sábado, 16 de noviembre de 2019

¡Desacatados!



¡Desacatados!


“La historia es un supermercado; cada cual
 elige llevarse lo que prefiere o necesita”.
 Loris Zanatta

En momentos como los actuales, cuando todas las certezas que teníamos con respecto al mundo se transforman en segundos en magmas trepidantes e hirvientes, resulta harto difícil hacer un análisis unívoco acerca de la realidad, sobre todo cuando estamos inmersos en ella. De todas maneras, y dado el corto espacio del que dispongo en cada nota, me referiré sólo a un aspecto de lo que está sucediendo en América Latina.

Los intereses de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel convergieron con los de Rafael Correa, prófugo, y de allí surgió la sedición contra Lenin Moreno en Ecuador; luego, intentaron derrumbar a Martín Vizcarra, pero el mandatario peruano resistió la embestida y también superó la crisis. Y entonces fueron a por Chile, donde se vio la ferocidad de los terroristas enmascarados como en ningún otro lugar; pero no previeron que la sociedad boliviana –afectada por los mismos problemas económicos de las demás- no aceptaría pacíficamente la tentativa de eternización en el poder ni toleraría el fraude electoral, y perdieron así un aliado fundamental.

Los regímenes de Evo Morales y de Sebastián Piñera tienen diferentes orígenes políticos. El primero permitió el acceso al poder de los indígenas del Altiplano y se sumó al ámbito populista de pseudo izquierda organizado por el Foro de São Paulo y la Unasur. El chileno, por su parte, es representante de la centro-derecha, actora de la alternancia democrática con la centro-izquierda que, durante treinta años, llevó tanto progreso.

Sin embargo, surge claramente una notable coincidencia en los gravísimos conflictos callejeros que están afectando a esos dos países, y que podrían agravarse: los gobiernos recurrieron a las fuerzas armadas para reprimir la protesta, aún cuando las razones de ésta fueran diametralmente opuestas. Y en los dos casos, los militares se negaron a hacerlo hasta contar con un respaldo mayor que la mera decisión presidencial.

La hipocresía canallesca de la que hace gala el Grupo de Puebla, formado por ex mandatarios y que integra nuestro Presidente electo, le permite acusar al Grupo de Lima, que varias naciones crearon para buscar una solución democrática al drama humanitario que vive Venezuela, de intervenir en la política interna de ese país; mientras tanto, se califica al Poder Judicial brasileño de perseguir a Luiz Inácio Lula (cuando está condenado por ladrón), se apoya públicamente al Frente Amplio (que competirá en el ballotage uruguayo del domingo 24) y se reprueba a Donald Trump por festejar la renuncia de Evo Morales.  

Es la misma repudiable actitud que lleva a condenar a los militares bolivianos -que sugirieron a Evo Morales renunciar- por golpistas y a aplaudir a sus colegas chilenos por no salir a la calle, en ambos casos desacatando las órdenes presidenciales; sin embargo, la razón de la negativa es la misma: en toda América Latina son muchísimos los soldados que están presos, en nombre de unos derechos humanos tuertos y manipulados, por defender las instituciones republicanas contra la agresión terrorista.

Sobre la protesta pacífica de los ciudadanos, comprensible por razones socio-económicas, se montaron sin dudarlo los mismos que, hace ya cincuenta años, incendiaron la región con la violencia terrorista en el marco general de la “guerra fría”; una vez que Rusia consiguió poner un pie en Cuba, ésta comenzó a exportar su revolución a todo el resto de los países hasta que cada organización guerrillera fue derrotada, sólo bélicamente, por las fuerzas armadas cuyos miembros, prácticamente sin distinción de países, pagaron con la cárcel esa victoria.

Por ello, hoy los ejércitos exigen para obedecer las órdenes de represión prácticamente lo mismo: un inequívoco respaldo político, la vigencia del código de justicia militar y el eventual juzgamiento por tribunales militares. Esto coloca a Piñera en un brete complicado, porque si diera respuesta positiva a dichos reclamos, la izquierda internacional le saltará al cuello y, dada la situación actual de la calle, es probable que se produjeran muchas muertes; en Bolivia, demandan idénticas garantías para salir a controlar, con balas que no son de goma, a los insurrectos partidarios de Evo Morales que quieren incendiar el país. 

