viernes, 22 de mayo de 2020

¡Harto!




¡Harto!
por Enrique G. Avogadro


“Cuando los líderes declaran el estado de emergencia y lo convierten
 en una situación normal, estamos ante el final de la democracia”.
Byung-Chul Han
Ante la insólita extensión del confinamiento (¿porqué no apelar, como Uruguay, a la responsabilidad personal para cuidarse?), que llegará ahora a los 80 días –el más prolongado del mundo, con sólo el 0,001% de los muertos globales- he resuelto decir ¡Basta! al pisoteo de la Constitución, a la tolerancia del H° Aguantadero frente a la prepotencia de Cristina y a la feria que ha paralizado al Poder Judicial, dejando a la ciudadanía sin defensa frente a los avances del Ejecutivo sobre los derechos individuales. A partir de ahora me declaro en desobediencia civil y, si quieren buscarme, saben dónde hacerlo.

La prensa amarilla, que dedica al tema kilómetros de columnas en los diarios e infinidad de horas en radio y televisión, es la principal responsable del pánico que cundió en el planeta por la aparición del Covid-19, pero los líderes populistas de todos los signos, aupados al respaldo que surge del pavor generalizado, se subieron a ese carro triunfal que les permite gobernar sin contrapesos; el mundo está lleno de ejemplos.

En la Argentina, el infundado terror ha permitido que nuestra democracia haya desaparecido y nos hayan encerrado para imponernos el silencio; hemos delegado el poder total en Fernández², y no nos movilizan siquiera los desvergonzados avances de Cristina Fernández (con el silencio cómplice de su mandado, el Presidente) sobre la República.

El confinamiento ha permitido al Gobierno “aplanar” las curvas de inflación, del dólar y de la pobreza, y demorar la irrupción del hambre y la desocupación, mas la prioridad de la Vicepresidente sigue siendo obtener impunidad para sí misma, sus hijos y sus cómplices. Pero es insano ignorar que, tras la niebla de la pandemia, nos arrastra hacia los dorados paraísos del Grupo de Puebla y el Foro de São Paulo; es decir, pretende integrarnos a esa constelación de fracasos que integran Venezuela, Cuba, Nicaragua y apoyan Rusia e Irán.

En ese sentido van la delegación de facultades legislativas en el Ejecutivo, la liberación de políticos presos y delincuentes peligrosos, la cesión de más poder a las “organizaciones sociales”, la colonización de las “cajas” y organismos de control del Estado, la ideológica pelea con todos nuestros vecinos y socios, la quiebra de miles de empresas, y la centralidad del Estado, traducida en los proyectos de modificar la Constitución para instalar un nuevo “pacto social”, “reformar” a las fuerzas armadas, confiscar acciones de las empresas que necesitan ayuda, expropiar las distribuidoras de energía, modificar la integración de la Corte y “legitimar” la Justicia, crear nuevos impuestos, castigar a los productores rurales para obligarlos a vender, realizar una reforma agraria, recrear la Junta Nacional de Granos, nacionalizar la banca y el comercio exterior, y todas las otras locuras anunciadas como meros globos de ensayo pero que, en el kirchnerismo, siempre se transforman en prontas realidades.

Salga pato o gallareta en la extraña negociación de la deuda, la Argentina ya entró en mora y carecerá, en los próximos años, de financiamiento externo para el sector público; como defaulteadores seriales que somos, el mundo no confía más en nosotros y la falta de pago de los bonos entregados por Axel Kiciloff -cuando era Ministro de Economía- al Club de Paris impedirá también que obtengan crédito las empresas y, sobre todo, para las imprescindibles importaciones.

Contra la opinión de los expertos –obviamente, no lo soy-, creo que Cristina Fernández no vería con malos ojos que cayéramos en mora con toda la deuda soberana; mi impresión es que, alocadamente, sueña con recostarse en China para obtener fondos que le permitirían sobrevivir a la crisis socio-económica que se viene y que, sin ese apoyo, se llevará puesto al Gobierno. Aunque ya es sabido que el gigante asiático no regala nada y que su ayuda siempre se transforma en cesión de soberanía y saqueo de productos primarios, eso no sería impedimento alguno para las intenciones de la Vicepresidente; basta con recordar la base militar china en la Patagonia.

Es por eso que la sociedad no puede esperar a que la oposición, si pretende seguir siéndolo, se digne salir a ejercer su rol –no olvidemos que la votamos el 41% de los argentinos- y parar firmemente los pies al Gobierno, sin importar cuánto mida éste en las encuestas por la gestión de la pandemia; es imprescindible que las instituciones vuelvan a funcionar y que la Justicia cumpla con sus obligaciones constitucionales. Nuestros representantes deben recordar una frase de Juan Perón que viene hoy muy a cuento: “Con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes”.

