viernes, 13 de diciembre de 2019

Un Alberto bifronte




Un Alberto bifronte


“A pesar de los avances en el conocimiento en el mundo contemporáneo, se
 siguieron fraguando personajes y acontecimientos que conmovieron a multitudes,
 porque sigue predominando la creencia en los mitos más que en los hechos reales”.
 Juan José Sebreli


El martes, al llegar al Congreso para asumir como Presidente, Alberto Fernández tuvo un gesto conmovedor al empujar la silla de ruedas de la Vicepresidente saliente, Graciela Micchetti; y el abrazo con Mauricio Macri fue la frutilla que coronó esa actitud tan civilizada y democrática. Su discurso inicial, en general, no pudo ser más contemporizador y reunificador para una sociedad tan enfrentada como la nuestra, un remedo del mismo mal que afecta a tantas otras, desde los Estados Unidos, el Reino Unido, España e Italia hasta Chile, Bolivia y Colombia.

En particular, aplaudo su declarada intención de privilegiar los derechos humanos. Pero, mientras celebraba el coincidente día internacional de éstos, en el palco de los representantes extranjeros destacaban Miguel Díaz-Canel, Presidente de Cuba, Jorge Rodríguez, poderoso Ministro de Comunicación venezolano, y Rafael Correa, el prófugo ex Presidente del Ecuador, todos ellos violadores seriales de esos mismos derechos. Y el jueves se sumó el arribo –pidió asilo político- del narco Evo Morales, quien renunció a la Presidencia de Bolivia cuando su fraude fue descubierto.

Además, tuve agradables sorpresas cuando dijo que fortalecería la integración inteligente al mundo globalizado, y su vocación por trasparentar la obra pública para evitar “irregularidades”.

También lo acompaño en la necesidad de limitar las prisiones preventivas y de garantizar los derechos constitucionales, siempre y cuando se apliquen a todos, sean quienes fueran. Porque, si aplica esos encomiables propósitos, deberá cesar la persecución estatal a los ancianos militares presos, y muchos de ellos deberán recuperar inmediatamente su libertad.

Comparto con el Presidente la preocupación por el estado de la Justicia Nacional en lo Criminal y Correccional Federal, y creo indispensable su reforma, en especial para excluir de ella las operaciones políticas, provengan de donde sea. Por ser sólo doce los jueces de Primera Instancia, verdaderos zares de las causas federales, ya que son los dueños del “pasa o no pasa” de las denuncias, se convierten en blancos fáciles de las presiones del poder de turno y de las tentaciones “crematísticas”, tal como se viera en los casos de Norberto Oyarbide, Eduardo Farah y varios otros, o como razonablemente se sospecha de tantos otros de los actuales.

La mejor solución o, al menos, la más simple, parece ser “federalizar” a los numerosos jueces de primera instancia en materias penal tributaria y criminal común y un Congreso tan permeable a los deseos presidenciales podría transformarla en ley rápidamente. Pero temo, conociendo el paño, que escondida detrás venga su “democratización”, tan propulsada por Cristina durante su gobierno y milagrosamente abortada por la Corte Suprema.

LLama la atención que haya tantos procesados por corrupción entre los nuevos funcionarios a nivel nacional y bonaerense y lamentablemente, la insistencia de Alberto Fernández en la supuesta persecución judicial y mediática –replicada por Axel Kiciloff para justificar el nombramiento de dos de ellos- que afectaría a la dueña del peronismo multiforme y pegoteado -¿cómo negar las múltiples pruebas y declaraciones coincidentes de sus cómplices arrepentidos?- me hace dudar de las buenas intenciones del primer mandatario, que está obligado por el siniestro pacto que lo llevó a ese lugar a garantizar la impunidad de su jefa y de la familia de ésta.

En especial, cuando se la suma a los estratégicos nombramientos en los más altos escalones de la pirámide estatal en materia de Justicia: a Carlos Zannini, Procurador del Tesoro y, como tal, jefe de todos los abogados del Estado, se agregaron Juan Martín Mena (ex número dos de la SIDE kirchnerista), como Viceministro, y Gerónimo Ustarroz (hermano de Wado de Pedro), como miembro del Consejo de la Magistratura.

Todos ellos responden a Cristina, y serán quienes tendrán la misión de garantizarle tranquilidad por muchos años. Pero Alberto Fernández, más allá de las razonables muestras de agradecimiento y sumisión a quien lo eligiera, necesitará tenerla controlada, para evitar los desbordes institucionales a los que es tan afecta y que tanto daño produjeron a la sociedad. Para ello, sólo tiene un arma: precisamente, mantenerla atada a las causas por corrupción que tramitan en Comodoro Py. Creo que será allí donde se librará la principal batalla por el verdadero poder.

