viernes, 2 de diciembre de 2022

La República de sombrero

 


La República de sombrero

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 866)

 

“Es habitual que los ciudadanos de las democracias liberales modernas –un gran número de

 los cuales ejerce el privilegio de la libertad para preocuparse más por la suerte de un equipo

 deportivo que por la política- queden impresionados por los fanáticos de otras culturas”.

 Max Hastings

 

Nuestra “emperatriz hotelera” está dispuesta a destruir lo que queda del país para buscar una ya imposible impunidad. El camino hacia el martes próximo, día elegido por el Tribunal Oral para dictar la sentencia en la causa Vialidad, que tendrá sólo consecuencias simbólicas por años hasta quedar firme, estuvo sembrado de obstáculos que puso el kirchnerismo para impedirla; hasta ahora, la República consiguió removerlos.

 

Las maniobras que intentó para evitar el principio de un fin tan amargo –seguirán otros fallos adversos para Cristina Fernández, sus hijos y sus cómplices de todo tipo- comenzaron en su propia gestión e incluyeron la modificación de la integración del Consejo de la Magistratura (el organismo que escoge y destituye a los jueces y administra el presupuesto del Poder Judicial), la presión a los magistrados para que se jubilaran y dejaran vacantes susceptibles de ser llenadas con militantes, las falsas denuncias contra todos los considerados enemigos de su santa causa, la tentativa de “democratizar” la Justicia, los inmundos ataques a la Corte Suprema, al Procurador y a jueces y fiscales y la persecución a los medios de prensa, pero todas ellas fracasaron.

 

El jueves, en la Cámara de Diputados y en medio de un escándalo, se frustró la renovación del mandato de la Presidente, Cecilia Moreau, por su maniobra de respaldar tanto el golpe de Estado que la emperatriz hotelera encabeza contra el Poder Judicial como su maniobra para paralizar ese Consejo, y quedó demostrada la enorme debilidad legislativa y política que afecta al Frente para Todos, que ha perdido hasta el apoyo de los diputados de la izquierda trotskista.

 

Con el provocador lema “Si la tocan a Cristina …”, ya se pararon de manos ATE Capital, los camioneros de Pablo Moyano y los “¿Miles?” de Luis D’Elía quienes, con su habitual lenguaje extorsivo, amenazan con paralizar la administración del Estado y con cortar todas las rutas del país; también anticiparon que resistirán, a como dé lugar, una victoria opositora en las próximas elecciones. La pregunta de oro debiera ser cómo reaccionará esta vez una sociedad tan apática, que sólo se distrae mirando hacia Qatar, para rechazar estas invasiones bárbaras que prometen asolar Roma.

 

Nada hicimos cuando los salvajes energúmenos apedrearon a la Policía de la Ciudad mientras se discutía en el Congreso una reforma previsional que, como está a la vista, hubiera beneficiado a tantos jubilados, o cuando acampan en avenidas impidiéndonos circular; ¿toleraremos pacíficamente que nuevamente agredan a la democracia e intenten arrasar con Comodoro Py?, ¿de qué fuerzas reales dispone el Estado para asegurar la paz?, ¿querrá utilizarlas o será cómplice de estos fanáticos enloquecidos, como sucedió recientemente en el sur con los terroristas pseudo-mapuches?

 

La situación se aproxima a un desenlace que promete ser violento; la proximidad de las fiestas de fin de año, que ponen en primer plano las necesidades más elementales de individuos y familias, en un marco de pobreza y miseria generalizadas, de creciente inseguridad, de inflación al 100%, de una inminente recesión, de corrupción rampante (subsidios, vacunas, sobreprecios y nuevos aviones), de indignación y descontento generalizados, tienden a reforzar esa promesa.

 

La PresidenteVice ha jugado a ser oposición al gobierno que inventó e integra; nadie describió mejor ese rol esquizofrénico que Jorge Liotti cuando escribió: “Cristina Kirchner elogia en público y en privado a Massa, porque necesita que siga sosteniendo la gestión de un gobierno con el que es muy crítica”.  Pero otro ingrediente de la insalubre sopa es la salud de Alberto Fernández, que podría obligarlo a renunciar o pedir licencia; la Constitución dice que ella debería asumir en su lugar y, junta, la responsabilidad de timonear este Titanic que se está hundiendo.

 

Si se planteara esa situación, deberá elegir entre aceptar o renunciar a su vez, dejando la brasa candente en manos de la Senadora Claudia Ledesma Abdala de Zamora (o, sucesivamente, la Diputada Cecilia Moreau y el Presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti), que debería convocar a la Asamblea Legislativa para designar a quien deba completar el período. ¿Intentará la “abogada exitosa” recurrir a sus propios “jóvenes idealistas” para derrotar a la Justicia o utilizará nuevamente como excusa la salud de su hija para huir a Cuba? Tal vez haya sido tema de la reunión que mantuvo recientemente en su despacho del Senado con el ex Presidente de Ecuador, Rafael Correa, convicto, prófugo y refugiado en Bélgica.

 

Otra posibilidad, no descartable ab initio, es que el kircherismo proponga a la oposición adelantar el calendario electoral. No lo creo pero, si se diera, puede que Juntos por el Cambio lo acepte, aunque sólo fuera para evitar que continúe deteriorándose la desastrosa situación socio-económica del país y se incremente el peso de la herencia que –supone- recibirá.