Mientras tanto, ¡feliz Día de la Patria!, observe con atención la situación en el Caribe entre Estados Unidos, por una parte, e Irán y Venezuela, por la otra, y no olvide sumarse al cacerolazo del lunes 25, a las 1800, con el cual manifestaremos nuestro enérgico repudio a la impunidad y al “socialismo del siglo XXI”.

Bs.As., 23 May 20

sábado, 16 de mayo de 2020

El asco y la inmundicia




El asco y la inmundicia
por Enrique G. Avogadro


"Quienes asumen hoy el gobierno, a todo lo largo del país, deben saber que fueron
 elegidos para desempeñar un servicio a la Nación; no para gozar de las ventajas
 del poder ni extenderlas a las personas de su relación familiar o política".
    Arturo Frondizi

Si alguna duda quedaba acerca del verdadero carácter de Alberto Fernández y la probabilidad de alguna separación de su Vicepresidente, esta semana quedó absolutamente descartada. Cristina Fernández, sin duda, entró en un camino sin retorno para obtener la impunidad que buscaba para sí misma, para sus hijos y los cómplices que integraban –y aún lo hacen- la asociación ilícita que comanda, y el Presidente obedeció sin chistar; es más, ha comenzado a radicalizarse, como lo muestra el renovado impulso para transformar al Poder Judicial en Justicia Legítima y los conflictos que ha generado con todos nuestros países amigos.

Tampoco había actuado en contra de los deseos de su mandante cuando sendos cuatro de copas intentaron excluirnos del Mercosur u obtener la liberación de Ricardo Jaime y Martín Báez, cuando puso a Juan Martín Mena -denunciado- al frente del programa de protección de los testigos denunciantes, cuando designó a María Fernanda Raverta en la ANSES, a Félix Crous en la Oficina Anticorrupción, a Carlos Chino Zannini en la Procuración del Tesoro, y a tantos otros.

Nada debería sorprendernos, puesto que lo sabemos nada más que un mentiroso consuetudinario y un eterno gerente de las decisiones de sus jefes, pero sí lo hace la apatía con la que esta sociedad, tan hipócrita y tan anómica, tolera las maniobras que la señora realiza, sirviéndose tanto de la multitud de fieles que ha insertado en la estructura del Estado cuanto de muchos jueces federales venales, a los cuales paga retribuyéndoles con simétrica impunidad para sus delitos en el Consejo de la Magistratura, que también controla. El mismo jueves, lo logró con Luis Rodríguez, Rodolfo Canicoba Corral y Alejo Ramos Padilla, éste último precisamente la herramienta que había usado para intentar descalabrar la causa del memorándum con Irán encharcando la cancha.

Tal vez este último punto sea el que produce más repugnancia, puesto que esos mismos magistrados son los que resuelven, diariamente, sobre la libertad y el patrimonio de todos nosotros, de nuestro buen nombre y honor, mientras exhiben con total falta de vergüenza lujosos bienes que jamás podrían haber adquirido con sus salarios. Basta, para comprobarlo, contemplar la fastuosa mansión de la esquina de Catamarca y Villate, frente a la residencia presidencial de Olivos, los automóviles antiguos y modernos, los viajes en aviones privados, los studs y caballos de carrera, etc..

Es cierto que el peronismo fue el creador de ese sistema de intercambio de favores desde los ya lejanos tiempos de Carlos Menem, pero los otros partidos que llegaron al poder desde entonces lo utilizaron, contribuyendo enormemente al desprestigio del Poder Judicial, pese a que éste debiera ser el garante constitucional de los derechos de los ciudadanos y la barrera definitiva contra los abusos del Ejecutivo. Así, quienes no gozamos de las mieles del poder, quedamos en manos de estos tránsfugas, capaces de vender hasta su propia madre si ello les reporta un beneficio.

El otro tema de la semana, claro, es la complicada negociación de la refinanciación de la deuda, tan meneada en la prensa en todas sus expresiones. Me parece que, al respecto, cabría preguntarse por qué se ha transformado en un problema, dado que casi todos los países del mundo, incluidos los Estados Unidos, Japón y China, mantienen un endeudamiento muy superior al de la Argentina, obviamente medido en porcentaje de su PBI. Y si consideramos que gran parte de nuestras obligaciones son “intra-Estado”, el drama debiera reducirse más aún.

