sábado, 5 de noviembre de 2022

Pasando la gorra



                                                       Pasando la gorra

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 862)

 

"Para hacer la guerra hacen falta tres cosas: dinero, dinero y más dinero. Hay guerras más baratas, pero se suelen perder". Napoleón Bonaparte

 

La semana que pasó fue retazo más en el manto de vergüenza que Argentina presenta ante el mundo. El primer episodio se dio cuando el individuo que se autopercibe Presidente manifestó desconocer la existencia de acuerdos entre la Comunidad Europea y el Mercosur, precisamente ante el jefe de la diplomacia comunitaria; demostró tanto la supina ignorancia que nubla el cerebro de Alberto Fernández cuanto la penosa incapacidad del librero Santiago Cafiero, su Canciller, cuyo único mérito es la pertenencia al más que reducido círculo de fieles. Es pavorosa la devastación que el kirchnerismo produjo en uno de los cuerpos más profesionalizados del Estado, el diplomático, y reconstruirlo requerirá de años de esfuerzo; en muchos países, la ideología determina políticas pero en ninguno, como sucede en el nuestro, sacrifica tantos intereses nacionales –que debieran ser permanentes- en el altar de sus imaginarios y transitorios alineamientos.

 

Por cierto más grave fue el que encarnó nuestro desesperado “pato rengo” visitando, con una enorme e injustificada comitiva, a Luiz Inácio Lula da Silva al minuto de que éste lograra, por escasísimo margen, vencer a Jair Bolsonaro y regresar al Palacio del Planalto, después de haber estado preso por corrupción. Si el devaluado y desprestigiado meme que sienta sus posaderas en el sillón de Rivadavia pretendió con ese gesto acumular fuerzas para su desigual batalla contra Cristina Fernández y pasar la gorra, la pólvora se le mojó cuando una legisladora de la Provincia de Misiones entregó al mandatario electo de Brasil una con el lema “CFK 2023”.

 

Los videos que documentaron el encuentro no dejan lugar a dudas: el desesperado argentino abrazando y acariciando reiteradamente a un Lula molesto por esas ridículas efusividades. Todo se debió, como siempre sucede aquí, al terrible ombliguismo que afecta a los argentinos; por ello, la dramática elección brasileña del pasado domingo generó, en ambos lados de la grieta criolla, preocupaciones inconducentes o falsas ilusiones.

 

Desde los bunkers del Instituto Patria y La Cámpora, se leyó la victoria como una reafirmación de la existencia del lawfare en la región, y un renacimiento de aquellas gastadas fotos de la Unasur; la visita del prófugo ecuatoriano Rafael Correa a Cristina y el encuentro de Alberto con Evo Morales fueron en este sentido. Y en la mente febril de Cristina Fernández se abrió camino como la posibilidad de un salvavidas financiero y una nueva y triunfal reencarnación, aún después de las inexorables condenas penales que la esperan en un futuro inmediato.

 

El primer error es creer que el Lula que asumirá el 1° de enero de 2023 es el mismo que lo hiciera en 2003 y gobernara hasta 2010. Con setenta y siete años y mucha experiencia y prudencia acumuladas, el actual sabe que la época de la soja a US$ 650 la tonelada es cosa del pasado y que, esta vez, no dispondrá de aquellos recursos que permitieron a Fernando Henrique Cardoso y a él mismo sacar de la pobreza a tantos de sus compatriotas.

 

La falta siquiera de una mención de Lula a Dilma Rousseff, que fuera su sucesora en la Presidencia y a quien el Congreso destituyó por su “contabilidad creativa” (aquí no quedaría en pie ningún mandatario, ya que todos recurren a ella), también debe analizarse por separado. Ex guerrillera y muy ideologizada, su conspicua ausencia permite entrever que tampoco se establecerán alianzas estratégicas con Nicolás Maduro, Gustavo Petro, Luis Arce, Pedro Castillo, Miguel Díaz-Canel, Daniel Ortega o Gabriel Boric, sino que regresará a Itamaraty la tradicional posición geopolítica de Brasil, o sea, relaciones con todos los países en pos de sus intereses comerciales y de desarrollo permanentes.

 

Es consciente, además, de los límites que tendrá su gestión, marcada por la fuerte presencia conservadora en ambas cámaras legislativas y por las concesiones que deberá hacer al antiguo PSDB, el partido de su Vicepresidente electo, Geraldo Alkmin, y a los bloques parlamentarios del “Centrāo” para lograr algunas mayorías, siempre lábiles. Y aseguro que el respaldo irrestricto y la ayuda económica que el kirchnerismo espera ahora no pasa de ser un mero espejismo voluntarista.

