viernes, 3 de abril de 2020

Combatiendo al capital … rumbo al abismo



Combatiendo al capital … rumbo al abismo
por Enrique G. Avogadro


Cuando la izquierda pierde una elección, intenta
 destruir un país; cuando gana, lo consigue”.


Alberto Fernández se conducía reconocidamente bien en el manejo de la epidemia hasta que se coló en su discurso el gen peronista, aquél que creó la marchita que, 75 años después, el 48% de la Argentina sigue cantando con fervor militante. Eligió, como hicieron sus predecesores kirchneristas, un enemigo importante, y cargó como un toro enceguecido contra él.

Descalificó con fuertes epítetos a una de las mayores empresas industriales nacionales, presente en muchos países del mundo, olvidando que los 1.500 empleados que Techint suspendió por la paralización de las obras, pertenecen al gremio de la construcción y, consecuentemente, cuentan con un auto-seguro de desempleo (tienen para ello un fondo que se forma con aportes de quienes están trabajando) y, mucho más grave, que las empresas privadas resultarán indispensables para salir del profundo pozo en que ya nos encontramos, que será peor cuando la cuarentena termine. Y no lo sabe porque jamás fue emprendedor, arriesgó su capital o generó un trabajo.

Utilizó, para demonizar a su propietario, la palabra “especulación”. Ignora, como todos los demagogos y, especialmente, los pobristas que todos, todos especulamos todo el tiempo. Cada vez que elegimos, estamos especulando; cuando compramos un producto cualquiera, cuando escogemos el colegio al que deben asistir nuestros hijos, cuando escogemos cómo ahorrar, y hasta cuando nos casamos, siempre especulamos: ponemos en una balanza los pro y los contra, y la decisión es el producto de ese resultado.

En cada empresario hay un especulador, y es fundamental que lo haya. Porque quien elige serlo sabe que está asumiendo riesgos monumentales, en especial en la Argentina: dará trabajo, deberá pagar fuertes impuestos, tendrá problemas con los bancos, con los proveedores, con los clientes, con el Estado y con el sindicato (aún cuando sea un perfecto empleador), invertirá tiempo que podría dedicar a su familia y, por si todo eso fuera poco y lo acompaña el éxito en su proyecto, será mirado con odio y envidia por una sociedad y un gobierno imbéciles.

¿Cómo imagina Alberto Fernández que nuestro país podría existir sin empresas y sin especuladores? ¿Realmente quiere seguir “combatiendo al capital” como método para “conquistar a la gran masa del pueblo”? ¿Piensa que el empleo público puede reemplazar al privado? Sin empresas, ¿cómo sostendrá el Estado su fenomenal estructura improductiva? ¿Cree, como quieren algunos de sus adláteres, que hay que acabar con los productores agropecuarios para entregar la tierra a los desocupados?; en ese caso, ¿de dónde saldrían los alimentos y las exportaciones que necesitamos como el aire? Sus dichos recientes nos invitan así, a un gran suicidio nacional.

Más allá de mi paupérrima opinión acerca de la moral del Presidente, tan groucho-marxista él, lo considero un tipo inteligente. De allí que me pregunte, retóricamente por cierto, por qué está haciendo cosas como las desmesuradas ponderaciones a Hugo Moyano, un sindicalista a quien comparé en otra nota con Jimmy Hoffa (https://tinyurl.com/wtu58mx), el líder de los camioneros estadounidenses que tanto incidió en la historia económica y criminal de su país y tan mal terminó; a raíz de los halagos de Fernández, se ha viralizado por WhatsApp un pequeño fragmento de la película “El Irlandés”, con Robert de Niro y Al Pacino, que recuerda su vida.

El personaje tan exaltado por el Presidente ha cometido todos los delitos, desde contratar a sus propias empresas familiares para emprendimientos del gremio que conduce hasta lavar dinero y defraudar al club de fútbol que dirige; y a él debemos que traer una carga desde Salta a Buenos Aires resulte más caro que llevarla desde aquí a Shanghai, con todo lo que eso implica en materia de inflación.

Y digo que la pregunta es retórica porque la respuesta sólo puede ser una: ha decidido dejar de intentar alguna forma de independencia para plegarse sumisamente a los deseos de Cristina Fernández. A ésta, que mantiene un más que prudente silencio desde que regresó de Cuba con su falsamente enferma hija, le ha entregado el comando de todos los organismos de control, de las principales embajadas y de la posición geopolítica de la Argentina; y su mandante, a cambio, le ha dejado la conducción de la economía, con la esperanza de que fracase, y la defensa de su peregrina teoría del lawfare, con la cual busca impunidad.

