miércoles, 12 de diciembre de 2012

¡A estudiar, señora Presidente, o a no hacer trampas!




¡A estudiar, señora Presidente, o a no hacer trampas!


“La segunda imagen –que iba formando gradualmente la parte crítica y, al principio, poco numerosa de la opinión pública etíope- presentaba al monarca como un soberano capaz de hacer cualquier cosa con tal de mantener su poder y, ante todo, como un gran demagogo y un paternalista teatral que, con sus gestos y palabras, enmascaraba la venalidad, la cerrazón y el servilismo de la élite gobernante, por él creada y mimada”. Ryszard Kapuścińki


Hoy al mediodía, aprovechando la inauguración de un importante laboratorio de especialidades medicinales, la señora Presidente anunció, urbi et orbi, que promoverá en el Congreso la “democratización” del Poder Judicial. Obviamente, lo hizo apoyándose en el sospechosísimo fallo en el caso Marita Verón, dictado el martes por la Justicia tucumana.

La “abogada exitosa” que nos gobierna parece ignorar –o finge hacerlo- que una reforma de la magnitud que pretende requiere, casualmente, la modificación de la Constitución Nacional que, con el expreso objetivo de garantizar la independencia de los jueces, establece el modo en éstos son elegidos de por vida, de forma tal que esa permanencia actúe como un verdadero escudo contra las pretensiones del Poder Ejecutivo; sólo están sometidos –tanto como el Presidente, el Vicepresidente, los senadores y los diputados- al riesgo de la remoción, a través de un juicio político por mal desempeño de sus funciones. Para que usted lo recuerde, lector, fue un proceso de ese tipo el que sufrió el inefable Oyarbide, hasta ser rescatado por la mayoría kirchnerista en el Consejo de la Magistratura.

Ante este nuevo subterfugio utilizado por doña Cristina para intentar que una oposición, a la que considera boba, habilite la reforma constitucional –en la cual, también por casualidad, sería introducida la capacidad de la re-re-reelección en la Asamblea Constituyente, que puede declararse soberana y apartarse de los dictados de la ley de convocatoria- el fallo de antenoche adquiere una nueva dimensión, y crece el mal olor que lo rodea.

¿A qué me refiero? La Provincia de Tucumán –al igual que otros feudos nacionales, como Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, etc.- es gobernada con mano de hierro por José Alperovich, uno de los mandatarios más fanáticos y obsecuentes de la ocupante actual de la Casa Rosada. Es más, su mujer, la inefable Beatriz Rojkés de Alperovich, es la tercera en la línea sucesoria del Poder Ejecutivo, después de  Guita-rrita.

Admira tanto don José a los Kirchner que ejerce el poder como éstos lo hacían en Santa Cruz, cuando don Néstor (q.e.p.d.) gobernaba Santa Cruz, a punto tal que también disolvió la Fiscalía general, ya que no podía comprar a su titular; se inspiró, naturalmente, en el caso del Procurador Sosa quien, pese a tener tres fallos de la Corte Suprema de Justicia a su favor, no ha conseguido ser repuesto en su cargo en Río Gallegos. El resto del Poder Judicial de Tucumán ha sido colonizado sin remedio, como hizo su numen pingüino.

Después de haber perdido la inexistente batalla del 7D, no la guerra contra el grupo Clarín, la Presidente descargó sus frustraciones en su fiesta privada del domingo en la Plaza de Mayo. La primera mandataria, en manifiesta ratificación de los exabruptos de sus ministros y corifeos, acusó a la Corte y a los integrantes de la Justicia de utilizar “fierros judiciales”, impulsados por los “generales mediáticos”. Aunque la imposibilidad de reunir los dos tercios de las voluntades legislativas, imprescindibles para la apertura del proceso, convierte al juicio político en una fantasía, al menos hasta las elecciones de 2013, ello no significa que la señora de Kirchner no haya incurrido en delito contra la Constitución Nacional, según su artículo 31.

Ahora bien; debo confesar que no creo en brujas, pero que las hay, las hay. Seré mal pensado, pero me huele muy mal que estos jueces, que absolvieron de culpa y cargo a todos los sospechosos del secuestro y probable asesinato, envuelto en el tráfico de mujeres para destinarlas a la prostitución, tengan tantas vinculaciones con el Gobernador y hayan emitido una sentencia tan brutalmente chocante tan sólo cuarenta y ocho horas después del discurso presidencial del 9D. ¿No suena raro que ese fallo haya resultado tan funcional a las confesas intenciones de doña Cristina?

En un Poder Judicial tan, pero tan sospechado de corrupción, política y económica, como es el de Tucumán –tanto, o más, que la de Formosa, del Chaco, de Santa Cruz, de Catamarca, de La Rioja y de los demás feudos locales-, en el cual se reproducen como un espejo los desmanejos de los Kirchner en el sur, incluidas la trata de mujeres para la prostitución, ¿puede ser casualidad que se haya dado a la Presidencia de la República una excusa para seguir presionando al Poder Judicial en un momento tan oportuno?

Por eso, porque no creo en las casualidades sino en las causalidades, en especial en este ambiente político tan enrarecido, me veo obligado a reiterar el título de esta nota: ¡A estudiar, señora Presidente, o a no hacer trampas! En cualquier caso, Dios, la Patria y la República se lo demandarán en breve.

