jueves, 10 de marzo de 2011

Estúpida Universidad

Estúpida Universidad

“La Universidad gratuita es
la Universidad del privilegio”
Andrés Cisneros

Hace ya muchos años, comencé a discutir con docentes universitarios el rol que había jugado en nuestro país el ingreso irrestricto y la gratuidad de nuestra Universidad pública; en esa época, y estoy hablando ya de dos décadas, uno de mis mejores amigos me aportó la frase que encabeza esta nota.

Desde entonces, todo ha continuado yendo barranca abajo. Alieto Guadagni, a quien no me canso de citar, ha demostrado cómo la educación pública argentina, y hasta la privada, se ha ido deteriorando, sobre todo en los últimos diez años.

Ayer mismo, sin embargo, nuestra Presidente, al inaugurar el nuevo edificio que se integró al complejo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, sostuvo exactamente lo contrario; frases como “La Universidad pública y gratuita es igualadora social” son, lisa y llanamente, mentiras clientelísticas, que la ya famosa Cámpora está dispuesta a creer, comprar y vender.

La realidad, mal que le pese a doña Cristina, es bien distinta, se la mire desde el ángulo que se lo haga. La concepción populista es, por el contrario, una máquina para perpetuar privilegios, y basta para confirmarlo analizar qué porcentaje de alumnos de la Universidad proviene de las clases media-baja y baja.

Porque, sin necesidad de estudiar cifras y estadísticas, un simple razonamiento deductivo basta para confirmar el aserto. ¿Resulta el mismo esfuerzo estudiar una carrera para un hijo de la clase media, cuyos padres pueden mantenerlo, que para quien proviene de una familia obrera, que necesita del propio trabajo del universitario para subsistir?

Por otra parte, ¿resulta comparable quien llega a la facultad en su automóvil o vive muy cerca de ella que quien debe viajar en medios públicos durante horas para llegar a clase?

Desde otro ángulo, todos sabemos que la Universidad pública se sostiene con el aporte del Tesoro cuyas arcas, a su vez, provienen de los impuestos que pagamos todos. ¿Es justo que los más pobres soporten con su diario esfuerzo una Universidad que no tiene exigencias de ningún tipo y a la cual sus hijos no podrán asistir?

Otro punto de vista resulta de pensar por qué el país todo tiene que pagar para que algunos pocos estudien carreras que no sirven al conjunto social y que, en la enorme mayoría de los casos, gradúan gente que no encontrará inserción laboral en el campo elegido, produciendo frustración y resentimiento. Nuestras ciudades están llenas de arquitectos-taxistas, abogados-escribientes, médicos-enfermeros.

Finalmente, la vigente Ley Federal de Educación, al prohibir la difusión pública de las evaluaciones de establecimientos educativos de niveles secundario y universitario, iguala hacia abajo, porque impide la sana competencia basada en la calidad y en la calificación de los títulos que otorga cada uno.

En la Argentina, como bien dice Guadagni, el promedio de permanencia en los claustros de estudiantes de carreras con curricula de cinco años, es siete y, a diferencia de todos nuestros vecinos, la Universidad sólo gradúa veintidós de cada cien ingresantes.

Ese estiramiento artificial de la vida universitaria genera, naturalmente, mayores gastos en salarios docentes y no docentes, en infraestructura, en medios para la investigación, etc., todo lo cual recae sobre las espaldas de la población en general, inclusive de aquellos sectores cuyo único consumo son los alimentos de primera necesidad, gravados con el IVA.

La extendida pobreza de los salarios docentes en todos los niveles hace que sólo puedan ingresar a la enseñanza académica aquellos que, amén de una increíble vocación, disponen de otros medios de subsistencia o que buscan, en la cátedra, un galardón social. Ello no siempre es acompañado por la calidad de la enseñanza impartida.

Finalmente, y para no extenderme más en el diagnóstico, un solo ejemplo: en Japón, con ciento quince millones de habitantes, hay sólo dieciocho mil abogados autorizados a ejercer la profesión; en Francia, con cincuenta y cinco millones, la cifra baja a quince mil; en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con tres millones, los abogados somos más de cincuenta mil.

Entre otros efectos negativos, fácilmente imaginables, el exceso de competencia hace que se bastardee el ejercicio profesional, que los honorarios sean cada vez más magros, y que día a día los abogados consigan menos vivir de su talento. Sin embargo, la UBA sigue graduando futuros frustrados, y el costo de esa graduación lo soporta toda la población. Suena, al menos, raro, ¿no es cierto?