Hay otros claros signos que ratifican esa afirmación: la llegada de médicos cubanos, la decisión –sólo momentáneamente postergada- de expropiar todo el sistema privado de salud, la derivación de multimillonarios recursos -indispensables para la lucha contra el virus- a demenciales destinos (la feria de Tecnópolis, la inactiva mina de Río Turbio y el pequeño hospital del Calafate) en manos de sus fieles, la identificación con el eje cubano-venezolano-ruso-iraní, etc.

Es probable que la viuda de Kirchner –que intenta llevarnos a una situación similar a la que ha generado Nicolás Maduro en su país- sentada atrás en el automóvil y con Alberto Fernández como chofer, pueda lograr su objetivo ya que el coronavirus, por el control social que implican las draconianas medidas adoptadas, la resultará útil.

Bs.As., 4 Abr 20

viernes, 27 de marzo de 2020

Entre canalladas y confirmaciones




Entre canalladas y confirmaciones
por Enrique Guillermo Avogadro


“Si no nos despertamos rápido, si el acto necesario de abrir los ojos se
 posterga y se alarga, vasto, titubeante, con los párpados aletargados y
 morosos, los astutos nos despellejan como rayos a los zombies”.
  Miguel Wiñasky

Una semana después de haber sido obligado a quedarse en su casa, ¿cómo se siente usted? La mayoría comienza a caer en una desesperación que la lleva a transgredir las normas de la cuarentena, aunque se preocupe por sus parientes que, por ser mayores, están en la principal franja de riesgo. El encierro compulsivo produce graves y siempre nocivos efectos, tal como nos podrían contar las jóvenes familias con hijos chicos.

Pero cuando mil viejos –todos tienen más de 65 años y, muchos, más de 80- piden con desesperación que se les otorgue la prisión domiciliaria porque están hacinados y carecen de una asistencia médica adecuada para sus múltiples dolencias, rápidamente aparecen las nefastas Hebe Bonafini y Estela Carlotto, vociferando su odio visceral. Exigen que no se les conceda ese ¿beneficio? a estas víctimas de nuestra falta de memoria y una peor hipocresía, a las cuales hemos convertido en verdaderos corderos pascuales; y a ellas se sumó nada menos que Horacio Pietragalla Corti, el Subsecretario de Derechos Humanos (tuertos) de la Nación, miembro de La Cámpora y ex Diputado Nacional por “las Abuelas de Plaza de Mayo” (sic).

No se los puede comparar con Milagro Salas, con Julio de Vido o con tantos otros ladrones que disponen de enormes mansiones; se trata, por el contrario, de militares y civiles que viven muy modestamente (¡teléfono para  César Milani!) y que, algunos, llevan años en esa situación. Pero, para ellos, no existen los principios de inocencia, de juicio justo, de legalidad, de juez natural, de irretroactividad de la ley penal, de aplicación de la ley más beneficiosa para el acusado, de juzgamiento por la ley aplicable al momento de los hechos y, sobre todo, de limitación a la prisión preventiva.

Entre estos más de dos mil presos, la enorme mayoría no tiene condena firme pero, aún así, se encuentra en prisión preventiva hace más de 10 años (el máximo previsto en la ley es de 2 años, prorrogable por uno más por razones fundadas) pese a que nadie puede pensar, sinceramente, que pueden corresponderles las dos condiciones esenciales para su prolongación, ya que no hay riesgo de fuga por su vejez ni podrían afectar las pruebas sobre hechos sucedidos hace más de cuarenta años.

La pandemia que afecta al mundo, que tanta tinta ha hecho correr (https://tinyurl.com/rxgx4b4) y que, desde el punto de vista económico, golpea especialmente a la Argentina (https://tinyurl.com/urhlru6) -¿en qué momento nos preguntaremos si el remedio no será peor que la enfermedad?- ha permitido que aflore, una vez más, lo peor de nuestra sociedad canalla.

Un gobernador del riñón del Instituto Patria -Axel Kiciloff (Buenos Aires)-, difundió su interés en contratar nada menos que 500 ¿médicos? cubanos (¿no sería mejor llamar a graduados y a estudiantes avanzados argentinos, repatriar a los 200 que no consiguen regresar o, inclusive, contratar a los médicos expulsados de su país por Nicolás Maduro?), vino a confirmar mi hipótesis de atribuir los múltiples viajes a Cuba de Cristina a la constitución de un nuevo eje castro-chavista para imponer la dictadura socialista en toda América y no a la falsa enfermedad de su hija prófuga.

Sostengo que esos teóricos profesionales -¿de dónde surgió el mito de excelencia de la medicina cubana si carece de dinero para investigación?, ¿lo ha reconocido algún Premio Nobel o una asociación médica internacional?, ¿quién la ha evaluado, si no se puede salir de la isla para asistir a congresos ni a universidades y carece hasta de Internet?, ¿cómo revalidarán sus títulos aquí, si es que los tienen, si no hay convenio entre Argentina y Cuba?- no son más que activos militantes revolucionarios que llegarán, en plena crisis económica, para alterar aún más a los habitantes más pobres de nuestro país, ya afectados por el desempleo, el hambre y la falta de servicios básicos sanitarios. Así comenzó Hugo Chávez la infiltración del comunismo en Venezuela; luego siguieron los “asesores militares” y el país está pagando carísima esa “ayuda solidaria” castrista.

