jueves, 15 de noviembre de 2012

Caipirowska y Pudrición




Caipirowska y Pudrición

“Es siempre preferible el ruido de la prensa libre al silencio de las tumbas de las dictaduras”. Dilma Rousseff


Voy a comenzar esta nota con una anécdota personal. Hace muchísimos años –aún gobernaba Fernando Henrique Cardoso- fui invitado a hablar en un almuerzo en San Pablo. Dije, entre otras cosas, que el Brasil era entonces más corrupto que la Argentina, pero que la diferencia estribaba en que el lucro de esa corrupción se quedaba en el país, mientras que aquí, además, se fugaba. Uno de los presentes, con un dejo de humor, me interrumpió: “Enrique, no se meta con la corrupción en Brasil; es nada más que una forma de redistribuir la riqueza”.

Mucha agua -dos gobiernos de Lula y tres de los Kirchner- ha pasado desde entonces bajo nuestros puentes y, como todos sabemos, también mucho ha cambiado Brasil. Esta misma semana, el Supremo Tribunal Federal impuso severísimas penas de prisión, de cumplimiento efectivo, y enormes multas a los principales jerarcas del Partido dos Trabalhadores (PT), hoy en el poder, y la Presidente ya se ha desembarazado de seis ministros acusados de corrupción por la prensa nacional. Dilma no solamente ha respetado a ultranza la libertad de expresión sino que ha contemplado, impávida, como la Justicia de su país arrastraba a la cárcel a sus camaradas de muchos años de lucha. La población ha respondido a esa actitud otorgándole nada menos que 80% de imagen positiva, lo cual ha permitido al mismo PT hacerse hasta con la alcaidía de San Pablo, tradicionalmente en manos de su competidor, el PSDB.

La historia económica de la Argentina dice cuánto el país ha debido soportar, antes de que los precios de los commodities alcanzaran su niveles actuales, en razón de crisis que llegaban del exterior; los efectos Tequila, Caipirinha, etc., explican los apuros que debieron pasar los gobiernos locales de entonces.

Hoy, sin embargo, y con el empuje notable que le dio la ciudadanía el 8N, resultaría determinante para nuestro futuro que llegaran a estas playas, por imitación, los saludables y moralizadores efluvios de este sorprendente efecto Caipirovska.  

Es que, desde 2003, han sido tantos, y tan graves, los casos de corrupción ocurridos en la Argentina, y tan rápida la sucesión de ellos, que la memoria humana –al menos, la mía- no permite recordarlos. Por ello, apelo a la suya, resignado lector, para que me ayude a enumerarlas, a fin de construir, entre todos, un verdadero catálogo que nos permita, cuando este negro período de nuestra historia termine –constitucionalmente, claro- enjuiciar a todos los funcionarios que se hayan visto involucrados en estos delitos. Hay ya decenas de libros escritos por periodistas de investigación sobre el tema, y he leído muchos de ellos; sin embargo, no he tenido la previsión de confeccionar siquiera un mínimo inventario como el que, ahora, me propongo hacer. Para evitar manos negras, adelanto que ese archivo será guardado en la nube, es decir, en un ámbito que la tecnología nos proporciona para impedir que el mero robo de una computadora invalide el esfuerzo.

Cierto es que el 19 de febrero (“Señora, ¿no le da vergüenza?”) y el 7 de septiembre de 2010 (“Señora, ¿aún no le da vergüenza?”) –ambas notas pueden leerse en mi blog- dirigí a doña Cristina sendas cartas abiertas sobre el tema, y que ellas contenían algunos de los episodios más truculentos de entonces, y que en muchas otras me referí al tema de la corrupción, pero nada de ello me parece suficiente en comparación con la hercúlea tarea que, con su indispensable colaboración, me propongo acometer ahora. Para que la Argentina vuelva al camino correcto, para que pueda reinsertarse en un mundo del cual nos hemos caído, resulta indispensable terminar con este flagelo y con otros, íntimamente conectados: la droga y la inseguridad.

Pero no será posible hacerlo sin contar con dos pilares esenciales: la Justicia y la prensa libre. Ambos, hoy, están en riesgo terminal en nuestro país.

Desde la Casa Rosada, acompañada por el coro de mangantes oficialistas, impúdicamente se vocifera en contra de una condición esencial de la República: el indispensable control que el Poder Judicial debe ejercer, como último bastión de los derechos ciudadanos, de la legalidad constitucional de las leyes y decretos. La Araña Conti, por ejemplo, nada menos que la Presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, dijo ayer: “Esta cuestión de la justicia cautelar nos impone un debate sincero y no hipócrita. ¿Cómo es posible que el Poder Legislativo y el Ejecutivo, representantes del poder popular directo, pudieran ser impedidos en nuestra actividad institucional por el Poder Judicial, que tiene solamente un poder popular indirecto y delegado?”.