Entonces, ¿por qué estamos en esta situación tan dramática y con serias probabilidades de caer en default? La respuesta es inequívoca: no merecemos confianza alguna por parte de los acreedores. Y que éstos tienen razón en desconfiar de nosotros, porque somos incumplidores seriales. En este momento, y debido a la enorme impericia que está mostrando el equipo económico –en realidad, nada más que un team negociador- y, sobre todo, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kiciloff, el riesgo de caer, por décima vez, en la insolvencia es verdaderamente alto.

Resulta imposible olvidar que éste último fue quien encabezó las ruinosas –para la Argentina- negociaciones con Repsol por la estatización de YPF, y con el Club de Paris, al cual prometimos pagar hasta los intereses punitorios. En ambos casos, el entonces Ministro se limitó a tapar con bonos a los reclamantes, y así nos fue. Sospecho que, detrás de Repsol entonces y, ahora, de los accionistas de YPF que nos demandan en los tribunales de Estados Unidos por no respetar el estatudo de la empresa, se encuentren los Kirchner, al igual que lo hicieron, usando como pantalla a los Eskenazi, en la “compra” del 25% de la empresa.

Por eso, el asco me subleva cuando veo a Máximo Kirchner reclamando se cobre un impuesto confiscatorio a los ricos, en nombre de una invocada solidaridad, que tanto ignoraron sus padres y él mismo cuando saquearon el país y se llevaron años del trabajo de todos nosotros para convertirse en la familia más rica del país.

Bs.As., 16 May 20

viernes, 8 de mayo de 2020

¿Con quién estoy durmiendo?




¿Con quién estoy durmiendo?
por Enrique G. Avogadro

"Detrás de las paredes recelosas,
 el sur guarda un puñal y una guitarra”.
 Jorge Luis Borges 

Cristina Fernández es una persona realmente perversa; y eso está en su ADN. Pero es auténtica: es malvada, y lo parece; no hay disimulo alguno. ¿Alguien puede creer que la Vicepresidente podría haber olvidado las gravísimas acusaciones de Alberto Fernández en su contra desde que se fue del gobierno en 2008? En la medida en que fueron lanzadas por quien fuera Jefe de Gabinete de su marido muerto, tenían además una brutal potencia incriminadora; estoy seguro que, más allá de las idílicas fotos, conserva un odio infinito contra su Presidente delegado. No lo considera, a él ni a su círculo íntimo, propia tropa, y avanza a paso redoblado sobre la estructura del Estado, en especial aquellos organismos –ANSES, Aerolíneas Argentinas, YPF, etc.- que reportan fondos y base de sustentación política.

Mientras tanto, procura aislar a la Argentina de toda relación con aquellos países cuyos actuales gobiernos no comulgan con su proyecto de recrear el “socialismo del siglo XXI”, aunque se trate de todos los vecinos, de Estados Unidos y de la Unión Europea, para dejarnos sólo asociados a Venezuela, Nicaragua, Cuba, Rusia, Irán y China. En ese sentido van movidas tales como la incorporación de Alberto Fernández (único Presidente en ejercicio) al Grupo de Puebla, en el que militan su íntimo consejero (Marco Enríquez-Ominami), Luiz Inácio Lula da Silva, Rafael Correa, Evo Morales, José Luis Rodríguez Zapatero, la pretensión de revivir a la fallida UNASUR y la ahora desmentida separación del MERCOSUR en sus negociaciones.
                                                                                               
El kirchnerismo se destaca entre los actuales partidos políticos –ya estamos formando UNIDOS para tener una alternativa liberal- por ser el único que tiene un plan concreto y claro, por muy siniestro que éste sea. En él, se mezclan el disfraz de la ideología, la fuerte vocación por el renovado saqueo y, por supuesto, la anhelada impunidad de Cristina, su familia y de sus cómplices, al menos los que Cristina Fernández aprecia.

Si el Presidente, que carece de estructura propia y territorio y ha debido lotear todas y cada uno de los ministerios, tuviera la intención de parir un “albertismo” y separar su destino de aquélla, debería hacerlo ahora mismo, cuando aún goza de las mieles que le deparan las encuestas por la forma en que condujo la crisis del Covid-19. Porque cuando, finalmente, se vea obligado a levantar el confinamiento del cual se ha enamorado –lógico, le permite gobernar sin H° Aguantadero y sin Justicia- la real situación socio-económica derrumbará sin piedad esa frágil popularidad, y se incrementará su dependencia de las decisiones de esa verdadera guarida de delincuentes que es el Instituto Patria, si es que éste no decide prescindir de él.