Bs.As., 12 Dic 12

Conferencia en Tucumán


Buenas noches …

La visita de la Asociación de Abogados para la Justicia y la Concordia a Tucumán tiene un doble objetivo.

El primero, obviamente, es manifestar su apoyo a los señores militares que, por el sólo hecho de serlo y, como tales, haber cumplido las órdenes legales y legítimas emanadas del Poder Ejecutivo Nacional, hoy se encuentran sometidos a proceso, en un marco institucional destruido por el odio y la venganza. Estos señores militares estuvieron, en 1975 y 1976, defendiendo y venciendo en la lucha que toda la Nación emprendió contra quienes, mediante las armas, pretendieron convertir a esta Provincia en un Estado y, a partir de ello, obtener el reconocimiento internacional como parte beligerante en una guerra cuya existencia ahora se pretende negar.

El segundo objetivo, instrumentado a través de las diferentes entrevistas que hemos mantenido en el día de hoy y que continuarán mañana, es llevar a conocimiento de la Iglesia, de las asociaciones de profesionales del Derecho, y de las autoridades políticas el significado real de estos inicuos procesos, en tanto los mismos subvierten toda la estructura de derechos y garantías que regía en nuestro país, sin la cual resulta imposible la convivencia social. Para llevarlos adelante se han dejado caer, como si fueran frutas inservibles, los principios más elementales de cualquier sociedad civilizada que se precie de tal; me refiero a la presunción de inocencia, a la irretroactividad de la ley, al juzgamiento por los jueces naturales, a la legalidad y a la obligación del Estado de probar, más allá de cualquier duda, la culpabilidad de los acusados.

Quienes, a partir de 2003, se revistieron con la bandera de los derechos humanos, que desconocían hasta entonces, han obtenido el apoyo de los derrotados militarmente en el monte tucumano y en el resto de la geografía nacional. Invocando los derechos de los cobardes asesinos de entonces, hacen caso omiso de los derechos de los argentinos contemporáneos, a los cuales les son conculcados diariamente.

¿No tienen derechos humanos los padres que hoy, después de diez años de un crecimiento inédito de la economía, producto de los vientos que han soplado tan a nuestro favor, ven morir a sus hijos de hambre y desnutrición? ¿No tienen derechos quienes se ven obligados a viajar como ganado y a morir en terribles incidentes ferroviarios, causados por la corrupta sociedad entre funcionarios y empresarios? ¿No tienen derechos quienes, aún hoy, deben vivir hacinados en ranchos inmundos, sin agua ni cloacas? El profundo deterioro de la educación y de la salud pública, ¿no constituye una violación a los derechos humanos? En la medida en que todos los hechos de corrupción del Gobierno están costando la vida de comunidades enteras, ¿no constituye un genocidio?

Pero, en lugar de ocuparse del presente, este proyecto de odio y venganza prefiere hacerlo, para usarlo como bandera ideológica, de los derechos de los delincuentes subversivos de los 70’s, en una tergiversación de la Justicia a la cual, además, ha dejado tuerta. Tan tuerta como para permitir, hace pocas horas, que fueran absueltos individuos a los cuales cientos de testigos coincidentes vincularon con el secuestro, la trata y la prostitución de personas, mientras persigue, como he dicho, a militares por el solo hecho de haberlo sido.

Para llevarla adelante, con la imprescindible complicidad de la Corte Suprema, se ha atropellado todo el andamiaje basal del derecho penal, en causas que se llevan adelante con mentiras manifiestas, con falsos testigos, con contradicciones notorias y con evidente uniformidad en las penas. Todos los que se ven obligados a comparecer ante estos pseudo jueces saben, de antemano, que están condenados, y casi todos ellos reciben cadenas perpetuas o por períodos tan prolongados que, dada la edad de los protagonistas, se convierten en penas de por vida.

La indignación se hace más profunda cuando se comprueba, a diario, que quienes atentaron contra la Argentina, quienes mataron y robaron a mansalva en nombre de teorías mesiánicas, reciben cargos públicos y elevados sueldos, como inicuo premio otorgado por una nación a la que se ha puesto de rodillas.

Tan de rodillas como para tener que soportar, sin posibilidad de reacción alguna, la retención de la fragata “Libertad” por los jueces de Ghana, una de las democracias más serias y prestigiosas de África, o la demora en recuperar la corbeta “Espora”, fondeada en Ciudad del Cabo por la falta de pago a quienes deben suministrar los repuestos necesarios para su reparación.

Este insensato gobierno, que ha hecho perder a la Argentina la mejor oportunidad de crecimiento real y sostenido que dio en décadas, nos ha convertido en parias internacionales, merecedores sólo del desprecio del mundo globalizado, y todo ello en aras de implantar modelos ya fracasados en muchos otros países.

Esta digresión acerca de la situación de la Argentina no es gratuita, ya que gran parte de ese desprestigio que nos ha hecho desaparecer del mapa de las abundantes inversiones que se dirigen, por necesidad, al resto de Latinoamérica, se vincula con la falta de seguridad jurídica que reina entre nosotros.

