domingo, 23 de marzo de 2014

Estoy Herido y Triste

Estoy Herido y Triste


“Debe usted boxear como escribe y escribir como boxea: debe dar todo lo que tiene porque cada pelea, como cada libro, puede ser la última”. Joël Dicker


La editorial que escribí la semana pasada, “Inmunda Cloaca”, recibió algunos aplausos y no pocas críticas, que apuntaron a que se notaba la rabia profunda que me habría embargado mientras lo hacía, señalando que eso no servía, que debía bajar el nivel de enojo para poder llegar mejor a la conciencia de los lectores. Mis disculpas a éstos, ya que la sensación que tenía no era esa sino la desesperación; ¿qué otra cosa se puede sentir al ver en qué se ha convertido nuestra sociedad?

Ha pasado sólo una semana desde entonces y todo cuanto en ella dije tiene aún más olor a podredumbre. El kirchnerismo logró que el Consejo de la Magistratura demorara el proceso contra Oyarbide, pese a la confesión de éste de los delitos cometidos, y avanzó rápidamente contra Bonadío, un colega de aquél que, últimamente, había puesto a “bailar con la fea” a Abalito y al mudo vocero presidencial y elevó a juicio una de las causas en que el romano Patotín está imputado.

La indispensable columna de Carlos Pagni en La Nación del jueves, “Las ‘cuevas’, gran caja del poder en el país” (http://tinyurl.com/ljskq64) hace una verdadera autopsia del cadáver en que se ha convertido la Argentina, ese extraño país respecto al cual la mitad del mundo apostaba, hace cien años, que sería una de las grandes potencias globales. En las vísceras, además, encontró los restos de la Justicia seria e independiente que hemos sabido destruir con tanto ahínco.

El narcotráfico y el consumo masivo de drogas nos han exigido incrementar la cuota semanal de sangre que los argentinos debemos ofrecer ante el altar de la corrupción gubernamental, agravada por la incapacidad manifiesta para combatir esos males y el pavor silencioso de quienes aún no han caído en ella.

Tal como era previsible, la protesta de los docentes continuó y, pese al descrédito generalizado que una huelga tan prolongada está provocando sobre sus posturas, no tiene visos de concluir. Debo confesar que, habiendo cursado mi etapa secundaria en establecimientos públicos, me asombra que quienes antes eran “maestros” –con toda la responsabilidad y el respeto que el solo nombre implicaba- hoy se llamen a sí mismos “trabajadores de la educación”, y este hecho puntual habla muy a las claras del profundo deterioro en que la educación ha caído entre nosotros. Una nación que, ya en 1880, había erradicado el analfabetismo y asombraba al mundo con ese logro, hoy forma chicos que ni siquiera comprenden lo que leen.

Es cierto que los argentinos debemos enorgullecernos de ser el país de América Latina que más premios Nobel ha obtenido, pero esos enormes triunfos individuales no deben ocultar nuestro fracaso colectivo como sociedad. Me parece que la selección nacional de fútbol puede ser el mejor ejemplo de lo que digo: llena de estrellas, muchas de ellas entre los jugadores más caros y exitosos del mundo, es incapaz de grandes logros cuando se trata de hacerlos salir a la cancha con la misma camiseta.

Lo absurdo es que, mientras el Gobierno está destinando a la educación el porcentaje más alto del presupuesto nacional desde la época de Arturo Illía, el derrumbe continúa profundizándose; y lo notable es que los maestros ganan sueldos miserables y la infraestructura está cada vez peor. Comparto la idea oficial, tan resistida por los sindicalistas, de analizar el “presentismo”, ya que gran parte del despilfarro proviene de la cantidad de personas que están dedicadas a cubrir un mismo cargo docente, por las licencias irracionales y por las invocadas enfermedades que, de resultar ciertas, convertirían a la actividad en la más riesgosa del país.

Pero todo eso debiera ser objeto de una profunda discusión hacia adentro de la sociedad y la política, y no intentar que sea parte de la agenda una semana antes del comienzo oficial de las clases. Ni la Nación ni las provincias han conseguido explicar por qué abren las paritarias recién a fin de febrero, cuando debieran hacerlo en noviembre y así llegar a la fecha clave con soluciones y no con conflictos y, muchísimo menos, por qué no se destinan aún más fondos a la educación en lugar de dilapidarlos en Fútbol para Todos, Aerolíneas Argentinas, propaganda oficial, pauta publicitaria o subsidios de energía a los más ricos.

