sábado, 27 de marzo de 2010

Preguntas para pingüinos

Preguntas para Pingüinos


“No existe viento favorable para el
marinero que no sabe a dónde ir”
Séneca


En estos días, están sucediendo algunas cosas en la Argentina para las que no encuentro explicación racional, especialmente cuando se las observa en un escenario que, pese a lo complejo, puede calificarse como previsible.

La enorme suerte que acompañó, desde siempre, a don Néstor en su gestión -¿se imaginan qué hubieran hecho Alfonsín, Menem, de la Rúa o Duhalde de haber contado con los precios internacionales de las exportaciones argentinas que bendijeron al tirano de Olivos?- tendrá este año, después del reciente, y todavía precario, fin de la crisis financiera global, un período de oro, con crecimiento económico y una cosecha record, que permitirá recomponer las reservas después del saqueo.

En el interior ya se deja notar el renovado espíritu que impera en todas las actividades vinculadas con el campo y la maquinaria agrícola, pese a los reclamos de los productores –que comparto absolutamente- por el desmadrado manejo de la carne, del maíz y del trigo. Y eso llevará nuevas alegrías a los pueblos y ciudades que tanto sufrieron desde marzo de 2008.

Pese a que dudo que la tradicional mala memoria de los argentinos los lleve a olvidar la conducta de un gobierno decidido a destruir una de sus mayores fuentes de riqueza, como si fueran saudíes quemando sus pozos petroleros, tampoco se debe dejar de recordar que esa pampa húmeda fue la que dio su triunfo a doña Cristina en 2007. Recuerdo un mail anónimo que circuló profusamente durante la crisis del campo, en el cual se detallaba, partido por partido de la Provincia de Buenos Aires, el resultado electoral, para concluir con una exhortación: “Muchachos, no corten las rutas, ¡córtense las b…!”.

El constante impulso que, desde el Gobierno, se brinda a los consumos de la clase media, repetirá el fenómeno del “voto-cuota”, que tanto le reportó a Carlos Menem, en términos electorales, en 1995. Será un factor muy importante, aunque no el único, del caudal de votos que reúna el sector kirchnerista en 2011, ya que muchos de los compradores de plasmas y demás objetos de cierto lujo, endeudados a cincuenta cuotas, preferirán malo conocido que bueno por conocer, aunque el final siempre sea atroz.

Una prueba de cuanto estoy diciendo es la suba en los niveles de aprobación de la pareja imperial que nos gobierna, que hoy ronda –en el caso de don Néstor- un 23/26%, según encuestadores no contratados por el Gobierno.

Ese crecimiento no es sólo un mérito del método de poder con que Kirchner controla el escenario político –un método que carece de escrúpulos y de límites morales e institucionales- sino, en gran medida, a la general desilusión que la ciudadanía –justificadamente o no- siente respecto a la oposición.

El kircherismo ha logrado sumergirla en un pantano de barro, cada vez más denso y pesado, que la obliga a exponer sus divisiones y disidencias, sobre todo en temas que, por lo complejo, no interesan al común de los ciudadanos. Y la permanente judicialización de las decisiones parlamentarias no contribuye a aliviar esa sensación de alienación que cubre a las actividades del Congreso, con el agravante que forman parte de éste, mostrándose en televisión diariamente, hablando de temas reñidos con lo cotidiano del gran público, casi todos los eventuales candidatos opositores a la sucesión.

En ese escenario que, como dije más arriba, era en cierto modo previsible, aparecen algunos hechos que resultan inexplicables.

Veamos a qué me refiero. Pese a la bonanza económica externa que llegará a la Argentina durante 2010 y que, seguramente, tendrá algún arrastre importante sobre 2011, la situación interna dista de ser agradable y, por lo que se nos informa desde el atril presidencial, tenderá a agravarse.

La inflación seguirá creciendo –todavía no “espiralizándose”- impulsada por varios factores coadyuvantes: el recalentamiento de la demanda contra una oferta estancada por la falta de inversiones, externas y locales; la expansión monetaria, producto de la necesaria emisión de pesos para poder usar las reservas del Banco Central; los naturales reclamos salariales que, obviamente, desconocerán las cifras del Indec; el geométrico crecimiento del gasto público, especialmente en un período preelectoral; y la continuidad del festival de subsidios cruzados, que tiende a desalentar, aún más, las actividades productivas en materia de infraestructura y de transporte.