El miércoles, nuestro Hº Aguantadero, en comisión bicameral, cristalizó –para evitar el libre albedrío de los jueces- las razones que justificarán la aplicación de la prisión preventiva antes de la sentencia definitiva. Rápidamente, el periodismo salió a preguntarse cuántos de los detenidos por las causas de corrupción recuperarán su libertad, pero no escuché a nadie inquirir sobre la suerte de tantos militares ancianos que, incluso sin haber sido enjuiciados aún, están preventivamente presos hace más de una década. 

Nada está dicho aún en nuestra América del Sur, pero Colombia parece haberse convertido en el próximo objetivo de esos temibles canallas, ya que el Brasil de Jair Bolsonaro no parece ser un bocado fácil y aquí, en la Argentina, la tranquilidad callejera que trajo aparejada el triunfo del peronismo pegoteado se extenderá, seguramente, por varios meses.

Colonia del Sacramento, 16 Nov 19

sábado, 9 de noviembre de 2019

Volvieron, ¿pero mejores?




Volvieron, ¿pero mejores?


“La historia retrocedía a toda
 carrera hacia la tribu y el ridículo”.
 Mario Vargas Llosa


A pesar de cuanto cabía esperar a partir de la razonablemente amable reunión que mantuvieran Mauricio Macri y Alberto Fernández a pocos días de las elecciones del 27 de octubre para comenzar una civilizada transición, el Presidente electo se apresuró a mostrar la hilacha.

Más allá de los malabares que se ve obligado a hacer con respecto a Venezuela, un asunto prioritario para Estados Unidos y Brasil, países a los que necesita más que el agua en el desierto, y de los desatados ataques a la administración saliente en la Argentina, tres temas están mostrando claramente hacia dónde derivará su acción cuando llegue a la Casa Rosada: la impunidad para los políticos y empresarios procesados o ya presos por corrupción, la reconstrucción del frente populista en Hispanoamérica y la reiterada pretensión de avanzar contra la prensa independiente.

Lo que comenzó con un par de payasos mediáticos que reclamaban la creación de una suerte de CONADEP para el periodismo y con los dichos recientes de Rafael Bielsa en igual sentido, dirigidos a proteger a Hugo Moyano, se transformó en algo mucho más serio y peligroso por las expresiones del propio Alberto Fernández, cuestionando a la prensa y a los propietarios de los medios. Ya se habrían concretado cancelaciones de contratos a varios conductores que han sido críticos del kirchnerismo.

La visita a Andrés Manuel López Obrador tuvo la marca de la tensión que vive el futuro Presidente argentino entre la dominante presencia de Cristina Fernández, propietaria de los esenciales votos del Conurbano bonaerense y antigua amiga y socia de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y sus necesidades de reconstruir las marchitas relaciones con Jair Bolsonaro y Donald Trump, cuyo Departamento de Estado no olvida la contra-cumbre de Mar del Plata de 2005, que organizó Néstor Kirchner para humillar a George W. Bush ni la apertura de la valija con secretos militares que concretó Héctor Timerman con un alicate en 2011.

México no integra el Grupo de Lima, que clama por el fin de la tiranía de Nicolás Maduro, y Alberto se propone abandonarlo y, a cambio, dar impulso al Grupo de Puebla, un rejunte de personas identificadas con el clepto-populismo que se reunirá hoy aquí.  

Por supuesto, nada dice de las acusaciones de corrupción que golpearon a cuatro ex mandatarios de Perú, que están en prisión, fugados del país o se han suicidado. Como se ve, la teoría de la persecución sólo se aplica (recordando aquél “al enemigo, ni justicia”) a los compañeros de ruta, a los cuales se les perdonan las violaciones a los derechos humanos, el fraude y el latrocinio, como a Evo Morales, Fernando Lugo o Rafael Correa.

