viernes, 4 de marzo de 2022

Dígalo con mímica

 


Dígalo con mímica

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 827)

 

“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para

 aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.

 Dante Alighieri

 

Hemos conseguido sumar a los problemas mundiales derivados de la invasión de Ucrania, los propios que vienen de la mano del monumental desquicio en que el kirchnerismo nos ha sumido, producto de su insana vocación por ser oficialismo y oposición a la vez, loteando los resortes del Estado entre las distintas tribus que pueblan el Frente para Todos.  Ahora, con el cierre de la negociación con el FMI, los costados más relevantes del pegoteo que permitió a Cristina Fernández ganar las elecciones de 2019 quedan más expuestas por el rechazo de La Cámpora a ese posible acuerdo, sobre todo por temas tales como los subsidios a la energía y el gasto público, tal como se verá en el Congreso cuando sea finalmente sea discutido.

 

Precisamente, lo poco que se sabe aún acerca de los términos de las exigencias del organismo ratifican una vez más, por si fuera necesario, que el MemePresidente es un mentiroso serial. Su discurso de apertura de sesiones ordinarias, el relato de un país en cual todos quisiéramos vivir, contuvo tantos mimos y concesiones a su jefa y tantas falacias que resultaría imposible enumerarlas en una nota tan breve como ésta; de todas maneras, resultó penosamente graciosa su apelación al Senador Cornejo mientras éste lo increpaba: “Alfredo, vos sabés que no miento”, cuando a todos, propios y ajenos, nos consta cuán devaluada está su palabra.

 

La emperatriz patagónica conservó su protagonismo con sus expresiones faciales y la mímica que desplegó durante la alocución de su mandado. Aún durante el minuto de silencio por las víctimas de la criminal invasión a Ucrania, saludaba a sus fieles y se retocaba sus extensiones capilares; el Meme, para no ser menos, guiñaba los ojos con la sonrisa que corresponde al porteño canchero y matón, tal como se siente.

 

El discurso presidencial nos dejó una sola certeza: seguiremos en decadencia, porque la inflación seguirá rampante, el gasto público no se reducirá y tampoco lo hará el presupuesto de la clase política, no se encararán las indispensables reformas laboral, previsional e impositiva y, en la medida en que no podremos acceder a los mercados de crédito, la maquinita del Banco Central continuará trabajando a destajo y se intentará revivir la Resolución 125 y se desatará una nueva guerra contra el campo.

 

En resumen, el kirchnerismo está cebando –ahora con la ayuda del FMI- una nueva bomba, peor que la que heredó Mauricio Macri en 2015, que estallará en las manos del próximo gobierno que, ya nadie duda, tendrá otro signo político. Prever que harán sus hordas destituyentes (llámense organizaciones sociales, organismos tuertos de derechos humanos, delincuentes de guante blanco, barrabravas adictas, marginales de todo tipo, sindicalistas corruptos y los siempre dispuestos trotskistas) cuando llegue la hora del ineludible ajuste -¿otro “rodrigazo”?- resulta fácil; basta recordar las 15 tons. de piedras que signaron la discusión de la indexación de las jubilaciones. La oposición debería autorizar al Gobierno a firmar un acuerdo con el FMI, pero dejar bajo la exclusiva responsabilidad del Ejecutivo sus términos; además, aprovechar la lección y realizar un verdadero y detallado inventario del estado del Estado el primer día de su gestión.

 

La sociedad, en su conjunto, está cada vez más triste y vive una angustia tan profunda que se manifiesta, todos los días, en la violencia ciudadana que azota las calles de todo el país. Percibe que los miembros de la clase política sólo piensan en sus propios intereses y en incrementar sus privilegios mientras la inflación carcome su poder adquisitivo, crecen la pobreza y la miseria, se destruye la educación entregada a los gremios kirchneristas, continúa la dilapidación de recursos públicos, y se consagra la impunidad de los corruptos, comenzando por la propia Cristina Fernández.

 

Luego de múltiples idas y vueltas absolutamente contradictorias, motivadas por la permanente vocación del Meme por quedar bien con Dios y con el diablo, finalmente la Argentina condenó en la ONU a Rusia por su injustificado ataque a Ucrania, ordenado exclusivamente Vladimir Putin -el tan querido amigo Cristina Fernández- pero lo hizo sin mencionarlo, pese a que el mundo está juzgando por crímenes de guerra y cercando con sanciones económicas, que el Gobierno no acompaña.

 

Mientras sus tropas masacran a la población civil y a la infraestructura, el impávido autócrata, un probado asesino que no recurre a la mímica, tiene a Rusia y a su ejército en un puño y, movido por su sueño de recrear el imperio zarista, está agrediendo al mundo entero. Cuánto hay de verdad en sus amenazas nucleares es algo que sólo los futuros historiadores podrán dilucidar, pero asustó su frase (“lo peor está por llegar”), recordada por el Presidente francés Emmanuel Macron, pero la preocupación global está justificada, porque muchos servicios de inteligencia han reportado que una grave enfermedad mental estaría afectándolo. 

