sábado, 22 de julio de 2017

El incendio y las vísperas







El incendio y las vísperas

“Los pueblos a quienes no se hace justicia, se la toman por sí mismos más tarde o más pronto”. Voltaire

Más allá de insistir en mi ruego de difusión de la convocatoria del #3A en Tribunales, las novedades ameritan algunas especulaciones, sobre todo en la Argentina. Me refiero, concretamente, a la detención del histórico contador de los Kirchner, Víctor Manzanares, al llamado a indagatoria de Carlos Sancho, socio y testaferro del máximo hijo de la dinastía, al pedido de similar medida para Alejandra ¡Giles! Carbó, nuestra egregia Procuradora General, y a la batalla por el retiro del paraguas de los fueros parlamentarios a Julio de Vido, el mayor operador de la corrupción desde los lejanos días del primer período de Néstor como Gobernador de la Provincia de Santa Cruz.

En los dos primeros casos, y como ya sucediera con Lázaro Báez, el gran prestanombre que cometió la incalificable torpeza de involucrar a sus hijos en el delito, las esperanzas de la sociedad están puestas en las confesiones que la privación de la libertad podría inspirar en estos insignes dibujantes de números brumosos. Porque es claro que, si se deciden a hablar y reconocer que actuaron por instrucciones directas de la organizadora y jefa de la asociación ilícita, la autocalificada perseguida política pasará a integrar la lista de importantes presos de la región.

La ex Presidente debería ya estar en prisión preventiva ya que está suficientemente probado que sus dependientes han adulterado las pruebas (hasta los libros sociales de las empresas que le pertenecen) y entorpecido la investigación. Hasta hoy, el Gobierno no la quería entre rejas, ya que la prefería como sparring en las elecciones, en una elucubración que califiqué oportunamente como bastarda; pero es probable que el Juez Claudio Bonadío altere el panorama ordenando su detención antes de octubre.

El caso del ex Ministro de Planificación del saqueo servirá para quitar el disfraz a todos aquellos que decidan desoír el clamor social y ratificarlos como convertirlos en cómplices de la corrupción que asoló el país durante la extendida década robada. Si fracasara la expulsión de este delincuente de la Cámara de Diputados, que se discutirá el miércoles, las redes sociales serán el lugar en que sus encubridores encontrarán sus nombres y sus fotografías de frente y perfil. Me parece que esto debería servir como un llamado a la reflexión para los kirchneristas y sus compañeros de ruta, muchos de los cuales deberán someterse pronto al voto popular.

Esta semana, la última de la feria judicial, estará de turno la Sala I de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal Federal, integrada al efecto por el cuestionado Eduardo Freiler, a quien pronto veremos destituido y –tengo la esperanza- preso por ladrón, y Jorge Ballestero, protector de los pingüinos durante muchísimo tiempo pero que, recientemente, ha virado en sus posiciones por los vientos de cambio que percibe. Las recientes decisiones de Bonadío que afectan a Cristina y su círculo íntimo serán revisadas por ambos y, si decidieran modificarlas, deberían ser conscientes de estar acercando peligrosamente mechas encendidas a la santabárbara que podría estallar en Comodoro Py.

La semana pasada, cuando los enumeré los grandes reos regionales, cometí el error de omitir a algunos de ellos; en Perú, por ejemplo, mencioné sólo a los ex presidentes a Alan García (prófugo) y a Ollanta Humala, y olvidé a Alberto Fujimori, que comparte la cárcel con el anterior. En América Central, varios países han visto a sus mandatarios presos y, en algunos casos, ante la inminencia de su detención, algunos optaron por huir al exterior. ¿Será también el caso de Rafael Correa y su autoexilio en Bélgica?

Lo notable fue que el viernes, en Mendoza, en una suerte de “contra-cumbre” frente al infructuoso encuentro de los presidentes del Mercosur, que no lograron consensuar la expulsión de Venezuela, los maléficos vientos populistas volvieron a amontonar a los apologistas de los desalojados del poder y de quienes están en vías de serlo. Así, en la misma bolsa reinvindicatoria metieron a Luis Inácio Lula da Silva, a Cristina Elizabet Fernández, a Fernando Lugo, a Milagro Salas y, el colmo, al tirano “más burro”, presuntas víctimas de conspiraciones imperiales; sólo les faltó agregar a Raúl Castro y a Jorge “Saladito” Castillo para condimentar el nauseabundo resultado.

   El pegamento para tanto dislate, presumo, debió ser la ideologizada visión que tienen sus adherentes sobre la situación que viven la ensangrentada nación venezolana, que está protagonizando una de las mayores emigraciones de la historia continental por imperio de la violencia, la salvaje represión y la hambruna, y la Provincia de Santa Cruz, el feudo de los Kirchner desde hace más de un cuarto de siglo, hoy en manos de la fotocopia de pelo largo, que se incendia diariamente pese al frío austral reinante. Volví a preguntarme, como lo hice tantas veces durante los 70’s, por qué todos estos fanáticos, que consideran a la democracia como una maldita enfermedad burguesa, no se mudan a esos idealizados paraísos.

El criminal régimen de Maduro, amén de la condena casi universal,  está provocando una discusión a nivel mundial, ya que su precaria subsistencia depende, en gran medida,  de las compras norteamericanas de petróleo. El quid de la cuestión es que, si se interrumpieran, no sólo producirían la inmediata victimización de los terroristas y narcotraficantes que gobiernan desde Caracas, buscando la solidaridad latinoamericana, sino que profundizarían la crisis humanitaria en la que se ve inmersa la población, que carece ya de alimentos y remedios.

No puedo cerrar esta nota sin hacer referencia a la detención, por orden del Tribunal Federal que lleva la causa llamada “Bahía Blanca”, del señor Capitán de Corbeta Ricardo Molina, que ya tiene 87 años de edad. Si a ello le sumamos la actitud del canalla Juez Federal de La Plata, Ernesto Kreplak, fanático kirchnerista, frente a la detención domiciliaria del Dr. Jaime Smart dispuesta por la Cámara de Casación, inventándole nuevos procesos para mantenerlo en la cárcel a 82, tendremos nuevos motivos para concurrir a la concentración del #3A en Plaza Lavalle. ¿Hasta cuándo seguiremos soportando que estos verdaderos asesinos togados –han muerto más de cuatrocientos ancianos en cautiverio- sigan haciendo de las suyas?

