viernes, 18 de junio de 2021

Cuando los calificativos no alcanzan

 






Cuando los calificativos no alcanzan

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 790)

 

“Nos habían suicidado los errores del pasado”.

 Homero Expósito

 

El regreso de Cristina Fernández al ruedo público después de un año de silencio, me dejó una certeza: tiene miedo. Pese a su cinismo, la noté deformada por el pánico a perder las elecciones precisamente en el lugar en que está el núcleo duro de su innegable poder. Su base electoral ha tomado conciencia de que la falta de vacunas se debe su posición ideológica, a la corrupción de su Gobierno y a la vocación por instaurar un capitalismo de amigos que esta vez se pasó de la raya. Las coimas de la obra pública o las valijas de Guido Antonini Wilson eran, para los ciudadanos menos informados, una discusión difícilmente comprensible y siempre lejana. Pero ahora, la criminal complicidad entre funcionarios y ladrones industriales farmacéuticos se ha trasladado al interior de los hogares, en muchísimos de los cuales la pandemia ha dejado lugares vacíos en la mesa.

 

Por primera vez, las encuestas le están informando que, tal como sucedió en las últimas elecciones celebradas en el estudiantado de la Universidad de Buenos Aires, en las cuales el kirchnerismo prácticamente desapareció de los claustros, los jóvenes están dando la espalda a su proyecto populista totalitario y prefieren la independencia y la libertad. Sucede que el precario tinglado del relato oficialista ha dejado de enamorar porque los datos duros y la errática gestión del Gobierno desnudan su absoluta falsedad, y muchos  ya han aprendido a pensar.

 

Amén de la delitos de lesa humanidad cometidos en la gestión de la pandemia y el proceso vacunatorio, y de la bomba neutrónica que el Gobierno detonó sobre la economía con el encierro más prolongado (según Bloomberg, la Argentina es el peor país en la gestión de la crisis) creo que el campo en el que los Fernández² se han comportado con mayor infamia es la educación en todos sus niveles y, en especial, en el infantil y primario. La complicidad oficial con los gremios ¿docentes? ha infligido a los niños un daño enorme, y tendrá ciertamente consecuencias gravísimas en el futuro; por si eso fuera poco, porque las escuelas están cerradas hace tanto tiempo, en el Conurbano los chicos viven en las calles, asoladas por la droga. Además, tal como sucedió con la sanidad, tampoco se aprovechó el tiempo ni hubo previsiones administrativas y presupuestarias para equiparlas y paliar el espeluznante frío. Y para colmo, ahora el Gobierno ha suspendido las imprescindibles pruebas de evaluación de maestros y alumnos, y éstos últimos son promovidos automáticamente sin comprobar siquiera si han aprendido.

 

La ignorancia que todo esto produce no es involuntaria o no prevista; por el contrario, ha sido buscada y planificada para incorporarla a la panoplia de armas de las que el kirchnerismo dispone para su proyecto dinástico de perpetuidad y dominación. Otra, claramente, es el pobrismo; a esta altura, ya nadie puede dudar que un populismo sin dinero sólo es factible cuando todos se convierten en pobres y dependen del Estado; Cuba, Venezuela y la Provincia de Formosa son claras pruebas de esta afirmación.

 

Ahora, el Gobierno anuncia que avanzará contra los sistemas de salud privados, algo que los argentinos de clase media pagamos por los déficits sólo en hotelería y equipamiento (como bien saben todos los funcionarios y sus familias, que nunca recurren a él) de los prestadores públicos, ya que sus profesionales son excelentes; o sea, otra vez se nivelará hacia abajo. El método es el mismo que utilizó Néstor Kirchner para robar –a nombre de los Eskenazy- el 25% de YPF: estrangular al sector congelando sus tarifas, con inflación galopante y en plena pandemia, que encarece los costos. El próximo zarpazo serán las ART, otra caja apetecible, como lo fueron en su momento las AFJP, expropiadas por inspiración de Amado Boudou, lo cual le valió ser escogido para secundar a Cristina Kirchner en 2011.

 

La lengua española es de las más ricas de Occidente (no se preocupe, que no exhibiré filminas para probarlo) y, sin embargo, a veces falla en la provisión de suficientes adjetivos. Eso sucede hoy en la Argentina, donde los calificativos disponibles no alcanzan a describir con total precisión la gestión del Gobierno y la moral de sus principales líderes. Esa carencia se manifiesta frente al asesinato de 86.000 compatriotas, la expropiación de empresas y propiedades, la sociedad con los grandes cárteles narcos, los ataques a la Justicia y la Procuración, los avances contra la libertad de prensa y la persecución a opositores y periodistas de investigación, la alineación con regímenes autoritarios y violentos (Rusia, China e Irán) y la sumisión a sus intereses, la política nacional e internacional de derechos humanos, la probada hipocresía en el uso de la teoría de “no intervención”, la rampante corrupción, la inflación y la inexistencia de moneda, y la devaluación de la palabra presidencial, que ya ha convertido a Alberto Fernández en ridículo. Tarde o temprano, muchos deberán pagar por todo esto, sin esperar a que Dios se los demande.