Es más, estoy convencido que, más temprano que tarde, la inflación será el talón de Aquiles que hará volar por el aire todo el proyecto kirchnerista. Básicamente, porque repercute más en el sector de alimentos y, cuanto más se desciende en la escala socio-económica, mayor es la incidencia de ese rubro en el consumo familiar; cuando se llega a la base de la pirámide, los ingresos se gastan únicamente en comer.

Don Néstor, con su libretita de almacenero y su horizonte a siete días, está minando el futuro, pues dejará tantos nudos gordianos que se necesitará un verdadero Alejandro Magno para cortarlos. ¿Y hay, en la Argentina de hoy, alguien así?

Juro que me asombra ver a toda nuestra clase política, diariamente, pasearse por los pasillos del Congreso y por los programas políticos de radio y televisión para hablar de chicanas, quórums, mayorías circunstanciales, decretos de necesidad y urgencia, fallos judiciales favorables o adversos, e ignorando, sistemáticamente, los grandes temas que tienen que ver con la vida real de la gente: la inflación, la inseguridad y la precarización del empleo; hasta la corrupción rampante de la que hace gala el kirchnerismo parece haber dejado de figurar en la agenda de nuestros políticos.

En ese marco, cuando llegue el momento de votar –sea cuando sea, y con o sin internas abiertas y obligatorias- la decisión tenderá a acompañar a aquél que muestre -al estilo de Churchill- un mayor coraje para decirle a la ciudadanía la verdad, que explique con la mayor claridad cuáles son los problemas y con qué recetas cuenta para solucionarlos, y que resulte creíble en cuanto a su decisión de llevarlas adelante.

Y será entonces cuando pueda producirse el fenómeno: que la ciudadanía, harta de indefiniciones e incrédula respecto a la capacidad de los políticos opositores, vuelva a beneficiar a Kirchner con su voto.

El tirano de Olivos –repito: ¡qué buenos gobernantes serían estos, si fueran buena gente!- es, de lejos, el más avezado, el más inescrupuloso y el más amoral de los personajes que ocupan la escena política. Contra él, los demás parecen niños de pecho, que entran en juegos en los cuales don Néstor, permanentemente, les cambia las reglas; que pretenden apelar a la ética contra quien carece, por completo, de principios.

Ahora bien: si este sembrar de minas explosivas el futuro sigue su curso –la alternativa es disminuir el monstruoso gasto público, con el consecuente desmantelamiento de la red de subsidios y el sinceramiento de las tarifas y precios- como, según parece, ocurrirá, cabe entonces la posibilidad de que sea el propio Kirchner quien deba sufrir las consecuencias de estas locuras. ¿Qué hará si sucede de ese modo?

Porque, confieso, no creo, en absoluto en la peregrina teoría que tanto corre en estos días y que habla de una fuga de la parejita imperial, invocando actitudes destituyentes o, lisa y llanamente, golpistas.

Y no lo creo por varias razones. Don Néstor ha sabido construir un imperio económico que, al menos hasta ahora, se encuentran en manos de sus testaferros de toda laya. Si huyera del país, como lo enseña la historia, esos hombre de paja se quedarían, sin dudas, con los pedazos que estuvieran a su nombre. ¿Alguien se imagina a López, Báez, Ulloa, etc., enviándoles un cheque mensualmente a Venezuela a los hipotéticamente exiliados Kirchner?

Es cierto que la alternativa más lógica será intentar cerrar un acuerdo de impunidad con su sucesor pero, una vez levantado el cepo que el Consejo de la Magistratura representa para los jueces, ¿quién podría garantizar el cumplimiento efectivo de ese acuerdo? ¿Estarán dispuestos esos mismos jueces, especialmente después de ver qué le pasó esta semana a Faggionatto Márquez, a seguir “cajoneando” los cientos de causas por corrupción que se encuentran abiertas?

Y, sin ese acuerdo de impunidad cerrado y confiable, ¿alguien se imagina a don Néstor y a doña Cristina, en nombre del limpio juego de la democracia, entregando la banda y el bastón a un sucesor en forma pacífica?

Vuelvo, entonces, a preguntar: ¿qué hará Kirchner con la realidad, si le toca ganar otra vez?

¡Cuántos interrogantes para un tan corto futuro!

Bs.As., 27 Mar 10

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