Me pareció adecuado “robar” el título del libro de Beatriz Guido para encabezarla, porque tal vez estemos en las vísperas de un fuego purificador que nos permita recuperar una Justicia seria, independiente y veloz, esencial para volver a ser una República.


Bs.As., 22 Jul 17

viernes, 14 de julio de 2017

Castrados y Avergonzados





Castrados y Avergonzados

“Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados”. Talmud

A priori, le ruego siga difundiendo esta convocatoria hasta el último minuto, a ver si conseguimos movilizar a los jóvenes para que nos acompañen en esta patriada. Mientras tanto, y de todas maneras, pensemos en qué nos pasa a los argentinos y qué imagen estamos mostrando al exterior; realmente, ¿cómo el crisol de razas, del que tanto nos enorgullecimos en el pasado, ha podido derivar en este país de borregos emasculados?

El miércoles fuimos sorprendidos por una noticia procedente de Brasil, que nos debería llenar de vergüenza (una más, porque diariamente las novedades que deparan nuevos descubrimientos de la corrupción del kirchnerismo nos convierten en el hazmerreir generalizado): la condena a casi diez años de prisión dictada por el Juez Sergio Moro, un magistrado de Curitiba, Paraná, contra Luiz Inácio Lula da Silva, ex Presidente y aún dueño de una importante intención de voto en su país. Obviamente, será apelada ante el Tribunal Federal Regional y, con seguridad, llegará al Supremo Tribunal Federal, pero la repercusión ya ha sido inmensa, sobre todo porque lo inhibiría de presentarse a nuevas elecciones.

La vergüenza tiene varios aspectos en la lógica comparación con lo que aquí sucede. El primero, la celeridad y la independencia con que actúa la Justicia allí, mientras que nosotros seguimos sin saber siquiera cómo y cuándo murió el Fiscal Alberto Nisman, por ejemplo, y los responsables del infame crimen de Once siguen en libertad.

Luego, la pequeña cantidad de la cual Lula se habría apropiado personalmente; un departamento en el litoral paulista no tiene punto de comparación con el imperio hotelero e inmobiliario que Néstor y Cristina construyeron ni, por supuesto, con la propiedad de tantas estancias y empresas puestas a nombre de sus testaferros, incluyendo una gran porción de las acciones de YPF, que los Eskenazi compraron para Kirchner sin dinero. Finalmente, el monto total defraudado al fisco brasileño es infinitamente menor que el saqueo al que fue sometida la Argentina durante la prolongada década del latrocinio pingüino, tanto en términos relativos (por la enorme diferencia en el PBI de ambos países) cuanto absolutos: los US$ 3.500 millones desaparecidos en nuestro vecino no son nada frente a la gigantesca fortuna que amasaron nuestros inventores de una revolución imaginaria.

Algo similar está ocurriendo en Perú, donde su ex Presidente Ollanta Humala y su mujer acaban de ser encarcelados por corrupción en las operaciones con Odebrecht, y hasta en Ecuador, ya que el sucesor de Rafael Correa, elegido por éste presumiendo que sería un títere, ha ordenado abrir una investigación contra su padrino político por idénticas razones, amén de acusarlo de haber estrellado la economía de su país con su populismo.

Todos esos hechos, a los cuales debe sumarse lo sucedido en los dos países modélicos de la región, por los cuestionamientos chilenos a su Presidente, Michele Bachelet, en razón de algunos negociados de los que se acusa a su familia, las graves sospechas de corrupción durante el gobierno de José “Pepe” Mugica, que están golpeando fuertemente al Frente Amplio y lo colocan al borde de perder por primera vez las elecciones uruguayas desde 2004, y los reiterados rumores sobre Evo Morales y su amante, gestora de grandes negocios en Bolivia, confirman la profetizada ola de decencia que comenzó a impactar en este siglo sobre todos los regímenes populistas de la región, condenándolos al tacho de basura de la historia.

Una excepción, claro, son los terribles acontecimientos que, en cien días, han llevado a la tumba a más de cien jóvenes en las protestas contra Nicolás Maduro, que sigue manteniendo el poder sentado sobre las bayonetas de su ejército y de sus milicias paramilitares. Lamentablemente, la crisis que desangra a Venezuela no parece tener siquiera una imaginable solución, porque el tirano es sólo uno de los miles de bandidos que se reúsan a escuchar el clamor mundial y, si se fugara o muriera, detrás están Diosdado Cabello y cientos de generales poco dispuestos a perder tanto su libertad como las enormes fortunas que han acumulado con el narcotráfico y los pingües negocios que realizan a costa del Estado. La otra, obviamente, es la gerontocracia cubana, sostenida exclusivamente por el cordón umbilical que la une a Caracas y a través del cual fluye el petróleo que los venezolanos pagan con su cotidiana hambruna.

Pero la Argentina sigue dando la nota desafinada en ese concierto regional que tan bien suena. El peronismo se niega a entregar las cabezas de de los máximos exponentes de su corrupción: el Senador Carlos Menem, el Diputado Julio de Vido, el Juez Eduardo Freiler y, por supuesto, la Procuradora General, Alejandra ¡Giles! Carbó, llamada ayer a indagatoria. Muy por el contrario, cierra filas en su defensa y eso es comprensible porque, si esas testas rodaran, resultaría imposible que no arrastraran a muchos más, tal como amenazó el ex Ministro de Planificación cuando creyó que lo abandonarían a su suerte. El PJ adoptó idéntica posición en la resistencia a los fallos judiciales que impiden al Senador Ruperto Godoy continuar integrando el Consejo de la Magistratura por no reunir el elemental requisito de ser abogado.

Y qué decir de la libertad que gozan tantos procesados por delitos no excarcelables, mientras se mantiene en prisión preventiva por décadas a dos mil ancianos, acusados por hechos ocurridos hace cuarenta años, que no corren riesgo de fuga ni, menos aún, poner en peligro la investigación.

