viernes, 20 de noviembre de 2020

Aniquilar al enemigo

 


Aniquilar al enemigo

por Enrique Guillermo Avogadro

 

”Las mentes que buscan venganza destruyen los estados,

 mientras que las que buscan reconciliación construyen naciones”.

 Nelson Mandela

 

          En 1975, un gobierno democrático, acosado por terroristas que secuestraban y asesinaban a mansalva, que atacaban cuarteles militares y ponían bombas en toda nuestra geografía, ordenó a las fuerzas armadas aniquilar a esos subversivos que intentaban transformar a la Argentina en un “paraíso” comunista. Cuarenta y cinco años después, los hijos de esos mismos criminales, reciclados como funcionarios y legisladores, parecen estar logrando su objetivo: el kirchnerismo, en pos de la impunidad de su líder y para habilitar su venganza, ha tomado por enemigo a la Nación y pretende aniquilarla. Y en esa guerra que lleva adelante contra la República y la Constitución, los campos de batalla que ha elegido son los que constituyen los cimientos sobre los cuales se construyeron la convivencia, el progreso común, la familia, la vida y el respeto a los más elementales derechos individuales.

 

En nuestro camino inexorable de decadencia, mientras los políticos crean o agrandan cada vez más impuestos confiscatorios para financiar su inoperancia y sus prebendas, el Estado paquidérmico que hemos sabido darnos por este inexplicable suicidio colectivo que tanto nos esforzamos en concretar ha hecho abandono de todas sus obligaciones básicas: salud, justicia, seguridad, defensa y relaciones exteriores. Nadie duda, después de la “cuareterna” más larga del mundo que, habiendo entrado en el cuadro de deshonor de mayor cantidad de muertos por millón de habitantes, el sistema de salud pública está quebrado y el sector de la sociedad que puede permitírselo debe hacer frente a la medicina privada.

 

Tampoco que carecemos de justicia y que, lo poco que queda de ella, desaparecerá cuando Cristina Fernández y su esbirro presidencial logren “reformarla” con la indigna e inmoral complicidad de la Corte Suprema; que la inseguridad campea por la liberación de miles de presos y que el narcotráfico ha copado territorios y policías; que la defensa nacional no ha sido una prioridad para los políticos que nos gobiernan desde hace 37 años y que las fuerzas armadas tienen hoy una capacidad ofensiva comparable a los boyscouts; que las relaciones exteriores se subordinan, siempre, a los preconceptos ideológicos del Instituto Patria; y que ha renunciado a tener una siquiera razonable política migratoria.

 

Pero, sin olvidar a las demás, la más trágica es, sin duda, la educación pública primaria y secundaria, donde su más eficiente sicario, Roberto Baradel, impone una devastación cultural que afecta a los más pobres y desprotegidos, aquéllos que no tienen posibilidad alguna de recurrir a los establecimientos privados o parroquiales para que sus hijos dejen de ser rehenes de los delincuentes disfrazados de gremialistas. Los “maestros” se han convertido en “trabajadores de la educación” y, también por ideología propia y flagrante cobardía ajena, espantan a los chicos y a sus padres, dejándolos sin clases por huelgas permanentes y utilizan la pandemia como excusa para no concurrir a la escuela.

 

La brecha entre esos niños sin aulas y aquéllos otros cuyos padres gozan del privilegio de poder pagar la enseñanza privada se ha transformado en un verdadero abismo y condena a nuestro país a una tragedia incomparable con cualquier país civilizado. Y ese fosa destruye, en un mundo cada vez más exigente con los requisitos de empleo, cualquier posibilidad de recuperar esa movilidad social que nos fuera tan característica. La ciudadanía, hipócrita y pusilánime como siempre, no reacciona y guarda silencio cuando el Gobierno, aliado a los gremios, permite la apertura de los casinos de Cristóbal López y habilita el fútbol mientras demuele las bases del genial proyecto sarmientino. Y todo eso se produce como efecto deseado del movimiento de pinzas con el que la PresidenteVice quiere aniquilar a la Argentina, para convertirla en un territorio poblado por súbditos muy poco instruidos y cada vez más pobres que dependan siempre del Estado presuntamente benefactor y en el que los únicos triunfadores sean sus propios líderes, mamarrachos saqueadores.