 

Xi Jinping, pese a que está ofreciendo reemplazar a Europa en sus compras del petróleo y del gas rusos, y ofreciéndole utilizar un sistema financiero más precario para sustituir al Swift, del cual sus bancos han sido excluidos, parece haber puesto en pausa sus ambiciones sobre Taiwan, lo cual tranquilizó el escenario del Océano Pacífico y dispersó un poco las nubes que cubrían la base militar china en nuestro país; de todos modos, el tema seguirá siendo objeto de análisis en las hipótesis de conflicto global.

 

Bs.As., 5 Mar 22

viernes, 25 de febrero de 2022

Las puertitas de los señores Fernández

 


Las puertitas de los señores Fernández

Por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 826)

 

“Los miembros de esta generación tendremos que lamentarnos no sólo por las palabras

 y los actos de las malas personas, sino por los clamorosos silencios de las buenas”.

 Martin Luther King

 

Alberto Fernández dio una estupenda muestra de oportunidad cuando, hace pocos días, se prostró ante Vladimir Putin y le ofreció convertir a la Argentina en la puerta de entrada de Rusia a Latinoamérica. En teoría, lo hizo para obtener ayuda –que no consiguió- para hacer frente a la crisis que nos agobia por responsabilidad de su gobierno, caracterizado por su supina ignorancia, su manifiesta incapacidad, su notoria impericia, su trasnochada ideologización, su lógico internismo y su constante latrocinio.

 

Lo hizo mientras ruega que el FMI acceda a firmar un acuerdo que nos evite caer al abismo del default generalizado; a pesar de todos nuestros records en la materia, nunca incurrimos en esa inconducta frente al organismo. Obviamente, el Meme que nos gobierna no sabía que Rusia ya está presente, económica y militarmente, en Cuba, Venezuela y Nicaragua, por lo cual nuestra importancia –en realidad, insignificancia- como cabeza de playa rusa en la región carece de interés para el tirano ruso.

 

Y confirmó que nuestra Cancilleríano tiene la menor idea de  geopolítica y que, en lugar de atender a los intereses permanentes de la nación, prioriza las afinidades ideológicas del kirchnerismo. Menos de veinte días después de humillarse ante el auto-percibido zar, éste invadió Ucrania sin limitarse, como pensaban las almas buenas, a ocupar las provincias ruso-parlantes; mientras escribo, sus blindados ingresan a Kiev, la capital de una nación independiente que, salvo solicitar su incorporación a la OTAN, nada ha hecho para desatar la furia conquistadora de Putin. Es probable que, ante la clara prueba de la falta de interés de la coalición en entrar en una guerra convencional y, menos aún, enviar tropas al escenario del conflicto, Rusia se limite a instalar un gobierno títere en Ucrania, tal como hizo en otros ex-miembros de la URSS.; sin embargo, nadie debería olvidar que también lo eran Polonia, Estonia, Lituania y Letonia, etc., hoy integrados a la OTAN y, como tales, amenazantes fronteras para Putin.

 

La situación en Europa seguramente está siendo analizada detenidamente por Xi Jinping para considerar su propia vocación por incorporar a Taiwan a la República Popular China. Si decidiera usar la fuerza militar para lograr la anexión de la isla, pondría a prueba la fortaleza de la alianza de Estados Unidos con los países vecinos (Japón, Corea del Sur, Filipinas, Australia, etc.) y la notoria debilidad que ha mostrado Occidente al aplicar sólo sanciones económicas a Rusia puede dar alas a su ambición.

 

Cristina Kirchner también abrió otra peligrosa puerta cuando nos puso, hace ya una década, en la mesa de arena de los conflictos mundiales al entregar a China territorio nacional -en Bajada del Agrio, Neuquén- para que construyera y equipara una base militar que usa para el rastreo y el control (¿también la interferencia?) de la actividad espacial internacional; si el conflicto armado continuara escalando, y es probable que así suceda, resulta indiscutible que la instalación se convertirá obligadamente en blanco de un ataque aliado, ya que Occidente no podría permitir que actúe sobre los numerosos sistemas satelitales.

 

También contribuyó a ese posicionamiento el inefable Alberto quien, según afirmó indignado el Embajador de China ante Argentina, el insólito Sabino Vaca Narvaja, en su reciente visita a Beijing –también fracasada en sus aspiraciones de ayuda- juró que entregaría la hidrovía del río Paraná (principal ruta de exportaciones argentinas) a Xi Jinping, pero su empresa fue descartada en forma sospechosa de la reciente licitación, tal como expresó en una reciente y muy quejosa solicitada.

 

El primer efecto de la agresión rusa sobre los mercados mundiales fue, naturalmente, la fuerte suba en los precios de los cereales y la energía. Si bien es cierto que las fantásticas cotizaciones que alcanzaron desde el miércoles la soja, el trigo, el maíz, etc., beneficiarán a la Argentina al mejorar el ingreso de divisas, no lo es menos que impactarán m en la inflación; seguramente, el Gobierno intentará, una vez más, “desacoplar” los precios internos de los internacionales pero, si lo hace, generará una nueva guerra con el campo, tal como sucedió cuando pretendió en 2008 aplicar la Resolución 125, que murió por el voto “no positivo” de Julio Cobos.