Tamaño argumento merece que, cuando concluya su mandato y carezca de fueros, esta energúmena sea juzgada a la luz del artículo 29 de la Constitución Nacional, esa misma Carta Magna que obliga –sí, obliga- a los ciudadanos armarse en su misma defensa (art. 21).

Ante la guerra a la cual el empecinamiento de doña Cristina nos conduce irremediablemente, y cuya batalla final parece que se desarrollará alrededor del 7D, sólo cabe una afirmación. No pelearé en ella en defensa del grupo Clarín, pero sí lo haré, y denodadamente, por mi derecho a elegir. Si todas las voces se transforman en un coro uniforme, como el Gobierno pretende, tampoco tendremos la posibilidad de enterarnos de esta corrupción que tanto corroe a nuestra sociedad entera y cuya magnitud reviste todas las características de un genocidio.

Espero, como dije, que los ciudadanos nos emborrachemos con esa Caipirovska que, tan oportunamente, Brasil nos ha enviado.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Telegramas para todos




Telegramas para Todos


“En 2001 la consigna fue `que se vayan todos´. Ahora parece ser `que aparezca alguien´”. Carlos Pagni


Ya pasó una de las fechas más gravitantes para el futuro de la Argentina (http://www.youtube.com/watch?v=xH9u4smQ8EY) y es hora de sacar algunas conclusiones sobre qué fue lo que realmente dijo el 8N, así como de imaginar cómo reaccionarán los destinatarios de esos dichos. Las multitudes que coparon calles, plazas y avenidas del país enviaron claros telegramas para todos los que, en unas filas o en otras, hoy se destacan en el pobrísimo escenario político.

Los primeros en recibirlos –y rechazarlos- fueron, obviamente, Anímal Fernández, Cafre D´Elía, Hijitus Abal Medina, Chimango Larroque y hasta Sir Laclau, quienes se agotaron tratando de desacreditar y ningunear una protesta entonces futura. Doña Cristina recibió varios, todos ellos reclamando República e instituciones, sobre todo Justicia; al recorrer toda la concentración, pude ver y hablar con muchos manifestantes y encontré en ellos ese común denominador. Lamentablemente, el mismo viernes demostró que se había negado a recibirlos.

Nuestra egregia Presidente, con formas chocantemente chabacanas y ordinarias, literalmente desconoció el hecho mismo; prefirió mencionar como lo más relevante sucedido el jueves las elecciones en el Partido Comunista chino. Evidentemente, la señora hace gala de su desprecio por la ciudadanía y, sobre todo, de esa parte importante de ella que reventó las calles con respeto y alegría.

El viernes el propio Juez Griesa le envió otro telegrama; harto de los dichos presidenciales, intimó a la Argentina a presentar un plan de pago a los holdouts antes del 16N, so pena de imponerlo el 2D y enviar al país a un nuevo default; además, le hizo una severa advertencia acerca de la pretensión de desconocer los fallos de los tribunales norteamericanos, elegidos por don Néstor (q.e.p.d.) para dirimir las cuestiones “bonísticas”, informándole que se tomarían severas medidas económicas en nuestra contra. Espero que no rechace el envío mientras se pregunta: “¿qué le hace una mancha más al tigre?”, básicamente porque ya Argentina no es siquiera un gato en el mundo. También anhelo que no declare la guerra a Ghana por la ubicación de la fragata “Libertad”; los novecientos metros que separan un lugar del otro son, por cierto, un tema más que menor dentro de un panorama especialmente complicado.

Los miembros de la oposición, que han demostrado tener una concepción tan infantil de la política y, como consecuencia de ello, actúan por turno como idiotas útiles, no deberían negarse a recibir los telegramas que les enviara la multitud; la frase que encabeza esta nota fue, seguramente, parte del texto.  La rabia y la desilusión de la ciudadanía, que viene de muy larga data, no permitieron corregir la dirección de la protesta, pese a las buenas noticias que significaron, en las dos últimas semanas, los compromisos firmados por senadores y diputados que invalidan cualquier tentativa de modificar la Constitución, al menos hasta las elecciones de 2013, tan lejanas.