Creo que llegó el momento de analizar qué es la pandemia, cómo se la ha combatido, por qué el mundo entró en pánico y cuáles fueron las consecuencias de la cuarentena y la paralización total de la economía. No sabemos, porque no se han podido testear, cuántos infectados reales hay en el planeta y, menos aún, en la Argentina. Pero sí sabemos cuántos muertos se han adjudicado hasta hoy al virus: la información dice que fallecieron 260.000 personas en todo el globo (o sea, el 0,003% de la población mundial), y que una mayoría de ellas tenía mucha edad o padecía de graves patologías preexistentes. Para comparar, en 1918 la “gripe española” mató a 50 millones, es decir, el 3% -1.000 veces más- de los habitantes del planeta.

Es necesario dejar claro dos puntos: 1) toda muerte es penosa y lamentable, y 2) seguramente, la férrea cuarentena ha logrado que esa cantidad de decesos sea tan acotada. El pánico que la OMS y la prensa canalla instilaron en las personas, los hogares y las comunidades, ha logrado que todos hayamos internalizado la necesidad de cuidarnos. Que, además, el confinamiento haya permitido a los populismos fascistas de derecha y de izquierda avanzar sobre las libertades y los derechos de los ciudadanos, supongo que debe haber sido mera coincidencia.

Pero el mundo –China incluida, y por eso creo que la difusión de la enfermedad se debió a un accidente, tipo Chernobyl- pagará un elevadísimo costo por la verdadera bomba atómica que detonó sobre la economía global. En la Argentina, que carece de ahorro y de confianza para obtener crédito, ese costo será sideral: la recesión se extenderá por mucho tiempo, innumerables empresas quebrarán, el desempleo golpeará, el consumo caerá a niveles inéditos, la inflación no tendrá techo, y el hambre se extenderá.

Luego de la fallida masacre que hubiera debido causar la coincidencia masiva de jubilados y pobres el 6 de abril y de la escasa demanda de camas y respiradores generada hasta ahora, ¿el riesgo de más fallecimientos justificó de verdad tamaño golpe a la economía del país? ¿Cuántas personas han muerto en el ínterin morirán por falta de diagnóstico precoz, por demora en intervenciones quirúrgicas, por no realizar estudios preventivos o tratamientos habituales, por violencia doméstica? ¿Cuántos, en especial los más chicos, sufrirán problemas psicológicos por el aislamiento? Y luego, ¿cuántos morirán por hambre, cuántas empresas dejarán de existir?

  Mal que les pese a los gobernantes de todo nivel, que parecen no saber cómo hacerlo, es necesario terminar con el confinamiento obligatorio pensando en los “daños colaterales” que la guerra contra el Covid-19 ha producido y tener en cuenta que ya la sociedad ha adquirido los hábitos necesarios para protegerse, para poner en marcha hoy mismo toda la estructura productiva del país, incluyendo sus cielos, con las precauciones sanitarias del caso.

Bs.As., 9 May 20

viernes, 1 de mayo de 2020


¿Quién me ha robado el mes de abril?



“Una verdad a medias no es la mitad de la verdad, sino una mentira”.
 José M. Estrada


Me pregunto si Joaquín Sabina obtuvo alguna respuesta. Por mi parte, tengo claro que ha sido el Gobierno el responsable de esta irreparable pérdida que, seguramente, se extenderá también a mayo.

Con lo que ignoro sobre las pandemias se puede hacer una enciclopedia, pero recuerdo que el 6 de abril, desde cuando ya se ha duplicado el plazo de incubación de la enfermedad, miles de jubilados se juntaron con otros tantos receptores de la AUH sin respetar distancia social alguna; pero no se produjo el estallido de contagios que las autoridades y los médicos esperaban con terror. Sin embargo, aquí seguimos, encerrados en nuestras casas y, mientras tanto, la economía se precipita hacia un abismo sin fondo; ante ese seguro panorama de miseria y hambre generalizados, ¿no sería mejor levantar el confinamiento y que cada uno se cuide como corresponde, como está haciendo el mundo?

El escándalo que el episodio produjo permitió, seguramente, la destitución de Alejandro Vanoli del sitial de la ANSES y su reemplazo por María Fernanda Raverta, militante de La Cámpora; con esa movida, la principal “caja” del Estado pasó a Máximo Kirchner, que seguramente la administrará con la honestidad aprendida de sus tan nobles padres.

Más allá del confinamiento con el cual el Gobierno busca controlar a la sociedad, la necesidad de Alberto Fernández de obtener la impunidad de su jefa -precio pactado por su designación- que lo llevó a apoyar la excarcelación de Ricardo Jaime y tantos otros, me pregunté cuál era el objetivo real y repudiable de esta remake del 25 de mayo de 1973, cuando otro Presidente delegado fue obligado por las organizaciones terroristas a liberar a sus miembros condenados por la Justicia en procesos absolutamente legales.