El jefe de los caciques sindicales que han crecido tanto al calor de la Casa Rosada, el metalúrgico Caló, ha debido poner en estado de alerta a su sector, ya que la presión de las bases tornaba imposible su pasividad ante el deterioro brusco que el Gobierno pretende aplicar a los salarios. A los líderes ahora opositores que acompañan a Camión Moyano en la CGT Azopardo, y a los gastronómicos de Barrionuevo y los estatales de Micheli, se han sumado los ferroviarios de Maturano y los colectiveros de Fernández, hasta hoy militantes de la CGT Balcarce, consolidando un grupo que puede, literalmente, parar el país cuando se le ocurra y que ya ha anunciado una huelga general para el mes de abril; cuando se produjo una conjunción semejante, en 1975, cayó un gobierno peronista por única vez en la historia, hasta ahora.

Y es que los trabajadores tienen una doble razón para la protesta. Por un lado, la Presidente quiere que ellos sean quienes paguen el costo de la fiesta que pretende mantener viva hasta su propio final: el gasto público que no para de crecer exponencialmente; y, por otro, no acepta subir el piso del impuesto a las ganancias ni modificar las alícuotas del tributo, por lo cual las mejoras salariales que los gremios obtengan con tanta lucha no hará más que aumentar la recaudación que exprime el inefable Feedlot Echegaray. A esta altura del ajuste, ya no se discuten ideologías ni posiciones políticas, sólo dinero.

El nuevo IPCNU, con dos meses de vida, ha conseguido dar un leve viso de seriedad a las estadísticas oficiales, ya que “sólo” ha diferido en casi un punto mensual respecto a las estimaciones privadas que divulga el Congreso; de seguir así, igualmente habrá conseguido, a fin de año, ocultar diez en la inflación, un número que, por sí solo, supera en mucho -en el mejor de los casos, triplica- al que sufren todos los vecinos anualmente, excepto Venezuela.

Claro que ese sinceramiento impuesto por la realidad de un gobierno que se ha quedado sin divisas y necesita desesperadamente auxilio externo no ha incluido a los ahora ocultos índices de pobreza e indigencia ya que, de haber visto éstos la luz, lo poco que queda del “relato” hubiera sido barrido finalmente; basta con saber que, sólo en enero pasado, quinientas mil personas descendieron a esos niveles. Esos ocultamientos y esa “rebaja” de la realidad seguirán trabando las negociaciones internacionales, Club de París incluido, toda vez que siempre requieren la revisión –artículo IV- de las estadísticas, en particular, y de la economía en general por el FMI, que no está dispuesto a convalidar nuestros dibujos locales, aunque quien los diseñe sea el propio Pablo Picasso.

Contra lo que pueda suponerse, mi frontal oposición a la familia Kirchner y a su gobierno es inmensamente mayor debido a lo que pudieron hacer y no hicieron, pese a los enormes recursos que fueron puestos a su disposición por la sociedad y los mercados internacionales, más que a los horrores y verdaderos crímenes que, para enriquecerse más allá de cualquier esfuerzo de imaginación, cometieron contra la nación, la república, sus instituciones y los más pobres de nosotros.

Por eso, precisamente, el dolor y la pena que me embargan cada vez que me toca describir la realidad de esta triste e insignificante Argentina. Pero no cejaré en esta cruzada por la Argentina que quiero, porque tengo la más absoluta certeza de estar librando “el buen combate”.




domingo, 16 de marzo de 2014

Inmunda Cloaca

Inmunda Cloaca


“Creía que la democracia no podía valorarse en dinero. Sin un sistema judicial eficaz, se acabó la democracia. … Los cimientos de la sociedad crujen, se retuercen y se quiebran” Henning Mankell


La ciénaga moral en que la sociedad argentina se debate tuvo esta semana un hecho por demás significativo: un juez federal, cargo que aún desempeña ese exponente paradigmático de la corrupción que se llama Norberto Oyarbide, apareció como sospechoso de extorsionar a cuevas financieras utilizando a la Policía Federal y reconoció que interrumpió los procedimientos en marcha por una orden telefónica de un funcionario, desconociendo la división de poderes. Los oficiales denunciados, que habían pasado a ser ladrones, dicen haber sido amenazados por el dueño de la entidad allanada invocando ser socio del Secretario Legal y Técnico de la Presidencia y del Secretario General de la CGT, y otros “damnificados” por los medidas relataron similares “aprietes”.