Hoy, con todos los peligros que ello implica, lo real es que la Argentina, sobre todo sus clases medias, está buscando desesperadamente el nacimiento de un nuevo liderazgo en el cual confiar y, a la vez, al que pueda controlar. En la situación actual de magma que vive nuestra sociedad –del cual sólo se exceptúa el núcleo duro del cristinismo, formado por gente convencida pero, también, por delincuentes que temen perder libertad y patrimonio- cualquier ciudadano que pueda exhibir un curriculum, y no un prontuario, puede convertirse en la expresión genuina de esa voluntad de retornar a la Constitución, al federalismo, a la Justicia y del hartazgo de la inseguridad, de la inflación, de la mentira, del permanente recorte a las libertades individuales, de la arbitrariedad, del despotismo y, en general, del desmadre en que el Gobierno ha sumido al país.

A partir del jueves pasado, se abren nuevos interrogantes en la demencial batalla que lleva adelante la Casa Rosada contra Clarín porque, como dije en alguna nota anterior, la masividad de la protesta puede derivar en una defensa cívica al derecho a elegir que esta guerra, que a nadie interesa, pretende conculcar. No necesito repetir que no tengo por ese grupo mediático simpatía alguna, ya que fue cómplice del poder hasta la crisis del campo, pero exijo se respete mi derecho a elegir, y estoy dispuesto a pelear para que nadie me lo quite.

Si el Gobierno pretende ignorar, una vez más, el reclamo ciudadano en tal sentido, pondrá definitivamente en juego la escasa paz social que su vocación divisoria aún permite. Los argentinos que nacimos hasta 1960 tenemos perfectamente en claro a qué nos están llevando, y cuánta sangre correrá entonces, porque tenemos fresca esa memoria, a contramano de la reescritura de la historia que ha llevado adelante desde mayo de 2003.

Para concluir, también fueron destinatarios de sendos telegramas los jueces, en especial los ministros de la Corte Suprema. En estos días, apareció una solicitada firmada por grandes personalidades, muchas de ellas amigos míos. No la suscribí porque tengo enormes reparos contra los miembros de nuestro Poder Judicial. El Tribunal supremo, sin que ninguno de sus otros miembros se sienta obligado a renunciar por ello, mantiene en su seno a un Juez dueño de prostíbulos y evasor de impuestos, y ha reelegido como Presidente a alguien que, a despecho del progreso de la humanidad en la materia, se ha puesto de acuerdo públicamente con los Kirchner para terminar con todos los principios de derecho que hacen posible la convivencia en las sociedades: el de inocencia, el de legalidad, el de juez natural, el de irretroactividad de la ley penal, el de no juzgar dos veces por el mismo delito, el de igualdad ante la ley. Mi rechazo moral también se vincula con la notoria complicidad de la Corte con las aberraciones que, diariamente, cometen la Presidente, sus ministros y sus funcionarios, que ignoran las sentencias que no condicen con sus deseos, que persiguen impunemente a los jueces probos y alquilan la voluntad de los corruptos, y que han terminado con la republicana división de poderes.

Contra toda esperanza, esperé que la Presidente entendiera el mensaje de la calle: “Cristina, dejá el micrófono y ponete los auriculares”. Tristemente no lo hizo y, otra vez, la tragedia se cernirá sobre la Argentina, y el juicio de la Historia, al que dice ser afecta, resultará inapelable.



domingo, 4 de noviembre de 2012

Derrapes y derrumbes




Derrapes y Derrumbes


“¿Pero saben qué? Les tengo una muy mala noticia: ¡vamos a pagar!, ¡vamos a pagar con dólares!”
Cristina Fernández de Kirchner


Evidentemente, cuando el miércoles pasado escribí mi extemporánea nota y califiqué al Gobierno como “prohibido para menores de 18 años”, me quedé muy corto, ya que el inmundo ataque al Poder Judicial continuó agravándose, dejándonos sin República.

Por otra parte, y una vez más, la señora Presidente me hizo recuperar la capacidad de asombro, el jueves, por la recargada cadena nacional, cuando  nos espetó uno de sus discursos más significativos. Derrapó tanto, se salió tantas veces de la pista que quedé anonadado, porque creo que doña Cristina está, como mínimo, muy cansada y estresada y que, en estas condiciones, resulta incapaz de administrar el Estado, especialmente cuando ha concentrado todo el poder en sus manos.

