lunes, 7 de septiembre de 2026

Cuando la toga se arrodilla

 


Cuando la toga se arrodilla

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1062)

 

“Cuando la ley ya no te protege de los corruptos, sino que protege a los corruptos de ti, sabes que la nación está condenada”.      Ayn Rand

 

La Justicia, en su concepción platónica, es una virtud. En la Argentina, en cambio, se ha convertido demasiadas veces en una variable de ajuste político. Cuando los ciudadanos comienzan a sospechar que una misma ley puede tener distinto significado según quién sea el acusado, quién la víctima o qué intereses estén en juego, ya no estamos ante una simple deficiencia del servicio de Justicia: estamos ante una enfermedad de la República. La Corte Suprema, como cabeza del Poder Judicial, tiene la obligación de percibir el enorme desprestigio que éste ha acumulado ante una ciudadanía que contempla, entre inerme y resignada, el manto de impunidad que demasiados jueces y camaristas federales tienden sobre los poderosos — sean empresarios, políticos o dirigentes de la AFA — termina preguntándose si existe realmente una Justicia igual para todos.

Y esa pregunta es devastadora. No hay República posible cuando el ciudadano común siente que la ley cae sobre él con todo su peso mientras se vuelve maleable cuando llega a los despachos donde se deciden los destinos de los poderosos. No me refiero solamente a la proverbial lentitud de nuestros tribunales. El problema es más profundo: la percepción de que los tiempos, las interpretaciones y hasta las competencias judiciales pueden modificarse según las circunstancias. Hay causas que duermen durante décadas y otras que de pronto adquieren una velocidad sorprendente. Hay decisiones que parecen definitivas hasta que cambia el escenario político y jueces que sostienen una interpretación para luego encontrar argumentos para sostener exactamente la contraria.

El propio diseño constitucional atribuyó al Consejo de la Magistratura la selección mediante concursos públicos, cuya terna es elevada luego al Poder Ejecutivo. El problema aparece cuando los mecanismos destinados a garantizar el mérito se convierten en terrenos fértiles para la discrecionalidad, las negociaciones y los favoritismos. La alteración de órdenes de mérito, las sospechas sobre concursos, las designaciones y subrogancias y el peso de las relaciones personales alimentan una percepción particularmente dañina: que para llegar a determinados cargos judiciales no siempre alcanza con ser el mejor. Y, si esa percepción se instala, la toga pierde autoridad antes incluso de que su titular dicte su primera sentencia.

Por eso resulta auspicioso que la propia Corte haya intentado recientemente corregir algunos de estos defectos. En marzo presentó un proyecto de reglamento para los concursos de magistrados destinado a reforzar la idoneidad y el mérito, reducir la discrecionalidad, garantizar el anonimato de las pruebas de oposición y establecer reglas más claras para las entrevistas personales. Es un paso en la dirección correcta. Pero una reforma reglamentaria no será suficiente si quienes deben aplicarla siguen sometidos a los mismos incentivos políticos que han deteriorado el sistema.

La causa relacionada con el ingreso de los Eskenazi a YPF, iniciada en 2006 y dormida desde entonces en el despacho del inefable Juez Ariel Lijo es un ejemplo de cómo el paso del tiempo se convierte en impunidad. Pero también preocupa la volatilidad de algunos criterios judiciales. Lo ocurrido recientemente con los jueces de Casación Diego Barroetaveña y Mariano Borinsky, al dar marcha atrás sobre sus propios criterios y disponer que la causa relacionada con la denominada “quinta de la AFA” sea instruida por el Juzgado Federal de Campana, como pretendían los imputados, vuelve a plantear una pregunta elemental: ¿qué principios permanecen inalterables cuando cambian las circunstancias? No se trata de exigir que los jueces jamás modifiquen sus decisiones; sería absurdo: pueden equivocarse y corregir sus errores. Lo que la sociedad no puede aceptar es que la coherencia jurídica parezca depender del viento político.

Existe, además, un problema mucho más doloroso. Los jueces y camaristas que intervienen en causas por delitos de lesa humanidad tienen una enorme responsabilidad respecto de las condiciones de detención de personas de edad avanzada que, en muchos casos, padecen enfermedades graves. El fallecimiento de más de mil detenidos durante los últimos años, y las condiciones en que muchos atravesaron sus últimos días, demuestra que el Estado argentino no ha cumplido sus obligaciones constitucionales. Un Estado de Derecho no puede convertirse en un Estado de venganza, y quienes administran justicia también están sometidos a la ley.

