viernes, 25 de septiembre de 2020

El infierno tan temido

 


El infierno tan temido

por Enrique Guillermo Avogadro

 

"El tiempo es demasiado lento para aquellos que esperan, demasiado rápido

 para aquellos que tienen miedo, demasiado largo para aquellos que sufren…".

 Henry Van Dyke

 

Hasta 2015, Cristina Elisabet Fernández consiguió, utilizando a destajo las reservas del Banco Central (el 10 de diciembre, US$ 3.000 millones ¡negativas!), que la bomba en que había transformado el escenario económico, populismo y saqueo mediante, no estallara antes de ceder, ausente, el poder a Mauricio Macri. Éste, por un inexplicable error y con una absurda confianza en su magnetismo para atraer inversiones externas, no hizo el real inventario –recordemos que los datos se falsificaban- al asumir  y ello, pese a que durante un período pudo solventar su “gradualismo” con el apoyo del FMI, sumado a una innegable mala praxis, hizo que ya en diciembre de 2018 nuevamente se pusiera en riesgo a la peligrosa y siempre presente santabárbara nacional.

 

En diciembre de 2019, al recibir la banda y el bastón, los Fernández² tenían la verdadera radiografía –por un honesto INDEC- de la maltrecha situación en que se encontraba la economía y, a pesar de saberlo, comenzaron a hacer todo lo contrario de lo que debían, de la mano del loteo de cada despacho y resorte de poder y de la apropiación camporista de las cajas oficiales. Sobre ese panorama cayó el Covid-19. Con los primeros contagiados, impusieron una férrea cuarentena que ha fracasado estrepitosamente en su objetivo original de frenar la difusión de la enfermedad y las muertes. El confinamiento ha producido un daño socio-económico sin precedentes del cual, aún, no tenemos dimensión exacta; sí sabemos cuántos argentinos han perdido sus trabajos y cuántos se han empobrecido, cuánto se han incrementado las ocupaciones de tierras, cómo ha crecido la inseguridad ciudadana, cuántas empresas e individuos están emigrando y, sobre todo, cuántos chicos han perdido el año lectivo y el contacto con la educación formal gracias a los gremios kirchneristas.

 

La Vicepresidente descubrió las ventajas que implicaba mantener a la gente en sus casas para planchar la curva inflacionaria que la descontrolada emisión ha generado y para su proyecto chavista de empobrecimiento y dominación social, y así llegamos a los actuales 191 días, aunque la población ya está lo suficientemente harta como para perder el miedo y dejar de respetar las absurdas órdenes del Gobierno. Cuando esa situación de apertura se extienda totalmente, la catástrofe quedará al desnudo y arrastrará la popularidad de ambos a una sima insoluble, como se ha comenzado a comprobar estos días; porque son fogueados políticos, saben cómo repercutirá eso en sus chances electorales y, consecuentemente, en la soñada impunidad de la familia Kirchner. A partir de ese convencimiento se explica, claramente, la velocidad caníbal que han adquirido los ataques de Cristina Fernández contra la Justicia y contra el Procurador Eduardo Casal.

 

Hasta hoy, y a contramano de las reiteradas y cuantiosas manifestaciones ciudadanas que reclaman una toma de posición urgente y de las firmas de más de 300.000 ciudadanos peticionándolo, la Corte Suprema ha mantenido un dramático silencio que sólo ha conseguido romper la decisión de su Presidente –Carlos Rosenkrantz- quien, en uso de sus atribuciones, ha citado a sus colegas –Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda- a un acuerdo para el martes 29 para resolver el demorado per saltum interpuesto por los tres jueces desplazados por la venganza kirchnerista. La democracia republicana, basada en la división de poderes, sabrá entonces si logró sobrevivir o ha muerto bajo las botas cómplices y cobardes de los ministros del Tribunal supremo.

 

La inexperiencia del Ministro de Economía, Martín Guzmán, y sus diferencias con el Presidente del Banco Central, Miguel Angel Pesce, fogoneadas desde el Instituto Patria, uno de los  tronos que ocupa la siniestra viuda (los otros: el Senado, la Cámara de Diputados, el Consejo de la Magistratura, el Poder Ejecutivo, la Provincia de Buenos Aires y algunos feudos del interior), ha conseguido que la tan “exitosa” renegociación de la deuda externa fuera flor de un día.

 

La suma de pecados ideológicos y torpeza, la desconfianza en la devaluada palabra del Presidente, la persecución al capital productivo, los impuestos confiscatorios, las leyes absurdas que conspiran contra la realidad, las pretensiones expropiatorias, el aislamiento internacional, los ataques a la ciudadanía –los “malos argentinos”- y a la libertad de prensa, la falta de seguridad jurídica motivada por el abuso de los DNU’s y la vocación por colonizar la Justicia, han hecho que resurgiera de inmediato la aversión de los mercados, como lo prueba el aumento del riesgo-país y la depreciación de nuestra moneda, que ha generado una enorme brecha entre las cotizaciones “oficial” y “blue”, obliga a pagar más de $ 140 por dólar y que hasta la ha hecho desaparecer de las pizarras de los bancos en Uruguay.

 

La dramática aceleración de los problemas económico-financieros, y la falta de dinero para el populismo –una suerte no experimentada por el peronismo- hace que los planes electorales vinculados a las legislativas del año próximo equivalgan, hoy, a discutir el sexo de los ángeles. En un país en el cual el largo plazo significa la semana próxima, y el asalto al poder ha sido una constante durante los últimos noventa años, la película de la realidad nacional, que será reestrenada pronto, amerita que alquilemos balcones, aunque sólo sea para llorar amargamente y restañar la sangre.

 

Bs.As., 26 Sep 20

viernes, 18 de septiembre de 2020

Los fracasados van a la guerra

 


Los fracasados van a la guerra

por Enrique Guillermo Avogadro

 

“Era más que claro que se había puesto en marcha un modelo de

 regresión del ingreso y empobrecimiento generalizado que

 intentaron maquillar con la mentira de la ‘pesada herencia’”.

 Cristina Fernández de Kirchner, en “Sinceramente”.

