viernes, 17 de septiembre de 2021

No les creo

 


No les creo

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 803)

 

“Los peronistas somos como los gatos: cuando todos creen que

 nos estamos peleando, en verdad nos estamos reproduciendo”.

 Juan Domingo Perón

 

Me he equivocado algunas veces en mis interpretaciones de la realidad y, quizás, hoy reincida pero, como me consta con qué falta de escrúpulos se comporta siempre Cristina Fernández, estoy convencido de que la crisis que se desató el miércoles no existe, que es sólo una puesta en escena y que, otra vez, quieren vendernos gato por liebre. Ideó una nueva maniobra para intentar, simulando coraje y fortaleza en el Presidente Nada, revertir las duras trompadas que propinó la ciudadanía a su ensalada gobernante en las PASO; como no puede transformarlo en viudo y ponerle su vestidito negro, quiere recrear la imagen idílica de un Alberto Fernández disfrazado de contemporizador que le permitió vencer en 2019 engañando a tantos. Nadie, mucho menos la dirigencia opositora, debería comerse este bombón relleno.

 

Si algo de lo que vimos fuera real, ya hubieran sido despedidos todos aquellos que se dijeron dispuestos a renunciar y otros personajes que son claves, como Carlos Zannini (Procuración del Tesoro), Martín Soria y Juan Martín Mena (Justicia), Gerónimo Ustarroz (Consejo de la Magistratura), Mercedes Marcó del Pont (AFIP), Cristina Caamaño (AFI), Félix Crous (OA) y Ricardo Nissen (IGJ), o sea, los guardaespaldas de la familia Kirchner ante los tribunales; si se fueran, diré que me equivoqué. La probabilidad de una renuncia de Alberto Fernández es también descartable, porque seguramente disponen de “convincentes carpetas” para evitarlo.

 

El domingo pasado, un milagroso alud cayó sobre las generalizadas creencias de la ciudadanía e impactó duramente en el original artificio que permitió a la PresidenteVice volver al poder, a pesar de la multiplicidad de causas penales que la afectan. Tuvo razones multicausales pero, obviamente, algunas prevalecen: el fracaso en la conducción sanitaria, la soberbia y el autoritarismo de las autoridades, el “Olivosgate”, la arbitraria “cuareterna” y el descenso de la menguante clase media, el cierre y la fuga de empresas, la pérdida de trabajos, la inflación y el deterioro del salario real, los millones de chicos sin clases y abandonando la escuela, la proliferación del narcotráfico, la creciente inseguridad y la violencia cotidiana, la liberación de criminales y corruptos, la falta de expectativas y la masiva emigración de jóvenes, la corrupción rampante.

 

El fenómeno produjo graves efectos sobre el escenario político: Cristina Fernández dejó de ser la reina indiscutida y temida del peronismo; aún unificado, éste puede ser vencido y ha perdido la representación de los más pobres; La Cámpora ya no expresa a la juventud; comenzó la diáspora de los caciques provinciales y municipales para cuidar sus quintas; y, como siempre, las veletas de los techos del edificio de Comodoro Py comenzaron a girar por impulso de los nuevos vientos políticos. Resultará interesante ver, en la causa contra Cristóbal López, Fabián de Souza y Ricardo Echegaray por robar al Estado US$ 1.000 millones, si el Fiscal Juan García Elorrio decide avanzar pese al insólito y apurado perdón que les concedió la AFIP que, además, les otorgó una moratoria en pesos, a ocho años y a tasa subsidiada; y qué hace el Juez Sebastián Casanello, al cual la Cámara Federal ordenó resolver la situación procesal de Cristina Fernández en el juicio de la “ruta del dinero k”, quien hasta ahora tiene una falta de mérito.

 

Ahora, el Gobierno emitirá cantidades siderales de papelitos de colores para intentar reducir en noviembre, con penosos anabólicos, las consecuencias de la hecatombe que soportó en las urnas; no tiene alternativas porque, si los números se reprodujeran, perderá el quórum en el Senado y dejará de ser la primera minoría en Diputados, con todo lo que ello implica para el modo de gobernar de la hotelera patagónica. Sin embargo, se trata de un arma de escaso filo, ya que nada podrá garantizarle que los beneficios que graciosamente dispense en los dos meses que restan se transformen en recuperación de votos pero, en cambio, con seguridad implicará que al día siguiente llegue un monumental impacto inflacionario, se complique aún más la probabilidad de llegar a un rápido arreglo con el FMI y la destruida economía nacional sufra un nuevo desbarranque.