Además de la inexplicable frase que encabeza este artículo, hubo dos párrafos memorables: “Porque yo digo: ¿Cuánto más quieren? ¿Cuántos bifes se pueden comer por día? ¿En cuántos autos andan al mismo tiempo? ¿En cuántas casas viven al mismo tiempo?”. Quien pronunció esas sabias palabras es, ni más ni menos, una de las personas inexplicablemente más ricas de esta República, a la cual demuele todos los días en pos de una eternidad que, gracias a Dios, ahora sabemos que le será negada. Esta señora, que organizó (o formó parte esencial) de una asociación ilícita creada para saquear las arcas estatales, ¿cómo se atreve a expresarse de ese modo? ¿No recuerda los fondos de Santa Cruz, la pérdida buscada de las reservas de gas y petróleo para obligar a Repsol a regalarle el 25% de YPF, el robo de los subsidios que causó la muerte de tantos compatriotas, los negociados con Chávez, su sociedad –por acción u omisión- con los narcotraficantes y tantos otros hitos de su gesta libertaria? Esas mismas preguntas retóricas que hizo desde el sacrosanto púlpito al que se encarama tan seguido, obviamente podrían serle formuladas a una persona con tantos inmuebles, con tantos hoteles, con tanto efectivo, con tantos diamantes y relojes, con tantos autos … ¿Para qué quiere más, si ya ha robado una fortuna capaz de sustentar por generaciones a su inútil descendencia?

Pero donde la cara de piedra presidencial alcanzó su cima djo: “… y los otros, los fondos buitres, que ni siquiera tributan en Estados Unidos, esos son los que quieren ser favorecidos. ¿Y por qué? Porque aportan a campañas … de partidos políticos. Eso aquí sería un escándalo y tendría preso al dirigente político que se le hubiera comprobado que tal persona le aportó tal cantidad de dinero y que, por eso, presiona para obtener tal o cual favor”. La alienación de doña Cristina reviste características tales que permiten confirmar cuanto dije más arriba, porque quien pronunció esas palabras fue la misma cuya campaña recibió las valijas de Antonini Wilson y los cheques de los laboratorios que robaban al Pami y a la Anses, amén de matar a muchos en el camino. Es claro que coincido con ella en que alguien que procede así debe estar preso; lo absurdo es que no crea que le cabe el sayo.

¿Para quién habla como lo hace? ¿No se ha dado cuenta que, pese a la decadencia de nuestra educación pública, aún pensamos? ¿Por qué nos falta el respeto todos los días mintiendo descaradamente? La tregua concedida a Peralta, tan jaqueado por La Cámpora recientemente, tal vez se deba a la cantidad de verdades que el Gobernador de Santa Cruz debe tener bien guardadas en “carpetas” que pueden convertirse en peligrosos misiles.

El jueves próximo, la ciudadanía saldrá a las calles –el propio Gobierno estima una gigantesca concurrencia- a iniciar un derrotero de muy difícil pronóstico, ya que conlleva críticas a todo el arco político, oficialista y opositor. La visión de multitudes contrastará, sin dudas, con la magra asistencia que logró el acto principal del segundo aniversario de la muerte de don Néstor (q.e.p.d.), en Parque Lezama, cuanto no llegaron a ser tres mil quienes escucharon a Carta Abierta; sucede que, en el oficialismo, la militancia siempre es rentada –con enormes sueldos o famélicos “choripanes”- y hoy no hay demasiados fondos para sustentarla.

La semana cerró con una nueva y triste curiosidad. Aparentemente, la Canciller de Sudáfrica alertó a nuestro Gobierno que la corbeta Espora, que se encuentra en Ciudad del Cabo en reparaciones –falta de mantenimiento adecuado- podría ser objeto de un embargo similar al que afecta a la fragata “Libertad” en Ghana. Debo confesar que me parece un poco rara la forma en que fue brindada la información; es más, mucho me temo que ya ha sido trabada su salida de puerto. Si esto fuera cierto, el estruendoso silencio -un oxímoron de Jorge Asis- con que la Unasur y el propio Mercosur han acompañado la insólita batalla de nuestra Presidente contra la “conspiración mediática e internacional” adquiriría aún mayor gravedad, porque resultará obvio que ya hemos perdido toda importancia en el concierto mundial y que no merecemos, siquiera, que se nos muestre una retórica solidaridad. ¡Qué derrumbe hemos sufrido!
  

miércoles, 31 de octubre de 2012

Un Gobierno p.p.m. 18 a.




Un Gobierno p.p.m.18 a.


“Cuántas noches en que mi alma melancólica y sombría
Recordaba tu pasado que era un canto de placer,
No podía conformarme de pensar que al otro día
No tendrías tan siquiera ni un bocao para comer,
Y con tal que no volvieras a vender tus dulces besos
Ni saberte manoseada por la inmunda bacanal …”
Juan Bautista Fulginiti

Desde hace mucho tiempo y, con distintas variantes, en todas las latitudes, se califica de ese modo a los espectáculos que, por la violencia que contienen, por lo obsceno de sus escenas sexuales o por lo inmoral de sus propuestas, no resultan aptos para ser presenciados por menores. El Gobierno reúne todas esas características, y algunas más, y resulta curioso que haya impuesto, mayorías parlamentarias mediante, el voto opcional a partir de los 16 años.