Aquí aparece el problema esencial: la captura de la toga. No hablo solamente de corrupción, que debe ser castigada con todo rigor, sino de algo más sutil y peligroso: la progresiva identificación de determinados magistrados con intereses del poder político, económico o corporativo. Un juez no debe ser amigo ni enemigo del Gobierno, ser oficialista ni opositor, buscar el aplauso de los medios ni de las redes sociales. Mucho menos debe preguntarse qué consecuencias políticas tendrá una sentencia antes de decidir conforme al derecho. Su obligación es sencilla y difícil: aplicar la ley. A veces esa decisión favorecerá al Gobierno y otras lo perjudicará, beneficiará a un empresario y otras lo condenará; puede proteger a un dirigente político o terminar con él en prisión. Eso es precisamente la independencia judicial. La verdadera independencia no consiste en que los jueces sean independientes cuando nadie los contradice, sino en que puedan ser impopulares sin miedo cuando la Constitución y la ley así lo exigen.

La Argentina necesita jueces que comprendan que su legitimidad no nace de su proximidad con el poder, sino de su capacidad para resistirlo. Necesita concursos transparentes, órdenes de mérito respetados, antecedentes evaluados con rigor, reglas previsibles y decisiones fundadas. Necesita una Justicia veloz, porque una Justicia tardía muchas veces equivale a una Justicia denegada. Y, sobre todo, una Justicia que no tenga miedo de equivocarse contra el poder.

La seguridad jurídica no es una abstracción. Es la certeza de que las reglas serán las mismas para todos: que un contrato será respetado, una inversión tendrá protección, una empresa no dependerá de una decisión arbitraria, un ciudadano podrá reclamar contra el Estado y un poderoso podrá ser condenado si viola la ley. Sin esa certeza no habrá inversiones genuinas, crédito, crecimiento sostenible ni trabajo registrado y bien remunerado. La Argentina ya ha demostrado una extraordinaria capacidad para destruir su moneda, su ahorro, sus empresas y sus oportunidades. Es imperdonable que haya destruido también la confianza en la Justicia.

Por eso, ésta es una carta abierta a los ministros de la Corte. No les pedimos que sean héroes sino algo mucho más elemental: que sean jueces. Que recuerden que la toga no es un escudo para proteger privilegios, sino una carga que obliga a soportar presiones. Que comprendan que la independencia judicial no se declama: se ejerce. Y que sepan que, cuando un juez se atreve a aplicar la ley aún contra el poder, quizá pierda amigos, titulares y aplausos, pero gana algo infinitamente más importante: la República.

 

Bs.As., 8 Sep 26

viernes, 4 de septiembre de 2026

Demasiadas piezas en el tablero

 


Demasiadas piezas en el tablero

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1061)

“La historia no se repite, pero rima”.
Mark Twain

Hay momentos en que el mundo parece avanzar hacia ninguna parte. Los acontecimientos se suceden con una velocidad tal que resulta difícil distinguir lo importante de lo accesorio, mientras las grandes potencias mueven sus piezas en un tablero cada vez más peligroso.

Ucrania continúa desangrándose, sin que Rusia consiga imponer definitivamente sus condiciones ni Occidente encuentre la fórmula para terminar con una guerra que ya lleva demasiado tiempo. Donald Trump intenta abrir una puerta hacia la negociación con Vladimir Putin, pero las distancias entre Moscú y Kiev son enormes. Y ésa es la característica más preocupante del mundo actual: nadie parece saber con certeza hacia dónde vamos.

Mientras Europa mira con preocupación hacia Moscú, EEUU tiene otro adversario mayor: China. La disputa ya no es simplemente comercial. Es una pelea por el siglo XXI. Tecnología, inteligencia artificial, energía, telecomunicaciones, minerales estratégicos, rutas marítimas y capacidad militar forman parte de la batalla. China produce, innova, invierte, compra empresas, construye infraestructura y desarrolla una formidable capacidad tecnológica y militar. EEUU intenta contener ese avance con aranceles, sanciones y restricciones tecnológicas. Beijing responde acelerando su autonomía y extendiendo sus vínculos por Asia, África, Medio Oriente y América Latina. Y aquí aparece una diferencia fundamental con la Guerra Fría: había dos bloques, hoy hay muchos jugadores.

India quiere comerciar con EEUU y comprar petróleo ruso. Arabia Saudita mantiene vínculos con Washington y Beijing. Turquía pertenece a la OTAN, pero conversa con Moscú. Brasil procura relacionarse con todos. Los países ya no quieren elegir. Quieren negociar. Los BRICS crecen, el llamado Sur Global reclama protagonismo y la hegemonía occidental encuentra límites que parecían inimaginables. Pero sería igualmente ingenuo creer que EEUU está en retirada. Continúa siendo la principal potencia militar del planeta, conserva una enorme capacidad financiera, tecnológica y diplomática y posee una red de alianzas que China todavía no puede igualar. Lo que está terminando no es la influencia norteamericana. Es su hegemonía indiscutida.