 

Como se ve, la realidad jamás da respiro en esta enloquecida Argentina, un país siempre al borde de un abismo aún más terrible que la absoluta decadencia que emprendió con vocación suicida hace tantas décadas. Reitero mi consejo de rezar pero, también, de comprar cascos y chalecos antibalas, porque resultarán indispensables a muy corto plazo.

 

Bs.As., 3 Dic 22

viernes, 25 de noviembre de 2022

¡País al agua!

 


¡País al agua!

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 865)

 

“El verdadero soldado no lucha porque odia lo que tiene

 por delante, sino porque ama lo que tiene por detrás”.

 Gilbert K. Chesterton

 

 

La Argentina ya se cayó del buque en que un mundo, tan golpeado por las consecuencias de la criminal invasión rusa a Ucrania, pide desesperadamente aquellas cosas que podríamos vender si tuviéramos libertad para comerciar y competir y, por supuesto, las inversiones necesarias: alimentos, petróleo, gas, agua potable, minerales, tecnología agroindustrial, capacidad informática, etc.. Es imposible que esos capitales aterricen en este país enloquecido y suicida, que carece de seguridad jurídica, o sea, no pasará hasta que recuperemos la confianza perdida.

 

En un escenario global de exceso de dinero, quienes podrían venir observan, con indisimulado horror, las incongruencias que significan 50% de pobreza y 10% de miseria, economía con una informalidad de 50%, inflación de 100% anual y creciente, quince tipos de cambio diferentes, proliferación de cepos y prohibiciones, corrupción rampante y desmadrada, trabas a las importaciones esenciales, imposibilidad de remisión de ganancias, insólitas protecciones sectoriales para evitar la competencia, desprecio por la propiedad privada, demenciales sistemas impositivo y laboral, educación pública destruida, expansión geométrica del narcotráfico y la inseguridad, extensión de la violencia sindical extorsiva, multiplicación de planes sociales y, actualmente, la insólita conversión de Cristina Fernández en jefa de la oposición a su propio Gobierno y el golpe de Estado que está ejecutando, desde el Senado, contra la Corte Suprema de Justicia.

 

Mauricio Macri creyó que bastaba con sus racionales pero tibias políticas de sinceramiento para generar una lluvia de esenciales inversiones, olvidando que la confianza es de cristal y, cuando se rompe, su reconstrucción exige mucho tiempo y mucha perseverancia. En especial porque los dueños del capital, que conocen nuestra historia mejor que nosotros, recuerdan nuestra fama de defaulteadores seriales, que fuimos capaces de falsificar las estadísticas públicas y romper arbitrariamente contratos y concesiones, y que nuestro Congreso deroga sus propias leyes cuando el poder político así lo requiere. Quien se quema con leche, ve una vaca y llora, y llevan años quemándose con nosotros.

 

El oficialismo, atónito, se muestra incapaz de metabolizar una situación inédita en sus gestiones anteriores: el viento ha borneado y sopla decididamente en contra. La sequía mermará cosechas y recaudaciones por retenciones, la bola de nieve de las Leliqs y otros bonos ha crecido tanto que peligra su refinanciación aún a tasas siderales y lo obligará a seguir emitiendo para cubrir todo aquello que no capte del mercado, el loteo de ministerios y áreas de decisión paraliza la gestión, los precios internacionales de la energía que deberá comprar siguen elevados, la falta de dólares no le permite abrir la importación de insumos esenciales, carece de acceso a los mercados externos de deuda, crece la percepción de una fuerte recesión, el empleo privado no crece y los jóvenes lo abandonan. Qatar no se trasformó en el somnífero social que muchos imaginaban y, aunque la selección nacional pudiera llegar a la final, su efecto no durará lo suficiente para paliar tantas necesidades angustiantes.

 

Sergio Aceitoso Massa sigue haciendo equilibrio, utilizando la imparable inflación como piedra de honda contra el Goliat del gasto público. Pero está claro que la emperatriz hotelera, aún aterrada ante la probabilidad de verse obligada a asumir en directo la Presidencia y tomar el timón simbólico de este desastre, no se resignará a poner en riesgo su principal bastión electoral y futuro refugio para atravesar el desierto,  obligándolo a abrir aún más la bolsa para financiar a la Provincia de Buenos Aires y permitirle a Axel Kiciloff continuar designando a miles de militantes y parásitos. Además, ella evita que sus quintas y cajas privadas dentro de la Administración (PAMI, ANSES, Aerolíneas, AySA, YPF, Hidrovía, etc.) vean recortados sus ingentes recursos.

 

Es cierto que tampoco contribuye a enviar señales tranquilizadoras una oposición que sigue exhibiendo impunemente sus bastardas disputas, sus injustificables festejos y viajes, y sus “sensualismos de camastro”, como diría Leopoldo Lugones. La ausencia de un público compromiso de los partidos que integran Juntos por el Cambio de respetar a rajatabla un programa de gobierno común, convirtiéndolo en vinculante y obligatorio para la fórmula que surja de las PASO (si es que el cristi-camporismo no consigue doblar el brazo a Alberto Fernández, que sabe que suspenderlas significará el definitivo certificado de defunción de su gestión), se está transformando en un duro pasivo. Mucho tiene que ver esa falencia, que permite suponer que la coalición ya se siente –estúpidamente, por cierto- triunfadora en las próximas elecciones, en el renovado crecimiento de la intención de voto de Javier Milei y su proyecto anarco-capitalista.

