Maldita
Perinola
“Junto con la
organización debe venir un cambio, porque si no el Movimiento envejecerá y
terminará por morir como todo lo que es viejo”.
Juan Domingo Perón
Permítame
explicarle por qué la semana pasada no respondí a cada uno de los comentarios
que me enviaron, como hago desde hace catorce años. Sucedió que, contra mi
costumbre de emitir mi opinión sólo los sábados, difundí el miércoles la
denuncia penal que formulé contra Hebe de Bonafini y los organismos de pseudos
derechos humanos, apólogos del terrorismo; el 1° de abril, la nota “Momento
Crucial”; y el mismo día, al regresar de la marcha cívica, una sola frase que
me salió del alma: “Contra el escepticismo
y la apatía, contra el sábado y el sol, ¡SI, SE PUDO!”.
En una
conmovedora reacción, mis lectores me enviaron más de tres mil mails; el sorprendente
número impidió que pudiera contestarlos. Por eso, enormes disculpas y mi más emocionado
agradecimiento, en especial al Dr. Eduardo San Emeterio, que me impulsó a hacer
la presentación judicial, al Fiscal Marcelo Romero, a los colegas que se
solidarizaron con mi posición y a la Asociación de Abogados por la Justicia y
la Concordia, que se sumó a ella.
Como sabrá, el
trompo hexagonal que sirve de título termina determinando el resultado de cada
lanzamiento: toma 1, toma 2, toma todo, pon 1, pon 2 y todos ponen. El 6, con
el paro de actividades que decretó la CGT, forzada por la izquierda trotskista
y el kirchnerismo, acompañada por las dos CTA, muchos pusimos, sobre todo el
país, y pocos tomaron. Si bien no alcanzó la contundencia de otras medidas
similares del pasado, la adhesión de la UTA y la consecuencia ausencia de
transporte público, le dio una imagen que superó, en mucho, a la realidad.
Los grandes
gremios –petroleros, comercio, mecánicos, textiles, indumentaria, agua, etc.-
ya habían cerrado sus paritarias nacionales con aumentos satisfactorios; sin
embargo, la encerrona que sufrieron días atrás, cuando los verdaderos
impulsores de la huelga rodearon el palco y agredieron de hecho y de palabra a
los eternos líderes sindicales, llenó a estos de temor, tanto físico cuanto
político, por la posibilidad de resultar desbordados. Tuvo razón uno de ellos
cuando, espantado al final del acto, dijo: “Con
Moyano esto no pasaba”; era verdad, porque nadie se insubordinaba al jefe
camionero ni, menos aún, se atrevía a tocarlo. Es decir, les tocó poner imagen
en el juego; y los resultados de las rápidas encuestas mostraron que el 70% de
la ciudadanía rechazaba la medida.
Lo más perfecta
demostración de cuanto digo fue que las consignas de la huelga general impuestas,
como digo, por los delincuentes y los violentos irracionales no se compadecen con
la realidad: no existe la ola de despidos ni la masividad de importaciones que
denuncian, y tampoco la caída en el poder adquisitivo del salario, ya que se
encuentra protegido por las “cláusulas gatillo” incorporadas a las
negociaciones paritarias para salvarlo de la inflación. Entonces, ¿para qué se
concretó?
Tuvo que
poner (o deberá hacerlo pronto) Viviani, del gremio de los peones de taxis, que
incitó a sus fieles a dar vuelta los coches de quienes no respetaran la huelga;
cometió los mismos delitos que le imputé a Bonafini pero, a diferencia de lo
que sucedió con esta señora, un fiscal cumplió con su deber y formuló la
correspondiente denuncia; mientras escribo, este pseudo dirigente gremial aparentemente
continúa prófugo.
Puso
asimismo la izquierda insurreccional, una vez más, al ratificar el escaso
número de sus seguidores, que pretende compensar con el salvajismo y la
violencia de éstos que, con sus rostros enmascarados, apalean impunemente a
quienes pretenden atravesar sus piquetes. Creo que, de todos modos, lo más
ridículo de su posición es la aceptación del apoyo que reciben de los
kirchneristas, que sólo pretenden salvar de la inexorable cárcel a los jefes cleptómanos
(Cristina, Máximo, Florencia, Cristóbal López y los Báez) de la asociación
ilícita que formaron para robarse el país.
