viernes, 17 de marzo de 2017

¿Seguiremos mirándolo por televisión?



¿Seguiremos mirándolo por televisión?

“En la trinchera no hay ateos”

Siempre he sostenido que “con una Justicia seria, independiente y rápida, todo será posible; sin ella, nada lo será”. Hoy afirmo que la nuestra, con sus inexplicables demoras en la justificada detención –porque están alterando las pruebas y se los imputa de delitos no excarcelables- de los responsables del saqueo, contribuye en mucho a afectar la gobernabilidad.

Esta semana el operativo destituyente del kirchnerismo –sumado a un importante sector del peronismo de la Provincia de Buenos Aires, a los “trabajadores de la educación”, a las dos CTA, a los movimientos trotskistas y a organizaciones piqueteras- para recuperar el poder y, por qué negarlo, garantizar la impunidad de su jefa y la banda de gangsters que integran su asociación ilícita, se puso finalmente en marcha. Lamentablemente, los tres gobiernos se rehusan a utilizar la fuerza pública para evitar los desmanes, por miedo a que les tiren un muerto, el recurso habitual de los complotados. Olvidan que esa actitud se transformará en una elevadísima factura que les presentará en octubre su propia base electoral, harta de las complicaciones que los permanentes cortes e impedimentos traen aparejadas, mientras que los beneficiarios de tanta inacción jamás los votarán.

La pregunta obligada es, entonces, qué debemos hacer los ciudadanos de a pie, que mayoritariamente optamos por Macri y Vidal, para evitar que estos subversivos sigan avanzando, como siempre ha sucedido cuando quien ocupaba la Casa Rosada no era peronista. ¿Cómo olvidar que, para robarse YPF, Néstor nos dejó sin luz ni gas, y con ello dilapidó las reservas?, ¿que “desapareció” los fondos de Santa Cruz?, ¿que trató de destruir al campo?, ¿que canceló anticipadamente la deuda con el FMI y nos endeudó con Chávez a tasas enormemente mayores?, ¿que el kirchnerismo fue socio del potenciado narcotráfico?, ¿que su viuda intentó “democratizar” la Justicia y colonizó la Procuración General y la administración pública en general?.

Aún en contra de la voluntad de Cambiemos, ¿no deberíamos salir nosotros a la calle para demostrar que somos más, que queremos la democracia y estamos dispuestos a defenderla a como dé lugar? ¿Por qué no desobedecer a los llamados a las huelgas e ir a trabajar? ¿Por qué no manifestarnos frente al Consejo de la Magistratura para exigirle que controle a los jueces y los obligue a acelerar los procedimientos para terminar con la impunidad de tantos ladrones, que se ha transformado en un verdadero cachetazo a la sociedad? Si fuera verdad que un sector del Gobierno prefiere a Cristina Fernández en libertad para polarizar con ella en octubre, incurriría en una especulación bastarda que, además, puede costarle muy caro.

Mauricio Macri, con errónea vocación por evitar dar malas noticias, se abstuvo de explicar la magnitud de la crisis -que no había sido percibida como tal, pese a ser enormemente más grave que la del 2001- heredada de la verdadera década infame que lo precedió; la última oportunidad para hacerlo la perdió el 1° de marzo de 2016, cuando inauguró por primera vez las sesiones ordinarias del Congreso. Hoy, a quince meses de haber asumido, es obviamente tarde y eso contribuye a facilitar la penetración del discurso subversivo en una sociedad innegablemente golpeada por una economía que, si bien ya muestra signos de crecimiento, no ha llegado aún a aliviar la situación de los más desprotegidos.

Por lo demás, víctima de su férrea creencia en una nueva forma de comunicación y pecando de un exceso de pluralidad en los medios propios, padece el manto de silencio que la prensa en general ha extendido sobre sus logros, muchos de ellos importantes, mientras se centran en las malas noticias, que los inconformes y los preocupados magnifican.

Todos los líderes gremiales, en especial aquéllos que integran el triunvirato que dice conducir a la “columna vertebral del peronismo”, padecen de un mismo mal. Acosados por la izquierda insurreccional que los corre a panzazos, acompañada por el siempre oportunista kircherismo, describen problemas inexistentes (el desempleo y la excesiva importación) y perjudican a quienes dicen representar mientras no ofrecen solución alguna. El cierre de la economía que reclaman (“vivir con lo nuestro”, como pretendía Aldo Ferrer) condenará a los argentinos a seguir pagando más caros los productos que necesitan, que serán de inferior calidad; la limitación legal a los despidos y suspensiones que exigen, y los incrementos de los costos laborales, impedirán la creación de nuevos empleos; los eventuales aumentos de impuestos o la emisión monetaria o el endeudamiento –si no es así, ¿de dónde saldrán los recursos?- para financiar los planes y subsidios generarán mayor inflación, que siempre terminan pagando los asalariados.  

Lo remarcable es que toda la actividad desplegada para expulsar al Gobierno –huelgas salvajes, piquetes de todo tipo, ollas populares, violencia callejera- no hace más que perjudicar a sus presuntos beneficiarios. Al impedir que se eduquen y se perfeccionen, aleja sus posibilidades de reinserción en un mundo que expulsa a trabajadores no calificados para reemplazarlos por robots; al generar tanta inestabilidad institucional, espanta las posibles inversiones; al cerrar las calles al transporte, dificultan enormemente la llegada al trabajo de todos, haciéndoles perder los premios por presentismo.