 

Hace algún tiempo, describí un escenario hipotético, que Eduardo Duhalde y Alicia Castro, la ex Embajadora y doble agente del kirchner-chavismo, reflotaron el miércoles. Pregunté en aquel momento si, ante la imposibilidad de garantizar en las PASO sus objetivos de mínima relacionados con la impunidad para sus múltiples robos, Cristina Fernández podría desatar un violento conflicto en la calle, sirviéndose de sus muchos ejércitos (sicarios del narcotráfico, asesinos y violadores liberados, barrabravas, etc.), que habilitara la implantación del estado de sitio y, consecuentemente, la suspensión de las legislativas de noviembre. Hoy ya no es algo que pueda ser livianamente descartado.

 

De todas maneras, todos debemos ser conscientes de que hemos ganado una importante batalla pero la guerra no ha terminado y eso nos obliga a hacer ahora mucho más que lo que simplemente podemos. El propio Alberto Fernández dijo que se enfrentaban dos modelos de país, y que no estaba dispuesto a entregarse sin pelear; decodificándolo, es razonable pensar que se intentará un fraude masivo en el Conurbano bonaerense, donde tantos de sus candidatos debieron soportar fuertes sopapos; por ello, las tareas de fiscalización deberán ser más eficientes que nunca y todas las fuerzas democráticas deberán ejercerlas en beneficio de aquéllas que se hayan mostrado incapaces de cubrir todas las mesas. Sobre todo, habrá que ejercer un férreo control sobre los procesos informáticos del recuento de votos, para evitar que algún interesado diablo meta la cola.

 

Bs.As., 18 Sep 21

viernes, 10 de septiembre de 2021

El codo y la recta final

 


El codo y la recta final

por Enrique Guillermo Final (Nota N° 802)

 

“Miserables aquellos que vacilan cuando la tiranía se ceba en las entrañas de la Nación”

 Esteban Echeverría

 

La semana pasada cometí un error al pedir a la oposición que se negara a cualquier negociación con el Gobierno, porque el diálogo es esencial para la democracia. Debí recomendarle que sólo se prestara imponiendo una condición: quien debe estar en la mesa es la dueña del tinglado, Cristina Elizabet Fernández, y no cualquiera de sus gerentes; menos aún el Presidente Caracol, cuya palabra no vale siquiera un austral. Sólo así podríamos tener alguna remota esperanza de que cuanto se acordara en materia de políticas de Estado sería respetado.

 

También se ha devaluado al extremo la credibilidad del Ministro de Economía, que se ha enamorado tanto de su cargo que no ha dudado en quemar los pergaminos que cosechó en los Estados Unidos, bajo la tutela de Joseph Stiglitz, quien tanto fascinó a la PresidenteVice. Lo malo es que, al mentir en forma descarada, Martín Guzmán también nos perjudica, más de lo que ya estamos, ante un mundo harto de nuestra perversa “originalidad”.

 

En una reedición del viejo apotegma –“al amigo, todo; al enemigo, ni justicia”- mientras crea nuevos impuestos, aumenta los existentes y nos persigue con saña, el Gobierno, en una prueba más de la escandalosa e indignante impunidad que concede a los ladrones propios, la AFIP retiró sus reclamos penales y civiles contra Cristóbal López y su socio por haberse robado los impuestos que pagamos al cargar combustibles en nuestros vehículos; en lugar de entregarlos al Estado –era sólo agente recaudador- usó esa sideral suma para financiar la expansión de su grupo Indalo (una ley hecha a medida le permitió levantar la quiebra) y para comprar medios -por ejemplo, C5N- que puso al servicio del kirchnerismo. Mercedes Marcó del Pont, titular del organismo, justificó su irracional decisión invocando una falsa persecución política de Mauricio Macri contra los pseudo empresarios; esta señora hizo lo mismo con Lázaro Báez, en la causa por las facturas falsas, y con Ricardo Echegaray, el cómplice necesario.

 

No hay economista que piense que, en las condiciones actuales, se pueda siquiera llegar con tranquilidad a estas cruciales elecciones de medio término. La escasez de divisas que padece el Banco Central es de tal magnitud que, al no autorizar importaciones esenciales para la importación de los insumos necesarios para producir bienes exportables, seguirá profundizando la caída de la actividad industrial, ya postrada por la irracional “cuareterna” que tantos daños y ningún beneficio –como podrían atestiguar los 113.000 muertos por COVID- ha ocasionado.