Tengo para mí que la intención es reconstruir el “Vatayón Militante” para formar grupos paramilitares al mejor estilo de los colectivos revolucionarios de Nicolás Maduro, creados para ejercer el control violento de las calles de Venezuela y ahogar en sangre las protestas. Los liberados aquí, como se ha visto ya, vuelven a delinquir pero, además, serán los encargados de reclutar a lo peor del lumpenaje para incorporarlo a ese proyecto de un rejuntado político al que aterra la posibilidad de nuevas y masivas manifestaciones cívicas. Y qué decir si le sumamos la reincorporación de 400 oficiales de la Bonaerense, que habían sido cesanteados por María Eugenia Vidal por delitos de todo tipo y fueron reincorporados por Sergio Berni.

Resultó llamativo el estruendoso silencio del movimiento #NiUnaMás ante la insólita inclusión de más de 150 violadores entre los más de 2.800 criminales liberados recientemente de los penales federales y provinciales; en especial cuando se supo que se permitió a uno de ellos volver a la vecindad de su víctima, violada a los 13 años, y a otro, agresor sexual (con acceso carnal) de sus propios hijos, regresar a su casa. Pero el atronador cacerolazo del jueves afectó a Alberto Fernández, arropado hasta entonces por encuestas tan favorables, y lo llevó a desdecirse de su público apoyo a este disparate, demostrando así que es un groucho-marxista de la primera hora; y reiteró esa penosa actitud varias veces esta semana.

La Argentina se había levantado, extemporáneamente y sólo por razones ideológicas, de las mesas en las que el Mercosur negociaba con Corea del Sur, Canadá y otros países tratados de libre comercio. La razón invocada fue que esos acuerdos perjudicarían a la industria nacional, es decir, impediría que nuestros empresarios continuaran pescando en la bañadera y cazando en el zoológico; para esa absurda y retrógrada posición, resulta mejor proteger a los ensambladores de Tierra del Fuego que importar productos originales, más baratos. La repercusión entre los socios fue de tal magnitud, que el Presidente debió recular en chancletas, sumar un nuevo papelón internacional y echar la culpa del portazo a Felipe Solá, el Canciller, diciendo que éste se había cortado solo, como si algo así fuera medianamente creíble en un sistema de poder tan concentrado.

Esta nefasta ideología ha llevado a que la Argentina, cuando más necesita del mundo para arreglar sus problemas, esté peleada con Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile, Colombia, Estados Unidos y la Unión Europea. Con Rusia, Venezuela y Cuba en bancarrota, Cristina Fernández piensa en profundizar la relación con Xi Jinping, la única posible –si los chinos fueran kamikazes- fuente de financiación para el gigantesco agujero nacional.  

El aislamiento se agravó con la irracional decisión del Gobierno de prohibir a las líneas aéreas vender pasajes hasta el 1° de septiembre; el claro objetivo es privilegiar a Aerolíneas Argentinas, también en manos de La Cámpora y de los siete gremios aeronáuticos, perjudicando a las low-cost que tanto nos han interconectado; mientras, el gigantesco déficit de “su compañía” lo pagamos con nuestros impuestos. La organización que nuclea a las empresas del mundo –IATA- ya avisó que, de mantenerse esa medida, muchas dejarán de volar a la Argentina por muchos años. 

En fin, queda claro hacia dónde pretenden llevarnos Fernández². Hoy, cuando nos hemos convertido en una sociedad de mansos corderos que no hace más que  golpear sus cacerolas, si no salimos multitudinariamente a la calle ya mismo a exigir respeto a la República y su Constitución, las habremos perdido para siempre y será demasiado tarde para llorarlas.

Bs.As., 2 May 20

viernes, 24 de abril de 2020

Amores perros





Amores perros


“Cuando un solo perro ladra a una sombra,
 diez mil perros hacen de ella una realidad”.
 Emil Cioran

Ha pasado demasiado desapercibida la amenaza real que Cristina Fernández, utilizando a Graciana Peñafort como “chirolita”, acaba de formular contra la Corte Suprema y la democracia en la Argentina. No deberían resultar gratuitos sus dichos -"Es la Corte Suprema quien tiene que decidir ahora si los argentinos vamos a escribir la historia con sangre o con razones. Porque la vamos a escribir igual"- y habría que explicar a estas señoras que, si buscan reeditar un pasado tan dramático como el de los 70’s, el final será el mismo que tuvo aquél.