Los jerarcas docentes (¡hemos cambiado a Sarmiento por Baradel!) están expulsando a los niños de la educación pública, ya que el ausentismo tradicional y los frecuentes paros obligan a los padres a inscribirlos en escuelas parroquiales y privadas, duplicando el gasto familiar y, al no dar clases, complican la vida de las familias más pobres, que no tienen con quien dejar sus hijos y, muchas veces, hace que éstos pasen hambre. Lo peor es que los reclamos salariales son acompañados por la cerrada negativa a que se evalúe la enseñanza. El presupuesto destina el mayor porcentaje de la historia (exceptuando al período de Illia) a sostener la educación, pero el 90% se destina a sueldos. Por cada cargo docente hay cinco maestros y uno de cada cuatro nunca trabaja como tal; sin embargo, la brillante moción de Juan José Llach para que se negocie con los gremios corregir esa horrible distorsión, despedir a los permanentes ausentes y repartir el dinero así ahorrado entre los que sí trabajan (25% de aumento) ni siquiera fue escuchada.

María Eugenia Vidal está haciendo lo correcto al mantenerse firme frente al salvajismo de los líderes docentes que mantienen a millones de chicos fuera de las aulas; la ciudadanía debe condenarlos sin matices y salir a la calle para respaldar a su Gobernadora en esta puja. Pero ella también está obligada a actuar para terminar con la indignidad que constituyen tantos ladrones kirchneristas -empezando por el mismo Daniel Scioli-, que han saqueado a la Provincia y transformado al Conurbano en un páramo de violencia, droga y miseria, pavoneándose en libertad mientras convocan a la destitución de las autoridades electas.

Un párrafo final para el dilema que enfrentará en los próximos días la Corte Suprema cuando deba decidir sobre la libertad de Milagro Salas (que no es una presa política sino una política presa y puede interferir u alterar pruebas en la investigación de los múltiples delitos que se le imputan) que le reclaman los organismos internacionales de derechos humanos, y su sempiterno desprecio por la suerte de los dos mil presos militares y civiles, ancianos a los cuales se les niega la detención domiciliaria pese a su edad y a las enfermedades que padecen y, en muchos casos, soportan prisiones preventivas por décadas. Con la integración de los Dres. Rosatti y Rosenkrantz, ¿seguirá siendo tuerta?


Bs.As., 18 Mar 17

sábado, 11 de marzo de 2017

¿Elección o Generación?




¿Elección o Generación?

"Trata de ser siempre honesto contigo mismo". Andrea Camilleri


La semana ha sido sumamente complicada, y se han gastado ríos de tinta en comentarlo. Entonces, me limitaré a decir que el final del acto de la CGT me dejó un horrible sabor a dejá vu; es que ver a las organizaciones trotskistas comenzar a operar, y al kirchnerismo convertido en su compañero de ruta, trajo a mi memoria lo sucedido a partir de los hechos de Ezeiza, cuando Perón volvió al país.

En el marco del conflicto docente aún vigente –y que se transformó en otro de los frentes elegidos por quienes quieren destrozar a la democracia-, me parece más importante formular propuestas para un país mejor, y hoy será entonces el turno de la Universidad pública.

Es mentira que ser pública y gratuita la convierta en una igualadora social y, por eso, no lo es en Cuba, China, España, Brasil, Ecuador, etc. Ese mantra populista perpetúa privilegios: ¿qué porcentaje de alumnos proviene de las clases media-baja y baja?, ¿resulta lo mismo estudiar para alguien mantenido por sus padres que integrar una familia obrera, que necesita del trabajo del propio alumno para subsistir?, ¿es igual ir en automóvil que viajar horas en medios públicos para llegar a clase? Y ya que se sostiene con impuestos que pagamos todos, ¿es justo que los más pobres soporten una Universidad que carece exigencias y será inalcanzable para sus hijos?

Pensemos por qué toda la comunidad tiene que pagar para que algunos pocos estudien carreras que no sirven al conjunto social y que, en la enorme mayoría de los casos, los graduados no encontrarán inserción laboral en el campo elegido, produciendo frustración y resentimiento.

Finalmente, la vigente Ley Federal de Educación, al prohibir la difusión pública de las evaluaciones de establecimientos educativos de niveles secundario y universitario, iguala hacia abajo, porque impide la sana competencia basada en la calidad y en la calificación de los títulos que otorga cada uno, mucho de lo cual depende, precisamente, de los maestros y profesores, que necesitan actualización y perfeccionamiento permanentes.

El promedio de permanencia de estudiantes de carreras de cinco años, es siete y se gradúa sólo el 22% de quienes ingresan. Esa prolongación artificial de la vida universitaria genera mayores gastos en salarios, en infraestructura, en medios para la investigación, etc., y todo recae sobre la población en general, inclusive de aquellos sectores cuyo único consumo son los alimentos de primera necesidad, gravados con el IVA.

Lo reducido de los salarios docentes en todos los niveles hace que sólo puedan ingresar a la enseñanza aquellos que, amén de una increíble vocación, disponen de otros medios de subsistencia o que buscan, en la cátedra, un galardón social. Ello no siempre es acompañado por la calidad de la enseñanza impartida.