El Presidente ha dado suficientes muestras, durante la campaña electoral, de su muy baja tolerancia a las preguntas de los periodistas y, por eso, otra luz amarilla se encendió cuando expuso su decisión de modificar la publicidad oficial para que ésta se convierta en vehículo para “mejorar la calidad educativa” y “el proceso de aprendizaje de nuestros jóvenes”. Tendremos todos que estar muy atentos cuando se pruebe en hechos, tanto para controlar que no vuelva a ser un modo de  sojuzgar a la prensa libre cuanto para evitar que se utilice, como tantas veces ha sucedido, para adoctrinar y degradar a la República y la democracia.

Me pareció espléndida y esencial la futura creación de una gran Escuela de Gobierno, a imitación de la que existe en Francia; en ésta, todos los miembros permanentes de la administración pública se han graduado y la meritocracia es el principio rector para el ingreso y la permanencia.

Para terminar, en cambio, disiento con la gratuidad de la educación universitaria, tan ponderada por el Presidente en su discurso. He escrito muchas veces sobre el tema (por ejemplo, en https://tinyurl.com/sp6jbk9) y sigo pensando que es, simplemente, un injustificable disparate.

Bs.As., 14 Dic 19

viernes, 6 de diciembre de 2019




La peor Cristina


"Lo más importante es el juicio de la Historia, y a él los
 personajes no asisten. Cuando la gran maestra de los hombres
 emite su sentencia, el veredicto recae sobre los muertos". 
Fernando Henrique Cardoso


El lunes, tal como estaba previsto, Cristina Elisabet Fernández, llamada a prestar declaración indagatoria en una de las múltiples causas por corrupción que la afectan, se subió a la pista principal del circo de Comodoro Py para desplegar su habitual histrionismo y, por supuesto, negarse a contestar a las preguntas que la hubieran obligado a explicar hechos. Pudimos confirmar entonces que volvieron, pero peores.

A pesar de la marcada insolencia –rayana en el desacato- con que se comportó, los jueces que debieron aguantar sus rencorosas diatribas no reaccionaron, cuando una conducta similar de cualquier procesado hubiera derivado en su inmediato encarcelamiento; si hubieran actuado así en este caso, no hubiera podido invocar la protección de los fueros de su nuevo cargo, ya que se trataba de un flagrante delito pero, seguramente, se hubieran producido enormes conflictos en la calle.

La Vicepresidente electa, en la frase más rimbombante y soberbia, se dijo absuelta en vida por el juicio de la Historia y auguró a los magistrados la condena definitiva de ese tribunal universal. Se inspiró en su numen revolucionario, nada menos que Fidel Castro, quien recurrió a una mucho menos pretenciosa afirmación –“la Historia me absolverá”- al ser llevado ante los Tribunales por los fracasados asaltos a los cuarteles de Moncada y Céspedes en 1953; el tirano cubano, a su vez, había parafraseado a Adolf Hitler cuando, en el juicio que celebró en 1923 por la fallida tentativa de tomar el Ministerio de Defensa alemán, dijo: “Aún cuando los jueces de este Estado puedan condenar nuestra acción, la Historia, diosa de la verdad y de la ley, habrá de sonreír cuando anule el veredicto de este juicio y me declare libre de culpas”. ¡Menudos antecedentes tuvo la actitud de la Vicepresidente electa!

Pero lo realmente grave no ha sido ese stand-up, ya que era por completo esperable ya que fue inveterada su decisión de ejercer una defensa política ante la imposibilidad de ejercer una técnica, es decir, aquélla en la cual hubiera debido confrontar con los hechos, probados hasta la náusea.

En cambio, la composición del gabinete de ministros que acompañará a Alberto Fernández a partir del martes próximo ha provocado una profunda inquietud, tanto en la sociedad cuanto en los mercados locales e internacionales, ya que demuestra que el  “albertismo”, imaginado por tantas almas buenas como contrapeso al desaforado “cristinismo” en la administración del Estado, no llegó siquiera a existir y sus principales cabezas se han rendido ante la viuda de Kirchner y su engendro político, La Cámpora.

La aparición en el nuevo equipo de nombres como Carlos Zannini (Procurador del Tesoro), Eduardo Wado de Pedro (Interior), Agustín Rossi (Defensa), Elizabeth Gómez Alcorta (Mujer), Luis Basterra (Agricultura) y Sabrina Fréderic (Seguridad) muestran claramente quién tiene el sabot en la mesa de juego y, sobre todo, cuáles son sus prioridades. Pero, más que nada, que el kirchnerismo que volvió es mucho peor que el último que debimos soportar, pues su jefa viene por la impunidad, la venganza y lo poco que quedó después que viniera por todo.

El inspirador de las peores medidas de la década robada se transformará, desde el martes, en el jefe de todos los abogados del Estado; la relación con las provincias será conducida por un dilecto discípulo de quien tanto las apretara en su gestión anterior; en el comando de las fuerzas armadas se repondrá a quien perdió misiles y municiones; la abogada de Milagro Salas ocupará la cartera destinada a equilibrar la participación de los sexos; el más fervoroso defensor de la Resolución 125, irá a una de las carteras con mayor gravitación, la del campo; y una garantista de la escuela de Zaffaroni y negadora del rol de Hezbollah en los atentados de la Embajada de Israel y la AMIA tendrá en sus manos la seguridad.