 

Después de tanto triunfalismo del Presidente al comparar su gestión de la crisis con naciones del mundo entero, está claro su fracaso total tanto por el número de infectados y muertos cuanto por la destrucción masiva de la economía que el confinamiento eterno y ayer  nuevamente extendido ha producido. La pobreza ya supera el 50% de la población (era 30% cuando asumió), sólo en el segundo trimestre del año se perdió un millón de puestos de trabajo y se duplicó el porcentaje de quienes pasan hambre.

 

A la luz de los actuales indicadores socio-económicos, encabezados por la monumental devaluación del peso que llevó la cotización del dólar a $ 140 por unidad (en octubre de 2019 era $ 65) licuando salarios y jubilaciones, y medidos por la caída en el consumo de los más básicos alimentos, sorprende –aunque no debería- el silencio sepulcral de las figuras públicas que, desde enero de 2016, se sumaron al “club del helicóptero” mientras lloraban ante las cámaras por el desastre que –decían- provocaría la dictadura de Macri. ¿Qué fue de Pablo Echarri, Raúl Rizzo, Gerardo Romano, Dady Brieva y tantos otros mediáticos que decían no poder, siquiera, pagar el alquiler?

 

A pesar de todo ese inventario de monumentales desastres que la errática y torpe gestión de Alberto Fernández ha producido y que, sin duda, deben incluir el cierre hermético de nuestra economía y de la educación (por imposición de los gremios), la huída en desorden de tantas empresas y la emigración de los más preparados de nuestros jóvenes (tal como sucedió en Venezuela), el Presidente ha entregado el manejo de la agenda oficial a Cristina Fernández, que la ha centrado en su ansia de venganza e impunidad.

 

Así, a la conducción del Ejecutivo, donde puso al grouchomarxista, y del Poder Legislativo, que ella ejerce arbitrariamente en el Senado mientras su hijo Máximo y el ‘aceitoso’ Sergio Massa lo hacen en Diputados, esta semana le agregó nada menos que el Poder Judicial. Desplazó, con su mayoría automática, a los camaristas que confirmaron sus procesamientos y a un juez que debería juzgarla por su tan desmedida corrupción; la Corte Suprema lo tolera guardando un ya inexplicable silencio y abdica así del rol de última barrera frente a los tiránicos avances sobre la Constitución.

 

Por expresas instrucciones de su Vicepresidente, Alberto Fernández ha iniciado una guerra sin cuartel contra la Ciudad de Buenos Aires, en la cual curiosamente ambos viven, para intentar la destrucción del principal bastión opositor y del político –Horacio Rodríguez Larreta- que encabeza el ranking de imagen positiva en todo el país y, especialmente, en el Conurbano bonaerense, enclave del cual Cristina Fernández extrae su caudal electoral. Como es tan habitual en él, el Presidente no duda en mentir descaradamente, traicionar todas sus promesas y promover el odio entre la capital y el interior, en un retroceso histórico de ciento cincuenta años.

 

La viuda de Kirchner, preocupada por la alta probabilidad de perder las elecciones de medio término en 2021 por la crisis económica, aceleró en todos los terrenos, incluyendo la persecución personal a Mauricio Macri, traducida en el allanamiento a su casa para verificar si violó la cuarentena al recibir a un par de intendentes; fue tan burda la maniobra que obligó a recordar la reunión que el Presidente mantuvo con Hugo Moyano y las familias de ambos en Olivos, sin barbijos ni distancia prudencial.

 

Argentina se ha convertido en un país donde no se respeta norma alguna, las reglas de juego cambian permanentemente, carece de seguridad jurídica y la propiedad privada es desconocida, sea por la imposición de impuestos confiscatorios, sea por la impune ocupación de tierras. El cepo y la suicida política cambiaria, la mayor intervención estatal en la economía, la falta de un plan de salida de la crisis y el dibujo de un presupuesto incumplible obligarán a avances mayores sobre el sector privado, puesto que no habrá un serio ajuste del gasto público en un año electoral tan crítico para el futuro de la coalición gobernante. Este experimento chavista de control social y de empobrecimiento general deberá financiarse, en un contexto donde la confianza interna y externa ha dejado de existir.   

 

Así, con excusas ideológicas pero sólo para servir a los intereses bastardos de Cristina Fernández, hemos entrado en un sendero de confrontación tan extrema que resulta harto difícil prever cómo concluirá; el final podría ser un conflicto en la calle en el cual tendrán especial protagonismo los recalcitrantes delincuentes liberados con la excusa del Covid-19, las bandas de narcotraficantes que disputan a tiros el control del territorio, ex policías defenestrados y hasta los barrabravas que, años ha, fueron organizados por el kirchnerismo en Hinchadas Unidas Argentinas.

 

Para hoy mismo, a las 1600 hs., se ha convocado a un nuevo banderazo; estoy convencido de la necesidad de que sean los líderes de la oposición quienes se pongan a la cabeza del mismo, para evitar un nuevo “que se vayan todos” y porque sólo la ocupación masiva de la calle por quienes queremos vivir en una república democrática podrá evitar ese triste y sangriento final.

 

Bs.As., 19 Sep 20

viernes, 11 de septiembre de 2020

Sin país




 Sin país

por Enrique Guillermo Avogadro

 

“Si no consigues presentar batalla cuando estás

 con la espalda contra la pared, perecerás”.

 Sun Tzu

 

¿Cómo se negocia con un libro en la mano –la Constitución Nacional- con gente que viene con un revólver a robar, matar y destruir? ¿Qué hicieron las democracias europeas ante la maquinaria militar de Adolfo Hitler?

 

Evidentemente, los argentinos, siempre tan estatistas, no merecíamos tener un país propio y hoy, por una serie secular de actos suicidas, lo hemos perdido. A quien dude, le bastará con ver qué ha ocurrido –las tomas de tierras, el separatismo de los mapuches, la liberación de presos, el crecimiento exponencial del narcotráfico y la cesión del poder territorial a las bandas, la guerra contra el campo y la falta de clases por exigencia de los gremios- desde que un importante porcentaje de los ciudadanos, justificadamente descontentos con el fracaso económico del gobierno anterior, optó por reponer al kirchnerismo en el poder y, así, transmutar a Cristina Fernández de multiprocesada saqueadora a verdadera emperatriz.

