, por el contrario, de militares y civiles que viven muy modestamente (¡teléfono para  César Milani!) y que, algunos, llevan años en esa situación. Pero, para ellos, no existen los principios de inocencia, de juicio justo, de legalidad, de juez natural, de irretroactividad de la ley penal, de aplicación de la ley más beneficiosa para el acusado, de juzgamiento por la ley aplicable al momento de los hechos y, sobre todo, de limitación a la prisión preventiva.

Entre estos más de dos mil presos, la enorme mayoría no tiene condena firme pero, aún así, se encuentra en prisión preventiva hace más de 10 años (el máximo previsto en la ley es de 2 años, prorrogable por uno más por razones fundadas) pese a que nadie puede pensar, sinceramente, que pueden corresponderles las dos condiciones esenciales para su prolongación, ya que no hay riesgo de fuga por su vejez ni podrían afectar las pruebas sobre hechos sucedidos hace más de cuarenta años.

La pandemia que afecta al mundo, que tanta tinta ha hecho correr (https://tinyurl.com/rxgx4b4) y que, desde el punto de vista económico, golpea especialmente a la Argentina (https://tinyurl.com/urhlru6) -¿en qué momento nos preguntaremos si el remedio no será peor que la enfermedad?- ha permitido que aflore, una vez más, lo peor de nuestra sociedad canalla.

Un gobernador del riñón del Instituto Patria -Axel Kiciloff (Buenos Aires)-, difundió su interés en contratar nada menos que 500 ¿médicos? cubanos (¿no sería mejor llamar a graduados y a estudiantes avanzados argentinos, repatriar a los 200 que no consiguen regresar o, inclusive, contratar a los médicos expulsados de su país por Nicolás Maduro?), vino a confirmar mi hipótesis de atribuir los múltiples viajes a Cuba de Cristina a la constitución de un nuevo eje castro-chavista para imponer la dictadura socialista en toda América y no a la falsa enfermedad de su hija prófuga.

Sostengo que esos teóricos profesionales -¿de dónde surgió el mito de excelencia de la medicina cubana si carece de dinero para investigación?, ¿lo ha reconocido algún Premio Nobel o una asociación médica internacional?, ¿quién la ha evaluado, si no se puede salir de la isla para asistir a congresos ni a universidades y carece hasta de Internet?, ¿cómo revalidarán sus títulos aquí, si es que los tienen, si no hay convenio entre Argentina y Cuba?- no son más que activos militantes revolucionarios que llegarán, en plena crisis económica, para alterar aún más a los habitantes más pobres de nuestro país, ya afectados por el desempleo, el hambre y la falta de servicios básicos sanitarios. Así comenzó Hugo Chávez la infiltración del comunismo en Venezuela; luego siguieron los “asesores militares” y el país está pagando carísima esa “ayuda solidaria” castrista.

Fueron expulsados de Brasil por Jair Bolsonaro y Ecuador siguió su ejemplo, al comprobarse tanto sus actividades subversivas cuanto la explotación laboral a la que son sometidos (https://tinyurl.com/v5kumpp), que los convierte en verdaderos esclavos (https://tinyurl.com/vn44ovp) del régimen comunista, que recibe el 80% de sus salarios, un negocio anual de once mil millones de dólares (https://tinyurl.com/rvvhrvq) para la isla, según la OCDE; en el caso de Bolivia, cuando se los envió de regreso a su país, se encontró a funcionarios de la Embajada de Cuba quemando falsos diplomas de algunos de los integrantes de esos contingentes de “médicos”, contratados por Evo Morales (https://tinyurl.com/ut7accq).

Todo esto no es más que otra payasada de la frívola y privilegiada Cristina Kirchner (https://tinyurl.com/yx4m4tr7), como lo fue inaugurar tantas veces los mismos hospitales que sólo eran cáscaras y que nunca funcionaron, pero esta vez es muchísimo más peligrosa; la sociedad entera debería reaccionar fuertemente para impedir este siniestro plan.

Por último, le recomiendo efusivamente leer las importantes notas cuyos links de acceso se incluyen en esta columna.

Bs.As., 28 Mar 20

viernes, 20 de marzo de 2020

Robos y burlas entre bambalinas
por Enrique Guillermo Avogadro 

“La primera solución para una nación mal administrada es la
 inflación, la segunda es la guerra. Ambas aportan una salida temporal y construyen una
 ruina permanente. Y ambas son también el refugio de políticos oportunistas”. 
Ernest Hemingway

En la medida en que ignoro todo lo referido a la pandemia mundial que afecta al mundo, y no quiero incurrir en el pecado tan argentino de opinar impunemente sobre cualquier tema, me limitaré a expresar mi ferviente apoyo tanto a la forma en que el Presidente está conduciendo el proceso cuanto al noble comportamiento de la oposición. Y la profunda emoción que me embargó al escuchar a la ciudad entera aplaudiendo a los héroes anónimos de nuestros sistemas de salud.