Ese ¿juez? es el mismo que se vio involucrado en el affaire de los prostíbulos homosexuales, donde fue filmado, y en un duelo a sopapos en un restaurant con el dueño de Spartacus. Tuvo a su cargo –por supuesto, sin consecuencias- causas tan resonantes como el enriquecimiento ilícito de los Kirchner y varios de sus ministros y secretarios (entre ellos, el propio Liuzzi, que lo llamó para que detuviera los allanamientos), la “mafia de los medicamentos”, “Sueños Compartidos” robados por Hebe de Bonafini y los Shocklender, las irregularidades en la ANSES, el canje de bonos intermediado por una financiera afín al poder, y terminó exhibiendo un anillo de US$ 250 mil y, al resultar obvio que carecía de dinero “blanco” para comprarlo, adujo haberlo ¿alquilado? por US$ 7.500 mensuales, que tampoco estaba en condiciones de pagar con su salario.

El Gobierno cerró nuevamente filas en el Consejo de la Magistratura para evitar un rápido enjuiciamiento y la suspensión de Oyarbide, quien es poseedor del record absoluto en materia de pedidos de juicio político. La razón para la actual y costosa protección del Gobierno al más notorio de los jueces corruptos radica en que, cuando fue sorprendido en flagrantes delitos, empezó a hablar de más, dando a entender que, en ningún caso, caería solo. Olivos entró en pánico, pese a convivir desde hace años con todas las bandas mafiosas de espías que se tiran, recíprocamente, carpetas y cadáveres.

Otra vez, la reforma del Código Penal volvió a la primera página, ahora por las críticas de Zaffaroni a Massa, que se opone frontalmente a ella. Sigo creyendo que, detrás de esa polémica, fogoneada por el propio Gobierno, éste hará pasar sin ruido el proyecto de unificación de los códigos Civil y Comercial, muchísimo más grave para nuestra sociedad. Zaffaroni es el mismo que, durante el Proceso, rechazó habeas corpus de detenidos y, ya en democracia, evadió confesamente impuestos y se convirtió en dueño de varios inmuebles en los que sus inquilinos ejercían el proxenetismo y la prostitución.

Parece que nos hemos acostumbrado a vivir en esta ciénaga inmunda, donde la familia presidencial roba a manos llenas, y lava su dinero a través de los Báez, los Ezkenazi, los Cristóbal López, los Ferreyra (Electroingeniería), los Spolsky, los Cirigliano y tantos otros, y enriquece a los Jaime, a los Boudou, a los Zannini, a los secretarios privados, a los transportadores de bolsos y hasta a los jardineros; donde la propia Presidente va, inexplicadamente, a visitar sus cuentas oscuras en las Seychelles o a cambiar, en Angola, billetes de € 500 por diamantes; donde se secuestran ingentes fondos en valijas de Antonini Wilson y nadie los reclama; donde se montan “embajadas paralelas” para cobrar coimas en negocios de exportación; donde los dineros escamoteados terminan matando a cincuenta y dos personas en Once; donde se queman sospechosamente archivos en Barracas y, un mes después, nadie pregunta y nadie se acuerda de los nueve heroicos bomberos fallecidos; donde se condena a morir de hambre y sed a los habitantes de provincias con mandatarios eternos y obscenamente ricos; donde los organismos de derechos humanos se transforman en pseudo empresas que estafan y trafican con dinero público.

Por si toda esa inmundicia no bastara, una patota sindical que realizaba un piquete, molió a palos a un discapacitado que pretendió atravesarlo para llevar a mujer embarazada al médico, le robó cuanto tenía y terminó tirándolo desde un puente. El hecho muestra el nivel de agresividad y de violencia que ha alcanzado la sociedad, y las crónicas periodísticas chorrean diariamente la sangre de muchos compatriotas. El Gobierno, al mejor estilo del Pajarico Chiquitico, sigue arrojando leña al fuego, financiando a las barras bravas y a organizaciones como Tupac Amaru o los Miles, de D’Elía, e incrementando la fractura y, sobre todo, negando el problema, aún cuando haya sido la causa del paro de colectivos –otro gremio K- del viernes que perjudicó, como siempre, a los más humildes, que no conseguían regresar a sus casas bajo la intensa lluvia.