 

El descontento que reina en el Conurbano, derivado de la suma de hambre, pobreza, inseguridad, narcotráfico, desocupación y falta de clases, debiera haber convertido en orégano el campo de la oposición; sin embargo, ésta no aparece por allí –a menos de un mes del vencimiento del plazo para presentar alianzas y, poco más, candidatos- porque está más dedicada a disputas bastardas por egoístas personalismos. En lugar de centrar sus críticas en la economía, la salud y la educación, se pierde en discusiones inconducentes. Y deja de cumplir así su democrático deber de explicar claramente a la sociedad qué se juega la Argentina en esta cita electoral de medio término: nada menos que la República y la Constitución porque, sin 2021, no habrá 2023; y que, como dijo el Diputado Mario Negri, estamos a sólo siete diputados de ese pavoroso abismo.

 

Bs.As., 19 Jun 21

viernes, 11 de junio de 2021

Lecciones y Elecciones

 


Lecciones y Elecciones

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 789)

 

“Ninguna clase social, grupo o partido en Alemania puede sacarse de encima la responsabilidad

 por el abandono de la República democrática y el advenimiento de Adolfo Hitler. El error

 cardinal de los alemanes que se oponían al nazismo fue su fracaso en unirse contra él”.

 William Scherer

 

Lo sucedido en las elecciones de Chile y Perú, y lo que puede pasar en Colombia debiera servir, sin lugar a dudas, de lección a todos los políticos argentinos. No me refiero sólo al claro giro a la izquierda que han dado esas sociedades sino, centralmente, al distanciamiento entre quienes se presumían dirigentes y la ciudadanía de a pie. Pese a que, en los tres países, el capitalismo trajo enormes ventajas a sus respectivas sociedades, y sacado de la pobreza a muchos millones de habitantes, lo cierto es que las diferencias entre las élites y los sectores de menores recursos produjo, sobre todo entre los jóvenes, un natural descontento que fue infiltrado por el castro-chavismo y se transformó en irracional violencia.

 

En este último punto, la paz que reina aún en la Argentina, cuando la miseria, el hambre, la droga, la inseguridad y la desocupación arrasan, como nunca antes, con toda la estructura social de los múltiples conurbanos, sólo puede adjudicarse al clientelismo abyecto, cuyo mayor especialista es el Frente para Todos; en una situación muchísimo menos grave, Mauricio Macri tuvo que soportar graves acciones destituyentes. También el populismo de Andrés Manuel López Obrador sufrió el domingo un durísimo golpe en sus propias legislativas (también sangrientas por el asesinato de 86 candidatos), que alejaron a México de derivas similares, toda vez que le impidieron al famoso AMLO dominar a su Congreso.

 

Resulta más que obvio que las realidades socio-económicas de esas naciones son distintas a la nuestra, pero hubo un factor común en las dos primeras: los diferentes partidos democráticos tradicionales concurrieron separados a las urnas y esa atomización llevó a que fueran barridos por el viento de la historia; así, las constituyentes chilenas han facilitado a los comunistas y sus aliados armar un fuerte bloque que llevará a la convención un texto constitucional preacordado, que dará vuelta al país como una media, y el ballotage de las presidenciales peruanas sólo permitió optar entre dos males y demostró que la grieta no es sólo patrimonio argentino.

 

De allí que queden claras algunas lecciones importantes: a) quienes, como oficialismo, estuvieron al frente de la crisis sanitaria y socio-económica derivada de la pandemia sufrieron duras derrotas, y sólo vencieron aquéllos que, como Isabel Díaz Ayuso en Madrid, privilegiaron la apertura y la libertad; b) la atomización en las ofertas electorales racionales permitió el triunfo de los populismos más extremos; c) los ciudadanos, golpeados por el pánico que difunden los gobiernos y la prensa, faltaron a la cita con las urnas en un alto porcentaje, lo cual privilegió a los aparatos bien armados, como aquí es La Cámpora; d) la agenda de la clase política se ha mostrado por completo alejada de la sociedad; y e) ha adquirido un indudable peso político la juventud (milenials y centenials) que, en general, reniega de los condicionantes del pasado y exige otro futuro.

 

Todos debemos comprender que este año nos jugaremos el futuro, nuestro y de las generaciones que nos sucederán. La importancia crucial de estas elecciones legislativas, que las distingue de todas las anteriores, radica en que, si el oficialismo se hiciera con los diputados necesarios para acceder al quórum propio y accediera a los dos tercios en Senadores, tendrá allanado el camino a una reforma constitucional que sepultará, para siempre, a la República y, con ella, a la democracia y la libertad.

 

Por todo esto insisto en una propuesta que formulé el 23 de enero pasado; dije entonces: “Y deberían servir para que todos quienes nos consideramos opositores a este trágico oficialismo compitamos en ellas dentro de una misma estructura, de modo tal que sean los ciudadanos de a pie quienes elijan los candidatos que llevemos a las legislativas de octubre. Obviamente, esa unificación necesita de la generosa aceptación de Juntos por el Cambio a competir con otros candidatos, peronistas no K, conservadores, liberales y provenientes de otros partidos minoritarios que, dispersos, pueden complicar el resultado esencial que necesitamos”.

