Triunfos, derrotas y pecados
por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 1033)
“¿Cómo es posible tolerar los rituales dilatorios e
ineficaces de una maquinaria gobernada por dinosaurios impermeables a cualquier
solicitud?”. Giuliano da Empoli
El miércoles, el Gobierno obtuvo dos resonantes victorias,
dentro y fuera del H° Aguantadero. En el recinto, y con las naturales concesiones
(algunas lamentables, como la claudicación ante la CGT) que impone la real politik, consiguió que el Senado
aprobara el proyecto la ley del régimen laboral, un verdadero triunfo del
presente sobre el pasado, personalizado éste en un sistema obsoleto,
retardatario y excluyente del trabajo registrado, que permitirá generar más y
mejor empleo. Además, confirmó que el kirchnerismo - sobre todo, Cristina
Fernández - ha perdido hasta la facultad de bloquear las iniciativas legislativas
del oficialismo.
En la Plaza de los Dos Congresos, se vivió otra
batalla, que también ganó. Allí, amén de la escuálida concurrencia que probó la
incapacidad actual de la CGT de convocar a marchas multitudinarias, la violenta
postal de los incidentes protagonizados por los mismos de siempre fue el
recordatorio de la batalla cultural que la Argentina debe librar todos los días
contra el falso progresismo, que tanta pobreza y decadencia generó, siempre
enmascaradas detrás de enloquecidos subsidios en los servicios públicos y en
moratorias previsionales que llevaron al sistema a la quiebra, descontrolada emisión
y los tantos otros vicios que nos trajeron hasta aquí.
Para las huestes que aún obedecen a la condenada ex
Presidente, la insignificancia se agudizó el jueves cuando, en Diputados, el
oficialismo logró, por amplia mayoría, la media sanción tanto para el acuerdo
comercial entre el Mercosur y la Unión Europea como para la reducción a los 14
años de la edad de imputabilidad penal.
De todas maneras, la transparencia y la honestidad
siguen perdiendo, tal como prueba que la Argentina haya caído en el índice
internacional que las mide: muchos ya deben haber comprado buen champagne. Me
refiero tanto a Cristina Fernández, a la cual la Cámara Federal de Seguridad
Social le reconoció el derecho a cobrar los $ 10 millones mensuales de la
pensión de su ladrón marido muerto, cuanto a todos los involucrados, de abajo a
arriba, en la denuncia por corrupción en la ex Agencia de Discapacidad que
cambió de juez, comenzando, claro, por el propio Diego Spagnuolo.
Y no es para menos, ya que recayó en Juzgado Federal a
cargo del inefable e incombustible Ariel Lijo, el frustrado y nunca justificado
candidato de Javier Milei a la Corte Suprema, que tiene el record Guiness de
“dormir” expedientes que complican a los poderosos y garantizar su impunidad,
como demostró en el caso de la pseudo compra de YPF por la familia Eskenazi,
que hubiera podido invalidar el juicio contra la Argentina en los EEUU, que
está al borde de costarnos US$ 18.000 millones.
Pero, simultáneamente, el Gobierno demostró que no
tiene propósito de enmienda y sigue pegándose tiros en los pies, tal como hizo
la semana anterior con la monumental torpeza en la comunicación de la renuncia
de Marco Lavagna a la jefatura del INDEC. Con la ya famosa frase de la hermanísima Karina Milei a los diputados
oficialistas - “A los proyectos del
Ejecutivo primero se los vota y después se los lee” - renegó tanto de la
libertad como del libertarismo; este episodio pasará a integrar las peores
páginas de la historia, sumándose a la creación de la Oficina de Respuesta
Oficial (ORO), una ridícula repartición destinada a vigilar a la prensa libre,
y al DNU que habilitó a los agentes de la AFI (ex SIDE) a detener a los
ciudadanos sin orden judicial, que tantos malos recuerdos trae.
En el orden internacional – en realidad, un desorden
completo – la perseverancia de Vladimir Putin en su tentativa de destruir a
Ucrania y la férrea resistencia de Volodimir Zelenski a aceptar las
imposiciones del neo- zar ruso, están complicando las intenciones de Donald
Trump de terminar con esa guerra en junio del corriente año, como ha anunciado.
Y las declamadas ofertas de los salvajes ayatollahs de desistir del programa de
enriquecimiento de uranio no parecen ser suficientes para evitar una acción
militar de los EEUU contra Irán, tal como deja entrever el permanente
crecimiento del ya enorme dispositivo aeronaval desplegado ante sus costas.
En cambio, y tal como era previsible, la purga de
altos mandos militares ejecutada por Xi Jinping parece haber demorado sine die las provocaciones de China
contra Taiwan. Cuánto puede haber influido en esa decisión el fuerte triunfo
electoral de la Primera Ministro de Japón, Sanae Takaichi, que ha manifestado
claramente su respaldo a la independencia de la isla y su deseo de fortalecer
las alianzas defensivas en el Pacífico sur, sólo lo sabremos con el correr de
los meses, pero la zona (Filipinas, Indonesia, Australia, Nueva Zelanda), al
menos por ahora respira aliviada.
Este año se realizarán elecciones presidenciales en
Colombia (mayo) y en Brasil (octubre); podremos verificar entonces si la ola de
cambio hacia la derecha que recorre América Latina también inundará a los
países que hoy gobiernan Gustavo Petro y
Luiz Inácio Lula da Silva. Me parece que el primero tiene un futuro
irreversiblemente complicado, pero aún puede ser otro el del mandatario
brasileño, que competirá – según creo – contra el Senador Flavio Bolsonaro,
favorito de Trump por afinidad ideológica. Pero, claro, las más trascendentales
para el mundo serán las elecciones legislativas de EEUU, en noviembre, ya que
el Presidente pondrá en juego en ellas su propia supervivencia política ante un
Capitolio que hoy controla pero que puede perder y acercarse al abismo.
Bs.As., 14 Feb 26
Publicado en:
https://diariocastellanos.com.ar/opinion/2026/02/13/triunfos-derrotas-y-pecados.htm
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