Mauricio Macri presentó el jueves un balance final de su gestión, intentando vanamente reparar así el monumental error que cometió al evitar decir la verdad sobre la herencia que recibiera en 2015, cuando hubiera debido explicar que sólo podían esperarse sangre, sudor y lágrimas. De cualquier modo, ese gesto tardío no impedirá que el peronismo pegoteado, mucho más ducho en estas argucias políticas, cargue sobre sus espaldas la responsabilidad de todas las medidas amargas que, con certeza, deberá adoptar en los primeros meses de su gobierno.

Pero, sin perjuicio de la opinión personal que cada uno tenga sobre el Presidente actual, es imprescindible que hoy, sábado 7, a las 17:00 hs., hagamos acto de presencia en la Plaza de Mayo para ratificar ante el mundo que aún existe en la Argentina una multitud (al menos 41%) de personas que privilegian la República, la independencia de poderes, la lucha contra la corrupción, el narcotráfico y la impunidad, y tantas otras cosas del mismo tenor que estos cuatro durísimos años nos permitieron descubrir que son posibles y a las cuales no estamos dispuestos a renunciar.

Bs.As., 7 Dic 19

sábado, 30 de noviembre de 2019

Forzosas comparaciones




Forzosas comparaciones


“Los hechos no dejan de existir porque sean ignorados”.
 Aldous Huxley


Estas semanas están dejando a la vista algunos escenarios que obligan a su cotejo, y me refiero tanto a la Argentina cuanto a Colombia y Chile o a Uruguay. Tienen que ver, por ejemplo, con los políticos presos, con transiciones gubernamentales, con violentos conflictos sociales, con las agresiones sexuales y hasta con los zapatos. Comencemos entonces.

El jueves, una patética –por lo magro de la concurrencia- manifestación reclamó la libertad de algunos angelitos detenidos. Entre los enrejados convocantes se encontraron Amado Boudou, Julio de Vido, Roberto Baratta, Luis D’Elía, Lázaro y Martín Báez, Juan Pablo “Pata” Medina y Milagro Salas, todos condenados en varias instancias por delitos que van desde falsificación de documentos, apropiación de la fábrica de dinero, el crimen de Once, malversación de fondos públicos, asalto a comisarías, lesiones graves, amenazas, tentativas de homicidio, etc.; en resumen, por casi todo lo previsto en el Código Penal. Ricardo Jaime, en idéntica situación, tuvo la decencia de abstenerse de participar del reclamo.

Se dicen presos políticos pero sólo son políticos presos. Eso, en sí mismo, no debiera revestir gravedad alguna porque, estando los hechos probados, prefieren hacer uso de otra defensa: ocultarlos detrás de una supuesta persecución de Mauricio Macri, exactamente lo mismo que hicieron ya muchos otros, comenzando por la Vicepresidente electa, la inefable Cristina Elisabet Fernández quien, seguramente, desplegará sus innegables dotes histriónicas en igual sentido cuando preste declaración indagatoria el lunes, en una de las muchas causas ya elevadas a juicio.

Pero, en cambio, adquiere otra significación con las afirmaciones del profesor Alberto Fernández, que adoptó como propia esa postura y reclama la inmediata libertad –y la consecuente impunidad, por la teoría del lawfare- de todos esos presos y las “explicaciones” de los jueces que los procesaron y condenaron; es la misma actitud que adoptó con Luiz Inácio Lula da Silva, a quien un tribunal colegiado le agravó esta semana la pena.

La Comisión Bicameral de Legislación Penal puso en vigor un límite a la arbitrariedad de los magistrados ante las prisiones preventivas, y ello es verdaderamente positivo. Sin embargo, la penosa comparación surge de la reiterada discriminación que sufren, al respecto, los ancianos militares presos, los menos iguales ante la ley. Para ellos no aplican estas limitaciones procesales ni los principios de inocencia, de irretroactividad de la ley penal, del juzgamiento por jueces naturales y de legalidad. Para no extenderme en cifras de afectados, sugiero leer la carta que publicó Monseñor Santiago Olivera, Obispo Castrense de la Argentina, publicada hace pocos días.

La segunda comparación se produjo con las elecciones uruguayas, en las cuales una gran alianza de partidos, que llevó como candidato a Luis Lacalle Pou, le ganó al Frente Amplio después de quince años de hegemonía de la izquierda. La conducta de triunfadores y perdedores dio una lección de democracia a una región convulsionada; para demostrarlo bastó la elegancia de quienes abandonarán el poder frente a quienes los sucederán, y el encuentro en la calle de dos masivas manifestaciones de signos opuestos, que terminó con mates compartidos y el canto del himno nacional. Desde otro ángulo, dando una nueva lección de civismo, el nuevo mandatario tendrá un gabinete ministerial en el que participarán todos los partidos aliados.