Lo mismo sucede con el narcotráfico, del cual altísimos funcionarios son cómplices, por acción u omisión, y para “luchar” contra el cual se ha puesto a personas que se contradicen y que, por lo demás, ignoran cómo hacerlo, como es el caso del sacerdote al que han designado titular de la SEDRONAR. La monumental cantidad de dinero generado por este comercio convierte en cómplices o vulnerables a políticos, jueces y policías, que constituyen el entramado de impunidad en que estas actividades se desarrollan, como lo prueba la financiación de los traficantes de efedrina a la campaña presidencial de doña Cristina. 

El tema, con certeza, estará resaltado en la agenda del almuerzo que mañana compartirán la Presidente y SS Francisco en Roma. El Papa no puede permitir que su propio rancho se incendie, más cuanto está enfrentando la resistencia de la Iglesia a aceptar y digerir los enormes cambios que está intentando en su estructura y en su imagen. Como dije la semana pasada, el clero, que cuenta con el más eficiente servicio de inteligencia del mundo, sobre todo porque la información va desde abajo hacia arriba, está muy preocupado por ese enfrentamiento social, que sólo resulta comparable a aquélla que dividió a peronistas y antis en los 50’s, o a los terroristas y militares en los 70’s, y que puede transformarse, a corto plazo, en un súbito baño de sangre.

Mañana el Gobierno enfrentará una pesada disyuntiva: deberá anunciar el índice de inflación (el nuevo IPCNU). Si vuelve a mentir –como hizo don Néstor (q.e.p.d.) desde enero de 2007, y continuó su viuda-, todo el andamiaje que lentamente está construyendo para recomponer su imagen frente a los mercados voluntarios de crédito se derrumbará y se disipará la ilusión de que entren los dólares frescos que necesita como el aire para el segundo semestre. Si, por el contrario, reconoce la cifra que dio a conocer esta semana el Congreso, que elaboran las distintas consultoras privadas antes perseguidas por el exportado Patotín, tendrá un problemón con los gremios, ya que nadie estará dispuesto a aceptar los límites de incremento de salarios que doña Cristina pretende imponer, y el conflicto se profundizará.

Los maestros, que parecen dispuestos a cargar con la condena social que ya está produciendo una huelga que ya lleva ocho días, que ha dejado sin clases a casi cuatro millones de chicos y que amenazan con prolongar hasta el infinito, son nada más que la muestra más grande de lo que sucederá con el resto de los sindicatos en lo inmediato.

Los ancianos se han transformado en las primeras víctimas del salvaje ajuste que está encarando el Gobierno, aterrado por el deterioro profundo de la economía, que vive ya una estanflación. El aumento otorgado a los jubilados, 11,7% que cobrarán a partir de fin de mes, ya ha sido tragado por el incremento en los precios que se ha registrado desde diciembre, y con él deberán vivir hasta que, recién en septiembre, reciban otro. Desde otro ángulo, la deuda que el Estado ha adquirido con los pasivos, causa de los cientos de miles de juicios iniciados, ya alcanza la friolera de US$ 7.500 millones, y será una carga imposible de soportar para quien suceda a doña Cristina.

Nuestro país, la Argentina, necesita imperiosamente una profunda refundación moral, que sólo podrán encabezar gobernantes probos; si no lo hace, si no encara esa difícil transformación, dejará de ser viable como entidad jurídico-política, es decir, desaparecerá de la faz de la tierra como nación independiente, y sus pedazos engrosarán el territorio de todos nuestros vecinos.

No soy ingenuo, y creo que en casi todos los países hay corrupción, pero nos hemos convertido, por insignificantes y decadentes, en una sociedad en la cual el mundo ve reflejado lo peor de la civilización. Por eso, nadie moverá un dedo para defender nuestra integridad cuando llegue el momento final.



domingo, 9 de marzo de 2014

¡Hasta la victoria …, nunca!



¡Hasta la victoria …, nunca!