 

Mucho más negativo será el aumento del gas que, a pesar de contar con las enormes reservas de Vaca Muerta, debemos importar masivamente por la pérdida del autoabastecimiento debido al irrefrenable deseo de Néstor Kirchner de robarse el 25% de YPF, por el insensato populismo que obliga a subsidiar el consumo, y por la corrupción y la intromisión del Estado, incluyendo el permanente cambio de reglas de juego, en los sectores de generación, transporte y distribución de energía, sea de luz, sea de gas. Para tener una idea de la gravedad de la situación, basta con pensar que los subsidios representan 2,3 puntos del PBI y que, si persiste el escenario bélico, deberán incrementarse en US$ 4.500 millones este año, cuando el Banco Central no tiene ya divisas para afrontarlo.

 

El martes, la disfuncional dupla que nos gobierna exhibirá un nuevo “pas de deux” cuando el Meme abra las sesiones ordinarias del Congreso; subsiste la incógnita acerca de cuál será su disfraz esta vez, cuando el Carnaval esté concluyendo y deba mostrar qué dice el acuerdo con el FMI.

 

Bs.As., 26 Feb 22

viernes, 18 de febrero de 2022

Cachafaz y Delincuente

 


Cachafaz y Delincuente

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 825)

 

“El masoquismo y la amnesia también son derechos humanos”.

 Jorge Fernández Díaz

 

La Argentina cayó en una profunda fosa moral hace décadas, pero la elección de Cristina Kirchner, probada jefa de una asociación ilícita que saqueó el país como nunca antes, como PresidenteVice en 2019, lo puso de manifiesto. Pero esta semana, el tipejo que ocupa el sillón de Rivadavia, de quien todos suponíamos que no podía devaluar más su palabra, hizo que la sociedad, en su conjunto, recuperara su capacidad de asombro. Y lo hizo al declarar, como simple testigo, en la causa penal que, entre varios otros, la tiene como principal acusada por el claro direccionamiento de las obras públicas a favor de Lázaro Báez, que devolvía favores mediante el pago de cientos de habitaciones que no utilizaba su personal –que trabajaba a 600 Km de distancia- en los hoteles de la familia Kirchner, que lavaba así centenares de millones de dólares.

 

En la medida en que usa y abusa de su carácter de profesor en la Universidad de Buenos Aires, me pregunto si es idiota o se hace; de todas maneras, la respuesta sería superflua. Al comenzar una audiencia testimonial, se pregunta a los declarantes, ya bajo juramento, si lo comprenden las “generales de la ley” (si conoce a las partes, si es amigo o enemigo de alguna de ellas, si tiene interés personal en el resultado del juicio, etc.); el Meme, sin hesitar, juró que no era amigo de Cristina Fernández; pretendió dar inexpugnable valor a sus dichos, que obviamente favorecieron a la acusada.

 

Sin embargo, abundan los archivos que están a disposición de todos en los que el caracol que se encuentra al frente del Poder Ejecutivo aseguró que era muy amigo de su jefa. Los jueces rechazaron el pedido del Fiscal Diego Luciani para que tales recuerdos fílmicos fueran incorporados a la causa, señalando que los mismos eran de público y notorio conocimiento, pero así quedó clara la falsedad de los dichos del testigo. Éste incurrió en la conducta descripta en el artículo 275 del Código Penal.

 

Luego del duro revés que sufrió Cristina cuando el Fiscal General sostuvo la apelación de su colega contra el absurdo fallo del Tribunal Oral Federal 5 que la sobreseyó sin realizar el juicio en la causa “Hotesur”, recibió otra la pésima noticia en la Cámara de Casación la cual, al rechazar sus recursos, dejó firme su procesamiento en la “causa Cuadernos”. Muchos amigos me preguntaron las razones de la demora en comenzar el juicio, para lo cual aún no se ha fijado fecha. Voy a tratar de contestarles aquí, refiriéndome sólo a los procesos de corrupción que son investigados, y juzgados, en los tribunales federales.

 

Cuando se formula la denuncia de un ilícito, se sortea al juez de primera instancia que se hará cargo de la investigación; éste consulta al fiscal (representante de la sociedad en el juicio) si considera, a priori, que se ha cometido un delito. Si el fiscal da luz verde, comienza la investigación penal, durante la cual se reúnen pruebas de todo tipo (peritajes, testimonios, documentos, etc.). Las resoluciones del juez son revisadas por una sala de la Cámara de Apelaciones, formada por tres jueces.

 

Cuando esa etapa de instrucción termina con la convicción del juez de encontrarse ante un hecho delictivo, la cierra y eleva la causa a juicio, que se celebra públicamente ante un tribunal oral formado por tres jueces y en el que actúa un nuevo fiscal. Allí se abre una nueva etapa de recolección de pruebas aún no incorporadas; cuando se trata de una gigantesca -como “Cuadernos”- por la cantidad de procesados y de testigos ofrecidos por las partes, aparecen inconvenientes derivados de las vacantes en las salas, que obligan a sortear a colegas de otras y, sobre todo, de la falta de recursos de los tribunales orales, tanto en materia de personal cuanto de instalaciones, y no digamos de salas de audiencias con capacidad suficiente.