 

Obligado por los compromisos que asumió al ser designado vicario, Alberto Fernández devalúa su palabra, profundiza la grieta que parte en dos a la sociedad para enterrar en ella cualquier viso de autoridad presidencial, convierte en una mera fantasía la pregonada unidad nacional y fracasa en todos los objetivos que busca. El primero y más palpable es, después de 178 días de “cuareterna”, la incontenible propagación del virus y el crecimiento exponencial de los fallecimientos; más grave es, sin duda, la bomba atómica que el desmesurado confinamiento ha detonado sobre el tejido económico-social, que todavía no percibimos en toda su magnitud. Pero también lo es la tan auto-celebrada renegociación con los acreedores externos, que en realidad fue una resignación total a las pretensiones de éstos.

 

El Gobierno no ha sido capaz de esbozar un plan económico –deberá presentarlo al FMI cuando renegocie la deuda-, pese a que ya resulta esencial para cualquier tentativa de recuperar la confianza en su gestión; de todas maneras, el cambio absurdo y prepotente de las reglas de juego por decreto –Vicentín, la hidrovía, las telecomunicaciones, la prensa libre, el impuesto “solidario” a la riqueza, el teletrabajo, la energía, el transporte y las low-cost, etc.- obviamente conspiran contra esa necesidad. Y la frustrada tentativa de llevar a Gustavo Beliz como Presidente del BID contra un candidato de Donald Trump para el cargo; si éste ganara las elecciones norteamericanas de noviembre, será otra piedra en el zapato.

 

Por si eso fuera poco, abre nuevos frentes de conflicto, cada vez más graves: insulta al Ejército ordenándole borrar un homenaje (un simple tuit)  a dos oficiales asesinados por la guerrilla en democracia “para no agredir a ciudadanos” mientras tolera manifestaciones de Montoneros y ERP, avanza a tambor batiente sobre la Justicia y el Procurador General,recorta jubilaciones para continuar expandiendo el Estado parasitario e inútil, enfrenta a las provincias con la Ciudad de Buenos Aires, genera roces permanentes con todos los países amigos, y esta semana debutó con un fuerte desacato de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

 

Se ha especulado acerca de la probabilidad de que haya sido el propio Gobierno el autor ideológico de la insubordinación para tener una justificación, por endeble que resulte, para obedecer a la Vicepresidente y recortar fondos a la Ciudad; si eso fuera verdad, Alberto Fernández y su equipo, una recua de fracasados e inútiles, habría demostrado una precisión tal como para hacer hoyo en uno. Y si fue la propia Cristina Fernández quien soterradamente encaminó la protesta hacia la residencia del Presidente para ayudar a su ahijado el Gobernador, el daño que ha infligido a ambos, que cedieron bajo presión a un justo reclamo, es irreparable. El miércoles, la Argentina estuvo allí a un tris de una confrontación armada que podría haberla dejado regada con sangre: mientras los efectivos se manifestaban, algunos movimientos sociales y políticos fogoneaban una contramarcha para apoyar al Gobierno; es fácil imaginar qué hubiera podido pasar entonces.

 

De todas maneras, resultó inexplicable que dos teóricos perjudicados directos por la desobediencia policial –Axel Kiciloff, y su Ministro de Seguridad, Sergio “rambito” Berni- festejaran en público el final de la crisis, ya que se habilitarán nuevos reclamos de los empleados públicos, comenzando por el personal de salud, tanto en Buenos Aires cuanto en otras provincias; ¿a qué otro manotazo recurrirá el Gobierno en ese caso?

 

Pese al enorme recorte ordenado sobre las finanzas de la Ciudad, el gran beneficiado de todo esto es, obviamente, Horacio Rodríguez Larreta quien, con su presentación del jueves, se transformó en el gran líder de la oposición; resulta por cierto ponderable, a pesar de haber pecado de excesiva ingenuidad en su relación con el Ejecutivo central, su mesura y sus modales en la respuesta a la puñalada trapera que recibió del Presidente para satisfacer el irracional odio de Cristina Fernández. Ahora, la Corte Suprema deberá ponerse los pantalones y restablecer las cosas a su justo cauce, como también debe hacer, antes de que sea demasiado tarde, con la modificación en la conformación del Consejo de la Magistratura y con el vengativo traslado de los magistrados que procesaron o tendrán que juzgar a la delincuencial Vicepresidente.

 

Bs.As., 12 Sep 20

viernes, 4 de septiembre de 2020

Y ahora, ¿qué?




Y ahora, ¿qué?
por Enrique Guillermo Avogadro


“¿Acaso no se han hecho siempre las revoluciones de esta manera: armando
 al completo los bajo fondos sociales con pistolas y granadas de mano?”
 Antonio Scurati


Los procesos que encabezan Nicolás Maduro y Cristina Fernández tienen génesis diferentes. Hugo Chávez se hizo con el poder mediante sucesivos golpes de Estado, mientras que Néstor Kirchner lo hizo con la legalidad que dan las urnas en procesos legítimos; y el actual tirano venezolano sostiene su sangrienta dictadura con el apoyo castrense cuando nuestra Vicepresidente lo hace con todo el peronismo detrás suyo, aunque esto constituya una foto ya descolorida y ajada.

Pasó en Venezuela: empobrecimiento masivo de la población, oleada inédita de emigración, destrucción de la economía, hiperinflación, fuga de inversiones, control de Internet y de las redes sociales, subsidios a mansalva, brutal caída en la producción de hidrocarburos, usurpación o cooptación de partidos políticos de oposición, anulación del Poder Legislativo, prisión y tortura de disidentes, liberación y armado de delincuentes, impunidad para la generalizada corrupción, violencia desatada por colectivos paramilitares, centralidad del narcotráfico, saqueo de las reservas de oro, creciente aislamiento internacional y alianza con Cuba e Irán, apoyo a los movimientos guerrilleros continentales, colonización de la Justicia y del Ministerio Fiscal, falsificación de los resultados electorales, confiscación de la propiedad privada, persecución y clausura de la prensa opositora, control social masivo y, ahora, el genocidio sanitario. ¿Le suena?