Es por eso que los ciudadanos debemos demostrar –y probarnos- que no somos meros eunucos y salir a la calle a exigir a la Justicia, en las personas de ese Consejo y de la Corte Suprema de Justicia, que deje de marearnos la perdiz y cumpla con el deber que la Constitución Nacional le impone. Y debemos hacerlo, como dice el cartel que encabeza esta nota, el 3 de agosto, a las 18:00, en Plaza Lavalle (y frente a las sedes de los tribunales de todo el país), donde tienen su asiento ambos órganos.

Las consignas y reclamos deben ser concretos y unívocos. Es imprescindible que exijamos al Consejo que deje de ser el mamarracho en que se ha convertido, designe a los jueces que deben cubrir las incontables vacantes en todos los fueros y en todas las instancias, y desplace de una buena vez a los enriquecidos canallas que hoy ejercen magistraturas y venden sus sentencias al mejor postor, mientras pretenden que los ciudadanos nos sometamos a ellas como si provinieran de Dios mismo.

A la Corte, que actúe con independencia e imponga su poder sin dilaciones y sin oportunismo. Y a nuestro inicuo Congreso –ahora un mero aguantadero de delincuentes que se mofan de sus representados- que modifique el Código Procesal Penal de la Nación de modo tal que a cualquier procesado por hechos de corrupción, sea político, funcionario o empresario, se le retiren los fueros y se le deniegue esperar en libertad la sentencia definitiva y, a la vez, que sancione de una buena vez las leyes de responsabilidad empresaria y la caducidad de dominio de los bienes mal habidos.

 Porque somos una generación desgraciada, como afirma el Talmud, ya que tenemos jueces que merecen ser juzgados por su corrupción y por su ilegítima militancia política. Y no podemos transmitir esa herencia nefasta a nuestros descendientes; tenemos la obligación de actuar ya mismo para evitarlo y para permitir que nuestro país vuelva a ser una nación orgullosa de de sus valores morales y de su destino, hoy tan marchitos y decadentes.


Bs.As., 15 Jul 17

viernes, 7 de julio de 2017

¡A la calle, que ya es hora!







¡A la calle, que ya es hora!

“Si quieres paz, lucha por la Justicia”. Pablo VI

Tenemos la obligación, frente a nosotros mismos y a nuestra posteridad, de tomar conciencia del crucial momento que nos toca vivir; de nuestra actitud y, sobre todo, de nuestra acción personal, depende el futuro, tanto de corto cuanto de largo plazo. La viabilidad de nuestro país sólo será posible si conseguimos recuperar la Justicia, volviendo a poner la venda en su lugar y equilibrando su balanza.

Ha llegado la hora, conciudadanos, de echarnos a la calle y gritar ¡BASTA! Para explicarles, a todos y cada uno de estos nefastos personajes encargados de imponer la ley y que tanto han desvirtuado ese rol y, sobre todo, la tan honrosa magistratura con que la sociedad los ha distinguido, que nuestra paciencia ha llegado al límite. Que no queremos que la Justicia se transforme en la triste parodia que es hoy en Venezuela.

La Argentina ha asistido, por décadas, a la inmunda prostitución de los magistrados que, de acuerdo al rol que la Constitución les asigna, debieran actuar como límites frente a los excesos del Estado ante los particulares, como custodios de su correcta aplicación y, en especial, en la persecución de la corrupción. Hoy, debido a la irrupción de la política más bastarda en el proceso de designación de los jueces, estamos sometidos todos a la voluntad de personajes inescrupulosos, impunemente enriquecidos por los favores prestados al poder de turno.

¿Cómo vamos a aceptar ser juzgados por personas tan corruptas como Freiler, Rafecas, Canicoba Corral, Casanello y tantos otros? ¿Cómo vamos a permitir que estos tránsfugas decidan sobre nuestra honra, nuestra libertad y nuestro patrimonio? ¿Tan bajo hemos caído como ciudadanos libres y soberanos que somos incapaces de resistir la degradación moral que impregna nuestra sociedad? ¿De qué estamos hechos?

¿Cómo podemos observar, sin reventar de indignación, el infame y libre pavoneo de tantos ex funcionarios, parientes, testaferros y nuevos “capitanes de empresa” enriquecidos sin explicación alguna? Las inmensas fortunas que exhiben y gastan con impudicia están construidas con dineros que nos fueron exprimidos con impuestos confiscatorios y faltan en alimentos, hospitales, escuelas, viviendas, saneamiento, caminos, rutas, vías férreas, gas y electricidad, comunicaciones y hasta defensa nacional.

¿Cómo educamos a nuestros hijos y vamos a trabajar, día tras día, si todos esos delincuentes continúan refregándonos en la cara su libertad después de haber cometidos tantos y tan graves delitos? Son los responsables directos de la enorme mortalidad infantil en el norte y, también, de la monstruosa expansión del narcotráfico; ¿seguiremos mirando hacia otro lado cuando las luchas entre las bandas, todas socias del kirchnerismo y de muchos de los jueces, nos lleven a la penosa realidad del México actual?

¿No nos da vergüenza que en Brasil ya haya habido 144 condenas de funcionarios, políticos y empresarios, que suman 1600 años de prisión, y más de 1700 investigaciones abiertas? El vergonzoso Juez Luis Rodríguez, otro indigno inquilino de Comodoro Py, se negó ayer a pedir el desafuero y la detención de Julio de Vido; uno de los reclamos que llevaremos a la calle lo tendrá como destinatario directo. Ya no llama la atención que nunca haya allanado la enorme y lujosa mansión que el ex Ministro posee en el country Puerto Panal –incluye una gigantesca pajarera-, en el cual es vecino de los también impunes Máximo Kirchner, Osvaldo Sanfelice (su socio) y Fabián de Souza (socio de Cristóbal López), los dos últimos claros testaferros de Néstor y Cristina.

No pretendo, en ningún caso, englobar en la podredumbre a la totalidad de los magistrados, pues los hay muy buenos en todos los fueros y en todas las instancias y, en algunos casos, hasta son mayoría. Pero hay una dramática concentración de corrupción en la Justicia Criminal Federal, y grandes focos infecciosos en la Laboral, en la de Seguridad Social y, por supuesto, en la ordinaria Penal, que tanto ha servido a la delincuencia común.