 

Desde la Argentina, un país que ha hecho trizas sus instituciones y en el que el Congreso ha sido mucho tiempo sólo una suerte de escribanía de brazos enyesados al servicio del Ejecutivo de turno, es muy difícil entender que, en Brasil, aquél se ha convertido en el poder más fuerte de la tríada y en él priman los muchos partidos de centro, que sirven como permanente fiel de la balanza. Y en la medida en que, pese a la Constitución, somos un país profundamente unitario, también es incomparable el verdadero federalismo que goza nuestro vecino; así, un elemento fundamental del análisis es la cantidad y calidad de gobernaciones estaduales que han quedado en manos del bolsonarismo, nada menos que Sāo Paulo entre ellas.

 

Cristina Fernández, empeñada en generalizar su teoría del lawfare, disfraza la actual situación de Lula ante la Justicia de su país transformándola en un inexistente sobreseimiento definitivo de los cargos de corrupción que llevaron a su encarcelamiento. No es así; el Supremo Tribunal Federal sólo resolvió que los jueces que lo condenaron no eran competentes en razón de la jurisdicción, es decir, que volverá a enfrentar un proceso penal por las mismas acusaciones ante otros magistrados.

 

Finalmente, un último dato: mientras aquí galgueamos por la falta de dólares, nuestro vecino tiene US$ 350 mil millones en reservas. Y la principal razón es que el Banco Central es independiente del Ejecutivo, y su conducción está altamente profesionalizada. Realidades incomparables.

 

Bs.As., 5 Nov 22

viernes, 28 de octubre de 2022

Fuga y tocata

 


Fuga y tocata

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 861)

 

“La historia muestra que los levantamientos ciudadanos siempre fallan … salvo

 que el régimen gobernante y sus fuerzas vivan un hundimiento de la voluntad”.

 Max Hastings

La renovada discusión acerca de las PASO que el cristicamporismo ha instalado con tanta anticipación –están previstas para agosto del año próximo- es una prueba de la resignación ante la dura derrota que descuentan los dirigentes del Frente de Todos (gobernadores, intendentes, gerentes de la pobreza y sindicalistas K). Esa percepción ha transformado al Gobierno en una verdadera centrífuga, algo que se venía viendo desde la renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía y a los trabajosos esfuerzos que tuvo que realizar el MemePresidente para intentar su reemplazo por alguien que le respondiera; finalmente, tuvo que aceptar a Sergio Aceitoso Massa, ese aventurero siempre disponible que luchó por encontrar una plataforma de lanzamiento de su propia campaña presidencial desde que pasó a integrar la diminuta mesa del oficialismo.  

 

Y la otra prueba, más contundente, es la forma en que se ha encarado, con la notoria complicidad de los funcionarios del FMI, la renegociación de la deuda externa y la “reperfilación” de la interna para que las bombas estallen durante el próximo período presidencial: mientras que a la actual administración se le tolera una “contabilidad creativa” que le permite grandes dibujos, en 2024 el organismo exigirá un superávit del 2% del PBI. El monumental ajuste que deberá hacerse entonces, servirá para justificar las renovadas toneladas de piedras que arrojarán quienes estarán en el llano, incluyendo a todos aquéllos que lucran con este status quo regulado y corrupto y se niegan a competir en una economía abierta y transparente.

 

A esta altura, ya es evidente hasta para él mismo que el Aceitoso no ha podido enderezar la tan escorada economía nacional. Tampoco podrá hacerlo en el extenso año que falta para los comicios nacionales porque, desde ahora mismo, Cristina Fernández, cuyo poder mengua a ojos vistas diariamente, lo obligará a seguir gastando para intentar la reelección de Axel Kiciloff y sostener su bastión electoral, la Provincia de Buenos Aires, para convertirlo en refugio de la militancia kirchnerista durante la travesía por el desierto. Massa sabe que ha perdido su arriesgada apuesta para convertirse en su candidato presidencial –hoy no tiene ninguno competitivo- en 2023; ilusionado por su juventud, se imagina serlo en 2027.

 

Con una inflación que este año superará el 100%, esas necesidades personales de la emperatriz hotelera podrían, sin duda, hacer chocar el inexorable iceberg antes del cambio de mando, y no habrá entonces botes suficientes para salvar a todos los integrantes del Frente, incluida ella misma. Cómo reaccionará la ciudadanía -tan hambreada y pauperizada por la gestión del adefesio electoral que inventó Cristina para ganar en 2019- en ese momento crucial aún es una incógnita, ya que la situación es muchísimo peor que la que vivimos en 2001. ¿Estallará con violencia, como sucedió en Santiago de Chile, en Lima, en Quito o en Bogotá? Aún con el mini-ajuste que está ejecutando el Aceitoso, una real sopa de sapos que el kirchnerismo se ve obligado a deglutir todos los días, la situación social está elevando su temperatura. Si la explosión se produce, ¿de qué herramientas dispondrá el Estado para recuperar la paz?