Y esa clase de democracia viene a cuento por la diferencia que establecen el Presidente argentino y su Vice con respecto a los regímenes que gobiernan en América del Sur. Califican como golpe de Estado los procesos que llevaron a la destitución de Dilma Rousseff en Brasil y a la renuncia de Evo Morales en Bolivia, pero defienden la subversión que desató Rafael Correa en Ecuador contra el Presidente Lenin Moreno para intentar regresar al poder, y nada dijeron para respaldar a Sebastián Piñera, en Chile, a Martín Vizcarra, en Perú, o a Iván Duque Márquez, en Colombia, frente al vandalismo terrorista. Tiene antecedentes su conducta actual, ya que la remoción por el Congreso del ex Obispo Fernando Lugo, les sirvió como excusa para excluir temporariamente a Paraguay del Mercosur y permitir la entrada, por la ventana, de Venezuela al organismo regional.

La disertación de Alberto Fernández ante la Unión Industrial Argentina y, concretamente, su manifiesta intención de impedir la entrada de zapatos de Brasil, sirve para entender qué pretende hacer con la industria argentina la cual, de la mano del Frente para Todos, volverá a gozar del más insano proteccionismo, que tanto daño ha hecho al país y a sus habitantes, obligándolos a comprar caro y malo, a contramano total de cuanto han hecho otras naciones que crecieron, entre ellas el propio Brasil, que exporta al mundo desde aviones hasta ojotas.

A partir de 2005, he escrito varias veces sobre este tema (por ejemplo en https://tinyurl.com/v7aorb8). Como puede verse allí, la solución real no puede ser más sencilla y, de adoptarse, esa misma industria que, tradicionalmente, ha pescado en la bañadera y cazado en el zoológico, generaría las indispensables divisas que necesitamos para pagar nuestra deuda y muchísimos puestos de trabajo.

Si, en lugar de ello y como ha prometido el Presidente electo y demostradamente vicario, se refuerza el cierre y la falta de competitividad de nuestra economía, el círculo vicioso en el que nos movemos hace tantas décadas seguirá siendo la clara explicación de nuestra increíble decadencia.

Finalmente, el estruendoso silencio de Cristina Fernández y de las organizaciones feministas ante las acusaciones a José Alperovich por violación, clama al cielo, por comparación, contra al verdadero linchamiento mediático que, por delitos menos graves que los imputados al Senador kirchnerista, practicaron contra el actor Juan Dhartes.



Bs.As., 30 Nov 19

sábado, 23 de noviembre de 2019

Caretas y espejos




Caretas y espejos


“La mistificación es un fenómeno frágil”. 
Laurence Debray


Con impredecible velocidad, las caretas que diferenciaban a Alberto Fernández y la viuda de Kirchner, ya algo desteñidas por una afirmación del primero (“Cristina y yo somos lo mismo”) y, sobre todo, aquéllas que pretendían otorgar al Presidente electo una independencia inédita frente a quien lo había elegido a dedo y llevado al triunfo, cayeron con estrépito.

Y no me refiero sólo a la radicalización de sus posiciones internacionales y pseudo-jurídicas, al relevante cargo reservado a Eduardo Wado de Pedro en el entorno de la Casa de Gobierno y, tampoco, al veto definitivo a Florencio Randazzo para ocupar el Ministerio de Transportes.

La imagen de las reiteradas visitas del futuro mandatario a los domicilios político y personal de la segunda, que no pueden ser imputadas a un mero gesto caballeresco, ya venía dando una pauta de subordinación inconstitucional; pero el lunes, esa actitud llegó al paroxismo cuando, al salir de la casa de Cristina, luego del recargado regreso de Cuba de ésta, Alberto declaró sin empacho que la elección de los integrantes del futuro gabinete ministerial estaba casi terminada.

Lo más llamativo, aunque no sorprendente dados sus antecedentes en la materia, fue que lo hizo pocos días después de asegurar que ella no tendría injerencia en la designación de los ministros. Sin embargo, al transcender algunos movimientos en las autoridades de los bloques del Frente para Todos en el Hº Aguantadero, quedó clarísima la decisión de Cristina.

Para lograr para su hijo Máximo la jefatura de ese rejuntado en la Cámara baja, por ejemplo, Agustín Rossi, que pretendía lo mismo, fue elegido como futuro Ministro de Defensa, pese a sus nefastos antecedentes en ese cargo (por ejemplo, el “extravío” de un misil y toneladas de municiones) por los cuales se encuentra bajo investigación judicial. Y escoger a José Mayans –una de las primeras espadas del impresentable y eterno Gobernador de Formosa, Gildo Insfrán- para ocupar idéntica función en la Cámara alta, seguramente requerirá ofrecer también a Carlos Caserio, alfil del Gobernador Juan Schiaretti, el caramelo de otra silla en el gabinete.