Finalmente, y para no extenderme más en el diagnóstico, un solo ejemplo: en Japón (115 millones de habitantes), hay sólo 18 mil abogados autorizados a ejercer la profesión; en Francia (55 millones), 15 mil; en la ciudad de Buenos Aires (3 millones), somos más de 70 mil. El exceso de competencia hace que se bastardee el ejercicio profesional, los honorarios sean más magros, y que cada día menos letrados consigan vivir de su talento. Sin embargo, la UBA sigue graduando futuros frustrados, y el costo lo soporta toda la población; ¡suena raro! Mientras tanto, grandes conglomerados internacionales en industrias de punta ven dificultada su instalación en el país porque no encuentran suficientes ingenieros, expertos en alimentación, informáticos, petroleros, geólogos, químicos, físicos, matemáticos, geógrafos, etc..

Mi propuesta es establecer cuántos nuevos graduados universitarios y terciarios de cada una de las disciplinas necesitará el país a tres y cinco años vista; basta con introducir en una computadora la información que suministren las empresas y el sector público, incluyendo a los potenciales inversores.

Con el resultado de esa investigación, se constituirá un primer cupo de ingresantes a la Universidad. Para formar parte de él, los aspirantes deberán rendir un muy exigente examen de ingreso –en matemáticas, lengua, ciencias y ciencias sociales-, en especial para las carreras docentes, y mantener el nivel de excelencia durante toda la carrera, comprobado mediante pruebas semestrales. A los miembros de ese primer cupo no se les cobrará matrícula alguna y, además, se les pagará un sueldo razonable para mantener a su familia durante sus estudios. Como es obvio, quienes lograran graduarse integrando ese primer cupo encontrarán una clara salida laboral, ya que tanto el Estado cuanto las empresas los buscarán afanosamente.

Luego, crear un segundo cupo que tuviera en cuenta la capacidad física (instalaciones) de cada una de las facultades. Quienes lo integren, es decir aquellos que opten por carreras que el país no necesitará –y, por ende, es injusto que deba soportar- o por estudiantes que no lograran el nivel de excelencia requerido para el primero, deberá pagar para estudiar: ¡si quieres hacerlo, báncalo tú!

Incorporaría, además, a esas normas una ley que impusiera al sector público la obligación de contratar, como consultora externa, a la Universidad, y pagar los honorarios correspondientes.

Veamos, antes de rechazarla in limine, qué efectos produciría la solución propuesta. En primer término, mejores graduados y, con ellos, el país dispondrá de profesionales excelentes en las disciplinas más indispensables. Luego, impedirá la permanencia del “estudiante crónico”, ese al cual el bajo nivel de exigencia le permite eternizarse en los claustros por muchos años, incordiando a los verdaderos estudiantes, que quieren aprender.

Con el producido de las matrículas pagadas por los integrantes del segundo cupo, más los honorarios que la Universidad generará por sus servicios de consultoría externa y la generación de ingresos por nuevos desarrollos propios aplicables a la industria, se formará un incremento presupuestario que permitirá mejorar sensiblemente los salarios de los docentes e invertir en infraestructura y en medios de investigación.

Al pagar verdaderos salarios, aumentará la aspiración por enseñar, y así permitirá exigir más calidad a los profesores –incluyendo la verdadera dedicación exclusiva de algunos de ellos- y el círculo virtuoso se cerrará con el nivel de excelencia en los claustros, lo cual transformará a la Universidad en un verdadero faro capaz de iluminar el futuro del país, dejando de ser otro triste fanal que sólo permite ver la pendiente descendente en la que la Argentina está embretada desde hace décadas.


Bs.As., 11 Mar 17

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sábado, 4 de marzo de 2017

Recuerdos del Futuro



Recuerdos del Futuro

“Los insultos de los imbéciles son como las meadas de los perros: sólo salpican el pedestal". David Viñas

         Un año después de lo que hubiera sido preferible, el Presidente se puso las botas el miércoles en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso y enumeró algunos de los enormes problemas que dejó el kirchnerismo, que actuó con la suficiente pericia como para evitar que la crisis, mucho más grave que la del 2001 por donde se la mire, fuera percibida por la sociedad mientras conservó el poder. Durante el acto, los caraduras representantes de la oposición más cerril, además de gritar y mostrar sus habituales carteles, pretendieron que olvidáramos cuánto mal hicieron al país sus líderes.

Evidentemente, los argentinos no aprendemos más y, cual calesita de barrio, seguimos intentando las mismas recetas fracasadas y cometemos los mismos errores repetidos desde siempre. Me refiero, en este caso, a los reclamos que formula CAME y acompaña la CGT, contra una presunta invasión de productos importados, sosteniendo que atentan contra las Pyme’s y, consecuentemente, ponen en riesgo las fuentes de trabajo. Por supuesto, se traducen en pedidos de cierre de la economía para proteger a la industria nacional y, de ese modo, reflotar la eterna aspiración de los quejosos: cazar en el zoológico y pescar en la bañadera. Dicho en lenguaje llano, mantenernos a todos en cautivos de una pinza formada por un Estado macrocéfalo y exprimidor y por empresarios, reacios a invertir, que buscan eliminar la competencia por la vía de subsidios estatales y restricciones a la importación para vender sus productos, cualquiera sea la calidad o el precio, apoyados éstos por gremialistas enriquecidos y también prebendarios.