“Lo que yo cuento en el periódico no son chistes. Yo lo único que hago es observar al gobierno e informar los hechos” Will Rogers

La semana estuvo signada, por tres temas: el narcotráfico, la huelga docente, y la forma rápida y astuta en que Kolynos Massa salió a cruzar el anteproyecto de Código Penal que la Presidente anunció que enviaría al Congreso. Tuvo razón en hacerlo aún antes del ingreso del nuevo texto al parlamento ya que, una vez allí, la conformación de las cámaras permitirá al Gobierno aprobar cualquier disparate.

Con ello, alteró la agenda del Gobierno y levantó una polvareda que aún empaña el horizonte. Aún cuando las firmas que obtenga sean muchas, no resultará vinculante (obligatorio), pero pesará como muestra de la opinión generalizada. Pese a que estoy de acuerdo con el Diputado en su planteo, sobre todo por la inoportunidad de la discusión de un tema tan grave, creo que se ha transformado en una cortina de humo tras la cual el kirchnerismo logrará discutir, sin demasiadas estridencias, el proyecto de Código Civil y Comercial que ya tiene media sanción en Senadores.

A contramano de la sensación popular, motivada por el crecimiento notorio de la inseguridad y el narcotráfico, el cambio que se propone a través de esos códigos me parece aún más grave que el primero. En ellos los argentinos tendremos un nuevo ordenamiento vinculado a toda nuestra vida: en el digesto civil se regulan todas las relaciones de los ciudadanos entre sí, desde su nacimiento hasta la muerte y, por ello, debiera ser motivo de una discusión más amplia y, sobre todo, alejada de la politiquería y de la coyuntura; un gobierno que deberá dejar el poder a corto plazo y que, además, se propone cubrir con un manto de impunidad a sus funcionarios corruptos, sin duda alguna no es el más apto para encarar tantas modificaciones de fondo y, menos aún, cuando cuenta con inmundas mayorías que se cierran ante cualquier debate que implique el riesgo de cambiar una coma de los proyectos que envía el Ejecutivo y se apresuran a levantar la mano para aprobarlos por obediencia debida. Por eso, insto a mis conciudadanos a mostrarse diligentes y activos, y exigir a sus representantes abstenerse de votar favorablemente ambos temas.

Como siempre –Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires- el asesinato de un narcotraficante por sicarios en los bosques de Palermo consiguió dar la visibilidad que merece al problema del narcotráfico y, sobre todo, del narcolavado, por la enorme vinculación que tiene éste con la corrupción gubernamental, política y policial. Si recordamos que la propia campaña presidencial de doña Cristina fue financiada por los laboratorios responsables de la exportación de efedrina a México, o los esfuerzos que los funcionarios realizan diariamente para facilitar su comercio –falta de radarización y vigilancia de fronteras y rutas, incontrolada inmigración y, sobre todo, blanqueo oficial e impune de sus dineros- deberemos coincidir en que resulta indispensable, como arma prioritaria en esta lucha, la transparencia total de financiación de la política; las enormes sumas que genera la actividad permiten la compra de las voluntades más gravitantes en cada país, como ya lo mostraron, tristemente, Colombia y México.

La negativa del Gobierno a dar al problema su verdadera dimensión, pese a que donde más se ha expandido el consumo es en las capas más empobrecidas de la población, indica claramente en que bando de este combate se han colocado sus más importantes funcionarios. Si no reaccionamos ya mismo, si no acordamos sinceras políticas de estado para evitar su expansión, en poco tiempo más los dos centenares de muertos que ya enlutan Rosario se convertirán en miles en todo el país, ya será tarde y Argentina habrá perdido esta guerra.

Si, como ya es oficial, el gasto público creció en enero nada menos que 44%, generando un déficit fiscal que sólo los manotazos a la ANSES han podido paliar, la intención de llegar hasta el 2015 sin excesivas turbulencias tiene la pólvora mojada. Tal como era de prever, las medidas coyunturales y aisladas dispuestas por el Banco Central con relación al mercado cambiario han tenido un éxito que, sin un plan antiinflacionario claro, concreto y, sobre todo, confiable, no podrá extenderse por mucho tiempo. En especial, por la monstruosa suba de precios registrada en el mes de febrero, que algunos autorizados analistas ubicaron en algo más del 6%; resta saber qué hará el INDEC para evitar convalidar esa información.