Somos, a la luz del mundo, un país que viola las leyes y los contratos, cuyo parlamento nacional deroga normas ya sancionadas y donde el Poder Judicial, que debiera ser la última barrera de defensa de los derechos individuales frente a los abusos del poder se ha transformado, en las propias palabras del Presidente de la Corte Suprema de Justicia, en cómplice de “políticas de Estado” concertadas con el Ejecutivo para llevar adelante juicios ilegales e inmorales como el que hoy nos ha traído hasta aquí.

A la vez, mientras permitía el pisoteo de todos los principios del Derecho, este mismo Poder Judicial ha sido cómplice, todos estos años, en la desenfrenada corrupción de este gobierno, postrándose ante la Casa Rosada y las diferentes sedes de los ejecutivos provinciales, es decir, ensañándose sólo con los más débiles.

Así, hemos visto como se ha arrastrado ante los estrados de estos nefastos magistrados a ancianos enfermos, algunos de ellos ya sin conciencia real de lo que sucede a su alrededor, sometiéndolos a indignantes tratamientos, sin frenar siquiera ante la muerte inminentes de muchos, tantos que ya han superado largamente el centenar quienes han fallecido en cautiverio.

¿Qué peligro pueden representar, para el trámite de los procesos o para la seguridad ciudadana, ancianos que superan los setenta años si se les concede la prisión domiciliaria? Sin embargo, no solamente se hace caso omiso del beneficio legal sino que se los obliga a comparecer hasta en camilla, como fue el caso del Comisario Patti, o con las arterias canalizadas para el suministro de medicación. ¿Dónde está la Justicia que estos jueces pretenden corporizar?

Debemos recordar, ahora en especial dada la parodia de juicio a que es sometido nuestro distinguido colega y amigo Jaime Smart, que cuando se juzgó legalmente a los imputados de cometer crímenes con las armas guerrilleras, muchos de ellos fueron absueltos y aquéllos a los cuales se les comprobó la comisión de tales delitos, fueron liberados de las cárceles y, poco tiempo después, volvieron a empuñarlas para asesinar, entre otros, a los mismos jueces que los habían condenado.

Pero no estamos sólo ante un acto de venganza, utilizada como instrumento por el kirchnerato para disfrazarse de defensor de los derechos humanos, sino que también es un acto de notable corrupción. Para las dos organizaciones más reputadas por su actuación en el tema –me refiero, obviamente, a las Madres y a las Abuelas de Plaza de Mayo- los derechos humanos se han transformado en un verdadero negocio, sea por la vía de las indemnizaciones a los familiares de hasta quienes murieron asaltando cuarteles, sea por la construcción de viviendas, como demostró el caso Bonafini-Shocklender.

¿Alguien puede imaginar, detrás de la nebulosa con que el Gobierno ha ocultado el tema, cuántos millones de dólares del erario fueron a parar a estos fines? ¿Cómo fueron compartidas esas indemnizaciones entre los familiares de los guerrilleros y los funcionarios que los otorgaron? Para incrementar la cantidad de pagos, se ha recurrido a retrotraer el período que la ley contempla cada vez más hacia el pasado y, si esto sigue así, terminaremos indemnizando a los deudos de los indios muertos en los malones.

Pero no debemos perder las esperanzas. Este siniestro régimen que hoy impera en la Argentina terminará, más temprano que tarde. No porque se produzca una revolución, que debe ser descartada de plano, sino simplemente porque resulta imposible que el país continúe tres años más en este generalizado desmadre.

Y cuando se acabe, cuando implosione ante las naturales contradicciones entre sus alas ideológica y ladrona, dado el odio generalizado que han sabido cosechar sus funcionarios de todo nivel, estos sí serán juzgados por su corrupción, y ni siquiera estos jueces podrán evitar esa suerte, dado el prevaricato en que continúan incurriendo.

La República vive uno de los momentos más aciagos de su historia, ya que su Presidente pretende ahora someter a su voluntad al Poder Judicial, como ya lo ha hecho con el Legislativo, no para destruir a Clarín, que a nadie le importa, sino terminar con nuestras libertades más profundas, como son la libertad de informarnos y decidir. Una sociedad como la nuestra no puede tolerarlo, y saldrá a impedir que se nos sojuzgue como hicieron Chávez o Correa con sus pueblos.

Mal que le pese a nuestras autoridades, que no merecen serlo, la ciudadanía está de pie, ha reconquistado la calle y no dejará avanzar más a este totalitarismo de opereta. Jesús, el Señor de la Historia, nos lo exige, y nosotros cumpliremos el mandato.

Buenas noches, y gracias.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Perfume de flores marchitas




Perfume de Flores Marchitas

“Luego hazte la pregunta: ¿dónde está ahora todo esto? Humo, cenizas, leyenda; o, tal vez, ya ni siquiera leyenda”. Marco Aurelio

La viuda de Kirchner confundió –al igual que su marido desde los lejanos días de la Gobernación de Santa Cruz- “Estado” con “Gobierno”, “Gobierno” con “Poder Ejecutivo”, la “representación” de los votantes por la “delegación” de esa soberanía, y “República” con “Imperio”. En razón de esa confusión, actuó como hemos visto, es decir, transformó a los bienes y medios del Estado en gubernamentales, redujo a una categoría constitucional inferior al Poder Legislativo y pretendió hacer lo mismo con el Judicial, y desconoció que, en una República, “gobierno” son los tres poderes, transformándola, en su febril imaginación, en una monarquía absoluta.