No niego la importancia del confinamiento para aplanar la curva de contagios y evitar el colapso del sistema sanitario, pero me parece que los números de infectados y muertos por el Covid-19, en comparación con otros factores habituales, no resultan suficientes para justificar la eternización de la medida y el virtual asesinato de la economía global, que producirá sin duda mayores e irreparables daños. El periodismo, una vez más amarillista, es el gran responsable del pánico que afecta a las sociedades de todo el mundo; los diarios hablan en sus portadas sobre la crisis en letras tamaño catástrofe y dedican más de la mitad de sus páginas a ella, mientras las radios y canales de televisión machacan a toda hora con el tema. En función de ese miedo, el mundo ha detonado una bomba atómica para matar un mosquito.

Fernández², evidentemente, se han enamorado de la cuarentena, ya que les permite gobernar, al mejor estilo “1984”, sin intervención del H° Aguantadero y del Poder Judicial, injustificadamente cerrados a cal y canto por sus también cómplices autoridades. Resulta absolutamente indispensable, para la conservación de la tan precaria salud institucional de la República, que ambos recuperen el rol que la Constitución les asigna. La oposición, por su lado, se está dejando llevar como vaca al matadero, manteniendo un insólito y cómplice silencio para no aparecer complicando la situación en medio de la crisis sanitaria.

Detrás del telón de la pandemia y del papel central que los Estados han adquirido por ella, como se ve diariamente en todo el mundo, aquí el kirchnerismo continúa avanzando a paso redoblado con la perpetuación de esa situación anómala, en especial para permitir que Cristina Fernández, sus hijos y demás integrantes de su banda delictiva obtengan la impunidad que anhelan. Ya consiguió que salieran de la cárcel muchos de ellos (Amado Boudou, Julio de Vido, Cristóbal López, Roberto Baratta, Luis D’Elía, etc.), aunque esta semana la Cámara de Casación consiguió bloquear la excarcelación de Martín Báez y Ricardo Jaime.

En el caso de este último, al Presidente pretendió apartarse de la conducta de Horacio Pietragalla Corti, hijo de asesinos terroristas y Secretario de Derechos Humanos, quien se presentó al Tribunal para solicitar la concesión de la prisión domiciliaria de este delincuente con condena firme, en nombre del teórico riesgo de contagio; sin embargo, momentos después reculó en chancletas para respaldarlo, obviamente por instrucciones de su socia.

El Ministro Martín Guzmán, que fuera recomendado a la Vicepresidente por su ídolo Joseph Stiglitz para comandar la renegociación de la deuda, también utiliza la cuarentena para demorar el inquietante panorama del “día después”. Carecía de un plan económico antes de que comenzara la pandemia y ahora, cuando el mundo entero saltó por los aires, le resultará imposible diseñarlo para ese confiable futuro que necesita “vender” a los acreedores externos. El default en que muy probablemente caigamos dentro de un mes implicará la imposibilidad de que las empresas obtengan financiación externa, y el valor de las mismas continuará cayendo.

Sin inversión y sin crédito, pese a que  la enorme inflación que nos espera al salir de la cuarentena servirá para licuar el gasto y los salarios, el déficit fiscal resultará impagable, aún si prosperaran los disparatados proyectos para agravar todavía más la sideral presión tributaria. El kirchnerismo aspira a que sea China, la gran exportadora de capitales en el mundo, quien cubra esas necesidades; no le importa el modo en que se comporta en los países en que actúa, en los que se ha transformado en la voraz aspiradora de recursos naturales y empresas devaluadas a cambio de las divisas que presta.

Cristina Fernández busca llevarnos al destino que para la región pretende el Foro de San Pablo, descripto en detalle en el informe final de la reunión de julio de 2019 en Caracas; es decir, al mismo infierno en que son obligados todavía a vivir los ciudadanos de Cuba y Venezuela. Si triunfara, podría imponer su teoría del lawfare y terminar así con sus problemas judiciales; el mismo objetivo persiguen otros notorios próceres del clepto-socialismo del siglo XXI, ahora también amontonados en el Grupo de Puebla, al que se ha agregado Alberto Fernández, único Presidente en ejercicio.

Bs.As., 25 Abr 20

viernes, 17 de abril de 2020

Un maloliente pantano




Un maloliente pantano


“Nada va bien en un sistema político en
 que las palabras contradicen los hechos”.
 Napoleón Bonaparte

Antes de la epidemia, el Ejecutivo había obtenido del H° Aguantadero una delegación de facultades de tal dimensión que, cuando la crisis sanitaria se hizo presente, le permitió gobernar por decreto; a ello se sumó el pánico al contagio que invoca el Legislativo para mantenerse totalmente inactivo pero, eso sí, cobrando íntegramente las dietas de senadores y diputados, centenares de asesores y miles de empleados.