 

Sólo cuando concluye esa etapa y nadie tiene más que agregar, se fija la fecha en que comenzarán las audiencias. Las resoluciones del tribunal son revisadas por una sala, formada por otros tres jueces y con otro fiscal, de la Cámara de Casación. Es decir que, al llegar a la etapa oral y pública, han actuado nada menos que siete jueces en tres instancias diferentes pero nuestro Código permite a las partes, a lo largo de ese de por sí largo proceso, apelar todas las resoluciones e intentar llegar a la Corte Suprema en cada oportunidad; es ya antigua jurisprudencia que establece que ésta sólo interviene ante un planteo de inconstitucionalidad o ilegalidad de una sentencia definitiva que pone fin al proceso, pero los abogados defensores no trepidan y recurren todo para demorar el comienzo del juicio, cuando lo lógico sería –si sus clientes fueran inocentes- intentar acelerar al máximo el trámite para obtener su absolución en el menor plazo posible.

 

En Argentina no se considera que existe una sentencia firme, -y como tal, de inmediato cumplimiento- hasta tanto la Corte no resuelva los recursos de queja que presentan los abogados cuando, en realidad, los pactos internacionales y el propio Código no requieren para ello más que un doble conforme, o sea, la sentencia de un Tribunal Oral ratificada por Casación. Se trata de una mala pero habitual interpretación –como la de extensión de la protección de los fueros- de la ley vigente que, además, entorpece el funcionamiento del alto Tribunal. Si las sentencias firmes pudieran ser ejecutadas de inmediato, otro sería el cantar en los procesos de corrupción, cuya demora tanto indigna justificadamente a la sociedad ya que, con frecuencia, terminan en la nada por prescripción de los delitos.

 

Bs.As., 19 Feb 22

viernes, 11 de febrero de 2022

¡Qué cambalache!

 



 

¡Qué cambalache!

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 824)

 

“La verdad se defiende sola. La mentira necesita de la ayuda del Gobierno”

 Antonio Escohotado

 

Tal como todos suponíamos, el absurdo e inoportuno periplo del Meme Presidente con el sólo objetivo de pasar la gorra en Moscú y Beijing terminó, para nosotros, en un gran fiasco. Luego de humillarse tanto ante un pétreo Vladimir Putin, volvió a tomar el avión para visitar a Xi Jinping con idéntico propósito. El dictador lo miró con su mejor cara de nada y, para su sorpresa, vio arrodillarse y bajarse los pantalones a Alberto Fernández y lo escuchó decir que el peronismo siempre ha admirado al Partido Comunista Chino; Juan Domingo Perón debe haberse revolcado en su tumba. El nuevo Embajador de China ante Argentina, el disfrazado Sabino Vaca Narvaja, cantó en mandarín una canción en honor de Mao, uno de los mayores asesinos de la historia, y ambos fueron luego a rendirle homenaje en su mausoleo.

 

Acto seguido, a Fernández le pusieron delante un montón de acuerdos que endeudan a varias generaciones. Los debe haber firmado sin leer, ya que tenía urgencia de rogar que Xi aceptara ampliar el swap vigente, autorizara la utilización de esos yuanes (intercambiados por pesos en mera contabilidad creativa) para otros objetivos distintos al comercio bilateral y nos prestara algo de los derechos especiales de giro (DEG) que el FMI entregó a todos los países miembros. El jerarca chino, sonriente, siguió mirándolo, movió la cabeza y, claro, eso fue percibido por el poveretto Alberto como un éxito.

 

Y digo que parece no haber leído porque, por ejemplo, el proyecto de construir Atucha III, la central nuclear que se instalaría en Lima, Provincia de Buenos Aires, es un innecesario y monumental disparate. El combustible a utilizar será uranio enriquecido –Argentina no lo produce, y sí dispone de gas natural- cuyo costo y futuras opciones de suministro se desconocen, tanto como qué se hará con él, dada su agresividad con el medio ambiente, cuando la vida útil de la planta termine. De concretarse, se transformará en la construcción más cara de la historia argentina (US$ 8.200 millones, según el Gobierno, casi US$ 14.000, según los expertos), y será la primera usina nuclear construida por China en el extranjero.

 

Algo similar ocurre con las represas hidroeléctricas previstas en el río Santa Cruz, por mera casualidad en sociedad con Gerardo Ferreyra, de Electroingeniería, que carecen de estudios de impacto ambiental –en Ecuador acaba de demostrarse que China las construye mal- y, por lo demás, están al fondo de la lista de prioridades nacionales. En materia de comunicaciones, la última visita de nuestro inefable Meme fue a la fábrica de Huawei, que pertenece al Ejército chino, y cuyo sistema 5G es rechazada en casi todo Occidente porque permite el espionaje industrial y militar.

 

Pero el más importante acuerdo firmado por nuestro Meme fue la adscripción a la “Franja y Ruta de la Seda”, el megaproyecto global del régimen de Xi para financiar obras de infraestructura (144 naciones ya adhirieron) con créditos a altas tasas de interés, con la garantía de las propias instalaciones, construidas mayoritariamente por empresas chinas, con trabajadores chinos. Los préstamos son tan onerosos que, en el caso de los 40 países más pobres que lo firmaron, ya superan el 10% del PBI local.