Si no, recuerde que aquí se llegó a asesinar a un fiscal que había denunciado a la actual Vicepresidente, que el Gobierno enfrenta a pobres contra ricos, liberó 5.000 asesinos y violadores, intentó estatizar Vicentín, intervino la industria de las telecomunicaciones, avanza sobre la propiedad privada con impuestos confiscatorios, privilegia a sindicalistas corruptos y barrabravas sobre empresarios innovadores y, para no extenderme, controla a la población imponiéndole el confinamiento más prolongado del mundo, a pesar de su ya innegable y costosísimo fracaso.

Eduardo Duhalde nos alertó acerca de la inminencia de un golpe de Estado. Algunos despistados creyeron que se refería a las fuerzas armadas;  sin embargo, el ex Presidente aludía a la propia Cristina Fernández. El kirchnerismo ha roto esta semana todos los canales de diálogo precisamente para hacerse con el control de la Justicia, con el único propósito de obtener la absolución para los innumerables delitos de saqueo que su jefa ha cometido. Y para lograrlo, sin pruritos de ningún tipo, la viuda se está llevando puestas a la República y a la democracia.

El martes, ese golpe comenzó en el H° Aguantadero, que vivió una triste noche de la mano del Presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, el aceitoso, cuando desconoció la presencia en el recinto de los diputados de la oposición y aceptó a los oficialistas que comparecían por pantalla, para tratar la colonización de la Justicia federal, el nuevo impuesto a la “riqueza” y la ley de presupuesto. El último recurso de la oposición será negarse a dar quórum para impedir el tratamiento del proyecto de reforma judicial; si el oficialismo lograra iniciar la discusión en Diputados y aún si aceptara modificaciones, volverían al Senado, donde le bastaría con una mayoría simple para obtener su sanción definitiva sin cambio alguno.

Mientras tanto, la Corte Suprema continúa durmiendo su siesta y evita decidir acerca de la inconstitucionalidad del cambio en la integración del Consejo de la Magistratura, que tiene a estudio hace cuatro años. Tampoco ha fallado en el recurso per saltum que interpusieron contra su ilegal desplazamiento los magistrados que, por haber confirmado los procesamientos de la Vicepresidente, concitan sus odios más profundos y que fueron corridos por el Senado ayer mismo. El superior Tribunal parece no percibir que se encuentra ante un monumental conflicto de poderes generado por esta infecto-dictadura que hoy nos gobierna y que, si no es frenada a tiempo, terminará con lo poco que queda del andamiaje jurídico y, con él, con todas las libertades ciudadanas.

El país, ya inviable, ha caído en la total anomia, tal como puede comprobarse en la masiva ocupación de tierras, siempre violentas y siempre impunes. Jorge Ossona explica que esas tomas responden a los intereses políticos del kirchnerismo, que en ellos fabricará nuevos votos, sobre todo en la 3ª sección electoral de la Provincia de Buenos Aires, el semillero de pobres desde el cual se eligen los presidentes, al cual inundará de billetes en 2021. Eso si es que, invocando la emergencia sanitaria, no intentara postergarlas; porque el Gobierno deberá hacer populismo sin dinero, y la inseguridad, la desocupación y la inflación carcomiendo ingresos, salarios y jubilaciones no auguran un fácil triunfo en ellas.

Hasta aquí hemos llegado y debemos preguntarnos con qué armas resistiremos a este proyecto que pretende imponernos el socialismo del siglo XXI, o sea, sobrevivir como ya lo hacen Cuba, Nicaragua y Venezuela, países todos que han sido arrasados por esta siniestra ideología.

Bs.As., 5 Sep 20

viernes, 28 de agosto de 2020

Don Alberto, ¿a cuánto el kilo?




Don Alberto, ¿a cuánto el kilo?

por Enrique Guillermo Avogadro



“Algunas derrotas tienen más dignidad que una victoria”.
 Jorge Luis Borges

Los argentinos estamos acostumbrados a devaluar las palabras, inclusive en la economía: nos preguntamos cuánto subió el dólar, en lugar de cuánto bajó nuestro peso. Y decimos que la imagen positiva del pseudo Presidente es aún muy fuerte, sin averiguar cuántos de los que apoyan esta “cuareterna” son empleados públicos o, aún siendo privados, reciben su salario sin quita alguna mientras están confinados.

Pero Alberto Fernández, como ya todos sabemos, bate todos los records, a punto tal que seguramente ingresará al Guiness. No solamente se pasó diez años despotricando contra su actual jefa -¡cuánto lamentará tantos archivos!- sino que, desde las PASO de 2019, se ha contradicho tantas veces que cuesta imaginar cuánto vale hoy su palabra. Los extremos a los que llegó fueron mentir en su calidad de profesor de la UBA y los argumentos que utilizó para negarse a renunciar como presidente de una sociedad y a dar a conocer el listado de los clientes de su estudio profesional, como le reclamó su propia Oficina Anticorrupción. Sin embargo, y como cualquier embaucador, pretende que creamos en sus disparates.

Esta semana puso en la balanza su palabra y la de Mauricio Macri y, obviamente, no pudo cosechar éxito alguno en la medición. Muy suelto de cuerpo, atribuyó al ex Presidente haber dicho, en una conversación que mantuvieron ¡hace seis meses!, que debían morirse los que fuera necesario para no cerrar la economía. Si esto hubiera sido cierto, y dado que debería estar grabado, hace tiempo que lo hubiera dado a conocer, puesto que el Gobierno pretende replicar ahora la bastarda elección de Cristina Fernández como sparring que hizo Cambiemos durante su propio mandato.

Pero el ángulo en que más se percibe el fracaso de su gestión es, precisamente, en el de la pandemia y en el método elegido para frenarla. Después de criticar a otras naciones, y generar los naturales conflictos diplomáticos con sus gobiernos, como Chile, Brasil, Suecia, etc., hoy está palmariamente demostrado que no somos un buen ejemplo, en especial porque ya sabemos que no ha servido para poner a punto el sistema de salud y, muchísimo menos, para frenar la expansión del virus.