 

Su meta es el sometimiento a China; el sonriente Xi Jinping no se limitará esta vez a instalar una base militar en la Patagonia -con indigna sesión de soberanía, sino que implantará un sistema tan extractivo como el que utiliza para expoliar al Africa Subsahariana. Y creo que los últimos movimientos epistolares y legislativos del kirchnerismo, que tanto complican la inversión y el crédito, tienden precisamente a justificar que el gigante asiático se convierta en la única fuente de financiamiento, aunque ello implique entregarle el transporte de granos en la hidrovía y la energía con las nuevas centrales atómicas y transformar al país en un simple proveedor de materias primas. Nada le importa a Cristina Fernández que ese camino nos aísle definitivamente del mundo occidental ni, menos aún, que nos convierta en un país hostil comparable a Venezuela, donde Nicolás Maduro respalda su salvaje tiranía en los ayathollas iraníes, los barbudos cubanos y en las desafiantes fuerzas armadas rusas.

 

¿Tampoco sobre estos temas tiene nada que decir la oposición, más allá de contestar individual y puntualmente las falsedades del relato? ¿Cuál es el plan nacional que propondrá a la ciudadanía como una alternativa al modelo de dominación kirchnerista? Creo que la sociedad no merece esta inopia.

 

Bs.As., 21 Nov 20

viernes, 13 de noviembre de 2020

Penosa Deserción

 


Penosa Deserción

por Enrique Guillermo Avogadro

 

“Hoy no basta con contar la verdad.

                           Hay que destruir las mentiras”.

                               Javier Cercas

 

Los regímenes democráticos en el mundo tienen infinidad de formas diferentes, pero hay uno en especial que me produce envidia: el británico. Se trata de un sistema parlamentario, muy lejos del presidencialista que nos rige y, sobre todo, distinto a nuestras tradiciones. Los Comunes (Diputados) son elegidos uninominalmente en jurisdicciones pequeñas; es decir, no existen allí nuestras lamentables “listas sábana”, que cubren a tantos incapaces y corruptos. Lo más importante es que, para ser ministro del Poder Ejecutivo, el candidato debe ser miembro de esa cámara y si en las siguientes elecciones perdiera su banca, dejaría de serlo automáticamente. ¿Se imagina qué pasaría si adhiriéramos al sistema?

 

Pero además, y aquí llegamos al meollo de esta nota, por ser básicamente bipartidista, dividido entre laboristas y conservadores, ambas formaciones se mueven en espejo. Mientras una ocupa Downing 10 y tiene su gabinete de ministros, la otra mantiene uno equivalente en las sombras, el shadow cabinet. Por supuesto, ambos –Gobierno y oposición- tienen unificada la comunicación política a través de su propio vocero oficial. Es algo que falta en la Argentina: la oposición, encarnada al menos hasta hoy en Juntos por el Cambio, parece haber desertado de la función que le encomendó el 41% del electorado y carece de ambos elementos (gabinete y vocero) y esa carencia permite al Gobierno mentir impúdicamente, con prisa y sin pausa, y mantener impertérrito su relato.

 

Un ejemplo fueron los dichos de Alberto Pinocho, que acusó a María Eugenia Vidal de no haber hecho, durante su mandato, nada con los problemas que el río Luján y el arroyo El Gato causaban en sus riberas. Se trató de una flagrante falsedad, como pueden atestiguar los habitantes de Salto, Arrecifes, La Plata y otras localidades, ya que durante la gestión de ex Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, después de casi ochenta años de inacción, se realizaron obras importantísimas que permitieron evitar trágicas inundaciones y recuperar miles de hectáreas para el cultivo. La aludida se limitó a responder en las redes al mentiroso Presidente.

 

Más grave aún es la conspicua ausencia de planes alternativos de esa oposición para cada uno de los temas prioritarios que siguen arrastrando al abismo a nuestra triste realidad: economía y presupuesto, salud, justicia, relaciones exteriores, defensa y seguridad, vivienda, pobreza e indigencia, y educación; si existieran, debieran ser dadas a conocer a la sociedad en su conjunto ya que permitirían aclarar a la ciudadanía qué se jugará en las elecciones legislativas del próximo año.