Desde hace mucho tiempo, también, vengo pregonando en el desierto acerca del daño que causa a la vida cotidiana de cada ciudadano la corrupción, pero la tranquilidad de los bolsillos y la fiesta del consumo impidieron que fuera percibida como un gran mal; hoy,  al ritmo del daño que causa al poder adquisitivo la inflación, del malhumor que produce el cepo cambiario, del miedo a perder el empleo, de la indignación por el embargo de la fragata “Libertad”, de la impunidad con que sonríe Guita-rrita Boudou o insulta y agravia Patotin Moreno, este terrible flagelo está adquiriendo la visibilidad que merece.

El crimen de Once, que puso en blanco y negro la asociación ilícita conformada por los concesionarios y los más altos escalones del Estado –aún no enjuiciados-, el programa de TV de Jorge Lanata que, semanalmente, compara el inexplicable y principesco modo de vida de los gobernantes con las muertes por desnutrición de los chicos y el permanente deterioro de la ya paupérrima vida de grandes sectores marginados, y todo ello después de una década de crecimiento económico casi inédito y con una recaudación impositiva que llegó a los ¡US$ 200.000 millones! constituyen algunas de las aristas que debiera confirmar que el período cristi-kirchnerista no resulta apto para todo público.

Hoy, cinco mil doscientos argentinos mueren cada año en las rutas y caminos porque, en los mismos diez años, nada se hizo en materia de infraestructura vial, digna de un país subsahariano, ni qué decir de la ferroviaria, y enormes focos de contaminación, como la cuenca Matanza-Riachuelo, tampoco han merecido atención alguna de parte del Gobierno. Los fondos que hubieran debido ser destinados a solucionar, después de décadas y décadas de daños repetidos, el tema de las inundaciones alrededor del Salado –que, además, hubieran permitido incrementar la superficie sembrada- se malversa en faraónicos proyectos como Tecnópolis o en subsidiar estupideces como Fútbol para Todos (que debiera financiarse con la prohibida publicidad privada) o Aerolíneas Argentinas, una compañía que pagan todos los pobres para que viajen los ricos. Que los temas enumerados, que obviamente no son los únicos ya que la lista es larguísima, explican la fuente de la que manaron hoteles patagónicos, aviones, motos, autos fantásticos, yates, pisos en Puerto Madero, compañías petroleras, casinos, palacios y estancias que engrosan el patrimonio de funcionarios y  empresarios cómplices.

Si bien el fenómeno no es nuevo ni, mucho menos, exclusivo de la Argentina, la reciente y masiva expansión de la droga en la sociedad y su peor derivado, la infiltración del narcotráfico en las fuerzas de seguridad, son el fruto natural de la complicidad del Gobierno con los mercaderes de la muerte. Anímal Fernández explicó, con su cara más dura, que la radarización y el control aéreo de nuestras fronteras, las mismas que fueron desguarnecidas por Nilda Garré trasladando a gendarmes y prefectos al Gran Buenos Aires, no revestía peso alguno a la hora de combatir en esta desigual lucha. Los episodios de Santa Fe, especialmente por el momento y la forma en que fueron dados a conocer, tienen un innegable componente de oportunismo político, pero es también irrefutable que Rosario ha vuelto, a fuerza de asesinatos por sicarios y episodios de violencia intimidatoria, a recuperar el triste mote de “la Chicago argentina”, en recuerdo de aquellos gangsters que dieran tanta fama a la actualmente fabulosa ciudad norteamericana en la década de los 20´s.

Desde esta misma columna dije muchas veces que, cuando Lancha Scioli se enorgullecía de la mayor cantidad de droga secuestrada cada año, estaba ignorando que ello se debía al gigantesco crecimiento del tráfico en la Provincia de Buenos Aires, y no dejé de llamar la atención sobre las avionetas cargadas de estupefacientes que, espontáneamente, caían en campos y caminos argentinos, después de recorrer ¡más de mil kilómetros! de cielo nacional sin ser detectadas.

Todo esto nos está llevando, inexorablemente, a recorrer el camino que inauguraron Colombia -¡después de cincuenta años de incontrolable guerrilla hoy su PBI supera al nuestro!- y México, que aún no encuentra solución a la catástrofe que las guerras entre los carteles han producido. He aquí otro de las características que convierten a este período en no apto para menores.

