Sin árbitros
por Enrique Guillermo
Avogadro (Nota N° 1063)
“Cuando las reglas
desaparecen, el poder ocupa su lugar”
La interdependencia no eliminó
la confrontación. Simplemente proporcionó nuevas armas para ejercerla.
Hoy se puede castigar a un adversario sin disparar un tiro: basta con
bloquearle mercados, tecnología, crédito, energía o materias primas. La
geopolítica se ha convertido en geoeconomía. Pero las armas tradicionales
siguen allí, y ésa es una combinación peligrosa. Es una de las paradojas de
nuestro tiempo: una decisión tomada en un lugar remoto puede terminar afectando la vida
cotidiana de millones de personas que jamás habían oído hablar de quienes la
tomaron.
Vladimir Putin juega su propia
partida y le alcanza con resistir, conservar posiciones y esperar que Ucrania
se desgaste, Europa la pierda paciencia, EEUU modifique sus prioridades y,
sobre todo, que las democracias occidentales se pregunten cuánto tiempo están
dispuestas a sostener una guerra sin final. Donald Trump habla de negociaciones
con Moscú y sostiene que Putin quiere un acuerdo con Ucrania, pero negociar no
significa capitular ni aceptar las condiciones del otro. El problema es que la
paz se convierte en una palabra ambigua cuando cada parte entiende algo diferente
por ella.
Xi Jinping observa y no
necesita precipitarse. Mientras Washington consume recursos y atención en
distintos escenarios, Beijing continúa acumulando capacidad industrial,
tecnológica y financiera. La disputa ya no consiste en quién vende más
productos sino quién dominará las tecnologías que definirán el próximo medio
siglo: inteligencia artificial, semiconductores, baterías, telecomunicaciones, robótica
y sistemas militares. Y detrás de todo ello permanece Taiwan. Ese es, quizás,
el punto del planeta donde una equivocación podría desencadenar consecuencias
mucho mayores que las que cualquiera de sus protagonistas imagina. China puede
esperar; EEUU, en cambio, parece obligado a responder simultáneamente en
demasiados frentes.
Europa disfrutó su prosperidad mientras
delegaba su seguridad en EEUU, hasta que la invasión rusa a Ucrania destruyó
esa comodidad. Ahora debe gastar más en defensa, reconstruir capacidades
militares y preguntarse cuánto puede confiar en Washington. Una alianza
funciona mientras todos creen que el compromiso del otro es creíble; si esa
certeza desaparece, surge algo mucho más peligroso: la necesidad de que cada
país calcule por sí mismo hasta dónde está dispuesto a llegar.
Y ése es exactamente el tipo de situación que las instituciones
internacionales fueron creadas para evitar.
La política exterior
estadounidense empieza a entrelazarse cada vez más con la interna electoral. Trump
ha relacionado la duración de la guerra con las elecciones de noviembre, y
acaba de prometer entregar US$ 5.000 a cada ciudadano adulto si los republicanos
conservan el control de ambas cámaras. La frontera entre
política exterior, política económica y campaña electoral desaparece, y eso también
forma parte del nuevo mundo.
Hay algo, sin embargo, que me
preocupa más que cualquiera de estos conflictos, incluyendo los que plantea la
IA: el
riesgo de que todos crean que pueden controlarlos. Las guerras
rara vez comienzan porque sus protagonistas hayan decidido destruir el mundo; muchas
veces comienzan por una sucesión de decisiones que, aisladamente, parecen
razonables: un ataque, una represalia, un aliado que debe responder, otro que
teme quedar debilitado si no lo hace, una interpretación errada de las
intenciones del adversario. La Historia está llena de accidentes que produjeron
tragedias que nadie había planeado. Por eso las instituciones, los tratados y
las líneas de comunicación entre enemigos no son adornos diplomáticos, son
mecanismos de seguridad. Y cuando comienzan a desaparecer, aumenta el precio de
cada error.
¿Quién pone el límite? Esa es la pregunta que debería
quitarnos el sueño. ¿Quién puede hoy imponer un límite a Rusia? ¿Quién puede
hacerlo con EEUU? ¿Quién puede impedir que China cambie por la fuerza el statu
quo de Taiwan? ¿Quién puede evitar que Irán cierre Ormuz o Bar el-Mandeb si
lucha por su supervivencia? ¿Quién puede obligar a cualquier potencia a aceptar
una decisión contraria a sus intereses vitales? La ONU difícilmente. Europa no
tiene la fuerza necesaria. EEUU no puede ni quiere resolver todos los problemas.
Y las restantes potencias tampoco parecen interesadas en construir un árbitro
internacional que pueda limitar sus propias decisiones. Esa es la verdadera
novedad: no
estamos simplemente ante un mundo multipolar, sino ante un mundo multipolar sin
una autoridad multipolar.
Argentina debe dejar de mirar el
mundo desde la platea. No porque seamos una gran potencia sino porque no lo
somos. Deberíamos sostener el principio de que las reglas importan. No elegir
entre Washington y Beijing sino tener intereses propios y una diplomacia capaz
de defenderlos, y comprender que nuestra seguridad no se limita a las fronteras
terrestres. El Atlántico Sur, Malvinas, Antártida, nuestras aguas jurisdiccionales
y las enormes reservas energéticas y minerales tienen extraordinaria relevancia
en un mundo que compite por recursos estratégicos. Tenemos una oportunidad,
pero no una política: necesitamos instituciones, infraestructura, defensa,
energía, inversión y, sobre todo, una política de Estado que sobreviva a los
gobiernos. Porque, si cada administración vuelve a empezar desde cero, serán otros
quienes decidan qué hacer con lo que tenemos.
No sé si marchamos hacia una
tercera guerra mundial. Tal vez el mayor peligro de nuestro tiempo no sea que
alguien quiera desencadenarla, sino que nadie tenga ya autoridad para impedirla. Y
por eso, más que preguntarnos quién va a ganar la próxima partida, deberíamos
empezar a preguntarnos algo más: ¿quién queda para detenerla cuando todos decidan que tienen
razón?
Bs.As., 12 Sep 26
Publicado en:
https://totalnewsagency.com/2026/09/12/sin-arbitros/
https://prisioneroenargentina.com/sin-arbitros/
https://www.informadorpublico.com/sin-arbitros/
https://diariocastellanos.com.ar/opinion/2026/09/11/sin-arbitros.htm
https://www.notiar.com.ar/index.php/opinion/142513-sin-arbitros-por-enrique-guillermo-avogadro