Con una Justicia seria, independiente y rápida, todo será posible y, sin ella, nada lo será. Si los jueces actuaran conforme a la ley, el Poder Ejecutivo sería controlado en cada una de sus acciones, y podríamos reprimir eficientemente la corrupción de nuestros mandatarios, funcionarios y empresarios; con eso, cada una de las partidas presupuestarias iría a cumplir el objetivo previsto en salud, en educación, en vivienda, en infraestructura. El delito disminuiría rápidamente, y esa seguridad cotidiana, que hemos perdido hace tantos años, volvería a ser una costumbre y recuperaríamos la normalidad en nuestras vidas.

Los conflictos gremiales y sociales se solucionarían con celeridad, ya que la sociedad entera confiaría en sus probos magistrados y obedecería, sin dudarlo, las sentencias que dictaran. Nuestros policías dejarían sus innegables vinculaciones con el crimen, y combatirían eficazmente el narcotráfico y los otros delitos graves. Las reglas se volverían inmutables y los inversores, tan desconfiados ellos, encontrarían innecesario establecer la jurisdicción extranjera para dirimir las diferencias en los contratos.

Es cierto que el Estado está en deuda con el Poder Judicial, y el crédito a favor de éste se prueba fácilmente con la cantidad de vacantes en juzgados y tribunales colegiados, con su infraestructura edilicia colapsada, con la gigantesca acumulación de papeles y con la obsolescencia de los medios informáticos puestos a su disposición. Todo eso depende del Consejo de la Magistratura y de la Corte Suprema, cuyo Presidente –Ricardo Lorenzetti- se ha visto beneficiado con el manejo de un enorme presupuesto.

Por eso, para manifestar nuestro descontento, mantener la presión cívica sobre los jueces y avisarles que nuestra paciencia se ha agotado el 3 de agosto nos concentraremos en la Plaza Lavalle (y, espero, en todas las capitales provinciales ante sus tribunales), donde tienen sus sedes la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de la Magistratura. Nunca lo he hecho, pero hoy le pido por favor que difunda esta convocatoria, sobre todo para que llegue a los jóvenes, tan ausentes el 20 de junio en Comodoro Py, ya que serán los directos beneficiarios de este cambio urgente que la Argentina exige.


Bs.As., 8 Jul 17

lunes, 3 de julio de 2017

¿Maldad o Demencia?



¿Maldad o Demencia?

“Todas las intenciones lícitas y ecuánimes son de por sí equilibradas y mesuradas; de lo contrario, se tornan sediciosas e ilícitas”. Michel de Montaigne

Cuando el sábado Cristina Elizabet Fernández decidió postularse como candidata a senadora por la Provincia de Buenos Aires (al negarle la interna a Florencio Randazzo consiguió quitarse el “pre”) me pregunté qué la había movido a hacerlo. En el mundo de la política todo, absolutamente todo, es posible pero el grado de probabilidad de su ocurrencia depende de la mirada de quien lo evalúe o de hechos reales y concretos; los tiempos están llenos de “cisnes negros”.

Es probable que la viuda de Kirchner salga tercera y, de tal modo, no acceda a la banca que pretende; si fuera así, si no lograra entrar, habría confirmado que se trata de un cadáver político. Y esa probabilidad crecerá geométricamente si se cuela en el imaginario de los intendentes que aún se proclaman leales a su liderazgo; como siempre, estarán dispuestos a acompañarla hasta la puerta del cementerio, pero no a enterrarse con ella.

Entonces, otra vez, ¿por qué lo hizo? ¿Por los fueros parlamentarios, tan mal entendidos entre nosotros? Tampoco, ya que los hubiera obtenido más fácilmente postulándose como diputada, cargo para el cual sus probabilidades de ingresar al Congreso llegarían, sin duda, al cien por ciento.

Por lo demás, esa autoprotección e impunidad que se han concedido nuestros legisladores, en contra del sentido de su origen, que sólo buscaba garantizar la libertad de expresión en el ejercicio del mandato parlamentario, cede cuando los jueces lo requieren y la Cámara a que integra el imputado lo conceden, con una mayoría especial.

Pero, en tren de imaginar probabilidades, también es razonable pensar que esa cantidad de senadores, hartos de Cristina, de su corrupción desaforada y de sus modos autoritarios, y hasta en defensa propia, podría lograrse más fácilmente a partir del 10 de diciembre, claro, si al menos saliera segunda en la elección provincial.

¿Lo hizo, tal vez, para asustar a los jueces que la tienen contra las cuerdas con el fantasma de la restauración de su régimen? Puede haber sido, pero sería una jugada muy corta, ya que en octubre estará totalmente definida.

El país, finalmente, ha conseguido empezar a salir de la depresión en que ingresara, precisamente, por el populismo que impulsó y justificó la aplicación de la política económica del kirchnerismo, una crisis que el Gobierno se abstuvo de denunciar al asumir. Pero el comienzo del fin del horrendo sacrificio que esas locas medidas impusieron a los argentinos y que implicaron una herencia de 30% de pobreza y 40% de inflación anual, amén de haber dejado exangüe al Banco Central, no resulta óbice para que la ahora candidata quiera destruirlo todo otra vez.

¿Por qué lo hace? ¿Todavía no está satisfecha con lo que robó a tantos, mientras los condenaba a la miseria y a la desnutrición? Con cualquiera de los “negocios” que saltan a la luz todos los días, se podría haber dado agua y cloacas a muchos de los enclaves más terribles del Conurbano, amén de construir allí escuelas y hospitales. Me refiero, precisamente, a esos en los cuales campea el tráfico de drogas y la violencia que lo circunda, producto de la sociedad que armó su régimen con los grandes carteles mexicanos, peruanos y bolivianos.

Esta semana, Cristina nuevamente ha desatado la confrontación en la calle y, de continuar con el método de los encapuchados y de los palos, es más que probable que haya muertos, desangrados en el altar que cuida tan celosamente esta diosa malvada y, con seguridad, imputados al accionar represivo de un Gobierno que ha dado muestras de una absurda tolerancia, que tanto rechazo ha producido entre sus mismos adherentes. Pero que no se equivoque, porque ni Mauricio Macri, ni María Eugenia Vidal ni Horacio Rodríguez Larreta son comparables a Eduardo Duhalde frente a la muerte de Kosteki y Santillán.