Esta misma historia, contada desde todos los ángulos políticos, es la que nos ha llevado a la decadencia como país; en la medida en que el actual gobierno no tome al toro por las astas, no hará más que prolongar esta agonía y consolidar el atraso, la brecha que nos separa del primer mundo y que no para de crecer. Las razones invocadas son siempre las mismas; desde el ángulo empresarial, la falta de previsibilidad en las políticas económicas (el latiguillo que dice que aquí te enteras si eres pobre o rico por el diario del día siguiente) y, desde el otro, un fisco que, para evitar que quienes se caen del sistema perezcan por inanición, ahoga a la actividad y registrada con impuestos cada vez más confiscatorios. Esa combinación de gravosas gabelas y costos industriales no competitivos hace que los argentinos que no pueden acceder a viajar para comprar lo que buscan, se vean obligados a pagar por los mismos –o peores- productos un precio enormemente mayor.

Lo primero que tenemos que hacer es pensar de qué hablamos cuando decimos “mercado interno”, tan exaltado por los populismos locales. Nuestra población puede estimarse en 42 millones, con un bajo crecimiento, y todos sabemos que más de 30% se encuentra por debajo de la línea de pobreza; eso significa que sólo 29 millones están en condiciones de consumir algo que exceda la alimentación básica. Pero, ¿cuántos pueden comprar más de un par de zapatos o un vestido o una heladera o algo de tecnología por año?; entonces, debemos coincidir en que ese ponderado, y teóricamente protegido, mercado interno es por demás reducido.

Lo que deberíamos hacer para solucionar esa notoria injusticia de precios más altos y calidades inferiores, es abrir nuestras fronteras para permitir que ingresen libremente todos esos productos, pero la contrapartida inmediata sería el cierre de industrias y la masiva pérdida de puestos de trabajo. La solución es otra: Argentina debe comenzar a fabricar productos de calidad, de excepcional calidad, sin importar el precio y prepararse, con el obvio apoyo del Estado, para competir en el mundo, pero con una fecha cierta de apertura de las importaciones; a partir de entonces deberán actuar en los mercados más sofisticados y más caros que, además, tienen dimensiones acordes con las pequeñas cantidades que podemos producir. No se trata de cerrar industrias o de discutir la distribución mundial del trabajo, sino de cambiar el perfil de nuestros productos. Los ‘de goma’ valen menos de US$ 50 y, en general, son más precisos que los de las grandes marcas; pero el mundo está lleno de personas que invierten enormes sumas para exhibir relojes ‘de marca’.

Cuando digo que se requiere ayuda estatal, me refiero a disminución de impuestos y extensión de la formalidad, reducción de las tasas de interés para los créditos de reconversión, liberación de la importación de máquinas y bienes de capital para incorporar tecnología, planificación de la educación para capacitar a los trabajadores, disminución de costos laborales, inversión en infraestructura para reducir los costos del transporte y los seguros. Naturalmente, debe ejercerse un férreo control para evitar que esas medidas beneficien sólo a empresarios inescrupulosos, que son muchos.

Esos pasos harán que las actividades elegidas crezcan y creen puestos de trabajo. Y, en la medida en que contamos con excelentes diseñadores, técnicos extraordinarios, profesionales de excepción y buenos publicitarios, las industrias se encontrarán en óptimas condiciones para salir a los mercados globales que privilegian el diseño y la calidad sobre el precio. La receta no puede ser aplicada en forma universal, y tampoco funcionar en todos los sectores industriales, aunque gradualmente pueda extenderse. Se podría comenzar, por ejemplo, con algunos rubros: textil, moda, calzado, alimentos orgánicos, línea blanca y vinos.

Para usar como botón de muestra a la industria calzado, todas las fábricas de Argentina (50.000 trabajadores), que tienen los cueros y pueden adquirir rápidamente la tecnología, se encontrarían en condiciones de competir en el exterior, con igual calidad y mejor diseño, a un precio menor que los mejores y más requeridos productos de marcas reconocidas. A la vez, se abriría por completo la importación de calzado que puede ofrecerse aquí a precios muy bajos (entre cuatro y diez dólares) debido a la masividad de su producción en China y Brasil, y ello permitiría a los compatriotas más excluidos dejar de andar descalzos; nadie recuerda una sola protesta de los fabricantes italianos de zapatos de lujo (€ 1000 el par) protestar contra sus competidores chinos o brasileños de productos baratísimos.  

Lo mismo ocurre con la industria de la moda. A pesar de nuestros sucesivos des-gobiernos, Buenos Aires sigue siendo un modelo a imitar dentro de Latinoamérica. Su industria de diseño y la calidad de –algunos- de sus tejidos son reconocidos mundialmente y, sin embargo, no jugamos en uno de los mercados más interesantes por la relación costo-beneficio.

Los sectores ricos crecen y, sus miembros están dispuestos a pagar hasta un 30/40% más para consumir alimentos orgánicos (producidos sin agroquímicos) pero, lamentablemente, la Argentina no aprovecha esa circunstancia, con algunas contadas excepciones. Es más, las suicidas políticas “anti-campo” de Néstor, Cristina y Guillermo Moreno hicieron que el país dejara de cumplir con su cuota Hilton de carne de primera calidad, por la cual Europa paga US$ 15000 dólares la tonelada (tres veces la carne “común”), lo mismo que han comenzado a hacer los Emiratos Árabes.