Pusieron
mucho los trabajadores informales, que viven de su diaria labor y no perciben
ingreso alguno cuando no pueden hacer sus changas. La falta de transporte les
impidió concurrir a los lugares en que consiguen obtener su magro sustento. Si
hay un sector que sufrió en carne propia el irracional paro de actividades fue
éste, que debiera ser el mayor foco de la preocupación de los dirigentes.
Y qué decir de
lo que tuvo que poner el cínico Baradel quien, en pos de sus ambiciones
personales dentro de los gremios docentes, forzó dos días más de huelga en las
aulas; una juez, sospechada de pertenecer a “Justicia Legítima” le concedió una
medida cautelar para obligar al Gobierno a convocar a una paritaria nacional,
cuando la Nación no tiene un solo maestro ni paga un solo salario. La repulsa
que causa este vandálico mugriento es tal que hasta ha perdido el apoyo de sus representados,
que día a día desertan y vuelven a dar clases porque han comprendido que las
medidas de fuerza están terminando con lo poco que queda de la educación
pública en la Argentina. En su partida personal contra Baradel y compañía,
quien más sigue “tomando” es María Eugenia Vidal, la política con mejor imagen
de la Argentina; la sociedad bonaerense se desgañita pidiéndole a la
Gobernadora que no afloje frente a la extorsión a la que es sometida desde hace
un mes.
Pusieron,
sin duda, Sergio Massa y los integrantes de su Frente Renovador e, inclusive,
el GEN de Margarita Stolbizer, a quienes sus continuos cambios de vereda y de
disfraz y, sobre todo, la polarización que produce la permanente presencia de
Cristina Fernández en el escenario, les están costando demasiado caros. Y cómo
olvidar a Martín Lousteau, verdadero travesti de la política, que abandonó la
embajada más importante del país en un momento crucial.
Pero, sin
duda, otros de los que más pusieron fueron los jefes de la PJ S.A., encabezados
por sus gerentes José Luis Gioja y Daniel Scioli, quienes parecen no recordar
la recomendación que sirve de epígrafe a esta nota. La convocatoria a derrocar
al Gobierno, al que consideran ilegítimo, y la pretensión de incorporar al
kirchnerismo a una lista de unidad pegada con moco, empujará un poco más al Movimiento
en que todos caben (Cámpora, Isabel, López Rega y Firmenich, los Montoneros y
la Triple A, Menem, Duhalde, Néstor y Cristina) hacia el baúl de los recuerdos
de la historia.
Y el país
puso mucho, no sólo en el costo directo –mil millones de dólares- que implica
una jornada de huelga general sino, más grave aún, en la imagen que proyectó
hacia el exterior, mientras se realizaba en Buenos Aires una reunión de ejecutivos
de las grandes empresas y de los más importantes fondos de inversión, a los
cuales hubiéramos debido ofrecer una imagen seductora y ordenada para atraerlos
a un país que los necesita casi tanto como el oxígeno que respira. El principal
reclamo de los asistentes (como de muchos argentinos, entre los que me incluyo)
fue sin embargo la falta de seguridad jurídica que aún impera aquí.
Por su
parte, el Gobierno recibió dos resultados de la perinola. Puso, y pone, los fondos
que gira a las intendencias del Conurbano y a las organizaciones sociales, con
los cuales se financian los piquetes y la logística de los actos; pero también
tomó porque, aupado por la pre-ninguneada y sorpresivamente (para algunos) masiva
marcha del #1ª a favor de la paz y de la democracia, que salió a discutirle a
los violentos el dominio de la calle, por fin se atrevió a poner en
funcionamiento el famoso protocolo anti-piquetes sin que se produjera una sola
muerte entre los manifestantes, recuperando la positiva imagen de gestión que
había perdido por su tolerancia frente a los desmadres; mi felicitación a
Patricia Bullrich por ello. En ningún país del mundo este tipo de
manifestaciones es permitido y, en aquéllos más cercanos al corazón de la
izquierda (Cuba, Venezuela, Bolivia, Irán o Rusia), son reprimidas con ferocidad.
La
Argentina, el “país jardín de infantes” que evocó María Elena Walsh, sigue
jugando; sólo cabe esperar que se haya olvidado de la ruleta rusa, a la que fue
tan fiel durante tantas décadas.
Bs.As.,
8 Abr 17