Esas actividades de la Vicepresidente electa tienen tres objetivos: abortar la gestación de un “albertismo” competidor e independiente, posicionar a su vástago para reemplazarla como candidato en 2023, y evitar intranquilidades en el ámbito de la Justicia. Las maniobras que, seguramente, realizará Cristina para lograr la impunidad de su hija Florencia ameritarán el alquiler de balcones, pero eso es algo que nunca le preocupó.

Carlos Pagni, el jueves, en una nota absolutamente imperdible, (https://tinyurl.com/rodr2g9), describió algunos de los intereses contrapuestos que afectarán, en la gestión y en la Justicia, a los integrantes de la fórmula triunfadora.

Cómo funcionará entonces esta conducción bicéfala –por ser optimista- que se prevé para la Argentina a partir del 10 de diciembre es, obviamente, aún una incógnita, pero todos los antecedentes han sido nefastos y terminaron con graves hechos institucionales y hasta de sangre; Héctor Cámpora, ese ex Presidente a quien debe su nombre el núcleo de los jóvenes –ya no tanto- kirchneristas, podría atestiguarlo.

Aunque es probable que esa contienda, que en los primeros 70’s se zanjó a tiros y bombas, ahora se resuelva en transacciones “comerciales”, ya que los aliados y socios regionales de Cristina disponen de ingentes fondos non sanctos que le permitirían comprar al más pintado de los gobernadores y legisladores, por muy díscolos que sean.

En todos los escenarios conflictivos que se han suscitado en los últimos meses en América del Sur, aparecieron grupos terroristas dispuestos a destruir e incendiar ciudades para intentar derrocar a las autoridades (Ecuador, Colombia, Perú y Chile) o para reponer en el poder a mandatarios exiliados o presos (Ecuador, Perú, Brasil y Bolivia); lo curioso es que el  posicionamiento de los vándalos refleja exactamente la actitud contemporizadora o frontalmente enemiga de cada gobierno frente al narcotráfico.

La irrupción del comercio de estupefacientes como actor político resulta fundamental, tanto como el gigantesco desarrollo de las comunicaciones, para entender por qué las protestas legítimas contra el real deterioro de la situación económica de grandes proporciones de las sociedades a partir de la caída en el precio de las commodities –sus enormes alzas permitieron la instalación de los regímenes clepto-populistas aliados del “socialismo del siglo XXI” chavista- han adquirido tamaña virulencia.

Existen muchas denuncias y suficientes pruebas sobre las actividades de Cuba y del “Cártel de los Soles”, esa terrible organización que encabeza Diosdado Cabello e integran los más de dos mil generales venezolanos (más que los de Estados Unidos), tendientes a desestabilizar a los países que no tranzan con el narcotráfico; la enorme masa de dinero que maneja ese negocio, incrementada con el contrabando de combustibles y oro, le permite financiar sin medida a los violentos, a los cuales entrenan y arman. Además, al hacer participar a los mandos militares del reparto del cuantioso botín le ha servido a Nicolás Maduro para asegurarse su lealtad y perpetuarse en el poder, a pesar de la catástrofe humanitaria en la que ha sumido a su país.

Bs.As., 23 Nov 19



sábado, 16 de noviembre de 2019

¡Desacatados!



¡Desacatados!


“La historia es un supermercado; cada cual
 elige llevarse lo que prefiere o necesita”.
 Loris Zanatta

En momentos como los actuales, cuando todas las certezas que teníamos con respecto al mundo se transforman en segundos en magmas trepidantes e hirvientes, resulta harto difícil hacer un análisis unívoco acerca de la realidad, sobre todo cuando estamos inmersos en ella. De todas maneras, y dado el corto espacio del que dispongo en cada nota, me referiré sólo a un aspecto de lo que está sucediendo en América Latina.

Los intereses de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel convergieron con los de Rafael Correa, prófugo, y de allí surgió la sedición contra Lenin Moreno en Ecuador; luego, intentaron derrumbar a Martín Vizcarra, pero el mandatario peruano resistió la embestida y también superó la crisis. Y entonces fueron a por Chile, donde se vio la ferocidad de los terroristas enmascarados como en ningún otro lugar; pero no previeron que la sociedad boliviana –afectada por los mismos problemas económicos de las demás- no aceptaría pacíficamente la tentativa de eternización en el poder ni toleraría el fraude electoral, y perdieron así un aliado fundamental.

Los regímenes de Evo Morales y de Sebastián Piñera tienen diferentes orígenes políticos. El primero permitió el acceso al poder de los indígenas del Altiplano y se sumó al ámbito populista de pseudo izquierda organizado por el Foro de São Paulo y la Unasur. El chileno, por su parte, es representante de la centro-derecha, actora de la alternancia democrática con la centro-izquierda que, durante treinta años, llevó tanto progreso.

Sin embargo, surge claramente una notable coincidencia en los gravísimos conflictos callejeros que están afectando a esos dos países, y que podrían agravarse: los gobiernos recurrieron a las fuerzas armadas para reprimir la protesta, aún cuando las razones de ésta fueran diametralmente opuestas. Y en los dos casos, los militares se negaron a hacerlo hasta contar con un respaldo mayor que la mera decisión presidencial.

