viernes, 18 de junio de 2021

Cuando los calificativos no alcanzan

 






Cuando los calificativos no alcanzan

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 790)

 

“Nos habían suicidado los errores del pasado”.

 Homero Expósito

 

El regreso de Cristina Fernández al ruedo público después de un año de silencio, me dejó una certeza: tiene miedo. Pese a su cinismo, la noté deformada por el pánico a perder las elecciones precisamente en el lugar en que está el núcleo duro de su innegable poder. Su base electoral ha tomado conciencia de que la falta de vacunas se debe su posición ideológica, a la corrupción de su Gobierno y a la vocación por instaurar un capitalismo de amigos que esta vez se pasó de la raya. Las coimas de la obra pública o las valijas de Guido Antonini Wilson eran, para los ciudadanos menos informados, una discusión difícilmente comprensible y siempre lejana. Pero ahora, la criminal complicidad entre funcionarios y ladrones industriales farmacéuticos se ha trasladado al interior de los hogares, en muchísimos de los cuales la pandemia ha dejado lugares vacíos en la mesa.

 

Por primera vez, las encuestas le están informando que, tal como sucedió en las últimas elecciones celebradas en el estudiantado de la Universidad de Buenos Aires, en las cuales el kirchnerismo prácticamente desapareció de los claustros, los jóvenes están dando la espalda a su proyecto populista totalitario y prefieren la independencia y la libertad. Sucede que el precario tinglado del relato oficialista ha dejado de enamorar porque los datos duros y la errática gestión del Gobierno desnudan su absoluta falsedad, y muchos  ya han aprendido a pensar.

 

Amén de la delitos de lesa humanidad cometidos en la gestión de la pandemia y el proceso vacunatorio, y de la bomba neutrónica que el Gobierno detonó sobre la economía con el encierro más prolongado (según Bloomberg, la Argentina es el peor país en la gestión de la crisis) creo que el campo en el que los Fernández² se han comportado con mayor infamia es la educación en todos sus niveles y, en especial, en el infantil y primario. La complicidad oficial con los gremios ¿docentes? ha infligido a los niños un daño enorme, y tendrá ciertamente consecuencias gravísimas en el futuro; por si eso fuera poco, porque las escuelas están cerradas hace tanto tiempo, en el Conurbano los chicos viven en las calles, asoladas por la droga. Además, tal como sucedió con la sanidad, tampoco se aprovechó el tiempo ni hubo previsiones administrativas y presupuestarias para equiparlas y paliar el espeluznante frío. Y para colmo, ahora el Gobierno ha suspendido las imprescindibles pruebas de evaluación de maestros y alumnos, y éstos últimos son promovidos automáticamente sin comprobar siquiera si han aprendido.

 

La ignorancia que todo esto produce no es involuntaria o no prevista; por el contrario, ha sido buscada y planificada para incorporarla a la panoplia de armas de las que el kirchnerismo dispone para su proyecto dinástico de perpetuidad y dominación. Otra, claramente, es el pobrismo; a esta altura, ya nadie puede dudar que un populismo sin dinero sólo es factible cuando todos se convierten en pobres y dependen del Estado; Cuba, Venezuela y la Provincia de Formosa son claras pruebas de esta afirmación.

 

Ahora, el Gobierno anuncia que avanzará contra los sistemas de salud privados, algo que los argentinos de clase media pagamos por los déficits sólo en hotelería y equipamiento (como bien saben todos los funcionarios y sus familias, que nunca recurren a él) de los prestadores públicos, ya que sus profesionales son excelentes; o sea, otra vez se nivelará hacia abajo. El método es el mismo que utilizó Néstor Kirchner para robar –a nombre de los Eskenazy- el 25% de YPF: estrangular al sector congelando sus tarifas, con inflación galopante y en plena pandemia, que encarece los costos. El próximo zarpazo serán las ART, otra caja apetecible, como lo fueron en su momento las AFJP, expropiadas por inspiración de Amado Boudou, lo cual le valió ser escogido para secundar a Cristina Kirchner en 2011.