Fueron expulsados de Brasil por Jair Bolsonaro y Ecuador siguió su ejemplo, al comprobarse tanto sus actividades subversivas cuanto la explotación laboral a la que son sometidos (https://tinyurl.com/v5kumpp), que los convierte en verdaderos esclavos (https://tinyurl.com/vn44ovp) del régimen comunista, que recibe el 80% de sus salarios, un negocio anual de once mil millones de dólares (https://tinyurl.com/rvvhrvq) para la isla, según la OCDE; en el caso de Bolivia, cuando se los envió de regreso a su país, se encontró a funcionarios de la Embajada de Cuba quemando falsos diplomas de algunos de los integrantes de esos contingentes de “médicos”, contratados por Evo Morales (https://tinyurl.com/ut7accq).

Todo esto no es más que otra payasada de la frívola y privilegiada Cristina Kirchner (https://tinyurl.com/yx4m4tr7), como lo fue inaugurar tantas veces los mismos hospitales que sólo eran cáscaras y que nunca funcionaron, pero esta vez es muchísimo más peligrosa; la sociedad entera debería reaccionar fuertemente para impedir este siniestro plan.

Por último, le recomiendo efusivamente leer las importantes notas cuyos links de acceso se incluyen en esta columna.

Bs.As., 28 Mar 20

viernes, 20 de marzo de 2020

Robos y burlas entre bambalinas
por Enrique Guillermo Avogadro 

“La primera solución para una nación mal administrada es la
 inflación, la segunda es la guerra. Ambas aportan una salida temporal y construyen una
 ruina permanente. Y ambas son también el refugio de políticos oportunistas”. 
Ernest Hemingway

En la medida en que ignoro todo lo referido a la pandemia mundial que afecta al mundo, y no quiero incurrir en el pecado tan argentino de opinar impunemente sobre cualquier tema, me limitaré a expresar mi ferviente apoyo tanto a la forma en que el Presidente está conduciendo el proceso cuanto al noble comportamiento de la oposición. Y la profunda emoción que me embargó al escuchar a la ciudad entera aplaudiendo a los héroes anónimos de nuestros sistemas de salud.

Tengo una sola certeza: si no respetamos –como han hecho los irresponsables que, pese a todo, partieron a la costa atlántica- la recomendación de aislarnos, finalmente todos estaremos contagiados; en ese momento, la actividad económica se detendrá por completo, es decir, se producirá el mismo efecto, y mucho más extenso y dañino, que el que sin duda derivará de la cuarentena decretada el jueves por la noche.

Hay muchas incógnitas económicas y sociales en el aire, planteadas en una situación nacional de extrema pobreza: ¿qué sucederá con los cuentapropistas (taxistas, changuistas, pequeños comerciantes, etc).?, ¿cómo sobrevivirán a este monumental parate?, ¿cómo solucionarán el tema de la pandemia en las villas miseria y en las cárceles, donde están las mayores situaciones de hacinamiento?

Esto último viene a cuento, sobre todo, en lo que a los verdaderos presos políticos –los militares y civiles acusados de crímenes de lesa humanidad- se refiere. Se trata, obviamente, de personas de altísimo riesgo, por su avanzada edad y por las numerosas patologías que padecen y que, me consta, los hospitales penitenciarios no están en condiciones de atender. Ante los más que razonables pedidos de estos reales condenados a muerte por una sociedad cínica, mentirosa y cobarde, ya se levantaron las organizaciones de venganza de la izquierda, defensores de algunos derechos humanos (sólo los de su propia tropa) a gritar preventivamente en contra, usando los medios de prensa adictos. Espero, contra toda experiencia previa, que esta vez, ante una crisis sin precedentes, los asesinos togados de Comodoro Py entiendan razones y les concedan la detención domiciliaria.

Dicho esto, la realidad me obliga a referirme a quien tanto se mofa de los argentinos en general: Cristina Elisabeth Fernández. Preocupados por la pandemia, nos pasó totalmente desapercibido un movimiento crucial que ejecutó para hacerse del poder en uno de los aspectos más críticos de nuestra economía, el mismo que tantas ganancias produjo al conjunto de gangsters que organizó su marido muerto y cuya jefatura ejerce y que, bajo la conducción de esos delincuentes, produjo la mayor catástrofe en nuestra historia reciente: la energía.

