Dígalo con mímica
por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 827)
“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para
aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.
Dante Alighieri
Hemos
conseguido sumar a los problemas mundiales derivados de la invasión de Ucrania,
los propios que vienen de la mano del monumental desquicio en que el
kirchnerismo nos ha sumido, producto de su insana vocación por ser oficialismo
y oposición a la vez, loteando los resortes del Estado entre las distintas
tribus que pueblan el Frente para Todos.
Ahora, con el cierre de la negociación con el FMI, los costados más
relevantes del pegoteo que permitió a Cristina Fernández ganar las elecciones
de 2019 quedan más expuestas por el rechazo de La Cámpora a ese posible
acuerdo, sobre todo por temas tales como los subsidios a la energía y el gasto
público, tal como se verá en el Congreso cuando sea finalmente sea discutido.
Precisamente,
lo poco que se sabe aún acerca de los términos de las exigencias del organismo
ratifican una vez más, por si fuera necesario, que el MemePresidente es un
mentiroso serial. Su discurso de apertura de sesiones ordinarias, el relato de
un país en cual todos quisiéramos vivir, contuvo tantos mimos y concesiones a
su jefa y tantas falacias que resultaría imposible enumerarlas en una nota tan
breve como ésta; de todas maneras, resultó penosamente graciosa su apelación al
Senador Cornejo mientras éste lo increpaba: “Alfredo,
vos sabés que no miento”, cuando a todos, propios y ajenos, nos consta cuán
devaluada está su palabra.
La
emperatriz patagónica conservó su protagonismo con sus expresiones faciales y
la mímica que desplegó durante la alocución de su mandado. Aún durante el
minuto de silencio por las víctimas de la criminal invasión a Ucrania, saludaba
a sus fieles y se retocaba sus extensiones capilares; el Meme, para no ser
menos, guiñaba los ojos con la sonrisa que corresponde al porteño canchero y
matón, tal como se siente.
El
discurso presidencial nos dejó una sola certeza: seguiremos en decadencia,
porque la inflación seguirá rampante, el gasto público no se reducirá y tampoco
lo hará el presupuesto de la clase política, no se encararán las indispensables
reformas laboral, previsional e impositiva y, en la medida en que no podremos
acceder a los mercados de crédito, la maquinita del Banco Central continuará
trabajando a destajo y se intentará revivir la Resolución 125 y se desatará una
nueva guerra contra el campo.
En
resumen, el kirchnerismo está cebando –ahora con la ayuda del FMI- una nueva
bomba, peor que la que heredó Mauricio Macri en 2015, que estallará en las
manos del próximo gobierno que, ya nadie duda, tendrá otro signo político. Prever
que harán sus hordas destituyentes (llámense organizaciones sociales,
organismos tuertos de derechos humanos, delincuentes de guante blanco,
barrabravas adictas, marginales de todo tipo, sindicalistas corruptos y los
siempre dispuestos trotskistas) cuando llegue la hora del ineludible ajuste
-¿otro “rodrigazo”?- resulta fácil; basta recordar las 15 tons. de piedras que
signaron la discusión de la indexación de las jubilaciones. La oposición
debería autorizar al Gobierno a firmar un acuerdo con el FMI, pero dejar bajo
la exclusiva responsabilidad del Ejecutivo sus términos; además, aprovechar la
lección y realizar un verdadero y detallado inventario del estado del Estado el
primer día de su gestión.
La
sociedad, en su conjunto, está cada vez más triste y vive una angustia tan
profunda que se manifiesta, todos los días, en la violencia ciudadana que azota
las calles de todo el país. Percibe que los miembros de la clase política sólo
piensan en sus propios intereses y en incrementar sus privilegios mientras la
inflación carcome su poder adquisitivo, crecen la pobreza y la miseria, se
destruye la educación entregada a los gremios kirchneristas, continúa la
dilapidación de recursos públicos, y se consagra la impunidad de los corruptos,
comenzando por la propia Cristina Fernández.
Luego
de múltiples idas y vueltas absolutamente contradictorias, motivadas por la
permanente vocación del Meme por quedar bien con Dios y con el diablo, finalmente
la Argentina condenó en la ONU a Rusia por su injustificado ataque a Ucrania,
ordenado exclusivamente Vladimir Putin -el tan querido amigo Cristina
Fernández- pero lo hizo sin mencionarlo, pese a que el mundo está juzgando por
crímenes de guerra y cercando con sanciones económicas, que el Gobierno no
acompaña.
Mientras
sus tropas masacran a la población civil y a la infraestructura, el impávido autócrata,
un probado asesino que no recurre a la mímica, tiene a Rusia y a su ejército en
un puño y, movido por su sueño de recrear el imperio zarista, está agrediendo
al mundo entero. Cuánto hay de verdad en sus amenazas nucleares es algo que
sólo los futuros historiadores podrán dilucidar, pero asustó su frase (“lo peor está por llegar”), recordada
por el Presidente francés Emmanuel Macron, pero la preocupación global está
justificada, porque muchos servicios de inteligencia han reportado que una
grave enfermedad mental estaría afectándolo.
Xi
Jinping, pese a que está ofreciendo reemplazar a Europa en sus compras del
petróleo y del gas rusos, y ofreciéndole utilizar un sistema financiero más
precario para sustituir al Swift, del cual sus bancos han sido excluidos,
parece haber puesto en pausa sus ambiciones sobre Taiwan, lo cual tranquilizó
el escenario del Océano Pacífico y dispersó un poco las nubes que cubrían la
base militar china en nuestro país; de todos modos, el tema seguirá siendo objeto
de análisis en las hipótesis de conflicto global.
Bs.As., 5 Mar 22