 

La lengua española es de las más ricas de Occidente (no se preocupe, que no exhibiré filminas para probarlo) y, sin embargo, a veces falla en la provisión de suficientes adjetivos. Eso sucede hoy en la Argentina, donde los calificativos disponibles no alcanzan a describir con total precisión la gestión del Gobierno y la moral de sus principales líderes. Esa carencia se manifiesta frente al asesinato de 86.000 compatriotas, la expropiación de empresas y propiedades, la sociedad con los grandes cárteles narcos, los ataques a la Justicia y la Procuración, los avances contra la libertad de prensa y la persecución a opositores y periodistas de investigación, la alineación con regímenes autoritarios y violentos (Rusia, China e Irán) y la sumisión a sus intereses, la política nacional e internacional de derechos humanos, la probada hipocresía en el uso de la teoría de “no intervención”, la rampante corrupción, la inflación y la inexistencia de moneda, y la devaluación de la palabra presidencial, que ya ha convertido a Alberto Fernández en ridículo. Tarde o temprano, muchos deberán pagar por todo esto, sin esperar a que Dios se los demande.

 

El descontento que reina en el Conurbano, derivado de la suma de hambre, pobreza, inseguridad, narcotráfico, desocupación y falta de clases, debiera haber convertido en orégano el campo de la oposición; sin embargo, ésta no aparece por allí –a menos de un mes del vencimiento del plazo para presentar alianzas y, poco más, candidatos- porque está más dedicada a disputas bastardas por egoístas personalismos. En lugar de centrar sus críticas en la economía, la salud y la educación, se pierde en discusiones inconducentes. Y deja de cumplir así su democrático deber de explicar claramente a la sociedad qué se juega la Argentina en esta cita electoral de medio término: nada menos que la República y la Constitución porque, sin 2021, no habrá 2023; y que, como dijo el Diputado Mario Negri, estamos a sólo siete diputados de ese pavoroso abismo.

 

Bs.As., 19 Jun 21

viernes, 11 de junio de 2021

Lecciones y Elecciones

 


Lecciones y Elecciones

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 789)

 

“Ninguna clase social, grupo o partido en Alemania puede sacarse de encima la responsabilidad

 por el abandono de la República democrática y el advenimiento de Adolfo Hitler. El error

 cardinal de los alemanes que se oponían al nazismo fue su fracaso en unirse contra él”.

 William Scherer

 

Lo sucedido en las elecciones de Chile y Perú, y lo que puede pasar en Colombia debiera servir, sin lugar a dudas, de lección a todos los políticos argentinos. No me refiero sólo al claro giro a la izquierda que han dado esas sociedades sino, centralmente, al distanciamiento entre quienes se presumían dirigentes y la ciudadanía de a pie. Pese a que, en los tres países, el capitalismo trajo enormes ventajas a sus respectivas sociedades, y sacado de la pobreza a muchos millones de habitantes, lo cierto es que las diferencias entre las élites y los sectores de menores recursos produjo, sobre todo entre los jóvenes, un natural descontento que fue infiltrado por el castro-chavismo y se transformó en irracional violencia.

 

En este último punto, la paz que reina aún en la Argentina, cuando la miseria, el hambre, la droga, la inseguridad y la desocupación arrasan, como nunca antes, con toda la estructura social de los múltiples conurbanos, sólo puede adjudicarse al clientelismo abyecto, cuyo mayor especialista es el Frente para Todos; en una situación muchísimo menos grave, Mauricio Macri tuvo que soportar graves acciones destituyentes. También el populismo de Andrés Manuel López Obrador sufrió el domingo un durísimo golpe en sus propias legislativas (también sangrientas por el asesinato de 86 candidatos), que alejaron a México de derivas similares, toda vez que le impidieron al famoso AMLO dominar a su Congreso.

 

Resulta más que obvio que las realidades socio-económicas de esas naciones son distintas a la nuestra, pero hubo un factor común en las dos primeras: los diferentes partidos democráticos tradicionales concurrieron separados a las urnas y esa atomización llevó a que fueran barridos por el viento de la historia; así, las constituyentes chilenas han facilitado a los comunistas y sus aliados armar un fuerte bloque que llevará a la convención un texto constitucional preacordado, que dará vuelta al país como una media, y el ballotage de las presidenciales peruanas sólo permitió optar entre dos males y demostró que la grieta no es sólo patrimonio argentino.

 

De allí que queden claras algunas lecciones importantes: a) quienes, como oficialismo, estuvieron al frente de la crisis sanitaria y socio-económica derivada de la pandemia sufrieron duras derrotas, y sólo vencieron aquéllos que, como Isabel Díaz Ayuso en Madrid, privilegiaron la apertura y la libertad; b) la atomización en las ofertas electorales racionales permitió el triunfo de los populismos más extremos; c) los ciudadanos, golpeados por el pánico que difunden los gobiernos y la prensa, faltaron a la cita con las urnas en un alto porcentaje, lo cual privilegió a los aparatos bien armados, como aquí es La Cámpora; d) la agenda de la clase política se ha mostrado por completo alejada de la sociedad; y e) ha adquirido un indudable peso político la juventud (milenials y centenials) que, en general, reniega de los condicionantes del pasado y exige otro futuro.