 

El martes se abrió una ventana a la esperanza porque todos los líderes de Juntos por el Cambio, si bien motivados por diferencias internas, coincidieron en la necesidad de ir a las PASO para dirimir las candidaturas que presentará ese espacio. Falta, claramente, que acepten abrirlo a todas las fuerzas republicanas para evitar el peor riesgo (un triunfo kirchnerista) que corre la Argentina actualmente; al respecto, recomiendo la entrevista que realizó el miércoles Viviana Canosa a Miguel Angel Pichetto (https://www.youtube.com/watch?v=QkVBcUDfZKc). Si JxC las invitara y alguna fuerza rechazara el convite, será ésta quien pague un altísimo costo.

 

Por falta de espacio no podré extenderme hoy sobre la demencial diplomacia presidencial que ejecuta el penoso clown que nos gobierna, que no titubea al decir disparates y caer en ese lugar -el ridículo- del que no se vuelve. Menos aún para reiterar que el Gobierno, sus funcionarios y sus legisladores cómplices son reos de crímenes de lesa humanidad por los más de 84.600 muertos; si no bastara la corrupción a la que debemos carecer de las vacunas más prestigiadas, por una barrera legal pergeñada sólo para hacer negocios y favorecer a los amigos farmacéuticos del poder, que los Estados Unidos nos excluyeran de la lista de países que recibirán su donación de quinientos millones de dosis acaba de confirmarlo.

 

Bs.As., 12 Jun 21

viernes, 4 de junio de 2021

Silencio que mata y aturde

 







Silencio que mata y aturde

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 788)

 

“La justicia es un plato que hay que servir caliente”.

 Fabiano Massini

 

Argentina llegó a los 80.000 muertos por Covid y se ha transformado así en el país que más fallecidos registra cada millón de habitantes; esas muertes se deben, sin ninguna duda, a la corrupción e ideologización que afectan la compra de vacunas. También, claro, hay que incluir en ese tétrico escenario las robadas para proteger a la pléyade de personas “¿esenciales?” como Carlos Zannini, Horacio Verbitsky, los miembros de La Cámpora, los intendentes y sus amantes, etc., las mismas que faltaron para tantos médicos, enfermeros y muchos otros que estaban en la primera línea de combate a la pandemia o que, simplemente, integraban los grupos de riesgo.

 

¿Dónde están ahora el CELS, la Liga por los Derechos del Hombre y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, H.i.j.o.s, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo? ¿Dónde Adolfo Pérez Esquivel, Estela Carlotto y Hebe de Bonafini? ¿Por qué callan todos esos adalides de los derechos humanos tuertos, que aún se desgañitan por los supuestos crímenes del proceso militar cometidos hace cincuenta años, frente a los indudables delitos de lesa humanidad en que han incurrido Alberto y Cristina Fernández, Santiago Cafiero, Ginés González García, Carla Vizotti, Cecilia Moreau, Pablo Yedlin, Cecilia Nicolini, Hugo Sigman, Marcelo Figueiras y tantos otros cómplices? Su silencio aturde, y mata.

 

¿Qué dicen ahora la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires y María Eugenia Vidal que, por ley, prohibieron desmentir la probada falsedad de los “30.000” desaparecidos?; más allá de la pública confesión del inventor de esa cifra, las más de 20.000 chapitas en blanco del Parque de la Memoria confirman esa afirmación pese a que, para identificar a las que sí tienen nombres (unas 8.500), los fabricantes del “relato” debieron recurrir a quienes atacaron cuarteles militares en democracia, cayeron combatiendo a las fuerzas legales o fueron asesinados por las propias organizaciones terroristas y retrotraer el recordatorio a 1955.

 

El Gobierno se ha mostrado incapaz, obviamente para no confesar los innumerables delitos que han cometido sus funcionarios, de explicar claramente por qué los inmunizantes no han llegado; es más, muchos de los que sí lo hicieron, están siendo retenidos, como sucedió en Misiones (este domingo se votará allí), con propósitos exclusivamente proselitistas. Cristina Fernández, además de ordenar a Miguel Pesce reencender la maquinita de papelitos de colores, ha comenzado a bailar la danza de la lluvia para intentar que se produzca un diluvio de vacunas antes de las elecciones, postergadas ahora hasta septiembre y noviembre con el consentimiento de una oposición ingenua o idiota, que ni siquiera intercambió ese acuerdo por la adopción de la boleta única; ese desesperado anhelo del oficialismo es razonable, ya que la economía no le traerá buenas noticias este año.

 

Pero, claro, pedir coherencia a un Gobierno tan hipócrita y tan cínico resulta absurdo. Porque, más allá del público apoyo a gobernadores despóticos como Gildo Insfrán o Juan Manzur y a sindicalistas mafiosos como Hugo Moyano, se necesita tener una singular cara de piedra para defender a Nicolás Maduro y su régimen asesino, para equiparar al Estado de Israel con la organización terrorista Hamas y para callar ante las dictaduras de Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel, que clausuran diarios y canales de televisión o encarcelan a los opositores por el solo hecho de serlo en Nicaragua y Cuba. La ideología nos ha alineado con esos regímenes tan respetuosos de los derechos de sus ciudadanos que son la Rusia de Vladimir Putin, el Irán de Alí Jamenei y la China de Xi Jinping. Obviamente, también el triste tema de las vacunas se vincula a estas preferencias.

