viernes, 6 de febrero de 2026

Virtudes nuevas y pecados viejos



 

                              Virtudes nuevas y pecados viejos

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1032)

 

“Entre los héroes cuyas vidas ejemplares nos cuenta Plutarco, los caballeros escasean”. Curzio Malaparte

 

Comenzó febrero y la rara “normalidad” argentina de alegrías y tristezas reapareció con la renuncia de Marco Lavagna, la repugnante hipocresía del kirchnerismo, la antigua batalla entre proteccionistas y aperturistas, la inexplicable impunidad que sigue protegiendo a Sergio Aceitoso Massa, la creación de un nuevo “Ministerio de la Verdad” y la excelente noticia del acuerdo comercial con EEUU. Vamos por partes.

 

El manoseo del INDEC, a partir de la soberbia torpeza en el manejo de la información por parte del Gobierno (ignoro qué diferencias hubiera arrojado la nueva metodología para medir el índice de precios), tiene un costo difícil de mensurar todavía, pero seguramente afectará la esencial confianza que el país necesita para recibir las inversiones indispensables para generar crecimiento y riqueza genuina. Pero escuchar la indignación de los caraduras que aplaudieron a Guillermo Patotín Moreno cuando, siguiendo instrucciones de Néstor Kirchner, falsificó las estadísticas de inflación (para la platea local) y del crecimiento (para defraudar a los tenedores de bonos de deuda) me pareció realmente demasiado caradurismo.

 

El martes, en la parsimoniosa continuidad del juicio de la causa “Cuadernos”, los abogados de Cristina Fernández plantearon una serie de nulidades con las que pretenden derrumbar el proceso. Entre otros, hubo argumentos que me indignaron: la aplicación retroactiva de la “ley del arrepentido”, el doble juzgamiento por el mismo hecho y la “responsabilidad funcional” que el Estado atribuye a su cliente (“por su cargo, no podía ignorar”). Ella y su marido muerto, para reabrir la persecución a los militares a partir de 2003, con la inmunda complicidad de la Corte Suprema de entonces, hicieron exactamente lo mismo: usaron como arma el Pacto de Roma (firmado por nuestro país en 2001) para juzgar hechos de 1976/83; volvieron a realizar nuevos juicios a personas ya juzgadas por las mismas imputaciones; y el “debía saber” fue la razón generalizada en las condenas de miles de soldados, policías, civiles y sacerdotes.    

 

En otro orden de cosas, y en el marco de la polémica suscitada a raíz de la licitación convocada por una compañía privada para el suministro de tubos con costura destinados a un gasoducto que perdió Techint contra una firma india, nuevamente surgió el conflicto con la industria textil nacional. Si ha tenido la paciencia de leer estas notas semanales desde hace años, recordará cuánto he criticado a los industriales que, amparados en una economía férreamente cerrada con fines electoralistas, se dedicaron durante años a abusar de nosotros con precios altos y mala calidad. En un caso, en el de los zapatos (https://tinyurl.com/ykd4uukk), inclusive propuse soluciones que servían a todos, empresarios, trabajadores y consumidores.

 

Nunca sugerí abrir abruptamente la economía al estilo de José Alfredo Martínez de Hoz y tampoco lo haría hoy, cuando el proteccionismo se ha vuelto a poner de moda a partir del segundo mandato de Donald Trump, que utiliza los aranceles y las cuotas como armas para alcanzar los objetivos de su “Make America Great Again”. Por el contrario, creo que lo que el Gobierno hubiera debido hacer era, como alguna vez hizo España, anunciar esa apertura generalizada en un plazo determinado, para dar tiempo a los industriales a reconvertirse y mejorar en competitividad y productividad, y sobre todo, nivelar antes la cancha en materia de impuestos, costos laborales, abusos sindicales, infraestructura de transporte, etc..

 

Debo volver a poner una fuerte luz sobre la curiosísima actitud del Gobierno frente al Aceitoso, pese a que todos los caminos llevan a él (https://tinyurl.com/4bvu5ce6), traducida en la conservación de muchos de sus seguidores – quintacolumnistas - en importantes cargos del Estado y, sobre todo, en la abstinencia a denunciar las maniobras fraudulentas que se ejecutaron durante su gestión como super Ministro de Economía de los Fernández², tales como las operaciones con el dólar oficial vs el blue en cuevas vinculadas a la AFA o el manejo de las SIRA por su subordinado Matías Tombolini, que tan gravosas nos resultaron a todos.

 

La estúpida y suicida compulsión a pegarse tiros en los pies que afecta de antaño a Javier Milei, tal vez causada por la inexistencia de toda oposición, lo llevó a crear, imitando los peores vicios que tanto critiqué en el kirchnerismo, una repartición especial (Oficina de Respuesta Oficial) para responder a las fakes news (según su propio criterio) que aparezcan en los medios de prensa y las redes sociales. La manía por perseguir a la prensa y a la libre expresión no es monopolio de la Argentina, y parece extenderse, con el patrocinio expreso de la Casa Blanca, a muchas naciones, aún a aquéllas que presumen de democráticas y liberales.

 

Para concluir este breve inventario, manifiesto mi profunda alegría y complacencia por la firma del tan importante acuerdo comercial con los EEUU, ya que constituye una gigantesca oportunidad para nuestro país. Que lo aprovechemos – tal como hicieron Japón, Corea del Sur, Singapur, etc. – depende exclusivamente de nosotros mismos, aunque mucho está condicionado por que el Gobierno pueda obtener las leyes necesarias para recuperar competitividad nacional, algunas de las cuales se están discutiendo ya en el H° Aguantadero, tales como la actualización del arcaico y fascista régimen laboral, la indispensable limpieza de la colonizada Justicia del Trabajo, la reducción de la presión fiscal, la modernización y perfeccionamiento de las infraestructuras vial, ferroviaria y portuaria, la desregulación y la simplificación de los trámites burocráticos, etc.

 

Bs.As., 7 Feb 26

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