domingo, 15 de enero de 2012

Después del "falso positivo"

Después del “falso positivo”







“La política es el arte de servirse de los hombres


haciéndoles creer que se les sirve a ellos”
Louis Dumur









Ahora que, gracias a Dios y más allá de los dimes y diretes que se suscitaron entre los médicos, ha desaparecido de nuestro horizonte el cáncer que pareció haber afectado a nuestra Presidente, con el natural revuelo que dicha noticia produjo en todo el mundo, creo que corresponde reflexionar sobre qué hubiera podido pasar si el diagnóstico anunciado por el vocero presidencial el 27 de diciembre de 2011 hubiera sido correcto.

Por primera vez desde que el kirchnerismo es gobierno, algo falló en el maravilloso sistema de comunicación de la Casa Rosada, lo cual ha permitido que surgieran todo tipo de versiones conspirativas, que van desde una burda pantalla para ocultar una mera cirugía estética hasta la presencia de un cáncer extendido, con metástasis incluidas. Muchos otros han comenzado a hablar de la yeta de doña Cristina.

Desde que la señora de Kirchner abandonó el hospital, cada uno de nosotros ha recibido todo tipo de comentarios y de preguntas, tanto locales cuanto originadas en el extranjero. Casi todas ellos provienen, además, de fuentes tales como “alguien que estuvo en el quirófano”. Si esas fuentes existieran, cabría suponer que la sala de operaciones debió contener, ese día, una multitud cercana a los cincuenta médicos y auxiliares.

Pero volvamos al tema institucional y político. Lo primero que sabemos es que, si la señora de Kirchner no pudiera reasumir sus funciones, nos dejaría en un barco altamente complicado, en medio de una furiosa tormenta, y comandado por un mal guitarrista de rock, capaz de realizar giros copernicanos con su pensamiento, yendo de una a otra antípoda.

¿Qué sucedería sin don Amado, nuestro ninguneado Vicepresidente actual, debiera sentarse en el sillón de Rivadavia?

La Cámpora, ese engendro pretendidamente heredero de la “juventud maravillosa” de los 70’s, es básicamente un núcleo duro, formado por algunos jóvenes profesionales, que carece de ideología pero que dedica todos sus esfuerzos, que no son pocos, a tomar el poder para, desde allí, aplicar teorías económicas fracasadas hace más de un siglo y beneficiarse con ello. Claro que, en el camino, lucran con canonjías diversas, muy bien rentadas por cierto, y aparecen como una verdadera guardia pretoriana de doña Cristina.

En ese proyecto gramsciano, La Cámpora ha dado muestras –en Santa Cruz y en la Provincia de Buenos Aires- que no le resultan suficientes las credenciales que los gobernadores puedan exhibir en materia de votos, ni su rastrero servilismo a la dinastía de los Kirchner. ¿Considerará, llegado el momento, a don Boudou “propia tropa” o, por el contrario, intentará “entornarlo” para someterlo por completo a sus designios?

La primera parte de la pregunta debe descartarse de plano, pues le daría un poder real que lo convertiría, necesariamente, en el nuevo jefe del conglomerado. La segunda, entonces, aparece como más factible, toda vez que don Amado ha dado acabadas muestras de genuflexión pero ¿mantendrá esa sumisión o peleará por controlar de verdad al país?

Por su parte, la pretendida jefatura del joven Máximo no consigue, pese a todo el trabajo realizado por don Carlos Chino Zannini para encumbrarlo, resistir el menor análisis. Se trata de un chico –es menor que mis propios hijos- que, más allá del parecido físico con don Néstor (q.e.p.d.) no cuenta con las “uñas de guitarrero” necesarias.

También a su respecto, y dado que jamás ha hablado en público y se ha mantenido recluido en Río Gallegos, han surgido todo tipo de versiones, ninguna de ellas halagüeña. Este muchacho, que sí luce capaz de administrar y engrosar la ya cuantiosa fortuna familiar, por lo menos la parte que se ha transformado en ladrillos sureños, no está preparado, ni académica ni prácticamente, para actuar en un primer plano político. Creer lo contrario implicaría pensar que esas condiciones son hereditarias, cuando la Historia enseña que, en general, no es así (en caso de duda, preguntar a Ricardito).

Tampoco es posible creer que, si hubiera habido un desenlace de este tipo en la salud presidencial, se repetiría en la Argentina lo que sucedió en Leningrado en octubre de 1917. Imaginar que La Cámpora puede transformarse en un soviet triunfador es pedirle demasiado, dada la complejidad del escenario político argentino.

¿Qué queda, entonces? Poco. El cristi-kirchnerismo no tiene, como hemos visto, absolutamente a nadie capaz de heredar el poder de la Presidente y, mucho menos aún, de obtener el respaldo monolítico que ella obtuvo. El sistema de poder montado sólo admite, en su vértice, a una persona.

Y las segundas líneas comenzarían a matarse entre sí, figuradamente hablando claro, al día siguiente de un anuncio de una enfermedad terminal. Si yo estuviera en el lugar de La Cámpora, demoraría todo lo posible comunicar algo así, porque hoy todavía me sentiría débil frente a los formidables enemigos que aparecerían segundos después.

Cuando dije -¡qué aburrido volver sobre el tema!- que doña Cristina no se presentaría, hubo muchos que me respondieron que sí lo haría, para renunciar poco tiempo después pero, en el ínterin, recuperar los bienes en manos de testaferros de don Néstor (q.e.p.d.). No les creí entonces, y sigo sin hacerlo, pese a que la sucesión de episodios de baja tensión arterial, lipotimias y sofocos, amén del falso positivo cáncer, pueden estarles dando la razón.

Desde otro ángulo y siempre en ese esquema imaginario de acefalía, ¿hay alguno entre los opositores capaz de recibir la papa caliente que el cristi-kirchnerismo dejaría? La respuesta, tajante, es que no. Por lo menos hoy. Pero, en las crisis, siempre aparece un espontáneo que consigue liderar el descontento. En este sentido, lo más grave es, como dije, que la mayoría de los argentinos, malformados por muchos años de populismos, tiene vocación por una mayor participación del Estado en la economía y, en el fondo, no ve con malos ojos a las distintas medidas adoptadas hasta ahora, que tanto dolor nos costarán en el corto y mediano plazo.

Basta recordar, para confirmarlo, que cuando don Néstor (q.e.p.d.) prohibió, en 2006, las exportaciones de carne vacuna para “proteger y priorizar la mesa de los argentinos” –presumo que ignorando que los cortes exportables no son los que se consumen aquí- logró liquidar stocks ganaderos por doce millones de cabezas, reducir significativamente la ingesta por habitante y, al día de hoy, que el producto se haya transformado en prohibitivo.

Que, además, ello haya implicado la pérdida de los cincuenta y ocho mercados abiertos con gran esfuerzo y que ni siquiera podamos cumplir la cuota Hilton por la que tanto peleamos, y permitido a Uruguay, Paraguay y Brasil exportar más que nosotros, pueden considerarse, en la filosofía de don Guillermo Patotín Moreno como meros daños colaterales. ¡Así nos va!

La otra aguerrida oposición surgirá, con las paritarias y ante la inminente amenaza de confiscar los fondos de las obras sociales, del sector gremial. La chicana de Barrionuevo a Moyano, para que éste declare un paro nacional o se vaya, no hace más que expresar la actitud que los caciques de toda laya llevarán a la mesa de discusión de los salarios. Dudo que exista alguno capaz de firmar un aumento menor a la “inflación de las góndolas”; todos han aprendido que ya el horno no está para bollos –les han enseñado desde el Pollo Sobrero, en el ferrocarril Sarmiento, hasta los delegados del subte- y las bases no lo aceptarían.

Doña Cristina, más allá de sus públicas declamaciones de repudio (ver http://www.youtube.com/watch?v=LgkBWVMNbCE), está aplicando el ajuste más severo que el país recuerda desde el lejano “rodrigazo”, y lo que se ve –control de importaciones de don Patotín incluido- no es más que la punta de un iceberg feroz.

Convengamos en que marzo será el mes más complicado –mucho más que abril de 2008, cuando se desató la pelea del campo por su supervivencia- que habrá visto el “modelo” desde su entronización a nivel nacional. Y lo será porque el ajuste –la “sintonía fina”- golpeará de lleno en el bolsillo de la clase media, que deberá enfrentar, al mismo tiempo, los impuestazos en los servicios públicos y energéticos, los aumentos en las tasas municipales, los mayores costos del transporte, la brutal inflación que no cede, y su repercusión en colegios y prepagas médicas.