Ese posicionamiento tiene su correlato en el escenario local. El triunfo de Fernández² hizo que comenzaran a soplar fuertes vientos que renovaron el aire en algunas celdas de Ezeiza y Marcos Paz, amén de haber hecho girar las veletas de Comodoro Py; algunos fueron lo suficientemente potentes como para dejar ir a muchos detenidos por las causas de corrupción. La excarcelación de Luiz Inácio Lula da Silva, ordenada luego de que el Tribunal Supremo modificara su jurisprudencia y le permitiera esperar en libertad hasta agotar sus recursos, llevó esperanzas a los muy pocos que aquí aún miran al mundo a través de las rejas.

Cristina venía pregonando su interesada teoría de lawfare y Alberto la hizo suya, responsabilizó a la prensa, confesó que ella está libre sólo por los fueros parlamentarios y la decisión del peronismo, y amenazó veladamente a los jueces que la han procesado. Por supuesto, el principal objetivo de la banda sigue siendo garantizar la impunidad de Florencia Kirchner, el único miembro de la familia que no cuenta con esa protección.

En consonancia, Eduardo Barcesat y Raúl Zaffaroni, sostienen que las investigaciones sobre el falso progresismo en América del Sur son “persecuciones políticas” y, consecuentemente, todos los ladrones (y los empresarios que confirmaron la información de los cuadernos) deben ser puestos en libertad en forma inmediata. Exigieron la intervención del Poder Judicial jujeño, apoyados en la pública opinión de Alberto, que considera indebida la prisión de Milagro Salas, cuyas condenas fueron confirmadas por unanimidad por la Corte Suprema.

A la luz de lo que está sucediendo en Chile (recomiendo esta lectura: https://elmontonero.pe/columnas/lecciones-de-chile), donde a la protesta genuina y pacífica se le montó la subversión terrorista apalancada por Cuba, Venezuela y otros regímenes más fuertes que están detrás, me pregunto qué hubiera pasado de haber obtenido Mauricio Macri su reelección, en especial porque allí y aquí los oficiales a los que se ordena reprimir la violencia callejera son inmediatamente procesados por hacerlo.

De todas maneras, sorprendió la vergonzosa diferencia entre la necesidad imperiosa de aumentos salariales y bonos compensatorios que exigían los sindicatos, y la inmediata renuncia a todas esas reivindicaciones gremiales tan pronto se conoció el triunfo de Alberto Fernández.

Bs.As., 9 Nov 19

viernes, 1 de noviembre de 2019

Pirro, ¿estás




Pirro[i], ¿estás?

“La primera ley de la historia es no atreverse a
 mentir; la segunda, no temer a decir la verdad”.
 S.S. León XIII


De las dos esperanzas que confesé en mi última nota respecto a lo que sucedería el domingo pasado, sólo una se transformó en realidad: el Partido Nacional logró llegar al ballotage en Uruguay. Así, puso en serio riesgo la continuidad al frente del Estado del Frente Amplio. Hay que esperar hasta el 24 de noviembre para la definición, pero apuesto por Luis Lacalle Pou.  

En cambio, en la Argentina, pese a la insospechada y hasta inexplicable (en este contexto económico) remontada, a Juntos por el Cambio le faltaron muchos votos para lograrlo, y el Frente de Todos, con la fórmula Fernández², se sentará en los sillones del poder nacional el 10 de diciembre. Lo mismo hará Axel Kiciloff –que revalidó sus credenciales de mentiroso serial y sectario el mismo domingo- en la crucial Provincia de Buenos Aires.

El país, pintado con los colores –amarillo y azul- de las respectivas coaliciones electorales, semejó la camiseta de Boca Juniors ya que, salvo donde perdió la encomiable María Eugenia Vidal, todo el pujante centro del país (la ciudad de Buenos Aires y las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza) votó por la reelección Mauricio Macri, aportándole los dos millones trescientos mil votos más que obtuvo con respecto a las PASO, mientras que las provincias más pobres (aún así, el Presidente mejoró su performance en la mayoría de ellas) y, sobre todo, el trágico Conurbano bonaerense, garantizaron la victoria del peronismo unido o, visto lo que sucedió desde entonces, sólo pegoteado.

Me refiero, claro, al palco de Chacarita, donde festejaron, básicamente, Cristina Fernández, Kiciloff, La Cámpora, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y un demudado Sergio Massa. Y al acto de la reasunción del impresentable Gobernador de Tucumán, Juan Manzur, en el cual Alberto Fernández se mostró rodeado de otros gobernadores (excluidos de la celebración capitalina por decisión de la viuda de Kirchner), de lo más granado del sindicalismo y hasta de Daniel Scioli; esas dos fotos debieran ser incorporadas a varios prontuarios.