El jueves, un día antes del terrorífico pero finalmente inocuo 7D, la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal, objeto de un inmundo e irracional atropello del Poder Ejecutivo, dictó una resolución que, sin exageración alguna, salvó a la República del abismo en cuyo borde mismo se encontraba. Doña Cristina, la auto-celebrada “abogada exitosa”, resultó aplazada en el examen de Derecho Constitucional al que eligió presentarse sin leer bolilla alguna.

Por la noche, después de digerir lo sucedido durante el día (más allá de la nube tóxica y el diluvio, el hecho más relevante de la década fue la declaración de todas las asociaciones de jueces del país) se me ocurrió una metáfora muy complicada. Los emperadores romanos, para calmar los reclamos de los ciudadanos en épocas de crisis, celebraban grandes fiestas, cuyo epicentro era el Coliseo, en el cual los cristianos y los gladiadores debían enfrentar a fieras salvajes. Doña Cristina hizo lo propio pero, con las tribunas llenas de fanáticos que aspiraban ver sangre, los que debían morir para contentarlos faltaron a la cita, por orden judicial.

Lo lógico hubiera sido que uno de los muchos maestros de ceremonias de la Casa Rosada –Sanatella, Ala-k, Abalito, Anímal, Guita-rrita o Metralleta Kunkel- presentara las excusas del caso y despidiera a la multitud vociferante. Por orden directa de la Presidente, no se hizo y los actos previstos para hoy continuarán su desarrollo, aunque deban haber cambiado sus consignas. ¿Será así o seguirá echándose leña al fuego, aunque esté mojada? Con las desmesuras a las que la Casa Rosada nos tiene acostumbrados, es muy difícil prever qué sucederá, y ese incierto futuro inmediato no puede más que generar una honda preocupación.

Si la Comisión Nacional de Valores decidiera utilizar su nuevo recurso pseudo legal, que le permite prácticamente intervenir, en nombre de las minorías, los órganos de administración de las empresas, para destruir a Cablevisión con la excusa de “proteger” a Fintech, dueña del 40% (una situación incompatible con su condición de prestador de servicios públicos), generaría no sólo el descontento de sus usuarios, que son muchísimos, sino la reacción airada de sus combativos empleados; en resumen, una situación de complicado pronóstico.

Desde el viernes, desde Olivos emana un perfume a flores marchitas que predice, sin dudas, el comienzo del período del “pato rengo” en el pseudo imperio kirchnerista, confesamente sin herederos. Los sindicalistas, los suboficiales de las fuerzas armadas y de seguridad, los “barones” del Gran Buenos Aires, los gobernadores, los jubilados, la clase media, la Iglesia, los empresarios, los jueces y hasta los caciques del PJ han comenzado a percibirlo en sus fosas nasales y están preparando sus garrochas para abandonar el fracasado “modelo” de tan rimbombante nombre.

La señora de Kirchner, que no tiene un pelo –ni una extensión- de tonta, también está olfateando su final pero, como sostengo desde hace años, creo que estará dispuesta a transformarse en Nerón e incendiar Roma antes que someterse a la reglas de la democracia. Si Ud., lector, no me cree, simplemente cierre los ojos y trate de pensar en una foto en la cual se vea a doña Cristina entregándole banda y bastón a un sucesor que no sea del mismo palo. En cualquier escenario, el desastre que dejará cuando, finalmente, sea desalojada del poder –se mida en términos económicos o sociales- exigirá de quien se siente en el sillón de Rivadavia y en la ciudadanía toda un verdadero esfuerzo de imaginación y de coraje, de seriedad y de sacrificio.

Nada de eso es imposible, salvo que los argentinos insistamos en preferir este falso progresismo que tanto nos ha costado en materia de educación, de desarrollo, de empleo, de producción, de inseguridad, de descontrol gubernamental y hasta de secuestros de naves. Para readmitirnos en su seno, el mundo entero nos exigirá comportarnos como si fuéramos gente civilizada, capaz de respetar las normas y ser esclavos sólo de las leyes y de la palabra empeñada. Si, en lugar de buena educación o adecuado sistema de salud, de una infraestructura adecuada, de viviendas dignas o del autoabastecimiento energético, seguimos optando por irracionales subsidios, Fútbol para Todos, Aerolíneas Argentinas o la confiscación de YPF, si continuamos sin respetar contrato alguno o sentencia desfavorable, si continuamos tolerando que se barra con las instituciones, nuestro futuro será la nada, vestida de disolución nacional.    

domingo, 2 de diciembre de 2012

La Semana más Trágica



La Semana más Trágica


Es un déspota todo aquel que cree que ser opositor al gobierno es ser traidor a la Patria. Juan Bautista Alberdi

Visto lo sucedido a partir de la resolución de la Corte Suprema, ratifico que, en los próximos cinco días hábiles, es imposible que el viernes, el fatídico el 7D marcado en el calendario de doña Cristina para terminar con el grupo Clarín, alguna de las partes de la absurda e insólita guerra que ha distinguido a este año, obtenga una sentencia definitiva en Tribunales. Sin embargo, el Gobierno sigue batiendo el parche de una promesa, para cuyo cumplimiento carecerá de instrumentos legales. El viernes 30, por ejemplo, lanzó una nueva compaña, apoyada en una canción horrorosa, en la que se afirmó que, al cabo de una semana, el conglomerado encabezado por Magnetto dejará de existir; de la letra se desprende que ese fallecimiento incluirá al propio diario.