Porque, sencillamente, la plata se acabó, justo cuando llegó el momento de pagar la cuenta de una prolongada y dispendiosa fiesta. Para conseguir fondos internacionales, la Presidente debiera dar marcha atrás, reculando en chancletas, sobre todos los grandes titulares con los que el kirchnerismo se ganó las primeras planas y el aplauso de un montón de imbéciles: la relación con el FMI, el sinceramiento de las estadísticas, el falso desendeudamiento, el arreglo con el Club de París y con los holdouts y el pago de las sentencias del CIADI.

Sólo recorriendo esos caminos inversos el Gobierno podría aspirar a volver al mercado de crédito voluntario internacional; si lo hiciera hoy, se vería obligado a pagar una tasa de interés –el “riesgo país”- que duplica a la que se aplica a nuestros vecinos.

Tampoco puede ya recurrir a don Hugo Papagayo Chávez para conseguir apoyos; muy por el contrario, el caribeño está logrando cobrar –para sí y para sus socios argentinos- las cuantiosas facturas por la venta de un fueloil que Venezuela no produce, y que es de peor calidad que el que Argentina exporta, eso sí, a precio menor que el pseudo venezolano.

Porque, hay que decirlo con todas las letras, la enorme crisis que se nos viene encima es producto exclusivo y excluyente de la monstruosa corrupción de este “modelo”. El kirchnerismo ha demostrado ser, en verdad, un estadio superior de cualquier gobierno anterior, en lo que a este flagelo se refiere.

Al mantener congeladas las tarifas energéticas durante ocho años y medio, don Néstor (q.e.p.d.) y doña Cristina hicieron que en Argentina se dejara de explorar y producir petróleo y gas. Entonces, el país –hasta entonces exportador neto, y uno de los más dependientes de este fluido para la generación de energía- debió importarlos, a precios cada vez más altos y en operaciones cada vez más oscuras, manejadas sólo por algunos funcionarios de èlite.

¿Qué es, sino corrupción y enriquecimiento ilícito, la importación de fueloil descripta más arriba? ¿Qué licitación fue realizada antes de comprar gas licuado a Qatar por veinte años y endeudarnos en cincuenta mil millones de dólares? ¿Qué cifras hacen públicas Cammesa y Enarsa por las compras actuales del fluido y por el alquiler de los barcos regasificadores instalados en nuestros puertos?

Para saber de qué hablamos, debemos entender que el gasto oficial en la importación de energía es la caja mayor por la cual, aún en épocas de vacas flacas, quienes pretendan heredar a la señora de Kirchner estarán dispuestos a matarse y morir. Son cifras que convertirían a Bill Gates en un pobre de solemnidad; ¿resulta imaginable que los que rodean a la Presidente la cedan pacíficamente a otros?

En fin, se trata sólo de especulaciones, generadas a partir de la pésima forma en que las dolencias presidenciales fueron comunicadas, que tendrán un altísimo costo para la ciencia médica argentina, en general, y para el Dr. Saco y su equipo, en particular. Espero que, al menos, los honorarios cobrados por la operación lo justifiquen.




Bs.As., 15 Ene 12


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domingo, 8 de enero de 2012

Hugo Chávez 0 - Gauchito Gil 1

Hugo Cháves 0 – Gauchito Gil 1




“Cuando la pobreza entra por la

puerta, el amor sale por la ventana”.

Thomas Fuller



El Presidente venezolano anunció, días atrás, el descubrimiento de un complot estadounidense para agredir, con cánceres de distinta índole, a los líderes latinoamericanos afines con su “socialismo del siglo XXI”. Que metiera en esa bolsa a Lugo y, sobre todo, a Dilma Rousseff, habla a las claras del nivel de inteligencia del ya casi simpático papagayo caribeño.

Sin embargo, al menos en tierras argentinas, nuestro santo local, el Gauchito Gil, que hoy es celebrado, pudo más que don Hugo y consiguió el milagro más inesperado: doña Cristina no tiene, ni tuvo, esa desagradable enfermedad y, por el contrario, goza de una envidiable buena salud. Lamentablemente, también convirtió a nuestra ciencia médica en el hazmerreir del mundo entero.

Nada ni nadie podrá criticar, en mi presencia, al sistema de comunicación de la Casa Rosada. Los trágicos anuncios y los confusos partes médicos, tan aplaudidos hace pocos días por resultar una valiosa modificación en la tradicional desinformación gubernamental, se han revelado como lo que, en verdad, fueron: una cortina de humo destinada, con éxito, a ocultar las fabulosas operaciones inmobiliarias de la señora Presidente y los ajustes nacional y provinciales y a mojar, transitoriamente, la pólvora a los líderes gremiales de toda índole.

También puso en blanco y negro una sospecha generalizada: la brutal lucha por el poder interno en el cristi-kirchnerismo que, a partir de ahora, ya no abandonará las páginas de los diarios, se trate de los santacruceños, de los rionegrinos, de los cordobeses o de los bonaerenses. El pobre don Daniel Scioli seguirá sufriendo los embates de su Vicegobernador -¿no llama la atención que lo criticado en Cobos se aplauda en don Mariotto?-, y el solitario don Peralta deberá hacer malabares para que la dupla Máximo-Ulloa no lo expulse de Río Gallegos.

Más allá de las rencillas entre La Cámpora -¡cada vez funciona mejor como agencia de colocaciones, con altas remuneraciones!- y los aparatos locales del ex PJ, que tan útiles le resultaron a don Néstor (q.e.p.d.) para construir su fantástica maquinaria de poder, me parece que la dura y pura realidad, aletargada por un breve lapso por la magnificada internación y cirugía de doña Cristina, ha comenzado a mostrar su peor rostro.

En materia de ingresos fiscales, La Niña se ha transformado en un verdadero ciclón en contra del “modelo”. Si las previsiones que hoy manejan todos los expertos en materia agropecuaria se concretan, el descenso en el volumen de las cosechas implicará una disminución muy grave de recursos, en un año que éstos se volverán un bien muy escaso.

El espanto frente al Ajuste, con mayúscula, instrumentado por el Gobierno pero enmascarado tras la “sintonía fina”, la “reasignación de recursos”, y las “naturales tensiones producto del crecimiento”, ha hecho que se junten don Hugo Camión, don Luis Barrionuevo, la CTA de Micheli, Barrios de Pie (los piqueteros desilusionados con los K), los ruralistas de Venegas y ATE.

Con la mirada fija en qué sucedía dentro de los muros del Hospital Austral, pasó casi desapercibida –salvo para sus directos destinatarios- la mención a la “revisión” a la que serán sometidos los sueldos de los empleados públicos. Don Piumato, funcional además a la estrategia de don Hugo Camión frente a la Casa Rosada, ya cruzó al Gobierno diciendo que éste pretende “demonizar” esos salarios. Entonces, sólo falta saber cuándo el oficialista don Andrés Rodriguez, enriquecido líder de UPCN, presionado por sus bases, se verá forzado a presentar su pedido de incorporación al club de resistentes.

La viuda de Kirchner está convencida –pese a las enseñanzas de la historia- de que logrará torcerle el brazo a los caciques gremiales, y obligarlos a aceptar ajustes menores que impliquen un marcado deterioro frente a la inflación que, día a día, devora planes sociales y salarios. En Madrid se puso de moda, con los indignados de Puerta del Sol, un dicho que pronto podría ser escuchado en estas tierras: “cada vez queda más mes cuando se acaba el sueldo” y las amas de casa pueden explicar, con más claridad que cualquier Indec o medición privada, qué significa el índice de las góndolas.

El mes de febrero, con la obligada paritaria de los docentes, traerá los primeros cimbronazos a nivel nacional en materia de puja porque, a pesar de que la Nación negocia no debe afrontar salario alguno en la actividad, las arcas provinciales, que son las que deberán pagar los aumentos, están absolutamente exhaustas. Y, en marzo, el problema se expandirá al resto de los sindicatos, que seguramente confirmarán la frase que encabeza esta nota.

Consciente de la falta de recursos generalizada por el agotamiento de las cajas habituales, pero obligado a gastar cada vez más para importar todo tipo de combustibles y para mantener sueños idiotas como Aerolíneas Argentinas, el Gobierno ha descargado un brutal impuestazo sobre una población que ya sufre una desmadrada presión fiscal, en pago de servicios públicos cada vez peores, mientras que, contemporáneamente, se niega a aumentar el nivel del mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias, que se ha constituido en un verdadero dislate.