Para justificar esta afirmación basta con recordar que, con Néstor Kirchner y su compulsión a robar, la Argentina perdió el autoabastecimiento energético y fue condenada a importar electricidad y gas licuado. Por ese sumidero se fueron las divisas y llegaron la inflación y la crisis, a la cual la confiscación de YPF, ejecutada con la complicidad de Repsol (¡teléfono para Axel Kiciloff, que tan alegremente le pagó!), contribuyó enormemente.

El martes, y por sendos decretos presidenciales, fueron intervenidos los entes nacionales de regulación eléctrica (ENRE) y del gas (ENARGAS), cuyos administradores, designados por concurso, fueron reemplazados por Federico Basualdo y Federico Bernal, dos asesores vinculados estrechamente al Instituto Patria, esa colmena en que reina nuestra propia viuda negra. Antes, lo había hecho con Yacimientos Carboníferos Río Turbio (Anímal Fernández) y con ENARSA (Andrés Cirnigliano), la empresa responsable de la importación de gas y de la construcción de las faraónicas e innecesarias represas de Condor Cliff y La Barrancosa, en la Provincia de Santa Cruz. Con ellos, y el actual congelamiento de tarifas, a corto plazo repetiremos la historia de escasez, cortes y despilfarro que vivimos durante todo el kirchnerismo y, conociendo el paño, volveremos al saqueo general.

Pero lo más grave, si se quiere, es la conducta personal de Cristina. Otra vez, tal como cuando durante su presidencia y se produjeron hechos luctuosos –el incendio de Cromagnon, las inundaciones de La Plata (espero que no vuelva a bailar en Plaza de Mayo) y el choque del tren en Once, los dos últimos causados por el devastador latrocinio de la banda delictiva que comanda- en plena crisis hizo mutis por el foro y se fue a Cuba, desde donde anunció su regreso para mañana, acompañada ahora por su hija, prófuga durante más de un año de la Justicia. Una vez más, esta jefa espiritual de la horda de pobres cultivados por su irracional populismo, se mofa de sus idiotas seguidores, sin que ello parezca afectar la devoción que le profesan.

Bs.As., 21 Mar 20

viernes, 13 de marzo de 2020

¡Qué preguntas, che!





¡Qué preguntas, che!


“Nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se
 vengan de los crímenes que ellos mismos han cometido”
 Sandor Marai

El sábado próximo, en coincidencia con la llegada del otoño, el romántico y simbiótico dúo Fernández² culminará los cien días de luna de miel iniciática. También terminarán, por inconducentes, todas las discusiones acerca de quién manda, efectivamente, en nuestro país; me parece, entonces, que amerita preguntarnos qué sucedería si Cristina o Alberto desaparecieran, bruscamente, de la escena política, ya que son los directos responsables de todos los conflictos que nos atraviesan.

Alberto, que cambió de ropaje y de principios (es un reputado groucho-marxista) infinidad de veces en su vida, confirmó sin ambages que “somos lo mismo”; por un breve lapso, intentó vendernos un albertismo bien comportado, pero esa campaña abortó rápidamente al ser cruzada por la tropa del Instituto Patria y su propio gabinete de ministros.

En las últimas semanas, de acuerdo con su consorte, obligado a hacer populismo sin dinero y golpeado por huracanes de dimensiones globales (baja del precio del petróleo y los mercados, pandemia de coronavirus y crisis de la deuda), ha generado insolubles e inoportunas rupturas con el campo, con las empresas de la economía del conocimiento, con las estructuras del Estado en las cuales ha nombrado a connotados delincuentes, con las fuerzas armadas y de seguridad, con la Ciudad de Buenos Aires, con la prensa libre y el periodismo de investigación, con la Justicia y el Ministerio Público y con los católicos y los evangelistas (¿de qué se disfrazará ahora SS Francisco, que tanto hizo por el triunfo de esta pareja?).

Ha ninguneado al 40,8% que no los votó, que se resiste a la renovada impunidad de la corrupción y que cada día se enoja más con la entrega total de los organismos de control –en especial, aquéllos con injerencia en las causas judiciales- a los principales saqueadores y con la forma en que pretende educar a nuestros hijos y destruir nuestro idioma.

Pero es Cristina quien está dispuesta inmolar al país en su siniestro altar de venganza. Es ella quien odia al campo sin matices, desde que perdió en 2008 la votación por la Resolución 125 y prefiere llevarnos al suicidio colectivo sin alimentos y sin dólares. Es ella quien ha ordenado poner en marcha esos conflictos simultáneos que, sin duda, llevarán a un enfrentamiento social de inimaginables consecuencias, algunas de las cuales –por ejemplo, si el payaso de Juan Gabrois realmente intentara hacer “desaparecer” a los  productores agropecuarios- serán violentísimas.

Es Cristina quien importó el lawfare, desarma a las fuerzas de seguridad e impone las políticas garantistas para los criminales. Es ella quien ordena a Axel Kiciloff ignorar a los intendentes. Es ella quien selecciona a los funcionarios de mayor nivel, incluyendo a los embajadores en países claves para nuestra inserción global. Es ella quien echa leña al fuego de la relación con el FMI mientras Martín Guzmán hace peligroso equilibrio con los bonistas.