  Ahora bien, si no tendrá un fallo que le permita cumplir ese prometido objetivo, ¿qué hará la señora de Kirchner para evitar transparentar su fracaso frente a los fanáticos aplaudidores que la rodean? ¿Cómo hará, por ejemplo, para que la situación no resulte comparable a la inmunda maniobra de imputar a la viuda de Noble haberse apropiado de sus hijos o con el ridículo final que impuso el hermano de Graiver al relato oficial sobre los orígenes de Papel Prensa? En la respuesta a estos interrogantes debe buscarse la razón del título de esta nota.

Es posible –ignoro con qué grado de probabilidad- que doña Cristina pretenda tomar por la fuerza las instalaciones de las empresas del grupo enemigo, sea valiéndose de las fuerzas de seguridad, sea con las patotas que ha prohijado. Si una idea de ese tamaño está circulando por la cabeza presidencial, no estaría de más sugerirle con mucha intensidad que la descarte. Como ya he dicho, me consta que los mandos medios de Gendarmería y Prefectura han realizado consultas acerca de los alcances de la “obediencia debida” a una orden ilegal, lo cual se suma al descontento que continúa produciendo en su seno el tema salarial y el despido del vocero de la reciente protesta, y una invasión de una muchedumbre de energúmenos, integrada por barra-bravas y activistas entrenados produciría un zafarrancho tal que podría derivar en una verdadera conflagración. Antes de actuar de ese modo, doña Cristina debería recordar cuánto le costaron a Eduardo Duhalde las muertes de Kosteki y Santillán.

En condiciones normales, el mero planteo de una situación como la que describe el párrafo anterior sonaría, obviamente, a disparatado, pero estamos en la Argentina de 2012. O sea, un país que, además de exhibir su negativa a respetar contratos y fallos y estar aislado y segregado del mundo, se permite encomendar su representación en las cumbres internacionales a un conocido delincuente; un país en el cual sus organismos de derechos humanos se transforman en bandas de estafadores encubiertas bajo la forma de constructoras de viviendas; un país en el cual la campaña de su Presidente fue financiada por laboratorios falsificadores de medicamentos y traficantes de drogas; un país en el cual funcionarios y empresarios, que se roban impunemente los subsidios destinados al transporte público y a la construcción de caminos, causan la muerte de miles de conciudadanos; un país que encarga la impresión de su moneda a una sociedad fantasma, atribuida a su Vicepresidente; un país en el que sus jueces exhiben anillos inexplicables o propiedades destinadas a la prostitución; un país en el cual, a metros de las fastuosas residencias de sus gobernantes, los chicos mueren todos los días de desnutrición y hambre; y miles de etcéteras.

La señora Presidente, una vez más, se vio obligada a cancelar su presencia en la cumbre de UNASUR. La información acerca de su salud, cuyo secretismo sólo es comparable a la forma en que se maneja igual tema en Cuba o Venezuela, es de enorme trascendencia institucional. Nótese que hasta el señor Binner, en su condición de médico, hizo suya la primigenia recomendación pública de Nelson Castro, que sugiriera un urgente descanso a nuestra primera magistrada. Pero, claro, un régimen tan personalista como el que nos rige, en el cual sólo existe una persona en su vértice, no permite delegar el mando; por lo demás, si la ciudadanía se enterara que Guita-rrita Boudou o Beatriz Rojkés de Alperovich quedan a cargo de la Casa Rosada, saldría de inmediato a la calle a manifestar su descontento y su hartazgo.

Pero la soledad presidencial, que describí en una nota reciente –“Adán en el ‘Día de la Madre’”- se agravó esta semana, tal vez debido al cuadro psicológico -¿o psiquiátrico?- que afecta a la viuda de Kirchner, cuando ésta comparó, por su enésima cadena nacional, a los denostados fondos-buitre con los jubilados, que infructuosamente demandan en los tribunales que se les pague sólo lo correcto, siempre más que sus actuales salarios de hambre. No se detuvo la señora Presidente en ese infausto comentario sino que, a renglón seguido, dijo: “es muy fácil hacer socialismo con la plata del Estado, con la plata del Estado todas hacen socialismo y justicia social”; lo absurdo es que la haya pronunciado quien ha usado y abusado, tantos años, de ese recurso en su propio beneficio. A la enajenación de toda la clase pasiva –con la natural exclusión de quienes fueron beneficiados sin haber realizado aportes- se sumó la indignación, al saber que la madre de doña Cristina, de edad muy inferior a la de muchos reclamantes, no sólo hizo juicio a la ANSES sino que, milagrosamente, logró cobrar lo que la sentencia ordenó.