De todas maneras, y como se esperaba, la huelga de los docentes, que promete agravarse, habla muy a las claras de cuánto entienden las bases sindicales que se deterioraron sus salarios, y cuánto se reducirá su poder adquisitivo este año que, a los efectos, recién empieza. Lo notable, si se quiere, es que quienes han encabezado la protesta son los gremios más kirchneristas; la mayor prueba de ello es que, sólo para impedir que Macri se desmarcara del conflicto, los “trabajadores de la educación” fueron al paro ¡después! de consensuar con la ciudad de Buenos Aires la pauta de remuneraciones.

Creo que sólo las alarmas rojas que se encendieron en todos los tableros en enero y febrero –fuga de reservas, devaluación, salto inflacionario convalidado, aumento de tasas, conflictividad social- y la sensación de la inminencia del choque planetario, es lo que hace que algunos analistas muestren hoy un exagerado optimismo respecto a los resultados terapéuticos del giro copernicano realizado por el Gobierno. Mi sensación es que, a pesar de la orden a los bancos de liquidar divisas y los adelantos de las cerealeras, no obtendrá una mejora de la economía más allá de julio; después, Dios dirá, y no será nada bueno. En especial, por la importante contracción (“estanflación”) que nos afectará este mismo año.

La grave crisis en la situación de Ucrania, de no encontrar una rápida solución no militar, repercutirá con fuerza en la suba de los precios de los combustibles, y la profunda dependencia que hoy tenemos del gas y del petróleo importados complicará aún más el panorama económico. Si en 2013 tuvimos que gastar casi US$ 14.000 millones en pagar esos indispensables energéticos, la factura podría entonces subir a la estratósfera y el escaso nivel de reservas con que contamos no transformarán el hecho en una buena noticia, en especial porque se deben pagar al contado y en efectivo.

Por otra parte, el ya injustificable apoyo del Gobierno al tiránico Pajarito Chiquitico, no ha hecho más que desnudar la falsa política de derechos humanos de doña Cristina. Pero lo más asombroso fue la misa en honor del fallecido Papagayo Caribeño a la asistió la Presidente el miércoles, en especial porque contrastó con su notoria ausencia a las que se celebran por las víctimas del crimen de Once, del cual su gobierno es responsable directo por haberse robado los dineros que hubieran podido evitarlo.

Un renacido ex Twitterman se ocupó, esta semana, y después de recular en chancletas por el memorándum con Irán, otra vez nos pone en la picota mundial con la errática política internacional. Mientras el Chiquito pero Rendidor Kiciloff y el Mago Galucchio hacen malabares para tratar de mejorar la imagen de la Argentina y la percepción de un clima de negocios razonable (condiciones esenciales para un más que dudoso desembarco de inversiones extranjeras), y muchas provincias cierran acuerdos con los Estados Unidos para la lucha contra el narcotráfico, nuestro Canciller, recordado por su tenaza en Ezeiza, dedica altisonantes agravios a ese país y el Jefe de Gabinete niega el problema y ratifica que no se controlará la inmigración. Si no hubiéramos inventado el blanqueo más injustificado y generoso para los corruptos y los lavadores de dinero, tal vez las posturas de éstos hubieran parecido más serias, pero lo único que han conseguido es ratificar el ridículo papel que la Presidente obliga a desempeñar a sus ministros.

A este paso, debe faltar poco para que los aplaudidores ofrezcan a doña Cristina mediar entre Moscú y Kiev o entre La Habana y Táchira. Tal vez desde ese rol, nuestra gentil Presidente pueda intentar digerir el nuevo sapo que ha pasado a integrar su dieta: la nominación de SS Francisco como candidato al Nobel de la Paz. Ahora que se ha anunciado que doña Cristina, camino a la Feria del Libro de París, también haría una escala en el Vaticano, habrá que observar qué consecuencias tendrá la entrevista privada que allí mantendrá con un Bergoglio muy, muy preocupado por la situación en la Argentina.