Es Cristina quien persigue a los gobernadores de Cambiemos y ejecuta cualquier zafarrancho para liberar a Milagro Salas. Es ella quien otorga asilo a Evo Morales e invita a Rafael Correa, Miguel Díaz-Canel e importantes representantes de Nicolás Maduro a los fastos oficiales. Es ella quien, escudada en la falaz enfermedad de su hija, coordina en Cuba con las cúpulas castro-chavistas la nueva revolución marxista en América Latina. Es ella quien ordena dinamitar todos los puentes con Uruguay, Brasil, Bolivia, Chile y, por supuesto, Estados Unidos.

Pero todo eso es consensuado y ejecutado por Alberto, un pusilánime fusible acomodaticio, un mero muñeco a través del cual habla la ventrílocua, que no vacila en contradecirse permanentemente (¡qué novedad!), se trate de la declamada alianza estratégica con el campo, de las retenciones a las exportaciones, de las tarifas de servicios públicos y del transporte, de los aumentos de las jubilaciones, de su “gobierno de científicos” del respaldo a los oficiales de las fuerzas armadas, de las paritarias “sin techo”, de la emisión monetaria o de la inflación, y de las heladeras llenas.

Si Cristina no estuviera en el puente de mando, ¿continuaría Alberto solo estas batallas?, ¿le perdonarían una defección a la “doctrina” los fieles escuderos de la viuda? Hay una peor alternativa: ¿y si fuera Alberto quien abandonara el comando formal?, ¿a qué desatados extremos nos conduciría esta psicótica mujer?, ¿intentaría, por ejemplo, crear milicias armadas al estilo chavista?, ¿pretendería implementar una suicida reforma agraria?, ¿qué nuevos acuerdos secretos firmaría con Venezuela, Irán, Rusia y China?

Como queda claro y salga pato o gallareta, los argentinos veremos -y permitiremos- como nuestro país continúa despeñándose hacia ese infierno en que están las civilizaciones y las naciones que han dejado de existir.

Bs.As., 14 Mar 20

viernes, 6 de marzo de 2020

Un horror infinito




Un horror infinito
Por Enrique Guillermo Avogadro


“Los hombres y las naciones fracasan por las
 mismas fuerzas que los elevan”.
 Hilaire Bellocq


Los primeros cien días del gobierno de Fernández² han producido en ambas márgenes de la brecha una sensación de estupor, producto del ya innegable triunfo del cristinismo más duro. Los demoledores golpes propinados a la institucionalidad aterran a un lado, y el innegable fracaso de sus políticas económicas frente a las delirantes promesas electorales en la campaña que los llevó al triunfo, desesperan al otro.

La tentativa de intervenir el Poder Judicial jujeño para liberar a la más emblemática delincuente, Milagro Salas, va en ese sentido, pero el martes 10, a las 18:00, se realizará una manifestación ante el Congreso para gritarle al kirchnerismo: ¡No pasarán!; es inexcusable su presencia, porque nos estamos jugando el país del futuro, la herencia de nuestros hijos. Con ello, daremos inicio a una generalizada resistencia civil y pacífica ante los avances destructivos de estos crápulas contra la República.

Las renuncias habidas en los tribunales confirmaron los tristes pronósticos en ese sentido, y la repulsiva liberación de Julio de Vido y Roberto Baratta anticipa el futuro de Amado Boudou, Milagro Salas, Ricardo Jaime y Luis D’Elía. La otra pinza para limitar los riesgos ya está construida, con la transferencia del Programa de Protección de Testigos a la esfera de la Secretaría de Justicia, o sea, con la entrega del control de la seguridad de los arrepentidos a los denunciados por aquéllos.

El regreso de lo peor de los años robados al poder, con la ya innegable sumisión del Presidente a los siniestros designios de la araña que reina en el Instituto Patria, queda expuesto por la reedición de la guerra gaucha (incentivada por sus lenguaraces, Oscar Parrilli y Juan Grabois), por las renacidas tensiones diplomáticas con Uruguay y Brasil, los avances permanentes contra la prensa libre, la humillación del Ejército y la batalla contra la Justicia en la imparable carrera por la impunidad.  

Mientras tanto, esos ciudadanos de décima clase, los militares detenidos preventivamente desde hace más de una década contemplan resignados como personajes condenados por robar y matar (como sucedió con el crimen de Once), mucho más jóvenes y con inexistentes dolencias físicas, son liberados sobre la base de presuntas razones humanitarias que, para ellos, nunca son suficientes.