Espero que Mauricio Macri siga con las botas puestas, dicte los decretos anticorrupción, exija a la Justicia cumplir su rol y consiga que su equipo económico adopte las medidas necesarias para que la economía se recupere, una de las condiciones esenciales para triunfar en octubre.


BsAs, 4 Mar 17

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sábado, 25 de febrero de 2017

Carnaval sin Máscaras



Carnaval sin Máscaras

“En esta tierra nuestra, la verdad ha muerto hace mucho tiempo”. 
Fernando Aramburu

Los disfraces han desaparecido, los antifaces han sido olvidados y ya todos sabemos quién es quién en el baile. Después del carnaval, el miércoles de cenizas nos traerá nuevamente a la realidad pero, como la semana hábil será muy breve, el final de fiesta se producirá el lunes 6 de marzo.

Entre ese día y el siguiente, se producirán algunos hechos de relevancia pero distintos, aún cuando todos comparten la imagen que sirve de título a esta nota. El Presidente Macri habrá regresado de su paseo triunfal por Madrid, que tendrá repercusiones positivas en un futuro mediato pero si, ingenuamente, espera encontrar aquí a unos caballeros que, al menos por un elemental pudor, lo respetaran por no haber desnudado en su momento la crisis que recibió en 2015, se equivocará una vez más.

Enfrente tiene la peor clase de tahúres, los que padecen de amnesia voluntaria, capaces de simular el olvido de su propio y reciente pasado, de abjurar del kirchnerismo en el que participaron y seguir jugando sucio en el partido. Lo único que buscan es volver al poder, practicar el más abyecto populismo y enriquecerse en el camino.

Los gremios que nuclean a los “trabajadores de la educación” –ex maestros-, anunciaron encantados que el ciclo lectivo no comenzará el 6, como estaba previsto, y que están dispuestos a seguir extorsionando a la sociedad. Perjudican -¿los llamarán “daños colaterales”?- a los más desprotegidos de los chicos con tal de disparar contra el Gobierno y se asocian, descaradamente, a la campaña de desestabilización en la que están empeñadas varias usinas afines. Lamentablemente, y además de la trágica pérdida de días de clase en el “siglo del conocimiento”, entre otras cosas las escuelas cerradas implican niños sin alimentos y padres que pierden el “presentismo” por la necesidad de permanecer en casa cuidándolos.

Como reinvidicación sindical, todo vale: la resistencia a la evaluación y el perfeccionamiento de los docentes, a la corrección del sideral ausentismo, la duplicación de cargos hasta el infinito. Si bien los salarios nominales que perciben pueden parecer bajos, al menos en la ciudad de Buenos Aires un maestro recién recibido, con una jornada básica de cuatro horas, percibe más de once mil pesos. ¿Es un motivo real, cuando toda la ciudadanía está sufriendo mientras paga los errores y los robos de la década kirchnerista o, simplemente, se está haciendo demagogia y oposición salvaje con la huelga?

Me pareció altamente positivo un movimiento, generado a través de Tweeter, por voluntarios a-partidarios, que se ofrecen para dar clases durante la huelga nacional anunciada por Roberto Baradel, líder del gremio más combativo, y sus congéneres de los demás sindicatos, y evitar así, al menos parcialmente, los enormes perjuicios que causará. Y digo positivo porque muestra el profundo hartazgo social frente al accionar de estos verdaderos delincuentes que, embanderados en los reclamos gremiales, buscan sólo réditos políticos.

Ese mismo lunes veremos, por primera vez, a los retoños de doña Cristina, el Diputado Máximo y la joven Florencia, concurrir a los Tribunales de Comodoro Py para prestar declaración indagatoria en la causa Los Sauces, y los seguirá Cristina al otro día. Tienen razón Luis D’Elía y Eugenio Zaffaroni en preocuparse, ya que es posible –aunque altamente improbable- que quede detenida pese a tratarse, después de la denuncia del Fiscal Nisman por encubrimiento del terrorismo, de la causa que más la preocupa.

Nuestra abogada exitosa volvió a usar Tweeter para brindar su apoyo e invitar a sus fieles a sumarse a la marcha contra el Gobierno que, también para el martes ha sido dispuesta por los triunviros de la CGT; pero la catarata de tuits no contuvo uno sólo que se refiriera al Gral. Milani. No es para menos ya que, después de apañarlo durante años, de encumbrarlo a la jefatura del Ejército, de ponerlo al frente del espionaje interno y de darle cifras siderales para su equipamiento –y para que robara a manos llenas-, hoy el noble guerrero se ha transformado en la bala más potente que haya atravesado el relato trucho y el negocio de los derechos humanos tuertos.

Luego del anuncio de la principal central obrera, rápidamente aprovecharon CTA y ATE, los piqueteros, los desocupados, el atomizado PJ pegado con engrudo en San Vicente, los educadores y cuantos pretenden expulsar a Macri y volver a las recientes épocas de corrupción y latrocinios impunes, para recuperar protagonismo. Los convocantes son quienes reciben las peores calificaciones de una sociedad que, sin embargo y por inacción o por abulia, permite que sus dirigentes se perpetúen en sus cargos.

Porque, si bien la economía personal de los argentinos no da demasiado espacio para el optimismo todavía, me pregunto qué pretenden  quienes marcharán el martes que haga el Gobierno: ¿seguir aumentando el déficit, la emisión, el endeudamiento, los impuestos o los subsidios?; cualquiera de esas recetas lleva a mayor inflación, el impuesto más gravoso para los pobres, es decir, para aquéllos a quienes dicen representar. ¿Qué harán por ellos, si siguen en esta tesitura en vez de capacitarlos, cuando el progreso de la ciencia expulse del mercado laboral a los menos preparados?; ¿harán huelga como la de Pablo Moyano, cuando consiguió que los bancos siguieran mandando los extractos en papel y por correo?