La hipocresía canallesca de la que hace gala el Grupo de Puebla, formado por ex mandatarios y que integra nuestro Presidente electo, le permite acusar al Grupo de Lima, que varias naciones crearon para buscar una solución democrática al drama humanitario que vive Venezuela, de intervenir en la política interna de ese país; mientras tanto, se califica al Poder Judicial brasileño de perseguir a Luiz Inácio Lula (cuando está condenado por ladrón), se apoya públicamente al Frente Amplio (que competirá en el ballotage uruguayo del domingo 24) y se reprueba a Donald Trump por festejar la renuncia de Evo Morales.  

Es la misma repudiable actitud que lleva a condenar a los militares bolivianos -que sugirieron a Evo Morales renunciar- por golpistas y a aplaudir a sus colegas chilenos por no salir a la calle, en ambos casos desacatando las órdenes presidenciales; sin embargo, la razón de la negativa es la misma: en toda América Latina son muchísimos los soldados que están presos, en nombre de unos derechos humanos tuertos y manipulados, por defender las instituciones republicanas contra la agresión terrorista.

Sobre la protesta pacífica de los ciudadanos, comprensible por razones socio-económicas, se montaron sin dudarlo los mismos que, hace ya cincuenta años, incendiaron la región con la violencia terrorista en el marco general de la “guerra fría”; una vez que Rusia consiguió poner un pie en Cuba, ésta comenzó a exportar su revolución a todo el resto de los países hasta que cada organización guerrillera fue derrotada, sólo bélicamente, por las fuerzas armadas cuyos miembros, prácticamente sin distinción de países, pagaron con la cárcel esa victoria.

Por ello, hoy los ejércitos exigen para obedecer las órdenes de represión prácticamente lo mismo: un inequívoco respaldo político, la vigencia del código de justicia militar y el eventual juzgamiento por tribunales militares. Esto coloca a Piñera en un brete complicado, porque si diera respuesta positiva a dichos reclamos, la izquierda internacional le saltará al cuello y, dada la situación actual de la calle, es probable que se produjeran muchas muertes; en Bolivia, demandan idénticas garantías para salir a controlar, con balas que no son de goma, a los insurrectos partidarios de Evo Morales que quieren incendiar el país. 

El miércoles, nuestro Hº Aguantadero, en comisión bicameral, cristalizó –para evitar el libre albedrío de los jueces- las razones que justificarán la aplicación de la prisión preventiva antes de la sentencia definitiva. Rápidamente, el periodismo salió a preguntarse cuántos de los detenidos por las causas de corrupción recuperarán su libertad, pero no escuché a nadie inquirir sobre la suerte de tantos militares ancianos que, incluso sin haber sido enjuiciados aún, están preventivamente presos hace más de una década. 

Nada está dicho aún en nuestra América del Sur, pero Colombia parece haberse convertido en el próximo objetivo de esos temibles canallas, ya que el Brasil de Jair Bolsonaro no parece ser un bocado fácil y aquí, en la Argentina, la tranquilidad callejera que trajo aparejada el triunfo del peronismo pegoteado se extenderá, seguramente, por varios meses.

Colonia del Sacramento, 16 Nov 19

sábado, 9 de noviembre de 2019

Volvieron, ¿pero mejores?




Volvieron, ¿pero mejores?


“La historia retrocedía a toda
 carrera hacia la tribu y el ridículo”.
 Mario Vargas Llosa


A pesar de cuanto cabía esperar a partir de la razonablemente amable reunión que mantuvieran Mauricio Macri y Alberto Fernández a pocos días de las elecciones del 27 de octubre para comenzar una civilizada transición, el Presidente electo se apresuró a mostrar la hilacha.

Más allá de los malabares que se ve obligado a hacer con respecto a Venezuela, un asunto prioritario para Estados Unidos y Brasil, países a los que necesita más que el agua en el desierto, y de los desatados ataques a la administración saliente en la Argentina, tres temas están mostrando claramente hacia dónde derivará su acción cuando llegue a la Casa Rosada: la impunidad para los políticos y empresarios procesados o ya presos por corrupción, la reconstrucción del frente populista en Hispanoamérica y la reiterada pretensión de avanzar contra la prensa independiente.

Lo que comenzó con un par de payasos mediáticos que reclamaban la creación de una suerte de CONADEP para el periodismo y con los dichos recientes de Rafael Bielsa en igual sentido, dirigidos a proteger a Hugo Moyano, se transformó en algo mucho más serio y peligroso por las expresiones del propio Alberto Fernández, cuestionando a la prensa y a los propietarios de los medios. Ya se habrían concretado cancelaciones de contratos a varios conductores que han sido críticos del kirchnerismo.