 

Por su parte, y sin olvidar la positiva ponderación que me merece el trabajo conjunto que están realizando las fundaciones que responden a cada uno de los partidos que integran Juntos por el Cambio, los grandes figurones de la coalición siguen dando que hablar por su temprana tocata por liderazgos que, en este contexto socioeconómico, pueden también naufragar. Salvo excepciones puntuales y muy valiosas, se muestran por completo alejados de las angustias y el hartazgo de la sociedad, no explicitan propuestas esperanzadoras y, así, hacen al conglomerado fácil presa de la antipolítica de derecha e izquierda; que ésta roya también al Frente de Todos no quita que debiera obligar a esos “ombliguistas” de manual a reflexionar acerca de los errores que cometen todos los días.

 

Todavía no me explico por qué Juntos se comportó de la manera en que lo hizo cuando se votó en Diputados el Presupuesto 2023, la “ley de leyes”, un mamarracho trasnochado de aumento de impuestos, concesiones a los extorsionadores y falsas proyecciones que hubiera cubierto de vergüenza a cualquier Parlamento normal; pero nos hemos acostumbrado tanto a la idea de que nuestros representantes son un grupo de vivillos y ladrones que sólo buscan cuidar la propia que no se produjo cuestionamiento alguna en la sociedad.

 

Mañana, se hará el segundo turno de las elecciones presidenciales en Brasil: un unívoco Jair Bolsonaro y un cambiante Luiz Lula da Silva llegan a él en situación de empate técnico. El actual Presidente ha logrado instalar con fuerza a su movimiento de derecha, a punto tal que ha obtenido 99 escaños en la Cámara de Diputados -tiene 513 miembros- contra sólo 80 del candidato petista, y ha permitido que muchos de sus partidarios accedieran a decisivas gobernaciones estaduales en un país seriamente federal. Ese escenario implica que, cualquiera sea el resultado, no habrá probabilidad alguna de una deriva autoritaria o de un marcado populismo; aún una victoria de Lula desilusionará a los kirchneristas que soñaban no sólo con la reivindicación del lawfare como excusa política sino también con un claro respaldo de éste al socialismo del siglo XXI, saqueador y violador de los derechos humanos en todos los países de la región que lo sufren.

 

Bs.As., 29 Oct 22

viernes, 21 de octubre de 2022

¿Qué será de la herencia?

 



 

¿Qué será de la herencia?

Por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 860)

 

“Lo cierto es que, para evitar un cataclismo, debe estar dispuesto a dar

 malas noticias y a convencernos de que ellas son correctas e imprescindibles”.

 Jorge Fernández Díaz

 

Los laureles eternos de los que habla nuestro Himno tristemente se han marchitado hace mucho, y los libres del mundo no responden ya “al gran pueblo argentino, salud”, porque hemos hecho todo lo necesario para asombrarlos con nuestra compulsión autodestructiva, rayana en el suicidio. Pero aún tenemos una oportunidad; sólo se trata de no ser tan imbéciles como para dejarla pasar una vez más, porque seguramente será la última.

 

Más allá de la implosión del peronismo que desnudó la multiplicidad de convocatorias para conmemorar el Día de la Lealtad –el resto son, por supuesto, de la traición- quienes en ellas hablaron dejaron sentado, lo dijeran con mayor o menor énfasis o hasta con cierto terrorismo verbal, que ahora son férrea oposición a su propio Gobierno; sin embargo, el truco ya no convence, y de allí la escasa concurrencia que lograron. Pero también quedó en claro que, cuando el Frente de Todos pierda las próximas elecciones, algo para ellos ya inevitable, resistirán todo y cualquier cambio, inclusive aquéllos que debieran ser gratos para los oídos de los líderes sindicales, puesto que permitirían crear empleos privados y registrados, es decir, aumentar el número de afiliados a sus propios gremios.

 

A partir de la semana próxima, toda la sociedad será víctima de una nueva extorsión de los violentos camioneros de Hugo y Pablo Moyano, que han amenazado con convertir el reciente y costosísimo paro de los trabajadores del neumático en un mero juego de niños y, de no obtener el 131% de aumento que pretenden, paralizar el país interrumpiendo, desde el miércoles, el transporte de cargas, alimentos y combustibles y la reposición de dinero efectivo en los cajeros automáticos.