Para verlo con claridad basta con reflexionar acerca de la aplicación del cargo por importación de gas, que se ha decidido prorratear entre todos los meses del año, para evitar que su concentración en el invierno dispare el monto de las facturas hasta cifras impensables y, sobre todo, impagables.

Es por eso que, presumo, el humor social que tan alto mantiene hoy la imagen presidencial, cambiará de dirección, como ha sucedido en todos aquellos países y todos aquellos momentos en que la economía deja de acariciar los sueños de los ciudadanos y comienza a aniquilarlos.

El cristi-kirchnerismo, especialmente en materia energética, ha cometido todos los crímenes posibles contra la economía, pretendiendo transformar sus inmutables leyes a fuerza de discursos y relatos.

El año 2012, con su aterradora carga de problemas, internos y externos, nos hará comprender a todos el tamaño de la oportunidad que don Néstor (q.e.p.d.) y doña Cristina dolosamente desperdiciaron -con el único propósito de concentrar los recursos para generar poder- para invertir en infraestructura, ampliar la exploración y la producción de hidrocarburos, mejorar la red caminera, recrear los ferrocarriles, construir hospitales, escuelas y viviendas, dotar al país de las inversiones extranjeras indispensables para su verdadero desarrollo, ampliar la capacidad de generación de energía, y tantos otros temas que, cuando se juzgue sus gestiones, les acarrearán seguros aplazos, salvo que, además, Dios y la Patria, finalmente, se decidan a demandarlos.

Quienes han seguido mis notas seguramente recordarán el pronóstico más erróneo que formulara desde que comenzara a analizar la realidad argentina y sus curiosidades. Me refiero, obviamente, a la nota que titulé “No se presentará”, publicada el 14 de marzo de 2011.

Esa columna, amén de costarme una burrada en materia de apuestas perdidas, contenía las razones por las cuales, a mi criterio, doña Cristina decidiría dar un paso al costado y pasar a disfrutar de los dineros que su sociedad conyugal le había proporcionado. En el análisis estrictamente político, es claro que me equivoqué fiero.

Sin embargo, las razones económicas que describí entonces como impulsoras de la imaginada decisión de doña Cristina se han visto confirmadas por la implacable realidad, y hoy se ven agravadas por la crisis externa y por la sequía. La pobreza está entrando por la puerta de la casa argentina; ¿qué sucederá con el amor?






Bs.As., 8 Ene 12





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lunes, 2 de enero de 2012

Aunque deje en el camino jirones de mi vida

“Aunque deje en el camino jirones de mi vida …”








“Si las lecciones de la historia nos enseñan algo es que



nadie aprende las lecciones que la historia nos enseña”





Según parece, el verano de 2012 se convertirá en uno de los más intensos desde aquel enero de 2002, en el que Argentina se asomó al borde de un mortal precipicio. Ni siquiera el último, con la ocupación y la represión en el Parque Indoamericano resultará comparable.

El Gobierno, dando una muestra más de la excelencia de su sistema comunicacional, hizo gala de un timing perfecto a la hora de anunciar la próxima cirugía a la que será sometida la Presidente –como católico, ruego por su pronta recuperación- para extirparle un cáncer de tiroides, descubierto presuntamente varios días antes.

Y doña Cristina, con su histrionismo habitual y con el metálico perfil de Evita como fondo, impuso en su primera aparición posterior el obligado recuerdo a las circunstancias en que fuera pronunciada la frase que da título a esta nota.

El momento elegido permitió que el Gobierno ignorara –y mantuviera fuera del público conocimiento- la tapa del diario “Libre” del día anterior, que denunciaba una nueva y escandalosa compra de inmuebles por parte de doña Cristina, esta vez en el “concheto” barrio de Puerto Madero, por unos catorce millones de pesos.

El pobre Juan Pablo Feinmann, en una entrevista para “La Nación”, cometió un inperdonable sinceridio al decir que es “muy incómodo adherir al gobierno de dos multimillonarios que te hablan de hambre” (ver http://tinyurl.com/82zopvc). Sin embargo, ese exabrupto permitió saber que los intelectuales que integran Carta Abierta ven con claridad la realidad, pese a que la niegan para adecuarse al “relato” oficial.

El anuncio también mojó la pólvora a don Hugo Camión, que había amenazado con un paro general para el jueves 29 o el viernes 30 de diciembre, si las patronales del transporte no se avenían a pagar a sus afiliados un bono de dos mil quinientos pesos.

El último subproducto del anuncio del cáncer fue hacer pasar desapercibido el fallo del Juez Ercolini, que sobreseyó la causa en la que se investigaba el fabuloso contrato de alquiler que vincula a don Relats con los Kirchner, referido al Hotel Los Sauces, en Calafate. Por lo que se sabe, al Juez no le pareció extraño que el recientemente próspero empresario pagara un canon que, aún con ocupación completa, le resultaría ruinoso.

Finalmente, también le resultó útil al Gobierno en el campo de su batalla contra la prensa, ya que mandó a las páginas interiores de los diarios el feroz e ilegal allanamiento a Cablevisión y la inhibición general de bienes al diario “La Nación”. Éste último, con el obvio acompañamiento de “Clarín”, se rasgaron las vestiduras por los atropellos de la Justicia a los derechos individuales, de personas y empresas.

Pero lo curioso de la reacción de los medios afectados por esas medidas y, sobre todo, por la ley que declaró de interés público la producción y distribución del papel de diario (Papel Prensa S.A.), fue el llamado a la población para que exigiera el respeto a esos inalienables derechos, con el argumento –totalmente correcto, por cierto- de que el Gobierno luego iría por los demás.

Y digo que resultó curiosa porque no leí ni escuché a esos medios protestar, con idénticos argumentos, cuando todo el sistema jurídico de la República fue destruido con el solo propósito de perseguir a las fuerzas armadas y de seguridad en su conjunto, haciendo que el Congreso anulara leyes antes sancionadas y desconociera los principios de legalidad, de jueces naturales, de inocencia y de ley anterior al hecho del proceso.

Y sucedió, entonces, lo natural. No protestaron cuando se llevaron a los militares, porque ellos no eran militares. Ahora, que se llevan a la prensa y a los periodistas, se asombran porque los ciudadanos no reaccionan, pero éstos no son dueños medios ni ejercen dicha profesión.

Pero en materia de episodios luctuosos, estos primeros días del segundo mandato de doña Cristina parecen destinados a batir todos los records. El primero de ellos fue, como todos sabemos, la extraña muerte de Iván Heyn mientras, al menos en teoría, practicaba el onanismo con variaciones peligrosas. ¿Resulta creíble que un joven funcionario, con muy promisorio futuro, sufra una irrefrenable compulsión a masturbarse mientras acompaña a la Presidente a una cumbre regional?

A los pocos días, otro funcionario consular destinado en Yacuiba, Bolivia, la capital de la porosa frontera norte por la cual ingresan a la Argentina cantidades enormes de droga, también aparentemente se suicidó, colgándose con una sábana. La zona, deliberadamente ninguneada por el ínclito don Anímal Fernández y desguarnecida aún más por doña Nilda Garré para mandar a los gendarmes a dar seguridad en el Gran Buenos Aires, permite suponer que hubo, de por medio, vueltos no rendidos.

Y las primeras horas del 2012 trajeron la noticia de la muerte de Carlos Soria, Gobernador de Río Negro, asesinado –también aparentemente, pues no ha sido siquiera indagada- por la única persona que se encontraba con él, su mujer.

Hoy también ha trascendido la súbita desaparición del Intendente de Catriel, en la misma Provincia, sin que el hecho haya merecido aún explicación alguna.

Los argentinos, tan afectos a las teorías conspirativas –causadas por el nulo prestigio de nuestra Justicia- están, a esta hora, tejiendo todo tipo de novelescas razones para hilvanar todos los casos.

Lo que debiera haber sido la luna de miel de la Presidente con la ciudadanía, los primeros cien días de cada gobierno, fueron marcados por las batallas internas pero públicas libradas dentro del Frente para la Victoria en las legislaturas de las provincias de Buenos Aires y de Santa Cruz.

En ambos episodios, pródigos en violencia y en heridos, participó esa curiosa agrupación de idealistas, La Cámpora, que la Presidente ha transformado en su guardia pretoriana.