Voy a encender una luz de esperanza para mis conciudadanos que aspiran a que el kirchnerismo desaparezca de la faz de la tierra. Es posible que, de cara a las próximas elecciones, cuando quiera que se produzcan, se consoliden dos frentes: el primero sería una alianza entre Cobos, Aguad y Macri; el segundo, entre Massa, Reutemann y Eduardo Bussi, el actual Presidente de la Federación Agraria; resulta claro que saldrán de ambos fórmulas lo suficientemente potentes para confirman la exclusión del candidato del Frente para la ¿Qué? de un ballotage. ¡Espero que Dios bendiga tamaño signo de madurez política!



lunes, 3 de marzo de 2014

Vendiendo Buzones en Carnaval



Vendiendo Buzones en Carnaval

“Con la verda´ no ofendo ni temo. Con la mentira zafo y sobrevivo, Mendieta”. Roberto Fontanarrosa

Señora Presidente, debo decir que, una vez más, el sábado me hizo recuperar la capacidad de asombro, ésa que mantiene jóvenes a los mayores, con su estilo tan mesurado y exento de las habituales diatribas contra sus imaginarios enemigos, un modo que tanto ha crispado a la sociedad en que usted y yo vivimos; tampoco nos deleitó con esos espectáculos de danza que tanto le gustan y practica y que, a veces, han llegado a incluir el Himno.

Sólo una pequeña corrección institucional: al decir, refiriéndose tantas veces a mayo de 2003 como “cuando llegamos”, demostró que considera a la Presidencia de la República como bien ganancial; ignoro si algo así incluía la reforma constitucional que sus aplaudidores propugnaban pero, en cualquier caso, le recuerdo que no fue aprobada.

En cuanto al fondo sí, fue más de lo mismo, ya que nos informó  que estamos en el país más maravilloso del mundo, envidia de muchos otros, desplegando durante tres horas un muestrario completo de las cifras que todos, la realidad incluida, nos negamos a ver. Ya no se puede engañar, como se hizo desde entonces, a todo un pueblo, ya que ese país fantástico no es percibido tampoco por la mayor parte de su base electoral, que la reeligió con un ya imposible 54%; pese a que usted no se resignó a mencionar los problemas, la gente cree más en lo que le dice el carrito del supermercado y está mucho más que preocupada por el innegable crecimiento de la brutal inseguridad y el narcotráfico, y de todo ello hace responsable a su gobierno.

En un país que, según usted, produce alimentos para cuatrocientos millones de personas, surgen dos inevitables preguntas, la primera de los cuales clama al Cielo: ¿por qué, entonces, sigue habiendo hambre y desnutrición en la Argentina? y ¿por qué se prohíben las exportaciones de carne y trigo?

Si bien es cierto que siguió inculpando a los industriales (nunca al Gobierno) por los aumentos de precios percibí, en general, su discurso como un pedido de ayuda a los gremialistas, en general, y a los docentes en particular; resta saber si las bases estarán dispuestas a callar cuando sus dirigentes acepten caídas en el salario real a cambio de algunas monedas (por ejemplo, fondos para las obras sociales) o, por el contrario, marcharán con la cabeza de éstos a exigir algo que la economía ya no puede darles.

Por el contrario, usted, en medio de la profusa enumeración de fabulosos logros que sólo existen en su afiebrada imaginación, realizó anuncios que, de concretarse, implicarían un crecimiento del gasto público que, una vez más, empujará a la inflación, que ya parece ser un globo de gas. Mientras la escuchaba, señora Presidente, y la veía para no perderme sus mohines, no podía dejar de pensar en que, durante estos once años, el kirchnerismo recaudó casi un billón (un millón de millones) de dólares.

Cuando mencionó las teóricas inversiones en infraestructura, por ejemplo, recordé algunas de las rutas tan deterioradas que utilizo, los puentes y puertos faltantes, los teléfonos celulares que no funcionan, los cortes de luz cuando hace calor y los de gas cuando hace frío, los ferrocarriles cuyas mejoras prometió por enésima vez, las centrales nucleares que aún no existen, los hospitales que se caen a pedazos y carecen de los insumos más elementales, las imaginadas extensiones de las redes de gas que aún obligan a los más pobres a comprar garrafas, la falta de redes cloacales y tantas otras inexplicables carencias de una población cuyo gobierno ha manejado tantos fondos. Señora, ¿dónde fueron a parar esos dineros?

Habló usted de la modernización de la flota de Aerolíneas Argentinas y en la conectividad aérea de las provincias; pero olvidó decir que la empresa le cuesta al país casi tres millones de dólares diarios, sólo para que viajen los más ricos y cobren sus magníficos sueldos los “jóvenes para la liberación” de La Cámpora.