¿Pretende, entonces, llevar al país a una guerra civil o, al menos, a un estado de conmoción interna? Si lo intentara demostraría que está totalmente loca, porque a los violentos que pudieran hoy intentar un disparate semejante las fuerzas de seguridad los sacarían de la calle a sopapos. ¿Y para qué lo haría?, ¿qué obtendría con ello? Desde ya, no la recuperación del poder porque al menos el 70% de nuestros connacionales tiene una pésima opinión de ella, y tampoco dispone de elementos que pudieran asegurarle el férreo y desalmado control de la realidad, como sucede en Venezuela.

El mundo ha cambiado mucho desde el ábside del poder kirchnerista, cuando Cristina obtuvo el 54% de los votos en 2011. Sus principales compañeros de ruta, como Hugo Chávez Frías y Fidel Castro Ruz, han muerto; otros, como Luis Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff, Rafael Correa y Mahmoud Ahmadineyad han dejado ya el poder; mientras Daniel Ortega, Raúl Castro Ruz y Evo Morales se encaminan a una segura decadencia final.

También se ha modificado muy gravemente en su contra el mundo financiero, que se ha hartado de la corrupción de empresas y funcionarios, y ahora lucha arduamente contra el lavado de dinero. Su viaje a Angola, a cambiar los billetes de € 500, que su miserable marido muerto gustaba coleccionar para tocar y entrar en éxtasis, por diamantes de sangre, tampoco parece ya tan fácil de replicar.

Hace unos años, se hubiera podido exiliar en alguno de los países que, según declamaba, le hubiera gustado hacernos imitar; debo reconocer que nunca creí en esta opción, porque no es lo mismo pasearse con carteras Louis Vuitton por Nueva York o Paris que hacerlo en Caracas, Managua o Teherán. Hoy, ni siquiera esos destinos le resultarían asequibles, ya que en todos ellos impera la violencia más desenfrenada y el aroma a calas marchitas impregna el ambiente.

¿Qué caminos quedan, entonces, a nuestra destronada emperatriz patagónica? Difícil decirlo, a pesar de estar convencido de que todos sus bienes inmuebles en la Argentina son una mera muestra de su verdadero capital en el exterior.

Mientras lo decide, seguirá haciendo de las suyas aquí, tratando de reconstruir un pasado imposible que ya se le ha ido de las manos; por lo demás, tampoco está dispuesta a empeñar su fortuna mal habida en arriesgadas jugadas políticas ni, mucho menos aún, en recomprar la voluntad de los votantes que la han abandonado.


Bs.As., 1 Jul 17

viernes, 23 de junio de 2017

Un día de furia




Un día de furia

“Y un horizonte de perros 
ladra muy lejos del río” 
Federico García Lorca

Debo pedir disculpas por la gran demora que se produjo en la remisión de mi nota anterior, debido a un problema en el motor de envío. Como recordará, lamenté en ella el lugar y la forma de la convocatoria, para el martes 20 y en Comodoro Py 2002, de una marcha ciudadana en reclamo de una Justicia independiente, seria y rápida.

Tal como dije que haría, concurrí y me llevé algunas sorpresas. La primera, el número de los asistentes; desde el llano resultó imposible calcularlo, pero una fotografía tomada por un dron permitió más tarde descubrir que la multitud colmaba totalmente la ancha avenida Py; además, en el momento en que emprendí la retirada, comprobé que muchas personas recién llegaban, como había sucedido el 1° de abril. La segunda, penosa, fue la casi total ausencia de jóvenes. Finalmente, el enorme compromiso que ha asumido una gran franja de la población frente al principal problema de nuestro sistema político: la corrupción, la ignorancia y la lentitud que afectan al Poder Judicial, salvo honrosas excepciones.

Muchos de los carteles que portaba la multitud hacían referencia al Juez Sergio Moro, de Curitiba, que ha logrado enviar a la cárcel a cientos de políticos y empresarios corruptos, incluyendo la invitación al magistrado para trasladarse a la Argentina. Me recordaron otros, que pude ver en las manifestaciones brasileñas a fines de 2015, que proponían a Mauricio Macri como candidato a presidente de nuestro vecino país.

Tengo la infantil esperanza que el mensaje de la calle haya llegado a los ojos y oídos de los magistrados, ausentes ese día del emblemático edificio, y los hagan tomar conciencia del riesgo personal que asumen al convertir a la República y a la Constitución en sendas cáscaras vacías. Mientras sigan garantizando la impunidad y fallando con arreglo a intereses bastardos, la Argentina no tendrá futuro alguno.

De todas maneras, sigo insistiendo en una nueva convocatoria a la ciudadanía para reunirnos un día de semana, en Plaza Lavalle, donde están las sedes de la Corte Suprema y del Consejo de la Magistratura, para elevar el tono de la protesta frente a quienes son los máximos responsables del desquicio. En la medida en que el lugar está en obras, que no terminarán antes de la feria de invierno, habrá que dejarla para los primeros días de agosto, cuando se reanuden las actividades judiciales.

Mientras la concentración del 20 se llevaba a cabo, Cristina presentó en sociedad a su nuevo “espacio” –el FUCK- con un show unipersonal y rodeada por los personajes más repudiados de la panoplia en que se exhibe la de la política local. Resultó un acto verdaderamente escuálido, en un estadio de fútbol pequeño, montado sobre la movilización de los masoquistas aparatos del PJ, al cual la ex Presidente excluyó a propósito de su armado; esa es la peor pesadilla de los intendentes que todavía la acompañan, porque los privará de usar las imágenes de Perón y Evita, la marchita y el escudo, tan caros al corazón de los más pobres.

Esta noche, finalmente se sabrá, sobre todo en territorio bonaerense, quiénes serán los candidatos que competirán en octubre por las bancas legislativas que entrarán en disputa, previo tránsito por las inútiles primarias de agosto. El día de furia se vivirá, mientras tanto, en el interior del Frente Unión Ciudadana Kirchnerista, cuando los casi cuarenta kapos que han jurado apoyar a Cristina en su tentativa de llevar a sus fieles a la Legislatura, vean cómo han quedado las listas verdaderamente importantes para ellos, es decir, cómo se integrarán sus respectivos concejos deliberantes.

