viernes, 16 de octubre de 2026

El ocaso del consenso


 

                 El ocaso del consenso

 

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1068)

 

“El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

 Antonio Gramsci

 

La democracia liberal, esa construcción que durante décadas asumimos como el estado natural de la política y que Occidente pretendió sin éxito imponer al mundo entero, atraviesa un periodo de redefinición traumática. No se trata de un fenómeno aislado, sino de un síntoma global con manifestaciones locales divergentes, pero profundamente conectadas por un mismo hilo conductor: la ruptura del contrato social que alguna vez sostuvo la estabilidad.

 

En Europa – ya sólo “un gran parque temático”, al decir de Arturo Pérez Reverte - la crisis de la democracia está íntimamente ligada al debilitamiento del Estado de bienestar, acentuado ahora por la imposición de Washington a la Comunidad de incrementar fuertemente los presupuestos de defensa en cada uno de los países que la integran y, consecuentemente, restar dinero a otros destinos. Durante la posguerra, el pacto social europeo se basó en una premisa simple: crecimiento económico compartido y redes de seguridad social robustas a cambio de paz y legitimidad democrática.

 

Sin embargo, la persistencia de las crisis económicas, la deslocalización industrial, la necesidad de redirigir masivos recursos públicos para atender a la eventual expansión continental de la invasión de Rusia a Ucrania, la ceguera de los dirigentes para prevenir la inevitable crisis energética, los problemas generados por la indiscriminada y descontrolada inmigración – en especial, por aquellos individuos que se niegan a integrarse y pretenden imponer sus propias costumbres y leyes (como la sharía), sobre las del país que los ha recibido - y la incapacidad de los partidos tradicionales para gestionar la incertidumbre, han provocado un desencanto profundo.

 

Cuando el Estado deja de ser el garante de la seguridad social básica (salud, educación, vivienda, jubilaciones y pensiones), el vacío no queda desierto; es ocupado por narrativas populistas que prometen soluciones simples a problemas sistémicos complejos. Para comprobarlo, basta con ver lo sucedido en Alemania recientemente: mientras en Sajonia-Anhalt triunfó un partido (AfD) de extrema derecha, casi nazi, en Berlín lo hizo uno (Die Linke) de signo inverso, prácticamente comunista. La erosión del bienestar, que sin duda se acentuará en un futuro inmediato por el excesivo endeudamiento de los países, ha transformado la desconfianza ciudadana en una forma de "desafección democrática", donde las instituciones son vistas, cada vez más, como mecanismos de protección de las élites, no de la ciudadanía. La consecuencia es un parlamentarismo debilitado y una fragmentación política que impide el consenso necesario para gobernar.

 

Si en Europa el síntoma es la desafección y el rechazo de la juventud a verse obligada a participar en cualquier guerra, en América - con Estados Unidos como caso emblemático, pero presente en todas las naciones del continente - el síntoma es la polarización extrema. A diferencia del viejo continente, donde el Estado de bienestar fue una conquista histórica, en nuestra región, sobre todo al sur del río Bravo (o Grande), el Estado a menudo ha sido percibido como ineficiente, capturado por intereses clientelares o lisa y llanamente corruptos, criminales y narcoterroristas.

 

Mucho de ese deterioro conceptual y reputacional del Estado deviene de la incapacidad de su Justicia, cooptada por intereses políticos o meramente espurios, de asumir el rol que nuestras democracias constitucionales le atribuyen. La impunidad y la protección que concede a los poderosos, un nefasto problema recurrente y presente en muchísimos países, no sólo para enriquecerse robando masivamente a sus pueblos sino para atentar contra las propias reglas del sistema democrático, es un factor determinante de ese descreimiento generalizado.

 

La polarización, esa "grieta" que define nuestra vida cotidiana en casi todo Occidente, no es un fenómeno puramente ideológico; es el resultado de un fracaso en la representación; para comprobarlo miremos qué está sucediendo en España, Francia, Brasil, Colombia, Reino Unido, Estados Unidos, Bolivia o la misma Argentina. Cuando las instituciones no logran encauzar las demandas sociales, la política se reduce a un juego de suma cero: el “otro” no es un adversario legítimo con el que se debe negociar, sino un enemigo que debe ser eliminado del juego democrático.

 

En este contexto, la política se transforma en una guerra cultural donde los datos y la realidad – la verdad - quedan subordinados a la identidad grupal. Mientras el descontento busca refugio en el populismo para recuperar seguridad económica y social, la polarización extrema sirve para canalizar una frustración identitaria que ve en el "otro" la causa de todos los males.

 

Lo que observamos es una convergencia inquietante. Tanto la crisis del Estado de bienestar cuanto la polarización extrema comparten una raíz común: la incapacidad de los sistemas democráticos actuales para ofrecer una narrativa de futuro que sea inclusiva y creíble.