 

Aún estamos a tiempo de evitar ahogarnos y morir en ese proceloso mar de problemas e inconsistencias, con los cuales hemos convivido hace ya demasiadas décadas, y con todas las resistencias y hasta probablemente violentas manifestaciones, tanto en el terreno social cuanto económico, que deberá enfrentar quien se atreva a marcar el camino de esa redención común. Deberá tocar muchos intereses: empresarios acostumbrados a tener ventajas y cotos de caza exclusivos, sindicalistas eternizados y enriquecidos, fanáticos kirchneristas, narcotraficantes protegidos por el poder, policías, jueces y fiscales cómplices del crimen y, por supuesto, de los millones de empobrecidas víctimas de este populismo mafioso.

 

Pero necesitamos tomar colectiva consciencia de ese fenomenal y angustioso inventario y convencernos todos de la urgencia de nadar hacia una aún muy lejana orilla de simple normalidad. El esfuerzo que deberemos realizar es inconmensurable, y las correcciones necesarias insumirán varios períodos presidenciales consecutivos, pero vale la pena emprenderlo y mantener el rumbo contra viento y marea. La Argentina misma está en juego y, hasta ahora, vamos perdiendo por goleada.

 

Bs.As., 26 Nov 22

viernes, 18 de noviembre de 2022

Sutil confesión

 


Sutil confesión

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 864)

 

"No temas ni a la prisión, ni a la pobreza, ni a la muerte. Teme al miedo”

Giacomo Leopardi

 

El paupérrimo, inconexo y sesgado discurso que Cristina Fernández descerrajó contra la sociedad el jueves al anochecer, merece integrar la antología mundial de la hipocresía y dejó, muy a pesar de la voluntad de la disertante, algunas claras certezas: siente pavor y, como consecuencia, una enorme debilidad electoral, que afecta en su personal situación penal. Para darle la razón, hasta un insignificante Anímal Fernández, su Ministro de Seguridad, se atrevió a retrucar ayer sus dichos sobre la Gendarmería.

 

La escasa concurrencia (el estadio tiene capacidad para 48.000 personas, y se veían claros en las tribunas) al acto en La Plata confirmó que ya no atrae a los más jóvenes, que no vivieron los años de bonanza que permitieron que Néstor y a ella misma hacer populismo con mucho dinero, y que hoy deben subsistir en un universo infinito de exclusión, miseria, drogadicción, falta de educación y carencia de futuro. Resultaron patéticas sus tentativas de identificarse con los hambreados jubilados –ella, que cobra 3 millones de pesos por mes- o con los habitantes del Conurbano, abandonados a la inseguridad por obra de sus Axel Kiciloff y Sergio Berni.

 

Utilizando un disfraz peronista, el “movimiento” al que –hay pruebas en las redes sociales- despreció toda su vida, hasta el extremo de insultar a su fundador, buscó insuflar en los grandes ex-machos-alfa territoriales la necesidad de unirse a su bandera para conservar el poder; pero éstos, que ya huelen el perfume de las calas y tienen una gran experiencia, están separando los comicios locales de las elecciones nacionales para evitar que ella los arrastre a la profunda sima que se abrirá a sus pies.

 

Como era dable esperar, nuevamente arremetió contra la Justicia –el “partido judicial”- de la que siente el aliento en la nuca e insistió con la necesidad de su “democratización”, que no logró concretar en su apogeo y, otra vez, mientras acusaba a Juntos por el Cambio de estar detrás del supuesto atentado contra su vida que actuó una triste pandilla de marginales, convocó a un “acuerdo” para erradicar la violencia política y defender las instituciones. Pero no mencionó siquiera al golpe de Estado que organizó y ordenó ejecutar a su bastarda tropa de senadores contra el Poder Judicial al desobedecer un fallo de la Corte Suprema, a contramano de lo que ordenan la Constitución y el Código Penal; todos, tarde o temprano, deberán responder por ello puesto que se trata de delitos imprescriptibles.

 

 Una vez más, y rodeada por funcionarios y legisladores oficialistas, buscó disfrazarse de jefa de la oposición a un gobierno que ella misma inventó y que la tiene nada menos que como Vicepresidente; pero, si un incidente de salud como el que lo afectó esta semana incapacitara a Alberto Fernández, se vería obligada a ejercer la primera magistratura e intentar comandar este muy escorado Titanic en el último y pavoroso año de su singladura. De darse esa situación, la llevaría a un todavía más estrepitoso fracaso en las urnas y, con ello, al fin del kirchnerismo, porque carece de un heredero atractivo y del poder para imponerlo; por eso, sus críticas al Gobierno que integra esta vez fueron tan suaves y elípticas.

 

Contra lo que supone la mayoría, e insiste Cristina Fernández, la más peligrosa bomba al borde de estallar en sus manos no es la deuda nacional en dólares, pese a la magnitud de ésta, sino las obligaciones en pesos, que crecen a mayor ritmo que la pavorosa inflación. Como ya nadie cree que el Gobierno pueda controlarla, cada vez le resulta más difícil renovar sus vencimientos, y ello obliga al Tesoro y, por ende, al Banco Central a emitir más y más billetes, que realimentan el ciclo y pueden llevar a una hiperinflación o a reflotar un “Plan Bonex”, ahora para los bancos.