Pero hoy el escenario en que mejor se distingue lo pornográfico de las actitudes del Gobierno a nuestra coyuntura política es, obviamente, la Justicia. Con un impúdico exhibicionismo digno de esos mismos gangsters de película, doña Cristina ha ordenado a su tropa de incondicionales destruir a quienes puedan transformarse en un obstáculo para sus pretensiones hegemónicas, y éstos no trepidan en utilizar métodos extorsivos o llanas calumnias para obtener sus objetivos, sin que fiscal alguno lleve estos temas ante los estrados, tal vez porque saben que no cosecharán fruto alguno. Si su jefa natural, Gils Carbó, fue votada hasta por la oposición y hoy se atreve a denunciar penalmente a los miembros de la oposición del Consejo de la Magistratura, ¿qué les cabría esperar para su futuro?; precisamente, y una vez más, los partidos políticos pecaron de ingenuos cuando aceptaron, como un mal menor después de Reposo, la propuesta oficial, ya que el Gobierno volvió a ¿engañarlos?. Sólo cabe preguntarse si son estúpidos o cómplices.

Si el Gobierno obtiene la ley del per saltum, será la Corte –aún negándose a admitir ese procedimiento en el caso Clarín- la que se verá enfrentada a asumir la responsabilidad institucional de poner orden en este desmadre. Veremos entonces en qué categoría moral revistan sus ministros.

El 8-N la ciudadanía volverá, fuertemente incrementada en su número, a salir a la calle para protestar contra esta inmunda bacanal pero, si los opositores no entienden que, también, serán el objetivo de la queja, Argentina entrará, más profundamente aún, en el cono de sombra en que se encuentra, y el pronóstico pasará del anaranjado al rojo, un color que conlleva tragedias.



domingo, 28 de octubre de 2012

Hirviendo la leche




Hirviendo la Leche


“La felicidad consiste en saber unir el final con el principio” 
Pitágoras

A la luz de los hechos generados por el Gobierno –que se ha quedado tan solo- en los últimos tiempos, hay una pregunta para la cual no encuentro respuesta: ¿puede todo esto ser mera torpeza o responde a un plan maestro para que doña Cristina pueda huir del poder envuelta en el halo de una inventada conspiración mediática?

¿A qué atribuir la afirmación de que se puede comer por seis pesos diarios unos días antes de la manifestación del 13-S? ¿Qué quiso  decir la Presidente al afirmar que, si la inflación fuera del 25%, el país estallaría? ¿Por qué dijo Patotín Moreno que la carne tiene los mismos precios que en 2010? ¿Qué motivó el  desgraciado discurso que incluyó el “Podrán quedarse con la fragata …”? ¿Cuál fue la razón del giro en la relación con Irán que, además de agraviar la memoria de 85 muertos argentinos, la enemistó con la colectividad judía mundial? ¿El Gobierno no percibe cuánto le está costando su inmunda presión sobre la Justicia en una pelea que a nadie interesa? ¿Por qué conservan sus cargos Twitterman y Guita-rrita? ¿Cómo se atreve la verborrágica doña Cristina a ignorar la inflación, la inseguridad, el crimen de Once, el affaire Ciccone?

Tal como planteara –esbozando mis sospechas- en ocasión del pago del Boden 2012 –si estamos en default con el Club de Paris, con los holdouts, con las sentencias del CIADI y hasta con los dueños de las empresas “estatizadas”, ¿por qué la compulsión para efectuar ese pago, sacrificando tanto caudal político y tantas otras prioridades?- ha quedado demostrado que ese esfuerzo fue inútil, ya que la Argentina ha vuelto a encabezar la trágica lista de países en los cuales resulta riesgoso invertir, y la Justicia norteamericana le ha dado la razón a los holdouts. La noticia de que Bolivia –sí, ¡la Bolivia de Evo Morales!- recibiera ofertas de US$ 5.000 millones cuando sólo necesitaba US$ 500 millones, y todo ello al 5% anual, debiera llamar a la reflexión a los tan enconados defensores del “modelo”, que ya no encuentra latas en los que “rascar” fondos, para desesperación del pobre Gallucchio.

La viuda de Kirchner ha aumentado la llama sobre la cual hierve la leche del humor ciudadano, de la mano de hechos entre los cuales, obviamente, sobresale la negativa a depositar –a embargo, no en pago- la fianza requerida por la Justicia de Ghana para reemplazar el que pesa sobre la fragata “Libertad” y la mantiene inmovilizada en el puerto de Tema. El humillante regreso de la tripulación a bordo de un avión “charteado” a Air France permitió la más gruesa comparación: la suma que, con soberbia, la señora Presidente ha rechazado dar en garantía equivale a ¡siete días! del monumental subsidio a Aerolíneas Argentinas que, en derecho, aún es española. La escasa tripulación dejada en África impediría la navegación de la nave de regreso a la Argentina, por lo cual debe suponerse que, como mínimo, doña Cristina sabe que seguirá allí mucho tiempo o, en última instancia, que será rematada para servir como yate privado a algún millonario.