Agreguemos a ese maloliente preparado la iniciativa de senadoras del oficialismo de evitar la investigación judicial de los hechos de corrupción cuando estos hubieran sido ventilados antes en la prensa, y tendremos un notable anticipo de cómo será el país con el que sueñan.

El campo ha decidido ir al paro a partir del lunes, y no comercializará carnes ni granos, porque la presión impositiva dispuesta por Alberto ya es, lisa y llanamente, confiscatoria. Mientras eso sucede, la clase política se niega colaborar con la pregonada “solidaridad” y a ajustar, aunque sea mínimamente, su inmenso y descontrolado gasto.

Más allá de la degradación moral que produce en toda sociedad la demostración de la impunidad de los saqueadores y la inexistencia de instituciones, todo este panorama trae aparejada una consecuencia dramática para el futuro: la definitiva imposibilidad del arribo de inversiones productivas a la Argentina.

Para que quede claro, pregúntese usted mismo: ¿pondré dinero en un país en el que la Justicia no es independiente ni seria y la corrupción no se combate?, ¿donde un sinnúmero de funcionarios del primer escalón del Estado se encuentran procesados por defraudación a la administración pública?, ¿donde hasta la Vicepresidente está múltiples veces imputada por la comisión de infinitos delitos?, ¿donde la Constitución no se respeta y el Poder Legislativo cede sus facultades al Ejecutivo, inclusive en materias vedadas, como los impuestos?

¿Iré con mis dólares a un lugar del cual no podré sacarlos ni llevarme mis ganancias genuinas?, ¿por qué elegir un país tan dramáticamente controlado por los funcionarios de turno, a quienes deberé pedir autorización para todo acto comercial?, ¿cómo se trabaja en una economía que tiene una de las inflaciones más grandes del mundo y siempre hay alguien que me dirá con qué cotización del dólar –de las muchas que se operan en el mercado- deberé hacer mis cálculos de rentabilidad?, ¿por qué ser parte de una sociedad que execra a los triunfadores y premia a los vagos?, ¿quién decidirá a qué precio deberé vender mis productos?, habiendo tantas opciones, ¿para qué ingresar en un sistema impositivo totalmente confiscatorio en nombre de una falsa “solidaridad”?, ¿donde si exporto seré castigado con retenciones de todo tipo?

La respuesta obviamente negativa a todos esos interrogantes hace, por ejemplo, que la mayor bendición de la naturaleza (Vaca Muerta) esté al borde de transformarse en una nueva y gigantesca frustración. La razón de es simple: cuando se descubrió el gigantesco yacimiento, sólo había uno similar en el mundo; hoy, tantos años después, se explotan casi otros veinte, uno de los cuales –Texas- ha transformado a los Estados Unidos en autosuficientes en petróleo, alterando todo su posicionamiento geopolítico.

Con la caída en los precios internacionales y las tarifas locales congeladas por decisiones populistas que nos condenarán a reeditar la situación de dependencia que vivimos en la extendida década robada, Vaca Muerta se encuentra casi paralizada. Mientras tanto, los notorios avances en materia de combustibles no fósiles convertirán a corto plazo al petróleo en cosa del pasado y en humo a esa ensoñación argentina.

Bs.As., 7 Mar 20

viernes, 28 de febrero de 2020

“O llevarás luto por mí”




“O llevarás luto por mí”[i]
Por Enrique Guillermo Avogadro


“Los indicadores no caminan en la dirección que señalan. … 
La señal indicadora no es responsable de nuestra decisión”. 
John le Carré

Cronológicamente, el miércoles terminó el carnaval; sin embargo, en esta curiosa Argentina que nos toca vivir, la murga K sigue con los saltos violentos y los agresivos bailes que están convirtiendo a nuestra pobre República, ya tan deteriorada, en cenizas. Lo hace buscando la indemnidad de su jefa, que confiesa su pretensión de ser absuelta por la historia.

Uno de episodios más recientes fue la derogación del decreto referido a los testigos protegidos, algunos de los cuales son los arrepentidos en las causas de corrupción que afectan tanto a la Vicepresidente, y la transferencia del programa al Ministerio de Justicia, cuyo segundo, Juan Martín Mena, es uno de los imputados: pusieron a los ladrones a cuidar a quienes los denunciaron; a partir de ahora, no habrá involucrados en el latrocinio público que confiesen sus crímenes y delaten a sus cómplices.

El otro, más grave aún, es el proyecto ley de modificación del régimen jubilatorio de los jueces y fiscales, que fue malparido con forceps y escándalo en Diputados, con un quórum alcanzado con la presencia de Daniel Scioli, que agregó así a su frondoso prontuario la cucarda de “diputrucho”. El objetivo del adefesio es producir –como han confirmado quienes ya renunciaron- la inmediata generación de 400 nuevas vacantes que intentará llenar el kirchnerismo, que tampoco dudó en retirar los 180 pliegos enviados al Senado por Mauricio Macri para cubrir algunas de las ya existentes.