 

Cuando las naciones deudoras se ven impedidas de pagar sus obligaciones, y Argentina tiene el record, simplemente China se queda con la propiedad de esos puertos, carreteras, redes de comunicaciones y bancarias, plantas de generación de energía, aeropuertos, etc.; eso es lo que ha sucedido en naciones como Montenegro,  Macedonia, Uganda, Sudán, etc., y ha hecho que el Partido Comunista Chino sea hoy propietario de miles de obras de este tipo alrededor del mundo (como lo es de la base espacial en Bajada del Agrio, en Neuquén), y es habitual que, entonces, imponga sus criterios geopolíticos (¿y militares?) al comercio internacional, con las consecuencias que son fácilmente imaginables.

 

El Gobierno, en la persona del Presidente Alberto Fernández, violó nuevamente las normas más elementales de la diplomacia internacional hablando en contra de un aliado natural –los Estados Unidos, a quien necesita con desesperación dado su poder de veto en el FMI- ante sus más férreos contendores, asociándose con los dos regímenes más despóticos del mundo sin siquiera mencionar las cuestiones de Ucrania y Taiwan, que se encuentran hoy en el preocupante tapete global, y ni siquiera cuestionó las violaciones de los derechos humanos que ambos dictadores cometen a diario.

 

Ratificó así cuán rastrera y sesgadas es su posición al respecto, algo que ya había demostrado con su irracional apoyo –que ni siquiera acompañan los izquierdistas Gabriel Boric (Chile), Pedro Castillo (Perú) y Gustavo Petro (Colombia), para pesar de Nicolás Maduro- a sus colegas de Nicaragua, Cuba y Venezuela, y en sus permanentes ataques a la prensa libre. Sus sicarios continúan ensañándose aquí con los hoy ancianos militares que derrotaron a la subversión marxista en los 70’s y, mientras tanto, apoyan irrestrictamente las reivindicaciones de los pseudo-mapuches, que buscan apropiarse de tierras e independizar a la Patagonia de Argentina.

 

El Congreso argentino está en receso hasta el 1° de marzo, cuando se abrirá un nuevo período de sesiones ordinarias. Será entonces cuando la oposición deberá ponerse de pie, exigir la información precisa necesaria, tanto sobre los verdaderos alcances del preacuerdo con el FMI cuanto sobre todos los contratos firmados por el Meme con Rusia y China, y exigir el cumplimiento de lo dispuesto por el artículo 75 de la Constitución, que establece que aprobar este tipo de convenios es atribución exclusiva e indelegable del Poder Legislativo.

 

Bs.As., 12 Feb 22

viernes, 4 de febrero de 2022

La escorpión(a) y su cría

                                         




                                              La escorpión(a) y su cría

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 823)

 

“Tú crees que me matas, yo creo que te suicidas”. Antonio Porchia

 

El Gobierno, claramente debilitado después de la derrota electoral, atribuible en gran parte a la emperatriz patagónica, continúa sin embargo con su táctica de no dejar dormir a los argentinos. No creo, en absoluto, que la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura de la bancada oficialista en Diputados, el haber dinamitado ese inútil la aprobación del Presupuesto 2022, el apuro de Alberto Fernández en anunciar un acuerdo con el FMI (desmentido por éste) o sus inspiradas declaraciones durante su inoportuna visita a Vladimir Putin hayan sido actos desconocidos previamente por Cristina Fernández y, menos aún, que constituyan señales de independencia del MemePresidente frente a su despótica mandante.

 

Obviamente, la renuncia del mínimo hijo bi-presidencial sólo buscó conservar el capital simbólico que se concentra –cajas estatales mediante- en la organización que, fundada por su madre en otra encarnación, heredó y dice comandar. De todos modos, es de resaltar que su decisión de abandonar la jefatura del bloque no se replicó respecto a su banca de diputado; si perdía sus mal entendidos fueros, se hubiera transformado en blanco móvil de los jueces que lo investigan por mega-corrupción y lavado de dinero.

 

Me centraré ahora en lo sucedido en Moscú que, supongo, debe haber sorprendido al propio autopercibido zar de la nueva Rusia por la exagerada sumisión de nuestro mandatario. Realmente, no podría ser para menos, toda vez que esta rara mezcla de cachafaz porteño con motoquero de delivery le ofreció convertir a la Argentina en cabeza de puente del desembarco ruso en América Latina, explicándole que pretende dejar atrás la “dependencia” respecto a los Estados Unidos; olvidó cuánto costó a nuestro continente, y a nuestro país en particular, el apoyo que la ex-URSS brindó a Fidel Castro cuando éste intentó exportar su insurrección a tantas imaginarias Sierra Maestra durante la “guerra fría”.  