 

Los datos objetivos cuentan que la mitad de los argentinos es pobre, y el 10% mísero, que esos porcentajes crecen geométricamente cuando se trata de niños y jóvenes, que los médicos huyen de la salud pública y que la población es abandonada a su suerte, que resurgen enfermedades erradicadas, que los salarios registrados no garantizan la subsistencia y que los informales son aún peores, que la industria se está deteniendo por falta de insumos importados y se pierden puestos de trabajo genuino, que se continúa subsidiando a empresas públicas enormemente deficitarias para emplear militantes y engrosar el bolsillo de sus jefes políticos, que el narcotráfico y la violencia social son incentivados y protegidos desde el poder, que los gerentes de la pobreza roban y son cómplices, que el saqueo a las cajas del Estado se incrementa, que la educación hace agua y los chicos no aprenden siquiera a leer y comprender los textos, que las fronteras son coladores y los falsos mapuches siguen ejerciendo el terrorismo. 

 

La principal duda que recorre la mente de analistas, politólogos, sociólogos y economistas es hasta cuándo resistirá este cuerpo social, tan dañado, el gigantesco cataclismo que, día tras día, cae sobre él: a la convicción de lo escaso del tiempo del que ella dispone se debe su penosa intención de negar su total responsabilidad sobre lo que ocurre, después de los ocho años en que fue Presidente y los tres del actual mandato. Los gritos que la incitan a “volver” van, exactamente, en ese sentido y tienen ese objetivo; pero, si aún está y nunca se fue, ¿volver de dónde y para qué?

 

Argentina está al borde de la disgregación por inviabilidad. Si conseguimos ofrecer a propios y extraños seguridad jurídica, una moneda sana, la certeza de que no gastaremos más de lo que podemos, y sistemas tributarios y laborales racionales, tendremos aún la oportunidad de evitarlo.

 

Bs.As., 19 Nov 22

viernes, 11 de noviembre de 2022

Al fútbol con ovalada

 


 

Al fútbol con ovalada

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 863)

 

“Toda simulación en los actos o en los dichos representa una

 estafa al conjunto social que, honestamente, me repugna”.

 Alberto Fernández

 

Le preguntaron a un hombre cómo había sobrevivido su matrimonio durante seis décadas. Respondió que se habían dividido las esferas de decisión; él se ocupaba de lo importante mientras que ella de lo menor. “Es simple; lo mío son los conflictos mundiales, el cambio climático, la geopolítica internacional, etc.; y ella de dónde vivimos, qué hacemos con el dinero, cuántos hijos tenemos, cómo los educamos, qué comemos, etc.”.

 

El miércoles, en medio de la monumental crisis que ha generado el cuarto gobierno kirchnerista, se reunieron los ministros con la ausencia de Sergio Aceitoso Massa, responsable de la catastrófica economía. Apareció Alberto Fernández y les dedicó un discurso de diez minutos, referido exclusivamente a la paz en Ucrania y la propuesta que llevará al respecto a Emmanuel Macron, en Paris; una versión señala que tanto Vladimir Putin cuanto Volodomir Zelenski la están esperando con ansias.

 

La administración del país quedó en las impolutas manos de la jefa de la oposición, que la conducirá con mano de hierro hasta su regreso de tan esencial periplo, que incluye a la paradisíaca isla de Bali para discutir acerca del clima del planeta con la ausencia de los principales países contaminadores. Cuando vuelva el viernes 18, escuchará los ecos de la flamígera perorata que ella seguramente le habrá dedicado el día anterior por la forma en que gerencia este miserable populismo sin dinero, por su resistencia a convalidar el sacrificio de las paritarias en el altar de un bono fijo y, sobre todo, a suprimir las PASO para habilitar el “dedazo”.

 

Lo cierto es que la emperatriz hotelera ve crecer a su alrededor un bosque de rejas y, naturalmente, se desespera. Más allá de las sentencias que prometen comprometer, al menos, su libertad de movimiento por los innumerables delitos cometidos, está delineando la batalla que se convertirá, sin duda, en un monumental conflicto de poderes. De su lapicera, que sí tiene tinta, surgirá un levantamiento del Senado contra la Corte Suprema por el fallo que, condenando el ardid para robar a Juntos por el Cambio el sillón que le correspondía en el Consejo de la Magistratura, lo devolvió a Luis Juez. ¿Qué hará la Corte cuando el H° Aguantadero insista en designar a Martín Doñate, desconociendo lo resuelto?, ¿se resignará pacíficamente a ser desobedecida, como hizo en el caso del Procurador de Santa Cruz, Eduardo Sosa, que nunca fue repuesto en el cargo, o definirá la maniobra como lo que sin duda será, un real golpe de Estado? Los cómplices de la PresidenteVice en su fraudulenta acción deberían recordar cómo fulmina el artículo 227 del Código Penal a quienes lo intenten.

