Dudas Justificadas
por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1035)
“En todas las guerras, la primera víctima es siempre la verdad”.
Esquilo
Decir que
todos estamos consternados por la guerra de Israel y EEUU contra Irán es tan
superfluo como preguntar si, en la medida en que ya hay quince países
comprometidos en ella, no estamos ante una nueva conflagración mundial de
totalmente incierto pronóstico. Está claro, a esta altura, que la estrategia de
los ayatollahs (persas chiítas) de responder atacando a todos sus vecinos (árabes
sunitas) tiene lógica, al menos como forma de presionar al mundo para que la
ofensiva en su contra se detenga.
Porque lo
cierto es que los países del Golfo (Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Bahrein,
Emiratos Arabes Unidos) dependen totalmente del agua potable que producen en
plantas de desalinización y del 80% de su consumo de alimentos, que importan a
través del estrecho de Ormuz, el mismo paso por el cual envían su petróleo y
gas a China (el 20% de su consumo), India, Japón y Europa. Además de los
ataques a esas infraestructuras vitales, la reciente conversión de muchas de
sus ciudades (en especial, Dubai y Abu Dhabi) en núcleos financieros
internacionales seguros hoy está en alto riesgo por los misiles iranés que
llueven ininterrumpidamente.
Las dudas
que se generan están casi todas vinculadas a los múltiples objetivos, muchos de
ellos contradictorios, que declama Washington para explicar esta guerra: el
peligroso programa nuclear iraní (¿fue tan exitoso el bombardeo de 2025 sobre
sus instalaciones como se anunció?), la criminal represión – con 25.000
víctimas, entre muertos y heridos - de las protestas civiles, el desplazamiento
de los ayatollahs del Gobierno, la interrupción definitiva del sostén a
organizaciones terroristas como Hamás, Hezbollah y las milicias hutíes de
Yemen, y la determinación de destruir a Israel, fuerte aliado de los EEUU.
Tampoco el futuro propuesto ofrece certezas, pues la vocación por decapitar al
sistema sin ocupación, como en Venezuela, no parece ser factible en el caso, ya
que ahora enfrentan a fanáticos suicidas.
Esas
dudas son razonables porque, por ejemplo, el exitoso operativo que concluyó con
la muerte de Alí Khamenei y de los grandes popes de las fuerzas armadas y de la
Guardia Revolucionaria en Teheran parece haber tenido, entre la población
civil, exactamente el efecto contrario al buscado, toda vez que ha vulcanizado
el apoyo al régimen. No hay que olvidar que el clérigo en cuestión, convertido
en mártir por la bomba, era el equivalente al Papa católico para los 200
millones de chiítas del mundo.
La Casa
Blanca y el Pentágono, a la luz de las dolorosísimas experiencias de Irak, Afganistán
y Vietnam, están ante un duro dilema para cumplir sus objetivos: ocupar con
tropas (1 a 2 millones de soldados) el territorio o, con la colaboración de
milicias (como los kurdos), provocar una guerra civil, al igual que las del Líbano
y Libia, que culminaron en Estados fallidos. Y el primer escenario está condicionado
por la opinión pública estadounidense, convocada a las elecciones de medio
término, que se celebrarán (si Trump, que hoy tiene mayoría en ambas cámaras, no
cambia el calendario y sus reglas) el 3 de noviembre, y en las cuales se renovarán los 435 representantes
(diputados) y 34 senadores, sobre los 100 actuales, más varios gobernadores
estaduales; el regreso de las tétricas bolsas negras puede resultar también
letal para el Presidente.
La
geografía también influye en esta guerra: mientras Irán tiene, ante el Golfo,
una cadena montañosa susceptible de albergar depósitos secretos de misiles y
drones, los Estados vecinos sólo tienen desiertos de arena, apenas
interrumpidos por instalaciones petroleras y acuíferas, altas ciudades y bases
militares, es decir, resultan sumamente vulnerables a los ataques iraníes. Y
nadie (salvo los propios ayatollahs) sabe, a pesar de las declaraciones
triunfalistas de Washington y Tel Aviv, cuántas armas aún tiene disponibles el régimen
terrorista. Una inquietud más se refiere a por qué Benjamin Netanyahu, Primer
Ministro de Israel, tiene tal influencia sobre Trump como para haberlo empujado
a tantas aventuras bélicas.
Lo único
tranquilizador en este dantesco panorama es la actitud de Vladimir Putin y de
Xi Jinping, que han limitado su apoyo a sus aliados persas a meras
declaraciones retóricas, imitando la que asumieran ante la detención de Nicolás
Maduro y la complicada situación de Cuba; el primero, porque su propia guerra
contra Ucrania lo tiene tan ocupado que le impide actuar en otras latitudes; y
el segundo, por la milenaria tradición china de optar por la diplomacia
comercial y de inversiones, que ha hecho que nunca invadiera militarmente a sus
vecinos.
Pero es
hora de volver a la Argentina y centrar nuestras dudas, no en el reemplazo de
Mariano Cúneo Libarona por Juan Bautista Mahiques como Ministro de Justicia,
sino en la inmediata renuncia que éste pidió de Daniel Vítolo a la jefatura de
la Inspección General de Justicia, un hombre que tenía notoriamente a mal traer
a Claudio Chiqui Tapia, Pablo
Toviggino, sus cómplices y testaferros en los robos cometidos desde la AFA. La
celeridad del despido, y la amistad que une al nuevo funcionario y su familia
con los denunciados, da mucho que pensar y sería bueno que el Gobierno
despejara con igual velocidad tales negros nubarrones.
Aunque, contemplando
la sospechosa inactividad – casi un poderoso manto de impunidad - con que
Javier Milei y su entorno parecen proteger a Sergio Aceitoso Massa, el tenebroso personaje al que conducen todos los
caminos de ese nauseabundo episodio y de otros mucho más graves, parece
ilusorio esperar prontos resultados.
Bs.As., 7 Mar 26
Publicada en:
https://totalnewsagency.com/2026/03/06/dudas-justificadas/
https://prisioneroenargentina.com/dudas-justificadas/
https://diariocastellanos.com.ar/opinion/2026/03/06/dudas-justificadas.htm