 

¿Por qué esa callada oposición no se manifiesta con claridad sobre cada acción del Ejecutivo?, ¿por qué no dio alaridos frente al descarado apoyo de funcionarios a las tomas de tierras en todo el país?, ¿cómo no grita, por ejemplo, que es insano no permitir el regreso a las clases presenciales?, ¿no tiene nada que decir frente a la indefensión de la Nación cuando el presupuesto de 2021 asigna sólo el 0,7% del PBI a las fuerzas armadas y, además, se concentra y traslada a la Capital Federal a la Fuerza de Despliegue Rápido, mientras se gastan enormes fortunas en ministerios absurdos?, ¿por qué no sale a los medios a explicar en detalle los robos massistas contenidos en el proyecto de presupuesto nacional?

 

¿No le parece sospechoso que, casualmente después de habilitar con su voto en el Consejo de la Magistratura el inicio de las acciones para desplazar a los jueces Bruglia, Bertuzzi y Castelli, la Diputada Graciela Camaño fuera recompensada con un asiento en ENARCOM, el organismo que tendrá a su cargo el control tarifario de los servicios de Internet y telefonía celular? Dado que, en general, la sociedad no entiende de las cuestiones judiciales, ¿por qué no transforma en un monumental escándalo los avances del kirchnerismo para sojuzgar a la Procuración General y desplazar a Eduardo Casal?, ¿cómo no hace lo mismo frente a la colonización de la Oficina Anticorrupción y de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas?, ¿cómo se permite sólo mascullar ante la designación del Juez Daniel Bejas para integrar la Cámara Nacional Electoral?, ¿cómo calla frente al pretendido regreso del cuestionado Juez Eduardo Farah a la Cámara Federal, a la que tuvo que renunciar para no ser despedido por su raro enriquecimiento y por haber liberado a Cristóbal López y a su socio?

 

En todo el extraño formato que ha adquirido el poder en la Argentina a partir de la designación por Twitter de Alberto Pinocho, hay un rasgo que llama poderosamente la atención: el país entero parece aterrado ante Cristina Fernández. A su dedito se someten y retroceden, además del Presidente, gobernadores e intendentes, ministros y secretarios, senadores y diputados. ¿Ignoran que, según las encuestas, la multiprocesada mandataria es la figura con mayor rechazo del universo político, y su intención de voto no llega a 25%? Pese a ello, su sola y silenciosa presencia emascula a todos, oposición incluida (con algunas honrosas excepciones).

 

Me parece inútil convocar a la ciudadanía a nuevos banderazos, porque resultan cansadores y, obviamente, no producen resultados en un oficialismo ciego y sordo; será necesario encontrar otros caminos para la protesta civil.

 

BsAs, 14 Nov 20

viernes, 6 de noviembre de 2020

Los 30 denarios de la infamia

 


Los 30 denarios de la infamia

por Enrique Guillermo Avogadro

 

“Las mejores marionetas no siguen la voluntad

 de quien las maneja, sino que la anticipan”.

 Fabiano Massimi

 

No voy a analizar en detalle el tan lamentable fallo del martes de la Corte Suprema -¡honor a Carlos Rosenkrantz, que no aceptó firmar ese triste y confuso engendro!- pues ya lo han hecho todos los grandes constitucionalistas y los mejores analistas políticos en diarios, revistas, radio y televisión. Sólo diré que los cuatro magistrados que lo suscribieron (Ricardo Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti, a quienes se sumó Elena Highton de Nolasco) enterraron a la Constitución y a la división de poderes que ella establece y garantiza y, así, dieron la razón al Talmud cuando en él se escribió hace miles de años: “Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser juzgados”.

