miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿Qué debe hacer el peronismo hoy?

¿Qué debe hacer el Peronismo hoy?

El Partido Justicialista, encabezado por Néstor Kirchner, sufrió el 28 de junio la peor derrota electoral de su historia y hoy se encuentra, al menos formalmente, en la blanda mano de Daniel Scioli, puesto allí, a dedo, por su antecesor, a quien reporta y obedece.

En el exterior de la estructura se encuentran, cual planetas o lunas, distintas expresiones del verdadero Peronismo que, aparentemente, sufren el efecto de esa disgregación, que les impide constituir un frente común para enfrentar al verdadero mariscal de la derrota.

El PJ institucional, es decir el comandado por Kirchner y que integró, en todas las elecciones desde 2002, el Frente para la Victoria, puede decirse que obtuvo, con todos sus aliados, el 30% de los votos el 28 de junio, si nos tomamos la licencia de considerar al país como un distrito único.

Por su parte, lo que se ha dado en llamar el PJ Disidente, es decir todos los peronistas que no quieren saber nada con Néstor y su banda, alcanzó una cifra parecida, pero sin aliados de ningún tipo.

Sin embargo, de cara a la sociedad, y por obra y gracia de Kirchner y de muchos otros que, hasta entonces, eran reconocidos militantes peronistas, hoy proyecta una imagen única, a la que el imaginario popular llama PJ S.A., y a la cual ve como una máquina destinada, exclusivamente, a tomar el poder y a lucrar con su ejercicio.

Dirigentes de la talla de Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Carlos Reutemann, Ramón Puerta, Juan Carlos Romero, Alberto Rodríguez Saa, Mario das Neves, Francisco de Narváez, y tantos otros, si bien son unánimes en el repudio a la figura y a la forma de ejercer el poder de Kirchner y de su mujer, no han conseguido armar una estrategia que se proyecte hacia el exterior, ofreciéndose como una verdadera alternativa.

Por eso creo que la primera obligación del Peronismo no kirchnerista, si es que el encabeza Néstor puede calificarse como tal, es consensuar ciertas políticas de Estado, no solamente entre sí sino con toda la oposición. Me resisto a comparar esta sugerencia como un “Pacto de la Moncloa” porque han pasado, desde entonces, treinta y cinco años y las circunstancias son, esencialmente, distintas.

Ese consenso debe alcanzarse a tambor batiente, pues los tiempos en que la política y la economía en Argentina se están moviendo comienzan a ser extremadamente breves y, tal vez, si no se llega rápidamente a estos acuerdos, el pueblo avanzará con la cabeza de sus dirigentes.

Aquí llegamos a los dos escenarios posibles en lo inmediato. El primero, obviamente, pasa por tolerar al Gobierno en ejercicio los dos años y poco que le queda de mandato, período en el cual no solamente continuará destruyendo el país sino que continuará ejerciendo el poder omnímodo aún después del relevo legislativo de diciembre (en realidad, marzo), a fuerza de vetos de leyes y decretos de necesidad y urgencia.

Ese escenario es que más place a los dirigentes opositores, en el Peronismo y en el Radicalismo, porque saben que la cuenta que habrá que pagar por la “fiesta” kirchnerista será enorme, y no tienen interés, ni unos ni otros, en hacerlo. Antes bien, pretenden que sea el propio Néstor que la asuma, perdiendo así toda posibilidad electoral futura.

Pero debemos pensar, siguiendo el orden de prioridades que enumeró Perón, que primero está la Patria, después el Movimiento y luego los hombres. Y si esta premisa sigue siendo válida, resulta indispensable tomar en cuenta el daño que, día a día, infiere Kirchner a la Argentina, destruyendo al interior, empobreciendo y pauperizando a los ciudadanos y convirtiéndola en el hazmerreír del mundo entero.

Y, además, tenemos que poner en el escenario un tema no menor: como dije, de cara a la sociedad y mal que nos pese a muchos, el Peronismo es Kirchner y, cuando él se hunda, también el PJ –de todos los colores- se ahogará con él.

Entonces, ¿cuál es la alternativa para este desolador panorama? Pues la otra opción.

Una vez elaboradas y consensuadas esas políticas de Estado, toda la oposición, apoyada sobre los millones de firmas de ciudadanos individuales que llegarán al Congreso para entonces, debe eyectar del poder a estos crápulas, juzgarlos y mandarlos a la cárcel.

Y asumir el poder, sabiendo que el precio que la Patria demandará por ello será, otra vez, muy alto. Pero si quien resulte elegido para encabezar la transición hasta 2011 es apoyado por todos, pero seriamente, ese verdadero desierto que Argentina deberá atravesar será menos cruel y menos dañoso.

La experiencia del 2002 nos debería haber enseñado, a todos, que la crisis siempre –aquí y en cualquier otro lugar del mundo- los más desposeídos. Si actuamos como sugiero, tal vez –sólo tal vez- podamos evitar que eso suceda nuevamente.

Ruego a Dios para que, antes de dejar definitivamente de ser argentino, se apiade de nuestro país y nos conceda la gracia de transformarnos en verdaderos hombres, capaces de afrontar el destino que nos toque con generosidad y desprendimiento individual.

Si no fuera así, nos esperan días trágicos, ya que Kirchner está dispuesto a cualquier cosa, sin límite alguno, para conservar su poder y su capacidad de daño a los enemigos que, en su cabeza loca, somos todos los argentinos.

Saludo, entonces, fervorosamente la aparición de este Peronismo Federal, ahora impreso, y hago votos para que pueda ser el que encabece esta transformación y esta reconversión.

Bs.As., 7 Sep 09

Publicado por:

http://www.nuevoencuentro.com


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