Y allí aparece Taiwán. China considera a la isla parte de su territorio y no ha renunciado a recuperarla, incluso por la fuerza. Taiwán, mientras tanto, mantiene su democracia y su autonomía de hecho. EEUU la respalda, aunque conserva cierta ambigüedad sobre qué haría ante una invasión. El equilibrio es delicado. Porque una guerra allí no sería otra guerra regional. Sería un enfrentamiento entre las dos principales potencias militares y económicas. Una guerra en ese estrecho podría paralizar industrias enteras, alterar el comercio mundial y provocar una crisis de dimensiones inimaginables. Pero existe algo todavía más grave: EEUU y China poseen armas nucleares. Y cuando dos potencias de esa magnitud comienzan a acercarse demasiado al abismo, ya no importa quién tiene razón sino quién conserva la cabeza fría.

En Medio Oriente, la guerra de EEUU contra Irán ha colocado al estrecho de Ormuz en el centro de la escena. Por allí circula una parte (20%) del petróleo que consume el planeta. Y eso significa que una guerra en el Golfo nunca es solamente eso. Una interrupción del transporte marítimo encarece alimentos, fertilizantes, seguros y fletes en países a miles de kilómetros. La globalización, que alguna vez fue presentada como garantía de paz, ha demostrado también su otra cara: nunca fuimos tan interdependientes y nunca fuimos tan vulnerables. Las guerras modernas se libran con petróleo, gas, aranceles, sanciones, chips, minerales, información y dinero. La geopolítica se ha convertido en geoeconomía.

Frente a este panorama, la Argentina no puede continuar comportándose como si el mundo fuera un asunto ajeno. Tenemos petróleo y gas, alimentos, litio y minerales estratégicos, una enorme plataforma marítima, el Atlántico Sur, la Antártida. Y tenemos, además, una ubicación geográfica que adquirirá creciente importancia a medida que el mundo vuelva a valorar los recursos naturales y las rutas de abastecimiento. Por eso resulta incomprensible que nuestra política exterior continúe tan atada a las simpatías o antipatías del gobierno de turno. No podemos ser fervorosos amigos de uno y enemigos del otro según quién ocupe la Casa Blanca o el Kremlin. Los países no tienen amigos permanentes, tienen intereses permanentes, y deberíamos aprenderlo.

Malvinas constituye, en ese sentido, una prueba de madurez. El petróleo descubierto alrededor de las islas y el creciente interés estratégico por el Atlántico Sur vuelven a colocar la soberanía en un escenario mucho más complejo que el de décadas atrás. Tenemos todo el derecho a defender nuestra reivindicación, pero hacerlo con inteligencia. No recuperaremos las Malvinas a fuerza de discursos, ni las empresas británicas abandonarán sus proyectos porque las amenacemos. Necesitamos diplomacia, paciencia, estrategia y una política de Estado que sobreviva a los gobiernos. Porque si algo ha demostrado la historia es que los países serios construyen sus objetivos durante décadas.

El mundo que conocimos después de la caída del Muro de Berlín está desapareciendo. Creímos que el comercio sustituiría a las guerras, que la globalización haría más costoso enfrentarse y que la democracia avanzaría. Nos equivocamos. La guerra regresó a Europa. Medio Oriente continúa siendo un polvorín. Estados Unidos y China disputan el liderazgo mundial. Rusia desafía a Occidente. Europa vuelve a armarse. Los BRICS intentan construir una arquitectura diferente. Y nuevas tecnologías permiten que un dron barato destruya un equipo militar que cuesta millones de dólares. El mundo es hoy más poderoso que nunca. Y, paradójicamente, también más frágil.

Las grandes guerras no siempre comienzan porque alguien decide provocarlas. A veces, porque alguien calcula mal: un avión derribado, un barco atacado, una respuesta que obliga a otra respuesta, y después nadie recuerda quién comenzó. Esa es mi mayor preocupación. Hay demasiados jugadores. Demasiados intereses. Demasiadas armas. Demasiados conflictos: Ucrania, Gaza, Irán, Taiwán, el Ártico, el Atlántico Sur. Demasiadas piezas moviéndose sobre un tablero cuyo final nadie conoce. La Argentina deberá decidir si quiere limitarse a observar la partida o comenzar, por una vez, a pensar cuál debe ser su propio movimiento. Porque esta vez no estamos mirando el tablero desde afuera, también somos una pieza. Sería imperdonable descubrirlo cuando ya sea demasiado tarde.

Bs.As., 5 Sep 26

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https://www.notiar.com.ar/index.php/opinion/142377-demasiadas-piezas-en-el-tablero-por-enrique-guillermo-avogadro

https://totalnewsagency.com/2026/09/04/demasiadas-piezas-en-el-tablero/

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viernes, 28 de agosto de 2026

No hace falta saltar

 



No hace falta saltar

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1060)

“El límite de lo imposible está muy borroneado”.