 

Pero, aún así, no será el mayor ataque de nuestra peculiar reina a la República. En los próximos meses, seguirá impulsando un incremento en la ya sideral deuda pública, la aceleración de la inflación, el aumento del gasto, llevándonos hacia la reedición del “rodrigazo” y ocupando todos los estamentos del Estado con militantes que actuarán como quintacolumnistas para hacer fracasar el futuro. Para ello, contará con la esencial colaboración de los reiteradamente empoderados y enriquecidos gerentes de los movimientos sociales y con Hugo Moyano y su patota, todos los cuales se han comprometido a resistir, a como dé lugar, cualquier cambio en el status quo corporativo que tanto daño nos ha producido durante 77 años.

 

Durante los gobiernos de Néstor y Cristina, se decía “la soja es kirchnerista”; hoy los vientos han borneado y vienen de frente con intensidad de temporal. China se está desacelerando y, con ello, reduciendo sus compras de nuestros productos; los precios de la energía siguen en las nubes; la inexistencia de reservas está paralizando la producción por la falta de insumos importados; y la persistente “Niña” está castigando a niveles nunca vistos al campo y garantizando la falta de dólares, como mínimo, hasta la llegada de la cosecha gruesa, o sea, durante todo el verano.

 

¿Con qué armas defenderá el Aceitoso las metas fijadas por el acuerdo con el FMI de los avances del Instituto Patria para reflotar un “plan platita II”? ¿Tendrá que soportar una diatriba destituyente de la inédita jefa de la oposición cuando ésta hable el jueves próximo en La Plata? ¿Cuán lejos estamos de una híper con índices mensuales que arañan el 7%? Y la esencial: las bombas que han cebado, ¿estallarán en las manos de los Fernández² o podrán retardarlas hasta entregar el poder?; de eso dependerá la supervivencia del kirchnerismo, después de ser parte esencial de un gobierno fracasado que ya tiene fuerte olor a calas. Los grandes machos-alfa del peronismo territorial siguen atados a la voluntad de Cristina y le han perdonado –algo inédito- haber sido la mariscala de la derrota en tantas elecciones (2009, 2013, 2015, 2017 y 2021). ¿La acompañarán hasta la puerta del cementerio o se enterrarán con ella?; sería la primera vez en que el movimiento no obedeciera su regla de oro. La progresiva separación de las elecciones locales de la nacional puede ser la respuesta.

 

Hundidos en una ciénaga inconmensurable, nuestra gran esperanza radica en que la oposición continúe unida cuando deba aprobar el plan de gobierno que están elaborando las fundaciones partidarias; el sector de Miguel Angel Pichetto ya presentó el suyo (por cierto, excelente) y la próxima semana se hará una reunión general para compatibilizar las propuestas. Luego, llegará la hora señalada porque, quien triunfe en 2023, sólo podrá ofrecer, sin mentir, “sangre, sudor y lágrimas”.

 

Bs.As., 12 Nov 22

 

 

 

 

sábado, 5 de noviembre de 2022

Pasando la gorra



                                                       Pasando la gorra

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 862)

 

"Para hacer la guerra hacen falta tres cosas: dinero, dinero y más dinero. Hay guerras más baratas, pero se suelen perder". Napoleón Bonaparte

 

La semana que pasó fue retazo más en el manto de vergüenza que Argentina presenta ante el mundo. El primer episodio se dio cuando el individuo que se autopercibe Presidente manifestó desconocer la existencia de acuerdos entre la Comunidad Europea y el Mercosur, precisamente ante el jefe de la diplomacia comunitaria; demostró tanto la supina ignorancia que nubla el cerebro de Alberto Fernández cuanto la penosa incapacidad del librero Santiago Cafiero, su Canciller, cuyo único mérito es la pertenencia al más que reducido círculo de fieles. Es pavorosa la devastación que el kirchnerismo produjo en uno de los cuerpos más profesionalizados del Estado, el diplomático, y reconstruirlo requerirá de años de esfuerzo; en muchos países, la ideología determina políticas pero en ninguno, como sucede en el nuestro, sacrifica tantos intereses nacionales –que debieran ser permanentes- en el altar de sus imaginarios y transitorios alineamientos.

 

Por cierto más grave fue el que encarnó nuestro desesperado “pato rengo” visitando, con una enorme e injustificada comitiva, a Luiz Inácio Lula da Silva al minuto de que éste lograra, por escasísimo margen, vencer a Jair Bolsonaro y regresar al Palacio del Planalto, después de haber estado preso por corrupción. Si el devaluado y desprestigiado meme que sienta sus posaderas en el sillón de Rivadavia pretendió con ese gesto acumular fuerzas para su desigual batalla contra Cristina Fernández y pasar la gorra, la pólvora se le mojó cuando una legisladora de la Provincia de Misiones entregó al mandatario electo de Brasil una con el lema “CFK 2023”.

 

Los videos que documentaron el encuentro no dejan lugar a dudas: el desesperado argentino abrazando y acariciando reiteradamente a un Lula molesto por esas ridículas efusividades. Todo se debió, como siempre sucede aquí, al terrible ombliguismo que afecta a los argentinos; por ello, la dramática elección brasileña del pasado domingo generó, en ambos lados de la grieta criolla, preocupaciones inconducentes o falsas ilusiones.

 

Desde los bunkers del Instituto Patria y La Cámpora, se leyó la victoria como una reafirmación de la existencia del lawfare en la región, y un renacimiento de aquellas gastadas fotos de la Unasur; la visita del prófugo ecuatoriano Rafael Correa a Cristina y el encuentro de Alberto con Evo Morales fueron en este sentido. Y en la mente febril de Cristina Fernández se abrió camino como la posibilidad de un salvavidas financiero y una nueva y triunfal reencarnación, aún después de las inexorables condenas penales que la esperan en un futuro inmediato.