La razón es simple, ya que de esos organismos depende la supervivencia del cacique que comanda el municipio. Si no quedaran conformes, la “traición” volverá a primer plano, como sucedió en 2015, cuando los punteros repartieron boletas cortadas, dejando fuera a la fórmula Anímal Fernández-Gabriel Mariotto.

En octubre, si bien es cierto que quienes pondrán más bancas en juego serán el kirchnerismo y el massismo, debido a que deberán renovar aquéllas que ganaron en 2011 y 2013, el país necesita confirmar que algo ha terminado, y que no existe riesgo inmediato de un retorno del populismo, el fantasma que espanta –al menos, hasta entonces- a los inversores, casi tanto como la inexistencia de una Justicia digna de tal nombre.

Que entre los interesados fieles de Cristina impera un cierto desánimo lo prueban los aullantes caninos que repudian un cambio en el tema de los derechos humanos tuertos que, presumen, se produciría a partir de un triunfo del oficialismo. Los máximos voceros de esos perros, encabezados por Horacio Verbitsky, se rasgan las vestiduras ante una eventual desfinanciamiento de los instrumentos de venganza que consiguieron durante el kirchnerismo, mientras denuncian una severa modificación en la postura estatal frente al drama de los 70’s; tal vez, estén previendo ya que, cuando la Corte Suprema deba volver a fallar en un caso de “2x1”, Carlos Rosenkrantz, Horacio Rosatti y Elena Highton de Nolasco resolverán sostener su impecable postura y, consecuentemente, que el adefesio legal votado casi por unanimidad para impedir su aplicación a los militares acusados de delitos de lesa humanidad es inconstitucional.

Hasta el momento, esa alteración no se percibe en la calle, ya que algunos jueces integrantes de la nefasta Justicia Legítima, siguen ordenando detenciones por hechos ocurridos hace más de cuarenta años y continúan los fallecimientos de ancianos militares en cautiverio. El caso más reciente y paradigmático fue el encarcelamiento de los extremadamente jóvenes oficiales que comandaron el operativo de rescate de un secuestrado en una “cárcel del pueblo”, cuyos custodios no hesitaron en asesinarlo cuando llegaron las fuerzas del orden y cayeron combatiéndolas; el hecho derivó en la tentativa de suicidio de un señor Coronel, que intentó dejar un mundo en el que la verdadera Justicia ha dejado de existir.

Pero no sólo aquí se cuecen habas. La reunión de la OEA que acaba de celebrarse en México se transformó en una vergüenza por obra y gracia de los países que se dicen campeones de los derechos humanos. La feroz tiranía de Nicolás Maduro, que ya ha matado a setenta y ocho personas en casi tres meses de protestas pacíficas, evitó la condena regional gracias a los votos negativos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, acompañados en esa deshonrosa actitud por las pequeñas naciones del Caribe que continúan recibiendo el petróleo que se ven obligados a regalarles los hambrientos y masacrados venezolanos.

No dudo de la victoria de Cambiemos en las elecciones de octubre, y exhorto fuertemente a los cobardes dueños del capital nacional a que, si no lo hicieron antes por miedo, empiecen a invertir en su país cuando eso ocurra. Si no lo hacen, si no apuestan al futuro, el retorno del populismo ladrón será una profecía autocumplida y la Argentina se habrá suicidado nuevamente.


Bs.As., 24 Jun 17

viernes, 16 de junio de 2017

Mareando la Perdiz



Mareando la Perdiz

"La mente es como un paracaídas. Sólo funciona si la tenemos abierta". Albert Einstein

La sociedad tiene la legítima y justificada certeza de que el Poder Judicial, en especial el fuero federal domiciliado en Comodoro Py, le está mareando la perdiz, como reza el famoso dicho. Hace muchos, muchos años que es sabido que los magistrados encargados de investigar y, en su caso, castigar la corrupción sólo actúan cuando los denunciados pierden el poder; mientras tanto, y de eso puede contar mucho Lilita Carrió, los expedientes duermen en los cajones de los escritorios, a la espera de tiempos mejores para vender sus resultados al mejor postor.

A partir de diciembre de 2015, cuando quedó expuesto el monstruoso saqueo al que fue sometido el país por obra y gracia del matrimonio Kirchner, que organizó y comandó una gigantesca asociación ilícita para concretar el mayor latrocinio de su historia, se esperaba que los procesos adquirieran velocidad. Sin embargo, la ciudadanía asiste expectante a procedimientos cinematográficos –se llegó al extremo de perforar el suelo de la Provincia de Santa Cruz en busca de supuestos tesoros enterrados- que obtienen grandes titulares en la prensa y que, al día siguiente, son tapados por la aparición de nuevos escándalos, sin que los resultados concretos, entendidos como la detención de los delincuentes, aparezcan.

Los emblemáticos casos de los hoteles y de los inmuebles patagónicos, ahora agravados por el descubrimiento del Waldorf, son motivo de causas judiciales que tienen más de diez años de trámite, y su rol en los retornos de las coimas de la obra pública ha quedado demostrado más allá de toda duda. Pero, a diferencia de lo que sucede en Brasil, nadie ha ido preso por eso, y los autores y cómplices de tantos delitos no sólo siguen dando vueltas como pollos al spiedo sino que hasta se dan el lujo de viajar al exterior, dar cátedra de populismo y reírse a carcajadas de todos nosotros, mientras inscriben sus candidaturas al Congreso para obtener los salvadores fueros.

Los jueces federales realizan aparatosos allanamientos con anuncios previos y demoras que garantizan que los papeles y las pruebas desaparezcan o se adulteren, y ni siquiera cuando esas situaciones son confirmadas por filmaciones (como fue en “La Rosadita”, donde todos vimos por televisión cómo se llevaban alegremente bolsos y hasta computadoras) se activan las alarmas mentales que disparan acciones inmediatas. Así, ese ilusionismo malabar que realizan los magistrados aparece como un eficiente (hasta hoy) modo de adormecer la indignación popular.