 Mateo Salvatto

 

Donald Trump ha convertido la política exterior de los EEUU en una sucesión de negocios, amenazas, aranceles y golpes de efecto, en especial contra sus propios aliados del G7, pero su poder económico, tanto como el militar, parecen haber encontrado sus límites. Canadá, objeto de su último e inexplicable ataque comercial luego de haber anunciado que pretendía anexarlo como 51° Estado, no ha bajado los brazos y, por el contrario, ha respondido con igual dureza. Su nueva batería de sanciones contra Teherán (que, con su resistencia al dolor, le ha impedido obtener la rápida victoria con que había soñado) y sus amenazas de castigar a los clientes de sus productos, es tan amplia que incluiría a China, principal comprador del petróleo iraní, a Turquía y Emiratos Árabes Unidos.

 

Para Argentina, un país dotado de todo aquello que todos necesitan precisamente porque comienzan a carecer de ello, el espectáculo debería resultar particularmente irritante. Tenemos petróleo, gas, alimentos, minerales y una capacidad extraordinaria para producirlos; pero seguimos padeciendo las consecuencias de décadas de populismo, corrupción, imprevisión y falta de inversiones que nos dejaron sin los caminos, trenes, puertos, oleo y gasoductos necesarios para aprovechar las oportunidades. Cuando llueve sopa, los argentinos insistimos en salir con tenedor.

 

Nuestra región tampoco ha quedado al margen de este terremoto. El caso venezolano es, en ese sentido, paradigmático. Después de la intervención estadounidense, de la captura de Nicolás Maduro y de todas las declaraciones sobre la libertad y la democracia, el chavismo continúa gobernando, con Delcy Rodríguez en la Presidencia y Diosdado Cabello con buena parte del poder real. Se han abierto negociaciones con sectores de la oposición, pero María Corina Machado y Edmundo González, que ganaron las elecciones, siguen relegados. Es decir, se destruyó mucho, se prometió demasiado y la democracia continúa esperando. Pero, claro, el petróleo venezolano está allí, y los negocios suelen tener una influencia extraordinaria sobre las convicciones morales de las grandes potencias.

 

Brasil, que se encamina a una elección presidencial que puede redefinir el equilibrio político sudamericano, no es un adversario ideológico circunstancial: es nuestro principal socio regional, un mercado esencial y un actor imprescindible en cualquier política seria de integración, comercio y defensa de nuestros intereses en el mundo. Confundir la política exterior con una pelea en X o con un discurso de barricada es una estupidez que la Argentina no puede permitirse.

 

Y así llegamos a casa. No cabe desconocer los enormes logros obtenidos por el gobierno de Milei en materia fiscal y monetaria. Después de tantas décadas durante las cuales el déficit era considerado una herramienta política y la inflación una especie de fenómeno inevitable, haber instalado la idea de que el Estado no puede gastar eternamente más de lo que recauda constituye, por sí solo, un cambio cultural de enorme importancia. Pero tampoco corresponde cerrar los ojos ante lo que está sucediendo. La economía parece haber perdido parte de su impulso; el crédito, que debía convertirse en motor de la recuperación, ha colocado a muchos en una situación financiera cada vez más delicada; los salarios y el consumo siguen sin acompañar de igual manera a la mejora de los grandes números, y la sociedad comienza a preguntarse cuánto tiempo más deberá esperar para que el sacrificio se transforme en una mejora perceptible de su vida cotidiana. Ése es el problema central del Gobierno: parece convencido de que una macroeconomía sana basta para ganar la batalla política. No es así, y Milei y sus funcionarios deberían explicarlo mejor.

 

Las personas votan con sus ideas, con sus miedos y con sus bolsillos; pero también con la percepción que tienen acerca de quienes las gobiernan. Y un presidente puede haber acertado en el diagnóstico económico y, sin embargo, perder apoyo si transmite indiferencia o falta de empatía frente a quienes están pagando el costo de la transformación. A ello se suma una inexplicable vocación por fabricar enemigos. Empresarios, periodistas, legisladores, gobernadores, economistas y, ahora, gobiernos extranjeros: cualquiera que discrepe corre el riesgo de ser convertido en traidor, delincuente, corrupto o enemigo de la libertad. Es un método que puede servir para conquistar poder; rara vez resulta útil para ejercerlo.

 

La reciente decisión de avanzar en la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central muestra que el Gobierno conserva la voluntad de consolidar institucionalmente algunos de sus logros más importantes. Sería excelente que aplicara el mismo criterio a otras áreas: la Justicia, la seguridad jurídica, la relación con el Congreso y la construcción de una administración pública capaz de sobrevivir a sus propios funcionarios. Porque la verdadera transformación consistirá en construir instituciones que impidan que, mañana, cualquier nuevo populista pueda volver a utilizarlo como botín. La oposición, por supuesto, no ofrece una alternativa demasiado tranquilizadora. El kirchnerismo pretende ocultar bajo nuevas máscaras su responsabilidad por la catástrofe que dejó; pero el Gobierno no debería confiar en que la memoria colectiva sea infinita ni en que la ausencia de una oposición convincente le garantiza automáticamente el futuro.