 

La semana pasada, esta columna previó que Alberto Fernández viajaría a pasar la gorra ante Putin y Xi Jinping por la fragilidad de la situación de las reservas del Banco Central, y adelantó que el precio, de obtener alguna ayuda, sería alto, medido en términos de soberanía. Pero no pudo imaginar que los pantalones del MemePresidente cayeran tan bajo; claro que falta saber qué consiguió a cambio, pero tengo absoluta certeza que no será mucho. Qué hará Alberto Fernández en China, donde llegó ayer, todavía es otra incógnita pero, dado el poderío de ese país y su interés en nuestra infraestructura, las comunicaciones y las materias primas, seguramente la sodomización a la que se someterá alegremente será todavía peor. Tampoco tiene explicación la siguiente escala de la gira presidencial en Barbados, un conocido paraíso fiscal.

 

Todo podría reducirse, en circunstancias normales, a una charla de borrachos en un café, pero ese magnicidio albertista se dio en un escenario global pre-bélico por la crisis de Ucrania, que Putin pretende recuperar para su renacido imperio y, contemporáneamente, en medio de las arduas negociaciones –por ahora, fracasadas- con el FMI para obtener algún tipo de facilidades para los problemas de la deuda y de la escasez de divisas, con vistas a transferirle la bomba a su sucesor en 2023. Una alineación tan fuerte con Rusia, hoy enfrentada a todo el hemisferio occidental, seguramente desconcertará aún más (ya lo estaban, por las fracturas expuestas del oficialismo) a los funcionarios del Fondo y condicionará el apoyo de Estados Unidos, Japón y Alemania en el Directorio del organismo.

 

De todas maneras, la pérdida de poder de Cristina Fernández y su asociación ilícita se puso de manifiesto en la marcha tan organizada que llevó a una piara importante de delincuentes a protestar contra la Corte Suprema y exigir la renuncia (o el despido) de sus miembros. Y digo esto porque ella no pudo, en sus mejores épocas, avanzar con sus anhelados proyectos de impunidad, y las recientes amenazas de sus sicarios (Martín Soria y Juan Martín Mena, Ministro y Secretario de Justicia, respectivamente) a los cuatro ministros del alto Tribunal no han mejorado en absoluto sus posibilidades de obtenerla.

 

La presencia en el palco de personajes tan repudiados por la sociedad como Amado Boudou, Hebe de Bonafini, Luis D’Elia, y tantos otros procesados o condenados por delitos infamantes, sumados a Juan Ramos Padilla,  Roberto Baradel, Hugo Yatzky y Graciana Peñafort, no hizo más que iluminar con fuertes luces la red de complicidades que cruzan a la banda de gangsters que accedió al poder central de la mano de Néstor Kirchner.

 

Una de las ramas de esa organización criminal, la más dañina, es la que protege a las redes del narcotráfico, en clara asociación con los grandes carteles internacionales. Esta semana sus manejos, sea por una guerra entre vendedores, “dealers”, “capangas” y “porongas”, o por inexperiencia en el “corte” de la droga, causaron dos docenas de muertos y la hospitalización de ochenta adictos. Llamó la atención que sólo veinticuatro horas después fuera detenido el teórico responsable de la masacre, es decir, quedó probado que todos sabían que este criminal, uno de los últimos eslabones de la cadena, se encontraba prófugo ¡en su propio domicilio! Hay montones de testigos que declaran que los “kioscos” llevan bolsas de dinero, que los patrulleros policiales recogen en puntos cercanos para elevar luego a toda la siniestra pirámide política, una verdadera organización mafiosa, que nos gobierna.

 

Bs.As., 5 Feb 22

viernes, 28 de enero de 2022

Con besos … y trompadas

 



 

Con besos … y trompadas

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 822)

 

“Cansa a los enemigos manteniéndolos ocupados y no dejándoles respirar”. Sun Tzu

 

Alberto Fernández, otra vez, ayer dijo una cosa y lo contrario, todo en un breve mensaje en el que informó nada más que había llegado a un “acuerdo” con el FMI. Nos instó a pensar en el futuro pero reiteró la retórica habitual kirchnerista: “alguien creó el problema, y nosotros lo resolvimos”; o sea, le pidió a la oposición que apruebe “algo” (no se sabe aún qué es) y, a la vez, le adjudicó, falsamente por cierto, ser la generadora de la deuda para la cual, aparentemente, habría conseguido alguna forma de facilidades; un rato después, Juan Manzur, Jefe de Gabinete, y Martín Guzmán, directamente responsabilizaron a Mauricio Macri por la tragedia.

 

Por supuesto, los tres omitieron decir que la demorada negociación ha resultado muy costosa y que la cifra que debemos al Fondo representa sólo el 12% de nuestras obligaciones soberanas, cuya mayor parte está en pesos ajustados por el dólar y que se duplica cada año, e ignoraron la detonada inflación que ha dejado a la Argentina sin moneda, la brecha cambiaria, los enormes subsidios a la energía y los cepos varios. En resumen, sólo se dio un pequeño paso para evitar caer a un precipicio que sigue allí, a escasos centímetros de nuestros pies; aún falta mucho para llegar a cerrar un trato. Y falta ver qué dice o escribe la dueña del circo al respecto, sobre todo para enmascarar frente a los ciegos seguidores que constituyen su capital simbólico, el inevitable ajuste que deberemos realizar.