 

La rastrera y degradada Cancillería ha dejado de cumplir su verdadera función y se ha transformado en una mera oficina de relaciones públicas de todos esos paladines de la democracia. Lo prueba, por ejemplo, la conducta del Embajador Carlos Raimundi en la OEA o la actitud del Embajador Sabino Vaca Narvaja, que ahora representa los intereses de Beijing ante la Argentina; en un tema tan espinoso y controvertido como es el sistema 5G de comunicaciones, que se ha tornado una piedra en el zapato de todos los países de Occidente porque podría prestarse al espionaje militar, este neo-diplomático no titubea en asumir ese rol y recomendar su inmediata adopción en nuestro país, amén de promover una mayor presencia, siempre depredatoria, de China en nuestro continente.

 

Tal como se anticipara en esta columna hace muchos meses que sucedería, por explícita orden de Cristina Fernández la Argentina cayó en default frente al Club de Paris, más allá de que tal situación sólo se oficializará dentro de sesenta días. Pese a que el Banco Central dispone de los dólares necesarios para hacer frente a ese compromiso, contraído por Axel Kiciloff cuando se desempeñaba como Ministro de Economía del tercer kirchnerismo, no se pudo llegar a un arreglo ahora porque el organismo, formado por los gobiernos de los países acreedores del nuestro, exige que, previamente, lleguemos a un acuerdo con el FMI el cual, a su vez, necesita auditar las cuentas nacionales; en modo de campaña electoral, a la PresidenteVice le resulta inadmisible tal requerimiento –el famoso Capítulo IV- porque la épica del relato no lo permite.

 

El costo que deberemos pagar por esa locura será la imposibilidad de importar bienes indispensables para nuestra producción industrial, ya que los exportadores extranjeros necesitan asegurarse el cobro ante un país tan incumplidor como el nuestro, mediante pólizas que son emitidas por sus respectivos gobiernos. ¿Es imaginable, entonces, que lo sigan haciendo en estas circunstancias? Pero, ante las necesidades electorales del Frente de Todos, nada resulta demasiado oneroso, y así nos va.

 

Bs.As., 5 Jun 21

viernes, 28 de mayo de 2021

Preguntas y comprobaciones

 


Preguntas y comprobaciones

por Enrique Guillermo Avogadro (N° 787)

 

“Para corromper a un individuo, basta con enseñarle a llamar ‘derechos’

 a sus anhelos personales, y ‘abusos’ a los derechos de los demás”.

 Gilbert Keith Chesterton

 

En el actual escenario, ¿qué probabilidades tenemos de superar la grieta, si uno de sus lados, precisamente el oficialismo, lo que pretende es destruir a la República tal como la describe la Constitución? La semana pasada pregunté cómo podría nuestro país emerger de la profunda crisis institucional, política, económica, social, educacional y sanitaria que, tan multifacética, lo golpea como nunca antes y, como respuesta, formulé un dilema de hierro: votaremos a quienes nos ofrezcan los mismos espejitos de colores que nos trajeron hasta aquí o a quienes nos dijeran que harán lo necesario (reducción del gasto público, disminución drástica de la inflación, privatización de las empresas deficitarias, liberación del comercio y las exportaciones, reforma fiscal y laboral, combate a la corrupción y al narcotráfico, regulación de la inmigración, etc.) para terminar con esta catástrofe producida por esa otra pandemia, el populismo, mucho más compleja que la que trajo el virus y que nos enferma hace tantas décadas.

 

Con enorme pena, me inclino a creer que, por distintos factores (falta de educación, pobreza y miseria, dádivas tarifarias y planes), la opción que mayoritariamente escogeremos será la primera, aún si los elegidos, como sucedió con Carlos Menem, hicieran después exactamente lo contrario a lo prometido en campaña. Pero, si quienes llegaran al poder con este ardid no fueran peronistas, seguramente se fundaría de inmediato un nuevo “club del helicóptero” formado por organizaciones sociales trotskistas, gremios de todo color, “trabajadores de la educación” y hasta subversivos autóctonos e importados, como el que en épocas muy recientes intentó expulsar a Mauricio Macri de la Casa de Gobierno antes de tiempo.  

 

Tal como quien esto escribe predijo hace tiempo, el kirchnerismo está buscando el default con el Club de Paris y el FMI y profundizando, intencionalmente, todos esos dramas sociales porque busca transformar a toda la sociedad en paupérrima y Estado-dependiente, como hicieron sus númenes cubanos y venezolanos. La carta que firmaron el 25 de mayo tantas de sus sucias espadas en ese sentido lo probó con creces.

 

Un tema absolutamente vinculado a éste es la clara deriva de nuestra política exterior hacia los dictados del Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, que ha obligado al Gobierno a exagerar su hipocresía internacional, tal como demostró el reciente retiro de la Argentina de la denuncia que muchos países formularon contra Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional por la probada violación de los derechos humanos, traducida en asesinatos, torturas, secuestros y censura a la prensa que comete diariamente, o la negativa a condenar a la organización terrorista Hamas, equiparándola con Israel. Y el financiamiento oficial del viaje de una multitud de izquierdistas radicales a Colombia para incentivar allí las violentas e inducidas protestas que allí se realizan amerita la calificación de cínica e hipócrita que le adjudico.