 

Por eso, mientras el mundo entero parece haber decidido caminar sobre el borde del abismo, haríamos bien en aprender una lección elemental: no hace falta saltar para demostrar valentía. A veces, basta con dejar de dar pasos hacia atrás.

 

Bs.As., 29  Ago 26

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viernes, 21 de agosto de 2026

Cambalache


Cambalache

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1059)

 

“La autohipnosis política llegaba a tal grado que era casi una enfermedad mental”.

 Virginia Cowles

 

Enrique Santos Discepolo describió en 1934 un mundo en el cual los valores tradicionales habían dejado de existir pero, a la luz de lo que sucede en este siglo, evidentemente se quedó corto. No podía imaginar entonces que, cuando la principal potencia era Gran Bretaña, fuera reemplazada en ese sitial por los Estados Unidos ni, mucho menos, que éstos fueran comandados por alguien como Donald Trump.

 

Éste, disgustado con Seúl por intentar llegar a algún acuerdo con Pionyang para poner fin a un estado frío de conflicto que se arrastra desde 1953, ordenó suspender los ejercicios militares anuales que EEUU y Corea del Sur realizan desde hace mucho tiempo pero, al día siguiente, ponderó al macabro dictador norcoreano Kim Jong-un y dijo que pronto se reuniría con él ya que lo respeta muchísimo. Lo alarmante es que ese abrupto cambio de posición se da en el marco de la desprotección de Washington a todos sus países aliados del Pacífico sur, trasladando unidades navales y misilísticas al Golfo Pérsico, y del consecuente avance marítimo de China.

 

El reemplazo de los portaaviones que están realizando el contrabloqueo estadounidense ha resultado imprescindible por el excesivo tiempo que llevan sus tripulaciones y los contingentes de marines embarcados y, seguramente, al stress que implican los reiterados ataques con drones iraníes a esos buques, cuya existencia los EEUU niegan oficialmente.

 

En Oriente Medio, escenario del peor fracaso internacional de Trump, se ha formado una coalición defensiva entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán, a la cual dice querer sumarse Siria; en remedo del artículo 5° del pacto de la OTAN, el acuerdo prevé que, si cualquiera de sus miembros fuera atacado, los restantes deberían acudir de inmediato en su defensa. Benjamin Netanyahu, a quien esta misma semana varios grandes países de la Comunidad Europea exigieron que pusiera fin a los nuevos y violentos asentamientos de colonos judíos en Cisjordania, dijo que Israel se siente amenazado por Recep Tayyip Erdoğan, abriendo así un nuevo y peligroso eje de confrontación antes de las cruciales elecciones del 27 de octubre, en las que se juega el cargo y, quizás, hasta la libertad.

 

Mientras tanto, un estupefacto planeta contempla con enorme preocupación las idas y vueltas de las manifestaciones de Trump con relación a la evolución de la guerra entre EEUU e Irán, con la mira puesta en el estrecho de Ormuz por la trascendental importancia que tiene el mismo en el comercio internacional de petróleo, gas y fertilizantes. Mientras el magnate asegura que Irán quiere reanudar las negociaciones, los ayatollahs insisten en que no volverán a sentarse a la mesa hasta que se respeten las quince cláusulas del acuerdo de alto el fuego; el principal reclamo pasa por la liberación de los enormes fondos iraníes embargados hace años y el reconocimiento de su soberanía – con el consecuente derecho a cobrar peaje al tráfico marítimo - sobre el estrecho.

 

 El tránsito por el paso de Bar el-Mandeb también se ha complicado puesto que, a los ataques de las milicias hutíes – proxys de Irán – contra las instalaciones petroleras saudíes sobre el Mar Rojo, se han agregado ahora los resurrectos piratas somalíes del Cuerno de África, que tantos dolores de cabeza y costos adicionales generaron hasta hace pocos años con sus capturas de buques mercantes para exigir rescate a los armadores.

 

Volviendo a nuestro país, ya podemos dejar de llamar “Justicia” al Poder Judicial, en especial a su fuero federal. La peor muestra la acaba de dar allí la Cámara de Casación Penal, donde los jueces Mariano Borinsky y Diego Barroetaveña no tuvieron la menor vergüenza en contradecir sus propias resoluciones para comenzar a diseñar la impunidad de Claudio Chiqui Tapia y Pablo Toviggino, ordenando que la causa por la enorme quinta de Villa Rosa, en Pilar, volviera a manos del sospechoso juez Adrián González Charvay, de Campana, tal como querían los imputados. Recomiendo leer la editorial – “Decoro” - de ayer en La Nación.

 

Tal como hemos dicho tantas veces, todo ese chiquero está íntimamente ligado al “riesgo-país” que, por estar en tan altos niveles, impide a la Argentina acceder a los mercados voluntarios de crédito, a su vez indispensables para renovar la destruida infraestructura nacional. Y la razón es simple: ¿pondría usted dinero en un lugar cuyos jueces no ofrecen garantía alguna?