¿Dónde deberían buscarse recursos para hacer frente a los reclamos? Hay una sola respuesta: en el crecimiento de la economía, y para ello se necesitan varios elementos: inversión, productividad, seguridad jurídica, previsibilidad, respeto a las normas, y debemos ser nosotros mismos, con las verdaderas fortunas que muchos tienen en el exterior, quienes nos pongamos el país al hombro, porque el mundo se hartó de escuchar nuestros llantos mientras, una y otra vez, nos pegamos tiros en los pies. ¿O es que no hemos oído fuera, cada vez que intentamos que vengan a invertir, la lapidaria apelación: “comiencen ustedes por confiar en la Argentina”?

 Macri y Cambiemos podrían fracasar, claro, pero al menos están intentando apartarnos del rumbo de segura colisión con un iceberg en que tantos años de politiquería, de corrupción y de populismo nos habían colocado. En 2015, y por escaso margen, los argentinos decidimos que no queríamos transformarnos en la tristísima Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en la paupérrima Cuba de Fidel y Raúl Castro, o en otro cualquiera de los engendros con que el “socialismo del siglo XXI” había sembrado nuestra sufrida región. Si ese fracaso se produjera, allí estarán los personeros del pasado para regresar y, otra vez, suicidarnos en masa.

No incurramos en el disparate, instalado por los medios y por las usinas K, de igualar las denuncias que se hacen contra Cambiemos, todos los días, con la corrupción kirchnerista y, mucho menos, caigamos en la estupidez de Jorge Asis que, hace poco, llamó a éste “tercer gobierno radical”, o de Sergio Massa, tratando de instalar la comparación con Fernando de la Rúa; todo ello no hace más que dar aire a los golpistas, que hay ya muchos.

Los errores del Gobierno me duelen, y mucho, pero creo que no me queda otra que apretar los dientes, seguir para adelante y, en la medida de mis escasas posibilidades, evitar que siga cometiéndolos.


Bs.As., 25 Feb 17 

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sábado, 18 de febrero de 2017

De zapatos a chancletas



De zapatos a chancletas

“No me importaba aparecer como inteligente o limitado sino aprender la lección para dirigir mejor la acción de gobierno”. Roberto Augusto Ulloa

Mauricio Macri comenzó su período con un par de zapatos tan bien lustrados que permitían reflejar,  bajo las faldas de Cristina, las negras intimidades del kirchnerismo. Fue una pena que ese panorama estuviera restringida sólo al Presidente y su círculo más íntimo, y que nadie (seguramente por consejo de Jaime Durán Barba) se tomara el trabajo de mostrárselo a la ciudadanía, que así se vio impedida de percibir la catastrófica magnitud de la herencia que la noble viuda había dejado.

Para cualquiera medianamente avisado, era natural y justificado que, a medida que el Gobierno caminara por los encharcados senderos económicos y políticos, el brillo se iría apagando, como sucede con todos los regímenes cuando termina la luna de miel que acompaña sus comienzos. Pero nadie pensaba que Macri se vería obligado a quitarse de apuro los zapatos y calzarse las chancletas para recular.

Tengo certeza de la buena fe y la honestidad del Gobierno y, cada vez que me desesperan algunos de sus actos, pienso qué sería de nuestro país si quienes hoy estuvieran sentados en la Casa Rosada fueran Daniel Scioli y Carlos Zannini, acompañados desde La Plata por nada menos que Anímal Fernández. Aún así, me resulta imposible entender por qué actúa como lo hace.

Mauricio sabe, desde que ganó la elección, que le tocaría gobernar sin mayoría en las cámaras legislativas, y también sabe que la consecuente obligación de negociar permanentemente es una de las piedras basales de la democracia. Tuvo enormes éxitos iniciales en la materia, ya que la oposición le permitió hacerse con las leyes necesarias para salir del cepo cambiario, solucionar el tema de los holdouts, contar con un presupuesto, etc.

Pero, por ejemplo, si –como luego quedó demostrado- no necesitaba pasar por encima del Congreso para que sus irreprochables candidatos a integrar la Corte Suprema de Justicia fueran confirmados, ¿para qué recurrir a un decreto de necesidad y urgencia que estuvo al borde de inhabilitarlos? O, si el feriado del 24 de marzo caerá en fin de semana los próximos tres años, ¿para qué “movilizarlo” si luego se retrocederá?

La solución que encontró el Ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad, para poner punto final a la demorada cuestión del Correo Argentino, con su privatización durante el menemismo y la absurda rescisión de su concesión por el kirchnerismo, fue técnicamente correcta. Sin embargo, dado que el concesionario era una empresa perteneciente a la familia Macri, padre, hermanos e hijos del Presidente, la forma en que se llevó a cabo –ad referéndum de la Cámara Comercial- fue un monumental error político. Para enterrarlo, y puesto que estamos en un año electoral, no bastará con volver –algo irreal- a foja cero, como dijo Mauricio al asumir acertadamente la responsabilidad del Gobierno en el cuestionado trámite; la oposición, que siempre y en cualquier época es salvaje, se ocupará de ello.