Resulta llamativo que esos jóvenes, que han elegido al delegado de Perón como referente histórico, no perciban que nadie se parece más a él que el mismo don Scioli, cuyas muestras de lealtad, servilismo y auto-humillación compiten de igual a igual con aquéllas que adornaban al dentista de San Andrés de Giles. ¿Nadie puede imaginar a don Danielito, si la Presidente le preguntara la hora, responder “la que usted quiera, señora”?

Hoy, no parece resultar óbice para el permanente ataque que sufre de manos de don Mariotto, el comisario político ungido como Vicegobernador, el hecho de haber obtenido más votos en la Provincia de Buenos Aires que la propia doña Cristina. Ésta, por su parte, continúa con la fea costumbre de mal pagar a sus aliados de otrora; si no, que lo digan don Alberto Fernández, con Hugo Camión, don Jorge Brito y hasta don Magnetto.

En Santa Cruz, La Cámpora no ha querido asumir el costo político de las medidas de ajuste que apoyó hasta el mismo día de su discusión en la Legislatura, y dejó a don Peralta, el Gobernador que la señora de Kirchner ni su hijo quieren, más solo que Adán en el día de la madre.

La Provincia, como tantas otras desde hace ocho años, ha compensado parte de los desastres de la administración nacional y la crisis social de ellos derivada incrementando masivamente la nómina de empleados públicos. Hoy, en épocas de vacas flacas, cuando ya el dinero no alcanza y la Casa Rosada lo guarda para sí, esas mismas provincias se han transformado en verdaderas ollas a presión, a pesar de no haber llegado aún a ellas el ajuste tan temido.

Aparece así el segundo enemigo real que el “modelo” tiene enfrente: la economía. En este caso, los momentos claves llegarán a principios de marzo pero, si la sequía que hoy afecta a la zona “núcleo” persistiera, la escasez de dólares provenientes de las exportaciones de soja podría agravar el panorama.

En ningún caso la situación macroeconómica puede compararse a la de diciembre de 2001; Argentina está, como toda Latinoamérica, salvo Venezuela, mucho mejor que entonces. Sin embargo, el “modelo”, que se ha caracterizado por navegar con un enorme viento a favor, sobre todo externo, debiera prepararse para hacerlo en épocas menos propicias.

No parece una buena receta la centralización de todas las decisiones económicas en manos de doña Cristina y, mucho menos, que ésta reciba consejos, casi siempre contradictorios, de tantos funcionarios de tan diferentes visiones: Boudou, Bossio, Lorenzino, Moreno, Marcó del Pont, Fábrega, etc. Resultaría harto más aconsejable designar al frente del timón económico a alguien capaz de controlar la nave cuando el temporal de la crisis llegue a nuestros mares.

Mientras tanto, don Amado estará a cargo del Poder Ejecutivo desde pasado mañana, vigilado de cerca por don Zanini y don Máximo, quien aparentemente dejaría por un tiempo la administración de los cuantiosos e injustificados bienes familiares para cuidar la herencia política, también inexplicable.

En fin, tendremos, desde todos los ángulos un verano muy caliente por delante. Esperemos que la Argentina no termine por derretirse.







Bs.As., 2 Ene 12



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lunes, 26 de diciembre de 2011

Si la muerte pisa mi huerto

Si la muerte pisa mi huerto




“La libertad es un lujo que no


todos pueden permitirse”.


Otto von Bismark




La libertad en la Argentina aún no ha muerto, pero se encuentra en terapia intensiva, con pronóstico reservado.

A partir del 10 de diciembre, cuando las mayorías cristi-kirchneristas ocuparon sus bancas en ambas cámaras del Congreso, a las cuales se sumaron en un alegre jolgorio los aliados “progresistas”, el Parlamento argentino ha degradado aún más su papel, cayendo en la más abyecta obsecuencia. Eso le ha permitido actuar como mero colocador de sellos de aprobación, sin fingir siquiera debates, en proyectos de ley que, enviados por el Poder Ejecutivo, cercenan los más básicos derechos humanos de los argentinos.

Resulta válido citar aquí a José Enrique Miguens, ese sociólogo y pensador con mayúsculas, recientemente desaparecido: “Sólo faltaría, para completar el cuadro, autorizarlo a aplicar penas de prisión para consolidar su dominio total. Pero pienso que no lo necesita, porque tiene medios, mediante sus patotas a sueldo en todo el país, para atemorizar a la gente e impedir hablar a sus oponentes”. Porque, desde ayer, según ese infame personaje que preside la UIF, don Sbatella, la ley antiterrorista sancionada la semana pasada lo permitirá.

La nota de Miguens, “Darse Cuenta”, que por su excelencia he mencionado en muchos de mis artículos y que insisto en poner a disposición del lector, si me la pide, es de una claridad meridiana, y utiliza la triste historia del final de la República de Weimar para, en ese momento, predecir el futuro nacional. Doña Cristina y, sobre todo, la anomia de los argentinos, lo han confirmado en el presente.

Ya el Presupuesto 2012, con su sanción, implicó la convalidación de gigantescas falsedades –inflación, crecimiento, etc.- que facultarán a la señora Presidente continuar, si las circunstancias exógenas lo permiten, disponiendo a su exclusivo arbitrio de enormes fondos que, como nos han enseñado desde 2003, serán usados para acumular, si cabe, aún más poder y, con certeza, mayor capacidad para disciplinar voluntades.

Por su parte, la extensión de una ya injustificable emergencia económica, que permite tanto el abusivo uso de los decretos de necesidad y urgencia cuanto la facultad al Jefe de Gabinete de reasignar partidas, desnuda la realidad esencial de ese Presupuesto -que, debiéramos recordarlo todos, es la “ley de leyes”- al demostrar que se trata sólo de papel pintado.

La ley de transparencia financiera, defendida por el oficialismo como un requisito de la comunidad internacional para excluirnos de la lista de los países tolerantes del lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas, de la corrupción y del terrorismo, y sancionada luego de incorporar al proyecto una norma de protección a la protesta social, en manos de un demente como Sbatella, que no reconoce límite alguno a la hora de cumplir, “con obediencia debida”, todos los deseos de sus mandamases, servirá para perseguir a todos los periodistas independientes, cuando éstos describan la realidad económica y ésta no se adecúe al “relato” oficial. Si no es así, ¿por qué el jefe de la UIF dijo el miércoles que los medios de prensa que “aterrorizaran” a la población y se convirtieran en “potenciales instigadores” de corridas bancarias o cambiarias serían catalogados de terroristas?

Hace poco, una brillante cronista e investigadora, Romina Manguel, escribió un libro, “Yo te avisé”, en el cual describe, con precisión quirúrgica, las actitudes y las conductas previas de varios personajes de la historia nacional reciente que, luego, se transformaron en presidentes. Y se pregunta por qué los argentinos protestamos cuando, al ejercer la primera magistratura, simplemente hicieron lo mismo.

Cualquiera que haya seguido con algún detenimiento el proceder de don Néstor (q.e.p.d.) como Gobernador de Santa Cruz frente a la prensa local, tiene en sus manos las pruebas de los crímenes que, contra la libertad de ésta, cometerá doña Cristina utilizando la mentirosa ley de regulación de la producción y distribución del papel de diario, sancionada por este pseudo Congreso de la democracia el jueves.

Si no bastara con ello, también podría recurrir a la conducta de ambos Kirchner en lo que al manejo de la publicidad oficial se refiere; medios adictos, aún cuando su tirada sea absolutamente insignificante, reciben el masivo y cuantioso apoyo de la Casa Rosada, que se niega –desconociendo así una sentencia de la Corte Suprema- a incluir esa publicidad en los órganos de prensa que disienten con el “relato”.

No resulta superfluo recordar aquí el texto del artículo 29 de la Constitución Nacional: “El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria”. Es un sayo complicado y cae sobre todos los legisladores que, a lo largo del oscuro período kirchnerista, han transformado estas prohibiciones y nulidades en una costumbre genuflexa y permisiva, pero lamentablemente dudo que alguna vez tengan que comparecer ante el tribunal de la Historia.

Con un Congreso en el cual las mayorías, más automáticas que nunca, ignoran por completo a las minorías, culpa de lo cual también recae en éstas mismas, la última trinchera de los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos contra la arbitrariedad del Ejecutivo debiera ser, por imperio constitucional, el Poder Judicial.