 

Quien quiera llegue al comando del desastre en que hemos convertido (o tolerado que lo hicieran) a este país tan gravemente enfermo de sí mismo desde hace demasiadas décadas, deberá hacerse cargo de una explosiva herencia, con bombas cebadas y quinta-columnas en cada esfera del Estado y en la economía. Pero aún estará a tiempo de evitar la desaparición de la Argentina como nación independiente; esta imagen no es exagerada, porque un nuevo escenario global se ha abierto por la criminal invasión de Rusia a Ucrania, y ese mundo en crisis y con hambre no podrá aceptar que sigamos desperdiciando nuestra inmensa capacidad de producir alimentos, energía y recursos naturales indispensables.

 

Aunque obvias, la magnitud de nuestro drama amerita hacer una lista de títulos de reformas indispensables: respetar a rajatabla la Constitución; conformar un federalismo real y no declamado; dividir la Provincia de Buenos Aires y unificar otras en regiones; recuperar la seguridad jurídica; depurar el galimatías de leyes y decretos; honrar nuestros compromisos locales y externos; generar la confianza internacional necesaria para atraer inversiones; modificar los códigos para acelerar los procesos judiciales; sancionar las leyes de boleta única y de ficha limpia; imponer el “juicio de residencia” para los cargos electivos, ministros y jueces; racionalizar el inicuo sistema tributario y el régimen laboral (éste, para el futuro); reducir el gasto achicando todos los organigramas; profesionalizar el empleo público en los tres niveles del Estado y cambiar su estatuto.

 

E incorporar a esa enunciación: recuperar los valores y la cultura del trabajo para terminar con la pobreza y la indigencia; mejorar el sistema jubilatorio y elevar la edad para acceder; abolir el sistema sindical de gremio único por actividad y afiliación obligatoria; acabar con las patotas y los piquetes; recuperar la educación pública y establecer que sólo los mejores pueden enseñar; tender lazos comerciales con todas los países en función de intereses permanentes y no de ideologías; devolver la excelencia del personal diplomático y eliminar las designaciones a dedo; luchar hasta terminar con la inflación; liberar los mercados de cambio; sincerar todas las variantes económicas y las tarifas; terminar con los subsidios distorsivos; privatizar todas las actividades económicas en manos del Estado y cerrar las empresas públicas deficitarias; modernizar el equipamiento de nuestras fuerzas armadas y mejorar sus salarios; resolver la inicua situación de los presos políticos militares; luchar efectivamente contra el narcotráfico y sus cómplices, y contra la inseguridad; bajar la edad de la imputabilidad penal; aniquilar el terrorismo de los falsos mapuches; establecer una política de inmigración acorde con nuestras prioridades; etc..

 

Será una tarea muy difícil y, para complicarla más, deberá encararse de inmediato, porque la situación en que se encuentra el país no admite demoras y la luna de miel no podrá extenderse más allá de algunos días. El próximo Presidente deberá ser sumamente resiliente, porque todos quienes lucran con los privilegios y la corrupción que genera el increíble cosmos de regulaciones y disparates en que se asienta este triste status quo -se trate de funcionarios y dirigentes gremiales y sociales, se trate de industriales que sólo saben pescar en la bañadera y cazar en el zoológico-, intentarán derrocarlo desde el primer día, utilizando quizás hasta la violencia callejera.

 

Pero si esa oposición que se vislumbra ganadora –no tanto por sus escasos méritos sino por el claro fracaso del populismo sin dinero- plantea, desde ahora mismo, propuestas esperanzadoras que permitan soñar con un horizonte en el que cada generación quiera permanecer en el país para tirar del carro común y vivir mejor que la anterior, contará con el apoyo social necesario para cambiar 180° el rumbo, y podrá fijarlo durante sucesivas administraciones, transformándolo en permanentes políticas de estado.

 

Si el nuevo Presidente es valiente, si tiene el coraje de encarar a cualquier costo la ciclópea tarea, la ciudadanía en su conjunto lo acompañará y lo incorporará, sin dudas, a la nómina gloriosa de quienes, desde Juan Bautista Alberdi, Domingo F. Sarmiento y Julio A. Roca en adelante, forjaron este país tan lejano que, hace ya demasiados años, admiró al mundo entero al erradicar el analfabetismo generalizado, integró su inmenso territorio, tuvo los mejores establecimientos educativos de América, permitió una veloz movilidad social ascendente basada en el esfuerzo y el mérito personal, alcanzó un producto bruto interno superior a casi todos los de Europa, rivalizó con los Estados Unidos en imagen y atractivo, y alimentó a los pueblos necesitados.

 

Bs.As., 22 Oct 22

viernes, 14 de octubre de 2022

El país de los autitos chocadores

 


El país de los autitos chocadores

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 859)

 

“A este fondo no rodé,

        me mudé con gran trabajo”.

