sábado, 16 de noviembre de 2019

¡Desacatados!



¡Desacatados!


“La historia es un supermercado; cada cual
 elige llevarse lo que prefiere o necesita”.
 Loris Zanatta

En momentos como los actuales, cuando todas las certezas que teníamos con respecto al mundo se transforman en segundos en magmas trepidantes e hirvientes, resulta harto difícil hacer un análisis unívoco acerca de la realidad, sobre todo cuando estamos inmersos en ella. De todas maneras, y dado el corto espacio del que dispongo en cada nota, me referiré sólo a un aspecto de lo que está sucediendo en América Latina.

Los intereses de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel convergieron con los de Rafael Correa, prófugo, y de allí surgió la sedición contra Lenin Moreno en Ecuador; luego, intentaron derrumbar a Martín Vizcarra, pero el mandatario peruano resistió la embestida y también superó la crisis. Y entonces fueron a por Chile, donde se vio la ferocidad de los terroristas enmascarados como en ningún otro lugar; pero no previeron que la sociedad boliviana –afectada por los mismos problemas económicos de las demás- no aceptaría pacíficamente la tentativa de eternización en el poder ni toleraría el fraude electoral, y perdieron así un aliado fundamental.

Los regímenes de Evo Morales y de Sebastián Piñera tienen diferentes orígenes políticos. El primero permitió el acceso al poder de los indígenas del Altiplano y se sumó al ámbito populista de pseudo izquierda organizado por el Foro de São Paulo y la Unasur. El chileno, por su parte, es representante de la centro-derecha, actora de la alternancia democrática con la centro-izquierda que, durante treinta años, llevó tanto progreso.

Sin embargo, surge claramente una notable coincidencia en los gravísimos conflictos callejeros que están afectando a esos dos países, y que podrían agravarse: los gobiernos recurrieron a las fuerzas armadas para reprimir la protesta, aún cuando las razones de ésta fueran diametralmente opuestas. Y en los dos casos, los militares se negaron a hacerlo hasta contar con un respaldo mayor que la mera decisión presidencial.

La hipocresía canallesca de la que hace gala el Grupo de Puebla, formado por ex mandatarios y que integra nuestro Presidente electo, le permite acusar al Grupo de Lima, que varias naciones crearon para buscar una solución democrática al drama humanitario que vive Venezuela, de intervenir en la política interna de ese país; mientras tanto, se califica al Poder Judicial brasileño de perseguir a Luiz Inácio Lula (cuando está condenado por ladrón), se apoya públicamente al Frente Amplio (que competirá en el ballotage uruguayo del domingo 24) y se reprueba a Donald Trump por festejar la renuncia de Evo Morales.  

Es la misma repudiable actitud que lleva a condenar a los militares bolivianos -que sugirieron a Evo Morales renunciar- por golpistas y a aplaudir a sus colegas chilenos por no salir a la calle, en ambos casos desacatando las órdenes presidenciales; sin embargo, la razón de la negativa es la misma: en toda América Latina son muchísimos los soldados que están presos, en nombre de unos derechos humanos tuertos y manipulados, por defender las instituciones republicanas contra la agresión terrorista.

Sobre la protesta pacífica de los ciudadanos, comprensible por razones socio-económicas, se montaron sin dudarlo los mismos que, hace ya cincuenta años, incendiaron la región con la violencia terrorista en el marco general de la “guerra fría”; una vez que Rusia consiguió poner un pie en Cuba, ésta comenzó a exportar su revolución a todo el resto de los países hasta que cada organización guerrillera fue derrotada, sólo bélicamente, por las fuerzas armadas cuyos miembros, prácticamente sin distinción de países, pagaron con la cárcel esa victoria.

Por ello, hoy los ejércitos exigen para obedecer las órdenes de represión prácticamente lo mismo: un inequívoco respaldo político, la vigencia del código de justicia militar y el eventual juzgamiento por tribunales militares. Esto coloca a Piñera en un brete complicado, porque si diera respuesta positiva a dichos reclamos, la izquierda internacional le saltará al cuello y, dada la situación actual de la calle, es probable que se produjeran muchas muertes; en Bolivia, demandan idénticas garantías para salir a controlar, con balas que no son de goma, a los insurrectos partidarios de Evo Morales que quieren incendiar el país. 

El miércoles, nuestro Hº Aguantadero, en comisión bicameral, cristalizó –para evitar el libre albedrío de los jueces- las razones que justificarán la aplicación de la prisión preventiva antes de la sentencia definitiva. Rápidamente, el periodismo salió a preguntarse cuántos de los detenidos por las causas de corrupción recuperarán su libertad, pero no escuché a nadie inquirir sobre la suerte de tantos militares ancianos que, incluso sin haber sido enjuiciados aún, están preventivamente presos hace más de una década. 