Pero estamos hablando de un poder que, encabezado por esta corta Corte, presidida por don Lorenzetti –que ha reconocido, públicamente, aplicar en sus fallos “¡políticas de Estado!” consensuadas con la Casa Rosada- y que tolera que sus sentencias sean olímpicamente ignoradas por doña Cristina –como antes por don Néstor (q.e.p.d.)-, como en los casos del Procurador Sosa, las jubilaciones y el Riachuelo, no parece dispuesto a reaccionar en modo alguno.

Debemos entender, todos, que si de última trinchera se trata, ésta será absolutamente enclenque y débil, ya que se encuentra bajo el férreo control de los comisarios políticos de los Kirchner, sea en el Consejo de la Magistratura –que, con la complicidad de don Fargosi, convalidó concursos fraudulentas y designaciones de jueces indignos-, sea en el Fuero Criminal Federal –algunos de cuyos jueces, que ya estaban en la servilleta de Corach, además están en manos del poder político por su pasado prostibulario o por su presente, enriquecido sin explicación-, sea en la propia Corte –que, sin hesitar y sin vergüenza, tolera que uno de sus integrantes haya sido descubierto como propietario de varios inmuebles en los que se ejercía la prostitución y no le ha requerido explicación pública alguna- y no estará dispuesta a “morir” en cumplimiento de su deber.

Se están cerrando, sobre la libertad de la Argentina, las mismas tenazas que aplicaron el papagayo caribeño en su Venezuela natal, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, los Castro en Cuba y hasta Putin y Medvédev en Rusia.

Lo verdaderamente trágico es que a los argentinos parece no importarles en absoluto esta amenaza, cada vez más concreta, al menos mientras pueden comprar autos, plasmas, vacaciones, fútbol y Tinelli. Masivamente votaron por una democracia degradada –Guillermo O’Donnell la llamó “delegativa”- en la cual los derechos ciudadanos se reducen a emitir un voto cada dos años y, en los entreactos, entregar todo el poder a los electos.

Es cierto; esta misma nota servirá como argumento para decir que aún hay libertad en la Argentina pero, como dije, ya está en terapia intensiva. Falta preguntarse, parafraseando a Serrat, “quien firmará que ha muerto de muerte natural”.









Bs.As., 26 Dic 11

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domingo, 18 de diciembre de 2011

Cristina se fue a la guerra

Cristina se fue a la guerra







“Nunca interrumpas a tu enemigo




cuando está cometiendo un error”




Napoleón Bonaparte






Encaramada sobre el 54% de los votos que obtuvo tal vez limpiamente el 23 de octubre, doña Cristina ha decidido combatir por el “modelo” en todos los frentes a la vez. Quizás porque ignora –como lo ha demostrado tantas veces- la Historia, nada ha aprendido de la Alemania de Hitler que, al abrir el frente oriental, inició el camino de su inevitable derrota.

Tampoco parece recordar la famosa frase de Maquiavelo: “Divide y vencerás”; la reciente pelea que ha desatado contra los gremios, que le resulta indispensable para justificar la futura apropiación de los fondos de las obras sociales, ha conseguido juntar a Moyano con Barrionuevo y Venegas, y hasta De Gennaro ha sumado a esa alianza a su CTA no oficialista.

Saben que no pueden permitir que el Gobierno avance contra uno de ellos, pues sólo será el inicio de un efecto “dominó” que terminará con todos. Tal vez nunca resultará tan verdadera la frase de Borges, “no los une el amor sino el espanto”. Pues bien, la Presidente ha conseguido esa unión, actuando como fórceps en el parto de un frente sindical unido en su contra.

La pelea contra Scioli y algunos de los “barones” del Conurbano, que encarnan, desde el punto de vista de doña Cristina, las posibilidades de resurgimiento del peronismo tradicional –del cual ella se distinguió con el “nosotros” cuando confrontó con Perón en su discurso presidencial- llevó a que se produjeran los graves incidentes en la Legislatura bonaerense, de final aún incierto.

Así, dos nuevos frentes de combate se han abierto en el horizonte cristi-camporista, y ninguno de ellos dejará de producir efectos letales: la pelea por el “territorio” se ha caracterizado por la violencia con que se expresa en la calle, como nos enseña nuestra historia reciente, y doña Cristina no podrá recurrir, con la tranquilidad necesaria, al llamado a la represión de las fuerzas policiales, hartas de sentirse el pato de la boda política, como lo demostrara en el reciente acuartelamiento en La Plata.

Para mantener un ejército en operaciones se necesita mucho dinero, como bien lo sabían los monarcas europeos hasta el siglo XIX, que se veían obligados a hipotecar el futuro de sus reinos ante los bancos prestamistas. Como tantos analistas –entre ellos quien esto escribe- adelantaron en su momento, al terminarse la posibilidad de recurrir a las fuentes habituales de financiamiento –emisión, nuevos impuestos, fondos de las AFJP’s, adelantos del Banco Central y préstamos intra-Estado (Anses, Pami, Banco Nación, etc.)-, el Gobierno se verá obligado a recurrir a su inventiva para mantener a su tropa bien alimentada y con munición suficiente.

Anticiparon –anticipamos- que las posibilidades de nuevas “cajas” eran tres: nacionalizar el comercio exterior, confiscar los fondos sindicales o hacerse con los depósitos bancarios.

Sin embargo, nunca supusieron –supusimos- que doña Cristina, enarbolando ese ya mítico 54%, lo haría simultáneamente. La atribución a don Patotín Moreno de nuevas competencias, incluidas las que quedaron en manos de doña Paglieri, su cómplice en el Indec, agravará el cerrojo demencial a nuestro intercambio de bienes con el resto del mundo; el ninguneo a don Camión Moyano y la persecución al Momo Venegas informan que ha puesto en marcha el segundo proyecto; y los comentarios de don Sabatella y don Heller y la nueva ley de represión al “terrorismo financiero” anticipan que también irá por la nacionalización del sistema bancario.

Una de las explicaciones más plausibles sobre el cruento recorte que la Presidente impuso sobre las pre-candidaturas a legisladores de los hombres de la CGT es que, suponía, éstos resistirían en el Congreso a la peregrina idea de hacerle pagar el costo político del ajuste a los líderes gremiales y la resistencia natural que los mismos tendrían a una eventual apropiación de los fondos de las cajas sindicales, de las cuales proviene todo su poder. La negativa de los pocos que ingresaron a convalidar con su voto la ley anti-Momo le dio la razón.

Con un Congreso que ha reducido su triste papel de escribanía del Gobierno a mero mostrador donde poner sellos, sin siquiera hacer la pantomima de una discusión de los proyectos, doña Cristina cree que puede ir por todo y por todos a la vez. Pero, mal que le pese a don Pacho O’Donnell y a su revisionista instituto, la Historia no se puede cambiar y, menos aún, la realidad.

Es cierto que la apatía generalizada de nuestra ciudadanía, que la lleva a tolerar, mirando para otro lado, cómo se cercenan diariamente sus derechos humanos –la libertad de prensa, en el caso más actual, pero también la salud, la educación y la vivienda dignas, sacrificadas en el altar del Fútbol para Todos y de Aerolíneas Argentinas- debe actuar como un aliciente en el imaginario presidencial. Si todos permiten que la tuerta y falsa política aplicada sobre ese tema desde 2003 haya servido tanto para un roto como para un descosido, ¿por qué detenerse ahora?

Porque, convengamos, los argentinos hemos tolerado todo y, seguramente, doña Cristina cree que lo seguiremos haciendo sin reaccionar de modo alguno.

La enumeración de la falta de límites impuestos por la sociedad en su conjunto al proyecto kirchnerista desde sus albores en mayo de 2003 no puede ser más convincente: la corrupción rampante, la destrucción sistemática de todas las instituciones republicanas, la ignorancia de los fallos judiciales, la discrecionalidad y la arbitrariedad en las decisiones, la prepotencia en la imposición de medidas coyunturales, la inmoralidad de jueces y supremos, el enriquecimiento obsceno de los funcionarios, el crecimiento del tráfico de drogas, la inseguridad, y miles de etcéteras.

Como en todo proyecto totalitario, el culto de la personalidad es un elemento esencial al “modelo”, y a ello obedece la deificación que hoy se pretende de la figura de don Néstor (q.e.p.d.), bautizando con su nombre rutas, plazas, escuelas, teatros, campeonatos … Aún así, quienes soportamos este disparate –que don Camión se ocupó de poner en su lugar en Huracán- nos preguntamos por qué, si Kirchner era portador de las tantas virtudes que ahora se le atribuyen, su desaparición física mejoró -¡en veinte puntos porcentuales!- la imagen de la Presidente.