 

Todos debemos comprender que este año nos jugaremos el futuro, nuestro y de las generaciones que nos sucederán. La importancia crucial de estas elecciones legislativas, que las distingue de todas las anteriores, radica en que, si el oficialismo se hiciera con los diputados necesarios para acceder al quórum propio y accediera a los dos tercios en Senadores, tendrá allanado el camino a una reforma constitucional que sepultará, para siempre, a la República y, con ella, a la democracia y la libertad.

 

Por todo esto insisto en una propuesta que formulé el 23 de enero pasado; dije entonces: “Y deberían servir para que todos quienes nos consideramos opositores a este trágico oficialismo compitamos en ellas dentro de una misma estructura, de modo tal que sean los ciudadanos de a pie quienes elijan los candidatos que llevemos a las legislativas de octubre. Obviamente, esa unificación necesita de la generosa aceptación de Juntos por el Cambio a competir con otros candidatos, peronistas no K, conservadores, liberales y provenientes de otros partidos minoritarios que, dispersos, pueden complicar el resultado esencial que necesitamos”.

 

El martes se abrió una ventana a la esperanza porque todos los líderes de Juntos por el Cambio, si bien motivados por diferencias internas, coincidieron en la necesidad de ir a las PASO para dirimir las candidaturas que presentará ese espacio. Falta, claramente, que acepten abrirlo a todas las fuerzas republicanas para evitar el peor riesgo (un triunfo kirchnerista) que corre la Argentina actualmente; al respecto, recomiendo la entrevista que realizó el miércoles Viviana Canosa a Miguel Angel Pichetto (https://www.youtube.com/watch?v=QkVBcUDfZKc). Si JxC las invitara y alguna fuerza rechazara el convite, será ésta quien pague un altísimo costo.

 

Por falta de espacio no podré extenderme hoy sobre la demencial diplomacia presidencial que ejecuta el penoso clown que nos gobierna, que no titubea al decir disparates y caer en ese lugar -el ridículo- del que no se vuelve. Menos aún para reiterar que el Gobierno, sus funcionarios y sus legisladores cómplices son reos de crímenes de lesa humanidad por los más de 84.600 muertos; si no bastara la corrupción a la que debemos carecer de las vacunas más prestigiadas, por una barrera legal pergeñada sólo para hacer negocios y favorecer a los amigos farmacéuticos del poder, que los Estados Unidos nos excluyeran de la lista de países que recibirán su donación de quinientos millones de dosis acaba de confirmarlo.

 

Bs.As., 12 Jun 21

viernes, 4 de junio de 2021

Silencio que mata y aturde

 







Silencio que mata y aturde

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 788)

 

“La justicia es un plato que hay que servir caliente”.

 Fabiano Massini

 

Argentina llegó a los 80.000 muertos por Covid y se ha transformado así en el país que más fallecidos registra cada millón de habitantes; esas muertes se deben, sin ninguna duda, a la corrupción e ideologización que afectan la compra de vacunas. También, claro, hay que incluir en ese tétrico escenario las robadas para proteger a la pléyade de personas “¿esenciales?” como Carlos Zannini, Horacio Verbitsky, los miembros de La Cámpora, los intendentes y sus amantes, etc., las mismas que faltaron para tantos médicos, enfermeros y muchos otros que estaban en la primera línea de combate a la pandemia o que, simplemente, integraban los grupos de riesgo.

 

¿Dónde están ahora el CELS, la Liga por los Derechos del Hombre y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, H.i.j.o.s, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo? ¿Dónde Adolfo Pérez Esquivel, Estela Carlotto y Hebe de Bonafini? ¿Por qué callan todos esos adalides de los derechos humanos tuertos, que aún se desgañitan por los supuestos crímenes del proceso militar cometidos hace cincuenta años, frente a los indudables delitos de lesa humanidad en que han incurrido Alberto y Cristina Fernández, Santiago Cafiero, Ginés González García, Carla Vizotti, Cecilia Moreau, Pablo Yedlin, Cecilia Nicolini, Hugo Sigman, Marcelo Figueiras y tantos otros cómplices? Su silencio aturde, y mata.