 María Elena Walsh

 

El mundo se ha vuelto loco, y la amenaza nuclear de Rusia, debido a la patente derrota que está soportando en el plano militar su agresión criminal a Ucrania, no hace más que acelerar el proceso. Por lo demás, la guerra tecnológica que ha comenzado Estados Unidos contra China tampoco augura tiempos pacíficos para el planeta, ya que ha pasado a segundo plano la disputa sobre Taiwan pero se agudiza en terrenos comerciales. Si a eso le sumamos la predecible recesión que golpeará a todos los países, con mayor costo en los más pobres por la caída en la demanda de materias primas y alimentos de los ricos, la pronunciada suba de las tasas de interés por la Reserva Federal de Estados Unidos y el fortalecimiento consecuente del dólar, y los daños que está produciendo la sequía, el escenario global sólo podría empeorar si Vladimir Putin decidiera apretar el botón.

 

En la Argentina, se agregan otros factores que hacen aún más negro el futuro. La inflación, que se redujo muy levemente en septiembre (apenas unas décimas) pero promete nuevas escaladas, y la marcada carencia de divisas -que el “dólar soja” sólo calmó anticipando las liquidaciones de este cuarto trimestre pero que faltarán ahora- obliga al Gobierno a cerrar aún más el cepo cambiario y la importación de los insumos básicos para la producción, añadiendo efectos locales a la recesión que recibirá de afuera, y hace que solamente pueda financiarse con emisión, que luego absorbe con instrumentos por los que paga tasas que ya superan el 100% anual, cebando así aún más la bomba que dejará a sus sucesores.

 

Las dos mayores coaliciones del escenario nacional semejan juegos de parque de diversiones, ya que sus miembros arremeten todos los días contra sus propios y teóricos socios, y se estrellan sin cesar. A pesar del notorio rechazo que esa actitud provoca en esta sociedad cada vez más angustiada e indignada con los políticos en general, a los cuales califican cada día más como una casta, una palabra que ha impuesto Javier Milei, un outsider que está creciendo en las encuestas porque pretende encarnar la anti-política y se define como anarco-capitalista, los principales referentes de cada espacio insisten en esta demencial conducta.

 

El Frente de Todos, que en su origen era una mesa de tres patas, ha perdido una en razón de la manifiesta y confirmada insignificancia de Alberto Fernández, imaginario mascarón de proa; y las dos que quedan (Cristina Fernández y Sergio Massa) exhiben diariamente sus siderales diferencias en materia económica. Si bien el Ministro ha demostrado que carece de un plan integral para salvarnos del naufragio inminente, al menos pretende imponer una cierta racionalidad en una gobierno que, por la ansiedad de impunidad de la emperatriz hotelera, parece decidido a estrellar la nave contra el monumental iceberg que sus propias decisiones populistas han fabricado con gran esfuerzo.

 

La mayor prueba de las divisiones que coexisten en esa comunidad pan-peronista se verá en los distintos actos que se realizarán el próximo lunes para conmemorar el emblemático “Día de la Lealtad”. Resulta fácil prever que, salvo en el mini-acto que hará el PresidenteMeme por no haber sido invitado a participar de ninguna otra, tanto en el que asistirá la CGT cuanto el que hará en la Plaza de Mayo la CTA con los camioneros de Hugo Moyano, los camporistas de Máximo Kirchner y algunas organizaciones sociales, coincidirán en su fuerte protesta contra el Gobierno que todos integran.

 

Es que nadie tiene ya margen para seguir sosteniendo a este nuevo experimento peronista porque: a) la indomable inflación golpea a ingentes proporciones de ciudadanos, en especial a aquéllos que van cayendo en la pobreza y la indigencia; b) la inseguridad y el narcotráfico ascienden en la preocupación cotidiana; c) la indignación cunde frente a la demora en las causas por corrupción que tienen como protagonista a Cristina Kirchner, a la cual un mayoritario porcentaje considera culpable y adjudica gran parte de las penurias que sufre, mientras percibe enormes prestaciones previsionales cuando los jubilados de a pie no llegan siquiera a comer; d) el crecimiento del trotskismo en las comisiones internas fabriles pone en riesgo a la supervivencia de los eternizados caudillos gremiales; y e) la experiencia lleva a que todos los caciques, sean provinciales o municipales, intenten salvar la propia ropa cuando todo avisora una derrota electoral nunca vista para el Partido Justicialista.