Nada está dicho aún en nuestra América del Sur, pero Colombia parece haberse convertido en el próximo objetivo de esos temibles canallas, ya que el Brasil de Jair Bolsonaro no parece ser un bocado fácil y aquí, en la Argentina, la tranquilidad callejera que trajo aparejada el triunfo del peronismo pegoteado se extenderá, seguramente, por varios meses.

Colonia del Sacramento, 16 Nov 19

sábado, 9 de noviembre de 2019

Volvieron, ¿pero mejores?




Volvieron, ¿pero mejores?


“La historia retrocedía a toda
 carrera hacia la tribu y el ridículo”.
 Mario Vargas Llosa


A pesar de cuanto cabía esperar a partir de la razonablemente amable reunión que mantuvieran Mauricio Macri y Alberto Fernández a pocos días de las elecciones del 27 de octubre para comenzar una civilizada transición, el Presidente electo se apresuró a mostrar la hilacha.

Más allá de los malabares que se ve obligado a hacer con respecto a Venezuela, un asunto prioritario para Estados Unidos y Brasil, países a los que necesita más que el agua en el desierto, y de los desatados ataques a la administración saliente en la Argentina, tres temas están mostrando claramente hacia dónde derivará su acción cuando llegue a la Casa Rosada: la impunidad para los políticos y empresarios procesados o ya presos por corrupción, la reconstrucción del frente populista en Hispanoamérica y la reiterada pretensión de avanzar contra la prensa independiente.

Lo que comenzó con un par de payasos mediáticos que reclamaban la creación de una suerte de CONADEP para el periodismo y con los dichos recientes de Rafael Bielsa en igual sentido, dirigidos a proteger a Hugo Moyano, se transformó en algo mucho más serio y peligroso por las expresiones del propio Alberto Fernández, cuestionando a la prensa y a los propietarios de los medios. Ya se habrían concretado cancelaciones de contratos a varios conductores que han sido críticos del kirchnerismo.

La visita a Andrés Manuel López Obrador tuvo la marca de la tensión que vive el futuro Presidente argentino entre la dominante presencia de Cristina Fernández, propietaria de los esenciales votos del Conurbano bonaerense y antigua amiga y socia de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y sus necesidades de reconstruir las marchitas relaciones con Jair Bolsonaro y Donald Trump, cuyo Departamento de Estado no olvida la contra-cumbre de Mar del Plata de 2005, que organizó Néstor Kirchner para humillar a George W. Bush ni la apertura de la valija con secretos militares que concretó Héctor Timerman con un alicate en 2011.

México no integra el Grupo de Lima, que clama por el fin de la tiranía de Nicolás Maduro, y Alberto se propone abandonarlo y, a cambio, dar impulso al Grupo de Puebla, un rejunte de personas identificadas con el clepto-populismo que se reunirá hoy aquí.  

Por supuesto, nada dice de las acusaciones de corrupción que golpearon a cuatro ex mandatarios de Perú, que están en prisión, fugados del país o se han suicidado. Como se ve, la teoría de la persecución sólo se aplica (recordando aquél “al enemigo, ni justicia”) a los compañeros de ruta, a los cuales se les perdonan las violaciones a los derechos humanos, el fraude y el latrocinio, como a Evo Morales, Fernando Lugo o Rafael Correa.

Ese posicionamiento tiene su correlato en el escenario local. El triunfo de Fernández² hizo que comenzaran a soplar fuertes vientos que renovaron el aire en algunas celdas de Ezeiza y Marcos Paz, amén de haber hecho girar las veletas de Comodoro Py; algunos fueron lo suficientemente potentes como para dejar ir a muchos detenidos por las causas de corrupción. La excarcelación de Luiz Inácio Lula da Silva, ordenada luego de que el Tribunal Supremo modificara su jurisprudencia y le permitiera esperar en libertad hasta agotar sus recursos, llevó esperanzas a los muy pocos que aquí aún miran al mundo a través de las rejas.

Cristina venía pregonando su interesada teoría de lawfare y Alberto la hizo suya, responsabilizó a la prensa, confesó que ella está libre sólo por los fueros parlamentarios y la decisión del peronismo, y amenazó veladamente a los jueces que la han procesado. Por supuesto, el principal objetivo de la banda sigue siendo garantizar la impunidad de Florencia Kirchner, el único miembro de la familia que no cuenta con esa protección.

En consonancia, Eduardo Barcesat y Raúl Zaffaroni, sostienen que las investigaciones sobre el falso progresismo en América del Sur son “persecuciones políticas” y, consecuentemente, todos los ladrones (y los empresarios que confirmaron la información de los cuadernos) deben ser puestos en libertad en forma inmediata. Exigieron la intervención del Poder Judicial jujeño, apoyados en la pública opinión de Alberto, que considera indebida la prisión de Milagro Salas, cuyas condenas fueron confirmadas por unanimidad por la Corte Suprema.