La modificación de la fórmula de cálculo de los incrementos jubilatorios, un cambio ajustado a la ley vigente, fue otra equivocación mayúscula, en especial por la oportunidad en que fue comunicada, una semana en que se produjeron fuertes aumentos –también justificados- en peajes, medicina prepaga, etc., y anuncios de futuras subas en precios de combustibles. Nuevamente, Macri retrocedió, pero sólo cuando el enorme costo político ya había sido pagado.

La tercera mala señal fue todo el recorrido del acuerdo firmado por el gremio de los bancarios con la patronal, que el Gobierno pretendía no homologar porque supera la pauta máxima de incremento salarial que pretende para todas las paritarias, alineándolas con la inflación prevista; ante la amenaza de una huelga de tres días hábiles, debió también recular y aceptarlo. El próximo puente a cruzar serán las negociaciones con los sindicatos de maestros, que vuelven a disfrazar su recalcitrante kirchnerismo con la defensa de la educación, mientras perjudican dolosamente a los chicos más necesitados, a los que utiliza como rehenes.

Lo peor de esos sucesos es que lograron empañar un excepcional logro del Gobierno, que consiguió que muchos argentinos confiaran tanto en el modo en que conduce la economía como para invertir sus ahorros en bonos en pesos, a diez años y a una tasa del 13%, todo ello en un cuadro mundial sumamente cambiante y riesgoso.

Tengo la impresión de que Macri no quiere asumir, de una vez por todas, el rol que la sociedad le atribuye, y que le confió con sus votos en los mayores distritos electorales del país. Sigue buscando la imposible simpatía del populismo demagógico en todas sus formas, sea el PJ mutante de Diego Bossio y Julián Domínguez, el Frente Renovador (¿reciclador?) del trashumante Sergio Massa, el GEN de la inconsecuente Margarita Stolbizer o en la trasnochada izquierda nacional. Habrá que ver cuál será el costo que pagará por ello Cambiemos en octubre, cuando se expresarán los muchos que eligieron un cambio en 2015 y hoy miran con desilusión este errático rumbo.

No soy quien para dar consejos a la coalición gobernante ni, menos aún al PRO pero, desde mis setenta años muy vividos y con muchos adoquines pateados, me permito sugerir a Cambiemos volver a reunirse en un retiro “espiritual” (tal vez aprovechando el feriado carnavalesco), empaparse de calle y replantear su errática gestión, su medrosa actitud frente a la oposición y la forma en que se comunican las acciones de gobierno.

Macri dijo muchas veces que, al llegar al poder, terminaría con el “curro” (sic) de los derechos humanos pero, ya sentado en la Casa Rosada, tiembla ante las previsibles quejas de los delincuenciales organismos que, a caballo de los sueños compartidos y de las inexplicables indemnizaciones, sienten en riesgo su futuro: mamar irrefrenablemente de la teta estatal y continuar la más abyecta venganza contra aquéllos que impidieron que triunfaran en su guerra de terror y nos convirtieran en la Cuba castrista.

La pusilánime actitud del Gobierno ante la inaguantable existencia de presos políticos en la Argentina, cincuenta y uno de los cuales han muerto desde el 10 de diciembre de 2015, obliga a pensar que debiera recurrirse a un referéndum para preguntarle a la ciudadanía si está interesada en enterrar el pasado y extender un manto de piadoso perdón sobre todos aquéllos (incluyendo a César Milani, la más clara prueba de la falsedad kirchnerista, su justicia “tuerta” y su manipulación de los derechos humanos, que debieran amparar a todos los argentinos) que combatieron hace ya cuarenta años. Para nuestra vergüenza, en Uruguay la pregunta se formuló dos veces y, en ambas, la respuesta fue inequívocamente afirmativa.


Bs.As., 18 Feb 16

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sábado, 11 de febrero de 2017

Revuelcos Interesantes




Revuelcos Interesantes

“La incomprensión del presente nace de la ignorancia del pasado”. Rafael Bielsa

El domingo pasado, al leer la imprescindible columna de Jorge Fernández Díaz en “La Nación” (https://tinyurl.com/z4qcmmf), tomé conciencia del primero de los impresionantes cambios que se han producido en lo que va del año.

Hasta ahora, los ideólogos de izquierda del mundo subdesarrollado se hartaron de despotricar contra la globalización, a la que consideran terriblemente perjudicial para los países pobres. Sin embargo, hoy quien enarbola la bandera más importante de resistencia a ese movimiento –que, debo decir, me parece imparable- es nada menos que Donald Trump, que brega por cerrar la economía estadounidense con los mismos argumentos que utilizan quienes se encuentran en sus antípodas políticas.

Es interesante, entonces, pensar cómo puede darse un fenómeno socio-económico, relativamente nuevo, que resulte perjudicial para todos, sean privilegiados o sumergidos. Como, naturalmente, eso contiene una contradicción que lo convierte en imposible, resulta fundamental discernir a quién le asiste la razón.

Estados Unidos es, sin duda, el mayor país del mundo todavía, aunque China pretenda acercársele. Y es el mayor exportador de tecnología, dada su monumental inversión en investigación y desarrollo. Pero, para poder mantener al mundo entero como un mercado para sus productos, debe también aceptar que el resto de los países exporten a su mercado interno porque, en general, las economías son reacias a comprar a quien no les compra.