La visita a Andrés Manuel López Obrador tuvo la marca de la tensión que vive el futuro Presidente argentino entre la dominante presencia de Cristina Fernández, propietaria de los esenciales votos del Conurbano bonaerense y antigua amiga y socia de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y sus necesidades de reconstruir las marchitas relaciones con Jair Bolsonaro y Donald Trump, cuyo Departamento de Estado no olvida la contra-cumbre de Mar del Plata de 2005, que organizó Néstor Kirchner para humillar a George W. Bush ni la apertura de la valija con secretos militares que concretó Héctor Timerman con un alicate en 2011.

México no integra el Grupo de Lima, que clama por el fin de la tiranía de Nicolás Maduro, y Alberto se propone abandonarlo y, a cambio, dar impulso al Grupo de Puebla, un rejunte de personas identificadas con el clepto-populismo que se reunirá hoy aquí.  

Por supuesto, nada dice de las acusaciones de corrupción que golpearon a cuatro ex mandatarios de Perú, que están en prisión, fugados del país o se han suicidado. Como se ve, la teoría de la persecución sólo se aplica (recordando aquél “al enemigo, ni justicia”) a los compañeros de ruta, a los cuales se les perdonan las violaciones a los derechos humanos, el fraude y el latrocinio, como a Evo Morales, Fernando Lugo o Rafael Correa.

Ese posicionamiento tiene su correlato en el escenario local. El triunfo de Fernández² hizo que comenzaran a soplar fuertes vientos que renovaron el aire en algunas celdas de Ezeiza y Marcos Paz, amén de haber hecho girar las veletas de Comodoro Py; algunos fueron lo suficientemente potentes como para dejar ir a muchos detenidos por las causas de corrupción. La excarcelación de Luiz Inácio Lula da Silva, ordenada luego de que el Tribunal Supremo modificara su jurisprudencia y le permitiera esperar en libertad hasta agotar sus recursos, llevó esperanzas a los muy pocos que aquí aún miran al mundo a través de las rejas.

Cristina venía pregonando su interesada teoría de lawfare y Alberto la hizo suya, responsabilizó a la prensa, confesó que ella está libre sólo por los fueros parlamentarios y la decisión del peronismo, y amenazó veladamente a los jueces que la han procesado. Por supuesto, el principal objetivo de la banda sigue siendo garantizar la impunidad de Florencia Kirchner, el único miembro de la familia que no cuenta con esa protección.

En consonancia, Eduardo Barcesat y Raúl Zaffaroni, sostienen que las investigaciones sobre el falso progresismo en América del Sur son “persecuciones políticas” y, consecuentemente, todos los ladrones (y los empresarios que confirmaron la información de los cuadernos) deben ser puestos en libertad en forma inmediata. Exigieron la intervención del Poder Judicial jujeño, apoyados en la pública opinión de Alberto, que considera indebida la prisión de Milagro Salas, cuyas condenas fueron confirmadas por unanimidad por la Corte Suprema.

A la luz de lo que está sucediendo en Chile (recomiendo esta lectura: https://elmontonero.pe/columnas/lecciones-de-chile), donde a la protesta genuina y pacífica se le montó la subversión terrorista apalancada por Cuba, Venezuela y otros regímenes más fuertes que están detrás, me pregunto qué hubiera pasado de haber obtenido Mauricio Macri su reelección, en especial porque allí y aquí los oficiales a los que se ordena reprimir la violencia callejera son inmediatamente procesados por hacerlo.

De todas maneras, sorprendió la vergonzosa diferencia entre la necesidad imperiosa de aumentos salariales y bonos compensatorios que exigían los sindicatos, y la inmediata renuncia a todas esas reivindicaciones gremiales tan pronto se conoció el triunfo de Alberto Fernández.

Bs.As., 9 Nov 19

viernes, 1 de noviembre de 2019

Pirro, ¿estás




Pirro[i], ¿estás?

“La primera ley de la historia es no atreverse a
 mentir; la segunda, no temer a decir la verdad”.
 S.S. León XIII


De las dos esperanzas que confesé en mi última nota respecto a lo que sucedería el domingo pasado, sólo una se transformó en realidad: el Partido Nacional logró llegar al ballotage en Uruguay. Así, puso en serio riesgo la continuidad al frente del Estado del Frente Amplio. Hay que esperar hasta el 24 de noviembre para la definición, pero apuesto por Luis Lacalle Pou.  

En cambio, en la Argentina, pese a la insospechada y hasta inexplicable (en este contexto económico) remontada, a Juntos por el Cambio le faltaron muchos votos para lograrlo, y el Frente de Todos, con la fórmula Fernández², se sentará en los sillones del poder nacional el 10 de diciembre. Lo mismo hará Axel Kiciloff –que revalidó sus credenciales de mentiroso serial y sectario el mismo domingo- en la crucial Provincia de Buenos Aires.