 

En la otra coalición, Juntos por el Cambio, nada difiere demasiado. Facundo Manes sigue intentando asistir a una fiesta a la que nadie lo invita y, para ello, tira golpes contra todos. Gerardo Morales, tan amigo y socio de El Aceitoso, trata de hacer equilibrio dentro del espacio opositor. Córdoba cruje por el enfrentamiento entre radicales. Y confirmando mis estimaciones, Mauricio Macri deja traslucir que no será candidato pero se reserva el rol de gran elector. En el camino, PRO, UCR, CC-ARI, pichettistas y republicanos de Ricardo López Murphy, aunque parecen todos decididos a conservar la indispensable unidad, no parecen aún listos para ofrecer a esta sociedad -tan harta de impiadosos saqueadores, de “ceo’s” y “científicos” fracasados- planes creativos y racionales que consigan alimentar sus esperanzas frente un futuro que sigue vislumbrando terriblemente triste, tanto en general cuanto en lo personal.

 

Si no consiguen hacerlo, el riesgo de una crisis mayor explote en las calles se tornará cada vez mayor, pues las acuciantes necesidades siempre se agudizan en diciembre, aún en las cómplices gestiones peronistas.

 

Bs.As., 15 Oct 22

miércoles, 12 de octubre de 2022

Foro Presos, Torturas y Exilios Políticos en las Américas - 11 Oct 22

 https://www.youtube.com/watch?v=oQ_S5uzaYbc

viernes, 7 de octubre de 2022

Su Majestad, el Ombligo

 



 

Su Majestad, el Ombligo

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 858)

 

“Como todo revolucionario, si gana instala una dictadura popular: censura, expropia, encarcela,

 tortura y fusila. Si pierde, se refugia en los derechos humanos, se vuelve un demócrata y

 denuncia la persecución, la crueldad, el patriarcado y la falta de libertades civiles”.

    Arturo Pérez-Reverte

 

La semana estuvo, sin duda, marcada el resultado de la primera vuelta electoral en Brasil. Otra vez los más reputados encuestadores dejaron jirones de su prestigio por los tan equivocados resultados que pronosticaron, producto tanto de vender sus análisis al mejor postor cuanto de la tentativa de influir en la opinión de los ciudadanos. En ese mismo error incurrió el Frente de Todos, que confundió deseos con realidad y tanto apostó a un definitivo triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva (48,43%). Los muchísimos votos obtenidos por el tan repudiado Jair Bolsonaro (43,20%) aguaron la fiesta aquí prevista por el Gobierno para celebrar la resurrección de la Patria Grande que el Foro de San Pablo imagina para la región y para exhibir un éxito en su teoría del lawfare. El segundo turno electoral se disputará el 30 de este mes, y su resultado todavía es imposible de prever.

 

El actual Presidente brasileño obtuvo 99 bancas en la Cámara de Diputados, mientras que el candidato del PT, que sólo pudo competir porque su juicio por corrupción fue declarado nulo por el Tribunal Supremo Federal por problemas de competencia y sin llegar al fondo del asunto, sólo consiguió 80 escaños. Esa Cámara cuenta con 513 miembros; o sea, el oficialismo y la oposición carecen, por mucho, de mayorías propias y estarán obligados a negociar cada ley que pretendan sancionar a partir de ahora.

 

La injustificada centralidad argentina no permite entender cómo funciona la democracia en Brasil, donde un montón de diputados electos por infinidad de partidos políticos constituyen lo que se denomina el “centrāo” que, entre otras virtudes, impide cualquier deriva autoritaria en ese país. A eso me refiero cuando digo que allí, en Uruguay, Chile, Perú, Colombia y Ecuador, las instituciones -en especial, las legislaturas-, son fuertes, estableciendo una enorme diferencia con lo que aquí sucede.

 

Otro aspecto curioso para nosotros es el funcionamiento del Ejecutivo brasileño que, en la medida en que siempre accede al poder mediante coaliciones políticas, públicamente distribuye los cargos ministeriales entre los diferentes partidos que las integran; o sea, cada vez que se produce una renuncia o incapacidad, es la fracción a la que fue asignado ese ministerio quien propone a su reemplazante. Y lo mismo sucede en muchos otros países, tales como Dinamarca, Noruega, Chile, Uruguay, España o Italia.

 

En la Argentina, producto del ombliguismo irracional del cual derivan las bastardas actitudes de algunos de sus miembros, la coalición opositora cruje y, al hacerlo, debilita las esperanzas en que pueda ejecutar el volantazo que permita nuestra resurrección. En lugar de generar empatía con la ciudadanía, agobiada por la inflación, la inseguridad y la corrupción, Juntos por el Cambio dirime sus feroces disputas personales en televisión, mostrando cuán lejos se encuentra de las verdaderas necesidades de la sociedad y, de continuar así, corre un enorme riesgo de perder las próximas elecciones. El oscilante Facundo Manes, seguramente inquieto por la escasa adhesión que suscita su potencial candidatura, es el paradigma de ese pecado; al menos por ahora, hasta su propio partido, la UCR, lo ha criticado.