 

El martes, el falsario que está a cargo de la Presidencia por el raro esquema que inventó Cristina Kirchner para volver, incurrirá en algunas imprudencias al viajar a Moscú y a Beijing. Con el ruido de fondo de los tambores de guerra que suenan en Ucrania, reunirse a Vladimir Putin, quien los bate con más fuerza, es inoportuno y, hacerlo antes de encontrarse con Xi Jinping implica un agravio a los chinos, que siempre requieren exclusividad en estas visitas. Qué hará en ambas capitales es una incógnita todavía, pero nadie duda que incluirá pasar la gorra para ver si nos prestan algún dólar, rublo o yuan; es posible que esa gestión se vea facilitada con el “acuerdo” anunciado ayer, algo que Rusia y China, miembros del FMI, exigían antes de sentarse a charlar pero, si abrieran la hucha, seguramente el costo en materia de soberanía que deberemos afrontar será gravosísimo.

 

 El mismo 1° de febrero, la emperatriz patagónica –Luis D’Elia, Hebe de Bonafini, José María Ramos Padilla, el propio Alberto Fernández, etc., son meras comparsas- concretará un nuevo acto sedicioso con la marcha a la que el Gobierno ha convocado ante el Palacio de Tribunales para exigir la renuncia de la Corte Suprema. No tengo ningún aprecio por sus integrantes, salvo por Carlos Rozenkrantz, y adherí a la declaración que ayer publicó la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia, que integro; en la medida en que en ella se explicaron las razones, me abstendré de repetirlas aquí y, por lo demás, las he dado muchas veces en estas notas.

 

De todas maneras, asistiré a la contra-marcha del 3 de febrero, a las 19:00, en el mismo lugar, para exigir el respeto a la Constitución, ya que constituye una clara salvajada realizar una pueblada para echar a los titulares de otro Poder del Estado; espero que la Policía de la Ciudad, tan acostumbrada a recibir toneladas de cascotes, logre evitar que confundan este edificio con el Palacio de Invierno o con el Cuartel de la Moncada, porque el resto de las fuerzas de seguridad, a las órdenes hoy de Anímal Fernández, seguramente se abstendrán de participar de la fiesta.

 

Debo confesar que la asociación de ideas que contuvo el discurso de Cristina Fernández en Tegucigalpa, vinculando a las políticas del FMI con el crecimiento del narcotráfico en el mundo, me llamó poderosamente la atención porque pareció estar rasganso sus vestiduras. Tenemos el penoso honor de haber superado a México en consumo de drogas, y ese negocio es sin duda el mayor de nuestro país; conociendo la catadura moral y la voracidad de los Kirchner, mis dudas sobre la presunta jefatura que ejercería el actual Ministro de Seguridad sobre él se confirman y sólo le atribuyo el rango de gerente; si queremos saber quiénes son los socios reales de los cárteles miremos al Calafate, tal como los venezolanos miran a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y los demás jerarcas.

 

Por obra y gracias de ese nefasto y tan poderoso comercio, y por la desesperación que producen la pobreza y la falta de futuro, la sociedad argentina se está haciendo cada día más violenta, ya no sólo en la tristísima Rosario, gobernada por los clanes mafiosos, sino en todos los conurbanos del país. Los noticieros de radios y canales y las páginas de los periódicos diariamente chorrean sangre y los delitos, que tienen cada vez mayor ferocidad, seguirán escalando.

 

Con policías mal preparadas y peor pagadas, con la férrea sujeción de los jueces a las políticas zaffaronianas, con la inversión de la carga de la prueba en la represión del delito y con la persecución permanente a los oficiales de la ley no hay solución posible y Honduras y Guatemala, con sus maras salvajes, serán espejos en los cuales pronto nos reflejaremos.

 

Lamento ser tan pesimista, pero es que la realidad no da respiro en la Argentina. Mientras no demos una verdadera vuelta de campana que nos devuelva a un camino que privilegie la inversión, el trabajo, el mérito, la educación, el respeto a la ley y la igualdad ante ella, y termine con la impunidad de los corruptos, continuaremos en esta senda que sólo conduce a la inviabilidad como nación independiente. Por ahora, compremos cascos porque, hasta diciembre de 2023, las piedras seguirán lloviendo.

 

Bs.As., 29 Ene 22

 

 

 

 

viernes, 21 de enero de 2022

“Costa Pobre” va a la guerra

 


“Costa Pobre” va a la guerra

por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 821)

 

“De la historia, las lecciones y cuidado, mucho cuidado con las

 bravuconadas y las apelaciones a la violencia, porque cuando las

 cosas se ponen feas el final es muchas veces impredecible”.

 José María Fuster-Fabra

 

En YouTube se puede ver a Alberto Olmedo, con harapos, en el rol de un dictador de ese imaginario país muy parecido a la Argentina actual. Como seguramente creen que carecemos de problemas, la irresponsable e ideologizada dupla de los Fernández² nos ha enviado, sin escalas, a un escenario de guerra global; en la medida en que las fuerzas armadas han sido despojadas por los sucesivos gobiernos de toda capacidad defensiva, resulta fácil imaginar qué sucederá si un cambio en la muy frágil situación actual desembocara en un enfrentamiento entre las grandes potencias que, con alta probabilidad, se desarrollaría en naciones menores. En la geopolítica mundial, Argentina se encuentra en una posición clave y peligrosa por su ubicación vinculada al Atlántico Sur y a la Antártida, por la base china con aptitud para intervenir militarmente en el espacio y por su producción masiva de alimentos; de producirse un conflicto bélico así, con certeza nos encontraremos inmersos en él.