Sintiéndose la única dueña de los doce millones de votos que la entronizaron nuevamente, doña Cristina pretende reescribir, también, la historia del acto de Plaza de Mayo, cuando Perón expulsó a los “imberbes” de la misma y defendió a rajatabla a los líderes sindicales. En la nueva versión, que seguramente los neo-revisionistas se ocuparán de relatar, los expulsados son los otros, pero también son otros, más rentados y menos ideologizados, los que permanecen en el mítico escenario. La diferencia más notoria, espero, radica en la ausencia actual de armas, pese a que las escandalosas revelaciones de Shocklender a Caparrós confirman las peores sospechas al respecto.

Marzo será un mes clave para descubrir quién –si es que existe alguno- es el real propietario del 54% que aprobó lo actuado y ratificó a la señora de Kirchner en el trono imperial.

Para entonces, habrán terminado las vacaciones, cuando todos gastan más de lo previsto, y el retorno a la normalidad traerá consigo simultáneamente el impuestazo en las facturas de la luz, del agua y del gas, el incremento de las cuotas de las prepagas médicas y de los colegios, los aumentos en las tasas municipales y un marcado crecimiento en los precios del supermercado, además de la obligación de pagar las cuotas de los plasmas, de los autos, etc., que compramos en la fiesta consumista organizada para octubre pasado. En esa cancha se verán los pingos.

Don Hugo Camión sostuvo que sus muchachos representan la mitad del porcentaje del que Ella se siente única dueña. Tal vez lo pueda confirmar, si todos los aumentos que los gremios obtengan se siguen transformando impunemente en mayor recaudación para la caja oficial y si el Gobierno consigue –vaya uno a saber con qué fórmula milagrosa- que las paritarias se cierren por debajo de la real inflación.

Pero lo dudo, ya que los líderes gremiales no comen vidrio y el famoso instinto de supervivencia los tiene entre sus mayores exponentes. No por nada han permanecido tanto tiempo y sobrevivido a tantos gobiernos, el de Perón mismo incluido. Eso me dice que, entre la espada de doña Cristina y la pared de sus bases, optarán por combatir.

Lo mismo sucede en el campo. Después del éxito parcial del Gobierno al cooptar a Buzzi, hay rumores de que éste se verá desplazado de la conducción de la Federación Agraria Argentina, para permitir a ésta reinsertarse en la Mesa de Enlace, que tanta protección brindó a los productores cuando estaba unida. Para éstos, también están sonando los tambores de la guerra.

En fin, doña Cristina va por todos y todas, y está dispuesta a llevarse por delante a los gremios, a los bancos, a los productores y a las libertades de los argentinos. Falta saber, para realizar un pronóstico, si alcanza sólo con la Cámpora y el poder formal para ganar esa guerra, en la cual hay tantos frentes en los que deberá combatir al mismo tiempo, ahora con menos municiones y recursos.

En estos días se cumplen los diez años de un momento en que los argentinos vieron sacudida su tradicional apatía; tal vez sería bueno que la señora de Kirchner pidiera algunos datos al respecto.





Bs.As., 18 Dic 11






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domingo, 11 de diciembre de 2011

Re-empezose del acabose

Re-empezose del acabose





“El político divide a la humanidad


en dos clases: los instrumentos y los enemigos”
Friedrich Nietzsche





Ayer retomó posesión de su cargo su majestad, la señora Cristina Fernández de Kirchner, en un acto que recordó mucho a la autocoronación de Napoleón cuando, en 1804 y rompiendo todo el protocolo, se colocó a sí mismo el símbolo imperial por excelencia.

Si sólo se tratara de una mera informalidad más, a las que “El” era tan afecto, el tema no revestiría mayor importancia. En el marco de lo sucedido la corta semana pasada, en cambio, reviste una relevancia esencial.

Desde el 23 de octubre, cuando la señora Presidente revalidó los títulos obtenidos ya en agosto, la concentración del poder absoluto en sus propias manos se ha transformado en lo más explícito de su discurso.

Los riesgos –que los electricistas conocen muy bien- de trabajar sin fusibles, han sido asumidos por “Ella” con total conciencia: a partir de ahora, todos los aciertos serán propios y exclusivos, pero los errores también.

A la luz de la imperiosa necesidad de inversiones que doña Cristina puso ayer como demanda a los industriales, no parece que la ascensión de don Guillermo Patotín Moreno pueda considerarse una jugada magistral. El Secretario de Comercio –que ha sumado formalmente el área internacional a sus cuantiosas funciones- no es, precisamente, el ideal a la hora de concitar apoyos que se traduzcan en una real ampliación de la oferta de bienes.

Antes bien, todas y cada una de las políticas coyunturales, y la forma de imponerlas, no sólo han sido contraproducentes para el Gobierno y para el país a poco de andar, sino que no hacen más que quitar definitivamente a la Argentina del escenario posible de destinos de inversión extranjera. Nadie, en su sano juicio, invierte en un país en el cual un funcionario –caso por caso, como se ha visto, y privilegiando a los amigos- decide cuál es el margen de ganancia, si las utilidades pueden ser distribuidas, cuáles son los productos sujetos a control de precios y, sobre todo, donde no se puede tener la seguridad de contar con la energía necesaria para los procesos industriales.

Tampoco el nuestro es un Estado que pueda exhibir el respeto a la división de poderes, y donde los jueces den muestra de independencia a la hora de firmar sus sentencias. Esta suma de elementos, todos ellos indispensables y esenciales cuando de decidir inversiones se trata, faltan en la Argentina y el discurso presidencial de ayer no parece encaminado a enmendar ese cuadro. Antes bien, mientras escuchaba a doña Cristina ayer, resonaban en mis oídos las palabras famosas: “Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”.

La señora Presidente puso en palabras las nuevas guerras que pretende desatar en el futuro. Los enemigos recién creados son el Partido Justicialista, el sindicalismo organizado y los actores del sistema financiero. Ya les hizo entrega de las condiciones de rendición que, en realidad, pueden resumirse en dos: fidelidad canina al “modelo” y compromiso unívoco con el “relato”.

Al marcar tan ferozmente la diferencia entre Perón y “nosotros”, dejó en claro que el aparato peronista y sus antiguos líderes no pertenecen, en verdad, a la propia tropa, es decir, desnudó que don Néstor (q.e.p.d.) y “Ella” sólo se han servido de ellos y que, a partir de mañana y tal como demostró con la imposición de los jóvenes candidatos de “La Cámpora” en las listas electorales, deben renunciar a cualquier ilusión de poder real. Falta saber, ya que entre los impulsados a arrodillarse se encuentran mandatarios con caudal de votos propios, si éstos estarán dispuestos a una rendición tan humillante o si, por el contrario, querrán dar pelea con un instrumento archiconocido y eficaz: la “Liga de Gobernadores”.

La otra incógnita es qué harán los grandes caciques sindicales; sobre la cabeza de varios ellos pende la espada de Damocles de las causas por medicamentos y troqueles falsos y el Gobierno, como bien saben, cuenta con la docilidad del juez de pasado prostibulario para hacerla descender furiosamente.

Sin embargo, el peligro que aceptar el techo a los reclamos salariales que la Casa Rosada pretende imponer ha conseguido, como tantas veces en el pasado, abroquelarlos contra el enemigo común. Desde que Oyarbide puso entre rejas al Momo Venegas doña Cristina sabe que no será una pelea fácil. Enfurecida por el apoyo del líder ruralista a Eduardo Duhalde (el bueno), desconoció el acuerdo al que arribara el gremio en paritarias, y pretende quitarle el manejo del RENATRE, el registro que tan eficiente ha resultado para el blanqueo de la actividad y la prestación de servicios sociales a los peones rurales.

Siempre se ha dicho que es peronista la frase: “El que avisa no es traidor”, y ayer doña Cristina les hizo saber que, a partir de ahora, “Ella” será quien decida cuándo se trata de una huelga, y como tal legítima, y cuándo de una “extorsión” o un “chantaje”. En este último caso, además, dejó entrever que no dudará en hacer tronar el escarmiento.

Con Moyano bajo fuego amigo, han cerrado filas para acompañarlo gran parte de “Los Gordos”, la CGT Azul y Blanca, de Luis Barrionuevo, y hasta la CTA, de De Gennaro, que con razón imputa al Gobierno la fractura de esa central. Son extremadamente conscientes de que serán los próximos a los que irán a buscar, y no están dispuestos a recitar el famoso poema atribuido a Bertold Brecht. El jueves, en el acto del Día del Camionero, se sabrá de cuánta munición disponen para el combate.