Cuando la sociedad, con el ruido de las cacerolas, exigió a la clase política la misma “solidaridad” que Alberto Fernández nos reclama, sólo obtuvo excusas basadas en falaces argumentos; en consecuencia, seguiremos pagando esa inicua fiesta. En la medida en que no concurren al trabajo y los empleados públicos no gastan en transporte ni en viandas, sus sueldos han aumentado sensiblemente, pero nada parece conmoverlos.

Otra razonable pregunta, dada la necesidad de flexibilizar la ya insoportable cuarentena, cruzada por las expectativas de que la pandemia alcance su pico de contagios en la segunda quincena de mayo, es cómo reaccionará entonces el Gobierno cuando llegue ese momento y haya gastado este recurso de protección social.

El Gobierno optó, razonablemente al principio, por un duro confinamiento que, al mantenerse por ahora sine die, se exageró hasta límites que están llevando, ya sin duda alguna, a una catástrofe económica, inédita en su magnitud. Casi ningún país ha cerrado sus bancos, por el inmenso costo que esa medida tiene sobre la actividad de la sociedad.

El Presidente, como la inmensa mayoría de sus colegas, entre cuidar la salud o la economía ha privilegiado a la primera en desmedro de la otra; pero aquí otros factores impedirán una salida ordenada del confinamiento: la alta inflación, la total carencia de crédito y el riesgo enorme de una corrida bancaria. Esa es la razón por la cual, aunque por la falta de testeo ignoramos en qué situación real nos encontramos ante el Covid-19, seguimos en un virtual corralón financiero, que complicará aún más el futuro del país.

Mientras tanto, el kirchnerismo duro, con la conformidad expresa de Alberto Fernández, avanza con actitudes de neto corte chavista; sus mayores proyectos, al menos por ahora, son el espionaje ideológico de la sociedad, la “importación” de pseudo médicos cubanos, la intención de estatizar los servicios privados de salud, la intervención a la fábrica de respiradores, los controles municipales de precios y, por supuesto, el proyecto de “Impuesto Patria” -¡qué facilidad para encontrar nombres honorables para los delirios totalitarios!-, presentado por Máximo Kirchner y Carlos Heller y, obviamente, patrocinado por Cristina Fernández que, para eso, sí está dispuesta a permitir que el Senado sesione.

Resulta notable que, mientas el primero integra la familia que debería encabezar el ranking de argentinos ricos, el segundo presida el banco del Partido Comunista que, por tratarse de una cooperativa (Banco Credicoop), no paga el impuesto a las ganancias. Aunque resulte pesado, reitero que, si los Kirchner devolvieran lo robado durante sus doce años en el poder, la Argentina podría adquirir con tranquilidad todos los insumos médicos necesarios para dar batalla al virus y, por supuesto, no hubiera necesitado caer nuevamente en default. Pero, claro, estoy pidiendo algo que no sucederá, aunque los pocos bienes que conservan en el país (hoteles, departamentos, cocheras, los US$ 5 millones de Florencia, etc.) sean finalmente decomisados por la tan venal y cobarde Justicia federal.

Un párrafo aparte merece la absurda discriminación que el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, impondrá a partir del lunes a los mayores de 70 años, invocando el mayor riesgo frente al Covid-19, que literalmente los pondrá en detención domiciliaria; no se les ha ordenado la colocación de una tobillera electrónica sólo porque no tiene suficientes. Se trata de una población aún muy activa y consciente de ese riesgo y que, por ello, se cuida mucho, como han demostrado los mayores que se han aislado voluntariamente en las parroquias de las villas porque no les resulta posible hacerlo en su hábitat natural, siempre hacinado. Se trata de una medida ética y constitucionalmente reprochable, que avanza sobre nuestras libertades individuales y que debe ser derogada de inmediato.

Como recordará, hace tiempo propuse la formación de un partido, al cual llamé “de la Austeridad y la Decencia”; muchos me acompañaron en esa patriada e inclusive, hicieron fundamentales aportes doctrinarios; lamentablemente, luego debí olvidarlo por las necesidades propias de un angustioso año electoral. Hoy, en su lugar, me he sumado a Unidos, una iniciativa que encabezan varios jóvenes amigos, todos ellos absolutamente intachables e interesados sólo por el país y su futuro. Luego de leer sus claras propuestas (https://www.libertadyprogreso.org/politicas-publicas), lo exhorto también a hacerlo, porque la Argentina lo necesita.