 

Tampoco el Gobierno, tan ocupado como está en tratar de evitar las serias consecuencias penales que la PresidenteVice deberá soportar por el gigantesco latrocinio que la asociación ilícita que encabeza perpetró -aún lo hace-, consigue ubicarse cerca de las angustias cotidianas de sus votantes, la mayoría de los cuales pertenece al sector más castigado por la pobreza y la creciente miseria. A la manifiesta impericia del equipo económico, se suma el creciente fuego amigo que recibe Sergio el Aceitoso Massa desde la Presidencia del Senado, el Instituto Patria y La Cámpora, muy poco dispuestos a arriar sus banderas populistas, sobre todo en la crucial Provincia de Buenos Aires.

 

En la calle, todo el mundo se pregunta, por la diaria pérdida del poder adquisitivo del salario frente al aumento constante del precio de los alimentos, cómo se transitará este último trimestre y si algo explotará con violencia antes de las fiestas de fin de año.

 

Mientras tanto, el incapaz Ministro del Interior, Anímal Fernández (¡qué mal nos va con tantos descendientes de Fernando en el Gobierno!), ordenó desalojar algunas de las propiedades públicas y privadas invadidas por estos bandidos disfrazados de pueblos originarios. Pero lo hizo con tal ineficacia (o mala intención) que todos pudieron escapar y sólo se consiguió detener a algunas mujeres y niños. El único resultado positivo del operativo policial fue, precisamente, la renuncia de la Ministro de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, defensora de los derechos humanos del falso mapuche Francisco Jones Huala, prófugo de la Justicia chilena que se pasea impunemente por Bariloche, y de Milagro Salas.

 

Si alguien cree que terminaron las actividades de estas bandas de delincuentes patrocinados y subvencionados por el Estado argentino, deberá desilusionarse; continuarán las invasiones y los incendios provocados, las golpizas y, pronto, los asesinatos de quienes resistan. Y eso sucederá porque hay demasiado en juego: la Patagonia, a ambos lados de la Cordillera, es un territorio casi vacío de pobladores pero inmensamente rico en recursos naturales, y la ambición de conquistarla por la fuerza, separándola de Chile y la Argentina, no cederá hasta que se logre exterminar definitivamente el accionar de estos terroristas. ¿Acaso le suena esta frase?

 

Bs.As., 8 Oct 22

viernes, 30 de septiembre de 2022

¿Ya murió la Argentina?

 


¿Ya murió la Argentina?

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 857)

 

“Quien lucha puede perder; quien no lucha, ya perdió”.

 Bertolt Brecht

 

La guerra (negada) que se libró en nuestro país en las décadas de los 60’s y 70’s costó demasiado dolor, sangre y muerte. El 25 de mayo de 1973, cuando Héctor Cámpora asumió la Presidencia y liberó a los terroristas condenados por la Justicia por sus delitos presuntamente políticos, los guerrilleros tomaron oficinas públicas, empresas y medios de comunicación. La “historia oficial” se niega a reconocer que ERP y Montoneros, que justificaban sus acciones en la resistencia a la opresión de los gobiernos militares, continuaron con sus acciones terroristas después del triunfo de Juan Perón con el 62% de los votos; por el contrario, el Frente de Todos sigue calificando a esos asesinos como “jóvenes idealistas”.

 

Como dijo Enrique Cadícamo, la historia vuelve a repetirse. En Villa Mascardi se vivió esta semana algo similar cuando una banda de terroristas pseudo-mapuches, que desconocen la soberanía nacional y pretenden arrebatar su territorio con la complicidad y protección del Gobierno, atacó a tiros un puesto de Gendarmería y al retirarse sus ocupantes, que tienen prohibido responder a las agresiones, lo quemaron; al día siguiente, usurpó más propiedades privadas y viviendas que previamente había destruido. Y digo que se trata de algo comparable porque el jefe de Montoneros, Mario Firmenich, amenazó con una guerra civil y en el sur están operando Roberto Perdía y Fernando Vaca Narvaja, sus segundos, que reivindicaron recientemente el accionar guerrillero durante los 70’s y trabajan de consuno con las FARC colombianas, la RAM chilena, el Sendero Luminoso peruano y “asesores” castro-chavistas.