 

Todo esto da cuenta del claro alineamiento de la Argentina con el eje formado por Rusia, China, Irán, Nicaragua, Cuba y Venezuela, y en la demostrada vocación por recurrir al auxilio de Xi Jinping para sus necesidades pre (vacunas) y post (financieras, pero imaginadas) electorales.

 

Todo ese panorama me obliga a formular otras preguntas: dado que ya no resulta posible financiar este Estado elefanteásico por la falta de crédito interno y externo ¿es factible realizar esos imprescindibles cambios en democracia?; aclaro que no hay posibilidad alguna de un golpe militar, porque las fuerzas armadas ya no son revolucionarias ni el mundo aceptaría hoy algo así. Pero ¿se reproducirán aquí convulsiones sociales de la magnitud de las que ocurrieron en Ecuador y todavía se ven en Chile y Colombia?; de producirse, ¿cómo reaccionaremos? Entonces, ¿cómo salir sin disolvernos como nación independiente? No tengo respuesta, pero todos debiéramos reflexionar con urgencia sobre este tema.

 

En otro orden de cosas, si usted ha tenido la enorme paciencia de leer mis antiguas notas recordará que, luego del intencional aborto de la candidatura de Daniel Reposo para ocupar el cargo de Procurador General, por haber falseado su declaración de antecedentes académicos, Cristina Kirchner propuso a Alejandra Gils Carbó, que fue aceptada por todo el arco político en forma casi unánime. ¿Estaremos ante una situación similar, donde el rol de Reposo lo ocupe ahora la resistida pretensión de modificar la ley de la Procuración, y el papel de la ex Procuradora militante lo desempeñe hoy el Juez Daniel Rafecas? ¿Nuevamente actuarán con angelical inocencia los senadores de Juntos por el Cambio, impulsados por las declaraciones de Elisa “Lilita” Carrió, que lo considera un mal menor? No hay que olvidar que este magistrado rechazó la denuncia del asesinado Fiscal Alberto Nisman contra la entonces Presidente y su entorno por traición a la Patria (memorándum con Irán) sin siquiera abrir su investigación.

 

Para terminar, sólo me resta expresar mi sincero apoyo y respaldo, personal y profesional, a Patricia Bullrich, que tuvo el enorme coraje cívico de desnudar la maloliente trama de inmunda corrupción y capitalismo de amigos que rodea a la falta de vacunas en la Argentina, convertida en un indudable delito de lesa humanidad, precisamente en el país que, con casi 77.000 muertos, alcanzó el podio de fallecimientos por millón de habitantes, sumados a una curva de contagios que no cesa de ascender.

 

Bs.As., 29 May 21

viernes, 21 de mayo de 2021

Discursos bastardos

 


Discursos bastardos

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 786)

 

“Se acabaron los valientes y no han dejado semillas. ¿Dónde están los que salieron a libertar

 las naciones o afrontaron en el sur las lanzas de los malones? ¿Dónde están los que a la

 guerra marchaban en batallones? ¿Dónde están los que morían en otras revoluciones?”.

  Jorge Luis Borges

 

Estamos acostumbrados a las mentiras de este personaje cínico y canalla que elegimos como Presidente, pero su mensaje del jueves superó sus propios records de hipocresía. Aparentemente emocionado, agradeció a los campeones de la democracia e incumplidores Vladimir Putin y Xi Jinping y a su “amigo” Andrés López Obrador su inexistente apoyo, llamó a la unidad de los argentinos para enfrentar esta catástrofe y, simultáneamente, lanzó ataques a la Ciudad de Buenos Aires, a las provincias e intendencias y, cuando no, a la Corte Suprema.

 

No asumió responsabilidad alguna por la catástrofe sanitaria, social y económica que ha provocado su inútil y corrupta gestión, no pidió disculpas por el fracaso de la costosísima cuareterna que impuso y no dio las razones por las que carecemos de las vacunas más reconocidas; y no lo hizo porque hubiera implicado confesar los delitos de lesa humanidad que ha cometido para convertirnos en el tercer país con mayor número de muertos por millón de habitantes, y por los cuales será juzgado. Aunque no haya sido él mismo quien impidió la llegada de esas vacunas para favorecer el capitalismo de amigos y coimear o forzado a China y Rusia como únicos proveedores, ni haya robado personalmente las pocas que llegaron u organizado los vacunatorios VIP, sin duda es el “responsable mediato” de todo; esa calidad es la que mantiene en la cárcel a cientos de militares, porque “hubieran debido saber” lo que pasaba bajo su mando, condenados a prisión perpetua.