El agravio que, con tanto desparpajo, se ha propinado al pabellón nacional no hace más que confirmar cuál es la posición oficial respecto a las fuerzas armadas de la Nación. La reciente y masiva detención de los oficiales y suboficiales que participaron del Operativo Independencia, en la Provincia de Tucumán y en plena democracia, en nombre de una falaz política de derechos humanos, es una tergiversación más de la historia, de las muchas que ha practicado el kirchnerismo; ahora, olvida que un gobierno constitucional envió a las tropas al monte para desbaratar a una organización guerrillera que, declarando la independencia de la zona que ocupaba, pretendía el reconocimiento internacional como parte beligerante en una guerra que ella misma había desatado.

Pero no le ha bastado a la viuda de Kirchner con perder la fragata. Muy por el contrario, sigue agraviando a la ciudadanía, aún sabiendo que ese calor se expandirá por calles y plazas de todo el país y del extranjero el 8 de noviembre.

La sanción de la ley que impide el reclamo en la Justicia laboral de quienes sufrieran accidentes de trabajo y se vieran obligados a aceptar, por urgencia, la indemnización que las ART´s les ofrezcan, ha enfurecido a la CGT (Moyano) y a la CTA (Micheli) que, antes del ominoso 7-D, pretenden realizar un paro nacional conjunto, y ha dejado colgadas de un pincel a la CGT (Caló) y a la CTA (Yasky) que, tascando un complicado freno, siguen apostando a su relación con la Casa Rosada. Si el Gobierno tenía tanto interés en esa ley, ¿por qué no esperó un mes y la incluyó en la agenda de eventuales sesiones extraordinarias del Congreso? ¿Para qué dar una nueva bandera a quienes protestarán el 8-N en todo el país?

Los empujones de todo tipo, y los agravios proferidos por los legisladores cómplices de este gobierno desmadrado, realizado todo ello a la luz pública y en contra de otro poder del Estado, con el único propósito de intentar evitar una irremisible derrota –en términos temporales- en Tribunales por la mera aplicación del Código Procesal, pondrá al Ejecutivo frente a una única opción para cumplir sus objetivos mediáticos: las vías de hecho, de imposible pronóstico. La indignación generalizada ha alcanzado tal magnitud que, me temo, recorrer ese camino lleve a una confrontación que los argentinos no queremos, pero que deberemos aceptar como inevitable si el Gobierno no reacciona, deja de pensar en su jefa como una emperatriz y pretende recortar, aún más, nuestros más elementales derechos constitucionales.

   

  

domingo, 21 de octubre de 2012

¿Se atreverá?




¿Se atreverá?


“Cada guerra es una destrucción del espíritu humano”. Henry Miller

Después de haber girado copernicana e injustificadamente en la relación con Irán, y con ello incluido a la Argentina en la lista de países a los que el mundo occidental consideran parias por su apoyo al tiránico régimen de los ayatollahs, y de haber entregado la rendición de la nación –Aguinis dixit- con el invento de proponer que se juzgue a los terroristas reclamados en un tercer país y con jueces locales, es obvio que doña Cristina ha decidido no respetar límite alguno a su voluntad.

Pero, desde el divorcio con Clarín, el escenario político nacional ha cambiado en forma dramática. El cristi-kirchnerismo ha perdido el apoyo de los aliados esenciales con los que contó hasta las elecciones de octubre de 2011 y, de su mano, también el control de la calle; hoy se puede decir que una de las profesiones más peligrosas de la Argentina es ser amigo de este gobierno, que tan mal paga los servicios prestados.

Han emigrado del oficialismo la CGT de Moyano –recordemos el acto en la Avda. 9 de Julio, cuando llamó a la multitud a votar por Cristina-, organizaciones sociales como Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa, e integrantes de la izquierda como el Partido Obrero o la Federación Agraria. Tampoco pudo conquistar a la UATRE, del Momo Venegas, a los estudiantes universitarios –los jóvenes tan buscados- que optaron, en un 93%, por votar contra el “modelo”, o a la CTA de Micheli. En el peor escenario posible, todos ellos han aceptado actuar conjuntamente en la protesta contra el Gobierno, y han convocado al primer paro nacional que abofeteará a un Kirchner en todo su reinado.

