Milei quizás pueda, pero ¿quiere?
por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 890)
“Cada uno ve lo que pareces, pero pocos palpan lo que eres”.
Nicolás Maquiavelo
Todos
los días, en el mundo entero, se confirma el “teorema de Baglini” que,
básicamente, postula que, cuanto más lejos se encuentra un candidato de acceder
al poder, más radicales son sus propuestas y, cuanto comienza a percibir la
probabilidad de acceder al poder, las va morigerando.
Sin
embargo, un personaje tan excéntrico y enigmático como Javier Milei, pone en
duda esa hipótesis. A semejanza de lo que sucedió con Donald Trump, Vladimir
Zelensky o Jair Bolsonaro, según todas las encuestas podría acceder a la
segunda vuelta electoral y acabar así con
el monopolio absoluto que las dos grandes coaliciones, escasamente pegoteadas por
su adhesión u oposición al kirchernismo, han ejercido sobre el escenario
político nacional. Esta probabilidad fue imaginada hasta por Cristina Fernández
al confesar públicamente que espera un escenario de tres tercios y la consecuente
necesidad de un ballotage, en cual ya no está tan segura de la participación de
su fuerza política.
Desde
su repentina irrupción en el horizonte de los medios, el mesiánico líder de La
Libertad Avanza no ha cesado de enumerar las disruptivas y, a veces, hasta
revulsivas acciones que encararía si fuera Presidente; y ahora, cuando podría
estar en condiciones de triunfar –en principio, al menos, tanto los votantes
del Frente de Locos cuanto los de Juntos para Qué se inclinarían por él si el candidato
propio quedara excluido de la segunda vuelta electoral- no sólo no las aligera
para los paladares más reactivos, sino que sigue sosteniéndolas públicamente, con
gritos destemplados y malos modales.
La
democracia directa vía consultas populares para suplir una segura oposición del
Congreso, la fuerte reducción del gasto público, la modificación de la
educación pública gratuita aplicando un sistema de vouchers, el arancelamiento
de la salud en los hospitales estatales y en las residencias médicas, la
gestión público(seguridad)-privada(hotelería) del sistema penitenciario, la
privatización de empresas deficitarias, la derogación de la ley del aborto y
establecer la protección al niño desde la concepción, el fin de la educación
sexual obligatoria en las escuelas, la eliminación de subsidios, la libre
portación de armas, el tráfico legal de órganos, la dolarización con o sin
canasta de monedas, “dinamitar” el Banco Central, la aplicación de una política
inmigratoria racional, la unificación de los ministerios de Defensa y Seguridad
para habilitar a las fuerzas armadas a actuar en conflictos internos, etc., son
sólo algunas de las propuestas a las que me refiero; adelanto que con muchas de
ellas coincido totalmente.
Milei
contradice a tal punto al mencionado teorema que resulta necesario preguntarse
si él mismo, que obviamente carece de estructura territorial para apuntalar su
candidatura, de un contundente equipo técnico
para asumir los cargos principales de la administración pública (que, de todas
maneras, se zanjaría por la vocación tan argentina de correr presurosos en auxilio
del vencedor), de la cantidad de fiscales necesarios en todo el país para
defender sus boletas y carecerá de un número importante de legisladores, lo
cual lo obligaría a negociar permanente sus leyes, quiere llegar ahora a la
Presidencia o sólo incorporar una treintena de diputados (en la Ciudad y la
Provincia de Buenos Aires) para hacer crecer fuertemente su espacio de derecha
y condicionar al próximo gobierno, reservándose (como seguramente hará Sergio
Massa en sus antípodas) para el siguiente turno electoral, dentro de cuatro
años.
El
jueves, Cristina Fernández fue la única actriz en un show conducido por un muy
reciente y fanático converso; obviamente, no se le formularon preguntas
incómodas pero, aún así, después de reiterar sus muletillas habituales (los
medios concentrados, el “partido judicial”, la inexistente proscripción, el FMI
como único responsable de esta estanflación que nos lacera), hizo algunos
guiños menos previsibles: ponderó en Sergio Massa haberse hecho cargo de la “papa
caliente”, pero aclaró que en los únicos en quienes confía completamente son su
tan laborioso hijo Máximo, Eduardo Wado de
Pedro y Andrés Cuervo Larroque.
O
sea que, tal como suponíamos, el innegablemente audaz Aceitoso, aún si quisiera sostener una candidatura imposible en
medio del caos económico en que el demencial populismo sin dólares del modelo
kirchnerista y su propia impericia nos han sumido, no podrá contar con el dedo dictador
de la jefa del espacio para apuntalar sus pretensiones; éstas, por lo demás, habían
encontrado un auto-límite importante en la necesidad de disputar las PASO con otros
contendientes, ya que una de sus condiciones excluyentes era ser ungido como
único representante del Frente de Locos.
Mucho
más preocupante en el discurso de Cristina Fernández fue su desligitimación
previa al gobierno que asumirá en diciembre al cual, por estar ella “proscripta”
y extender ese estado a todo el peronismo (para fundamentarlo utilizó los vetos
judiciales a las inconstitucionales re-reelecciones de Sergio Uñac y Juan
Manzur) negará representar al “pueblo”, tal como hicieron ya varios de sus más salvajes
lenguaraces, como el ínclito asesor papal Juan Grabois o Mario Secco,
Intendente de Ensenada, quienes directamente amenazaron al futuro y proyectan
hacerlo saltar por los aires mientras corren ríos de sangre en las calles, en
caso de que el Frente perdiera las elecciones, algo altamente probable. Me sigue
sorprendiendo que ningún fiscal tenga el coraje de denunciarlos por apología
del delito y por alzarse contra las instituciones, una conducta en la que ha
incurrido hasta el propio Caracol que
se auto-percibe Presidente.
Bs.As., 20 May 23