 

El primer error es creer que el Lula que asumirá el 1° de enero de 2023 es el mismo que lo hiciera en 2003 y gobernara hasta 2010. Con setenta y siete años y mucha experiencia y prudencia acumuladas, el actual sabe que la época de la soja a US$ 650 la tonelada es cosa del pasado y que, esta vez, no dispondrá de aquellos recursos que permitieron a Fernando Henrique Cardoso y a él mismo sacar de la pobreza a tantos de sus compatriotas.

 

La falta siquiera de una mención de Lula a Dilma Rousseff, que fuera su sucesora en la Presidencia y a quien el Congreso destituyó por su “contabilidad creativa” (aquí no quedaría en pie ningún mandatario, ya que todos recurren a ella), también debe analizarse por separado. Ex guerrillera y muy ideologizada, su conspicua ausencia permite entrever que tampoco se establecerán alianzas estratégicas con Nicolás Maduro, Gustavo Petro, Luis Arce, Pedro Castillo, Miguel Díaz-Canel, Daniel Ortega o Gabriel Boric, sino que regresará a Itamaraty la tradicional posición geopolítica de Brasil, o sea, relaciones con todos los países en pos de sus intereses comerciales y de desarrollo permanentes.

 

Es consciente, además, de los límites que tendrá su gestión, marcada por la fuerte presencia conservadora en ambas cámaras legislativas y por las concesiones que deberá hacer al antiguo PSDB, el partido de su Vicepresidente electo, Geraldo Alkmin, y a los bloques parlamentarios del “Centrāo” para lograr algunas mayorías, siempre lábiles. Y aseguro que el respaldo irrestricto y la ayuda económica que el kirchnerismo espera ahora no pasa de ser un mero espejismo voluntarista.

 

Desde la Argentina, un país que ha hecho trizas sus instituciones y en el que el Congreso ha sido mucho tiempo sólo una suerte de escribanía de brazos enyesados al servicio del Ejecutivo de turno, es muy difícil entender que, en Brasil, aquél se ha convertido en el poder más fuerte de la tríada y en él priman los muchos partidos de centro, que sirven como permanente fiel de la balanza. Y en la medida en que, pese a la Constitución, somos un país profundamente unitario, también es incomparable el verdadero federalismo que goza nuestro vecino; así, un elemento fundamental del análisis es la cantidad y calidad de gobernaciones estaduales que han quedado en manos del bolsonarismo, nada menos que Sāo Paulo entre ellas.

 

Cristina Fernández, empeñada en generalizar su teoría del lawfare, disfraza la actual situación de Lula ante la Justicia de su país transformándola en un inexistente sobreseimiento definitivo de los cargos de corrupción que llevaron a su encarcelamiento. No es así; el Supremo Tribunal Federal sólo resolvió que los jueces que lo condenaron no eran competentes en razón de la jurisdicción, es decir, que volverá a enfrentar un proceso penal por las mismas acusaciones ante otros magistrados.

 

Finalmente, un último dato: mientras aquí galgueamos por la falta de dólares, nuestro vecino tiene US$ 350 mil millones en reservas. Y la principal razón es que el Banco Central es independiente del Ejecutivo, y su conducción está altamente profesionalizada. Realidades incomparables.

 

Bs.As., 5 Nov 22

viernes, 28 de octubre de 2022

Fuga y tocata

 


Fuga y tocata

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 861)

 

“La historia muestra que los levantamientos ciudadanos siempre fallan … salvo

 que el régimen gobernante y sus fuerzas vivan un hundimiento de la voluntad”.

 Max Hastings

La renovada discusión acerca de las PASO que el cristicamporismo ha instalado con tanta anticipación –están previstas para agosto del año próximo- es una prueba de la resignación ante la dura derrota que descuentan los dirigentes del Frente de Todos (gobernadores, intendentes, gerentes de la pobreza y sindicalistas K). Esa percepción ha transformado al Gobierno en una verdadera centrífuga, algo que se venía viendo desde la renuncia de Martín Guzmán al Ministerio de Economía y a los trabajosos esfuerzos que tuvo que realizar el MemePresidente para intentar su reemplazo por alguien que le respondiera; finalmente, tuvo que aceptar a Sergio Aceitoso Massa, ese aventurero siempre disponible que luchó por encontrar una plataforma de lanzamiento de su propia campaña presidencial desde que pasó a integrar la diminuta mesa del oficialismo.  

 

Y la otra prueba, más contundente, es la forma en que se ha encarado, con la notoria complicidad de los funcionarios del FMI, la renegociación de la deuda externa y la “reperfilación” de la interna para que las bombas estallen durante el próximo período presidencial: mientras que a la actual administración se le tolera una “contabilidad creativa” que le permite grandes dibujos, en 2024 el organismo exigirá un superávit del 2% del PBI. El monumental ajuste que deberá hacerse entonces, servirá para justificar las renovadas toneladas de piedras que arrojarán quienes estarán en el llano, incluyendo a todos aquéllos que lucran con este status quo regulado y corrupto y se niegan a competir en una economía abierta y transparente.