 

Pero la irracionalidad no termina allí, en realidad, sólo comienza; porque mientras vende casi US$ 100 millones diarios para intentar frenar la fuga del peso hacia el dólar, el Gobierno impide que el campo produzca las divisas que necesita como oxígeno. Dado que tiene vedado el acceso al crédito por la pésima negociación con el FMI, se ve obligado a endeudarse en el mercado local y, para lograr una cada vez más esquiva tranquilidad, emite bonos y Leliqs que obliga a los bancos a comprar, haciendo desaparecer el financiamiento a los privados; hoy los ahorros en las entidades del sistema tienen cada vez menos respaldo efectivo y más vales de un Gobierno quebrado: de allí a una corrida de depósitos hay sólo un paso.

 

El domingo doblaremos el codo del hipódromo y encararemos los metros finales de la carrera; es evidente que no hay nada dicho ni encuestador alguno que pueda predecir con alguna precisión los resultados que se darán en cada una de las veinticuatro jurisdicciones. Pero conociendo la perversidad y el irascible carácter de la jefa del engendro político que hoy nos gobierna podemos sí tener algunas certezas: radicalizará al Gobierno y, para llegar al 14 de noviembre con probabilidades de imponerse y lograr sus objetivos de mínima, ordenará quemar las naves.

 

Vimos la bomba que dejó en 2015 y, por eso, es relativamente fácil predecir que hará ahora, aunque esta vez el explosivo, más devastador, quedará en manos de su títere. La máquina de fabricar billetes acelerará y saltarán los recursos de ANSES, PAMI y obras públicas, se endurecerán los cepos y las intervenciones en los mercados de todo tipo, se venderán inexistentes dólares a futuro, se incentivará el festival de bonos y se incrementarán salarios y jubilaciones. Entonces, salvo que un improbable Xi Jinpig aparezca en auxilio de su proyecto, viviremos un nuevo “rodrigazo”.

 

Si, como creo, la derrota en las PASO preanuncia un noviembre nefasto para los intereses de Cristina Fernández, los jueces de Comodoro Py se desperezarán y comenzarán a reactivar las muchas causas que tiene pendientes. Y el peronismo, que sólo acompaña hasta la puerta del cementerio, buscará un nuevo líder (tiene varios que podrían encarnar muy bien un nuevo tiempo); para verificarlo bastará con observar en detalle qué hacen, este mismo domingo, los intendentes del Conurbano para proteger sus territorios de una debacle del Frente para Todos.

 

En fin, vayamos a votar mañana –lo haré por Ricardo López Murphy quien, además de poseer solidez intelectual e irreprochable historia, carece de prontuario- y convenzamos a nuestros amigos temerosos o apáticos de hacerlo; aunque sea tarde, pidamos a los fiscales acreditados por todos los partidos que ejerzan también su función en beneficio de aquéllas fuerzas democráticas que carecieran de ellos en las mesas de votación. Nos veremos el sábado próximo, cuando podremos comprobar si todos nuestros esfuerzos han tenido éxito y hemos podido salvar la República en esta hora crucial.

 

Bs.As., 11 Sep 21

viernes, 3 de septiembre de 2021

Un diálogo imposible

 


 

Un diálogo imposible

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 801)

 

“La naturaleza de los pueblos es muy poco constante: resulta fácil convencerles de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos”. Niccolò di Bernardo dei Machiavelli

 

 

¿Qué posibilidades de éxito puede tener una conversación entre una persona civilizada y tolerante, y un individuo que sólo quiere matarla? Tristemente, una situación así se está viviendo en la Argentina. Resulta gracioso que el Gobierno acuse a Mauricio Macri de golpista, cuando fundó y mantuvo con ingentes recursos el “club del helicóptero” durante cuatro años. Dentro de ocho escasos días, votaremos en primarias y deberemos comenzar a decidir –terminaremos de hacerlo dos meses después- en qué lado de la profunda grieta queremos que vivan nuestros hijos y nietos.

 

El kirchnerismo volvió recargado del desierto que optó por transitar para evitar pagar la gigantesca factura que generó Cristina Fernández en 2015, y entregar el poder sin que le estallara la bomba en las manos. En éste, su cuarto período presidencial, todos los nefastos rasgos que habíamos conocido aparecen recargados, al extremo que hasta surgen dudas acerca de una manipulación de las cifras de muertes (oficialmente, ya superamos los 112.000) y contagios vinculadas a la pandemia.