Bs.As., 18 Abr 20

viernes, 10 de abril de 2020

Clepto-gobierno y sociedad amoral




Clepto-gobierno y sociedad amoral


“La política es el camino para que los hombres sin principios
 puedan dirigir a los hombres sin memoria”.
 François-Marie Arouet (Voltaire)

Las casualidades existen pero, cuando aparecen como cuentas de un collar, la probabilidad de que lo sean disminuye casi a cero. A esta altura de los acontecimientos, podemos afirmar que el kirchnerismo volvió para robar lo poco que quedaba de la Argentina, para construir un Estado policial chavista y para obtener impunidad para sus máximos referentes; en el camino, y a pesar de los dichos de Alberto Fernández –“Cristina y yo somos lo mismo”-, también a impedir que se dispute el liderazgo a la jefa de la asociación ilícita que saqueó el país hasta la extenuación, preocupada por las encuestas que muestran que su delegado duplica su imagen positiva.

El periodismo ha comprobado enormes compras de alimentos de la canasta básica y de insumos sanitarios del Estado con gigantescos sobreprecios en plena pandemia, con todo lo de canallesco que esa conducta implica, y el Gobierno destruyó todos los sistemas informáticos y facultó a sus ministerios a dejar de utilizar el transparente “expediente electrónico”, generalizado durante el macrismo, “en caso necesario”; así, volvió el peor hábito de la política, que oculta sus latrocinios tras toneladas de papel . 

Los legisladores del Frente para Todos, encabezados por Carlos Heller (Presidente de Banco Credicoop, del Partido Comunista; curiosamente, por tratarse de una cooperativa, no paga el impuesto a las ganancias, pese a ser el más caro del mercado) y liderados por Máximo Kirchner, presentaron un proyecto de ley, manifiestamente inconstitucional, para gravar a quienes blanquearon dinero en el exterior y tributaron oportunamente, y un incremento en el impuesto al patrimonio de los mayores contribuyentes.

¿Qué harán doña Cristina y sus hijos en caso de que se convierta en ley? Es una pregunta relevante porque se trata de la familia más rica del país, aunque su fortuna se encuentre en las islas Seychelles o convertida en diamantes en Angola y no sólo en los hoteles y demás propiedades en la Argentina; si devolvieran lo robado, se podría pagar la deuda externa y el país tendría una salida tranquila a esta complicada situación sanitaria.

No cabe hacerse ilusiones al respecto, ya que tanto el Presidente como ambos titulares de las cámaras del H° Aguantadero han hecho caso omiso al ruido de las cacerolas que requerían un mínimo gesto de solidaridad de la clase política, traducido en una reducción de sueldos, dietas y privilegios.

Todas las resoluciones presidenciales, adoptadas por decretos de necesidad y urgencia ante la injustificable inactividad del Congreso, van en contra de la posibilidad de que, alguna vez, lleguen inversiones. Los controles de precios, la delegación de facultades, los permanentes cambios en las reglas de juego, el desprecio de la ley y los contratos, la corrupción generalizada, la inexistente moneda, el desprestigio de los jueces y el desprecio a los exitosos, más el clima complicado que vivirá el mundo post-pandemia, nos dejan ante un trágico futuro.

Lo peor, en tal sentido, fue el default en que el país cayó ante los acreedores sometidos a la ley argentina, porque demostró cuánto confían Fernández² en nuestros venales magistrados cuando de dictar sentencias acordes a sus deseos se trata. En cambio, por ahora no se han atrevido a desafiar al Poder Judicial de los Estados Unidos, representado por la Juez Loretta Preska, de Nueva York; ésta ya ha dicho que no aceptará, en ningún caso, que las demandas contra la Argentina sean traídas al país.

Y no puede ser más razonable esa posición si pensamos en el otorgamiento de la detención domiciliaria a Amado Boudou, que no corría riesgo alguno en prisión, mientras los mismos jueces niegan ese beneficio a los cientos de militares, todos mayores de 70 años y enfermos, presos “preventivamente” hace más de diez años. En igual condición que el ex Vicepresidente, pese a las sentencias por corrupción que los afectan, están Julio de Vido, Cristóbal López y muchos otros ladrones liberados por estos crápulas indignos después que el Frente para Todos ganara las elecciones.

Ya que ha anunciado que las fuerzas federales bajo su mando harán “cyberpatrullaje” para espiar a la sociedad, aviso a la Ministro de Seguridad, Sabina Frederic, que seguiré expresándome contra la corrupción y convocando a “cacerolear” mientras Alberto y Cristina Fernández, sus hijos, testaferros y cómplices de toda laya sigan robando.

Pero nuestra sociedad, siempre tan amoral, no se indigna ni reacciona ante estos hechos; acepta la corrupción, la impunidad, la venalidad de los jueces y todo aquello que, tan pronto como termine la pandemia, confirmará la inviabilidad de nuestro país como nación independiente.

A pesar del confinamiento y de las malas nuevas, la más feliz Pascua de Resurrección o Pésaj para usted, los suyos y todos los argentinos.

Bs. As., 11 Abr 20