 

La democracia no puede sobrevivir únicamente como un procedimiento electoral. Requiere, esencialmente, de una base material y simbólica que permita la convivencia. La pregunta que debemos hacernos – por ejemplo, tanto en Brasil (25 Oct), cuanto en Israel (27 Oct), Estados Unidos (3 Nov) o en España (29 Nov) - no es solo quién ganará la próxima elección, sino cómo reconstruir un suelo común donde el debate sea posible y donde la política deje de ser el campo de batalla de una sociedad fracturada.

 

Aún es posible corregir este rumbo, pero el desafío es, simplemente, enorme: recuperar la legitimidad democrática exige, primero, reconocer que el "consenso", la “negociación” y la “transacción” no son palabras sucias, sino las únicas herramientas legítimas y capaces de gestionar las inevitables tensiones de una sociedad moderna. De lo contrario, seguiremos navegando hacia una deriva autoritaria, disfrazada de democracia, pero completamente despojada de su alma.

 

Bs.As., 17 Oct 26


viernes, 9 de octubre de 2026

El mundo no espera


                                                    El mundo no espera

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1067)

 

"Democracia es la patética creencia en la sabiduría colectiva de la ignorancia individual". Henry Louis Mencken

 

El mundo continúa girando, pero cada vez se parece menos al que conocimos. Las reglas que ordenaron las relaciones internacionales desde la II Guerra Mundial están siendo reemplazadas por la voluntad de los más poderosos, mientras las instituciones multilaterales contemplan cómo se desmorona su autoridad. Donald Trump ha convertido la diplomacia en una mezcla de amenazas, aranceles, negocios y demostraciones de fuerza, sin advertir - o sin importarle - que sus decisiones pueden escapar a su control.

 

La guerra con Irán y sus consecuencias sobre el petróleo y el comercio mundial exhiben la fragilidad de los equilibrios internacionales. Vladimir Putin continúa apostando al desgaste de Ucrania, mientras Xi Jinping observa cómo los errores de sus adversarios amplían el margen de maniobra de China. Europa, atrapada entre la amenaza rusa y las incertidumbres de su alianza con Washington, debe decidir si seguirá dependiendo de una protección que Estados Unidos utiliza cada vez más como instrumento de presión.

 

Pero el Viejo Continente enfrenta, además, otra amenaza: el creciente malestar de sus propias sociedades. En Francia, las protestas estudiantiles contra los recortes y el deterioro de la educación han derivado en enfrentamientos con la Policía; en Bélgica e Italia también se multiplican las movilizaciones. En España, la crisis habitacional y los alquileres prohibitivos han llevado a miles de personas a las calles. A ello se suman el encarecimiento de los combustibles y las huelgas contra los ajustes presupuestarios. No estamos ante una única rebelión coordinada, sino frente a distintas expresiones de una misma insatisfacción: ciudadanos que sienten que sus gobiernos les exigen sacrificios mientras no consiguen resolver problemas elementales. La paradoja es evidente: las democracias europeas, que durante décadas fueron presentadas como modelos de prosperidad y protección social, enfrentan dificultades crecientes para conciliar sus compromisos fiscales con las demandas de sus habitantes. Cuando la política no ofrece respuestas, los extremos suelen encontrar terreno fértil.

 

Las próximas elecciones agregan incertidumbre. En Brasil, Lula y Flávio Bolsonaro disputarán el balotaje del 25 de octubre, y su resultado influirá sobre el equilibrio regional. Para Javier Milei, la victoria de su aliado ideológico podría encerrar una paradoja: Brasil tiene un peso económico y diplomático muy superior al argentino y podría desplazar a nuestro Presidente del protagonismo latinoamericano que procura ejercer. El 3 de noviembre, las elecciones legislativas pondrán a prueba, a su vez, la autoridad de Trump.

 

Argentina no puede permanecer ajena. La energía, los alimentos y los minerales críticos nos ofrecen oportunidades extraordinarias, pero también estamos expuestos a las turbulencias de los mercados globales. Vaca Muerta constituye una ventaja estratégica; aprovecharla requiere infraestructura, inversiones y reglas previsibles, no solamente anuncios grandilocuentes. Milei insiste en presentar el equilibrio fiscal y la reducción de la inflación como los pilares de su gestión. Nadie sensato puede desconocer la importancia de esos objetivos después de décadas de emisión descontrolada, despilfarro y endeudamiento. Pero tampoco podemos confundirlos con la solución definitiva de nuestros problemas. La debilidad del consumo, las dificultades de la industria y la incertidumbre sobre la recuperación económica obligan a preguntarse cuánto tiempo puede sostenerse un programa si sus beneficios no llegan a amplios sectores de la sociedad.