Por su parte, la clase media –como sucede en el mundo entero- ha perdido el miedo al ritmo del enflaquecimiento de la economía, y los problemas de ésta han dado una inhabitual presencia a la corrupción, a la inseguridad y a la inflación entre sus grandes preocupaciones, y estoy convencido que el 8 de noviembre multiplicará varias veces al 13 de septiembre.

El Gobierno, para mantener controladas a las fuerzas armadas y de seguridad en actividad, pagaba sueldos razonables pero, con el retiro y dado que gran parte del salario era “en negro”, llegaba el hambre; así, con ese duro látigo, consiguió abortar, en su origen, cualquier signo de rebeldía. La huelga de los prefectos y de los gendarmes se produjo cuanto éstos descubrieron que, aún portándose como se les exigía, el simple transcurso del tiempo los llevaba al infierno jubilatorio, y pusieron al “modelo” en un brete de hierro porque, si concede cuanto se le pide, el descontento se extenderá por toda la administración pública y en los tres niveles –nación, provincia y municipio-, con un impacto fiscal imposible de soportar en estas horas de vacas flacas.

Los jubilados, presentes y futuros, contemplan con horror cómo se sangra a la Anses, tanto en préstamos directos al Gobierno cuanto en la financiación de los más disparatados proyectos. Con la rebelión de los gendarmes, además, descubrieron que, como gran parte de los salarios del Estado son “no remunerativos”, el Gobierno deja de aportar al Fondo de Sustentabilidad más de la mitad de lo que debería.

Este breve diagnóstico permite concluir que, con certeza, el oficialismo no dispondrá de los votos parlamentarios necesarios para encarar una reforma constitucional que, como adicional, permita la re-reelección de doña Cristina. Tiene ya fecha de vencimiento cierta, y no podrá renovar el paraguas que, en Comodoro Py, permite a sus funcionarios actuales y pasados conservar su libertad y su patrimonio. ¿Qué cabe esperar de los jueces que nunca se venden, sino que se alquilan, al ocupante de la Casa Rosada?; tal vez, el procesamiento de algunos de los responsables del crimen de Once pueda servir como una muestra de ello.

Así llegamos a la pregunta que da título a esta nota. En este escenario, tan complicado para sus aspiraciones y donde la ciudadanía, aún aquélla que no piensa bien de Clarín, ha descubierto que está en juego la libertad –en general y, de prensa, en particular-, doña Cristina y sus lenguaraces han transformado al 7D en una réplica local del desembarco en Normandía.

En realidad, y hablo como abogado, ese día no pasará nada relevante en Tribunales. Si el nuevo Juez designado para ocuparse de este pleito decidiera algo, la parte –el Gobierno o Clarín- que se sienta perjudicada por el fallo lo apelará y, más tarde, será la Cámara de Apelaciones, o la Corte si prospera la ley del per saltum, quien decida finalmente. Ni las patoteadas de Alak ni las bravuconas de los senadores Fernández y Funes o de la diputada Conti pueden modificar esa realidad procesal, por lo cual no merece, desde ese ángulo, mayores comentarios.

El tema son las vías de hecho a las que puede recurrir el Gobierno para imponer, ese día, su voluntad. Y es aquí donde ese escenario que describí antes adquiere una relevancia particular. ¿Se atreverá doña Cristina a tomar, manu militari, las empresas del grupo Clarín? Por la información con que cuento, muchos gendarmes y prefectos han hecho consultas con abogados acerca de la legalidad de una orden de ese tipo, y sobre las posibilidades de responsabilidades penales para quienes las ejecuten; el descontento salarial y el corte horizontal en la cadena de mando son otros componentes a tener en cuenta si se piensa en una acción de este tipo.

Entonces, ¿qué hará? Porque, como todos sabemos, los Kirchner son reacios a retroceder y, mucho menos aún, después de haberse revestido tan bélicamente para un hecho concreto. Desde el punto de vista de la señora Presidente, que no pasara nada el 7D sería visto como una derrota del oficialismo en toda la regla y eso es algo que, en su mentalidad, no es siquiera admisible. Si la concentración del 8 de noviembre tiene el éxito esperado –y eso preocupa mucho al Gobierno- es dable pensar que surjan, espontáneamente, muchos voluntarios para integrar una barrera humana que impida una invasión a las empresas del grupo Clarín. Si eso se produce, ¿aún así seguirá adelante la Casa Rosada? ¿Y con qué fuerzas?

Diciembre promete ser, en cualquiera de las hipótesis, un mes caliente en la Argentina, en especial porque la ciudadanía no parece estar dispuesta a tolerar ningún avance más sobre las libertades que la Constitución garantiza.