Sobre un total de 215 países que exhiben sus datos, Argentina está 11° en casos totales,  4° en nuevos casos, 18° en muertos totales, 6° en nuevas muertes, 10° en casos aún activos, 7° en casos aún críticos, 32° en casos por habitantes, 36° en muertos por habitantes y 124° en tests por habitantes. Mientras tanto, el confinamiento obligatorio, el más prolongado del mundo, nos ha puesto primeros en caída del PBI, y ha dejado a la economía en ruinas, tan destruida que ya ha superado los efectos que sufriera cuando estalló la convertibilidad, en 2001. Se han perdido millones de puestos de trabajo, registrado e informal, y cientos de miles de empresas han cerrado definitivamente sus puertas.

Pero el fracaso no termina allí. El cambio permanente de las reglas de juego y la obvia preferencia por los peores sindicatos ha hecho que, desde que asumió la dupla Fernández², no solamente se paralizara Vaca Muerta sino que han comenzado a abandonar el país decenas de empresas de todo tipo (autopartistas, aerolíneas low cost, fábricas de pinturas especiales, etc.) y varias líneas aéreas internacionales han cancelado a la Argentina como destino. Y los monumentales broches de oro de esa intencionada política aislacionista lo constituyen la absurda ley de regulación del teletrabajo, el congelamiento de las tarifas y, esta misma semana, la intervención en el mercado de las telecomunicaciones (televisión por cable, Internet, etc.), todo lo cual derivará en la necesidad de importar combustibles, en la pérdida de calidad en la transmisión de datos y en el incremento en el corte de los servicios; volveremos a la edad de piedra.  

El jueves, a medianoche, el Senado dio media sanción a un proyecto de reforma judicial que, una vez más, constituyó un atropello a la oposición, ya que el dictamen que había sido aprobado en comisiones, sufrió nuevas modificaciones en una nueva violación al reglamento de la propia Cámara. El más notorio rasgo de esas modificaciones son las cámaras de apelación, juzgados y fiscalías que se crearían, generando así 500 cargos a cubrir, que servirán para el “plan canje” con gobernadores y diputados tránsfugas.

Eduardo Duhalde regaló titulares anunciando que no habrá elecciones y sí un golpe de estado que, en teoría, llevarían a cabo oficiales jóvenes de las fuerzas armadas; en realidad, el experto político nos notificó que estamos en anarquía y que ese golpe la dará el propio Gobierno suspendiendo el acto electoral, aún a riesgo de una guerra civil.

Ello no obsta a que el ataque de Cristina continúe, con prisa y sin pausa, contra los camaristas Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, el Juez Germán Castelli –todos han fallado en su contra- y contra el Procurador, Eduardo Casal. Quien puede frenarla es la Corte Suprema, a quien le bastaría con resolver la inconstitucionalidad de la modificación en la composición del Consejo de la Magistratura, que tiene en consideración hace cuatro años, o haciendo lugar al recurso per saltum que han interpuesto los damnificados.

Bs.As., 29 Ago 20

viernes, 21 de agosto de 2020

¿Qué parte no entendieron?




¿Qué parte no entendieron?
por Enrique Guillermo Avogadro


“¡Cuidado con la ira de los centuriones!”. 
Robert McNamara

El kirchnerismo no está acostumbrado a perder el dominio de la calle, que supo colonizar con el transporte de pobres que, a todas luces, ignoraban el motivo de la convocatoria pero asistían extorsionados y empujados por pagos en efectivo y en especie. El espectáculo de la gigantesca marcha ciudadana del lunes 17 en todo el país lo conmovió y la única respuesta del Gobierno, más allá de las habituales y patológicas descalificaciones de funcionarios y pseudoperiodistas militantes, fue doblar la apuesta y acelerar en pos de la rápida aprobación de una reforma judicial tras la cual la sociedad sólo ve la impunidad para Cristina Fernández y sus cómplices.

Presumo que esperar algo diferente era casi ridículo, toda vez que lo único que interesa a la Vicepresidente es ese objetivo. No le importa la crisis socio-económica, salvo porque pone en serio riesgo, en las elecciones de 2021, el mantenimiento de su omnímodo poder; y nada ha dicho sobre el hambre, la pobreza y la indigencia, la inseguridad, la violencia y el narcotráfico o la desaparición de personas en democracia, ya que no constituyen para ella prioridades; las ignora olímpicamente, aunque se trate de las principales preocupaciones de sus propios votantes.

Dos cosas llamaron la atención en el banderazo: el marcial saludo de un policía a la ex Ministro de Seguridad, Patricia Bullrich, y las advertencias a los gobernadores Juan Schiaretti y Omar Perotti, que resonaron fuerte en Córdoba y Santa Fe, para rechazar que los diputados de esas provincias acompañen al oficialismo en su tentativa de aprobar la bastarda reforma judicial. Si a esto último, que ya produjo declaraciones en tal sentido de los cordobeses, le sumamos que los tres legisladores que responden a Roberto Lavagna adelantaron que no lo harán, me parece que Sergio Massa, el aceitoso, tendrá serias dificultades para lograr el quórum necesario para la aprobación en la Cámara baja. Será crucial, entonces, que controlemos uno a uno a los diputados de los bloques no kirchneristas, al menos para que sufran una enorme condena social y política que les impida hasta salir a la calle si acompañaran al oficialismo en su proyecto demoledor.

De todas maneras, Cristina Fernández busca el conflicto y continuará avanzando, cual aplanadora, en varios frentes: en el Tribunal de Enjuiciamiento de la Procuración, para reemplazar a uno de sus miembros y llegar a destituir al Procurador General interino, Eduardo Casal; y en la comisión de juristas encabezada por Alberto Beraldi, defensor penal de la multiprocesada Vicepresidente, que asesora al Presidente para modificar el número de jueces de la Corte Suprema y las funciones de ésta.