 

No se trata de reivindicar el regreso al proteccionismo indiscriminado ni a los privilegios corporativos, sino de comprender que la competitividad no se decreta: se construye mediante crédito, infraestructura, impuestos razonables y seguridad jurídica. Tenemos recursos para convertirnos en un proveedor confiable de un mundo necesitado de energía y alimentos. Sin embargo, seguimos atrapados entre las urgencias fiscales, las disputas políticas y la incapacidad de acordar políticas de Estado que sobrevivan a los cambios de gobierno. Tampoco podemos desatender nuestras instituciones. La legitimidad electoral no equivale a una autorización ilimitada para gobernar. La independencia judicial, las atribuciones del Congreso y el respeto por la Constitución no son obstáculos que deba remover el Poder Ejecutivo: son garantías que protegen a los ciudadanos frente a los errores y abusos de quienes ejercen el poder.

 

El panorama internacional no invita al optimismo fácil. Sobran conflictos, escasean los liderazgos capaces de construir acuerdos y crece la desconfianza hacia los dirigentes. Las protestas europeas recuerdan que ni siquiera las sociedades más desarrolladas están inmunizadas contra el descontento cuando la política pierde contacto con las necesidades cotidianas. La Argentina tiene una oportunidad que sería imperdonable desperdiciar. Pero necesita algo más que afinidades ideológicas con quienes ocupan circunstancialmente las principales capitales: una política exterior que defienda sus intereses, una economía que estimule la producción y una República que inspire confianza.

 

El mundo no esperará a que resolvamos nuestras eternas disputas. Las potencias seguirán moviendo sus piezas, las guerras modificarán los mercados y las sociedades reclamarán respuestas. La pregunta es si tendremos la inteligencia necesaria para anticiparnos o si, una vez más, nos limitaremos a contemplar cómo otros deciden nuestro destino. Porque no basta con estar del lado correcto de la historia. También hay que saber qué hacer cuando la historia llama a nuestra puerta.

 

Bs.As., 10 Oct 26

Publicado en:

https://totalnewsagency.com/2026/10/09/el-mundo-no-espera/

https://www.notiar.com.ar/index.php/opinion/143019-el-mundo-no-espera-por-enrique-guillermo-avogadro

https://diariocastellanos.com.ar/opinion/2026/10/09/el-mundo-no-espera.htm

https://prisioneroenargentina.com/el-mundo-no-espera/

https://www.informadorpublico.com/el-mundo-no-espera/

http://www.diarioenfoques.net/index/edition/e/2470/s/18

viernes, 2 de octubre de 2026

Dios salve a las urnas


                                                 Dios salve a las urnas

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1066)

 

“La Historia era así de fluctuante: a veces, su ritmo estaba signado por las campanadas de las

 catedrales; otras, las pulsaciones de los corazones empalmaban directamente con su cadencia”.

 Diego Rojas

 

Mañana mismo comenzará un ciclo de elecciones cuyos resultados, seguramente, impactarán en el mundo entero pero tendrán especial influencia en los escenarios bélicos que hoy tan razonablemente lo inquietan y en la deriva política de América Latina. Me refiero, en orden temporal, a las presidenciales en Brasil, a las parlamentarias en Israel del 27 y las de medio término en Estados Unidos, el 3 de noviembre.

 

En nuestro gran vecino, competirán – los únicos con probabilidades de vencer, aunque se presentarán otros tres candidatos - Luiz Inácio Lula da Silva que, con su Partido dos Trabalhadores (PT), buscará su reelección luego de gobernar tres períodos no consecutivos, y Flávio Bolsonaro, hijo del ex Presidente Jair Bolsonaro, indiscutido líder de la derecha brasileña. La segunda vuelta, de cuya necesidad no hay quien dude, se sustanciará tres semanas después. Además del próximo inquilino del Palácio do Planalto, en Brasília, se renovarán dos tercios del Senado (54 sobre 81), la totalidad de las bancas (513) en Diputados – hay que mirar con mucha atención las nuevas composiciones que resulten - y las 27 gobernaciones estaduales.

 

Para Javier Milei, esa elección presenta una paradoja: ha respaldado sin fisuras a Bolsonaro e insultado a Lula pero, si aquél triunfara, nuestro Presidente perdería su actual liderazgo de la derecha de América Latina y menguaría la atención que hasta ahora ha recibido de EEUU, pues Brasil, un país más grande y poderoso que la Argentina, pasará a ser el aliado crucial de la Casa Blanca en la región. Para Donald Trump esta elección reviste un particular interés, pues está en juego la disputa con China y los BRICS y toda su aspiración continental (la doctrina “Donroe”), hoy puesta en fuerte cuestionamiento precisamente por la negativa de Lula de aceptar sus decisiones arancelarias y geopolíticas, en una dura posición compartida nada menos que por las otras dos mayores economías de América: México y Canadá.