El documento de la Iglesia, difundido esta misma semana, puso los puntos sobre las íes, y lo mismo hicieron los jueces de la Cámara Civil. Sean bienvenidas todas esas advertencias y quejas, aún cuando hubieron podido y debido ser formuladas hace mucho tiempo: ni los fantasmas del enfrentamiento civil y de la disolución nacional, ni el atropello a la Justicia son una novedad; es más, con sólo revisar el curriculum de los Kirchner se comprueba que no han cambiado nada desde los ya lejanos días de Santa Cruz. En el mismo sentido, aunque también muy tarde, Luis Bameule llamó a sus colegas empresarios a la reflexión, recordándoles que los modelos prebendarios, de los que tanto disfrutaron, producen atraso y pobreza.

En fin; Argentina entró en la recta final, camino a un disco envuelto en la bruma. Qué encontrará el viernes 7D, cuando llegue a él, sólo lo sabe la Presidente más poderosa y más solitaria de nuestra historia reciente.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Locos y Bobos


Locos y Bobos

“La democracia debe ser algo más que dos lobos y una oveja votando sobre qué se debe cenar”. James Bovard

El discurso que la señora Presidente brindó mientras compartía ayer un almuerzo con Ollanta Humala, su par del Perú, incluyó un pasaje por demás asombroso. Me refiero, obviamente, a la pretensión de crear un standard latinoamericano para las inversiones extranjeras, de modo de hacer que las condiciones resulten iguales para éstas, cualquiera sea el país al que se dirijan. Que esa propuesta haya sido formulada por la pseudo emperatriz de un país que está sexto –después de Brasil, México, Colombia, Chile y el propio Perú-, a pesar de tu tamaño y de su PBI, en las preferencias de los inversores, que está al borde de un nuevo default técnico, que desconoce los compromisos asumidos por su actual gobierno, que reniega de todos sus pactos internacionales, que no tiene una Justicia independiente, que mantiene impagos a quienes no entraron en los canjes de deuda, a los acreedores que obtuvieron sentencias en el CIADI y al Club de Paris, resulta, francamente, ridículo.

¿Pretende, doña Cristina, que todo Latinoamérica, que continúa creciendo a pesar de las innegables crisis que afectan al mundo globalizado, se coloquen a la par de la Argentina frente a los inversores externos? Sólo los efluvios que puedan haberle provocado la medicación que recibe –ya que no puede ser el alcohol servido en el ágape, pues es abstemia- pudieron hacerle decir esta estupidez sin nombre. ¿Ignora que todos los países nombrados también ponen cepo al dólar, pero para que no entren en demasía y no para evitar que se vayan? ¿No sabe que, en la calificación internacional, todos ellos, y también Uruguay, han recibido el codiciado “investment grade”, mientras que la Argentina es considerada absolutamente indeseable?

¿Qué quiso hacerle creer a Humala? ¿Qué dirá en la reunión de Unasur en Lima? Recordemos que no ha conseguido obtener, de parte de nuestros vecinos, la más mínima solidaridad en el tema de la fragata Libertad, aún retenida por los Tribunales de Ghana, y que la corbeta Espora sigue varada en Sudáfrica.

Mal que le pese a la viuda de Kirchner, estamos rodeados de países que se comportan seriamente en su relación con el mundo, y no adoptan posturas de adolescentes caprichosos. Hasta Bolivia, que ha expropiado innumerables empresas, pero por las cuales ha pagado el precio, cuando salió a buscar US$ 500 millones a veinte años, recibió ofertas por US$ 5.000 millones, y a una tasa de 4,5% anual, mientras que la Argentina, si manifestara igual deseo, debería pagar hoy casi el 20% de interés.

En esas condiciones de desastre generalizado, ¿cree doña Cristina que los mandatarios de los países a los que habla ignoran qué sucede aquí? ¿Verdaderamente piensa que se informan a través de “6, 7, 8” o de “Página 12” y “Tiempo Argentino”? ¿Supone, por ventura, que esos presidentes sacrificarán sus verdaderas “décadas ganadas” para priorizar su relación con ella? Si fuera así, si estuviera convencida realmente de lo que dice, entonces estaríamos mucho peor aún, ya que nuestros destinos estarían en manos de una demente.

Desde la otra trinchera de esta guerra que hoy ocupa todos los titulares, y que no reviste interés alguno para la ciudadanía en general, la conducta del grupo Clarín también me ha asombrado. La inclusión de periodistas entre los imputados de instigar a la violencia fue una estupidez sin nombre, en un momento en que los profesionales de la información están tan sensibilizados. No importa que el Gobierno haga lo propio todos los días, tolerando calladamente que doña Hebe Bonafini escenifique “juicios populares” en Plaza de Mayo a quienes disienten, desde sus columnas, con el relato oficial o que haya empapelado Buenos Aires con afiches y fotografías de esos disidentes, a los cuales se invitaba a niños a escupir y adoptado tantas otras actitudes dignas de Goebbels. Pero el señor Magnetto debiera saber que no se combate a los caníbales comiéndoselos.

Otra gansada fue copar un acto ciudadano como el que ayer había sido previsto –el abrazo al Palacio de Tribunales- con camionetas y personal uniformado de Cablevisión y Fibertel. Estuve allí, y sé de qué hablo; tanta fue mi indignación que, acompañado por otros muchos, me retiré tempranamente. Si temía el grupo Clarín una concurrencia poco numerosa, le hubiera bastado con invitar a su personal a hacerse presente, pero “de civil”, porque –como he dicho muchas veces- los argentinos no están a favor de Magnetto y de su imperio, gran cómplice de este gobierno de delincuentes, sino que lucho, y seguirá haciéndolo, por su inalienable derecho a elegir.