En el Senado se esmeró y consiguió que el oficialismo firmara en comisiones el proyecto de reforma judicial en el que incluyó una grave mordaza a la prensa y a la libertad de expresión; una vez más, un atentado contra la democracia. Ese texto llegará a la Cámara esta semana, y el bosque kirchnerista de brazos enyesados le dará media sanción sin problemas, aunque en las redes ya se está convocando a una nueva marcha para ese día. Y todo eso sin contar la moratoria impositiva, y la consecuente impunidad, sancionada a la medida de Cristóbal López y Fabián de Souza, que se robaron por años el impuesto a los combustibles, para financiar la compra de empresas de todo tipo, casinos entre ellas, y medios de comunicación que pusieron al servicio del “relato” de su benefactora.

¿Qué alternativas tiene Cristina Fernández? A las muchas investigaciones a su respecto que se están llevando silentemente en otros países, se ha sumado un factor crucial: la detención, en Cabo Verde, del testaferro de Nicolás Maduro, Alex Saab. Es el dueño de todos los secretos financieros del chavismo y, cuando sea deportado a Estados Unidos, se convertirá en colaborador del Departamento de Justicia y describirá con precisión los oscuros negocios que vincularon a Hugo Chávez y a su “hijo”, a Néstor y Cristina Kirchner, a Irán y a Hezbollah, responsables de los atentados de la Embajada y la AMIA. Tal vez, también cuente qué fue de las enormes fortunas en efectivo desaparecidas de la Argentina; si fuera así, a nuestra Vicepresidente no le quedarán muchas opciones, ya que sus fueros la protegen sólo fronteras adentro.

Si la gravísima crisis que se expondrá en toda su magnitud cuando la actividad se normalice totalmente -algo que ya inevitable para Alberto Fernández y sus “científicos”- no fuera suficiente, la insistencia de la Vicepresidente en evitar condenas a cualquier precio, aunque ello implique el fin de la República democrática, puede complicar aún más, mucho más, el panorama. Los argentinos no estamos dispuestos a perder la libertad, algo que sucederá si ella consigue hacerse con el control total de la Justicia.

La sociedad ha despertado, está movilizada, resistirá estos nuevos atropellos y, en la medida en que se ha adueñado de la calle, será allí donde se dirimirá este conflicto, aún con gran violencia, si fuera necesario.

Bs.As., 22 Ago 20

viernes, 14 de agosto de 2020

El país de Cachavacha




El país de Cachavacha
por Enrique Guillermo Avogadro


“La política es el circo de los vicios, no de las virtudes.
 La única virtud que se requiere es la paciencia”.
  Antonio Scurati

No creo en brujas, pero que las hay, las hay. El lunes 17, a las 1600 hs, la ciudadanía saldrá a la calle para decir a la Vicepresidente ¡BASTA! en sus desesperados intentos de sojuzgar al Poder Judicial, Corte Suprema incluida, para obtener la impunidad que tanto ansía para ella y sus hijos, pero también para sus principales cómplices. Cree, como les dijo a los magistrados que la juzgan por sus innumerables delitos, que la historia ya la absolvió pero necesita que también lo haga la Justicia.

Y el plazo del que dispone para lograrlo es relativamente corto, porque el año próximo habrá elecciones y es altamente probable que, ante la aterradora realidad que quedará expuesta tan pronto el Presidente y su equipo de falsos expertos levanten la “cientocincuentena” que hoy la vela, el oficialismo las pierda y, con ellas, muchas de las bancas que hoy convierten al H° Aguantadero en una simple oficina de despacho express de sus deseos.

La forma en que el kirchnerismo se conduce confirma que el diálogo dejó de ser posible; se puede discutir con quien piensa una forma distinta de democracia republicana, pero no con quien sólo quiere destruirla. Con mayoría propia en el Senado, generó un conflicto de poderes con final abierto. Desobedeció flagrantemente una medida cautelar dictada por una Juez Contencioso Administrativo Federal, María Alejandra Biotti, que le ordenó no discutir el desplazamiento de sus colegas de la Cámara Federal Penal, Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, a quienes Cristina Fernández detesta porque no están dispuestos a someterse a sus alocadas órdenes. Ahora será la Corte Suprema quien resuelva el entuerto, tal como debiera haber hecho en el expediente donde fue decretada la inconstitucionalidad de la modificación en la composición del Consejo de la Magistratura, que dio tanto peso al sector político, y duerme allí hace cuatro años.

Pero también protege a uno de sus mayores cómplices políticos, el Gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, el señor feudal que se hizo con el poder hace décadas y la ha convertido en la más pobre del país mientras el Presidente lo enaltece como ejemplo para sus pares. El Juez federal Ariel Lijo resolvió que la causa penal en su contra continúe su trámite en la Justicia provincial, claramente colonizada y obediente al acusado. En esa causa se investiga el multimillonario honorario pagado por la Provincia a The Old Found, la empresa creada por Alejandro Vandenbrole para permitir a Amado Boudou robarse Ciccone, la fábrica de billetes; la excusa fue el ¡asesoramiento para renegociar la deuda provincial con el Estado nacional!, cuyo Ministro de Economía era por entonces el mismo Boudou.

Y el jueves por la noche, el Senado convirtió en ley la moratoria impositiva cuyo artículo 11 es un traje a medida para Cristóbal López y Fabián de Souza; ahora éstos, que robaron más de US$ 1.000 millones de nuestros impuestos para comprar con ese dinero empresas y medios de comunicación, no sólo podrán pagar ese monto en crecientemente devaluadas cuotas en pesos, sino que hará caer el juicio penal tributario que la misma AFIP les había iniciado.

El problema es que el Instituto Patria, desde donde la Vicepresidente maneja los títeres con los que ha colonizado la Presidencia, el Consejo de la Magistratura, la Procuración del Tesoro, la Oficina Anticorrupción y la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, ambas cámaras del Congreso, la Agencia Federal de Inteligencia, la ANSES, la AFI, la AFIP, más algunos cargos que aún pretende, como la Procuración General, es el único que tiene un plan concreto de gobierno, aunque éste sea populista y clientelista.

Estoy convencido que el Poder Judicial necesita una profunda reforma. Pero también sé que la eterna duración de los juicios, sobre todo los vinculados a la corrupción, no se debe únicamente a la mala conducta de algunos jueces que ya todos conocemos; el Código procesal aún vigente permite a los defensores interponer innumerables recursos, justificados o “chicanas”, que impiden que los procesos terminen, en tiempo y forma, con sentencias firmes, sean de absolución o condena.