 

El adefesio que emitieron pretende, infructuosamente por cierto, quedar bien con Dios y con el diablo, traducido en que mantiene a los jueces en sus cargos hasta tanto se substancien nuevos concursos. En condiciones normales, ese trámite implica muchos años de demora pero, en la Argentina K, tan apurada en resolver los problemas judiciales de su dueña, urgida además por una probable derrota en las elecciones del año próxima, no es así. Ya el Consejo de la Magistratura, colonizado por sus esbirros, a los cuales apoyó para generar esta crisis la lavagnista Graciela Camaño, comenzó a acelerar y, según las palabras de su Presidente, Alberto Lugones, pretende tener el tema resuelto en seis meses.

 

Cuando sea que terminen los concursos, será el propio Consejo quien determinará la terna que se presentará a Alberto Fernández para que éste opte por uno de los candidatos y envié el pliego al Senado. Como se ve entonces, la mayoría de los jueces supremos no sólo creó una nueva categoría de magistrados –los 74 “interinos”- sino que dejó todos los resortes, prácticamente, en manos de Cristina Fernández. El resultado final, pensando que la PresidenteVice necesita agregar a la absolución de la historia –que dice tener- la de los tribunales terrenales, está casi cantado.

 

Los altos jueces deberían saber que el kirchnerismo está respirando en la nuca de todos ellos; en efecto, esa otra aberración, la famosa “comisión Beraldi” presentará este mes a quien dice ejercer el poder su recomendación acerca del número de miembros y del modo de funcionamiento de la Corte. ¿Estarán allí los treinta denarios de la infamia?

 

Esta Corte que la política bastarda nos ha impuesto aún tiene una oportunidad para reivindicarse frente a la ciudadanía; le bastaría con resolver ahora mismo la inconstitucionalidad (decretada por la Cámara Federal Contencioso-Administrativa hace nada menos que cinco años) de la modificación en la composición del Consejo de la Magistratura, devolviéndola al formato original que le dio la Constitución de 1994. Si lo hiciera, recuperarían peso los estamentos profesionales (jueces y abogados) y lo perderían los representantes de los poderes Legislativo y Ejecutivo.

 

Por su parte, el Presidente Pinocho agregó otras perlitas a sus incontables antecedentes de mentiroso serial: nuevamente condenó a los “ricos” (quienes invierten y crean trabajo) y muy suelto de cuerpo, insistió con la necesidad de una reforma judicial; afirmó, jocosamente, que no la pedía para nombrar jueces amigos. Pretendió que nos olvidáramos que, para integrar la Cámara Nacional Electoral, privilegió a Raúl Bejas, un esbirro de Juan Manzur, su cómplice Gobernador de Tucumán, en injustificado perjuicio de Alejandra Lazzaro, que había obtenido mejores calificaciones y que, por ser mujer, le hubiera permitido equiparar géneros –otra manía K- en ese tribunal; su designación fue aprobada el jueves por el Senado.

 

El otro ineludible tema de la semana es la elección presidencial entre Donald Trump y Joe Biden; tampoco me extenderé sobre esto, en especial porque la moneda sigue en el aire, y sólo diré que, lamentablemente, ya hubo un claro perdedor: los propios Estados Unidos. Parece que la grieta se ha transformado en nuestro principal producto de exportación, porque también ya la padecen España, Gran Bretaña, Brasil y muchos más; la generación a la que pertenezco se está despidiendo de la vida, pero el legado que dejará a sus hijos y nietos con certeza no será de los mejores.

 

Para concluir, mi enérgico repudio a los gremios de los ¿trabajadores de la educación?, encarnados en ese horrible personaje llamado Roberto Baradel, y su reticencia a volver a las aulas invocando presuntos peligros sanitarios vinculados a la pandemia. Pero más me repugna la actitud del Gobierno nacional, que tolera este disparate tan inmensamente costoso, en especial para los más desprotegidos.

 

Por todas esas razones y muchas otras, mañana (#8N) a las 1700 hs., volveremos a las calles y plazas de todo el país para expresar nuestra profunda disconformidad ante las manifiestas violaciones a la Constitución, la pérdida de la independencia de los poderes y la carencia de Justicia, la persecución a los jueces díscolos y la impunidad de la corrupción, la toma de tierras promovida por el Gobierno, la decadencia de la educación pública, la inseguridad cotidiana y la proliferación del narcotráfico.

 

Bs.As., 7 Nov 20