No quiero extenderme más, y dejaré aquí esta nota. Los dos problemas acuciantes de la Argentina de hoy –la posibilidad de actos de violencia en los días siguientes al 7D y los fallos norteamericanos sobre la deuda- deberán quedar para mi nota del domingo.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Adán en el "Día de la Madre"




Adán en el “Día de la Madre”


“Nos buscamos en la felicidad, pero nos encontramos en la desgracia” Henri Bataille

Inexplicablemente, el Gobierno ha tomado una serie de decisiones que, de manera inexorable, lo han convertido en un émulo del primer antecesor bíblico de la humanidad. Tal como adelantáramos en su momento, la política de dividir a la CGT, originada en su divorcio de Moyano, lo colocó en el peor de los escenarios: en lugar de una central obrera con la cual negociar, hoy tiene nada menos que cinco, pues a la Azopardo (Camión) se han sumado la Azul y Blanco (Barrionuevo) y Balcarce (Caló), y dos más sin personería, la CTA no oficialista (Micheli) y la de Yatsky. Con ese mapa, debe enfrentar idénticos reclamos desde todo el arco sindical, pero ahora representado por innumerables dirigentes que compiten, y seguirán haciéndolo, para ver quién obtiene mayores ventajas.

El 8N fue una sonora llamada de atención para personajes que, como los “barones” del Conurbano, los gobernadores, los gremialistas y hasta los jueces, tienen una aguda sensibilidad para percibir los cambios de humor social. Más de un millón de personas manifestándose por toda la Argentina no podía menos que encender luces amarillas en las mentes de quienes llevan décadas en el poder político o sindical. La forma en que, desde la Casa Rosada, se salió a denigrar esa masiva expresión ciudadana, hizo virar a rojo el semáforo.

El 20N, los dirigentes gremiales debieron renunciar a su pretensión inicial de convocar a una movilización, porque el riesgo implícito de confrontar con las imágenes de tamaña multitud era demasiado alto; en cambio, optaron por imponer un silencio de cementerio en el país, sobre todo en Buenos Aires, principal vidriera que el mundo contempla. Las fotografías del Obelisco, a mediodía, dieron cuenta del éxito de esa movida.

Con todo eso, el Gobierno quedó definitivamente aislado, con una pseudo guardia pretoriana formada por dos compañías diferentes: una, ideológica, encabezada obviamente por el Chino Zanini, y la otra, “crematística” o meramente saqueadora, en la que se encuadran los aguerridos militantes de La Cámpora y algunos notorios habitantes de Puerto Madero. La primera, por no perder esta oportunidad única que, en especial desde 2007, le ha permitido ensayar en el terreno sus trasnochadas fórmulas, y la segunda, porque están en juego los mal habidos patrimonios de sus integrantes y sus eventuales futuros carcelarios, ambas cierran filas en torno a una Presidente que, día a día, se desmorona.

La noche del 21N, que trajo aparejadas las trágicas noticias provenientes del Tribunal a cargo del Juez Griesa, además de permitir quitar de las primeras planas la huelga general del día anterior, demostró una vez más, como si fuera necesario, cuál es la opinión que el mundo entero tiene acerca de la prepotencia y la omnipotencia del Gobierno. La sentencia –que sólo le ordena a la Argentina depositar a embargo, no en pago, la suma reclamada por el fondo que la demandó- hace especial hincapié en las declaraciones públicas de doña Cristina y de nuestro ¿Ministro de Economía?, el inefable Lorenzino. Olvidaron nuestros funcionarios, al manifestar que el fallo de Griesa no sería obedecido si resultaba desfavorable para nuestro país, que pocos días atrás la Argentina, por medio de sus representantes ante el Juzgado, se había comprometido por escrito y expresamente a respetarlo. Harto el Juez, resolvió como lo hizo y, nuevamente, nos puso al borde de un nuevo default, en el cual deberemos enfrentar consecuencias de tal gravedad que la soberbia oficial no podrá ocultar.

Lo peor y lo más triste de esta situación es que todas esas altisonantes y disparatadas declaraciones de la señora Presidente fueron formuladas sólo para dar un marco “malvinero” a la exclusiva y excluyente  guerra que lleva adelante contra el grupo Clarín. De esa actitud se desprende, una vez más, la grave confusión que padece: los ciudadanos no nos ubicamos en ella contra el Gobierno y a favor de Magnetto –íntimos socios hasta hace pocos días- sino a favor de nuestro derecho a elegir, es decir, a favor de la República, que los Kirchner se han empeñado en destruir para edificar, sobre sus ruinas, su imperio. El costo que la Argentina deberá pagar por estos dislates será, sin duda, muy alto.

Por esa lucha, precisamente, iremos el martes 27N, de 09:00 a 11:00, a dar un abrazo al Palacio de Tribunales y a recordar a los miembros de la Corte Suprema de Justicia –que estará reunida en ese momento para considerar el tema- su obligación de constituirse, sin claudicaciones de ningún tipo, en la última trinchera de la libertad frente a las pretensiones del poder de cercenarla para instaurar, en este caso, el discurso único. Si los “supremos” no entendieran ese claro mensaje, seguirán hundiéndose en la ignominia, en un camino iniciado al tolerar la permanencia entre sus filas del Juez Zaffaroni y la sistemática desobediencia del Ejecutivo a sus sentencias, tal como ahora pretende hacer con Griesa y su fallo.