Tengo una sola certeza: si no respetamos –como han hecho los irresponsables que, pese a todo, partieron a la costa atlántica- la recomendación de aislarnos, finalmente todos estaremos contagiados; en ese momento, la actividad económica se detendrá por completo, es decir, se producirá el mismo efecto, y mucho más extenso y dañino, que el que sin duda derivará de la cuarentena decretada el jueves por la noche.

Hay muchas incógnitas económicas y sociales en el aire, planteadas en una situación nacional de extrema pobreza: ¿qué sucederá con los cuentapropistas (taxistas, changuistas, pequeños comerciantes, etc).?, ¿cómo sobrevivirán a este monumental parate?, ¿cómo solucionarán el tema de la pandemia en las villas miseria y en las cárceles, donde están las mayores situaciones de hacinamiento?

Esto último viene a cuento, sobre todo, en lo que a los verdaderos presos políticos –los militares y civiles acusados de crímenes de lesa humanidad- se refiere. Se trata, obviamente, de personas de altísimo riesgo, por su avanzada edad y por las numerosas patologías que padecen y que, me consta, los hospitales penitenciarios no están en condiciones de atender. Ante los más que razonables pedidos de estos reales condenados a muerte por una sociedad cínica, mentirosa y cobarde, ya se levantaron las organizaciones de venganza de la izquierda, defensores de algunos derechos humanos (sólo los de su propia tropa) a gritar preventivamente en contra, usando los medios de prensa adictos. Espero, contra toda experiencia previa, que esta vez, ante una crisis sin precedentes, los asesinos togados de Comodoro Py entiendan razones y les concedan la detención domiciliaria.

Dicho esto, la realidad me obliga a referirme a quien tanto se mofa de los argentinos en general: Cristina Elisabeth Fernández. Preocupados por la pandemia, nos pasó totalmente desapercibido un movimiento crucial que ejecutó para hacerse del poder en uno de los aspectos más críticos de nuestra economía, el mismo que tantas ganancias produjo al conjunto de gangsters que organizó su marido muerto y cuya jefatura ejerce y que, bajo la conducción de esos delincuentes, produjo la mayor catástrofe en nuestra historia reciente: la energía.

Para justificar esta afirmación basta con recordar que, con Néstor Kirchner y su compulsión a robar, la Argentina perdió el autoabastecimiento energético y fue condenada a importar electricidad y gas licuado. Por ese sumidero se fueron las divisas y llegaron la inflación y la crisis, a la cual la confiscación de YPF, ejecutada con la complicidad de Repsol (¡teléfono para Axel Kiciloff, que tan alegremente le pagó!), contribuyó enormemente.

El martes, y por sendos decretos presidenciales, fueron intervenidos los entes nacionales de regulación eléctrica (ENRE) y del gas (ENARGAS), cuyos administradores, designados por concurso, fueron reemplazados por Federico Basualdo y Federico Bernal, dos asesores vinculados estrechamente al Instituto Patria, esa colmena en que reina nuestra propia viuda negra. Antes, lo había hecho con Yacimientos Carboníferos Río Turbio (Anímal Fernández) y con ENARSA (Andrés Cirnigliano), la empresa responsable de la importación de gas y de la construcción de las faraónicas e innecesarias represas de Condor Cliff y La Barrancosa, en la Provincia de Santa Cruz. Con ellos, y el actual congelamiento de tarifas, a corto plazo repetiremos la historia de escasez, cortes y despilfarro que vivimos durante todo el kirchnerismo y, conociendo el paño, volveremos al saqueo general.

Pero lo más grave, si se quiere, es la conducta personal de Cristina. Otra vez, tal como cuando durante su presidencia y se produjeron hechos luctuosos –el incendio de Cromagnon, las inundaciones de La Plata (espero que no vuelva a bailar en Plaza de Mayo) y el choque del tren en Once, los dos últimos causados por el devastador latrocinio de la banda delictiva que comanda- en plena crisis hizo mutis por el foro y se fue a Cuba, desde donde anunció su regreso para mañana, acompañada ahora por su hija, prófuga durante más de un año de la Justicia. Una vez más, esta jefa espiritual de la horda de pobres cultivados por su irracional populismo, se mofa de sus idiotas seguidores, sin que ello parezca afectar la devoción que le profesan.

Bs.As., 21 Mar 20

viernes, 13 de marzo de 2020

¡Qué preguntas, che!





¡Qué preguntas, che!


“Nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se
 vengan de los crímenes que ellos mismos han cometido”
 Sandor Marai

El sábado próximo, en coincidencia con la llegada del otoño, el romántico y simbiótico dúo Fernández² culminará los cien días de luna de miel iniciática. También terminarán, por inconducentes, todas las discusiones acerca de quién manda, efectivamente, en nuestro país; me parece, entonces, que amerita preguntarnos qué sucedería si Cristina o Alberto desaparecieran, bruscamente, de la escena política, ya que son los directos responsables de todos los conflictos que nos atraviesan.

Alberto, que cambió de ropaje y de principios (es un reputado groucho-marxista) infinidad de veces en su vida, confirmó sin ambages que “somos lo mismo”; por un breve lapso, intentó vendernos un albertismo bien comportado, pero esa campaña abortó rápidamente al ser cruzada por la tropa del Instituto Patria y su propio gabinete de ministros.

En las últimas semanas, de acuerdo con su consorte, obligado a hacer populismo sin dinero y golpeado por huracanes de dimensiones globales (baja del precio del petróleo y los mercados, pandemia de coronavirus y crisis de la deuda), ha generado insolubles e inoportunas rupturas con el campo, con las empresas de la economía del conocimiento, con las estructuras del Estado en las cuales ha nombrado a connotados delincuentes, con las fuerzas armadas y de seguridad, con la Ciudad de Buenos Aires, con la prensa libre y el periodismo de investigación, con la Justicia y el Ministerio Público y con los católicos y los evangelistas (¿de qué se disfrazará ahora SS Francisco, que tanto hizo por el triunfo de esta pareja?).

Ha ninguneado al 40,8% que no los votó, que se resiste a la renovada impunidad de la corrupción y que cada día se enoja más con la entrega total de los organismos de control –en especial, aquéllos con injerencia en las causas judiciales- a los principales saqueadores y con la forma en que pretende educar a nuestros hijos y destruir nuestro idioma.

Pero es Cristina quien está dispuesta inmolar al país en su siniestro altar de venganza. Es ella quien odia al campo sin matices, desde que perdió en 2008 la votación por la Resolución 125 y prefiere llevarnos al suicidio colectivo sin alimentos y sin dólares. Es ella quien ha ordenado poner en marcha esos conflictos simultáneos que, sin duda, llevarán a un enfrentamiento social de inimaginables consecuencias, algunas de las cuales –por ejemplo, si el payaso de Juan Gabrois realmente intentara hacer “desaparecer” a los  productores agropecuarios- serán violentísimas.

Es Cristina quien importó el lawfare, desarma a las fuerzas de seguridad e impone las políticas garantistas para los criminales. Es ella quien ordena a Axel Kiciloff ignorar a los intendentes. Es ella quien selecciona a los funcionarios de mayor nivel, incluyendo a los embajadores en países claves para nuestra inserción global. Es ella quien echa leña al fuego de la relación con el FMI mientras Martín Guzmán hace peligroso equilibrio con los bonistas.

Es Cristina quien persigue a los gobernadores de Cambiemos y ejecuta cualquier zafarrancho para liberar a Milagro Salas. Es ella quien otorga asilo a Evo Morales e invita a Rafael Correa, Miguel Díaz-Canel e importantes representantes de Nicolás Maduro a los fastos oficiales. Es ella quien, escudada en la falaz enfermedad de su hija, coordina en Cuba con las cúpulas castro-chavistas la nueva revolución marxista en América Latina. Es ella quien ordena dinamitar todos los puentes con Uruguay, Brasil, Bolivia, Chile y, por supuesto, Estados Unidos.

Pero todo eso es consensuado y ejecutado por Alberto, un pusilánime fusible acomodaticio, un mero muñeco a través del cual habla la ventrílocua, que no vacila en contradecirse permanentemente (¡qué novedad!), se trate de la declamada alianza estratégica con el campo, de las retenciones a las exportaciones, de las tarifas de servicios públicos y del transporte, de los aumentos de las jubilaciones, de su “gobierno de científicos” del respaldo a los oficiales de las fuerzas armadas, de las paritarias “sin techo”, de la emisión monetaria o de la inflación, y de las heladeras llenas.

Si Cristina no estuviera en el puente de mando, ¿continuaría Alberto solo estas batallas?, ¿le perdonarían una defección a la “doctrina” los fieles escuderos de la viuda? Hay una peor alternativa: ¿y si fuera Alberto quien abandonara el comando formal?, ¿a qué desatados extremos nos conduciría esta psicótica mujer?, ¿intentaría, por ejemplo, crear milicias armadas al estilo chavista?, ¿pretendería implementar una suicida reforma agraria?, ¿qué nuevos acuerdos secretos firmaría con Venezuela, Irán, Rusia y China?

Como queda claro y salga pato o gallareta, los argentinos veremos -y permitiremos- como nuestro país continúa despeñándose hacia ese infierno en que están las civilizaciones y las naciones que han dejado de existir.

Bs.As., 14 Mar 20