 

Javier Milei tampoco puede desentenderse de esa responsabilidad. Después de reconocer en su discurso del 17 de agosto las duras e innegables dificultades – caída en el poder adquisitivo, endeudamiento familiar, pérdida de puestos de trabajo y cierre de pyme’s por una economía en dos velocidades, etc. - que enfrenta gran parte de la ciudadanía, sólo tres días después volvió a espantar a los inversores con sus agresivos modos ante el Consejo de las Américas y, al afirmar que nada cambiará pese a tales dolores, demostró una vez más carecer de la más mínima empatía.

 

En un país donde el largo plazo es la semana que viene, falta muchísimo tiempo para las elecciones presidenciales, pero esas actitudes y esos problemas ya ponen en riesgo no sólo la eventual renovación de su mandato sino, mucho peor, la continuidad de un cambio cultural que se operó cuando entendimos la importancia que revisten el control de la inflación y los superávits gemelos en las cuentas públicas. Por ahora, a este modelo económico le cuida la espalda el verdadero tren fantasma que forman Máximo Kirchner, Axel Kiciloff y el mismo Massa, acompañados por Ricardo Quintela, Gildo Insfrán (gobernadores de las paupérrimas provincias de La Rioja y Formosa, respectivamente) y el inefable Diputado Miguel Angel Pichetto.

 

Otros nombres de outsiders que se barajan como posibles candidatos (Daniel Hadad, dueño de Infobae, y Jorge Brito, de Banco Macro) tienen hoy poco conocimiento en la sociedad, pero no se puede a priori descartarlos por ello puesto que el propio Milei y otros mandatarios del mundo son ejemplos claros y cercanos de fulgurante éxito electoral. 


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viernes, 14 de agosto de 2026

Legítimas preocupaciones


                                            Legítimas preocupaciones

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1058)

 

“El nivel de indigencia y pobreza en la población … trepa al ritmo del déficit fiscal, de la inflación y las devaluaciones de la moneda”  Willy Kohan

 

A pesar de la penosísima decadencia que sufre la Argentina desde hace ocho décadas, en la mitad de las cuales fue gobernada por distintas variantes del “justicialismo”, hoy los responsables de tamaña catástrofe económica, política, social y educativa y del probado (pero aún no totalmente mensurable) saqueo al que sometieron al país, pretenden regresar al poder para seguir destruyéndolo.

 

Y lo hacen encaramados sobre los monumentales errores que comete el Ejecutivo, sobre todo en materia comunicacional, y la absoluta falta de empatía que demuestran sus funcionarios frente a las penurias que atraviesa una gran parte de la ciudadanía, que lo votó ya dos veces pese al fuerte ajuste impuesto para bajar la inflación. Estas torpezas del oficialismo, derivadas de la falta de explicaciones previas, en temas muy caros a la sensibilidad social – financiamiento universitario, Garrahan, discapacidad, cultura, etc. y, ahora, la “ley de tierras” – y también de la inmundicia en que ha convertido el proceso de designación de los jueces - han habilitado al pero-kirchnerismo a apropiarse del “relato” y enarbolar banderas que su propia historia exhibe como falsas, pero que la habitual falta de memoria del electorado le permite.

 

El fantasma de ese retorno a un pasado trágico preocupa, alarma y petrifica, razonablemente, a los potenciales inversores, sean locales o foráneos, capaces de generar empleos de calidad, registrados y con buenos salarios en todo el país, que son los únicos que podrían revertir el sentido de la pendiente descendiente que transitamos hace tantos años. Todos esos factores, sumados a su terrible y consuetudinario comportamiento como pésimo deudor, contribuyen a la imposibilidad que encuentra nuestro país en acceder a los mercados voluntarios de crédito, indispensables para reconstruir la obsoleta y, literalmente, destruida infraestructura caminera, portuaria, ferroviaria y de distribución energética.

 

Gracias a Dios, después de dos años y medio de intentar gobernar en absoluta soledad y con manifiesto desprecio hacia quienes podían prestarle apoyo, Javier y Karina Milei parecen haber aprendido de experiencias pasadas ya que, al haber llegado a la Casa Rosada sin partido ni gobernadores y legisladores propios, no les fue nada fácil obtener las leyes a las que aspiraban, y comprendido que ahora les resultará aún más arduo enfrentar las elecciones presidenciales sin acordar y sumar a otros espacios políticos afines, en especial en la crucial Provincia de Buenos Aires.

 

En ésta se encuentran concentrados el 46% del padrón electoral nacional y los más voluminosos bolsones de pobreza del país, pese a que este penoso fenómeno se extiende a otras provincias y capitales, y ella misma es el problema de más difícil resolución. Y ya que será casi imposible modificar acendrados patrones culturales generados por décadas de populismo, de inmigración descontrolada y de falta de planificación geográfica, factores que condenan necesariamente a la exclusión y a la miseria, todos – en especial, el H° Aguantadero - debiéramos encarar ya mismo racionales políticas tendientes, al menos, a evitar que esos males continúen proyectándose en el futuro, mientras inventamos algún sistema que permita proteger a tantos desamparados, hoy víctimas de la usura, las drogas, el juego, la trata de personas y la violencia cotidiana, a los cuales ni siquiera les resulta posible desplazarse hacia otras latitudes.