Pero, claro, el abuso de ese proceder ha producido un hartazgo en la sociedad, que ha tomado conciencia de lo inerme y abandonada que se encuentra frente a la corrupción que la empobrece, la inseguridad cotidiana que la asesina y, sobre todo, a los abusos de poder del Estado y de quienes disponen de las influencias necesarias para torcer la realidad a su favor.

Muchos de los votantes de Cambiemos están hoy injustamente desilusionados por la presunta inacción del Gobierno, aunque éste poco pueda hacer al respecto sin obtener el acuerdo de otras fuerzas políticas en el Congreso; y sabemos cuántos legisladores, actuales y futuros, verían comprometidas su libertad y su fortuna si alguna de las posibles acciones prosperara. Baste recordar lo sucedido con el delincuente Juez Eduardo Freiler en el Consejo de la Magistratura o con la Procuradora General, Alejandra ¡Giles! Carbó, cuyo desplazamiento aún no ha logrado.

La más clara confirmación de esa generalizada certeza es la invitación a dos concentraciones –una, para esta misma tarde y, la otra, para el 20- frente a Comodoro Py 2002. No concuerdo con ellas por dos razones: la primera, su localización: la zona del puerto de Buenos Aires es complicada para llegar y para volver y, en ambos casos, no habrá nadie en los tribunales esos días, o sea, se protestará frente a un edificio vacío; la segunda, por la ineficiente y contradictoria difusión a través de las redes sociales, que garantiza el fracaso.

Mi propuesta, por el contrario, es realizar, con una grande y unívoca convocatoria previa, una manifestación en día hábil y a principios de julio en la Plaza Lavalle -y en las equivalentes de todo el país-, ante la cual se encuentran las sedes de la Corte Suprema y del Consejo de la Magistratura federal, cuyos integrantes deben ver y oír nuestros reclamos por ser los máximos responsables del desquicio que afecta al Poder Judicial.

En otro ámbito, el de la política, también nos están mareando la perdiz. La yunta Massa-Stolbizer aparece como inexplicable, tanto como la postura de Martín Lousteau, por ejemplo. Sobre la crisis del peronismo, lo mejor que he leído fue escrito el jueves por Carlos Pagni en La Nación (https://tinyurl.com/y7o7ond), quien explicó claramente qué significaba la formación del F.U.C.K. (Frente Unidad Ciudadana Kirchnerista) que presentó Cristina Fernández como nuevo instrumento electoral, dejándolo afuera con su historia, sus símbolos y hasta su famosa marchita; a la luz del documento fundacional dado a conocer el miércoles por la viuda de Kirchner, cabe preguntarse si, tal vez tanto como mentirosa compulsiva, no está rematadamente loca; porque, en términos normales, nadie puede negar a tal extremo los hechos comprobados y, sobre todo, cuál fue su verdadera herencia y cuánto ha perjudicado ésta al país.

En relación a la muerte de la señora Ernestina Herrera de Noble, producida esta semana, debo reconocer que soy tan iluso que, en algún momento, esperé que la ex Presidente y ese teórico ícono de los derechos humanos, Estela Barnes de Carlotto, tuvieran algún rasgo de decencia y, aunque fuera post mortem, le pidieran disculpas por la horrorosa persecución y el injustificable acoso de los que, conjuntamente con sus hijos, fuera objeto durante más de ocho años.

Cristina Kirchner apoyó la denuncia de apropiación de sus hijos que había formulado la jefa de las Abuelas de Plaza de Mayo contra la directora de Clarín, y llegó a amenazar con recurrir a tribunales internacionales si la acusada no era condenada aquí. La comprobada falsedad de la denuncia no resultó óbice para que la persecución continuara por años, como un arma más en la guerra contra la prensa que el kirchnerismo había desatado en 2008, a raíz de su posicionamiento frente a la demencial tentativa gubernamental de destruir al campo, que tanto nos costó a los argentinos.

Si bien vivimos una democracia representativa, nuestros derechos ciudadanos se extienden más allá del mero hecho de votar cada dos años. Debemos expresarnos, como lo hicimos pacífica y masivamente el 1° de abril, esta vez para decir a los jueces: ¡se acabó!; que deben cumplir con la ley y que llegó la hora de poner punto final y definitivo a su nefasto proceder que, sin dudas, actúa como una barrera infranqueable para nuestra transformación en una nación seria y desarrollada. Sólo de nosotros depende lograrlo.

Bs.As., 17 Jun 17


sábado, 10 de junio de 2017

¡A la calle por Justicia!



¡A la calle por Justicia!

”No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos. La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da” (Deuteronomio.16.19-20).


Como sociedad nos hemos hundido en una inmunda y maloliente ciénaga moral de la que todos, por acción u omisión, somos culpables, claro que en diferente grado. Resulta incomparable la responsabilidad que le cabe a quien entrega su documento de identidad -que permitirá el robo de su voto- a cambio de dádivas para poder simplemente alimentar a su familia, y la del empresario que paga una coima –que siempre cargará al precio del contrato- para obtener ventajas indebidas o la del funcionario que la recibe.

También somos culpables quienes aceptamos mansamente que todo esto continúe ocurriendo en nuestro país, mientras miramos indiferentes cómo continúan en libertad tantos personajes acusados de delitos no excarcelables, comprometidos por infinidad de pruebas que intentan adulterar, exhiben impúdicamente sus riquezas mal habidas y se ríen a carcajadas de sus conciudadanos, a muchos de los cuales han llevado a la pobreza más extrema con sus latrocinios.

La reciente muerte de Aldo Ducler ha hecho revivir la memoria de los monumentales desfalcos de los que hemos sido objeto: YPF, los fondos de Santa Cruz, IBM, Siemens, Skanska, Sueños Compartidos, trenes, aviones, gasoductos, centrales nucleares, represas, puentes, caminos, viviendas, escuelas, hospitales, hoteles, cloacas, agua potable, Ciccone, PAMI, IOMA, ANSES, AFJP’s, indemnizaciones a terroristas, remedios “truchos”, universidades, pesca, oro, el Instituto del Cine, contratos de dólar futuro, Odebrecht. British Petroleum y miles de etcéteras.