Mientras tanto, grandes conglomerados internacionales en industrias de punta se ven impedidos de instalarse en el país porque no encuentran suficientes ingenieros informáticos, geólogos, químicos, físicos, matemáticos, geógrafos, etc..

En resumen, y como en tantas otras cosas, los argentinos queremos que la realidad sea tal como la deseamos, y no como lo que en realidad es. Y seguimos intentando, a lo largo de décadas, obtener resultados distintos con los mismos procedimientos. ¡Vaya estupidez!

Todo esto tiene solución, pero se necesita coraje y poco apego a los gritos enfervorizados de La Cámpora, dispuesta a aplaudir cualquier disparate que doña Cristina proponga, inclusive su reelección eterna. (¡No vaya a ser cosa que la deserción de la señora los deje a la intemperie, económica y judicialmente hablando!).

Mi propuesta, reiterada en notas y publicaciones antiguas, es muy simple.

Se trata de establecer –la Argentina dispone, sin duda, de los medios informáticos para hacerlo- cuántos nuevos graduados de cada una de las disciplinas necesitará el país a cinco años vista. Basta, para hacerlo, con introducir en una computadora la información que suministren las empresas y el sector público, incluyendo a los potenciales inversores que se acerquen.

Con el resultado de esa investigación, se constituiría un primer cupo de ingresantes a la Universidad. Para formar parte de él, los estudiantes deberían rendir un muy exigente examen de ingreso –en matemáticas, lengua, ciencias y ciencias sociales- y mantener el nivel de excelencia durante toda la carrera, comprobado mediante pruebas semestrales.

A los miembros de ese primer cupo, obviamente, no sólo no se les cobraría matrícula alguna sino que, por el contrario, se les pagaría un sueldo razonable, que les permitiera inclusive mantener a su familia, durante todos sus estudios.

Como es obvio, quienes lograran graduarse integrando ese primer cupo encontrarían una clara salida laboral, ya que tanto el Estado cuanto las empresas los buscarían afanosamente.

Luego, crear un segundo cupo que tuviera en cuenta la capacidad física de cada una de las facultades. Al menos en algunas de ellas, hay materias en las que los profesores deben dar clases a más de cien alumnos a la vez, lo cual impide una eficiente enseñanza.

Ese segundo cupo, es decir aquellos que opten por carreras que el país no necesitará –y, por ende, es injusto que deba soportar- o por estudiantes que no lograran el nivel de excelencia requerido para el primero, debería pagar para estudiar. Así de simple: si quieres hacerlo, báncalo tú.

Incorporaría, además, a esas normas una ley que impusiera al sector público la obligación de contratar, como consultora externa, a la Universidad, y pagar los honorarios correspondientes.

Veamos, antes de rechazarla in limine, qué efectos produciría la solución propuesta.

En primer término, produciría mejores graduados, y el país dispondría de profesionales excelentes en las disciplinas más necesarias.

Luego, impediría la permanencia del “estudiante crónico”, ese al cual el bajo nivel de exigencia en materia de cantidad de materias aprobadas se le permite permanecer en los claustros por muchos años, incordiando a los verdaderos alumnos.

Con el producido de las matrículas pagadas por los integrantes del segundo cupo, más los honorarios que la Universidad generaría por sus servicios de consultoría externa, se formaría un interesante presupuesto propio, que permitiría mejorar sensiblemente los salarios docentes e invertir en infraestructura y en medios de investigación.

Al pagar verdaderos salarios, se incrementaría la vocación por la enseñanza, lo cual permitiría también exigir más a la calidad de los profesores.

El círculo virtuoso se cerraría con el nivel de excelencia en los claustros docentes, lo cual transformaría a la Universidad en un verdadero faro capaz de iluminar el futuro del país, dejando de ser el miserable fanal que sólo permite ver la escalera descendente en la que estamos embretados.
Bs.As., 10 Mar 11

