Argentina marmota
por Enrique Guillermo
Avogadro (Nota N° 1041)
“Como las instituciones influyen en el comportamiento y los incentivos
en la vida real, forjan el éxito o el fracaso de los países”.
Daron Acemoglu y James A. Robinson
Quien ha tenido la paciencia de leer, al menos, alguna de mis notas previas
sabe cuánto he apoyado a este gobierno; pero hoy tengo el triste presentimiento
de estar, una vez más, en el sendero declinante que la Argentina ha recorrido,
como mínimo, desde hace ochenta años, es decir, toda mi vida. Sin embargo, si
el desafiante fuera alguno de los integrantes de las administraciones
anteriores pero-kirchneristas, volvería a votar por Javier Milei con las dos
manos.
Mi latente desilusión se debe a la sepultura de la probidad que se había
anunciado como centro de la gestión libertaria – los costosos casos Adorni, $
Libra, ANDIS – y a la forma en que Milei se conduce frente a la prensa libre a
la cual, como su admirado Donald Trump, insulta con epítetos barriobajeros.
Pero, principalmente, a que a la Justicia, la principal herramienta - quizás, la
única – a la cual nuestro país puede recurrir para volver a ser confiable y respetado,
con las positivas y gigantescas consecuencias que eso implicaría para atraer inversores
generadores de empleo, para que los ciudadanos saquen los dólares del colchón y
hasta para comenzar a recuperar las islas Malvinas, se le ha consentido, y rogado,
regresar a su chiquero habitual.
El Gobierno no parece entender, o se hace el distraído, cuánto importa
la seguridad jurídica hoy en el mundo, y cuánto ganaría su propio proyecto
político si clara y públicamente se comprometiera en recuperarla: los grandes
capitales y los mismos argentinos que ahorran en moneda extranjera observan con
suma atención este aspecto de la realidad nacional, y ante el mal olor que
despide el Poder Judicial por su venalidad consentida, huyen despavoridos.
Ya venía maltrecho durante la gestión libertaria a raíz de la indiferencia
ante la continuidad en la persecución, a través de los “juicios de venganza”, y
el olvido de los miles de militares condenados a muerte en las mazmorras de
esta sociedad cínica e hipócrita, y por la inexplicable propuesta para integrar
la Corte de un tipo tan, pero tan nefasto como Ariel Lijo, el Juez Federal que
lleva quince años “cajoneando” la causa por la estatización del 51% de YPF que dispusieron
Cristina Fernández y Axel Kiciloff, y que debía investigar todo el negociado organizado
por el difunto Néstor Kirchner y sus testaferros Sebastián y Enrique Eskenazy
para robarse la empresa, y que casi – nos salvó el gong de la Cámara de
Apelaciones de Nueva York – nos cuesta la friolera de US$ 18.000 millones
adicionales.
Lo curioso es que ese mismo Lijo es uno de los que ahora se mueven, con
la velocidad de un rayo, ante denuncias de hechos que son – en comparación con
lo anterior – verdaderos “robos de gallinas” de funcionarios actuales. No
exculpo a Manuel Adorni, Diego Spagnuolo o los hermanitos Milei, porque éstos últimos
pusieron – y debían conservar – la vara bien alta, pero ver a tantos caraduras
que toleraron en silencio – o fueron sus cómplices - el brutal saqueo al que
fue sometida la Argentina por quienes ahora pretenden dar clase de pureza moral
republicana, no puede más que llenarnos de indignación.
La Corte Suprema, en una actitud que honra a sus actuales integrantes,
elaboró una profunda propuesta de reforma en el sistema de nombramiento de los jueces,
con un reglamento que garantizaba la transparencia y el mérito en la selección
de los candidatos en detrimento del favoritismo y el interés bastardo, que fue
aplaudida por todas las asociaciones de abogados, pero el Consejo de la
Magistratura, ese organismo tan politizado y tan propenso a favorecer a los
poderosos, que encabeza Horacio Rosatti - por ser Presidente del mismo alto
Tribunal -, la envió al freezer de
sus comisiones, en las cuales seguramente no habrá nadie interesado en
aprobarla.
El remplazo de los cuestionables Mariano Cúneo Libarona y Sebastián
Amerio como Ministro y Secretario de Justicia, respectivamente, por Juan
Bautista Mahiques y Santiago Viola, tan vinculados a la corrupción en la AFA, no
sólo significó un notorio retroceso institucional, sino que se aprovechó para
enviar listas para cubrir cargos judiciales al Senado, que incluyen nombres sumamente
sospechados por sus nexos familiares con los magistrados que llevan las investigaciones
que preocupan a Milei y su entorno, y hasta la promoción jerárquica de alguno
de los peores habitantes actuales de Comodoro Py, sede porteña de la Justicia
Federal.
En otro orden de cosas, debemos celebrar el principio de solución del conflicto
entre EEUU e Israel contra Irán, que ha producido la inmediata apertura del
estrecho de Ormuz, al menos mientras dure el cese del fuego actual que, ahora
sí, incluye al Líbano, aunque Hezbollah se oponga. Si se leen los objetivos declamados
por Donald Trump el 28 de febrero – cambio de régimen, cese total del
enriquecimiento nuclear, destrucción de la capacidad misilística – resulta obvio
que no se ha logrado ninguno de ellos y, en realidad, estamos ante una mayúscula
derrota de las pretensiones del Presidente que, además, ha dilapidado fortunas propias
y ajenas amén de innumerables e ignotas
víctimas en esa “operación especial” a la cual llamó “Furia Épica”: el estrecho
estaba abierto antes de las hostilidades, nadie sabe cuánto uranio enriquecido
mantendrán ocultos los criminales ayatollahs y los misiles y drones iraníes han
impactado, hasta hace nada, en objetivos militares y civiles y en
infraestructuras norteamericanos, israelíes y aliados del Golfo.
En esta materia, tanto como en la invasión de Ucrania por Rusia, todo
está por verse pero, si mañana comienzan nuevamente a reunirse en Islamabad,
Pakistán, los enviados de Washington, Tel Aviv y Teherán, todos podremos
adquirir nuevas esperanzas en un mundo tan convulsionado y rezar, con el nuevo enemigo
de un irracional Trump, SS León XIV, por la paz global.
Bs.As., 18 Abr 26
Publicado
en:
https://totalnewsagency.com/2026/04/17/argentina-marmota/

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