 

El martes, cuando se reunieron las comisiones de Justicia y Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, perdí las esperanzas en una recuperación de la República (por algo es su nombre) Argentina. Discutían nada menos que la reforma al régimen de la Procuración General para adaptar la forma de designación y remoción de su titular y el acotamiento de su mandato, hoy vitalicio, a las necesidades del kirchnerismo en orden a obtener la impunidad de Cristina Fernández y la persecución a los disidentes. Es cierto que el tema resulta demasiado técnico para muchos pero, mientras unos pocos protestábamos en la calle, el resto de la sociedad miraba fútbol o se preparaba para VideoMatch, en una clara muestra del tobogán de degradación por el que nos deslizamos hace décadas hacia el abismo. Sólo nos rescató de la total ignominia la encendida participación de la Diputada Silvia Lospennato, que desnudó la total alienación de la agenda kirchnerista respecto a los urgentes problemas de la sociedad: salud, pobreza y miseria, desocupación, inflación, inseguridad, corrupción, etc..

 

En la medida en que la discusión sobre ese siniestro proyecto de ley, resistido por todo el arco empresarial y con destino de aborto en la Justicia, coincidió con la declaración de una nueva y suicida guerra contra el campo, me puse a pensar en la razón de la aceleración ordenada por la PresidenteVice, obvia autora intelectual de ambas iniciativas. Me parece que hay una sola y unívoca respuesta: el miedo; por eso necesita nuevamente fabricar enemigos y victimizarse. A esta altura del año y con las simultáneas crisis que estamos viviendo, ya se ha convencido que no podrá obtener los legisladores que le faltan para alcanzar los dos tercios del Senado y disponer de quórum propio en Diputados. Y la cuenta por todo lo que está rompiendo para llegar con alguna fuerza a octubre (o noviembre) –emisión, tarifas, vacunas- aterrizará en el escritorio de su patético mandatario al día siguiente de las elecciones, y habrá de pagarla con fuertes riesgos judiciales y votos perdidos con vistas a 2023.

 

Más allá del rastrero y vil papel que están interpretando casi todos los líderes de la oposición, incapaces de unificar sus posiciones para no exhibir públicamente sus patéticos desencuentros, también me pregunto por qué son una nulidad a la hora de ofrecer propuestas y planes a la sociedad que la conviertan en una verdadera alternativa de poder. Eso deriva en otro gravísimo problema: el populismo que nos autoinfligimos ha convencido a muchos que el Estado debe hacerse cargo de todo lo que consideran un derecho (luz, agua, gas, fútbol, etc.), no importa quién deba pagarlos. Este disparate, que lleva al inmenso déficit fiscal y que sólo puede atenderse con más emisión e impuestos, es incentivado desde el poder con absurdas regulaciones e intervenciones, y ha hecho desaparecer las inversiones; basta mirar qué sucede con el petróleo y el gas, la minería y el litio, la pesca, etc., o cuántas empresas internacionales se han despedido de la Argentina.

 

Esa insólita tara que padecemos nos pone frente a una opción de hierro: optaremos entre quienes propongan seguir emborrachándonos en esta fiesta impagable y quienes, convencidos de la locura que eso conlleva, se verán obligados a mentir para llegar al poder; Carlos Menem reconoció una vez que, si hubiera dicho qué iba a hacer como Presidente, no lo hubieran votado. ¿Es este dilema el que impide que Juntos por el Cambio haga público un plan concreto –si es que lo tiene- y a los partidos liberales, que ya los han presentado, mostrarse más agresivos en sus propuestas?

 

Un escenario en el que la oposición deberá mostrarse mucho más activa y, sobre todo, unificada es en las redes sociales, que son el nuevo campo de batalla en que se dirimen los relatos. Aún estamos a tiempo, pero muchos figurones deberían renunciar a sus apetencias personales para pensar sólo en el país y no poner en riesgo mayor un ya improbable futuro; sobran ejemplos en nuestro glorioso pasado.

 

Bs.As., 22 May 21

viernes, 14 de mayo de 2021

Sólo infantil ingenuidad

 



 

Sólo infantil ingenuidad

por Enrique Guillermo Avogadro[i] (Nota N° 785)

 

“La democracia había sido borrada del parlamento alemán casi sin protestas. Y los poderes otorgados a un hombre que sabe usarlos, rara vez son devueltos”. John Toland

 

Recuerdo un esencial artículo que publicó, hace once años José Enrique Miguens, al que tituló “Darse cuenta”;  explicó allí el fallecido sociólogo que el nazismo, que sólo había obtenido el 33% de los votos pero había conseguido formar gobierno en 1933, presentaba al Reichstag un proyecto de ley,  obtenía el apoyo de los conservadores y obtenía su sanción; luego, proponía otro, que era votado por los socialistas; y un tercero gustaba a los socialdemócratas. Cuando los alemanes despertaron, Adolf Hitler había concentrado todo el poder y el mundo se enfrentó a la II Guerra Mundial y al exterminio de judíos, homosexuales, gitanos, enfermos, disidentes, etc..

 

Después del duro cachetazo que le propinó la Corte Suprema por sus inconstitucionales pretensiones sobre la autonomía de la ciudad de Buenos Aires, el Gobierno continúa avanzando sobre la República, tal como quedó demostrado con los proyectos para postergar las elecciones –que una ingenua oposición convalidó, sin siquiera reclamar la boleta única- y, sobre todo, para otorgar al penoso Presidente (y, por ende, a su mandante) facultades extraordinarias, teóricamente circunscriptas a la salud pero, en la práctica, limitantes de las atribuciones de las provincias y de las libertades individuales, en un remedo de la Ley de Habilitación que obtuvo Hitler, en 1934, para terminar con la división de poderes.