 

A esta altura, ya es evidente hasta para él mismo que el Aceitoso no ha podido enderezar la tan escorada economía nacional. Tampoco podrá hacerlo en el extenso año que falta para los comicios nacionales porque, desde ahora mismo, Cristina Fernández, cuyo poder mengua a ojos vistas diariamente, lo obligará a seguir gastando para intentar la reelección de Axel Kiciloff y sostener su bastión electoral, la Provincia de Buenos Aires, para convertirlo en refugio de la militancia kirchnerista durante la travesía por el desierto. Massa sabe que ha perdido su arriesgada apuesta para convertirse en su candidato presidencial –hoy no tiene ninguno competitivo- en 2023; ilusionado por su juventud, se imagina serlo en 2027.

 

Con una inflación que este año superará el 100%, esas necesidades personales de la emperatriz hotelera podrían, sin duda, hacer chocar el inexorable iceberg antes del cambio de mando, y no habrá entonces botes suficientes para salvar a todos los integrantes del Frente, incluida ella misma. Cómo reaccionará la ciudadanía -tan hambreada y pauperizada por la gestión del adefesio electoral que inventó Cristina para ganar en 2019- en ese momento crucial aún es una incógnita, ya que la situación es muchísimo peor que la que vivimos en 2001. ¿Estallará con violencia, como sucedió en Santiago de Chile, en Lima, en Quito o en Bogotá? Aún con el mini-ajuste que está ejecutando el Aceitoso, una real sopa de sapos que el kirchnerismo se ve obligado a deglutir todos los días, la situación social está elevando su temperatura. Si la explosión se produce, ¿de qué herramientas dispondrá el Estado para recuperar la paz?

 

Por su parte, y sin olvidar la positiva ponderación que me merece el trabajo conjunto que están realizando las fundaciones que responden a cada uno de los partidos que integran Juntos por el Cambio, los grandes figurones de la coalición siguen dando que hablar por su temprana tocata por liderazgos que, en este contexto socioeconómico, pueden también naufragar. Salvo excepciones puntuales y muy valiosas, se muestran por completo alejados de las angustias y el hartazgo de la sociedad, no explicitan propuestas esperanzadoras y, así, hacen al conglomerado fácil presa de la antipolítica de derecha e izquierda; que ésta roya también al Frente de Todos no quita que debiera obligar a esos “ombliguistas” de manual a reflexionar acerca de los errores que cometen todos los días.

 

Todavía no me explico por qué Juntos se comportó de la manera en que lo hizo cuando se votó en Diputados el Presupuesto 2023, la “ley de leyes”, un mamarracho trasnochado de aumento de impuestos, concesiones a los extorsionadores y falsas proyecciones que hubiera cubierto de vergüenza a cualquier Parlamento normal; pero nos hemos acostumbrado tanto a la idea de que nuestros representantes son un grupo de vivillos y ladrones que sólo buscan cuidar la propia que no se produjo cuestionamiento alguna en la sociedad.

 

Mañana, se hará el segundo turno de las elecciones presidenciales en Brasil: un unívoco Jair Bolsonaro y un cambiante Luiz Lula da Silva llegan a él en situación de empate técnico. El actual Presidente ha logrado instalar con fuerza a su movimiento de derecha, a punto tal que ha obtenido 99 escaños en la Cámara de Diputados -tiene 513 miembros- contra sólo 80 del candidato petista, y ha permitido que muchos de sus partidarios accedieran a decisivas gobernaciones estaduales en un país seriamente federal. Ese escenario implica que, cualquiera sea el resultado, no habrá probabilidad alguna de una deriva autoritaria o de un marcado populismo; aún una victoria de Lula desilusionará a los kirchneristas que soñaban no sólo con la reivindicación del lawfare como excusa política sino también con un claro respaldo de éste al socialismo del siglo XXI, saqueador y violador de los derechos humanos en todos los países de la región que lo sufren.

 

Bs.As., 29 Oct 22

viernes, 21 de octubre de 2022

¿Qué será de la herencia?

 



 

¿Qué será de la herencia?

Por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 860)

 

“Lo cierto es que, para evitar un cataclismo, debe estar dispuesto a dar

 malas noticias y a convencernos de que ellas son correctas e imprescindibles”.

 Jorge Fernández Díaz

 

Los laureles eternos de los que habla nuestro Himno tristemente se han marchitado hace mucho, y los libres del mundo no responden ya “al gran pueblo argentino, salud”, porque hemos hecho todo lo necesario para asombrarlos con nuestra compulsión autodestructiva, rayana en el suicidio. Pero aún tenemos una oportunidad; sólo se trata de no ser tan imbéciles como para dejarla pasar una vez más, porque seguramente será la última.

 

Más allá de la implosión del peronismo que desnudó la multiplicidad de convocatorias para conmemorar el Día de la Lealtad –el resto son, por supuesto, de la traición- quienes en ellas hablaron dejaron sentado, lo dijeran con mayor o menor énfasis o hasta con cierto terrorismo verbal, que ahora son férrea oposición a su propio Gobierno; sin embargo, el truco ya no convence, y de allí la escasa concurrencia que lograron. Pero también quedó en claro que, cuando el Frente de Todos pierda las próximas elecciones, algo para ellos ya inevitable, resistirán todo y cualquier cambio, inclusive aquéllos que debieran ser gratos para los oídos de los líderes sindicales, puesto que permitirían crear empleos privados y registrados, es decir, aumentar el número de afiliados a sus propios gremios.