El país, pintado con los colores –amarillo y azul- de las respectivas coaliciones electorales, semejó la camiseta de Boca Juniors ya que, salvo donde perdió la encomiable María Eugenia Vidal, todo el pujante centro del país (la ciudad de Buenos Aires y las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza) votó por la reelección Mauricio Macri, aportándole los dos millones trescientos mil votos más que obtuvo con respecto a las PASO, mientras que las provincias más pobres (aún así, el Presidente mejoró su performance en la mayoría de ellas) y, sobre todo, el trágico Conurbano bonaerense, garantizaron la victoria del peronismo unido o, visto lo que sucedió desde entonces, sólo pegoteado.

Me refiero, claro, al palco de Chacarita, donde festejaron, básicamente, Cristina Fernández, Kiciloff, La Cámpora, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y un demudado Sergio Massa. Y al acto de la reasunción del impresentable Gobernador de Tucumán, Juan Manzur, en el cual Alberto Fernández se mostró rodeado de otros gobernadores (excluidos de la celebración capitalina por decisión de la viuda de Kirchner), de lo más granado del sindicalismo y hasta de Daniel Scioli; esas dos fotos debieran ser incorporadas a varios prontuarios.

Quedó expuesta así la ruptura en el tejido de esa construcción exclusivamente electoral que fue el Frente para Todos, y la certidumbre de los enormes conflictos que se desatarán en su interior a partir de ahora. Porque Cristina hará sentir que es la dueña de los votos y exigirá ejercer el poder real, en competencia con la fracción no-kirchnerista que un Alberto desdibujado en ese mapa pretende construir como base propia con los señores feudales de las provincias y con los gremialistas de derecha.

Espero, sinceramente, que ese enfrentamiento no se transforme en una reedición de los años de plomo, en los que la Triple A y la izquierda subversiva –con Perón/Isabel en el gobierno y ambas en nombre de ellos- dirimieron sus diferencias a tiros, bombazos y asesinatos, nunca investigados. Se me podría objetar que ya no hay ideologías extremas en juego –si es que en aquél entonces fueron sus motivaciones reales- pero apareció en escena otro actor mucho más peligroso aún, el narcotráfico.

En materia de relaciones internacionales, por el contrario, no parece haber demasiadas diferencias en las miradas de los Fernández: ambos reforzarán la simbiosis con el clepto-“progresismo”, el Foro de São Paulo y al Grupo de Puebla; éste, que se reunirá aquí en diciembre, manifestará su apoyo a los insurrectos de Chile, de Perú y Ecuador que financian, al ladrón y asesino Nicolás Maduro, al prófugo Rafael Correa, al fraudulento Evo Morales, al condenado Luiz Inácio Lula da Silva (la pública apelación de Alberto por su libertad, calificándolo como “preso político”, fue la razón de la furibunda reacción de Jair Bolsonaro en su contra) y al cuestionado José Pepe Mujica, y ratificará la ruta para la recuperación del poder en toda la región; según el propio Diosdado Cabello, ese plan está cumpliendo sus objetivos. Ese posicionamiento agregará obstáculos a la complicada agenda del futuro gobierno con el FMI, con Brasil y con los Estados Unidos.

Por lo demás, el primer viaje de Alberto será al México de Andrés López Obrador, conspicuo miembro de esa tendencia, quien días atrás obligó a sus fuerzas armadas a liberar al hijo del Chapo Guzmán, detenido por liderar el famoso Cártel de Sinaloa, justificando la orden en “evitar un baño de sangre”; resignó así el poder del Estado y lo cedió a los zares de la droga.

Todas esas pinceladas van mostrando un panorama enrevesado para el período que se iniciará el 10 de diciembre. Sin crédito, será harto difícil para los Fernández² cumplir las inmediatas promesas “baglinianas” de llenar heladeras y bolsillos sin caer en hiperinflación. Y la falta de mayorías propias en el Hº Aguantadero impedirá una reforma bolivariana de la Constitución y los obligará a negociar cada una de las leyes que pretendan.

Las urnas probaron que la mitad de la ciudadanía está atenta y dispuesta a resistir una pérdida de las virtudes republicanas de transparencia y decencia, y ha demostrado en la calle que no tolerará más claudicaciones políticas y judiciales frente a la corrupción y a la impunidad. Pero cuidado, porque tampoco permitirá divisiones en la futura oposición.

Por eso me pregunto si esta victoria en las urnas no tendrá mucho de pírrica. No hay dudas acerca de qué se debe hacer en la Argentina y ahora será responsabilidad de los ganadores, igual que lo hubiera sido de Macri; así, es casi mejor que sea el peronismo quien lo haga, ya que innegablemente tiene muchísimo más entrenamiento político y mayor control sobre la inevitable reacción social.

Los “tiempos interesantes” que piden los chinos en sus maldiciones están ya muy cerca. Habrá que ver cómo los transita esta Argentina tan peculiar y tan suicida.

Bs.As., 2 Nov 19


[i] Pirro, rey de Epiro, logró una victoria sobre los romanos al precio de miles de sus propios hombres. Al contemplar el resultado de la batalla, dijo: «Otra victoria como ésta y volveré solo a casa»