No puedo entender el apoyo que recibe Cristina de los más pobres, porque el monumental robo de los recursos públicos que concretó la familia Kirchner y sus cómplices son, precisamente, los que faltan para enfrentar la actual situación socio-económica. ¿No genera dudas a los fieles de esa extraña religión la permanente exhibición de riquezas mal habidas?, ¿no se enteraron acaso de los patrimonios que todos ellos impúdicamente muestran en hoteles, campos, empresas, joyas, autos de lujo, aviones y yates?, ¿no se dan cuenta que la droga que está matando a sus hijos se mueve sin control por la asociación que los narcotraficantes mantienen con el poder?

El lunes la gente llevará a la calle varias consignas diferentes, porque los reclamos son muchos. Además de protestar contra la reforma judicial, habrá pancartas contra la corrupción impune, el confinamiento que ha sumido al país en la miseria y el hambre, la inseguridad que tiñe de sangre todas las ciudades, los trabajos y empresas perdidos, y es razonable que así sea. Para que el Gobierno entienda que no aceptaremos que nos conviertan en Venezuela, deberemos ser una verdadera multitud, medida en cientos de miles de ciudadanos, responsables y con las precauciones sociales del caso.

Bs.As., 15 Ago 20

viernes, 7 de agosto de 2020

Con diez cañones por banda




Con diez cañones por banda
por Enrique Guillermo Avogadro


“En la ciénaga, la frontera entre el bien y el mal,
 entre lo correcto y lo incorrecto, no existe”.
 Antonio Manzini

La cúpula del Frente para Todos, encarnada en Cristina Fernández y su mandado, el Presidente, y los zafios tripulantes de ese temido bajel pirata llamado Instituto Patria, han desatado sobre nuestras libertades y garantías, sobre la Constitución, las leyes y las instituciones de la República, en especial sobre la Corte Suprema, el Consejo de la Magistratura, la Procuración General y el fuero federal, la prensa libre, un desesperado fuego graneado.

No hay diálogo posible con esta gentuza, nos diría José de Espronceda, como no lo hubo con sus ancestros que, con tal de obtener un espléndido botín y volver indemnes a sus guaridas, ignoraban las sagradas leyes del mar, asesinaban a sus contrincantes y violaban a las cautivas. Nótese que no me refiero a quienes votaron esta nefasta fórmula, muchos creyendo ilusoriamente en la máscara que Alberto Fernández supo calzarse para unificar a todas las tribus peronistas y acceder al poder.

A los votantes que -especialmente en la 3ª sección del Conurbano- determinaron ese triunfo, todos estos temas les resultan irrelevantes, porque hoy deben enfrentarse diariamente a la más ardua de las tareas: sobrevivir. Jaqueados por el delito más violento y por el narcotráfico que fagocita a sus hijos, por la desocupación y el hambre, por la pauperización, por la insalubridad de sus casas y barrios, por el hacinamiento y el contagio del virus, por las carencias educacionales, estas elucubraciones y urgencias políticas le resultan más abstractas que el sexo de los ángeles.

Es precisamente por ello, y porque ya se han consumido ocho meses de gestión y sólo resta un año y poco para las elecciones legislativas, que la desesperación cunde entre quienes pretenden únicamente la impunidad. La catástrofe económico-social generada por la cuarentena hará su verdadera aparición cuando ésta concluya; y cuando la presión social resulte determinante, el Gobierno lo levantará, como hicieron ya la enorme mayoría de los países que lo implantaron. Si las condiciones socio-económicas actuales empeoran, y lo harán, le resultará difícil al oficialismo conservar las mayorías parlamentarias de las que hoy dispone y que transforman al H° Aguantadero en la mayor concentración de brazos enyesados del país.

Pero esos ataques sí ocupan y preocupan a quienes estamos convencidos de que la única forma de vivir en sociedad es la democracia, donde todos seamos iguales y todos esclavos de la ley, donde nuestros derechos sean respetados pero terminen cuando comienzan los de otro; donde los delincuentes que han saqueado el país hasta convertirlo en un páramo desolado vayan presos al ser condenados, donde no se asesine a los fiscales, donde sea una carga y un orgullo ser juez, donde sean los mejores y los más honestos quienes lleguen a la función pública, donde la prensa siga siendo libre, donde el populismo y el clientelismo sean desterrados para siempre.

La prepotencia del oficialismo se traduce en la conducción de ambas cámaras del Congreso, donde reinan, cual si fueran monarcas absolutos, Cristina Fernández, que no es Senadora, y Sergio Massa. el aceitoso; en las sesiones virtuales arbitrariamente han quitado la palabra a los legisladores de la oposición y desconocen los reglamentos y las mayorías necesarias. A esta altura, resulta inadmisible que los miembros de las bancadas de Cambiemos –ya no se puede confiar en quienes siguen a Roberto Lavagna- no se hagan presentes y, a la fuerza si fuera necesario, exijan ocupar sus bancas.

A la vez, y con el propósito de convertir a la escena política en un chiquero en la que todos sean chanchos iguales, persiguen a los funcionarios del período macrista y han contado para esa tarea con la complicidad de miserables personajes como el ex Juez Rodolfo Canicoba Corral. Pero, ¿alguien puede creer que el secretario de Mauricio Macri, Darío Nieto, que vive en un departamento de tres ambientes que está pagando con un crédito bancario, sea lo mismo que uno de los muchos secretarios de los Kirchner, como Daniel Muñoz o Fabián Gutiérrez, con fortunas propias que superan los US$ 60 millones y que, a veces, hasta les cuestan la vida?

Los ciudadanos de a pie tenemos pocas posibilidades de expresarnos salvo a través de nuestros teóricos representantes, esos ignotos que integran las listas sábanas, pero aún podemos, con nuestra presencia activa en las calles y plazas de todo el país, decirle al poder que no estamos dispuestos a perder lo poco que queda de la República y que, en defensa de ella, lucharemos con todas las armas que la ley pone a nuestra disposición.