 

Se percibe ahora en el ánimo del oficialismo una fuerte desazón ante unas elecciones que imaginaba ganar con gran facilidad y, frente a una realidad que lo aleja de esas ilusiones, está dilapidando recursos del Estado al repetir recetas probadamente ineficaces para los fines declamados. El mejor ejemplo, pero no el único, es el cepo a la exportación de carne, que ya nos ha hecho perder mercados externos y puestos de trabajo e impedido el ingreso de unas divisas que necesitamos como agua en el Sahara. Lo mismo sucede con la fijación de precios ficticios en los seguros médicos, en los servicios de Internet y comunicaciones y en todas las etapas de la cadena energética (extracción, generación, transporte y distribución), penosa y parcialmente compensados con subsidios y con masiva importación de gas licuado, que se transformarán en crecientes déficits estatales, en un círculo vicioso que ya conocemos y que tanta corrupción generó entre 2003 y 2015.

 

Todo parece valer para no perder el principal bastión del voto kirchnerista: el Conurbano bonaerense, cada vez más sumergido por la pérdida de puestos de trabajo, la inseguridad y la violencia, el hambre, la informalidad y el cierre de escuelas de chicos que terminan en la calle y sirven como soldaditos del narcotráfico. Pero todos los fenomenales esfuerzos fiscales (planes sociales y subsidios de todo tipo) se licúan de inmediato por obra de la cuarta inflación más alta del mundo, sólo superada por Venezuela, Tanzania y Zimbawe, generada por la demencial emisión.

 

Por si eso fuera poco, se está escurriendo irremediablemente de los cálculos oficialistas una otrora pujante clase media –el 70% de nuestros compatriotas se percibe integrándola- que, enojada con la economía de Macri, fue seducida por un Alberto Fernández al que imaginó como dueño de la lapicera, capaz de evitar los desmadres de su patrona. Ahora, desilusionada y castigada por todos esos males ha debido dejar la medicina prepaga y el colegio privado de sus hijos, vender el auto y hasta los muebles y enseres domésticos, como ya se ve en muchos lugares del Conurbano.

 

Lamentablemente, los conflictos internos que golpean a Sebastián Piñera lo han llevado a la locura de inventar un conflicto con nuestro país para apelar al nacionalismo de su pueblo y, así, recuperar el terreno que pierde día a día en la opinión pública trasandina. En cualquier momento, estos dementes que aquí nos gobiernan son capaces de recoger el guante y tratar de imitar esa actitud imbécil convocando a una guerra para resolver una cuestión insostenible, para Chile, en cualquier tribunal del mundo. Por otra parte, conociendo las mermadas capacidades de nuestras fuerzas armadas, producto de la invariable y negativa actitud que han tenido frente a ellas todos los gobiernos desde 1983, temo que se haga realidad una vieja broma que decía que nos iba bien porque estábamos negociando las nuevas fronteras en el Riachuelo y la Avda. Gral. Paz.

 

En estas elecciones tan próximas, el resultado no se medirá en cantidad de votos a nivel nacional, puesto que se trata de veinticuatro jurisdicciones diferentes y con distintas realidades; sólo en algunas se elegirán parlamentarios nacionales y es allí donde tenemos que concentrar nuestro interés. En esta oportunidad, el fiel de la balanza es relativamente simple: si el kirchnerismo obtiene los senadores que necesita para alcanzar los dos tercios del H° Aguantadero y los diputados que le permitan contar con quórum propio en la Cámara baja, asistiremos al funeral de la República y de la Constitución, la impunidad de la asociación ilícita que nos gobierna se habrá consagrado y Cristina Elizabet Fernández habrá logrado la absolución que a gritos reclama a la Historia.

 

Para que la derrota definitiva del kirchnerismo se concrete, para seguir soñando con un futuro democrático y republicano para nuestro país, vuelvo a insistir en la imperiosa necesidad de ir a votar el domingo 12 y de fiscalizar eficazmente las elecciones; hay una antigua idea del oficialismo que establece que, si no controlamos bien, tiene la obligación de hacer fraude. No podemos permitir, por miedo al contagio, desinterés o pereza, que el Gobierno se haga con esos legisladores que lo habiliten a llevarnos a ese paraíso socialista de pueblos hambreados y enfermos, conducidos por jerarcas asesinos, ricos como modernos cresos.

 

Bs.As., 4 Sep 21