En un país como el nuestro, en el cual uno se entera si es rico o pobre por el diario del día siguiente, resulta injusto calificar de egoísta y cobarde la conducta de quienes, privilegiando su interés personal, se acojan al actual sistema pero, sin duda, corresponde elogiar a los que están dispuestos a continuar desempeñando su alta función en defensa de la República y la Justicia, aún cuando sepan que su situación se verá seriamente deteriorada cuando accedan a la jubilación; me refiero, en particular, a los camaristas federales Martín Irurzun y Leopoldo Bruglia. ¡Aplausos para ambos!

La preeminencia de Cristina sobre el groucho-marxista Alberto, pese a los denodados esfuerzos de éste por negarla, lo hace caer en permanentes contradicciones con sus propios dichos que obran en Youtube y recular en chancletas frente al anuncio de los futuros aumentos de transporte, combustibles y tarifas energéticas, dejando así pagando a su Jefe de Gabinete; mientras, sus afirmaciones acerca de los políticos presos son controvertidas públicamente por varios de sus ministros.

El Presidente, al que deseamos un más que improbable éxito en su gestión, dijo algo tan obvio como que todos los oficiales de las fuerzas armadas actuales nada tienen en común, por su edad, con aquéllos que se desempeñaron durante el gobierno militar de 1976/83 y sugirió que los argentinos debiéramos dar vuelta a esa página de nuestra historia. Nora Cortiñas, integrante de Madres de Plaza de Mayo, lo acusó de “negacionista” y, rápidamente, Alberto confirmó su condición de pusilánime cuando pidió ridículas disculpas y alegó haber sido malinterpretado.

Esa característica preanuncia quién resultará vencedor de la puja por el poder ya que, como se ha visto en estos ochenta días, la Vicepresidente no se limita a marcar la cancha sino que obliga a su socio político a respetar sus decisiones más disparatadas; ese “albertismo”, que algunos creímos ver nacer el 10 de diciembre, resultó en un aborto prematuro.

Así, no sólo los opositores sino hasta quienes votaron esta fórmula pegoteada pero ya se han desilusionado con las promesas de campaña u observan con repugnancia la renuncia a sus reclamos sindicales por parte de los hipócritas dirigentes gremiales, deberemos salir a la calle masivamente para poner un freno cívico a este disparate que pretende convertir a la Argentina en una infeliz réplica de los catastróficos experimentos castrochavistas, que tan demoledores han resultado para sus pueblos.

No se trata de refundar el “club del helicóptero”, tan caro al peronismo cuando está en el llano, sino de decir ¡Basta, hasta aquí llegamos! y, democráticamente resistir los nuevos avances que, sin duda, llegarán. Porque han aprendido de los nazis la forma de triunfar, aún cuando no tengan la mayoría del electorado, como tan bien explicara José Enrique Miguens en un artículo que cité hace poco.

Tampoco pretendo que se repitan aquí los vandálicas jornadas que está viviendo Chile, pero debemos tener claro que se producen porque su Presidente y el Gobierno han dejado solo al Cuerpo de Carabineros, algo similar a lo que ya ha sucedido aquí de la mano garantista de Sabina Frederic, nuestra Ministro de Seguridad. No sólo ha desarmado y desprotegido a las fuerzas policiales sino que se inclina, en todos los casos, por defender los presuntos derechos de los criminales.

La ciudadanía ya lo ha entendido, y de allí la proliferación de marchas que claman contra la renacida inseguridad cotidiana. Los narcotraficantes expanden sus negocios protegidos por la política desde las más altas esferas, y sus sicarios siembran de cadáveres nuestras ciudades, como bien saben los intendentes de los diferentes conurbanos, que reciben diariamente las protestas.

Estamos transitando momentos cruciales para nuestro futuro, ya que se están llevando puesta a la República una vez más y, con todas nuestras fuerzas, debemos evitar que la única salida para nuestros hijos y nietos sea Ezeiza, como sucede en la trágica Venezuela, que ha visto partir a lo mejor de sus nuevas generaciones. ¿Estaremos a la altura de los acontecimientos o seguiremos en esta cobarde apatía y llevaremos definitivo luto por la Argentina que soñamos? En marzo deberemos despejar esa incógnita.

Bs.As., 29 Feb 20



[i] Título de la novela de Dominique Lapierre y Larry Collins que, en 1967, contó la historia del torero Manuel Benítez, “El Cordobés”

viernes, 21 de febrero de 2020

La carga de la Brigada K




La carga de la Brigada K


“Con motivos virtuosos, dejándose llevar por la inercia y la
 timidez, no se puede combatir la maldad armada y decidida”.
 Winston Churchill

Ignoro que pasa hoy por la cabeza de nuestra sociedad, pero debo confesar que me asombra su cobarde pasividad frente a la velocidad con que la caballería del kirchnerismo se está moviendo en el campo de batalla de la política argentina, protegido en sus flancos por los buenos modales de Alberto Fernández, que no duda en volver al redil cada vez que su Vicepresidente lo llama al orden, sea aquí o desde Cuba y se trate de deuda externa, de tarifas de los servicios públicos o de la inventada lawfare.