 

A partir de la semana próxima, toda la sociedad será víctima de una nueva extorsión de los violentos camioneros de Hugo y Pablo Moyano, que han amenazado con convertir el reciente y costosísimo paro de los trabajadores del neumático en un mero juego de niños y, de no obtener el 131% de aumento que pretenden, paralizar el país interrumpiendo, desde el miércoles, el transporte de cargas, alimentos y combustibles y la reposición de dinero efectivo en los cajeros automáticos.

 

Quien quiera llegue al comando del desastre en que hemos convertido (o tolerado que lo hicieran) a este país tan gravemente enfermo de sí mismo desde hace demasiadas décadas, deberá hacerse cargo de una explosiva herencia, con bombas cebadas y quinta-columnas en cada esfera del Estado y en la economía. Pero aún estará a tiempo de evitar la desaparición de la Argentina como nación independiente; esta imagen no es exagerada, porque un nuevo escenario global se ha abierto por la criminal invasión de Rusia a Ucrania, y ese mundo en crisis y con hambre no podrá aceptar que sigamos desperdiciando nuestra inmensa capacidad de producir alimentos, energía y recursos naturales indispensables.

 

Aunque obvias, la magnitud de nuestro drama amerita hacer una lista de títulos de reformas indispensables: respetar a rajatabla la Constitución; conformar un federalismo real y no declamado; dividir la Provincia de Buenos Aires y unificar otras en regiones; recuperar la seguridad jurídica; depurar el galimatías de leyes y decretos; honrar nuestros compromisos locales y externos; generar la confianza internacional necesaria para atraer inversiones; modificar los códigos para acelerar los procesos judiciales; sancionar las leyes de boleta única y de ficha limpia; imponer el “juicio de residencia” para los cargos electivos, ministros y jueces; racionalizar el inicuo sistema tributario y el régimen laboral (éste, para el futuro); reducir el gasto achicando todos los organigramas; profesionalizar el empleo público en los tres niveles del Estado y cambiar su estatuto.

 

E incorporar a esa enunciación: recuperar los valores y la cultura del trabajo para terminar con la pobreza y la indigencia; mejorar el sistema jubilatorio y elevar la edad para acceder; abolir el sistema sindical de gremio único por actividad y afiliación obligatoria; acabar con las patotas y los piquetes; recuperar la educación pública y establecer que sólo los mejores pueden enseñar; tender lazos comerciales con todas los países en función de intereses permanentes y no de ideologías; devolver la excelencia del personal diplomático y eliminar las designaciones a dedo; luchar hasta terminar con la inflación; liberar los mercados de cambio; sincerar todas las variantes económicas y las tarifas; terminar con los subsidios distorsivos; privatizar todas las actividades económicas en manos del Estado y cerrar las empresas públicas deficitarias; modernizar el equipamiento de nuestras fuerzas armadas y mejorar sus salarios; resolver la inicua situación de los presos políticos militares; luchar efectivamente contra el narcotráfico y sus cómplices, y contra la inseguridad; bajar la edad de la imputabilidad penal; aniquilar el terrorismo de los falsos mapuches; establecer una política de inmigración acorde con nuestras prioridades; etc..

 

Será una tarea muy difícil y, para complicarla más, deberá encararse de inmediato, porque la situación en que se encuentra el país no admite demoras y la luna de miel no podrá extenderse más allá de algunos días. El próximo Presidente deberá ser sumamente resiliente, porque todos quienes lucran con los privilegios y la corrupción que genera el increíble cosmos de regulaciones y disparates en que se asienta este triste status quo -se trate de funcionarios y dirigentes gremiales y sociales, se trate de industriales que sólo saben pescar en la bañadera y cazar en el zoológico-, intentarán derrocarlo desde el primer día, utilizando quizás hasta la violencia callejera.

 

Pero si esa oposición que se vislumbra ganadora –no tanto por sus escasos méritos sino por el claro fracaso del populismo sin dinero- plantea, desde ahora mismo, propuestas esperanzadoras que permitan soñar con un horizonte en el que cada generación quiera permanecer en el país para tirar del carro común y vivir mejor que la anterior, contará con el apoyo social necesario para cambiar 180° el rumbo, y podrá fijarlo durante sucesivas administraciones, transformándolo en permanentes políticas de estado.

 

Si el nuevo Presidente es valiente, si tiene el coraje de encarar a cualquier costo la ciclópea tarea, la ciudadanía en su conjunto lo acompañará y lo incorporará, sin dudas, a la nómina gloriosa de quienes, desde Juan Bautista Alberdi, Domingo F. Sarmiento y Julio A. Roca en adelante, forjaron este país tan lejano que, hace ya demasiados años, admiró al mundo entero al erradicar el analfabetismo generalizado, integró su inmenso territorio, tuvo los mejores establecimientos educativos de América, permitió una veloz movilidad social ascendente basada en el esfuerzo y el mérito personal, alcanzó un producto bruto interno superior a casi todos los de Europa, rivalizó con los Estados Unidos en imagen y atractivo, y alimentó a los pueblos necesitados.

 

Bs.As., 22 Oct 22