Quedó expuesta así la ruptura en el tejido de esa construcción exclusivamente electoral que fue el Frente para Todos, y la certidumbre de los enormes conflictos que se desatarán en su interior a partir de ahora. Porque Cristina hará sentir que es la dueña de los votos y exigirá ejercer el poder real, en competencia con la fracción no-kirchnerista que un Alberto desdibujado en ese mapa pretende construir como base propia con los señores feudales de las provincias y con los gremialistas de derecha.

Espero, sinceramente, que ese enfrentamiento no se transforme en una reedición de los años de plomo, en los que la Triple A y la izquierda subversiva –con Perón/Isabel en el gobierno y ambas en nombre de ellos- dirimieron sus diferencias a tiros, bombazos y asesinatos, nunca investigados. Se me podría objetar que ya no hay ideologías extremas en juego –si es que en aquél entonces fueron sus motivaciones reales- pero apareció en escena otro actor mucho más peligroso aún, el narcotráfico.

En materia de relaciones internacionales, por el contrario, no parece haber demasiadas diferencias en las miradas de los Fernández: ambos reforzarán la simbiosis con el clepto-“progresismo”, el Foro de São Paulo y al Grupo de Puebla; éste, que se reunirá aquí en diciembre, manifestará su apoyo a los insurrectos de Chile, de Perú y Ecuador que financian, al ladrón y asesino Nicolás Maduro, al prófugo Rafael Correa, al fraudulento Evo Morales, al condenado Luiz Inácio Lula da Silva (la pública apelación de Alberto por su libertad, calificándolo como “preso político”, fue la razón de la furibunda reacción de Jair Bolsonaro en su contra) y al cuestionado José Pepe Mujica, y ratificará la ruta para la recuperación del poder en toda la región; según el propio Diosdado Cabello, ese plan está cumpliendo sus objetivos. Ese posicionamiento agregará obstáculos a la complicada agenda del futuro gobierno con el FMI, con Brasil y con los Estados Unidos.

Por lo demás, el primer viaje de Alberto será al México de Andrés López Obrador, conspicuo miembro de esa tendencia, quien días atrás obligó a sus fuerzas armadas a liberar al hijo del Chapo Guzmán, detenido por liderar el famoso Cártel de Sinaloa, justificando la orden en “evitar un baño de sangre”; resignó así el poder del Estado y lo cedió a los zares de la droga.

Todas esas pinceladas van mostrando un panorama enrevesado para el período que se iniciará el 10 de diciembre. Sin crédito, será harto difícil para los Fernández² cumplir las inmediatas promesas “baglinianas” de llenar heladeras y bolsillos sin caer en hiperinflación. Y la falta de mayorías propias en el Hº Aguantadero impedirá una reforma bolivariana de la Constitución y los obligará a negociar cada una de las leyes que pretendan.

Las urnas probaron que la mitad de la ciudadanía está atenta y dispuesta a resistir una pérdida de las virtudes republicanas de transparencia y decencia, y ha demostrado en la calle que no tolerará más claudicaciones políticas y judiciales frente a la corrupción y a la impunidad. Pero cuidado, porque tampoco permitirá divisiones en la futura oposición.

Por eso me pregunto si esta victoria en las urnas no tendrá mucho de pírrica. No hay dudas acerca de qué se debe hacer en la Argentina y ahora será responsabilidad de los ganadores, igual que lo hubiera sido de Macri; así, es casi mejor que sea el peronismo quien lo haga, ya que innegablemente tiene muchísimo más entrenamiento político y mayor control sobre la inevitable reacción social.

Los “tiempos interesantes” que piden los chinos en sus maldiciones están ya muy cerca. Habrá que ver cómo los transita esta Argentina tan peculiar y tan suicida.

Bs.As., 2 Nov 19


[i] Pirrorey de Epiro, logró una victoria sobre los romanos al precio de miles de sus propios hombres. Al contemplar el resultado de la batalla, dijo: «Otra victoria como ésta y volveré solo a casa»