El 17 de Agosto (#17A) deberemos ser un millón de personas en el Obelisco para usar el único idioma que el kirchnerismo entiende y decir todos ¡Presente!. Presentes por nuestras libertades, por la República, por la Constitución, por nuestra Justicia, por el trabajo, por la libertad de la prensa, en fin, para evitar que la única salida sea Ezeiza, como sucedió en la desoladora Venezuela, que ha visto a cinco millones de sus mejores hijos emigrar por imposición de la salvaje dictadura de Nicolás Maduro. Si no nos acompaña, tendrá que vivir con ello y dar penosas explicaciones a sus hijos y sus nietos cuando le pregunten “¿por qué no fuiste?”.

Bs.As., 8 Ago 20

viernes, 31 de julio de 2020

Rata-plan



Rata-plan
por Enrique Guillermo Avogadro


“Estamos dispuestos, y que el Gobierno lo sepa, a defender por encima de todo a nuestras familias y nuestros hogares, a proteger nuestro derecho al trabajo, la nobleza de nuestro obrar cotidiano creando nosotros mismo, para poner fin con toda clase de medios a una sucesión de actos intolerables y ruinosos, los medios de defensa que hasta ahora habíamos cedido a las leyes del Estado”. Asociación Bolognesa de Defensa Social (1920)

Alberto Fernández dijo al Financial Times que no tenía un plan porque no creía en ellos. Como hace a cada hora mintió, pues sí lo tiene, aunque éste le haya sido impuesto por su jefa política. En el conurbano pregunté a muchos cuál era su principal preocupación en este momento tan complicado, y la unánime respuesta me sorprendió: es indispensable, aunque resulte carísima e inoportuna, una reforma del fuero federal criminal y el funcionamiento de la Corte Suprema. Me pareció raro, porque estaba convencido que el problema más grave era la pavorosa inseguridad cotidiana, traducida en una irracional violencia; luego seguían la proliferación del narcotráfico, la desocupación y el hambre, el futuro poscuarentena en la economía personal, el cierre de las escuelas y, claro, el aumento de los fallecimientos atribuidos al Covid-19. A partir de eso, entendí el por qué del enorme apuro que el Presidente para anunciar sus intenciones.

Desde el 10 de diciembre de 2019, fueron liberados nada menos que 4.500 presos condenados por todo tipo de delitos, muchos de ellos gravísimos; un porcentaje nada desdeñable de ellos ha vuelto a las andadas, cometiendo todo tipo de crímenes de los cuales dan diaria cuenta las noticias policiales; esas son las hordas armadas que el kirchnerismo ha puesto al servicio de sus peores intereses. La ciudadanía reacciona, y muchos han decidido tomar las armas para defender sus vidas y sus propiedades. El narcotráfico ha vuelto por sus fueros, aquéllos que lo convirtieron en socios del poder durante el kirchnerismo, y los más pobres lo están pagando.

Tal como esperábamos, el Presidente cumplió el primer artículo del inmundo pacto que firmó con su mandante cuando ésta lo designó para encabezar la fórmula y, así, reunir a todo el peronismo bajo su bandera negra, con una calavera y dos tibias cruzadas: lo puso en marcha para satisfacer el principal objetivo de Cristina Fernández: la total impunidad para ella y sus hijos y, eventualmente, extenderla a sus cómplices y testaferros. El primer paso lo dio en el Consejo de la Magistratura, donde pretende revocar las designaciones –en realidad, los traslados- de algunos magistrados a Comodoro Py, casualmente aquéllos que fueron más estrictos en el juzgamiento de la sideral corrupción que encabezó, hasta 2015 nuestra actual y multiprocesada Vicepresidente. En esa prostituida institución, Graciela Camaño, teórico fiel de la balanza entre los dos grandes bloques de consejeros, votó a favor de esa inconstitucional tentativa.

Ésta integra la agrupación peronista que encabeza políticamente Roberto Lavagna; por lo que se vio, ese bloque –y, quizás, también los legisladores de la oposición que responden a gobernadores que serán presionados- favorecerá al Ejecutivo al permitir la formación del quórum necesario para aprobar las leyes que propone; entre otras, y además de la reforma judicial, la moratoria fiscal a medida de Cristóbal López, el ladrón que se quedó con nuestro dinero, que debía ingresar a la AFIP, y lo usó para comprar empresas y medios de comunicación que alineó con el kirchnerismo.

Sería muy engorroso entrar en los detalles de la reforma judicial propuesta y los ríos de tinta que ya corren sobre el tema me evitan hacerlo. Pero resulta imprescindible recalcar que todo esto está organizado para garantizar la impunidad que pretende esta curiosa monarca absoluta que nos hemos querido dar los argentinos, designando a jueces, fiscales y secretarios militantes. Es cierto que la Justicia y los códigos penales y procedimentales que la rigen tienen que ser mejorados, pero eso no justifica, en modo alguno, atropellarla y violarla, maniatarla y corromperla más de lo que ya está. Y hacia allí va esta pretendida reforma “fundacional”.

Más allá de las preferencias políticas de cada uno de nosotros, cabe preguntarnos cómo y por qué hemos entregado nuestro futuro, el de nuestros hijos y nietos, a un crápula mentiroso compulsivo conducido por una abyecta mujer tan mayor, tan enferma y tan escandalosamente corrupta, ambos capaces de encarar cualquier adefesio anti-republicano e irracional para conseguir sus objetivos de poder, aunque implique demoler la República. ¿Dónde quedaron los redaños de esta nación que, en otros tiempos, supo hacer tanto por sí misma y por sus vecinos?

Usted se pregunta qué puede hacer para evitar que Cristina Fernández logre sus objetivos; por hoy, la respuesta es simple: vaya, y convenza a sus conocidos de acompañarlo, el 17 de Agosto al Obelisco y a todas las plazas del país. Si somos un millón de personas gritando, los obligaremos a oír y obedecer nuestro unánime clamor: “¡Basta!”: basta de prepotencia y de avasallamiento, basta de impunidad, basta de infecto-dictadura. Si decide no acompañarnos, por miedo o por desidia, suya será la responsabilidad y con ella deberá convivir el resto de su vida, y explicarlo a su descendencia.

Bs.As., 1 Ago 20