Virtudes nuevas y pecados viejos
por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1032)
“Entre los héroes cuyas vidas ejemplares
nos cuenta Plutarco, los caballeros escasean”. Curzio Malaparte
Comenzó febrero y la
rara “normalidad” argentina de alegrías y tristezas reapareció con la renuncia
de Marco Lavagna, la repugnante hipocresía del kirchnerismo, la antigua batalla
entre proteccionistas y aperturistas, la inexplicable impunidad que sigue
protegiendo a Sergio Aceitoso Massa,
la creación de un nuevo “Ministerio de la Verdad” y la excelente noticia del
acuerdo comercial con EEUU. Vamos por partes.
El manoseo del
INDEC, a partir de la soberbia torpeza en el manejo de la información por parte
del Gobierno (ignoro qué diferencias hubiera arrojado la nueva metodología para
medir el índice de precios), tiene un costo difícil de mensurar todavía, pero
seguramente afectará la esencial confianza que el país necesita para recibir
las inversiones indispensables para generar crecimiento y riqueza genuina. Pero
escuchar la indignación de los caraduras que aplaudieron a Guillermo Patotín Moreno cuando, siguiendo
instrucciones de Néstor Kirchner, falsificó las estadísticas de inflación (para
la platea local) y del crecimiento (para defraudar a los tenedores de bonos de
deuda) me pareció realmente demasiado caradurismo.
El martes, en la
parsimoniosa continuidad del juicio de la causa “Cuadernos”, los abogados de
Cristina Fernández plantearon una serie de nulidades con las que pretenden
derrumbar el proceso. Entre otros, hubo argumentos que me indignaron: la
aplicación retroactiva de la “ley del arrepentido”, el doble juzgamiento por el
mismo hecho y la “responsabilidad funcional” que el Estado atribuye a su
cliente (“por su cargo, no podía ignorar”). Ella y su marido muerto, para
reabrir la persecución a los militares a partir de 2003, con la inmunda
complicidad de la Corte Suprema de entonces, hicieron exactamente lo mismo: usaron
como arma el Pacto de Roma (firmado por nuestro país en 2001) para juzgar
hechos de 1976/83; volvieron a realizar nuevos juicios a personas ya juzgadas
por las mismas imputaciones; y el “debía saber” fue la razón generalizada en
las condenas de miles de soldados, policías, civiles y sacerdotes.
En otro orden de
cosas, y en el marco de la polémica suscitada a raíz de la licitación convocada
por una compañía privada para el suministro de tubos con costura destinados a
un gasoducto que perdió Techint contra una firma india, nuevamente surgió el
conflicto con la industria textil nacional. Si ha tenido la paciencia de leer
estas notas semanales desde hace años, recordará cuánto he criticado a los
industriales que, amparados en una economía férreamente cerrada con fines
electoralistas, se dedicaron durante años a abusar de nosotros con precios
altos y mala calidad. En un caso, en el de los zapatos (https://tinyurl.com/ykd4uukk), inclusive propuse
soluciones que servían a todos, empresarios, trabajadores y consumidores.
Nunca sugerí abrir
abruptamente la economía al estilo de José Alfredo Martínez de Hoz y tampoco lo
haría hoy, cuando el proteccionismo se ha vuelto a poner de moda a partir del
segundo mandato de Donald Trump, que utiliza los aranceles y las cuotas como
armas para alcanzar los objetivos de su “Make
America Great Again”. Por el contrario, creo que lo que el Gobierno hubiera
debido hacer era, como alguna vez hizo España, anunciar esa apertura
generalizada en un plazo determinado, para dar tiempo a los industriales a
reconvertirse y mejorar en competitividad y productividad, y sobre todo,
nivelar antes la cancha en materia de impuestos, costos laborales, abusos
sindicales, infraestructura de transporte, etc..
Debo volver a poner una
fuerte luz sobre la curiosísima actitud del Gobierno frente al Aceitoso, pese a que todos los caminos
llevan a él (https://tinyurl.com/4bvu5ce6), traducida en la
conservación de muchos de sus seguidores – quintacolumnistas - en importantes
cargos del Estado y, sobre todo, en la abstinencia a denunciar las maniobras
fraudulentas que se ejecutaron durante su gestión como super Ministro de
Economía de los Fernández², tales como las operaciones con el dólar oficial vs
el blue en cuevas vinculadas a la AFA
o el manejo de las SIRA por su subordinado Matías Tombolini, que tan gravosas
nos resultaron a todos.
La estúpida y suicida
compulsión a pegarse tiros en los pies que afecta de antaño a Javier Milei, tal
vez causada por la inexistencia de toda oposición, lo llevó a crear, imitando
los peores vicios que tanto critiqué en el kirchnerismo, una repartición
especial (Oficina de Respuesta Oficial) para responder a las fakes news (según su propio criterio) que
aparezcan en los medios de prensa y las redes sociales. La manía por perseguir
a la prensa y a la libre expresión no es monopolio de la Argentina, y parece
extenderse, con el patrocinio expreso de la Casa Blanca, a muchas naciones, aún
a aquéllas que presumen de democráticas y liberales.
Para concluir este
breve inventario, manifiesto mi profunda alegría y complacencia por la firma
del tan importante acuerdo comercial con los EEUU, ya que constituye una
gigantesca oportunidad para nuestro país. Que lo aprovechemos – tal como
hicieron Japón, Corea del Sur, Singapur, etc. – depende exclusivamente de
nosotros mismos, aunque mucho está condicionado por que el Gobierno pueda
obtener las leyes necesarias para recuperar competitividad nacional, algunas de
las cuales se están discutiendo ya en el H° Aguantadero, tales como la actualización
del arcaico y fascista régimen laboral, la indispensable limpieza de la
colonizada Justicia del Trabajo, la reducción de la presión fiscal, la
modernización y perfeccionamiento de las infraestructuras vial, ferroviaria y
portuaria, la desregulación y la simplificación de los trámites burocráticos,
etc.
Bs.As., 7 Feb 26
