Una sugerencia, entre tantas chapuzas
por Enrique Guillermo Avogadro (Nota N° 854)
“¿Es posible que tales mentes sean aptas para gobernar?”.
Samuel Taylor Coleridge
A más de una semana del fallido atentado, real o fingido, contra
Cristina Fernández y todos los ¿descuidos? en que se incurrió durante su
investigación (similares lo sucedido cuando el Fiscal Alberto Nisman y el enriquecido
secretario privado de ella, Fabián Gutiérrez, fueron asesinados) siguió
ocupando las primeras planas de los diarios pero ya, con la muerte de Isabel
II, pasó definitivamente a las páginas interiores. Pese a la magnificación mediática
y su malintencionada utilización política, el presunto magnicidio no sirvió
para victimizarla como se pretendía; la preocupación de la ciudadanía que, en
un su gran mayoría descree de la explicación oficial e imagina un perverso y
chapucero montaje con seres marginales y policías distraídos o ineptos, volvió
a pasar de inmediato por la inflación, la pobreza, la inseguridad y, muy cerca,
por la impunidad de la corrupción.
No asombró, por lo habitual, la virulencia de los ataques a la
prensa, la Justicia, la oposición, la oligarquía, los Estados Unidos, etc. (la
vetusta “sinarquía internacional”, a la cual el primer peronismo echaba la
culpa de todos sus errores y fracasos) del falaz Alberto Fernández y la inmunda
cohorte que lo acompañó en sus diatribas. Pero nadie fue más explícito en sus
intenciones que el Senador José Mayans, empleado del siniestro señor feudal
formoseño, Gildo Insfrán (¡27 años en el poder!), cuando dijo que la paz social
estará en riesgo si la causa “Vialidad”, en la cual a su reina se le ha pedido
una pena de doce años de prisión, sigue su curso procesal. La contemporánea reaparición
de los asesinos terroristas Fernando Vaca Narvaja y Mario Firmenich, en actitud
de franca amenaza a la sociedad y a la democracia que el Gobierno auspicia, no
contribuye precisamente a consolidar esa paz que Mayans considera en peligro.
La Argentina, desde la crisis de 2001, vive en un estado de
anomia generalizado, en el que el tejido social se ha roto completamente, nadie
respeta los derechos de los demás, y donde muchos políticos, sindicalistas y
empresarios de toda laya se auto-perciben exentos de cumplir la ley y, por
ende, distintos al resto de nosotros frente a ella. Si bien Cristina Kirchner
es paradigmática, porque no sólo pretende que no se la puede condenar sino
siquiera juzgar, pululan los Luis D’Elía, José Alperovich, Milagro Salas, Amado
Boudou, Julio de Vido, etc., que invocan un ya gastado “lawfare” para desacreditar
los procesos judiciales que los enviaron a la cárcel.
Gran parte de nuestros problemas radica en la falta de
instituciones fuertes, como las que tienen nuestros vecinos, preparadas para
resistir cualquier deriva autoritaria, del signo que fueran. Aquí, el
kirchnerismo, que ha gobernado dieciséis de los últimos veinte años, dispara
fuego graneado sobre el Poder Judicial, amén de haber desarticulado y anulado a
todos los organismos de control. Al menos por ahora, sólo impide que el
desalmado ataque que encara contra la República y su Constitución tenga éxito, la
escasa diferencia que obtuvo la fórmula Fernández² en 2019, debida a la
remontada que provocó la gira del “sí, se puede” que realizó Mauricio Macri por
todo el país después de las PASO de ese año, ya que le impidió hacerse con mayorías
propias en las cámaras del Congreso.
Pero, lamentablemente, también en la oposición se cuecen habas y
se incurre en chapucerías, derivadas de los personalismos y las distintas
visiones políticas que abundan entre sus dirigentes. Juntos por el Cambio, a la
cual muchos presumimos ganadora en noviembre de 2023, exhibe públicamente sus
miserias agregando así preocupaciones a las demasiadas que tiene una sociedad que
espera que, esta vez, se consiga desterrar al populismo castro-chavista. Parece
haberse instalado un abismo entre esos dirigentes y la ciudadanía en general,
que tiene necesidades cotidianas y urgentes mayores. Para esa oposición formulo
una propuesta.
Las fundaciones (los “think-tanks”)
que dependen de cada uno de los partidos políticos que integran esa coalición
están trabajando conjuntamente en un plan general de gobierno, conscientes de
que el próximo Presidente, por el pesimismo y el hartazgo ciudadano, por la
angustiante situación económico-social y por la pesadísima y explosiva deuda que
recibirá de la actual gestión, no dispondrá de la tradicional luna de miel –los
primeros cien días- que gozan las nuevas administraciones, y deberá tomar
medidas de inmediato.
No sugiero que esos proyectos sean explicitados ahora, cuando
aún falta un año para las primarias y un par de meses más para las elecciones
generales, porque generarían una reacción negativa en una sociedad en la que siempre
prima el principio de “con la mía, no”, pero sí que se pongan de acuerdo en
diez o veinte políticas de Estado y, sobre todo, en quién estará a cargo de cada
cartera ministerial clave, sea quien fuera luego el futuro Presidente, al mejor
estilo del “gabinete en las sombras” británico. Por lo demás, así funcionan en
todo el mundo los gobiernos de coalición que, siempre a la luz pública,
distribuyen las distintas áreas de responsabilidad entre los partidos políticos
que la integran, se trate de Brasil, Chile, Uruguay, Dinamarca, España o Italia.
De ese modo, las próxima PASO se circunscribirían sólo a definir
quiénes serán los candidatos finalmente elegidos para representar a la
coalición opositora en octubre de 2023, y la ciudadanía sabría con anticipación
cuál será el perfil que revestirá el nuevo gobierno por los nombres de los
futuros ministros, en especial en lo que a la economía, tan averiada y decepcionante
hoy, se refiere. Tal vez así podamos contemplar con cierta tranquilidad las incendiarias
discusiones que, aún siendo aliados, mantienen quienes aspiran a los cargos más
expectables, sean éstos nacionales, provinciales o municipales. ¿Seré escuchado
o soy un pobre iluso?
Bs.As., 10 Sep 22