Conociendo, como todos, el doble discurso que caracteriza al Presidente, nunca sabremos si, cuando respalda los exabruptos de su jefa espiritual, lo hace por convicción o por conveniencia, pero ese aspecto carece de importancia ya que él nos dijo que son “lo mismo”.

Un mero listado de las acciones bélicas que este curioso matrimonio político ha realizado en los 74 días que lleva en la Casa Rosada –sin sumar siquiera las propias barrabasadas de Axel Kiciloff desde su trono en La Plata- permite ver con claridad meridiana el rumbo que está imponiendo esta banda de delincuentes al destino de la República, un rumbo que es ratificado y expuesto pública y diariamente por sus principales voceros.

A eso me refiero cuando digo que estoy asombrado por la pasividad ciudadana: no ocultan, ni pretenden hacerlo, su designio de imponer en la Argentina el chavismo, tanto para lograr la impunidad por el saqueo gigantesco que realizaron cuanto por venganza ante un mundo que, todos los días, se ríe de nosotros por haber permitido que volviera al poder la asociación ilícita que organizó y encabeza Cristina Fernández.

Porque con ella, educada a estos fines en Cuba, regresó a la administración pública lo peor de la infame cohorte de cafres y malvivientes que la acompañó durante su período presidencial, y a ellos se los puso al frente de los organismos de control, de las cajas susceptibles de ser robadas, de los puestos claves para garantizar la consecución de sus siniestros propósitos de indemnidad y represalia.

Sus primeros movimientos al respecto fueron desarmar y desarticular a las fuerzas de seguridad, lo cual ha traído aparejado un sideral aumento del delito; ésta, la inseguridad cotidiana que padecemos, se transformará en la piedra más molesta en los zapatos de los Fernández², porque ya se encuentra al tope de las preocupaciones de la sociedad. Al haber sido disueltos los organismos especializados de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y la Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico nacional, los mercaderes de drogas consideran a nuestro país zona liberada y cuentan con la complicidad paga de los gangsters y de su comandante.

En las manos de los cómplices del despojo kirchnerista ya están los ministerios de Seguridad, de Agricultura y de Defensa, la AFIP con la DGI y la Aduana, la AFI, la OA, la OIA, la Procuración del Tesoro, la ANSES y el INADI, así como numerosas embajadas claves ocupadas por sus más notorios esbirros, muchos con frondosos prontuarios. Ahora se prepara para lograr la Procuración General para Daniel Rafecas y, con el movimiento de pinzas que significa el cambio de régimen jubilatorio para jueces y fiscales, que provocará la renuncia de numerosos magistrados, por un lado, y el retiro de los pliegos enviados al Senado por la administración macrista, por el otro, cubrirá cientos de vacantes en los fueros claves para moldear a su antojo el Poder Judicial, en especial el que sienta sus reales en Comodoro Py. La sonrisa triunfal de Máximo Kirchner en todas sus apariciones no debería dejar de preocuparnos, más allá de la irritación que provoca.

El ataque comenzará por el crucial Juzgado Federal Nº 1 de La Plata, con funciones electorales en toda la Provincia, a cuyo frente pretende colocar al actual Juez Federal de Dolores, el cuestionado Alejo Ramos Padilla. Y luego cargará contra los jueces y camaristas que tanto han atormentado a la Vicepresidente, sus hijos y sus cómplices y testaferros al ventilar, en audiencias públicas, las pruebas de sus infames delitos.

Avanzará, en pos de la misma impunidad que busca para su numen, contra las detenciones que afectan a los ya condenados por la Justicia, cuyo principal exponente parece ser Milagro Salas, con intenciones tales como la intervención federal al Poder Judicial jujeño o el insólito proyecto de ley que procura impedir el juzgamiento de aquellos funcionarios públicos que hubieran sido investigados previamente por el periodismo.

Los regimientos de militantes K operan todos los días pero encubiertamente, como arteras guerrillas, sobre la educación y la cultura, buscando destruir desde el idioma hasta la familia, como sugería Antonio Gramsci, ya que ambos son los pilares de la identidad de toda sociedad, capaces de resistir el embate político de sus enemigos. Mientras, los medios masivos de prensa esconden tras el altar del rating los graves problemas que nos aquejan e impiden que la ciudadanía tome conciencia del rumbo que nos lleva, sin escalas, a los tan exitosos paraísos venezolanos y cubanos. Si no reaccionamos ya mismo, cuando queramos acordarnos será tarde.

Bs.As., 22 Feb 20