Gracias a Dios omitió contarnos su versión de los goles secuestrados pero donde su “relato” se hizo más expresivo fue cuando describió, con muchas lagunas, su propia historia en el affaire YPF-Repsol. El miércoles pasado, previendo que esta columna debería referirse a lo que diría el sábado en el Congreso, escribí una nota sobre el tema, “Sinfonía para Saqueo a Muchas Manos” (http://tinyurl.com/mrfqltg), que llena algunos de los detalles que usted olvidó.

Tal vez lo más curioso de su pieza oratoria fue el reclamo al Congreso de una legislación que impidiera que las protestas impidan la libre circulación de los ciudadanos; pese a ser una autodenominada “abogada exitosa”, no recordó que en el Código Penal ya está tipificado ese delito y que, por lo demás, tanto don Néstor (q.e.p.d.) cuanto usted misma no sólo las toleraron durante los últimos once años sino que las incentivaron y financiaron, cuando estaban dirigidas a opositores o presuntos agiotistas. El pobre Julián Santo Domínguez, actual Presidente de la Cámara de Diputados, al salir del acto se enredó ante las preguntas de los movileros, y trató de explicar que esa represión se daría sólo ¡cuándo quienes cortaran las calles fueran pocos!; realmente original. Le cuento, señora, que si pretende utilizar al Ejército del Espión Milani para contener la inquietud social y conservar, de algún modo, el control de la calle, no podrá hacerlo, al menos mientras permanezcan en la cárcel mil seiscientos presos políticos, muchos de ellos sin condena y, en la gran mayoría con edades superiores a los setenta años y con graves enfermedades.

Eso nos lleva a su anuncio de lo que será el tema más trascendente de este año legislativo: la reforma de los códigos Civil, Comercial, Penal y Procesal Penal. En todos los casos, los proyectos que ya ha enviado el Ejecutivo o lo hará próximamente contienen modificaciones sustanciales al modo de vida de los argentinos, que debieran ser motivo de un profundo debate, y traerá impunidad a los corruptos, la reducción de penas para los delincuentes y la desaparición de la reincidencia como agravante. Este momento en que la ciudadanía no para de llorar a los muertos y heridos por la corrupción, la inseguridad y el narcotráfico, debiera obligar a los legisladores a reflexionar acerca de su vocación, señora Presidente, de pasar a la historia como reformadora, y cuánto le costará al país si, también en estos graves temas, siguen usando el habitual “sí, Cristina” que han practicado todos estos años.

Es cierto que no pudo más que aplaudir la gestión del “Chiquito pero rendidor” Kiciloff quien, a contramano de cuanto ha pregonado tantas veces, está tratando de reconstruir los puentes dinamitados con los mercados de capitales que usted tanto necesita, pero me parecieron un poquito exageradas las ponderaciones al ex Twitterman por su labor al frente la Cancillería. El mundo mira países y no gobiernos, y la reparación del daño que estas curiosas y contradictorias ¿políticas? exteriores le han producido a la Argentina costará mucho y demorará años. Don Néstor (q.e.p.d.) creyó que insultaba a George W. Bush cuando organizó la “contracumbre” de Mar del Plata con Chávez, Evo Morales, Maradona y D’Elía, pero ofendió a la institución presidencial norteamericana; usted, señora, hubiera debido aprender aquella lección y, sin embargo, envió al “hijo de Jacobo” a cortar precintos en un avión militar de los Estados Unidos. Debo, en cambio, felicitarla por la forma en que pasó la pelota del fiasco del memorándum firmado con Irán, que usted impuso con fórceps en su momento; su fracaso torna aún más inexplicable tanta insistencia.

Diciendo que no apoyaba a Maduro ni a su gobierno, pidió respetar la democracia en toda América, “región de paz”. Nuevamente olvidó usted, tal vez porque está poniendo las barbas en remojo, que una cosa es la democracia delegativa, en la que quien gana se lleva todo, y la representativa, en la cual la legitimidad no pasa sólo por el origen (el voto) sino que exige que el poder sea ejercido con respeto a las instituciones y a las minorías.

Para terminar, una sola pregunta más. Señora, ¿recuerda aquel foro empresario en que su fallecido marido recomendó a los extranjeros “miren lo que hago, no lo que digo”?; pues bien, le cuento que su propuesta ya debería ser la inversa, pues del proyecto –si es que existió- de Kirchner nada ha dejado usted en pie, salvo la vocación irrefrenable y compartida por apropiarse de fondos y bienes públicos.