 

En estos años, por la senda de la normalización de la macroeconomía y de los diferentes programas de apoyo (seguridad jurídica) a la minería y la energía, han aparecido de la noche a la mañana grandes oportunidades laborales, en especial en la zona cordillerana, aunque también hayan resurgido con fuerza los servicios y las producciones regionales vinculadas a la agro-industria. Sin embargo, la falta de educación pública de calidad y la consecuente carencia de profesionales y técnicos aptos para incorporarse a esas actividades hacen que las empresas encuentren muy serias dificultades a la hora de incorporar personal, aunque los sueldos sean enormemente más altos que el promedio nacional.

 

Tanto en Europa – Rusia vs Ucrania – cuanto en Oriente Medio, las guerras continúan prolongándose mucho más allá de las previsiones originales de Vladimir Putin y Donald Trump, y en ambos escenarios la situación parece haberse estancado. Moscú no sólo no ha podido vencer a las fuerzas de Volodimir Zelensky pese a la superioridad numérica de sus tropas sino que soporta ataques sobre su infraestructura energética, aún en locaciones distantes mil quinientos kilómetros del frente, que están produciendo escasez de combustibles. Y Washington tampoco ha podido siquiera reabrir el tráfico marítimo – que se encontraba abierto antes de la guerra - del estrecho de Ormuz, que aún controla la Guardia Revolucionaria iraní, ni mucho menos destruir las instalaciones nucleares de Teherán. Peor aún, los asesinos ayatollahs insisten en activar a los hutíes de Yemen y éstos han atacado instalaciones petrolíferas y portuarias de Arabia Saudita, poniendo en riesgo el tránsito por el estrecho de Bar el-Mandab y el Mar Rojo, amenazado también por los piratas somalíes del Cuerno de Africa.

 

Y Venezuela continúa provocando alarmas, puesto que EEUU, que controla el país y su petróleo desde la detención de Nicolás Maduro, permite que la dirigencia chavista encabezada por Delcy Rodríguez, Presidente provisoria, siga conduciendo el proceso de normalización y dilatando un llamado a elecciones que, de acuerdo a las disposiciones de la propia Constitución del régimen, ya hubieran debido producirse hace tiempo. María Corina Machado, lideresa de la oposición probadamente mayoritaria, ha sido excluida de todas las negociaciones y los funcionarios del Departamento de Estado, a cargo de Marco Rubio, hasta le han impedido entrar al país aduciendo que su presencia dificultaría cualquier solución transaccional con los criminales torturadores y ladrones que aún gobiernan.

 

Bs.As., 15 Ago 26


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viernes, 7 de agosto de 2026

Torpezas inexplicables


Torpezas inexplicables

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1057)

 

“Una mentira puede dar la vuelta a la tierra mientras la verdad todavía se está calzando”.

 Mark Twain

 

La Libertad Avanza, que probó en las elecciones de 2025, sustanciadas en medio de un durísimo ajuste, la impecable calidad de su comunicación pública, ha cometido desde entonces gigantescos errores – varios responsabilidad de Federico Sturzenegger, Ministro de Desregulación - en esa materia que le han costado dolorosas derrotas tanto en el H° Aguantadero cuanto en la calle. Esta semana permitió que un falso relato, comprado por muchos idiotas útiles como Elisa Lilita Carrió, permeara ampliamente en un tejido social roto y atento sólo a sus preocupaciones más cotidianas y lo obligara a retroceder en un tema crucial, cual es la recepción de inversiones en tierras, generadoras – como demuestra la historia – de grandes desarrollos innovadores y constantes progresos en la producción agropecuaria.

 

Lograr confundir, como ha hecho perversamente el pero-kirchnerismo, propiedad con soberanía, habla tanto de la impericia y de la falta de empatía del Gobierno cuanto de la incultura de la ciudadanía: no importa quién sea el dueño de un inmueble (sólo de la superficie, porque el subsuelo pertenece al Estado, sea federal o provincial) sino que la Nación, a través de sus tres poderes, pueda obligarlo a respetar estrictamente las reglas y normas vigentes. Pero que sean precisamente aquéllos que, mientras gritaban “La Patria no se vende”, robaron 470.000 Has en el sur (Lázaro Báez) y entregaron a China 200 más en Bajada del Agrio, Neuquén, para construir una base científico-militar por completo ajena a la jurisdicción y autoridad de las autoridades argentinas, produce repugnancia e indignación, porque allí sí se estableció, como dice el lema utilizado por quienes se oponen al proyecto, “un Estado dentro del Estado”.