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Señor Avogadro:
Solía decirme mi padre, que era hijo de españoles, un refrán de los más certeros: "Del enemigo el consejo".
Es decir que de las palabras o las acciones del adversario debería nacer mi respuesta y criterio.
Ayer el gobierno, por intermedio de uno de sus canales de información súbditos, informa de otro de sus extraordinarios logros: la producción de artículos electrónicos se ha incrementado en un 89l %.
Y a continuación da otro dato favorable: la producción de artículos de perfumería y cosmética ha subido el 11,4 %.
Si es lícito desconfiar del optimismo estadístico del régimen más de tal disparidad productiva.
¿Es que son más atractivos y se encuentran en mayor disponibilidad los televisores plasmas que el jabón?.
Sin embargo algo se muestra claro en la entortada oficial.
Un núcleo minoritario goza de todas las delicias electrónicas, que acaparan tecnología y disposición crediticia, y una mayoría no tiene acceso a los indispensables artículos de higiene.
Es decir que el cacareado consumo se empina en las clases altas, a las que poco importa el problema de la inflación, y declina, a pesar de la facundia desaforada del gobierno, en las clases bajas.
Y con respecto a la educación que lo desvela, yo creo que el tema central debe ser la calidad de impartición.
Se necesitan maestros bien pagos y de calidad.
La enseñanza primaria debe ser el cimiento del edificio educativo.
Muchos pueblos están llenos de doctores-decía el sanjuanino inmortal- y no son más sabios por eso.
Que la enseñanza es mala lo demuestra el alud de programas ridículos de la televisión, salseados con disfrazados de toda ralea y balbucientes, y la adhesión de innumerables fieles.
No sólo hay pontífices de la bambarria, también una corte devota.
Mercadería de trocha angosta y sobrados vagones de repuesto.
Y recuerdo lo que enseñaba un eminente profesor de la Universidad de Londres, Harold J. Lasky.
El fascismo, el falangismo y otras ideologías totalitarias se apoyan en la cultura débil o degradada y la desilusión de las masas.
Por ejemplo la población ignora, entre otras muchas cosas, que 1811 fue el año del derrumbe de la Revolución de Mayo.
Apoyado en tres hitos trágicos: la pérdida de la flota en San Nicolás de los Arroyos, el siniestro 5 y 6 de abril y la catástrofe de Huaqui, que dio culminación a varios meses de desastre administrativo.
También eso, que nos duele como argentinos, es bicentenario.
Antonio Carlos Regadío, profesor de Historia.

Anónimo dijo...

Estimado amigo: he leido en el Informador publico su articulo Estupida Universidad que comparto, pero como antiguo alumno y docente universitario creo que la situacion es muy critica. He tenido en mi vida estudiantil brillantes profesores: Roberto Giusti, Francisco Romero, Rodolfo Mondolfo, Rey Pastor, Jose Babini, para mencionar solo algunos. Hoy la universidad argentina es la vieja Escuela Pitman:forma profesionales que estudian por apuntes, sobre materias cuyos contenidos son obsoletos,sin conocimientos de idiomas en un mundo globalizado, injusta pues financia a gente que viene a la Facultad en motos o autos mercedez benz, bibliotecas sin libros y revistas, por ejrmplo en este cuatrimestre en la FCE se dictan 35 cursos de Teoria y Tecnica impositiva I (supongmos que el primero lo dicta el profesor titular, el segundo el profesor adjunto, el tercero el ayudante diplomado, el cuarto, el quinto....etc. quienes.Docentes sin antecedentes y adhonorem, profesores que nunca han publicado siquiera un paper. Mi posicion es muy dura: hay que poner en stand by la universidad hasta que aclare, . un abrazo. Guillermo.

Anónimo dijo...

ESPECTACULAR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

ME HIZO ACORDAR A UNO QUE ESCRIBISTE HACE YA MUCHO TIEMPO SOBRE LA "MERITOCRACIA" O ALGO ASÍ QUE ME PARECIOÓ FASCINANTE!

ABRAZO! MATEO

Anónimo dijo...

Mi querido amigo, sólo con ver la inutilidad de sus hijos, ricos y analfabetos, ¿cómo le puede interesar el destino de todos nuestros hijos y nietos? Esta señora sólo pudo hacer un
pacto con el diablo; todo lo demás no le interesa ni jamás le interesará. Miremos, por DIOS, todo lo que esta sucediendo y recemos hasta por ella, porque jamás será perdonada.

Ana

Anónimo dijo...