A la luz de lo que está sucediendo en Chile (recomiendo esta lectura: https://elmontonero.pe/columnas/lecciones-de-chile), donde a la protesta genuina y pacífica se le montó la subversión terrorista apalancada por Cuba, Venezuela y otros regímenes más fuertes que están detrás, me pregunto qué hubiera pasado de haber obtenido Mauricio Macri su reelección, en especial porque allí y aquí los oficiales a los que se ordena reprimir la violencia callejera son inmediatamente procesados por hacerlo.

De todas maneras, sorprendió la vergonzosa diferencia entre la necesidad imperiosa de aumentos salariales y bonos compensatorios que exigían los sindicatos, y la inmediata renuncia a todas esas reivindicaciones gremiales tan pronto se conoció el triunfo de Alberto Fernández.

Bs.As., 9 Nov 19

viernes, 1 de noviembre de 2019

Pirro, ¿estás




Pirro[i], ¿estás?

“La primera ley de la historia es no atreverse a
 mentir; la segunda, no temer a decir la verdad”.
 S.S. León XIII


De las dos esperanzas que confesé en mi última nota respecto a lo que sucedería el domingo pasado, sólo una se transformó en realidad: el Partido Nacional logró llegar al ballotage en Uruguay. Así, puso en serio riesgo la continuidad al frente del Estado del Frente Amplio. Hay que esperar hasta el 24 de noviembre para la definición, pero apuesto por Luis Lacalle Pou.  

En cambio, en la Argentina, pese a la insospechada y hasta inexplicable (en este contexto económico) remontada, a Juntos por el Cambio le faltaron muchos votos para lograrlo, y el Frente de Todos, con la fórmula Fernández², se sentará en los sillones del poder nacional el 10 de diciembre. Lo mismo hará Axel Kiciloff –que revalidó sus credenciales de mentiroso serial y sectario el mismo domingo- en la crucial Provincia de Buenos Aires.

El país, pintado con los colores –amarillo y azul- de las respectivas coaliciones electorales, semejó la camiseta de Boca Juniors ya que, salvo donde perdió la encomiable María Eugenia Vidal, todo el pujante centro del país (la ciudad de Buenos Aires y las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza) votó por la reelección Mauricio Macri, aportándole los dos millones trescientos mil votos más que obtuvo con respecto a las PASO, mientras que las provincias más pobres (aún así, el Presidente mejoró su performance en la mayoría de ellas) y, sobre todo, el trágico Conurbano bonaerense, garantizaron la victoria del peronismo unido o, visto lo que sucedió desde entonces, sólo pegoteado.

Me refiero, claro, al palco de Chacarita, donde festejaron, básicamente, Cristina Fernández, Kiciloff, La Cámpora, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y un demudado Sergio Massa. Y al acto de la reasunción del impresentable Gobernador de Tucumán, Juan Manzur, en el cual Alberto Fernández se mostró rodeado de otros gobernadores (excluidos de la celebración capitalina por decisión de la viuda de Kirchner), de lo más granado del sindicalismo y hasta de Daniel Scioli; esas dos fotos debieran ser incorporadas a varios prontuarios.

Quedó expuesta así la ruptura en el tejido de esa construcción exclusivamente electoral que fue el Frente para Todos, y la certidumbre de los enormes conflictos que se desatarán en su interior a partir de ahora. Porque Cristina hará sentir que es la dueña de los votos y exigirá ejercer el poder real, en competencia con la fracción no-kirchnerista que un Alberto desdibujado en ese mapa pretende construir como base propia con los señores feudales de las provincias y con los gremialistas de derecha.

Espero, sinceramente, que ese enfrentamiento no se transforme en una reedición de los años de plomo, en los que la Triple A y la izquierda subversiva –con Perón/Isabel en el gobierno y ambas en nombre de ellos- dirimieron sus diferencias a tiros, bombazos y asesinatos, nunca investigados. Se me podría objetar que ya no hay ideologías extremas en juego –si es que en aquél entonces fueron sus motivaciones reales- pero apareció en escena otro actor mucho más peligroso aún, el narcotráfico.

En materia de relaciones internacionales, por el contrario, no parece haber demasiadas diferencias en las miradas de los Fernández: ambos reforzarán la simbiosis con el clepto-“progresismo”, el Foro de São Paulo y al Grupo de Puebla; éste, que se reunirá aquí en diciembre, manifestará su apoyo a los insurrectos de Chile, de Perú y Ecuador que financian, al ladrón y asesino Nicolás Maduro, al prófugo Rafael Correa, al fraudulento Evo Morales, al condenado Luiz Inácio Lula da Silva (la pública apelación de Alberto por su libertad, calificándolo como “preso político”, fue la razón de la furibunda reacción de Jair Bolsonaro en su contra) y al cuestionado José Pepe Mujica, y ratificará la ruta para la recuperación del poder en toda la región; según el propio Diosdado Cabello, ese plan está cumpliendo sus objetivos. Ese posicionamiento agregará obstáculos a la complicada agenda del futuro gobierno con el FMI, con Brasil y con los Estados Unidos.