El Gobierno ha perdido la calle y el consenso, a manos de quienes llevaron a doña Cristina al triunfo hace poco más de un año: la clase media, los gremios y  muchas organizaciones sociales. En su soledad, sólo puede recurrir a los interesados neo-camporistas y a la militancia rentada. Muy poco, por cierto, para quien aún pretende invocar el mandato concedido por el 54% de los votos.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Mambrú va a la Guerra Final




Mambrú va a la Guerra Final

“Un gobierno no debe nunca dar por supuesto que el destino de su país y su existencia entera dependen del resultado de una sola batalla, por decisiva que sea”. Karl von Clausewitz

Bueno, doña Cristina ya decidió. A pesar de la gigantesca manifestación popular que hasta le impidió dormir, el 7D irá a la guerra final no contra el grupo Clarín, cuya suerte le importa un bledo a la gran mayoría de los argentinos, sino contra el derecho de estos a elegir. Lo más curioso es que, metiéndose en este brete de hierro que ella misma construyó, nada puede ganar, salvo un inicuo reverdecer de su prestigio entre la masa de sus fanáticos, que tampoco lo necesitan.

Porque, aún si consiguiera vencer en esa batalla que sólo ella considera decisiva, ¿se reducirá la inflación?, ¿cederá la inseguridad?, ¿crecerá el empleo privado y registrado?, ¿se dejará de emitir moneda sin valor?, ¿saldrá el país de la recesión?, ¿terminaremos con los juicios de los jubilados y les pagaremos el 82%?, ¿se cerrarán, para el Gobierno, las cajas de la ANSES y del BCRA?, ¿será la Justicia independiente?, ¿pagaremos las deudas al Club de Paris y al CIADI?, ¿irán presos los corruptos?, ¿no morirá más gente en los ferrocarriles y en las rutas?, ¿dejará de cortarse la luz y no se inundará más la Provincia de Buenos Aires?, ¿aparecerán los fondos de Santa Cruz?, ¿se dejará de perseguir a los jueces serios?, ¿Boudou explicará la verdad de Ciccone?, ¿se aclarará el tema Shocklender y las Madres de Plaza de Mayo?, ¿se le pedirá disculpas a la señora de Noble y a sus hijos por las atrocidades dichas y la Juez Arroyo cerrará de una vez la causa?, ¿irán presos Jaime y los Cirigliano?, ¿nos serán devueltas la fragata Libertad y la corbeta Espora?

No sólo nada de eso sucederá sino que, por el contrario, la señora Presidente perderá mucho. Desde hace tres años, cuando el adefesio que constituye la Ley de Medios fue votada, sin cambiar una coma, por los legisladores oficialistas –casi todos ellos, en especial sus jefes de bloque y principales lenguaraces, cumplían idéntico papel en la época de Menem- y por los idiotas útiles opositores que, luego, dijeron haber sido sorprendidos en su buena fe por la inmunda forma en que el Ejecutivo usa la norma, no se ha incorporado a ésta un recurso tecnológico inédito de la sociedad: nada menos que Internet. Además, y como sucedió con en Egipto, que no fue organizada a través de las redes sociales, ya que pocos de sus ciudadanos acceden al ciberespacio, sino mediante los más modestos SMS, que miles de celulares se enviaron entre sí, y lo mismo ocurrió en Libia y está sucediendo en Siria. Me permito recordar al Gobierno que, en la Argentina, ya hay más de una línea de telefonía móvil por habitante.

Es decir que, aún tomando por la fuerza Cablevisión, Fibertel, Canal 13, TN y hasta el diario, la señora Presidente no conseguirá acallar a quienes salimos a la calle el 8N para decir “basta” a este Gobierno tiránico, prepotente, corrupto e incapaz. Deberemos, si eso sucede, informarnos de la realidad a través de nuestras computadoras y teléfonos, pero no dejaremos de conocerla y evaluarla. Y nuevamente saldremos a protestar frente a las iniquidades que esta ridícula guerra pretende transformar en invisibles. Ya se están moviendo, en ese sentido, las redes sociales que, hace dos semanas, demostraron la potencia de su convocatoria.

Habrá que ver también qué opinan, por ejemplo, los clientes de Fibertel –nada menos que un millón, multiplicado al infinito- cuando el servicio lo deba prestar la misma gente que, con tanto suceso personal y patrimonial como la “abogada exitosa”, conducen hoy los trenes, Aerolíneas Argentinas, Fútbol para Todos, YPF y la energía del país. ¿De dónde saldrá el dinero para invertir permanentemente en una empresa que compite en el mercado más sofisticado del mundo? ¿Serán, otra vez, los jubilados quienes deban financiar la terminal fiesta cristinista?

Terminaré con una preocupante frase de Jorge Fontevecchia -“Ojalá que el género que practique el kirchnerismo siga siendo la comedia”- aunque tengo pocas esperanzas de que ello ocurra.