 

Este disparate, expuesto como tal con la más elemental lección de derecho por el Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en la cara de Alberto Fernández durante la segunda escala del patético viaje que éste está realizando por algunas capitales europeas, sin duda será anulado a corto plazo por la misma Corte, que ya ha dejado muy en claro que no tolerará manotazos contra la Constitución y el federalismo.

 

¿Por qué Juntos por el Cambio se prestó a la innoble tarea de postergar el calendario electoral? El Frente de Todos aceptó la inclusión de una cláusula que estableció que era “por única vez” y la oposición se quedó contenta con ese “logro”. ¿Ignora acaso que enfrente sólo hay mafiosos que nunca respetan un compromiso? ¿En qué evidencias científicas apoyó su decisión? ¿Quién puede prever cómo estará la situación de la pandemia y de las vacunas en septiembre? ¿Olvidó que una enorme cantidad de países, muchos de ellos latinoamericanos, celebraron sus elecciones normalmente, a pesar de los contagios? ¿Por qué pudieron votar los bolivianos en escuelas argentinas, y no podremos hacerlo nosotros cuando estaba previsto?

 

El Gobierno sueña que, para la primavera, la economía estará mejor,  habrá conseguido superar su (tan corrupto) fracaso en la compra de vacunas y conseguirá las necesarias para inmunizar prioritariamente a sus huestes, como ya hizo con Carlos Zannini, Horacio Verbitsky y tantos otros ladrones VIPs; mientras tanto, continuará aterrando a la sociedad con sus sospechosas estadísticas de contagios y muertes. Podrá hacer entonces que miembros de La Cámpora y de los movimientos sociales ocupen la mayoría de los puestos de presidente de mesa electoral; en resumen, estará agregando otra pieza al cajón de herramientas disponibles para el fraude.

 

El Estado de Derecho, la Constitución y la Justicia están bajo fuego graneado sin que aparezcan demasiadas voces, más allá del periodismo y la academia, que lo pongan en blanco y negro todos los días. ¿Reaccionó a gritos la política cuando el vernáculo imitador de Jimmy Hoffa, Hugo Moyano, extorsionó públicamente a Francisco de Narváez, nuevo dueño de Walmart Argentina, para que pagara una monumental e injustificada indemnización a sus camioneros?, ¿qué dice hoy mismo, mientras ese corrupto sindicalista bloquea a una pequeña empresa de logística? ¿Qué hizo frente al inconstitucional recorte de fondos a la Ciudad Autónoma?

 

En otro orden de cosas, ¿no percibimos que Cristina Fernández quiere que la Argentina caiga en un nuevo default con el Club de Paris y con el FMI, además de llevar a la misma situación a las empresas a las cuales les ha prohibido pagar sus obligaciones externas? El permanente esmerilado al que somete al Ministro de Economía, Martín Guzmán, que inexplicablemente no ha renunciado aún, tiene ese propósito, y que sea el “pelotudo” Senador Oscar Parrilli su principal vocero lo confirma con creces. Y esa posición busca convertir a China en el peligroso financista de única instancia.

 

Tenemos que entender todos que a estos tipos que nos gobiernan nada les importa, con excepción de triunfar en sus grandes proyectos de impunidad y permanencia hereditaria; y que todas sus acciones, como en el ajedrez, tienen objetivos que sólo se verán varias jugadas después. Si la ciudadanía continúa cayendo en la trampa infantil de analizar cada movimiento aisladamente, cuando despierte será demasiado tarde.

 

Los sufridos lectores me preguntan qué se puede hacer para evitar este trágico final. Existe una sola respuesta: la sociedad civil debe organizarse masivamente para actuar y defender, en todos los terrenos, a la República y su Constitución, aunque ésta sea el adefesio de 1994. El mundo, y también la Argentina, están llenos de ejemplos de reacciones a favor de la democracia y en contra de quienes quieren subvertirla y transformar a cada país en una monarquía absoluta; es cierto que, muchas veces, es riesgoso hacerlo y cuesta dolorosamente caro, pero no hay alternativas. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos, tanto como a nuestros ancestros.

 

Bs.As., 15 May 21



[i] Miembro del Consejo Consultivo de República Unida

viernes, 7 de mayo de 2021

Un horizonte de perros

 


Un horizonte de perros

Por Enrique Guillermo Avogadro[i] (Nota N° 784)

 

“Cuando la prudencia está en todas partes, el valor no está en ninguna”.

 Desiré Félicien-François Mercier

 

Hace pocos días, pregunté a Cristina Fernández cuando ordenaría a sus sicarios tomar el Palacio de Justicia. El fallo de la Corte Suprema del martes, pese a lo anticipado, no sólo sorprendió al Ejecutivo sino que aceleró la embestida contra el Poder Judicial de los mastines más salvajes del Instituto Patria; a partir de entonces, esa pregunta se volvió retórica. El horizonte de perros ladra ya no muy lejos del río.