 

Fernando Henrique Cardoso, el gran ex Presidente de Brasil, acuñó una frase – “gobernar es explicar” – que el Gobierno debiera entender y hacer suya. La multiplicidad de torpezas en que incurre (financiamiento universitario, discapacidad, jubilaciones, educación pública, Garraham y ahora esto) le están costando muy caro en términos de aprobación de su gestión porque afectan a cuestiones sensibles para la ciudadanía. Otras, también importantes pero que pasan por debajo del radar de la sociedad – un caso, el practicaje marítimo y fluvial – han demostrado el daño directo a la economía que producen.

 

Javier Milei, fogueado en manejar audiencias televisivas en el pasado, debiera designar un funcionario que supiera revelar claramente qué busca, y por qué, cada iniciativa legislativa antes de impulsarla, de modo tal de frustrar anticipadamente la resistencia de quienes sólo intentan impedirle aplicar plenamente sus recetas, sea por apetencias políticas, sea por intereses espurios, personales o sectoriales. A modo de ejemplo, hubiera debido reclamar al Poder Judicial que habilitara la auditoría de los fondos universitarios, a la cual los rectores se resisten como gatos panza arriba y, una vez exhibido públicamente su resultado, ordenar los recortes necesarios para exterminar los nichos de malversación existentes; en lugar de hacerlo en ese orden, optó por poner el carro delante del caballo, y así le fue.

 

En la probabilidad – escasa, creo - de un regreso al pasado, sustentada en un cambio en el orden de preocupaciones de la sociedad (ahora ya no son la inflación ni la seguridad sino el endeudamiento y la morosidad familiar, el deterioro del salario y la pérdida de trabajo), sumada al inmundo chiquero en que la Casa Rosada ha convertido la designación de jueces para garantizar la impunidad de los políticos, sindicalistas y empresarios corruptos, deben buscarse las causas de la resistencia a la baja del “riesgo-país”, pese al fuerte respaldo del FMI y la mejoría en la calificación crediticia de la deuda soberana.

 

Evidentemente, la Argentina no tiene el monopolio de las impericias. Donald Trump cometió, sin duda, una mayúscula cuando ordenó los masivos ataques misilísticos contra Irán a partir de febrero ya que ha agotado en gran medida los arsenales de interceptores del Pentágono, algo desmentido oficialmente pero creíble. Con ello, además, ha dejado desprotegidos a todos los países aliados de los EEUU, tanto en el Golfo y en el Mar Rojo cuanto en el sudeste asiático, como Japón, Corea del Sur y Filipinas, muy preocupados por las desafiantes maniobras aeronavales de China en el Océano Pacífico.

 

Esto es grave porque, ante las amenazas de Washington a Teherán en el sentido de que arrasará el país de un modo que dejará a la II Guerra Mundial como un mero ensayo, los criminales ayatollahs han avisado a las petro-monarquías del Golfo que responderán volando sus infraestructuras petrolíferas y energéticas y, en especial, sus plantas desalinizadoras, vitales para la preservación de la vida. Y EEUU ya ha demostrado su incapacidad para detener ataques iraníes a sus bases militares en la zona, sea en Kuwait, Jordania o los Emiratos Arabes Unidos. Ucrania, que pierde dramáticamente combatientes mientras Rusia incorpora multitudes de norcoreanos a sus filas, por la falta de interceptores se encuentra hoy inerme frente a la permanente agresión con drones de Vladimir Putin, aunque aún cuenta con una poderosa fábrica de drones, que vende a muchos países, y de inteligencia satelital norteamericana que le permite atacar las plantas petroleras que, según se dice, ya han disminuido la capacidad de refinamiento de Rusia en un 38%.

 

No es sólo en el terreno bélico que el Presidente incurre en torpezas. Motivado por su inocultable avaricia personal, formuló un curioso anuncio que podría llevarlo a la cárcel cuando deje de ser inquilino de la Casa Blanca: estableció públicamente una categoría premium (previo pago de US$ 100.000.= mensuales) para el conocimiento anticipado de sus publicaciones en su propia red Truth Social; en la medida en que cada uno de sus posteos mueve, para arriba y para abajo, las cotizaciones del petróleo y del gas en los mercados globales, es una clara confesión de su predisposición a la venta de información privilegiada, un delito penado gravemente en los EEUU.

 

Bs.As., 8 Ago 26


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https://www.informadorpublico.com/torpezas-inexplicables/

https://totalnewsagency.com/2026/08/07/torpezas-inexplicables/

https://www.notiar.com.ar/index.php/opinion/141877-torpezas-inexplicables-por-enrique-guillermo-avogadro

https://diariocastellanos.com.ar/opinion/2026/08/07/torpezas-inexplicables.htm

https://prisioneroenargentina.com/torpezas-inexplicables/

http://www.diarioenfoques.net/index/edition/e/2461/s/18