Estimado Enrique: coincido plenamente con su crítica al actual sistema y me resulta muy atractiva la propuesta. No estoy seguro que "a los del primer grupo" deba pagárseles el sueldo que insinúa; creo que sería suficiente una beca; pero es un detalle. La idea central es impecable.
Le agrego un argumento en favor del arancelamiento: todos aquellos alumnos provenientes de establecimientos secundarios pagos (algunos con altísimos aranceles, que en muchos casos superan los $ 2.000,00 mensuales) han demostrado capacidad económica y están en condiciones de abonar una cuota que en valores actuales podría rondar los $ 500,00 por mes. Sería un ingreso muy importante para la universidad. Y un freno a los vagos.
Cordialmente,
Ricardo M. Busso

Anónimo dijo...

Felicitaciones x la nota!!
Y como siempre...un gran abrazo
Fer

Anónimo dijo...

Muy bueno Enrique, un abrazo. Gabriel

Anónimo dijo...

Estoy en desacuerdo con Cisneros.
Creo que el análisis que se hace está desenfocado.
Cuando tengas tiempo, avisame y lo analizamos en detalle, pues los que han sido estúpidos fueron los argentinos que compraron durante años el famoso "Alpargatas sí libros no".
Abrazo,
Alejandro

Anónimo dijo...

Estimado Enrique
Siempre leo sus textos. A veces me parece absurdo que cosas tan evidentes en su ignominia se tomen como valederas y justas en nuestra sociedad que sigue nivelando para abajo.

Cuando era profesor, propuse que una forma de atacar la falta de calidad es haciendo libre de arancel (nada es gratis) a los alumnos regulares y que paguen los que quedan libres o cursan como agregados por no cumplir los requisitos básicos o sea correlativas. Sobre estas puedo decir que se dejaron de lado en muchas universidades y pronto tendremos la aprobación con sólo presentismo. Luego, sin llegar al Siglo XXII, se podrá comprar cualquier título en una máquina tragamonedas. Total, ninguno servirá para nada y la Universidad habrá perdido totalmente su esencia.

Le cuento una:

El albañil se esmera y construye una pared de tres metros, que linda con el vecino de un matrimonio que la encargó.
Al terminar, y aprovechando que está fresca, la señora le pide que le quite 50 cm, porque da mucha sombra sobre en el jardín.
Cuando estaba terminando el rebaje, viene el vecino y le reclama que no puede saludar a sus amigos. Los vecinos acuerdan rebajarla a 2 metros.
Y, siempre antes que se endurezca la mezcla, los chicos de los dos matrimonios se quejan porque es alta para saltarla. La reducen a 1,5 m
La niña más pequeña se queja que no puede ver a su amiguita de la misma edad. Le quitan pues 0,50 metros.
Cuando tiene escaso 1 metro deciden que, por razones de fraternidad, deben sacarla íntegra, así pueden pasar los unos y los otros de una casa a la otra.
El albañil les informa que no piensa sacar el cimiento y exige que le paguen por los tres metros.
La respuesta del encomendante es simple: "déjelo, total no se ve y aunque no sirve para nada y, en cuanto a cobrar, veremos".
Algún día vendrá alguien y la volverá a construir y, por detrás, un coro de justicialistas populares harán que la rebajen nuevamente.
conclusión, somos un cimiento de nación que se puso en 1853 y, de tanto construir la pared y rebajarla, aún no tenemos nada.
Saludos
Gerardo E. Bossi

Anónimo dijo...

LAMENTABLEMENTE ESTE PAIS NO TENDRA UN FUTURO BRILLANTE , HASTA QUE NO TERMINE LA TREMENDA CORRUPCION Y DESUNION. Luis

Anónimo dijo...

Querido Enrique:

Importante tema traes a colacion hoy.

No puedo estar más de acuerdo:

La universidad tiene que generar intelectos de acuierdo con las necesidades, a futuro, del país. Todo ello en perfecto paralelismo con las necesidaes de expertos en todos las porfesiones que son las que al final hacen las cosas: y hacerlas bien.

El nivel de exigencia académica debe ser el más alto posible ( dando siempre oportunidad para la revisión de casos injustos, que los hay).

La presencia en la Universidad de los estudiantes debe responder a la duración de sus respectivas carreras, con un pequeño margen. No debe ser un foro para los diletantes y vagos intelectualoides que al final crean focos anómalos y alteran el normal desarrollo de las carreras.
Creo que los universitarios deben hacer frente a la mayor parte de los costos en que se incurre en su preparación y el Estado proveer a los más capacitados que no puedan afrontar tales inversiones ( porque estamos hablando de inversiones...).

Y tanto y tanto para hablar...

Te mando un fuerte abrazo.

José María