 

Mientras tanto, la conducción trotskista del Sindicato del Neumático tomó el Ministerio del Trabajo, bloqueó el ingreso de trabajadores a las plantas y, al producir un faltante monumental de ese fundamental insumo generó, en cascada, la paralización de las fábricas de automóviles y maquinaria agrícola; las patotas de Camioneros, que ya habían cometido idénticos delitos en empresas de todo tipo, invadieron una transportadora en Avellaneda y golpearon a su propietario y al personal; los piqueteros, una vez más, acamparon en la Avda. 9 de Julio y cortaron rutas en todo el país; los estudiantes secundarios capitalinos, organizados en “El Acostazo”, que se referencia en Axel Kiciloff, ocuparon los colegios e impidieron asistir a clases a los demás; los “trabajadores de la educación”, también kirchneristas, concretaron huelgas salvajes en la Capital Federal; los asesinatos en Rosario, producidos por la batalla entre narcotraficantes, enlutan a la población y baten diariamente records insoportables; las barrabravas, aliadas del poder, continúan ensangrentando al fútbol y convierten los eventos deportivos en verdaderas batallas campales.

 

El kirchnerismo finge olvidar que Perón, por cadena nacional, el 20 de enero de 1974, dijo: “Ya no se trata sólo de un grupo de delincuentes, sino de una organización que, actuando con objetivos y dirección foráneos, ataca al Estado y a sus instituciones como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos … Aniquilar cuanto antes el terrorismo criminal es una tarea que compete a todos …, lo que nos obliga perentoriamente a movilizarnos en su defensa y empeñarnos decididamente en la lucha a que dé lugar”, Y no era para menos, ya que el día anterior el ERP había atacado el Regimiento de Caballería Blindada 10, de Azul, matado a su jefe, el Cnel. Camilo Gay, y a su mujer, y secuestrado al subjefe, el Tte.Cnel. Jorge Ibarzábal, a quien torturó y, diez meses después, asesinó.

 

En la economía, por supuesto, tampoco la llegada de Sergio “el Aceitoso” Massa al Ministerio de Economía trajo buenas noticias: la inflación sigue su rápido curso ascendente, la deuda pública y sus intereses alcanzan ya niveles ridículos, siguen faltando los dólares indispensables para pagar las importaciones más esenciales para la producción, la recesión parece cercana, y muchos salarios registrados no permiten superar la línea de pobreza, que ya afecta a más de diecisiete millones de compatriotas.

 

La corrupción permea en los tres poderes del Gobierno y en las policías, compinches todos de los grandes cárteles de la droga, y la geografía nacional muestra la completa y cómplice abdicación del Estado en el monopolio de la violencia y en el cumplimiento de sus roles indelegables, lo cual hace que la anomia y el “sálvese quien pueda” avancen en un país que ha perdido su entramado social y expulsa a sus mejores y más preparados ciudadanos, mientras promueve la inmigración de los menos instruidos y más pobres de los países vecinos, que se amontonan en tierras usurpadas, transformadas en villas de emergencia de todos los conurbanos argentinos.

 

Las fuerzas armadas, carentes de medios materiales y pauperizadas hasta la inanición por ideologizados y sucesivos gobiernos populistas, acompañados por el inmoral silencio de una sociedad cobarde e hipócrita, se ven impedidas de cumplir con las más mínimas tareas de vigilancia y defensa nacional. La injusta persecución y la denegación de los más elementales derechos humanos que, con la esencial colaboración de asesinos togados, sufren quienes combatieron contra esta misma guerrilla en su edición anterior, hará que sus actuales miembros lo piensen muy bien antes de obedecer órdenes de represión que surjan de un decreto presidencial (como el que firmó Italo Luder en 1975) o, inclusive, de leyes del vergonzoso Congreso, que no dudó en derogarlas cuando los vientos políticos cambiaron, como ocurrió a partir de 2003 con las de “punto final” y “obediencia debida” o con la “re-interpretación” del beneficio del “2x1” en contra de sus antiguos camaradas. Y lo mismo sucederá en las fuerzas de seguridad, a cuyos integrantes nadie respalda y son procesados cuando actúan en sus funciones específicas, como sucede en el sur.

 

Este escenario de disgregación nacional y fuerte indignación social, que se enmarca en la renovada y dura interna del oficialismo y los imparables ataques del Poder Ejecutivo al Judicial en pos de la impunidad de Cristina Fernández, justifica la pregunta que da título de esta nota. Porque tampoco será fácil para la oposición (si no pierde la ventaja que hoy registran todas las encuestas por su ombliguismo y sus innobles rencillas personales) si llega al poder, desarmar tantas trampas que acechan en el futuro, en especial porque las elecciones, cualquiera fuera su resultado, no cambiarán demasiado la composición del Senado. Y allí estarán esperando nuevamente el kichnerismo y sus aliados trotskistas para intentar impedir los cambios necesarios, tirar toneladas de piedras e incendiar el país a su paso.

 

Bs.As., 1 Oct 22