Por lo demás, el primer viaje de Alberto será al México de Andrés López Obrador, conspicuo miembro de esa tendencia, quien días atrás obligó a sus fuerzas armadas a liberar al hijo del Chapo Guzmán, detenido por liderar el famoso Cártel de Sinaloa, justificando la orden en “evitar un baño de sangre”; resignó así el poder del Estado y lo cedió a los zares de la droga.

Todas esas pinceladas van mostrando un panorama enrevesado para el período que se iniciará el 10 de diciembre. Sin crédito, será harto difícil para los Fernández² cumplir las inmediatas promesas “baglinianas” de llenar heladeras y bolsillos sin caer en hiperinflación. Y la falta de mayorías propias en el Hº Aguantadero impedirá una reforma bolivariana de la Constitución y los obligará a negociar cada una de las leyes que pretendan.

Las urnas probaron que la mitad de la ciudadanía está atenta y dispuesta a resistir una pérdida de las virtudes republicanas de transparencia y decencia, y ha demostrado en la calle que no tolerará más claudicaciones políticas y judiciales frente a la corrupción y a la impunidad. Pero cuidado, porque tampoco permitirá divisiones en la futura oposición.

Por eso me pregunto si esta victoria en las urnas no tendrá mucho de pírrica. No hay dudas acerca de qué se debe hacer en la Argentina y ahora será responsabilidad de los ganadores, igual que lo hubiera sido de Macri; así, es casi mejor que sea el peronismo quien lo haga, ya que innegablemente tiene muchísimo más entrenamiento político y mayor control sobre la inevitable reacción social.

Los “tiempos interesantes” que piden los chinos en sus maldiciones están ya muy cerca. Habrá que ver cómo los transita esta Argentina tan peculiar y tan suicida.

Bs.As., 2 Nov 19


[i] Pirrorey de Epiro, logró una victoria sobre los romanos al precio de miles de sus propios hombres. Al contemplar el resultado de la batalla, dijo: «Otra victoria como ésta y volveré solo a casa»

sábado, 26 de octubre de 2019

Un día crucial en Latinoamérica




Un día crucial en Latinoamérica

“La democracia no se basa en la violencia ni en el terrorismo sino en la razón, en el juego limpio, en la libertad, en respetar las ideas de los demás. La democracia no es una ramera que recoge un hombre en la calle con una metralleta”. Winston Churchill

Ya hemos visto detonar y calmarse rápidamente la vida cotidiana en Ecuador y Perú, por obra y gracia de la firmeza con que actuaron sus presidentes, uno para contener a los sicarios de Rafael Correa, el otro para impedir que los partidarios de Keiko Fujimori tomaran por asalto el poder. La sorpresa mayor, por supuesto, llegó del otro lado de la cordillera y, luego, desde la vecina Bolivia; en estos países nada está dicho aún pues los episodios de violencia continúan.

El primer factor común de todos estos febriles procesos políticos es el descontento de las sociedades con la democracia, ya que ésta no les ha permitido alcanzar los paraísos prometidos. Toda la región se vio beneficiada por los precios de los commodities durante la última década del siglo pasado y la primera del actual, y eso permitió que enormes masas populares fueran elevadas desde la pobreza a la clase media baja, con todo lo que ello implica en materia de consumo; cuando esa bonanza terminó, muchos de esos ciudadanos cayeron nuevamente a su nivel anterior, con lógico descontento y señalando la agudización en la concentración de la riqueza. Carlos Pagni escribió el jueves una excelente columna (https://tinyurl.com/y6yrfxlf) que me evita extenderme demasiado.

En el artículo citado sólo faltaron, a mi modo de ver, otros factores esenciales para entender qué está sucediendo: las comunicaciones, que permiten organizar las protestas y transmitirlas en tiempo real; el narcotráfico, que financia con sus enormes fondos a los regímenes que están asociados con él (Venezuela) y a los personajes que eran sus socios (los Kirchner, en Argentina) y pueden volver al poder; y, por supuesto, la actitud prescindente de Donald Trump frente a Latinoamérica, que ha dejado manos libres –como hizo en Siria- a Rusia, que pretende en nuestra región reeditar trágicos y sangrientos sucesos, recreando la guerra fría.

Como se ve, no hay en todas esas circunstancias tan novedosas una sola causa, aunque los incendiarios sean siempre los mismos, para debilitar a los gobiernos democráticos o para impedir la caída de los regímenes afines. En todos los casos, han sido coordinados y financiados por el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla; o sea, por Venezuela y Cuba y, atrás de ellas, Vladimir Putin, cuyo entrenamiento en la ex KGB le ha permitido manejar la inteligencia global como a ninguno de los mandatarios occidentales.