 

En un régimen parlamentario, como tiene Israel, la supervivencia y la libertad del Primer Ministro Benjamin Netanyahu – de quien Milei es un ferviente fanático - dependerá del resultado de las elecciones que se celebrarán el 27 de este mes porque si sus aliados, halcones y ultraortodoxos, no resultaran triunfadores, su gobierno caerá y Bibi deberá enfrentar en los tribunales viejas denuncias por corrupción y las más recientes, que le imputan no haber evitado, pese a los avisos previos recibidos de la inteligencia de Emiratos Arabes Unidos y Egipto, el criminal ataque de Hamás de hace tres años. Netanyahu ha conservado hasta hoy su cargo manteniendo a su país en guerra en múltiples frentes – Irán, Gaza, Cisjordania y Líbano – porque “nadie cambia de caballo en mitad del río”. Claramente, de estas elecciones dependerá el futuro inmediato de Medio Oriente y, sobre todo, la relación entre Tel Aviv y Washington.

 

Para cerrar el calendario de importantes eventos electorales, el 3 de noviembre los estadounidenses concurrirán a las urnas para renovar la totalidad (435) de la Cámara de Representantes (diputados) y un tercio (35 sobre 100) del Senado, amén de los gobernadores de 36 Estados. Históricamente, y salvo en tres ocasiones, los oficialismos han perdido las elecciones de medio término pero, dada la agresiva y perniciosa actitud que mantiene Trump contra las instituciones federales y estaduales y la prensa libre, sus políticas arancelarias, la guerra del Golfo Pérsico, los tradicionales aliados de EEUU en todo el mundo, los inmigrantes, etc., esta vez podrían tener un resultado trágico para el magnate.

 

  Así, con el gigantesco impacto negativo que provoca en su propia grey política el aumento del precio de los combustibles, es prácticamente seguro que el Partido Republicano perderá la actual mayoría en la Cámara de Representes y, aunque menos probable, en el Senado. Si fuera derrotado, Trump podría tener que enfrentar un proceso de impeachment que, aunque no pudiera prosperar por las mayorías especiales requeridas, confirmaría su debilitamiento y su condición de pato rengo.

 

La pública oferta de un cheque por US$ 5.000 que enviaría su administración a cada ciudadano si conservara el control del Capitolio, el más que cuestionable enriquecimiento personal que ha experimentado con su propia moneda digital, el regalo de un avión que recibió del Emir de Qatar, la controversial actuación de sus negociadores especiales en los escenarios de conflicto - Steve Witkoff y Jared Kurchner (el “yernísimo”) - y el acceso anticipado – por US$ 100.000 mensuales - a sus anuncios y mensajes en su red Truth Social, que diariamente alteran mercados y cotizaciones, sin duda serán objeto de duro escrutinio, tanto como las tentativas para modificar los sistemas electorales y sus maniobras para eludir el control parlamentario sobre sus “poderes de guerra” en todos los frentes.

 

Para cerrar, un breve comentario local. Esta semana, la Corte Suprema – con la honrosa excepción de Carlos Rosenkrantz – revocó el sobreseimiento del Tte. Gral. (RE) César Milani en la causa por la desaparición del conscripto Alberto Ledo en 1976, cuando el ex Jefe del Ejército - en la época de Cristina Fernández - era sólo un Subteniente de 21 años destinado en Tucumán; con esta tan reprobable resolución, que ignora cómo funcionan las fuerzas armadas, continúa la política de persecución a quienes derrotaron a la subversión terrorista en la guerra civil que éstas desataron para implantar un régimen similar al cubano. El fallo, sin embargo, por otro camino hace justicia con este siniestro personaje que, en su momento y abrazado a Hebe Bonafini, proclamó su deseo de construir un “ejército popular” para respaldar y custodiar al pero-kirchnerismo ladrón, mientras espiaba y perseguía a sus enemigos políticos y se enriquecía robando al propio Estado.

 

Bs.As., 3 Oct 26

Publicado en:

https://diariocastellanos.com.ar/opinion/2026/10/02/dios-salve-a-las-urnas.htm

https://www.notiar.com.ar/index.php/opinion/142882-dios-salve-a-las-urnas-por-enrique-guillermo-avogadro

https://totalnewsagency.com/2026/10/02/dios-salve-a-las-urnas/

https://www.informadorpublico.com/dios-salve-a-las-urnas/

https://prisioneroenargentina.com/dios-salve-a-las-urnas/

http://www.diarioenfoques.net/index/edition/e/2469/s/16