Luego vienen los players del mercado financiero, también muchos de ellos cómplices, hasta ayer nomás, del matrimonio hoy disuelto por fallecimiento. Más allá del acotamiento natural de la actividad, producto de la fuga de capitales ahora restringida por las medidas policiales de Patotín y por la falta de depósitos en pesos a largo plazo, doña Cristina les enrostra haber ganado como nunca.

Es cierto, pero pretender que acepten sin chistar que esas ganancias se transformen en pérdidas es caer en manos de una infantil ilusión. Por otra parte, los banqueros también son conscientes que, si la realidad continúa poniendo la proa al “modelo” más temprano que tarde se verán obligados a suscribir bonos del Gobierno, es decir, a cambiar los pesos de sus depositantes por papelitos sin valor.

La mención a las “corporaciones” y la aseveración de que no es la Presidente de ellas sino de los cuarenta millones de argentinos fue llamativa: el pueblo, a través de sus representantes en el Congreso, por unanimidad de ambas cámaras, sancionó la ley de protección de glaciares; doña Cristina, para favorecer a la Barrick Gold, la vetó.

Y cuando acusó a las mismas “corporaciones” de las ¿cinco? corridas cambiarias que habría soportado, dejó sin explicación ni argumento a las medidas policiales implementadas por Patotín y Echegaray para reprimir a los pequeños adquirentes de divisas. ¿En qué quedamos?

Una razón más “para sacarse el sombrero” –título de una nota reciente de quien esto escribe- frente al sistema comunicacional del Gobierno es la forma en que ha conseguido ocultar y hacer desaparecer la sensacional derrota –por los esfuerzos destinados a ganar la batalla- que sufrió doña Cristina en las elecciones de Boca Juniors. Que quien haya ganado sea el Presidente más exitoso de la historia del club y no el futuro candidato a opositor mayor de la Casa Rosada, con lo cual podría coincidir, no resulta óbice para percibir la magnitud de lo sucedido.

Para cerrar esta crónica de lo sucedido y pasar a proponer una solución al menos, sólo cabe una mención a las tres exigencias fundamentales que contuvo el discurso presidencial: el levantamiento de las medidas cautelares que traban el desmantelamiento de Clarín y la celeridad que debe imponerse a los juicios llamados “de lesa humanidad”, formuladas a la Justicia, y la sanción de la Ley de Tierras, reclamada con urgencia al Congreso.

Sobre las dos primeras ya he expresado mi posición en notas anteriores. En relación al nuevo ordenamiento de la propiedad inmobiliaria, pergeñado teóricamente para defender la necesidad de producir alimentos, sólo me cabe decir que pretender que, si el propietario es un extranjero, no hará que el bien produzca adecuadamente es una afirmación que no resiste el menor análisis. La única explicación que encuentro para una sandez de ese tamaño es que el propósito real sea hacer bajar, por falta de compradores, el precio de los campos, para que sus funcionarios sigan comprándolos como hasta ahora.

Para la UIA y José Ignacio de Mendiguren tengo una sugerencia antigua (la describí en detalle en http://tinyurl.com/84pgnqa) y bastante simple. Obviamente, otro sinsentido del discurso presidencial de estos días fue la recomendación, que Patotín se está encargando de llevar a la práctica, de “no importar ni un clavo”. Quisiera que doña Cristina me explique a quién le va a vender algo si, a la vez, no le compra; en poco tiempo más, el “modelo” se llevaría puesta a toda la industria argentina, tan dependiente de insumos importados, inclusive de agroquímicos, en el caso del campo.

Lo que hay que hacer para recuperar competitividad es sencillo. Transformar –con crédito subsidiado, si es necesario- a la industria local en una productora de bienes de exportación casi exclusivamente, y en lo posible de altísima calidad y precio consiguiente; a la vez, importar de otros países que producen con menos calidad pero a precio muy bajo (en especial, por los pobres salarios) las cosas que los argentinos más necesitados hoy no pueden adquirir, vgr. ropa, calzado, enseres domésticos, electrónicos. Pretender, por ejemplo, que favorece a la producción nacional que las “fábricas” de Tierra del Fuego sólo armen y embalen televisores y celulares que llegan completos en kits y, además, eximirlas de impuestos, sólo puede ser una gansada o un negociado.

En fin; pronto –mal que le pese a Amadito y su blindaje- llegará a la Argentina el tsunami que ya está golpeando fuerte a Brasil, destino del 24% de nuestras exportaciones industriales. Además, el precio de la soja, nuestro principal productor de divisas, se ha estancado y, probablemente, baje un poco más. La quita de subsidios -que, necesariamente, se trasladará a los precios- repercutirá como varios puntos de inflación, ya la segunda del continente (baste recordar que la “oficial” del Indec ya lo es). Las cajas a las que se recurre en busca de préstamos “intra-Estado” comienzan a agotarse. El gasto público continúa creciendo y la presión impositiva es ya insoportable para la población en general que, además, no ve que la recaudación sirva para mejorar el nivel de prestación de los servicios estatales. La inseguridad, que estuvo absolutamente ausente de las enunciaciones prioritarias que doña Cristina recitó ayer, sigue siendo la mayor preocupación de la población.

Estos son algunos de los problemas que la señora Presidente debe enfrentar desde mañana mismo. Que, para encararlos, no haya nombrado a un verdadero Ministro de Economía con conocimientos y personalidad y, en cambio, haya encumbrado a Patotín y a los chicos a sueldo de La Cámpora, confiere sentido al título de esta nota.










Bs.As., 11 Dic 11


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jueves, 1 de diciembre de 2011

Reculando en chancletas

Reculando en chancletas













“Nunca se miente tanto como antes de las elecciones,







durante la guerra y después de la cacería”.
Otto von Bismark










El Gobierno, como he aplaudido en la nota anterior, ha recurrido a la frondosa imaginación de la cohorte de geniales comunicadores que la Casa Rosada tiene a su alrededor para encontrar palabras que, al menos lo pretenden, nos hagan saber que nada ha cambiado: “reacomodamiento”, “tensiones”, “sensaciones”, y tantos otros circunloquios que los aleje de la realidad, tan temida y escondida.

Pero basta ver qué prometieron hacer los Kirchner y qué está ahora haciendo la viuda del fundador del “modelo” desde que el 54% de los votos la confirmara en el uso –y el abuso- del sillón de Rivadavia por cuatro años más.

En 2006, por ejemplo, don Néstor (q.e.p.d.) prohibió estúpidamente las exportaciones de carne, “para garantizar la mesa de los argentinos”. Lo califico de ese modo porque, al dictar esa medida, ignoraba que los cortes que se exportan no son los que se consumen en el país. Sin embargo, y como predije entonces (ver http://tinyurl.com/7weeevx), la prueba del disparate colosal cometido implicó la liquidación de millones de cabezas de ganado, la pérdida de más de cincuenta mercados conseguidos con esfuerzos y muchas dificultades, la crisis en la industria frigorífica, la desnacionalización de esa industria y, sobre todo, un alza desmedida en los precios de la carne, que redujo enormemente su consumo per cápita.

En 2003, cuando realizó su vuelo triunfal desde Río Gallegos a Buenos Aires, Kirchner se encontró con un país netamente exportador de energía; inclusive, se habían construido líneas de alta tensión para venderla a Brasil y a Uruguay y gasoductos para exportar gas a Chile; hoy, el sentido del tráfico de esos ductos se ha invertido.

Argentina disponía de reservas comprobadas para treinta y cinco años. Hoy, después de tan ¿exitoso? “modelo”, debemos importar combustibles de todo tipo –de menor calidad y mayor precio que los que exportamos- y para atender la demanda interna de gas no alcanza el que compramos a Bolivia (pagando a sus productores allí tres veces más de lo que les pagamos –son los mismos- en el país) y debemos importarlo bajo la forma líquida, a un precio seis veces mayor que el nacional.

La inefable señora Presidente ha suscripto un contrato con Qatar para la provisión de gas licuado por veinte años, que nos ha endeudado en US$ 50.000 millones, obviamente sin dar detalles ni llamar a licitación. Y nos hemos consumido todas las reservas; según Alieto Guadagni, reponerlas nos costaría ¡US$ 300.000 millones!