Hace varios años, los vientos de libertad arrasaron, democráticamente, con los regímenes populistas, incapaces de dar respuesta a los reclamos sociales y sumergidos en una escandalosa corrupción. Así, el Foro de São Paulo y su instrumento regional, la UNASUR, perdieron a varios miembros, aunque Nicaragua, Venezuela y Cuba aún vivan bajo el yugo de dictaduras asesinas, en México la izquierda haya triunfado, y Bolivia, si el fraude es convalidado, se convertirá en otra joya de esa siniestra corona. Pero Colombia, Brasil, Chile, Uruguay y Argentina están gobernados por sistemas que respetan las instituciones, y a ellos se dirigirán las próximas agresiones de estos manipuladores de genuinos y justificables descontentos, transformándolos en insurreccionales y destituyentes.

Mañana, en ese complicado escenario regional, tendrán lugar dos elecciones claves. Los uruguayos y los argentinos iremos a las urnas para saber si queremos perpetuar el clepto-populismo o continuar viviendo en libertad; creo que, en ambos casos, se habilitará el ballotage y, si fuera así, estoy convencido que el Partido Blanco y Juntos por el Cambio triunfarán y todos los esfuerzos de Nicolás Maduro y Raúl Castro habrán sido vanos.

Y pienso así, en nuestro caso, porque ha quedado claro –hasta el candidato a Presidente lo reconoció- que el verdadero poder, en caso de una victoria del Frente para Todos, estará en manos de Cristina Fernández, que cerró el acto de Mar del Plata rodeada por los siniestros señores feudales de las provincias más pobres y del sindicalismo vernáculo, pero diferenciándose ostensiblemente de las posiciones del peronismo suturado. Fue un preanuncio de los conflictos que desatarán al interior del peronismo unido si triunfaran; muchos de nosotros recordamos con cuanta sangre y muerte se zanjaron esas diferencias entre 1973 y 1976.

Está demás decir que el kirchnerismo no aceptará pacíficamente un resultado electoral esencialmente distinto al de las PASO puesto que, con la colaboración de empresarios y de operadores periodísticos, ha instalado exitosamente que “Fernández² ya ganó”. Denunciará fraude y, seguramente, a partir del lunes nos obligará a vivir muy complicados días en la calle, un lugar en el cual los movimientos más violentos que lo integran generarán situaciones de alta conflictividad, como nos lo mostró el jueves el cierre de la campaña tucumana de Juan Manzur, y sucedió en el tratamiento de la reforma previsional, en diciembre de 2017, en la Plaza del Congreso.

Espero que el Gobierno (confío plenamente en la Ministro de Seguridad, Patricia Bullrich) esté preparados para reprimirlos y evitar males mayores, tanto como parece haber mejorado la organización de la fiscalización del comicio, de la mano de Guillermo Dietrich.

Bs.As., 26 Oct 19

sábado, 19 de octubre de 2019

Ocho días




Ocho días

“A pesar de todo irás adelante.
“¡La fe en el camino será tu constante!
  Eladia Blázquez

Falta sólo una semana para que decidamos nuestro futuro y, también, el de toda la región. A pesar de nuestra decadencia infinita, un milagro hace que aún América Latina nos preste atención; si optáramos por continuar suicidándonos en cuotas, como hemos hecho durante un siglo, el clepto-populismo regresará por sus fueros –nunca mejor aplicado- a uno de los considerados como principales países del sub-continente.

Festejarán, entonces, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Rafael Correa desde Bruselas, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel en Cuba, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, Andrés Manuel López Obrador en México, José “Pepe” Mugica en Uruguay y, por supuesto, por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello en Venezuela. Todos ellos tienen enormes coincidencias por haber integrado el Foro de São Paulo y la UNASUR; algunos, además, son violadores seriales de los derechos humanos y aliados incondicionales –y socios comerciales- de Cristina Elisabet Fernández. Seguramente, se sumarán también a la fiesta Vladimir Putin en Moscú y Hasán Rohani en Teherán, siempre ansiosos de poner sus pies en la región, que comparten “virtudes” con los líderes mencionados.

El colmo en esa materia se produjo el jueves, cuando nada menos que el régimen asesino de Maduro fue elegido, con el voto decisivo del Movimiento de Países no Alineados, para integrar el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Que esa notable aberración, ya que el mismo organismo produjo recientemente un terrible informe sobre los asesinatos, torturas y desapariciones de miles de venezolanos, sucediera el mismo día en que un notorio opositor apareciera muerto a tiros y calcinado, no hizo más que poner la frutilla del inmundo e injustificable postre.