 

Tal como sostienen los pocos halcones de la oposición, es probadamente imposible negociar con el oficialismo, que ha decidido declarar la guerra a la Constitución y a las instituciones de la República. ¿Qué diálogo se puede mantener con enceguecidos dogmáticos siempre dispuestos a puñaladas traperas y militantes de la impunidad y la tiranía? Porque eso es lo que está sucediendo: encaramados sobre el 48% de los votos que obtuvieron en 2019, han resuelto que, para ellos, no rigen la división de poderes, los derechos individuales, el respeto a las minorías, el imperio de las sentencias, la libertad de prensa, el federalismo y la autonomía de las provincias.

 

Alberto Fernández lo anunció el miércoles, cuando dijo que los fallos judiciales y las tapas de los diarios no le impedirán hacer lo que quiera. Lo que ese patético acto realizado en Ensenada escenificó fue su definitiva renuncia a ser algo más que un mero empleado de su jefa; a partir del ridículo stand-up del triste payaso de fama internacional en que se ha convertido, la escasísima autoridad que conservaba se fue por la cloaca y no podrá imponer ninguna medida que se le ocurra, ya que nadie obedece a un probado incapaz y compulsivo mentiroso, como mínimo cómplice del saqueo generalizado de las vacunas, de los test y de las compras de alimentos durante la cuarentena. Las aceptadas humillaciones a las que fue sometido en estos días, comenzando por su imposibilidad de despedir a un funcionario de cuarto nivel, trajo a mi memoria un grito que se gestó en la campaña de 1973: “Qué lindo, qué lindo que va a ser, el Tío en el gobierno y Perón en el poder”. Que se refiriera a Héctor Cámpora prueba cuánta razón tuvo Karl Marx cuando escribió, en su “18 de Brumario”, la mención a la historia que siempre se repite, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa.

 

Como muchos alertamos a la sociedad hace tiempo, no porque seamos profetas sino meros observadores de la realidad, resulta de todo punto de vista imposible que Cristina Fernández se resigne y acepte una derrota en las urnas este mismo año; y lo entenderá como tal si no consigue hacerse con los senadores y diputados que necesita para contar con las mayorías especiales que le permitirían gobernar sin tasa, colonizar definitivamente al Poder Judicial y nombrar a un Procurador General que le responda; en resumen, sino obtuviera la impunidad que busca.

 

Ese objetivo de mínima no está hoy a su alcance, ya que conspiran contra él el generalizado pesimismo social, el cierre de las escuelas, la inocultable corrupción, la creciente pobreza, la imparable inflación, el masivo cierre de empresas, la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo y la terrible inseguridad que generan los narcotraficantes que el poder cobija. El único remedio que conoce el Gobierno para controlar las libertades individuales y la veloz circulación de dinero es la cuarentena estricta; pero ésta ya resulta inaplicable, precisamente porque nadie cree en Alberto Fernández y su desaparecido equipo de ¿científicos?, que tanto daño causaron a la ya maltrecha economía nacional.

 

Es por ello que hoy se incrementa el virulento ataque de sus corifeos más indignos a las instituciones. En la medida en que la Corte Suprema y otros tribunales inferiores han asumido finalmente el rol constitucional que les corresponde de impedir los abusos del Ejecutivo e, inclusive, del Legislativo, sólo cabe esperar que esos avances vayan in crescendo y que, a corto plazo, se transformen en violentos. Después de las duras derrotas electorales que sufrió el marxismo de la mano de Guillermo Lasso, en Ecuador y, sobre todo, de Isabel Díaz Ayuso, en Madrid, que han servido de advertencia a las izquierdas latinoamericanas, sugiero observar lo que están haciendo hoy mismo en Chile, en Colombia y hasta en el sur argentino para atentar contra la democracia.

 

En todos esos escenarios, patrocinados y solventados por el Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla, están presentes comandos venezolanos, guerrilleros colombianos de las FARC y peruanos de Sendero, falsos mapuches y, llegado el momento, aparecerán aquí los asesinos liberados, los delincuentes importados, los policías corruptos, los narcosicarios, los barrabravas y otros miembros de ese corrosivo lumpenaje, como las patotas de Hugo Moyano y de Juan Pablo “Pata” Medina. Dinero para solventar ese ejército no falta, pues el kirchnerismo se ha apoderado de todas las cajas del Estado y no dudará en utilizarlo para ese siniestro propósito, ya que necesita asegurarse la perpetuidad de la que gozan Nicolás Maduro, Daniel Ortega y el régimen cubano, aunque más no sea para evitar que Cristina Fernández y sus hijos terminen con sus huesos en la cárcel que merecen.

 

Todos los ciudadanos, que hemos jurado a la bandera defenderla hasta perder la vida, estamos llamados a hacerlo ahora por la Constitución, en todo y cualquier terreno, como los espartanos de Leónidas en las Termópilas, ya que las fuerzas armadas no están dispuestas a jugarse nuevamente por una sociedad tan hipócrita y voluntariamente desmemoriada. Si no lo hacemos, perderemos la República y el futuro. ¿Con qué cara miraremos entonces a nuestros hijos y nietos?

 



[i] Miembro del Consejo Consultivo de República Unida