 

¿Qué dicen ahora la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires y María Eugenia Vidal que, por ley, prohibieron desmentir la probada falsedad de los “30.000” desaparecidos?; más allá de la pública confesión del inventor de esa cifra, las más de 20.000 chapitas en blanco del Parque de la Memoria confirman esa afirmación pese a que, para identificar a las que sí tienen nombres (unas 8.500), los fabricantes del “relato” debieron recurrir a quienes atacaron cuarteles militares en democracia, cayeron combatiendo a las fuerzas legales o fueron asesinados por las propias organizaciones terroristas y retrotraer el recordatorio a 1955.

 

El Gobierno se ha mostrado incapaz, obviamente para no confesar los innumerables delitos que han cometido sus funcionarios, de explicar claramente por qué los inmunizantes no han llegado; es más, muchos de los que sí lo hicieron, están siendo retenidos, como sucedió en Misiones (este domingo se votará allí), con propósitos exclusivamente proselitistas. Cristina Fernández, además de ordenar a Miguel Pesce reencender la maquinita de papelitos de colores, ha comenzado a bailar la danza de la lluvia para intentar que se produzca un diluvio de vacunas antes de las elecciones, postergadas ahora hasta septiembre y noviembre con el consentimiento de una oposición ingenua o idiota, que ni siquiera intercambió ese acuerdo por la adopción de la boleta única; ese desesperado anhelo del oficialismo es razonable, ya que la economía no le traerá buenas noticias este año.

 

Pero, claro, pedir coherencia a un Gobierno tan hipócrita y tan cínico resulta absurdo. Porque, más allá del público apoyo a gobernadores despóticos como Gildo Insfrán o Juan Manzur y a sindicalistas mafiosos como Hugo Moyano, se necesita tener una singular cara de piedra para defender a Nicolás Maduro y su régimen asesino, para equiparar al Estado de Israel con la organización terrorista Hamas y para callar ante las dictaduras de Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel, que clausuran diarios y canales de televisión o encarcelan a los opositores por el solo hecho de serlo en Nicaragua y Cuba. La ideología nos ha alineado con esos regímenes tan respetuosos de los derechos de sus ciudadanos que son la Rusia de Vladimir Putin, el Irán de Alí Jamenei y la China de Xi Jinping. Obviamente, también el triste tema de las vacunas se vincula a estas preferencias.

 

La rastrera y degradada Cancillería ha dejado de cumplir su verdadera función y se ha transformado en una mera oficina de relaciones públicas de todos esos paladines de la democracia. Lo prueba, por ejemplo, la conducta del Embajador Carlos Raimundi en la OEA o la actitud del Embajador Sabino Vaca Narvaja, que ahora representa los intereses de Beijing ante la Argentina; en un tema tan espinoso y controvertido como es el sistema 5G de comunicaciones, que se ha tornado una piedra en el zapato de todos los países de Occidente porque podría prestarse al espionaje militar, este neo-diplomático no titubea en asumir ese rol y recomendar su inmediata adopción en nuestro país, amén de promover una mayor presencia, siempre depredatoria, de China en nuestro continente.

 

Tal como se anticipara en esta columna hace muchos meses que sucedería, por explícita orden de Cristina Fernández la Argentina cayó en default frente al Club de Paris, más allá de que tal situación sólo se oficializará dentro de sesenta días. Pese a que el Banco Central dispone de los dólares necesarios para hacer frente a ese compromiso, contraído por Axel Kiciloff cuando se desempeñaba como Ministro de Economía del tercer kirchnerismo, no se pudo llegar a un arreglo ahora porque el organismo, formado por los gobiernos de los países acreedores del nuestro, exige que, previamente, lleguemos a un acuerdo con el FMI el cual, a su vez, necesita auditar las cuentas nacionales; en modo de campaña electoral, a la PresidenteVice le resulta inadmisible tal requerimiento –el famoso Capítulo IV- porque la épica del relato no lo permite.

 

El costo que deberemos pagar por esa locura será la imposibilidad de importar bienes indispensables para nuestra producción industrial, ya que los exportadores extranjeros necesitan asegurarse el cobro ante un país tan incumplidor como el nuestro, mediante pólizas que son emitidas por sus respectivos gobiernos. ¿Es imaginable, entonces, que lo sigan haciendo en estas circunstancias? Pero, ante las necesidades electorales del Frente de Todos, nada resulta demasiado oneroso, y así nos va.

 

Bs.As., 5 Jun 21