El mismo día, el peronismo reunido festejó en La Pampa su emblemático Día de la Lealtad; es importante, porque la historia nos ha demostrado que en el famoso movimiento los demás son de traición. En el acto estaba la “galería de los ases del choreo”, como diría Edmundo Rivero: los candidatos y la mafia de los gobernadores y sindicalistas (los mismos a los que Cristina mandó recientemente a suturarse un esfínter), que llenaron el aeropuerto con una flota de aviones, privados y públicos. Hablaron el mandatario local y los integrantes de la fórmula del Frente para Todos, y cada uno produjo frases que deberían ser desopilantes, si no resultaran tan trágicas.

Carlos Verna, muy suelto de cuerpo, reconoció que los dirigentes de ese espacio, aunque debían tragarse sapos, siempre caen parados y encuentran un palenque para rascarse y obtener algún cargo. La arquitecta egipcia, replicando cuanto había dicho en el Calafate al regresar de Cuba, se mostró como verdaderamente es: histriónicamente, abundó en sus ataques a la prensa independiente y en sus propuestas de establecer un nuevo “contrato social” y una CONADEP para la prensa. ¡Tenía razón cuando dijo que había que tenerle miedo!

Pero quien se llevó el Oscar a la mejor actuación fue el candidato a Presidente. Ese caradura describió la unidad peronista como el instrumento que les permite recuperar el poder cada vez que “ellos” (sic) logran arrebatárselo. Confesó así que, en realidad, cuanto se veía en el escenario era el directorio del PJ S.A., una empresa dedicada a acceder al gobierno para, desde allí, robar sin medida; por supuesto, se cuidó muy bien de recordar cuántos años gobernaron desde 1946 a la fecha -Juan Domingo Perón (tres veces), Héctor Cámpora, Isabelita Martínez, Carlos Menem (dos), Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y su viuda (dos)- y el profundo daño que siempre infligieron sus exponentes a los argentinos. Ayer, además, escribió para el futuro: “Cristina y yo somos lo mismo”.

Estuvo también presente la candidata a Vicegobernadora de la Provincia de Buenos Aires, Verónica Magario, actual Intendente de La Matanza. Que esta señora -que integra el equipo que gobierna el distrito desde 1983 y que hoy es el más afectado por las inundaciones, porque ella no aceptó las obras hídricas que pretendía encarar allí María Eugenia Vidal, que ya evitan esas catástrofes en Luján o en La Plata- esté a un paso de ganar las elecciones, no hace más que confirmar que un grave síndrome de Estocolmo afecta a los más pobres de nuestros ciudadanos.

Hoy, a partir de las 17:00 horas, seremos protagonistas de un hecho histórico: la más que masiva concentración que se hará, sin colectivos ni choripanes, en el Obelisco porteño y en muchísimos lugares de todo el país, para demostrar que somos muchos quienes no queremos más corrupción, más populismo, más violaciones a la Constitución y a las leyes, más tentativas de sometimiento del Poder Judicial, más ataques a la libertad de prensa, y reconocer que hemos recorrido un gran trecho, con múltiples errores, en el camino hacia un país normal, y que no estamos dispuestos a desperdiciarlo para que unos pocos –o muchos- se vuelvan a enriquecer a nuestra costa.  

Y mañana asistiremos al segundo debate entre los candidatos presidenciales. Espero que, esta vez, el Presidente Macri se ponga los pantalones y salte al cuello de Alberto Fernández, para enrostrarle las mismas cosas que, en materia de corrupción y complicidad con el crimen, éste dijo desde que dejó de ser ministro Néstor Kirchner y que ahora, cuando la real jefa lo designó a dedo, desmiente sin vergüenza alguna.

Los días que faltan para las elecciones nos harán vivir, como dice la maldición china, tiempos interesantes. Si logramos entrar al ballotage, y estoy seguro de que así será, se extenderán, como mínimo, hasta el 24 de noviembre. Habrá que tener coraje, porque seguramente lloverán piedras.

Bs.As., 19 Oct 19

sábado, 12 de octubre de 2019

¡Está desnudo!





¡Está desnudo!

“Sólo hay un riesgo que deberías evitar a toda
 costa, y es el riesgo de no hacer nada”.
  Denis Waitley

Dentro de quince días, los argentinos volveremos a las urnas para decidir si queremos vivir en una República o en un sistema autocrático, populista y corrupto. La economía está mal, muy mal, pero me resulta impensable que, a cambio de renovados espejitos de colores que nos han resultado tan caros en el pasado, sigamos suicidándonos en cuotas. Está en nosotros, sin desfallecer, hacer todo lo necesario para dar vuelta el resultado de las PASO, puesto que el país está hoy realmente en peligro.

Mi ilusión se funda tanto en la insospechada y multitudinaria recepción que los pueblos y ciudades tributan a Mauricio Macri en sus periplos diarios cuanto en los horrores que ya exhibe la campaña del Frente para Todos como muestra de lo que sucederá si la fórmula Fernández² se hace con el triunfo. Y, además, en que recuerdo las elecciones de 1983, cuando Raúl Alfonsín, a quien todas las encuestas daban perdedor frente al peronismo unido, que presentaba a Italo Luder, las ganó ampliamente.