Por eso, creo que los próximos meses –hace pocas décadas, hubiéramos dicho años- traerán algunas respuestas a estos interrogantes, generados por algunos datos ciertos: un obrero estadounidense gana, en promedio, cuatro veces más que su homólogo mexicano, y ni hablar de los trabajadores del sudeste asiático, pese a que éstos también han mejorado. Si Trump insiste en concentrar toda la producción de las empresas norteamericanas en su propio territorio y en incentivar el “compre nacional”, resulta obvio que los salarios locales subirán aún más, y ese mayor costo se trasladará, necesariamente, a los precios; de la reacción de la sociedad ante ese incremento dependerá, en mucho, el futuro político del nuevo Presidente. Casi tanto como de sus feroces batallas contra la prensa (tan tradicionalmente libre allí que llegó a costarle su cargo al Presidente Richard Nixon) y contra la Justicia, que ha actuado siempre como garante de la división de poderes y como última defensa de los ciudadanos frente a los abusos del Poder Ejecutivo.

El segundo vuelco se refiere a la ola anticorrupción que, desatada por las investigaciones en las empresas Petrobras y Odebrecht, ya alcanza a varios países de Latinoamérica. El pedido de captura del ex Presidente peruano, Alejandro Toledo, las imputaciones al Gobernador del Estado de Rio de Janeiro y al Alcalde (Prefeito) de su capital, el bloqueo judicial a la designación de uno de los principales ministros de Michel Temer (Presidente de Brasil), las acusaciones contra Juan Manuel Santos  (Presidente de Colombia), las repercusiones en Panamá y en República Dominicana, donde hay varios políticos y funcionarios de primer nivel involucrados, están transformando al Lava Jato en un verdadero tsunami internacional que nadie sabe dónde terminará, ni cuál será su costo.

Otro vuelco, el primero propio, se refiere al reducido índice de inflación de enero, un mes tradicionalmente malo para esta medición, que sorprendió a todos los economistas. Anualizando los logros de los últimos siete meses en la materia, resulta claro que el Gobierno y el Banco Central han conseguido domeñar este flagelo, que tantos pobres produce; además, resultará un dato clave al momento de negociar las paritarias, salvo aquéllas que se celebrarán con los gremios de marcada dirigencia kirchnerista, en especial los maestros. Pero creo que, si los diferentes gobiernos provinciales se mantienen firmes, surgirá una importante disidencia dentro de los distintas agrupaciones que permitirán el comienzo de las clases en tiempo y forma, y lo mismo sucederá con el subterráneo capitalino y sus salvajes “metrodelegados”. Cada vez serán más quienes estén dispuestos a desobedecer directivas claramente desestabilizadoras.

El dato de la inflación, sumado al éxito del blanqueo y a la proximidad del ingreso de ingentes divisas provenientes de las exportaciones de granos, acompañado por la favorable opinión de los grandes operadores de los mercados de crédito internacionales (Morgan Stanley dijo, el viernes, que Argentina enderezará su economía y atraerá US$ 230 mil millones), permiten afirmar que el Gobierno está haciendo muy bien las cosas en ese terreno. Estoy seguro que el país volverá a crecer este año, aunque será muy difícil que ese crecimiento sea parejo para todas las áreas de actividad, en la medida en que muchas de ellas dependen de la marcha de nuestro principal socio comercial, Brasil, inmerso en una crisis económica y política de incierto futuro.

Y, finalmente, el marcado revuelco que significa la permanente presencia en los medios de difusión masiva, que hoy hasta editorializan sobre la cuestión de los presos políticos pese a haberla ignorado durante los últimos catorce años. Obviamente, ese cambio de actitud responde a un nuevo interés social, reflejado en el rating y en los cientos de cartas de lectores que publican los diarios de mayor circulación, que piden una solución inmediata de este grave condicionamiento de nuestra joven democracia.

Todo ello resulta innegablemente positivo porque, a la entrevista que realizó Eduardo Feinmann a Victoria Villarruel esta semana, siguió un interesantísimo y constructivo debate -en Intratables- entre Silvia Ibarzábal (hija del Coronel secuestrado en el ataque a la guarnición de Azul, torturado y asesinado en 1974, durante la presidencia de Juan Domingo Perón), Luis Labraña (el ex montonero que inventó la mágica cifra de los 30.000 desaparecidos) y Eduardo Anguita (ex combatiente del ERP), que permitió iluminar este tema, tan manipulado.

Resulta inexplicable que, mientras rivales seculares como Alemania, Francia, Gran Bretaña, Polonia y Rusia, que combatieron en guerras terribles y sanguinarias, pudieron sólo siete años después de la Segunda Guerra Mundial (en la que murió el equivalente a toda nuestra población) sentar las bases para la actual Comunidad Europea, y Estados Unidos y Japón se convirtieron en fuertes aliados después de los bombardeos atómicos, nosotros sigamos inmersos en una contienda que ya debiéramos haber debido dejar atrás, cerrando las heridas que, sin duda, causaron esas décadas violentas.

Pero no podremos hacerlo hasta que cese la venganza, y todos podamos estudiar nuestra historia analizando crudamente los hechos tal como sucedieron, sin enmascararlos detrás de posturas ideológicas, y sin tergiversar lo que pasó en nombre de un sesgado relato que, a esta altura, huele irremediablemente a moho. 


Bs.As., 11 Feb 17

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