La sinrazón de esta política, o su verdadera locura, hizo que los precios a los productores se mantuvieran congelados desde hace nueve años, que éstos dejaran obviamente de invertir en prospección de nuevos yacimientos (de allí la caída de las reservas) y en producción, obligando al Gobierno a importar cantidades crecientes de combustibles a precios cada vez más caros. Para dar una idea de qué estoy hablando, las importaciones crecieron hasta alcanzar, en la proyección para 2011, a US$ 8.000 millones y, para 2012, a ¡US$ 12.000 millones!.

Ello nos lleva, naturalmente, al tema de los subsidios, ahora retirados o en vías de serlo. Los brillantes y sonrientes ministros de Economía y de Planificación dijeron la verdad al anunciar estas medidas: las tarifas no subirán al consumidor. Digo que es cierto porque, al menos hasta ahora, no está previsto el reconocimiento de aumento alguno a las compañías productoras, transportadoras y distribuidoras, con lo cual el problema del déficit energético tenderá a empeorar.

Lo que no dijeron con claridad es que, al retirar los subsidios y obligar al consumidor a que pague la diferencia crearon un nuevo cargo –un impuesto- que, ingresando a la caja del Estado, permitirá que doña Cristina siga gastando a su antojo. Sin embargo, existe un grave problema legal que, dudo, ni siquiera esta genuflexa Corte Suprema esté dispuesta a sortear y eludir: en la medida en que se trata de un nuevo tributo, el Poder Ejecutivo no tiene facultades para imponerlo; es más, lo tiene expresamente prohibido por la Carta Magna.

Otro “detalle” es que, en la medida en que total debido será mucho mayor, también se incrementará el monto que, en concepto de IVA, el consumidor deberá pagar a fin de mes. Quien tenga alguna duda al respecto, puede consultar su última factura.

Don Néstor (q.e.p.d.) había prometido -y estaba totalmente convencido de lo esencial de su cumplimiento- garantizar el superávit fiscal. Su viuda y sucesora lo ha hecho polvo, y la Casa Rosada se ha visto obligada a firmar cada vez más vales –verdaderos papelitos sin valor-, que reemplazan al dinero que retira diariamente de las cajas del Banco Central, de la Anses, del Banco de la Nación, etc., a pesar del saqueo a las AFJP’s.

Don Néstor (q.e.p.d.) había prometido –aunque dudo que lo dijera en serio, dada su esencial necesidad política- que su “modelo de inclusión social” terminaría con la pobreza en la Argentina. Sin embargo, según se supo la semana pasada por las informaciones brindadas por la Pastoral Social de la Iglesia y por el Observatorio Social de la Universidad Católica, hay ahora casi más pobres que al final de los malhadados 90’s, y eso que la medición se realizó después de casi nueve años de crecimiento a “tasas chinas”.

Doña Cristina –y don Néstor (q.e.p.d.) entre bambalinas- había explicado que la política del Gobierno frente al campo tendía a evitar el monocultivo del “yuyito” y a obligar a la diversificación de los siembras. La realidad dice que la Argentina se ha “sojizado” al extremo y que la frontera agrícola de esa oleaginosa se ha extendido por el país a costa de bosques, tierras ganaderas y del trigo, el maíz y otros cereales. Claro que, sin la soja y los extraordinarios precios que ésta alcanzó recientemente –hasta que la suerte se le terminó a la Presidente-, no hubiera sido posible esta fiesta de despilfarro, populismo y corrupción, inherente al “modelo”.

La Presidente, al reinaugurar cien veces los mismos galpones y cabinas de señales, prometió reconvertir al país en ferroviario. Sin embargo, no solamente nada se hizo sino que los fabulosos subsidios pagados a las empresas concesionarias –que parcialmente terminaban transportados en valijas de efectivo por don Ricardito Avión Jaime, cada viernes, al despacho de don Néstor (Cirielli dixit)- no se transformaron en inversiones y, para empeorar el panorama, se cedió un sillón en el Directorio de Belgrano Cargas a Moyano, enemigo natural y esencial del transporte en tren.

La señora Presidente no parece haberse cansado aún de autoelogiarse con las mejoras concedidas, por su gracia, a los jubilados. Pese a ello, y con la necesidad imperiosa de destinar los fondos de garantía para los programas “Computadoras para Todos”, “Fútbol para Todos”, Asignación Universal por Hijo, etc., vetó la ley que imponía el pago del 82% móvil a los pasivos, y el 90% de éstos cobra la jubilación mínima que, a todas luces, es insuficiente para atender a la canasta básica.

Motivada, seguramente, en razones de alta política –nadie vaya a pensar que lo hizo por razones “crematísticas”- pero sin molestarse en contarnos cuáles eran, a contramano de todas las promesas y gestos realizados desde los lejanos días de los “hielos continentales”, doña Cristina también vetó la Ley de Protección de Glaciares, sancionada por unanimidad de ambas cámaras del Congreso, ordenando a su sumisa bancada propia no insistir con ella.

La señora de Kirchner, que se ha llenado la boca hablando de la libertad de empresas y gremios para fijar los salarios en paritarias, con el Estado como garantía, ha invertido literalmente el rol de éste y ha denegado la homologación del Ministerio de Trabajo al aumento obtenido por la Unión de Trabajadores Rurales, conducida por el “Momo” Venegas.

De don Néstor (q.e.p.d.) -que consideraba al movimiento obrero como una aliado indispensable y la piedra basal de su “modelo”- a doña Cristina que, ante la rebeldía contra un acto imperial, pide se quite la personería a un gremio, hay una enorme distancia. La misma que la lleva a devolver a la Fuerza Aérea, cuatro años después de habérselo quitado su marido, a los controladores del espacio aéreo.

Falta saber qué decidirá el plenario de la CGT, convocado por don Hugo Camión para esta tarde y con carácter de urgente, para saber cómo seguirá la lucha por la inflación, los salarios y la calle. ¡Menudas cuestiones!

La enumeración, claro, podría continuar hasta el infinito, hablando de temas tales como el “desendeudamiento” (¡Argentina pagó al FMI y se endeudó con Venezuela, a una tasa mayor!, pero el monto total de la deuda pública es igual que cuando Kirchner asumió), la caída feroz en las reservas monetarias, la decadencia de la educación, la rampante inflación, la falta de inversión en infraestructura, la inseguridad ciudadana, la fuga de capitales, etc. Sin embargo, voy a concluir con otro de los pilares del “modelo”, esto es, el consumo interno como motor único de la economía.

Doña Cristina contribuyó, en enorme medida, a que los argentinos entraran en una fiesta fantástica de compras, muchas por completo innecesarias, de automóviles, de plasmas, de electrodomésticos y, por triste que le resulte, hasta de dólares.

Esos compradores de clase media, tan incentivados y que han convertido a sus tarjetas de crédito en transparentes a fuerza de usarlas, hasta hace pocos días tenían previsto cómo pagar las cincuenta cuotas de cada una de esas compras, pero ahora deberán destinar una porción no menor y creciente de sus ingresos al pago de las elevadas facturas de luz, de agua, de gas, de medicina prepaga y de educación privada, sin hablar de los alimentos y la indumentaria.

Este verano promete ser más caliente de lo habitual pero, además, ese calor promete prolongarse, al menos hasta que todos esos aumentos de gastos sean mentalmente absorbidos por los ciudadanos, que enfrentan una presión tributaria con escasos parangones en el mundo y una prestación de servicios del Estado más que deficiente e insatisfactoria.

La gran incógnita es qué hará la ciudadanía cuando reciba el mortal golpe en sus bolsillos, cuando se vea obligada a incumplir sus compromisos, es decir, cuando todo explote por el aire. El mayor problema que aquejará a la señora Presidente es que, en la medida en que carece de ministros con personalidad propia, todas las decisiones, por pequeñas que sean, recaen en ella. Y de ella serán, entonces, todos los costos que la falta de tales fusibles hará que deba pagar personalmente.

Existe un dicho popular que dice que, cuando la situación se complica, se torna “más difícil que recular en chancletas”. Como es de público y notorio, hasta a los más acérrimos militantes del “modelo” se le está haciendo muy engorroso explicar que lo que vivimos los argentinos desde el 24 de octubre -¡hace poco más de un mes y parece que hubieran transcurrido años!- es lo mismo que hicieron don Néstor (q.e.p.d.) y doña Cristina desde los lejanos días de mayo de 2003 hasta entonces.













BsAs, 1 Dic 11



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