Porque, como sucedió con aquel rey que pretendió que todos sus súbditos lo imaginaran revestido de ropajes, aquí también basta la mirada de un niño para anunciar que Alberto Fernández está desnudo.

Cristina Fernández, amparada en la enfermedad de su hija, guarda silencio y desaparece de escena para no arruinar el relato de amor y paz de su candidato. Sin embargo, las contradicciones entre ambos surgen claramente todos los días: Alberto dice que su compañera tendrá “cero injerencia” en su gobierno y sólo aportará su experiencia; pero, mientras pide a las organizaciones sociales que dejen la calle, éstas (indisolubles aliadas de la viuda) responden que no lo harán mientras Macri gobierne, y que seguirán ocupándola, con la misma metodología, si él resulta ganador. Se exhibe como pacificador, pero aparece en las fotos rodeado por lo peor del sindicalismo violento y corrupto: Roberto Baradel, Hugo Moyano, Hugo Yatsky, etc.. Polemiza con Patricia Bullrich, y se ubica del lado de los delincuentes, tal como preconiza su amigo y socio Raúl Zaffaroni, y contra la Policía y la seguridad ciudadana.

Envía a Estados Unidos a Sergio Massa, quien declaró que el régimen venezolano es totalitario, para intentar explicar que tendrá un racional posicionamiento internacional si llegara al poder pero, a contrapelo, la dueña del espacio lo obliga a decir que retirará a la Argentina del Grupo de Lima, que intenta encontrar una salida pacífica a la tiranía torturadora y asesina de Nicolás Maduro, mientras aparecen serios indicios de participación de cubanos en su campaña electoral.

Para confirmar ese giro, en el absurdo Parlasur los votos de los diputados kirchneristas se sumaron a los chavistas para impedir que el organismo condenara al régimen caribeño, marcando claramente cuál será la postura real de su eventual gobierno, que pretende recrear la Unasur y el siniestro Foro de San Pablo, con el apoyo de Rafael Correa y Luiz Inácio Lula da Silva, y volver a las andadas clepto-populistas que arrasaron América del Sur, como están intentando hacer violentamente en Ecuador.

Anímal Fernández anunció que, si triunfa Axel Kiciloff, gobernará la Provincia como lo hubiera hecho él si hubiera ganado en 2015. ¡Menuda amenaza para los bonaerenses, que entonces lo repudiaron por considerarlo gerente del narcotráfico! Si le sumamos la afirmación del propio candidato, que atribuyó a la pérdida de trabajo el crecimiento del narcomenudeo, tal vez el resultado sea la confirmación de los dichos del primero.

Pero la situación más vergonzosa, dado que afecta nada menos que al Poder Judicial en todas sus instancias y permite calificar a sus miembros como prevaricadores seriales, se da a partir de las PASO. Ya ocho detenidos preventivamente en las causas de corrupción han sido dejados en libertad invocando los plazos máximos legales para la prisión, la imposibilidad de alterar las pruebas del proceso o la falta de peligro de fuga, la edad de los imputados cuando superan los 70 años, o razones de salud, ya que el Servicio Penitenciario no tiene posibilidades de atenderlas.

Pero, mientras tanto, 1500 ancianos, con edades y plazos de encarcelamiento sin condena que superan largamente todos esos parámetros y que padecen enfermedades gravísimas o terminales, son mantenidos en las mazmorras por el solo hecho de haber sido acusados de delitos de lesa humanidad que habrían sido cometidos hace más de 43 años, marcando así una discriminación que clama al cielo. No existe un caso similar en el mundo occidental, donde rige el Tratado de Roma y las infracciones son juzgadas por el Tribunal Penal Internacional, ante el cual no pueden invocarse leyes posteriores al hecho del proceso y donde rige el principio de inocencia.

El Gobierno ha dado en el tema algunos pasos positivos, aunque tardíos, como la presencia presidencial en el acto de reconocimiento a quienes cayeron defendiendo el Regimiento de Monte 29, en plena democracia, contra un ataque de Montoneros. También lo fue la pretensión, ya anulada por esa Justicia tuerta, de limitar el monto de las indemnizaciones a aquéllos que dicen haberse visto obligados a emigrar durante el Proceso, hoy equivalentes a las que se pagaron a las familias de los desaparecidos, a los guerrilleros asesinados por las propias organizaciones subversivas e, incluso, a quienes murieron cometiendo atentados o atacando unidades militares.

Bs.As., 12 Oct 19

sábado, 5 de octubre de 2019

¿Por qué no?




¿Por qué no?

“Sueña René Favaloro
 un país que nunca fue”.
 Eduardo Falú

El lunes, la divulgación del porcentaje (35,4%) de pobreza que afecta a la población produjo un verdadero tsunami en la clase política, la misma que se ha mostrado incapaz de encontrar una solución al problema desde hace décadas; es más, quienes forman parte de ella son los verdaderos responsables de esta situación, ya que el descontrolado gasto público y la consecuente inflación son los factores que más inciden para agravarla.