Sólo la decisión de Néstor Kirchner, explicada hace muchísimos años por tantos analistas (incluyendo a quien esto escribe) de robarse el 25% de la petrolera fue la causa mayor de nuestros males, comenzando por la inflación y el gigantesco déficit público. La caída en la producción y en la prospección de hidrocarburos obligó a la masiva importación de gas (otro brutal negociado) y se llevó las pocas reservas del Banco Central que se habían salvado de la depredación.

Los ciudadanos hemos permitido calladamente que, desde hace décadas, quienes deben administrar justicia en nuestro país sean elegidos por favores del poder de turno, y los jueces los devuelven con el permanente “cajoneo” de las causas que le resultan sensibles. Como verdaderas aves de presa, se han posado en el tejado de Comodoro Py y, desde allí, husmean el aire pútrido en busca de nuevas víctimas mientras protegen a los depredadores.

Pero no se trata sólo del fuero federal; los males afectan también a la Justicia ordinaria, como lo prueba el avance de la inseguridad cotidiana, sobre todo en los conurbanos de todo el país. Violadores, asesinos, narcotraficantes campean a sus anchas y se llevan la vida de hombres, mujeres y niños, en crímenes cada vez más violentos y salvajes.

Por delitos infinitamente menos graves que los comprobadamente cometidos por Cristina, Máximo y Florencia Kirchner, Lázaro Báez y sus hijos, Amado Boudou y sus testaferros, las hijas del “Bombón” Mercado, Julio de Vido, Cristóbal López y De Souza, Insfrán, Fellner, Alperovich, Capitanich, Aníbal Fernández, los Eskenazi, Ferreyra y Electroingeniería, y tantos otros, nuestras cárceles están repletas de presos; sin embargo, estos figurones, directamente responsables de la miseria que afecta a más del 30% de los argentinos y de la muerte por inanición de tantos chicos, disfrutan de una libertad que ya se ha transformado en un cachetazo en la cara de la sociedad entera.

Por eso –no por venganza sino por legítima defensa- debemos convertir el viento, que sin duda ha borneado, en un fuerte huracán que barra, de una buena vez, con tantos magistrados indignos de ocupar sus cargos y purifique el fétido olor que emana de nuestros tribunales. Cuando digo que debemos hacerlo en defensa propia, no me refiero sólo a impedir que estos malandras continúen decidiendo sobre nuestra libertad, nuestra honra y nuestro patrimonio, sino también a la necesidad que, como país, tenemos de contar con un Poder Judicial serio, preparado, independiente y rápido.

Porque está visto que, hasta que ese verdadero milagro se produzca, no podemos esperar que llegue a nuestras playas el aluvión de inversiones, siempre anunciado y nunca concretado. Sin él, no nos resultará posible convertirnos en un país desarrollado y próspero, condenándonos a subsistir en esta insignificancia que tantos esfuerzos nos costó conseguir.

Es cierto que, desde diciembre de 2015, el gobierno de Cambiemos nos ha reinsertado en la vidriera global, y hemos visto por aquí a los máximos líderes mundiales mientras, a la vez, Mauricio Macri ha visitado a las naciones más importantes; se han firmado centenares de acuerdos bilaterales, pero no se concretarán mientras los potenciales inversores, sean propios o extraños, no confíen en que, en caso de conflicto, nuestros jueces fallarán conforme a derecho y no, como sucede hoy, según sus propios intereses o los de sus mandantes políticos o empresariales. Usted mismo, querido lector, ¿pondría un dólar en un país cuyo Congreso dicta leyes, y el Poder Judicial las aplica, con efecto retroactivo?

Un pequeño paréntesis: no puedo imaginar a Mauricio Macri en actos de homenaje a los asesinos “malos” de Manchester, Londres, Paris, Niza, Nueva York, Orlando, Bogotá, San Sebastián o Madrid y, por eso, me parece insólito que el protocolo oficial argentino haya llevado a Angela Merkel, Barak Obama y François Hollande, entre otros, a visitar el “Parque de la Memoria-Tuerta” y llorar por los terroristas “buenos”, tan premiados ellos con cargos y dólares.

Porque no debemos olvidar, por ejemplo, que una bomba de Montoneros, en el comedor de una dependencia policial, mató a 23 personas e hirió a más de 60, o que otra, colocada en un avión por el ERP, asesinó a decenas de gendarmes. Y tampoco debemos hacerlo con las más de 17000 víctimas civiles de esos mismos “jóvenes idealistas”, que nunca fueron siquiera reconocidas por el Estado. ¿A qué extremos de hipocresía nos llevará el discurso “políticamente correcto”?

Para regresar a la necesidad de contar con un Poder Judicial como Dios manda, insisto en que la ciudadanía debe tomar el problema entre sus manos, como lo hace día a día en Venezuela y Brasil, pese a que esas verdaderas multitudes han obtenido tan disímiles respuestas. Basta recordar que un Juez federal con asiento en Curitiba, Estado de Paraná, se ha convertido en la figura pública más popular entre nuestros vecinos, que están dispuestos a blindarlo frente a los avances de los poderosos.

No esperemos que nuestros ¿honorables? legisladores asuman como propia esa tarea porque, si lo hicieran, muchos de ellos mismos terminarían presos, ya que han convertido al Congreso en un verdadero aguantadero, como lo demuestra la desesperada lucha por integrar las listas partidarias en pos de fueros, cuyo verdadero objetivo también hemos deformado.

La semana pasada propuse a mis colegas que asumieran la heroica actitud de denunciar a los jueces y fiscales que incurran en faltas graves en el ejercicio de sus magistraturas, aunque aclaré que no tenía demasiada confianza en la aceptación de esa sugerencia. También propuse, y hoy insisto, que todos los ciudadanos, en una concentración tan masiva como fue la del 1° de abril y replicada en todo el país, manifestáramos pacíficamente nuestro hartazgo.

No permitamos más que cuatro o cinco cretinos, hijos de mala madre, hipotequen nuestro futuro y el de nuestros descendientes. Salgamos a gritar, bien fuerte y remedando a Gabriel Celaya, “¡A la calle!, que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo”.

Bs.As., 10 Jun 17