 

 Rusia y China han modernizado enormemente sus fuerzas armadas, pero tienen graves problemas internos; en el primer caso, por su muy frágil economía y, en el segundo, por la crisis energética que soporta y por las disidencias de Hong Kong y la etnia uigur, a la cual viola todos sus derechos humanos. Los gobernantes, para conjurar esos inconvenientes, pueden verse tentados a plantear a sus pueblos un objetivo que genere una fuerte cohesión interna, tal como sucedió aquí durante la guerra de Malvinas, pero se encontrarían ahora con un Joe Biden que, como también tiene grandes complicaciones en su gobierno, tendría recíprocos intereses.

 

Vladimir Putin intenta, desde hace años, recrear el imperio que, luego, se transformó en la URSS y, en 2015, consiguió anexarle la península de Crimea; ahora, apoyado sobre el importante número de habitantes de origen ruso que pueblan el oriente de Ucrania, realiza actividades de agitación interna con ciberataques y mercenarios que, de tener éxito, llevarían a otra secesión del país; además, ha rodeado el país con sus fuerzas militares. El pedido de Ucrania de sumarse a la OTAN encendió las alarmas y puede conducir a un enfrentamiento en el noreste de Europa de impredecibles consecuencias; aduciendo que concederla equivaldría a tener un cinturón misilístico en sus fronteras, el déspota ruso ha amenazado a los Estados Unidos con armar bases equivalentes en Cuba y Venezuela (según reveló el ex jefe de la inteligencia chavista, ya tiene dos), sus claros aliados en Sudamérica, reeditando la crisis de los misiles de 1962.

 

Aún es posible que el autopercibido Zar renuncie a  avanzar, ya que Alemania le ha hecho saber que, si invade Ucrania –algo que el mundo considera probablemente inminente- impedirá que funcione el enorme gasoducto que alimentaría a la Comunidad Europea y llevaría de regreso indispensables millones de euros a las famélicas arcas de Moscú, y Biden, recuperando el rol de aliado de la preocupada Europa, ya le ha dicho que no tolerará más sus actitudes hostiles.

 

Por su parte, Xi Jinping está reflotando el problema de Taiwan, un país independiente desde 1949 al cual China considera sólo una provincia rebelde, y le ha sumado el montaje de islas artificiales militarizadas, que representan concretas amenazas para Japón, Corea del Sur  y Australia, estrechamente  unidos a Washington, tal como otras naciones vecinas. Biden desplazó esta semana su más moderno submarino nuclear a la zona para demostrar que está dispuesto a frenar las vocaciones imperialistas del líder chino, y reactivó la guerra comercial que lo enfrenta a Beijing.

 

Nuestro inefable Presidente, obedeciendo a los deseos de su mandante, viajará a principios de febrero para visitar a Putin y a Jinping, hoy los “malos” del mundo por las razones descriptas. Ratificando la notable esquizofrenia con que conduce las relaciones exteriores y con una supina  ignorancia sobre la latente rivalidad entre Rusia y China, Alberto Fernández ruega a los Estados Unidos que intervenga ante el FMI para que éste acepte un supuesto plan sin ajuste fiscal, pero Cristina Fernández lo torpedea permanentemente con cartas-misiles y declaraciones de sus esbirros.

 

Argentina ha pagado con decenas de miles de muertos el ideologizado apoyo a Moscú en la compra exclusiva de una vacuna que ningún país ha aprobado hasta ahora, lo cual nos impide viajar libremente por el mundo. ¿Cómo olvidar el discurso de Cristina Fernández vanagloriándose de la solidaridad de Putin cuando todos reclamábamos la de Pfizer? Ahora, nuestro Embajador Sabino Vaca Narvaja, pariente de la emperatriz patagónica, avanza con intenciones de integrarnos a la peligrosa Ruta de la Seda y endeudarnos para siempre con China, firmando proyectos de infraestructura que nada tienen que ver con los verdaderos intereses de la Argentina: las represas en el río Santa Cruz, y otra central nuclear.

 

La pregunta imprescindible debe ser, entonces, por qué actúa así el Gobierno. ¿Será porque prevé un inminente default con el FMI? Si así fuera, no resultaría descabellado pensar que el viaje de Alberto Fernández tiene como propósito pedir a Putin y Jinping apoyo financiero para paliar, de algún modo, las terribles consecuencias, medidas en más inflación y más pauperización, que la falta de un arreglo con el organismo acarreará. ¿Estará dispuesto, para obtenerlo, a ceder más soberanía a Rusia y China para obtener ese sostén?, ¿incluirá el otorgamiento de nuevas bases militares en nuestro territorio? “Costa Pobre” se fue a la guerra y nadie sabe cuándo volverá pero, entretanto, estamos en el peor escenario.

 

Bs.As., 22 Ene 22