Resultaría ideal que, además, se transformara en un terremoto que sacudiera la conciencia de todos, en especial la de aquéllos que, desde la industria (reclamando sostener inicuas protecciones) y el sindicalismo (como los camioneros de Moyano o los pilotos de Aerolíneas Argentinas), luchan diariamente por mantener sus privilegios y prebendas sectoriales, en claro desmedro del bienestar general.

La oportunidad en que se conoció el dato –a sólo 27 días de las elecciones nacionales- habla bien de la honestidad de un Gobierno que ha decidido pagar el costo de decir siempre la verdad, aún cuando ésta, tan negativa, afecte en lo inmediato sus chances de revertir el resultado de las primarias. Evidentemente, en Mauricio Macri se ha hecho carne una frase de Jorge Luis Borges: “siempre el coraje es mejor”; todos recordamos su ahora penosa apelación para que se lo juzgara al final de su gestión, precisamente, por el nivel de pobreza.

Esa actitud resulta contrastante con las frescas imágenes que todos tenemos de Anímal Fernández sosteniendo, sin siquiera ponerse colorado, que en Argentina había menos pobres que en Alemania, y de Axel Kiciloff, que pretende convertirse en el próximo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, afirmando que se había dejado de medir la pobreza porque implicaba “estigmatizar” a los afectados.

La multitudinaria manifestación de las Barrancas de Belgrano del sábado pasado, con el cual se inició un raid de actos similares en todo el interior del país, y el inesperado resultado de las elecciones provinciales de Mendoza, el domingo, acompañado por algunas municipales en esa y otras provincias, que marcaron una fuerte reversión de lo sucedido en las PASO, retemplaron el ánimo de quienes, aún no adhiriendo a Cambiemos, están desplegando un descomunal esfuerzo para evitar que se pierdan las libertades, el respeto y la institucionalidad que han impregnado la vida de la República los últimos cuatro años, y los enormes avances en materia de infraestructura y en la relación con el mundo.

Es que todo ello demostró que aún es posible esquivar el sino trágico de este raro país que, lamentablemente y pese a los dos siglos que lleva en ello, aún no ha logrado transformarse en una nación. Todos somos conscientes de las dificultades que deberemos enfrentar, pero ya sabemos que, aunque improbable, no es imposible llegar a un ballotage y, si lo conseguimos, de infligir a la canalla corrupta –que manda, como lo demostró en las huelgas de pilotos aéreos y en los acampes callejeros- una derrota homérica.   

El primer efecto colateral trascendente sería terminar con la incipiente impunidad que las veletas del edificio de Comodoro Py parecen garantizar para los mayores ladrones –funcionarios, gremialistas y empresarios- de la historia argentina, traducida en demoras ya injustificables en el comienzo de los juicios orales, libertades cuestionables y extraordinarios privilegios para los imputados. Tal vez también produzca realineamientos en el Poder Judicial, incluyendo a la propia Corte Suprema de Justicia, que ha comenzado a cogobernar el país, con fallos de neto contenido político, de un modo por demás extraño.

Si el kirchnerismo, con esa eventual derrota, finalmente desapareciera del escenario político o quedara reducido a una mínima expresión, podrían darse las condiciones –que Cambiemos ahora aceptaría sin dudar- de llegar a un gran acuerdo con la oposición peronista, para compartir con ésta la responsabilidad de establecer políticas de estado permanentes que, a futuro, terminen con la persistente decadencia nacional. Debieran dirigirse a disminuir la pobreza, acabar con la inflación, y realizar las indispensables reformas tributarias, laborales y jubilatorias que permitan reducir drásticamente el insoportable gasto público, encarar la modernización del sistema educativo y abrir, gradualmente, la economía.

Porque cualquier análisis serio de la realidad concluye en que, quienquiera que sea el próximo Presidente, deberá hacer las mismas cosas: bregar contra una crisis recurrente, renegociar la enorme deuda, dejar de gastar lo que no se tiene, posicionar racionalmente a nuestro país en términos geopolíticos. Y todo eso deberá hacerse en un mundo convulsionado por innumerables y crecientes conflictos bélicos y comerciales, con liderazgos cada vez más cuestionados e imprevisibles, y que se encamina a una recesión peor que la que lo afectó en 2008; es decir, donde habrán desaparecido todas -aún las más extravagantes, como la imaginada China-, fuentes de financiación.

Los desafíos serán de tal magnitud, que resultarán en la obligación de participar a las diferentes fuerzas políticas porque, a esta altura de los acontecimientos, la disolución nacional –incluyendo un final violento- claramente ha dejado de ser una entelequia.

Bs.As., 5 Oct 19